Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Sucia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Sucia. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de marzo de 2019

Crónicas del Palacio XX


Víctor Cardona Galindo
Para perseguir a la guerrilla el Ejército, usó el nombre de “paquetes” para referirse a los detenidos que después fueron desaparecidos. Los soldados les quitaban las insignias a sus uniformes, se le asignó un número a las comunidades y a las unidades que seguían a los guerrilleros. Se usó nombres diferentes para cada patrulla, así no se sabía a qué Batallón pertenecían y en qué lugar estaban.
En general Raúl Caballero Aburto, captado en una de las visitas
que realizó a la ciudad de Atoyac, siendo gobernador del estado
 de Guerrero. Foto: Álbum de María Laurel.

Durante lo que se llamó el Plan Atoyac, el 21 de septiembre de 1974, se habla de la detención de 10 personas en diferentes partes del municipio. El 22 de septiembre se habla de cuatro “paquetes” y el 23 de septiembre recibieron siete “paquetes”.
El Ejército haciendo gala de su poder en un solo día, el 25 de septiembre, cateó 14 poblaciones: San Martín, El Nanchal, Cacalutla, El Cacao, Santo Domingo, Cabeceras del Río Chiquito, El Aguacatoso, El Moreno, el Corinto, Santa María, El Naranjo, Cacahuananche, Tierra Blanca y Potrero de Carlos. Ese día se obtuvieron dos “paquetes” uno de ellos perteneciente al grupo armado que custodiaba al senador Rubén Figueroa durante su rescate.
Las patrullas que anduvieron en la sierra en el segundo semestre de 1974 fueron: Columnas Guerrero y Bravo. Agrupamientos: Unión, Marquelia, Tepeden, Tepepan, Gutemberg, Tigre, Andrés, Florida, López, Martín, Martín Uno, Martín Dos, Cayuno, Maximiliano, Barraza, Barraza Uno, Barraza Dos, Niño, Montes, Vicente, Vicente Uno, Vicente Dos, Avispa, Francisco, Paraíso, Fonseca, Torres, Lasso Uno, Lasso Dos, Lasso Tres, Lasso Cuatro, Lasso Seis, Lasso Siete,  Banula, Napoleón Dos, Tercera cinco, Vallecitos Dos, Mercurio, Isaías, 47 Uno, 47 Dos, 47 Tres, 50 Tres, 50 Siete,  Suárez y Tepejuan. De escapada en sus informes mencionaban a la sección de fusileros del 27 Batallón de Infantería y el Primer Agrupamiento de Transporte Pesado con presencia en Atoyac.
Los soldados se apropiaban de las viviendas sin permiso para usarlas como cuartel, principalmente aquellas que pertenecían a familiares de Lucio Cabañas Barrientos. En El Ticuí fue ocupada la casa de Julián Cabañas y en Los Tres Pasos la de Guadalupe Gervasio Barrientos.
Ejecuciones extrajudiciales
Zeferino García Rivera que fue asesinado por los militares en agosto de 1974 en El Porvenir. Al comisario Tomás Mendiola le tocó levantar el cadáver, un soldado dijo “corrió el hijo de chingada”. Tenía 20 minutos que los soldados habían salido con él de la comunidad, cuando se escucharon los disparos. Vivía con doña Micaela Castro, lo acusaron de ser bastimentero de Lucio Cabañas y ese día supuestamente lo llevaban de guía rumbo a El cacao.
También Miguel Onofre, ejidatario de El Porvenir, fue asesinado a balazos una noche de 1974. Agentes vestidos de civil lo atacaron en su casa ubicada a unos 500 metros del cuartel militar en la ciudad de Atoyac.
Rodolfo Valdovinos Téllez, de San Andrés de la Cruz, murió ejecutado por los soldados cuando quiso escapar en las inmediaciones de El Salto. Los militares lo detuvieron y se hizo como que le dolía el estómago, entonces sacó la pistola y se mató con ellos. Alcanzó a brincar pero quedó atrapado, en el alambre de púas de un corral, ahí los soldados lo hicieron pedazos a balazos. Su cuerpo quedó colgado y con las vísceras de fuera.
Sostenes Cabañas Tabares fue detenido en El Salto Chiquito y traído por los soldados al cuartel militar de la colonia Mártires en Atoyac. En ese lugar se le aplicó la Ley Fuga y su cuerpo quedó tirado en las afueras del cuartel donde fue levantado por sus familiares y sepultado en El Ticuí.
Otro es el caso de Aurelio Martínez Cabañas que era gente del Partido de los Pobres; el Ejército ya lo traía en una lista. Llegó la noche anterior al Rincón de las Parotas, y en la mañana cuando quiso salir ya estaba rodeado. Los militares lo siguieron y frente a su casa le marcaron el alto, él no les hizo caso y siguió caminando mientras iba desenvolviendo una pistola que traía enrollada en un pañuelo. Como no pudo sacar la pistola, con el machete que traía le cortó la mano a un soldado y le quitó el fusil. Aureliano no supo manejar el mecanismo del arma para disparar y los demás soldados lo acribillaron a tiros.
A pesar de que recibió varios disparos no murió en el momento, lo dejaron tirado, desangrándose y hablando. Los guachos prendieron un radio de baterías y lo pusieron un lado del herido a todo volumen, para que el pueblo en lugar de lamentos escuchara la música. Lo apagaron hasta que se murió.
Aureliano ya había sido detenido por el Ejército y lo torturaron brutalmente. Juró que primero moriría antes de que lo volvieran a agarrar. Por eso cumplió ese día, muriendo al tratar de evitar su aprehensión.
Un cable del Ejército informó que la patrulla militar “Vallecitos Dos” el 13 de noviembre de 1974 dio muerte a Aureliano Martínez Cabañas, quien alcanzó a herir a machetazos al soldado Sergio Mungula Mendoza. Al registrar el cadáver le encontraron una pistola 380 con el cargador abastecido y una tarjeta del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Tal vez el Ejército, con tantos efectivos en la sierra, pudo acabar fácilmente con la Brigada Campesina de Ajusticiamiento porque hay la certeza de que siempre sabía dónde se movía. “Hubo varias veces en que se tenía copada a la Brigada y al radiar a la 27 Zona Militar para que dieran la orden de fuego, de allá ordenaban que se retiraran rápido… órdenes que cumplíamos a marchas forzadas por lo boscoso, abrupto y peligroso de la sierra de Guerrero”. Dice la versión extraoficial de un soldado entrevistado por don Simón Hipólito. Tal vez a los mandos convenía tener un grupo armado en la sierra que justificara su presencia y movilización. Tal vez les convenía por la importancia y el poder que les daba en ese momento. También los beneficios que obtenían con esa movilización.
Por eso los atoyaquenses identificamos como Guerra Sucia al periodo que va desde fines de los años sesenta a principios de los ochenta, cuando tanto el gobierno federal, como el estatal reprimieron con toda impunidad al pueblo indefenso y usaron todo su poder para torturar y desaparecer a disidentes políticos, pero, principalmente, a personas inocentes que fueron acusadas de tener nexos o de ser colaboradores de la guerrilla. Sin ninguna consideración alrededor 400 atoyaquenses fueron arrancados de sus hogares por el Ejército o la Policía Judicial y nunca más volvieron con los suyos.
El Estado Mexicano a raíz de la presión internacional ha ido reconociendo poco a poco su papel en las consecuencias de ese periodo represivo. La investigación ha sido lenta, deficiente y con muy pocos resultados. Todavía no hay certezas de lo que pasó con más de mil desapariciones forzadas en el país, incluyendo más de 500 en Guerrero, de las cuales alrededor de 400 habrían ocurrido en la región del municipio de Atoyac de Álvarez. De aquellas personas desaparecidas durante la Guerra Sucia, solamente cuatro han sido localizadas.
