domingo, 4 de enero de 2015

Levantamientos recurrentes en la región de Atoyac (Tercera parte)


Víctor Cardona Galindo

El grupo, ya con Genaro huyó en una automóvil a toda velocidad, tras de ellos salió el 49 Batallón de Infantería, eran dos secciones de militares al mando del mayor Ángel Román León Pérez. Y en el puente que se encuentra en la prolongación de las calles de Álvarez encontraron un coche, abandonado, modelo 63, marca Ford Galaxie placas 70-70-B, azul oscuro. En ese lugar los Cívicos dejaron el vehículo y se fueron a caballo. Huyeron por toda la ribera del río hasta llegar a la colonia Guadalupe, dirigiéndose posteriormente al camino a Huamaxtla.
Más tarde en su huida las Cívicos cayeron, en  Icatepec, en una emboscada que les tendieron los militares de 49 Batallón Infantería y se dio un sangriento enfrentamiento, el primero de la nueva guerrilla guerrerense. El enfrentamiento comenzó a las tres de la tarde y al oscurecer todavía se escuchaban los disparos de los soldados.
En el tiroteo Ceferino Contreras salió herido por un balazo que rebotó de una piedra y prácticamente le destrozó la rodilla. Su hijo Donato se quedó cuidándolo un momento pero luego lo cubrió con piedras para que los guachos no lo encontraran mientras él iba en busca de medicamentos para curarlo. Pero los soldados dieron con el herido, y después de ser detenido, en la cárcel le sacaron de la rodilla las esquirlas de la bala.
El 19 de mayo de 1969 fue desaparecido el profesor Epifanio Avilés Rojas es el primer desaparecido político del país. El caso que se dio en la Tierra Caliente de Guerrero y está ligado a las primeras actividades de la Asociación Cívica Revolucionaria (ACNR). Foto cortesía de Arturo Gallegos Nájera.