Dos guerrilleros que acompañaban a Lucio Cabañas a la hora de su muerte fueron encontrados por la Fiscalía Especial y sus restos entregados a sus familiares. Lino Rosas Pérez René y Esteban Mesino Martínez Arturo que murieron con Lucio Cabañas en el combate del 2 de diciembre de 1974 fueron sepultados clandestinamente en El Guayabillo. Otros dos guerrilleros Martín Nario Organes, Samuel y Eliseo Flores Vázquez, que murieron en enfrentamiento con el Ejército el 9 de septiembre de 1974, fueron encontrados sepultados en El Pequelite por la Comisión de la Verdad. Los restos fueron entregados a sus familiares.
La misma Organización de las Naciones Unidas reconoció que muchas personas de Atoyac fueron sacadas de sus casas,  o fueron detenidas durante los cateos que los militares realizaron en las comunidades. Otras fueron detenidas en los retenes que tenía el Ejército o la Policía Judicial en las carreteras y nunca volvieron con los suyos.
Como dije antes muchas veces el Ejército llevó en helicópteros, a las poblaciones, a hombres torturados para que delataran a los guerrilleros. Muchos campesinos, con tal que no los siguieran torturando, entregaron a gente sin culpa alguna. Los caciques también aprovecharon para deshacerse de sus enemigos acusándolos de guerrilleros.
La mayoría de los desaparecidos eran inocentes. Nunca participaron en acciones guerrilleras, muchos ni siquiera llegaron a ver a los guerrilleros. Fueron víctimas de intrigas y de señalamientos infundados de otros campesinos que les tenían mala voluntad. El Ejército o la Judicial se los llevó sin mediar investigación alguna y sin escuchar los ruegos de los familiares y vecinos.
Los maestros de la sierra que no abandonaron sus plazas durante la represión fueron desaparecidos. Son los casos de Rafael Castro Hernández, Vicente Higinio Ortiz Nava y Félix Bello Manzanares. El 2 de septiembre de 1974 fue desaparecido Jacob Nájera Hernández, fue sacado por la judicial de la casa de sus suegros en San Jerónimo de Juárez, ahora en su honor la escuela preparatoria de ese lugar lleva su nombre. Vicente Higinio Ortiz Nava fue desaparecido el 22 de agosto de 1974 en Coyuquilla Norte, Félix Bello Manzanares el 10 de diciembre de ese mismo año.  La Policía Judicial Federal lo bajó del camión en que iba, en el retén militar de Atoyac y fue visto vivo por última vez en el cuartel de la colonia Mártires, y Rafael Castro Hernández detenido por agentes federales el 18 de noviembre de 1976 fue visto por otros detenidos en las mazmorras que operaba la Dirección Federal de Seguridad la temible DFS.
Caso emblemático es el del líder político Rosendo Radilla Pacheco quien fue detenido en un retén ambulante en la colonia Cuauhtémoc. Las hijas de don Rosendo han luchado para que lo regresen con vida o en su caso se investigue sobre el paradero de sus restos.
Quiero recordar aquí que a las 10 de la mañana del 27 de enero de 1975, hubo un cateo en la comunidad de los Valles por el personal del 27 Batallón de Infantería. Se llevaron prisionero a Cruz Serafín Cardona de San Martín de las Flores y tenía una semana viviendo en Los Valles, un “madrina” al que apodaban El Pantera lo señaló. Lo vistieron de militar y lo llevaron cargando mochilas hasta el Río Santiago más tarde fue liberado en el cuartel de Atoyac con huellas de tortura. Ese día el helicóptero llegó a las 2 de la tarde por las armas que les habían quitado a los del pueblo, no les dejaron ni siquiera un rifle para la cacería. Cruz Serafín Cardona padeció toda su vida las secuelas de la tortura. Murió hace dos años esperando la reparación del daño.
Todavía en 1979 las costas estaban cerradas por los retenes militares de Xaltianguis, Cuajinicuilaba y la Unión de Montes de Oca. Moisés Uriostegui Jaimes era el nombre del gavillero que asolaba la sierra de Tecpan y Juan Tehuhuetla de San Miguen Totolapan. Otro jefe era Reyes Hernández. Lo que para entonces justificaba la presencia del Ejército en la sierra de Guerrero. También ya se hablaba de la multicitada “campaña contra el narcotráfico”.
Todavía hasta 1981 se seguía informando de presencia guerrillera en la sierra de Atoyac. En un informe del 25 de octubre de ese año firmado por Guillermo Espinosa de Benito agente de la DFS, dice que ha detectado el día 13 de los corrientes, en la población del Río Chiquito municipio de Atoyac de Álvarez a Nicomedes Fuentes García, miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación acompañado de ocho individuos con armas largas, y que el 16 de octubre en el paraje Los Pinos al norte de Tecpan de Galeana fue emboscada una partida militar, donde murió un soldado y salió herido otro que falleció posteriormente en la clínica en la 27ª Zona Militar de Acapulco. Este parte informativo nunca fue confirmado.
La lucha por los desaparecidos ha sido incansable, desde 1978 que se fundó la Asociación de Familiares de Desaparecidos y Víctimas de las Violaciones a los Derechos Humanos (Afadem). Las actividades políticas de izquierda, en Atoyac, se reanudaron con la marcha que rompió el silencio el 18 de mayo de 1979. Doña Rosario Ibarra de Piedra, ligada al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y dirigente del grupo Eureka, abrió campaña como candidata a la presidencia de la república el 5 de diciembre de 1981 en la plaza de Atoyac.
El 30 de agosto del 2000 fue detenido Mario Arturo Acosta Chaparro acusado de narcotráfico y eso abrió de nuevo el debate por la presentación con vida de los desaparecidos.
El gobierno simula que está buscando a los desaparecidos. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, hizo una investigación sobre la Guerra Sucia y emitió un informe. En marzo del 2001, visitadores de esa Comisión realizaron excavaciones en Agua Zarca, donde había indicios que el Ejército ejecutó y enterró prisioneros.
Luego ante la denuncia de los vecinos, el 15 de marzo del 2001, peritos de la Procuraduría General de la República realizaron excavaciones en la comunidad de Los Tres Pasos, en la vivienda de Guadalupe Gervasio Barrientos tía de Lucio Cabañas. Esa casa fue utilizada durante la guerrilla como cuartel de los soldados. La procuraduría informó que los restos encontrados en ese lugar resultaron ser de animal.
Durante el periodo de Vicente Fox, el 27 de noviembre del 2001 fue creada por decreto presidencial la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado y el 4 de enero del 2002, en la ciudad de México el Procurador General, Rafael Macedo de la Concha, presentó a Ignacio Carrillo Prieto como Fiscal Especial, quien inmediatamente comenzó a trabajar.
El 26 de mayo del 2002, se inauguró la oficina de la Fiscalía en Atoyac, asistió Carrillo Prieto y quedó como representante de esa dependencia la doctora Georgina Landa. Luego el 28 de julio de ese mismo año, el fiscal Ignacio Carrillo Prieto visitó la población de Los Piloncillos para oír los testimonios de los pobladores sobre la masacre perpetrada por el Ejército mexicano en ese lugar.


martes, 26 de febrero de 2019

Crónicas del Palacio XIX


Víctor Cardona Galindo
De acuerdo a diversas fuentes el Terrorismo de Estado en México, comenzó a partir del 23 de septiembre de 1965, después del ataque del Cuartel Madera en Chihuahua por parte del Grupo Popular Guerrillero, el gobierno respondió con represión hacia la población civil. Antes ya estaban las masacres en contra de los seguidores de Enrique Guzmán, el encarcelamiento de profesionistas y ferrocarrileros que luchaban por una mejores prestaciones salariales y mejores condiciones de trabajo. 
Doña Rosario Ibarra de Piedra toda una vida de lucha en búsqueda
 de los desaparecidos políticos. Foto: Archivo fotográfico de la Comisión
de la Verdad
.

En el estado de Guerrero, a partir del primero de abril de 1957, después de la toma posesión el general Raúl Caballero Aburto comenzaron una serie de ejecuciones extrajudiciales. Murieron muchos delincuentes, pero también gente inocente que por una simple denuncia fueron asesinados por la Policía Judicial.
Muchos campesinos llegaban a las cárceles municipales, de ahí los sacaba la Policía Judicial y en camino los iba ejecutando, sin mediar ningún juicio, ninguna investigación. Incluso los jefes de las policías municipales tenían permiso para ejecutar a los detenidos en flagrancia o por acusaciones de los vecinos. En Atoyac se hicieron famosos lugares de la muerte, como el Charco Largo y La Trozadura, donde aparecieron muchas personas ejecutadas.
Eso provocó que el pueblo se inconformara y se formara la Asociación Cívica Guerrerense que integró a todos los sectores sociales, incluyendo a miembros del mismo Partido Revolucionario Institucional (PRI) la exigencia de la destitución de este gobernador criminal fue una demanda generalizada.
Se hicieron muchas manifestaciones de protesta hasta que el 30 de diciembre de 1960, el Ejército disolvió violentamente una manifestación en Chilpancingo con un saldo de 13 muertos, 17 heridos y cientos de encarcelados. Eso provocó la desaparición de poderes y la caída del gobernador Raúl Caballero Aburto.
A un a pesar de la masacre el movimiento cívico siguió y se organizó para participar en las elecciones de gobernador, los actos de intimidación y manipulación que se dieron en las elecciones fueron terribles. Se consumó un fraude electoral y se vinieron más manifestaciones. Una de ellas la del 31 de diciembre de 1962 fue reprimida en Iguala, con muchos muertos y heridos. El líder cívico Genaro Vázquez Rojas fue responsabilizado de esa masacre y luego detenido. La matanza del 18 de mayo de 1967, luego vendrían la masacre de copreros el 20 de agosto de ese año y el enfrentamiento con militares al escaparse Genaro Vázquez de la cárcel de iguala el 22 de abril de 1968. La gota que derramó el vaso, a nivel nacional, fue la masacre del 2 de octubre, a partir de ahí muchos jóvenes voltearon a ver a los embriones guerrilleros que ya crecían en la sierra de Guerrero.
En aquellos años, con la represión vinieron por primera vez los caminos, las primeras clínicas y las primeras escuelas secundarias de la sierra. Aunque la apertura de la carretera a las comunidades de la sierra favoreció el cerco a la guerrilla y la represión sobre esos mismos pueblos que se debían beneficiar con dicha obra. Las canchas de basquetbol que se construyeron también sirvieron para que aterrizaran los helicópteros para llevarse a la gente detenida.
Aunado a la campaña militar, llegó en Plan Integral de Desarrollo que construyó carreteras, centros de salud, escuelas y fortaleció de las actividades del Instituto Mexicano del Café (Inmecafé).
El Ejército convirtió la sierra en un gran cementerio. Llama la atención el caso de La Peineta. En ese lugar el 28 de junio de 1971 el Ejército logró cercar por segunda ocasión a los genaristas. Los mandos de la 27 Zona Militar informaron: “Por el rumbo de La Peineta a las 14:15 horas tropas al mando del subteniente Florencio Salvador Sánchez Garduño del 32 Batallón de Infantería sostuvieron un enfrentamiento con guerrilleros salió herido el soldado Agustín Arizmendi y muertos cinco maleantes de quienes se desconoce sus nombres”.
Genaro y su grupo lograron huir, aunque dejaron en el lugar un portafolio con fotos que cayó en manos del gobierno. Cinco campesinos del lugar fueron detenidos por el ejército: Eusebio Arrieta Memije, Miguel Cadena Diego, Crescencio Calderón Laguna, José Ramírez Samaycón e Inocencio Calderón.
Según el informe de la Fiscalía Especial: “Fueron vistos en el retén militar cuando estaban detenidos, ya que fueron a protestar por el atropello; los habían llevado a El Paraíso y el oficial del Ejército les dijo que ahí los tenía detenidos. Sin embargo, estas personas continúan desaparecidas. Es muy probable que el ejército haya ejecutado a estas personas”.
En esos días enrarecidos y de ocupación militar sin precedentes, desapareció Juan García Fierro en los días últimos de 1971. Fue el primer desaparecido político en la región de Atoyac, ligado al Partido de los Pobres, aunque la policía política lo vinculaba, al igual que a Hilda Flores, con Genaro Vázquez Rojas y en los informes de la época lo hacían responsable de todos los panfletos que circulaban en la ciudad en contra del gobierno.
En determinado momento en los informes militares se dejó de hablar de detenidos y todos se convirtieron en “paquetes para su revisión” o “paquetes para investigación”. Nunca más se habló de nombres.
Los guerrilleros de refacción, eran campesinos que detenían en los pueblos, los vestían de militares y los obligaban a cargar las mochilas de los soldados. Muchos de ellos seguramente fueron asesinados donde hubo escaramuzas con la guerrilla de Lucio Cabañas, como ocurrió en La Polvosa, La Pascua, arriba de Achotla y El Posquelite. Es probable que donde hubo enfrentamientos, en el año de 1974, haya campesinos inocentes y guerrilleros sepultados.
El gobierno no puede negar que tuvo a muchos campesinos en sus manos. Hay escritos donde se documenta su entrada al Campo Militar Número Uno, pero no su salida. También de su entrada a la base aérea de Pie de la Cuesta de donde algunos salieron otros no. Muchos campesinos fueron desaparecidos en el contexto de los secuestros que realizaba la guerrilla.
En un principio los detenidos en los operativos militares de 1969, 1970 y 1971 eran concentrados en el aeropuerto de Pie de la Cuesta. Esos detenidos todavía regresaron a sus hogares. Después de 1972 el Campo de Concentración fue el cuartel de Atoyac, el de la colonia Mártires, donde ahora está la Ciudad de los Servicios. Luego a partir de 1975 vino la etapa de los Vuelos de la Muerte, se dice que muchos detenidos fueron arrojados al mar.
Algo que no se ha podido indagar es: ¿Qué pasó con los soldados encargados de las desapariciones? ¿Cuál fue su destino? Nada más se sabe que hubo instalaciones militares habilitadas para acciones encubiertas como la sede del Segundo Batallón de la Policía Militar, al mando del capitán Francisco Quirós Hermosillo que tenía su sede en el Campo Militar Número Uno.
Masacres
Los pueblos vivieron momentos de terror. La masacre del  24 de abril de 1973 en Los Piloncillos, donde fueron fusilados por militares: Crescencio Reyes de 60 años, Toribio Peralta de 19, Margarito Valdez de 60, Santos Álvarez de 20, Eleazar Álvarez de 16, y Saturnino Sánchez de 70 años, quienes fueron acusados de ser bastimenteros de Lucio Cabañas Barrientos.
“El 24 de abril de 1973, era una mañana fría en Los Piloncillos donde vivía Saturnino Sánchez García el más longevo del pueblo, tenía 70 años, con su esposa María Romero. Saturnino era considerado el patriarca del lugar, estaba inválido de ambas piernas. Así los soldados lo sacaron a rastras y fue vilmente masacrado”, escribió en el periódico Opina Hoy, del miércoles 22 de diciembre de 1999, Ángel Custodio Reyes Serrano quien fuera en aquel tiempo agente del Ministerio Público en Atoyac.
“Los soldados a su vez, saquearon y golpearon a diestra y siniestra, y de las demás viviendas, sacan del interior a los campesinos: Margarito Valdez, Crescencio Reyes, Santos Álvarez, Eleazar Álvarez y Toribio Peralta, estos dos últimos, de 15 y 17 años de edad, quienes violentamente son llevados a la pequeña cancha de basquetbol de la comunidad, en donde de manera por demás cobarde y artera, y sin explicación alguna, son masacrados por la espalda, sin darles el mínimo derecho para su defensa”.
 “Se oyó un estruendo y luego escuchamos unos gritos. Bajó un niño, el niño de mi tío que tenía como seis años dando de gritos y llegó corriendo y dijo, tía mataron a los señores”, narró un testigo, de la masacre en Los Piloncillos.
“Ese 24 de abril, a las ocho y media de la mañana, un grupo de hombres vestidos de blanco, con un pañuelo rojo al cuello y armados, atravesaron corriendo Los Piloncillos. Al mismo tiempo, al menos 400 soldados con cuatro tanques rodeaban el pueblo y sacaban a hombres, mujeres y niños de sus casas y los llevaban al centro del pueblo. A cinco hombres de diferentes edades: Chencho Reyes, Toribio Peralta, Margarito Valdez, Santos Álvarez y Eleazar Álvarez, fueron obligados por los soldados a colocarse “con el rostro hacia el paredón grande, cubriéndose los ojos y por detrás les tiraron -recordó doña Francisca-, nomás les preguntaron que dónde estaba el bastimento de Lucio Cabañas”, escribió Gloria Leticia Díaz en la revista Proceso.
Mientras que a Saturnino Sánchez de 70 años, lo mataron en su casa, entre dos soldados, lo agarraron, uno se puso en una puerta y otro en otra y le dispararon.  Benito González Leyva, fue detenido con Silvestre Calderón, pero fueron liberados antes de llegar al paredón, después de recibir una golpiza.
Los cinco cayeron juntos y a Saturnino le dieron muchos balazos, una banca quedó destrozada, lo mismo una trozadora de madera. Francisca que es hija de Saturnino dijo a Proceso esa vez: “De mi papá quedaron pedazos de carne pegados en la pared, sus tripas en el piso. A los demás los desbarataron de la cara y el cuerpo. Cuando terminó la balacera las señoras recogieron quijadas, brazos piernas, y los enterraron en petates, sábanas y costales. Mi papá sí tenía una gaveta que le mandó hacer una tía antes de que esto pasara. Cuando los enterraron pusieron a tres en una tumba, a dos en una y a mi papá aparte”.
La movilización militar, duró cuando mucho media hora, e inmediatamente los soldados salieron hacia El Paraíso, en helicópteros que ya los esperaban. Más tarde descubrieron bombas molotov que estaban alrededor del pueblo, y se enteraron de que serían utilizadas si no encontraban hombres.
“No supimos ni qué batallón fue, y los de blanco yo creo que eran también guachos que se cambiaron, porque no los vimos salir, luego estaba todo rodeado, eran como 400 soldados. Quedamos con miedo de los guachos, luego gritaban que iban a pasar y pensábamos que iban a hacer lo mismo. Mi esposo, mis hijos y mi suegro nos venimos a El Paraíso al día siguiente del entierro”, le dijo doña Francisca Sánchez a Gloria Leticia.
La gente vivía en la zozobra pues se rumoraba que bombardearían los pueblos que estaban acusados de colaborar con la guerrilla, la gente vivía presa del rumor y el miedo. El 17 de agosto de 1974 elementos del ejército sometieron a un bombardeo el lugar conocido como El Otatillo arriba de Los Tres Pasos, principalmente el lugar conocido como Los Cajones que se encuentra entre los ejidos de El Camarón y Los Valles. “Se escucharon treinta y ocho explosiones, tal vez de bazucas, tal vez de morteros. Después columnas de soldados descendieron, protegidos por helicópteros y aviones”, nos comenta don Simón Hipólito Castro, en su libro Guerrero Amnistía y Represión.
También en 1974 bombardearon el cerro de Mojileca. Azorados ojos campesinos veían como los aviones a toda velocidad dejaban caer bombas, se escucharon muchas explosiones. Se dice también que en Zintapala, helicópteros ametrallaron a una patrulla militar que acampaba en lo espeso de la selva. También hubo “fuego amigo” dirían ahora.