El resultado final del rescate de Genaro son dos Cívicos fallecidos, Filiberto Solís y Roque Salgado; dos heridos: Ceferino Contreras y José Bracho. Por parte del gobierno; dos policías muertos y no se sabe el número de bajas que tuvo el Ejercito. Con los Cívicos iban dos arrieros, que les rentaron los caballos, uno de ellos también murió en el enfrentamiento y al otro se lo llevaron detenido los soldados.
Al caer en la emboscada  Filiberto Solís murió en los primeros tiros, mientras Roque Salgado, que ya estaba herido, se quedó peleando hasta morir cubriendo la retirada de sus compañeros. Genaro se perdió en el monte, Pedro con un R-15 y Abelardo con un M-1, alcanzaron hacer fuego, pero fueron Ceferino, Donato y Roque quienes se quedaron a hacer la contención. Pedro sentía como las tecatas de las piedras le daban en el cuerpo, ente la lluvia de balas que les disparaban los soldados.
Perdidos en el monte, por la noche tenían sed y se ponían arena en la boca para refrescarse. Los noveles guerrilleros no llevaban agua ni abastecimiento, al día siguiente desde temprano dos aviones comenzaron a sobrevolar rozando el monte sobre el área donde caminaban. Pedro Contreras y Abelardo Velázquez se escondieron en un horno de cal, ahí pasaron el siguiente día del enfrentamiento. Por la noche bajaron a mojar las camisas a un arroyito para calmar la sed y retomaron la caminata. Los otros combatientes llegaron a tomarse sus propios orines durante la persecución porque el agua es escasa en esa zona.
Habían quedado con Genaro que en caso de una dispersión se reunirían en Coatepec Costales. Al tercer día, Abelardo y Pedro se escondieron en una cuevita donde a Abelardo le pico un alacrán y lo trabó. Por la noche volvieron al ojo de agua para mojar las camisas. El método era sencillo mojaban las camisas y seguían caminado, cuando sentían sed las exprimían en la boca. Como a los cinco días de andar a salto de mata, estaban ya estaban muy castigados por el hambre cuando les llegó la salvación.
Desde su escondite vieron pasar a un niño, al que le pidieron llamara a su papá. El señor les llevó un bastimento con un bule de dos pansas lleno de agua. Este campesino, que resultó partidario de Celestino Gazca (gazquista), los llevó a una cueva que él utilizó en un tiempo que anduvo de malas. Ahí los tuvo escondidos, les llevaba de  bastimento chile verde de árbol machucado, con frijol y tortillas.
Al sexto día de la fuga de Genaro y del enfrentamiento con los militares, el señor los llevó a su casa. Todos en ese pueblito eran gazquistas y estaban armados con escopetas cuaxcleras.  Llegaron a la comunidad con los pies pelados y espinados porque usaban guaraches. En esos cerros hay muchas espinas y sin el calzado adecuado es difícil caminar. Además parecían pordioseros porque las piedras y la maleza les habían raído las ropas.
Cinco días permanecieron cuidando la entrada al pueblo con las armas en la mano por si iban los soldados y curándose las heridas con sebo caliente. Cuando ya estuvieron curados, entonces desarmaron los rifles, los metieron en un costal, se disfrazaron de compradores de marranos y salieron del pueblo para contactar a Genaro. Los fugitivos perdieron la noción del tiempo pero Pedro Contreras considera que como a los diez días arribaron al pueblo de Coatepec, cuando se realizaba la fiesta del Santo Patrono. Aprovechando la celebración Pedro y Abelardo tocaron la guitarra. Los del pueblo recibieron con entusiasmo y les dieron de comer mole y chicharrones con frijoles. Todos estaban borrachos, poca atención pusieron a la condición de los visitantes.
El mayordomo de la fiesta era Cívico y era también el contacto para llegar hasta Genaro Vázquez, a quien encontraron al amanecer. El líder Cívico estaba tapado con un gabán y tenía los labios reventados, porque en el tiempo que no encontró agua, se pegaba las tecatas de los árboles para calmar la sed y la savia le dañó los labios. Al día siguiente un guía del pueblo los llevó hasta pasando el Balsas, desde ahí comenzaron a escalar la sierra. Pasaron por las faldas de Teotepec hasta llegar a los pueblos de la sierra de Atoyac.
Los Cívicos llegaron a tener mucho respaldo popular en Atoyac e Iguala muchas bardas estaban pintadas con consignas “Libertad a Genaro Vázquez”, “Viva la LARSEZ”, “Vivan los Cívicos”, “Viva la ACG”. Ya en la sierra los revolucionarios acordaron cambiarle el nombre a la Asociación Cívica Guerrerense y la llamaron Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR).
Aunque en Atoyac desde 1967 las cosas venía complicándose a raíz de la masacre del 18 de mayo de 1967.  Los hechos que se sucedieron le echaron más leña a la caldera, el 6 de noviembre de 1968, fue asaltado el alcalde Manuel García Cabañas, en la calle principal de Atoyac. Los asaltantes usaron armas de ráfagas y en el tiroteo resultó muerto su hermano Miguel García Cabañas, y el primer edil salió herido de las dos piernas por eso el 18 de diciembre de ese año renunció al cargo.
La gente concluyó en ese tiempo, que el ataque venía de San Jerónimo de Juárez en respuesta a que el 2 de enero de 1967 a las 7:30 horas de la noche fue asesinado Rogelio Torreblanca, hermano del alcalde de San jerónimo Isabel Torreblanca, el responsable fue el asesor jurídico de Ayuntamiento Rogelio Juárez Godoy quien venía en compañía de Manuel García Cabañas y otros funcionarios. Los hechos fueron en el entronque de la Y Griega.