viernes, 22 de febrero de 2019

Rosendo Radilla Pacheco, líder cívico y compositor de corridos (Segunda y última parte)


Víctor Cardona Galindo
En uno de los pasajes de su libro Voces acalladas. (Vidas truncadas), Andrea Radilla recuerda que su padre, don Rosendo Radilla Pacheco, cuando acudía a la sierra a cortar sus huertas: “Disfrutaba de limpiar de hiedras cada mata de café que los chaponadores dejaban con monte, se paraba entre el plantío de café y miraba detenidamente la copa de los árboles, como queriendo escalarlos y observar desde arriba eso que él llamaba una gran riqueza. Se le oía decir que la madre naturaleza había creado dos cosas maravillosas: la mujer y el café… Miraba el café cereza recién cortado apilado en grandes montones en el asoleadero, listo para ser rastrillado y extendido, sonreía y cerraba los ojos como queriendo retener aquella imagen. Con mucha paciencia le quitaba las hojas y tallos que los peones al no cortar bien desprendían. Le gustaba la sierra por todos sus olores a café cereza, a café recién hervido, el aroma a leña y el de las tortillas recién hechas”.
Al micrófono don Rosendo Radilla Pacheco abandera una escolta escolar.
Foto: Cortesía de la familia Radilla.

El caso Rosendo Radilla Pacheco ha causado una revolución en la legislación mexicana y las modificaciones a las leyes que ha provocado servirán para que otros casos de desaparición forzada y de violaciones a los derechos humanos cometidos por militares sean castigados. Las instancias internacionales han concluido que su caso formó parte de “un patrón de detenciones, tortura y desapariciones forzadas de personas militantes de la guerrilla o identificados como simpatizantes”.
Rosendo Radilla Martínez declaró ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos que un militar en el retén le dijo a su padre que lo detenían por componer corridos. Don Rosendo Radilla hizo muchos corridos pero especialmente llama la atención uno que trovó con el título de El Guerrillero: “Señores soy campesino/ del estado de Guerrero/ me quitaron mis derechos/ y me hicieron guerrillero. Dejé a mi madre, a mis hijos/ y también a mi mujer/el pueblo siempre ha sufrido/ lo tendré que defender…Ya me lancé a las montañas/ tal vez esa fue mi suerte/ de defender a mi pueblo/ aunque me cueste la muerte.”
En el archivo General de la Nación se encontraron evidencias de que los cuerpos policiacos lo vigilaron durante 11 años antes de desaparecerlo. Fue seguido por los “orejas” desde 1963 en todas sus actividades, desde que fue secretario de acción campesina de la Asociación Cívica de Guerrerense, la familia siempre sospechó de Víctor López el ebanista de la Carpintería Castro ubicada frente al domicilio de Rosendo Radilla quien  “fue un mercenario, vigilante de tiempo completo que se apostaba en la calle para laquear los muebles o forrar las cajas de muerto, una mirada hacia abajo, sobre el objeto de su trabajo y otra hacia delante para registrar lo que sucedía en la casa de enfrente”, escribió Andrea Radilla.
En los sesentas y setentas los policías políticos estaban hasta en la sopa, los había de cantineros, de chalanes, de coimes y gente que compraba lo robado. El gobierno quería saberlo todo. Había personas también que delataban a los enemigos del régimen sólo para recibir una palmadita del jefe militar.
Genaro Vázquez Rojas frecuentó la casa de Rosendo Radilla Pacheco cuando visitaba la ciudad de Atoyac para promover la Asociación Cívica Guerrerense y en su casa llegaron a realizarse muchas reuniones de esa agrupación. No hay indicios de que don Rosendo haya participado como guerrillero en la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), pero “se incorporó a la red de apoyo logístico”. El líder cívico le mandaba armas para que se las arreglara y Lucio llegó a invitarlo para que lo visitara en la sierra. A Genaro le hizo un corrido cuyo primer verso dice: “Voy a cantar un corrido/ a todo México entero/ yo les contaré la historia/ de un maestro guerrillero/ Genaro Vázquez fue el hombre/ que al rico dejó temblando/ del campamento Morelos/ ordenaba sus comandos/ ve a traer a esos hombres/ que al pueblo siguen robando.”
La familia desplegó una intensa actividad de búsqueda desde que fue desaparecido y acudieron a diversos foros nacionales e internacionales para denunciar su desaparición forzada. Andrea escribió el libro Voces Acalladas (Vidas truncadas). Perfil biográfico de Rosendo Radilla Pacheco, mientras que Tita Radilla Martínez se especializó en la defensa de los derechos humanos y desde hace muchos años es la vicepresidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos Políticos y Víctimas de las Violaciones de Derechos Humanos en México (AFADEM) y desde esa trinchera no ha descansado ningún momento en la exigencia de que el Estado mexicano le entregue a su padre.
Ahora Tita está cansada y enferma, quizá sus males sean el resultado de una vida de sobresaltos y de los múltiples actos de intimidación que ha sufrido por parte del gobierno mexicano.
El 15 de noviembre del 2001, el AFADEM  y la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos A.C. (CMDPDH) presentaron la denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la desaparición de Rosendo Radilla Pacheco, esta instancia luego turnó el caso a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CoIDH) con esto la familia Radilla abrió un camino para llevar los casos a la justicia internacional y por eso el gobierno mexicano ha hecho actos simulando que trabaja en la localización del dirigente cívico desaparecido.
La supuesta búsqueda de los restos ha llevado a la Procuraduría a realizar tres excavaciones en el antiguo cuartel militar de Atoyac donde ahora funciona el Ayuntamiento Municipal, las diligencias comenzaron el  2 de febrero del 2008, cuando se realizó el escaneo con un geo radar del terreno en esas instalaciones castrenses donde Rosendo Radilla Pacheco fue visto por última vez, bajo la sospecha de que los militares habrían sepultado los restos de los desaparecidos en este predio.
Luego la Procuraduría General de la República (PGR) realizó las primeras excavaciones el 7 de julio de 2008 a las 9 de la mañana cuando se presentaron el agente del Ministerio Público federal José Antonio Dávila Camacho y más de 140 personas enviadas por la PGR que participaron en los trabajos en el predio donde se ubicaba el campo de tiro del 49 Batallón de Infantería. De estas diligencias no hubo resultados satisfactorios.
El 7 de julio del 2009, se llevó a cabo la audiencia pública en la sede de la CoIDH en San José, Costa Rica, a la que asistió como representante del Estado Mexicano el secretario de gobernación Fernando Gómez Mont, quien defendió al ejército mexicano y al fuero militar, ahí participaron Tita y Rosendo Radilla Martínez, quienes dieron su testimonio sobre la desaparición de su padre.
Después el 15 de diciembre del 2009 la Corte Interamericana dictó sentencia por el caso Rosendo Radilla, en la cual, principalmente, pide limitar el fuero militar. La resolución dice que: “frente a situaciones que vulneren derechos humanos bajo ninguna circunstancia puede operar la jurisdicción militar” el procesamiento de los responsables “corresponde siempre a la justicia ordinaria”.
La Corte ordenó a México: La investigación y sanción de los responsables en la detención y desaparición de Rosendo Radilla, así como la localización de sus restos, la realización de un acto público de reconocimiento de responsabilidad de los hechos. La elaboración de una semblanza, así como la colocación de una placa alusiva a su memoria en su natal Atoyac.
La sentencia pide reformar el artículo 57 del Código de Justicia Militar y reformar el artículo 215 A del Código Penal Federal. También brindar atención psicológica o psiquiátrica de forma inmediata a los familiares, pagar 240 mil dólares por concepto de reparación de daño material y moral a los familiares y publicar el fallo en el Diario Oficial de la Federación y la página web de la Procuraduría General de la República.
Presionado el gobierno por esto la PGR realizó el 19 de octubre del 2010, a las ocho de la mañana las segundas excavaciones en el campo de tiro de lo que fue el 49 Batallón de Infantería, sin que tampoco se hayan tenido resultados.
El 12 de junio del 2011, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió: “que los militares responsables de violaciones a los derechos humanos de civiles deben ser juzgados por la justicia ordinaria y no por tribunales castrenses”. El ministro presidente de la Corte Juan Silva Meza señaló que: “bajo ninguna circunstancia puede operar el fuero militar en violaciones a los derechos humanos que afecten a civiles”
Posteriormente el 31 de octubre del 2011, la PGR inició las terceras excavaciones que terminaron el sábado 12 de noviembre con lo que terminaron de escarbar todo el campo de tiro y zonas aledañas. Sin embargo, los familiares quedaron insatisfechos con esas diligencias porque los ministerios públicos solo se basaron en suposiciones y no mediaron para ello investigaciones serias.
Como para calmar a la opinión pública y reducir la presión internacional el 17 de noviembre de 2011 en un acto que se llevó a cabo en el Zócalo de la ciudad de Atoyac, sin la presencia de los familiares de Rosendo Radilla Pacheco, las autoridades de los tres niveles de gobiernos develaron la placa en honor al líder cívico.
El encargado del despacho de la Secretaría de Gobernación Juan Marcos Gutiérrez González, acompañado de la Secretaria de Relaciones Exteriores Patricia Espinosa Cantellano y del gobernador Ángel Aguirre Rivero, ofreció disculpas públicamente a la familia Radilla Martínez por la desaparición de Rosendo Radilla Pacheco y en la fachada del DIF municipal develaron una placa en honor al líder cívico. Que dice:
“El Estado Mexicano devela la presente placa a la memoria de Don Rosendo Radilla Pacheco y de las víctimas de desapariciones forzadas ocurridas en las décadas de los 60 y 70, en un ‘contexto sistemático de violaciones a los derechos humanos’, según lo señalado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en su resolución…Lo anterior, se hace en cumplimiento a lo ordenado por la citada corte en el caso Rosendo Radilla Pacheco vs. Estados  Unidos Mexicanos, en virtud de su desaparición forzada por agentes del Estado el 25 de agosto de 1974, en un retén militar de esta población. Este lamentable suceso ha dejado invaluables lecciones a la nación mexicana… El Estado reconoce la incansable búsqueda de sus familiares, por la justicia, verdad y reparación… Atoyac de Álvarez, Guerrero a 14 de noviembre del 2011”.
La placa quedó colocada en una de las paredes frontales del viejo palacio municipal y en  donde durante los últimos seis años ha funcionado el DIF municipal.
“Juan Marcos Gutiérrez dijo que el caso de desaparición de Rosendo Radilla no puede quedar en la impunidad y que el gobierno está trabajando en la identificación de los responsables para castigarlos con el peso de la ley”, escribió Francisco Magaña de Jesús.
Este fue un acto a todas luces amañado porque como público usaron a los padres de familia que acudieron a acompañar a sus hijos que iban a recibir bicicletas de parte del gobierno del estado.
La publicación del libro sobre Rosendo Radilla no satisfizo a los familiares, quienes pidieron una publicación de mayor calidad donde ahora participarán con sus relatos toda la familia, la indemnización económica no ha sido cobrada por los familiares, quienes primero esperan resultados en la búsqueda de los restos y castigo a los culpables.
Rosendo Radilla Martínez, con esa veta de trovador que heredó, le compuso un corrido a su padre: “Voy a cantar un corrido/se lo dedico a mi padre/ él es Rosendo Radilla/un luchador incansable… Siempre al lado del pueblo/ por mejores condiciones/ luchó contra la injusticia/ de gobierno opresores… Líder de la Costa Grande/ del estado de Guerrero/ en un retén militar/ lo tomaron prisionero… Ejército mexicano/ que triste papel jugaste/ con tus narco-generales/ al pueblo pobre mataste. La defensa nacional/ la población atacó/ y sus demandas sociales/ con balas solucionó… Por buscar la democracia/ el pueblo fue reprimido/ asesinaron algunos/ otros desparecidos… Desaparición forzada/ delito internacional/ México no lo castiga/ por pura complicidad… México lindo y querido/ nidito de impunidad/ se ha regado mucha sangre/ y tú no puedes cambiar.
Son heridas que no cierran/ no pueden cicatrizar/ el terrorismo de estado/ no se nos puede olvidar… El postinero señores/ su caballo preferido/ lo seguirá cabalgando/ por esos mismos caminos… Ya me voy, ya me despido/ no se les vaya olvidar/ como el caso de mi padre/ hay mil 300 o más.”

jueves, 21 de febrero de 2019

Rosendo Radilla Pacheco


 Víctor Cardona Galindo
El sol da de lleno en la curva que está en la carretera que va al puerto de Acapulco pasando Cacalutla antes de tomar la recta de la Colonia Cuauhtémoc. Durante muchos años estuvo ahí una parota muy frondosa, por eso era el lugar favorito de los militares para poner su retén. De ese lugar se llevaron detenido el 25 de agosto de 1974, a Rosendo Radilla Pacheco líder cívico y compositor de corridos. Un hombre que había puesto su vida al servicio de la comunidad. Ahora es el atoyaquense más conocido en el mundo porque su caso de desaparición forzada se ha ventilado en tribunales internacionales.
Don Rosendo Radilla Pacheco cuando fue
presidente municipal de Atoyac. Foto. Cortesía
José Hernández Meza.