También desde 1967 el Ejército había iniciado la primera campaña contra la guerrilla con rondines “pacíficos” y con el pretexto de acciones “humanitarias” de carácter médico o deportivo para ganarse la confianza de los pobladores de la sierra. La segunda campaña la puso en marcha, cuando ya Genero estaba en la sierra en 1968, el gobierno recurrió a los grupos paramilitares, integrados por guardias blancas de los caciques, y los soldados incursionaron violentamente en los pueblos de la sierra, así comenzaron las desapariciones forzadas.
El 7 de marzo de 1969 comenzó a circular un volante de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento que decía: “Compañeros campesinos; alístense para defender sus vidas y para luchar por la justicia de los pobres. El partido de los ricos es el PRI y fue formado para defender al rico, por eso los pobres debemos formar nuestro partido, para que los campesinos se defiendan, para unir a los estudiantes y no dejar que el gobierno los golpee y los mate”.
“El pueblo debe formar este partido para derrotar al PRI y que haya un gobierno revolucionario que sirva al pueblo como Zapata y Villa lo desearon. El gobierno sigue formando grupos Judiciales para seguir matando y desarmando campesinos”.
“En todo el estado de Guerrero las autoridades han estado haciendo matanzas de campesinos, los matones siguen libres y con la pistola colgada. El Atoyac la matanza del 18 de mayo la hicieron los ricos y demás traidores que les siguen”.
“Deberían de estar en la cárcel, pero como el gobierno es de los adinerados ellos pueden seguir matando con toda libertad. Por lo tanto vamos haciendo justicia por nuestras propias manos”… “Mueran los judiciales”… “Viva el Partido de los Pobres”
Para 1969 operaba en la sierra el grupo de Samuel Araujo, La Onza un pistolero y narcotraficante que se movía en la parte alta de la sierra, asolando a las poblaciones y realizando tropelías.
“Por lo que respecta al grupo de Samuel Araujo (a) La Onza, sólo se reúne cuando se trata de realizar alguna tropelía o asalto a mano armada a cualquiera de las rancherías de la región. Samuel Araujo es uno de los gavilleros más peligrosos, pues en diversas ocasiones ha entablado combate con las fuerzas federales; individuo de recia personalidad e inculto, pero con la ventaja de organizar grupos armados en menos de 24 horas y recorrer grandes distancias, lo que hace imposible que las fuerzas federales los ubiquen con facilidad. Recibe ayuda económica bajo presión de los comerciantes de Tepetixtla, San Francisco del Tibor, El Porvenir y la Soledad”, decía un informe de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales el 25 de abril de 1969, que se encuentra en el Archivo General de la Nación (AGN). A La Onza prácticamente la policía le daba, en sus informes, el mismo tratamiento que a Lucio Cabañas y a Genaro Vázquez.
El 18 de mayo de 1969 aparecieron pegados volantes en diferentes partes de Atoyac, mismos que fueron retirados por la Policía Judicial. Los volantes decían:
“Sres. Gustavo Díaz Ordaz y Cartitino Maldonado Pérez.
“Ustedes creen que aquí en Atoyac todavía se amarran los perros con longanizas y no se las comen. No señores, mientras ustedes en sus mesas llenas de los mejores alimentos y vinos importados planean como mandarnos a callar y nosotros aunque sin poder comer todo el día, por falta de dinero por no haber donde trabajar, pero aunque sea así estamos captando los pensamientos de ustedes. Así pues señores ya no manden a amarrar los perros con longaniza, mejor mándenos a construir algunas empresas donde podamos ganar dinero y seguir viviendo. Ya no nos manden ejército y judiciales con eso no nos atemorizan porque nosotros no le tenemos miedo a la muerte, no quieran hacernos creer que quieren mucho a los atoyaquenses porque nos mandan aquí a los 500 detectives, perdón médicos”.
“Sr. Lic. Gustavo Díaz Ordaz, para que no nos manden detectives disfrazados de médicos. Si lo hace con el fin de ver cuantas armas tenemos, bueno pues acuérdese que fecha nos las mandó y si también busca propaganda en contra de usted fíjese primero si aquí en Atoyac, ya nos repartió tierras y si ya nos mejoró el precio del café, ajonjolí, coco, etc, motivo por el cual el pueblo está en contra del gobierno”.
“Nosotros no peleamos huesos, queremos que se vea lo que trabajamos, queremos escuelas, empresas en que trabajar y ya que veamos lo que le pedimos entonces tendrá derecho a vigilarnos, como buen gobernante, eso es todo lo que queremos. Sr. Presidente”.  
La policía política atribuyó este volante a Juan García Fierro, presidente del Club de Jóvenes Democráticos de Atoyac, a Juan Mata Severiano dirigente del Partido Comunista en la Costa Grande, a Hilda Flores Solís a quien en todo momento identificaron como miembro de la Asociación Cívica Guerrerense y a Samuel Adame dirigente de la Central Campesina Independiente (CCI).
Los informes policíacos también ubicaban como conspiradores a Pablo Tapia Valente del Bloque de Comisariados Ejidales y síndico de Atoyac, a quien en todo momento el presidente municipal Ladislao Sotelo Bello le echaba tierra con la policía. Responsabilizaban también a Jesús Hipólito Rebolledo, secretario de Comité Regional Campesino, según el informe de la Dirección de Investigaciones Políticas del 20 de mayo de 1969.


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