Lo bajaron del autobús cuando iba en compañía de su hijo menor Rosendo Radilla Martínez rumbo a Chilpancingo. Al salir de la curva el camión de la Flecha Roja se detuvo y los soldados bajaron a los pasajeros entre ellos iba un delator fue “un hombre moreno alto” el que lo señaló y desde el medio día de esa fecha Rosendo Radilla Pacheco quedó en manos de los militares que son los responsables de su destino.
Radilla Pacheco fue presidente municipal de Atoyac, era cafeticultor, ganadero, actor, gestor público y un magnífico padre de familia, fue hijo de Agustina Pacheco Ramos y de Felipe Radilla Radilla. Nació el 1º de marzo de 1914, en las Clavellinas una pequeña comunidad de cinco casas “construidas en medio de muchos árboles de mango y a un lado del arroyo de agua muy clara”, cuenta Andrea Radilla Martínez en Voces acalladas (Vidas truncadas) Perfil biográfico de Rosendo Radilla Pacheco, el libro que trata sobre su padre desaparecido.
Se casó en 1942 con Victoria Martínez Neri. Con quien tuvo 11 hijas y un hijo: Romana, Andrea, Evelina, Rosa, Tita, Ana María, Agustina, Ma. Del Carmen, Ma. Del Pilar, Judith, Victoria y Rosendo.
De la desaparición de don Rosendo se platican algunas versiones: que fue visto por última vez en las instalaciones del cuartel de la colonia Mártires, que los militares lo obligaron a cantar el corrido que le compuso a Lucio Cabañas cuya primera estrofa dice así: “Voy a cantar un corrido/al pueblo y a la nación/ de un hombre que es guerrillero/nacido de buena mata/se llama Lucio Cabañas/heredero de Zapata/sierra madre de Atoyac/sierra maestra suriana/ donde tiene sus guerrillas/igual que las de Galeana”. Que luego de hacerlo cantar los soldados lo pusieron en medio de dos filas y se lo llevaron rumbo a donde ahora está la colonia Pindecua. “Ya detenido Rosendo no se rajó, no escondió sus simpatías y cantó sus corridos delante de los mismísimos guachos”.
Otra versión es que el expresidente municipal estuvo detenido tres días en esas instalaciones militares antes de subirlo a un helicóptero para desaparecerlo.
Álvaro López Miramontes, en el prólogo del libro de Andrea Radilla, afirma: “Su único delito fue haber simpatizado con las causas sociales que enarbolaron Genaro y Lucio”, de estos dos guerrilleros compuso corridos “y cantó los que la tertulia familiar y su círculo de amigos le pidió” sin dejar ninguna duda de su simpatía: “Revolución Socialista/ el pueblo te está esperando/con Cabañas a la cabeza/nos’tamos organizando” son letras de su corrido a Lucio Cabañas.
Como líder campesino formó parte de la mesa directiva de la Asociación Agrícola Local de Cafeticultores de Atoyac de Álvarez (constituida el 2 de julio de 1954), fue suplente del presidente Benito Fierro Fierro y participó en cuantas iniciativas y movimientos se generaron para mejorar la vida de los campesinos.
El 1 de enero de 1955, tomó posesión la administración municipal encabezada por Jesús María Serna Vargas (que estaría a cargo durante el periodo 1955-1956 del H. Ayuntamiento) La plantilla la integraban: como síndico Trinidad Vega Astudillo. Eran regidores: Samuel Santiago Díaz, Demetrio Castro Girón, Rosendo Radilla Pacheco, Antonio Paco Leyva y Genara Reséndiz, pero el 20 de mayo fue desaforado el alcalde Jesús María Serna Vargas y por acuerdo de los ediles quedó en su lugar el señor Rosendo Radilla Pacheco, quien tampoco terminó el periodo constitucional ya que fue depuesto el 31 de agosto de 1956 y en su lugar pusieron al doctor guatemalteco Segundo de la Concha, un presidente allegado a los grupos locales del poder.
El cronista de la ciudad Wilfrido Fierro escribió que el 31 de agosto de 1956 “el Presidente municipal Rosendo Radilla Pacheco, es desaforado de su encargo por instrucciones del gobernador del Estado Ing. Darío L. Arrieta Mateos, quedando en su lugar un consejo Municipal a cargo del Dr. Segundo de la Concha y como Síndico el señor José Ortega Granados”.
Entre las obras construidas durante la corta gestión de Rosendo Radilla están los primeros cuatro puestos del mercado municipal, adquirió el primer camión para el servicio de limpia que hubo en la ciudad. Construyó el cuartel militar que estaba ubicado en El Calvario. “El año 1956, durante la Administración Municipal del señor Rosendo Radilla Pacheco, se formó el patronato Pro-Construcción del Cuartel, integrado por el Sub Recaudador de Rentas señor Rosendo Leyva y Alberto Divicino, Delegado de Tránsito Local y el citado Presidente logrando construir la obra en el lugar conocido por el Calvario”, apuntó el cronista de la ciudad.
Como líder político fue Secretario General del Comité Regional Campesino (de 1956 a 1960) desde ese puesto gestionó escuelas para varios poblados de la Sierra y se hacía cargo de conseguir maestros cuando hacían falta. Formó parte del Comité Pro construcción del Hospital Rural, hoy centro de salud de la Parota. “El 14 de octubre de 1956 se formó el comité ‘Pro- Construcción del Hospital de los Servicios Cooperativos’; quedando como Presidente el señor Rosendo Radilla Pacheco” quien ya había sido depuesto de la presidencia municipal y se iniciaron los trabajos de construcción de la obra en los terrenos de la Colonia Manuel Téllez, en los terrenos que don Rosendo había donado.
En 1959 don Rosendo Radilla Pacheco fundó la colonia Manuel Téllez, que en un principio se llamaba colonia Ejidal, pero como no era ejido, le cambió el nombre por el del líder agrarista Manuel Téllez, quien fue su padrino y a las calles les impuso el nombre de todos los revolucionarios de la región que pelearon en el movimiento agrario de 1924.
Además de la gestión para la construcción de la escuela “Modesto Alarcón”, Rosendo Radilla participó en la creación de la Escuela Secundaria Federal de Atoyac, la secundaria técnica de Río Santiago y la primaria Lázaro Cárdenas de Atoyac. Cuando se estaba construyendo la escuela Modesto Alarcón se montaban obras de teatro para recabar fondos y Rosendo Radilla se apuntaba como actor, en una ocasión hizo el papel de cantinero.
En 1965 participó en el Comité Estatal de la Liga Agraria Revolucionaria del Sur “Emiliano Zapata”, que en ese momento mantenía una alianza con una fracción de la Central Campesina Independiente.
Como líder campesino era un hombre comprometido con sus ideales, formado bajo la influencia de líderes locales, con amor a la tierra y a su gente, de acuerdo con Andrea Radilla “La revolución que marcó a Rosendo no era la de Mariscal, de quien nunca habló, era la de Pablo Cabañas a quien le llevaba bastimento, la de Feliciano Radilla que podía con los verdes, la de Manuel Téllez que sin miedo se enfrentó a los terratenientes y la de Lázaro Cárdenas que les entregó las tierras”.
Además de las múltiples notas informativas que se han publicado en los diferentes medios de comunicación, sobre Rosendo Radilla Pacheco se han hecho diversas publicaciones, una es el libro: Voces acalladas (Vidas truncadas) Perfil biográfico de Rosendo Radilla Pacheco escrito por su hija Andrea Radilla Martínez y el documental  12.511 Caso Rosendo Radilla. Herida abierta de la Guerra Sucia en México  que Berenice Vázquez Sansores y Gabriel Hernández Tinajero produjeron en el año 2008, mismo que se presentó por primera vez el 5 de febrero de ese año en la Ciudad de México en el Cine Diana del paseo de la Reforma a las 11 de la mañana.
También salió a circulación este 2012 el libro El Caso Radilla. Estudios y Documentos. Su primera edición consta de 1064 páginas. En el anunció que viene en el Boletín Bibliográfico Mexicano de la Librería Porrúa dice que “el llamado Caso Radilla marca una serie de cambios trascendentales en el sistema jurídico mexicano; la restricción en la interpretación de la jurisdicción militar; el cambio en un novedoso sistema de control constitucional de tipo mixto; el primer y extenso entendimiento al status de los derechos humanos contenidos en los tratados internacionales dentro del orden jurídico nacional a partir de la reforma en materia de los derechos humanos del 2011; y a la función normativa de las resoluciones y precedentes de la CoIDH”.
A partir del Caso Radilla, los derechos humanos deberán cumplir una función normativa concreta que, por importante que ésta sea, no esté explicitada de suya en la propia reforma constitucional mencionada. Como autores del libro figuran: José Ramón Cossío Díaz, Raúl M. Mejía Garza y Laura Patricia Rojas Zamudio.
Como se ve Rosendo aún en su ausencia sigue provocando cambios y es un gran dolor de cabeza para el estado mexicano. Él era un campesino que cultivaba coco, maíz, calabaza y ajonjolí. El Postinero su caballo consentido, “era negruzco lo había hecho un caballo bailador, estaba entrenado para lucirlo en los desfiles y jaripeos”, comenta el cronista José Hernández Meza.
Antes tuvo un caballo tordillo al que le decían El Güero. Era un ganadero muy dedicado, tenía el chiquero de sus becerros en el paraje conocido como La Dicha (hoy colonia Benito Juárez). Era dueño de muchas vacas suizas. Sembró una huerta de coco en Boca de Arroyo y también era propietario de huertas de café, una se llamaba La Quemada y la otra La huerta de Los Tejones en San Vicente de Jesús, donde tenía una casa.
Cuando lo detuvieron, en el retén de la carretera, llevaba el dinero que le habían dado por la venta de una de sus huertas, lo quería para comprar una propiedad en Chilpancingo. “El que lo desapareció se quedó también con el dinero”.
“Una vez –recuerda José Hernández- en Cerro Verde vio un anciano indígena temblado del frío, don Rosendo se quitó el saco y se lo dio para que se cubriera, llegó en pura camisa hasta Atoyac a pesar de que faltaba mucho trecho para dejar la zona del frío aquel día”. Andrea Radilla dice en su libro que su padre era “muy friolento” llegó hasta el sacrificio personal por hacer el bien, la gente lo buscaba en San Vicente de Jesús. “Tanto esta casa como la de Atoyac siempre estaban llenas de gente que lo buscaba por cualquier tipo de problemas…Para pedir una novia raptada o huida, para los gastos de una boda, para sacar un preso y por supuesto pagar la multa, para un enfermo que no tenía dinero, para registrar a un niño o para enterrar algún difunto cuyos familiares no podían hacerlo. Para estos gastos siempre había dinero y si no, había que vender un becerro o una vaca según el caso”.
Don Rosendo se crio en Las Clavellinas desde muy niño estuvo al cuidado de los animales y aprendió a lazar con maestría, por eso tenía la habilidad para domar caballos cerriles y sabía castrarlos “para que se pusieran bonitos y utilizarlos en la charrería”. Era un apasionado de los jaripeos y la charrería, “cuando prestaba sus toros para un jaripeo le gustaba que fueran adornados con cadenas de papel de china al momento de pasearlos por las calles seguidos del Chile Frito”.
En una ocasión prestó un toro para el rodeo. El toro era bravo y derribó al jinete, en el momento que iba a envestirlo don Rosendo lanzó su sombrero y el toro se detuvo tenía una gran influencia sobre sus animales a los que trataba con cariño. En ese tiempo, los años 50 de siglo pasado, no les ponían protección en los cuernos de los toros ni les hacían el cuerniquiur como ahora y los corrales de toros se hacían aquí en la ciudad de Atoyac en unos terrenos por donde ahora está la biblioteca “Dagoberto Ríos Armenta”. Sabía hacer bailar a los caballos, “los entrenaba muy bien y los hacía bailadores, cuando les ordenaba ¡alza! El caballo se paraba en dos patas”.

jueves, 3 de enero de 2019

Octaviano Santiago Dionicio V


Víctor Cardona Galindo
El comunicado de los Comandos Armados de Guerrero apareció publicado el 13 de enero de 1972 en Excélsior. El mismo día en que los cuerpos policiacos rescataron a Farill Novelo a las 9 de la noche, “sin que hubiera necesidad de pagar los tres millones de pesos que exigían por ello. Lo tenían en la punta de un cerro de rocas entre los poblados de Pueblo Nuevo y El Veladero”.
Octaviano Santiago Dionicio en uno de
sus días de cautiverio.

Según los periódicos los detenidos por esa acción fueron: Cándido Fierro, Guillermo Bello López (José); Francisco Fierro Loza (Chon); Octaviano Santiago Dionicio (Abrahán Molina); Rubén Ramírez Lozano (La Chiquitilla); José Albarrán Pérez, María Ascensión Hernández y la directora de la Escuela Secundaria Progreso de Acapulco, Flora Albarrán.
Nada se dijo de la detención de Guadalupe Fierro, Juan Bahena y su esposa. Así como de María del Rosario Santiago y de su esposo Teódulo Serafín quienes fueron liberados a los tres días después de recibir varias sesiones de tortura.
“No importa nuestra detención. Ninguno de los que forman los 35 grupos que vienen trabajando bajo las órdenes de Lucio Cabañas se arredrará y proseguirá su trabajo señalado”, declaró a Carlos Ortiz un Octaviano Santiago Dionicio de 21 años de edad, quien aceptó formar parte de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres.
Ortiz escribió que Octaviano tenía “dos antecedentes penales porque en los años de 1967 y 1969 fue detenido por dedicarse al reparto de propaganda subversiva y actos contrarios al orden. En ambas ocasiones se le dejó en libertad por tratarse de un menor de edad”.
Excélsior publicaba en su edición del 14 de enero: “El Ejército y policía rescataron esta noche al ingeniero Jaime Farill Novelo, entre Pueblo Nuevo y el Cerro de El Veladero, a veinte kilómetros de este puerto, y capturaron a sus secuestradores, seis hombres y dos mujeres, profesoras” “Todos los detenidos fueron llevados directamente a los cuarteles de la XXVII zona militar, cuyo comandante el general Joaquín Solano Chagoya, procedió a interrogarlos”. Farill dijo que “sus secuestradores lo trataron bien, pero que desde el miércoles no probaba alimentos”. “Octaviano Santiago Dionisio o Abrahán Molina fue identificado como el autor intelectual del plagio que se atribuyó el grupo Comandos Armados de Guerrero y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, que se dice jefatura el profesor Lucio Cabañas”.
De regreso a la escuela Farill comenzó a devolver el 50 por ciento de las cuotas. Mientras un movimiento estudiantil se gestó exigiendo la libertad de su dirigente José Albarrán Pérez, hicieron manifestaciones y bloqueos de calles. Y la comunidad universitaria se solidarizó con los recién detenidos. Enrique Díaz Clavel publicó que: “Pocas horas después del retorno del ingeniero Jaime Farill Novelo a su hogar, hubo una manifestación de estudiantes preparatorianos que al principio fue en apoyo para él, pero posteriormente fue aprovechada para lanzar vítores a Jenaro Vázquez y Lucio Cabañas”.

Las aprehensiones

En ese tiempo María del Rosario Santiago Dionicio, “Chayo” vivía por el lugar conocido como El Pasito en la ciudad de Acapulco. El día que su martirio comenzó, llegaron a su casa Francisco Fierro Loza y José Albarrán a quienes les invitó un café. Mientras Fierro escribía en una máquina un documento,  Albarrán salió. Como a las dos horas que se fue Albarrán y un poquito después que Fierro abandonara el lugar, agentes judiciales que se movían en 15 coches rodearon la vecindad. Ella no sabía que estaba pasando. Había recibido a Fierro Loza con gusto porque era su vecino en el ejido de El Porvenir donde todos los años acudía a cortar la huerta de café y era amigo de su esposo Teódulo Serafín quien al llegar a las 9 de la noche de trabajar también fue aprehendido y se los llevaron en automóviles separados.
Los judiciales en el camino interrogaron a Chayo. Le preguntaron si conocía a Francisco Fierro Loza y dijo que sí. Pero cuando le preguntaron por Abrahán Molina ella no supo. “Yo solo oí que se iban a juntar con ese tal Abrahán Molina en el Cine Bahía”. Eso les explicó a los policías porque escuchó que Francisco Fierro le había hecho ese comentario a su acompañante. Allá la llevaron y la colocaron como carnada.
Ahí en el Cine Bahía la tuvieron hasta las cuatro de la mañana para ver si alguien aparecía. Después la llevaron atrás de la Coca cola a una casa donde torturaban a los detenidos. Estaban ahí como 15 personas, entre ellos Romana Martínez, hermana de Francisco Fierro Loza y sus hijos.
Los sacaban uno a uno a interrogar. Llevaron a Chayo a una huerta y apagaron las luces para que no viera como llevaban a Albarrán que iba gritando “por favor no me torturen ya” y se lo sentaron a un lado. Mientras le ponían una pistola en la nuca le preguntaron por Abrahán Molina, ella no sabía que ese era el seudónimo de su hermano Octaviano Santiago Dionisio y dijo que no lo conocía. Entonces le preguntaron a Albarrán como era que la conocía y él contestó que había ido a su casa con Abrahán Molina: “Luego me preguntaban ¿Dónde está Abrahán Molina? Y yo contestaba a ése no lo conozco. Yo soy Rosario Santiago Dionicio y antes de que me maten vayan y pregunten en Atoyac”. De ahí ya no hubo interrogatorios y la regresaron donde estaban los demás.
Como a las cinco de la mañana trajeron a Francisco Fierro Loza con dos costillas rotas,  por eso se quejaba. Como a las dos horas de que llegó detenido Fierro, trajeron también a Octaviano lleno de sangre venía golpeado de la cabeza: “al aventarlo para subirlo al coche se golpeó y le abrieron la frente por eso sangraba. A Albarrán lo metían a la pileta y descubrió todo. Le tocó la peor tortura porque fue el primero que agarraron. Cuando agarraron al último entonces los fue a ver Farill y les dijo a los judiciales ‘por favor no quiero que torturen a estos muchachos, ellos me trataron bien”. Rosario estuvo tres días detenida, salió después de llenar muchos papeles.
El ingeniero Guadalupe Fierro recuerda que tenía 17 años cuando fue detenido por ir a visitar a su madre que era hermana de Francisco Fierro. Coincidió en el encierro con su madre Romana Martínez, Teódulo Serafín, Cándido Fierro, su padrastro Juan Juárez Bahena y Rosario Santiago Dionicio. A Francisco Fierro lo torturaron delante de todos. Finalmente los familiares salieron sólo quedaron los cinco que integraban el comando, quienes fueron llevados a la cárcel de Hogar Moderno.
En el libro del Partido de los Pobres se cuenta acerca de: “La forma de cómo detectó la policía a los compañeros, fue como sigue: a José Albarrán Pérez le dan la comisión de ir a entregar un comunicado a la familia Farill de parte del comando nuestro. Para esto llamó por teléfono a la familia desde una paletería que se encuentra frente al cine Ríos en la avenida Cuauhtémoc y Vallarta. El dueño de la paletería escuchó la comunicación e inmediatamente llamó a la policía. Al terminar la llamada Albarrán tomó el camión y ahí lo detuvieron policías uniformados”.
Los uniformados lo entregaron al comandante Wilfrido Castro Contreras, “quien hizo hablar a Albarrán y dio la cita que tenía con Fierro Loza en una panadería que está junto al cine Terraza Bahía en Acapulco”. Donde detuvieron a Fierro Loza y lo llevaron a una casa de tortura. “En cuanto a Rubén Ramírez lo detuvieron al llegar a la casa de Fierro Loza, que había sido entregada por Albarrán”. Así se cortó el suministro de alimentos y de información a los dos guerrilleros que cuidaban a Farill y se neutralizó la comisión de negociación y el pago del rescate.
Al no tener noticias de sus compañeros en la ciudad Octaviano Santiago Dionicio bajó del cerro en donde estaba cuidando al secuestrado y lo detuvieron al llegar a la casa de su hermana Rosario. Lo torturaron y como no decía nada comenzaron a torturar delante de él a Fierro y a Rubén. Para evitar que los siguieran torturando Octaviano dijo el lugar donde tenían a Farill.
Del balance que hizo el Partido de los Pobres de esa acción considera: “que de las exigencias que puso el comando que secuestró a Farill sólo no se cumplió el pago de los 3 millones”, la lectura del comunicado se hizo y la publicación también y se les devolvió el 50 por ciento de las cuotas de inscripción a los alumnos. “En la primera entrevista que le hicieron a Octaviano recuerdo que dijo esta frase: hemos perdido una batalla solamente, no la guerra”.  
Estando Octaviano Santiago en el penal de Acapulco, cayeron presos 15 campesinos de San Francisco del Tibor acusados de la primera emboscada que Lucio les puso a los soldados el 25 de junio de 1972 y más de 40 campesinos de El Quemado que fueron responsabilizados del segundo ataque que se dio el 23 de agosto en el Arroyo Oscuro. Los campesinos no estaban politizados y llegando al penal con la dirección de los presos políticos adquirieron una formación política. Así nació parte de esa estructura indómita que en Atoyac durante muchos años le ha dado vida a la izquierda.
Los cinco presos políticos: Octaviano Santiago Dionicio, Guillermo Bello López, José Albarrán Pérez, Rubén Ramírez Lozano y Francisco Fierro Loza aprovechando la cobertura que les daba estar en la cárcel se dedicaron a denunciar las arbitrariedades de los cuerpos represivos en la sierra de Atoyac, principalmente en la revista Por qué? Uno de esos textos fue publicado el 9 de noviembre de 1972 dice: “A raíz de las enérgicas respuestas de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres a los actos brutales del gobierno, cientos de hogares campesinos han sido cateados con el habitual lujo de violencia; cientos de campesinos de todos los ejidos de la Sierra de Atoyac han sido brutalmente torturados para que se declaren culpables de participar en las emboscadas tendidas a miembros del ejército por el grupo guerrillero del Partido de los Pobres”.
“Las humildes escuelas construidas por el pueblo para educar a sus hijos, han sido convertidas en verdaderos cuarteles y en infernales centros de tortura”. Dice el comunicado.
El 24 de mayo de 1973, también en la revista Por qué? Mediante una carta denuncian, el fusilamiento público de seis campesinos en Los Piloncillos. “Aunque el gobernador y el procurador traten de cuidar el honor de su criminal instituto armado, el Pueblo sabe que fueron militares los que el día 24 de abril de 1973 fusilaron a Saturnino Sánchez G. de 65 años (inválido); a Toribio Peralta y Eleazar Álvarez, ambos de 17 años; a Santín Álvarez, de 18 años y al anciano de 70 años de edad Crescencio Reyes”. Como se ve en el texto sólo dan el nombre de cinco campesinos el sexto acribillado fue Santos Álvarez Ocampo.
Al llegar a la cárcel pública los presos políticos se encontraron con que había muchos enfermos de tuberculosis que convivían con la población sana y la alimentación era pésima. Les daban una o dos tortillas con comida a veces descompuesta, había maltrato a los familiares que iban de visita y muchos encarcelados sin proceso.
Otro frente de lucha fue mejorar las condiciones del penal. Se organizó un movimiento y Octaviano Santiago se convirtió en asesor de la población carcelaria. Nicomedes Fuentes recuerda que se comenzaron a hacer movimientos para que se separaran a los enfermos de la población sana y que les dieran atención. También pedían respeto para los familiares que iban de visita. Se organizó el trabajo de los internos mediante las artesanías, se le dio orden a la actividad productiva y se constituyeron en una sociedad cooperativa.
“Hicimos una huelga de hambre con 30 gentes, estaban los presos políticos respaldados por los campesinos”, recuerda Zohelio Jaimes Chávez que estaba preso con los campesinos de San Francisco del Tibor. Tardaron 3 días en la huelga de hambre y se logró mejor alimentación, se les dio uniformes a los deportistas del penal. A los presos enfermos los llevaron a una clínica y se les consiguió un médico de planta. Lograron que salieran más de 40 presos que estaban encerrados sin tener delito.
En el libro Lucio Cabañas. El guerrillero sin esperanza, Luis Suárez reproduce un discurso en donde Lucio habla de los presos: “Que Octaviano, del Partido de los Pobres, se junta con los presos comunes y no se aparta, y se pone al servicio de ellos, los ve como hermanos y los politiza. Y a los presos comunes, los vuelve presos políticos y los dirige, y acaba de ganar una huelga o dos huelgas acaba de ganar éste Octaviano”.