lunes, 26 de enero de 2015

Levantamientos recurrentes en la región de Atoyac (Séptima parte)


Víctor Cardona Galindo

A las 8:40 horas del 19 de abril de 1969, en la esquina de las calles Xola y Aragón colonia Álamos de la Ciudad de México, tres hombres asaltaron una camioneta del Banco Comercial Mexicano, que transportaba 2 millones 785 mil pesos en efectivo.
Según los reportes policiacos los asaltantes sometieron y golpearon a los policías Conrado Montaño Pérez y Pedro Cruz Duran que custodiaban el dinero. Pedro Cruz fue herido de un balazo en la mano, el disparo llamó la atención de la policía y de los vecinos del área.
La prensa informó que el general Renato Vega Amador, jefe de la Policía Preventiva del Distrito Federal, que pasaba cerca del lugar, al oír la detonación, ordenó a su chofer Mario Monroy que cambiara de rumbo  para averiguar lo que pasaba. Al percatarse del asalto, se bajó de su automóvil, con su chofer, y un agente de tránsito de apellido Verdín se enfrentaron a los tres asaltantes iniciándose un encuentro a tiros. Llegó de refuerzo la patrulla S-88 y  en la refriega resultaron muertos: el policía José Saucedo Cadena y un agente de tránsito de apellido Paredes.
Genaro Vázquez Rojas en el campamento José María 
Morelos y Pavón en la sierra media de Atoyac.
Foto anexo fotográfico del informe de la Comverdad.

Vega Amador salió lesionado, recibió cuatro balazos, dos de ellos en el torax; y fue herido de gravedad su chofer Mario Monroy Suárez, quien posteriormente falleció en el hospital de traumatología de Xoco a las 9:15 horas de ese 19 de abril.
Los asaltantes usaron rifles M-1 y a uno de ellos, que cayó muerto en el lugar de los hechos –según la policía- se le recogió una pistola Browning 9 milímetros, después se supo que se trataba de Juan Galarza Antúnez y que fue detenido todavía con vida. Y que todos formaban parte de un comando armado de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) cuyo principal núcleo acampaba en la sierra baja del municipio de Atoyac Álvarez.
Cuatro días antes, el 15 de abril de 1969 los guerrilleros cívicos desde el campamento José María Morelos, habían dado a conocer ante la opinión pública un pequeño resumen de las causas y la forma en que se creó la ACNR. Del “impulso y apoyo de las masas trabajadoras reunidos en torno a su organización de combate la ACG, bajo la dirección de Genaro Vázquez,  dieron origen al Núcleo Popular Armado como método de combate correcto para enfrentar a la oligarquía pro imperialista que gobierna y oprime al país”. El desarrollo de la lucha armada “es consecuencia de la política dictatorial, represiva y asesina de la oligarquía”. Ese núcleo de combate comenzó a operar a fines de 1967 y su principal acción fue el rescate de Vázquez Rojas el 22 de abril de 1968.
Volviendo al asalto en México. Los guerrilleros, después de apoderarse del dinero, trataron de huir en un taxi robado, pero el vehículo se descompuso unas cuadras adelante y quedaron varados. Ahí los alcanzaron agentes de la Policía Judicial del Distrito Federal quienes llegaron disparando; el ataque fue repelido con ráfagas de metralleta. Al final murieron dos agentes, uno identificado como José Saucedo Cadena y fue herido su comandante en jefe, el general Renato Vega Amador. El joven combatiente Juan Galarza Antúnez herido, sin ser de gravedad, indefenso en manos de la judicial, fue asesinado a golpes y se llevaron detenido al ingeniero electrónico Florentino Jaimes Hernández, originario de Coyuca de Catalán Guerrero, quien fue brutalmente torturado y posteriormente consignado el 21 de abril a la cárcel de Lecumberri. El otro guerrillero logró escapar. 
El reporte policiaco consignó que dos asaltantes fueron detenidos inmediatamente, ellos fueron Florentino Jaimes Hernández, a quien se identificó como originario de Santiago de la Unión, del municipio de Atoyac, y Juan Galarza Antúnez. Ambos guerrilleros fueron torturados salvajemente tanto que Galarza murió durante su cautiverio, según denunció Florentino Jaimes en un comunicado, su cuerpo nunca fue entregado a sus familiares por eso a Genaro Vázquez nunca se le quitó la idea de la cabeza, que fue arrojado desde un helicóptero al cráter del nevado de Toluca. 
El 20 de abril la Dirección Federal de Seguridad (DFS) informaba que seguía interrogando a Florentino Jaimes Hernández uno de los participantes del asalto, quien declaró que con el dinero del robo intentaban comprar armas y que eran un grupo en formación y señalaba a Epifanio Avilés Rojas como un tercer participante en el atraco. Según el reporte policíaco Florentino Jaimes era pasante de ingeniería de comunicaciones electrónicas del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
El oficio de la Dirección Federal de Seguridad está fechado el 20 de abril de 1969: “Durante el día de hoy se continuo interrogando a Florentino Jaímes Hernández [...] reconoció que el tercer hombre que participó en estos hechos fue su cuñado (casado con una hermana de él), quien también es oriundo de Coyuca de Catalán, Epifanio Avilés Rojas, al que la jefatura de policía está tratando de localizar”.
Mientras eso ocurría en otras latitudes, aquí en Atoyac el 3 de mayo a las 15:30 horas aterrizó en el playón del rio Atoyac un helicóptero militar que trajo a bordo al general de brigada médico militar Leopoldo Melgar Pachiano, director de la Escuela Médico Militar quien se entrevistó con el presidente municipal Ladislao Sotelo Bello, para instruirle que organizara la estancia de la visita de un grupo de médicos y oficiales de sanidad militar de la “Operación Amistad en la Costa Grande”, mismos traerían atención médica y medicinas gratuitas a los habitantes de la región.
En el marco de ésta primera ocupación militar el 13 de mayo de 1969, aparece el número cuatro de la gaceta El Cívico, de la ACNR, publicada desde las Montañas del Sur México, en el Campamento Revolucionario José María Morelos y firmaban Genaro Vázquez y José Bracho.
La ACNR declaraba su confianza absoluta de que los campesinos, los obreros y el pueblo trabajador en general, sabrán valorar en forma justa y generosa los actos y la conducta de los revolucionarios, brindándoles discreto pero decidido resguardo de la persecución y embates del gobierno opresor de los ricos que dominan nuestra Patria.
Wilfrido Fierro señala que a las 7 de la noche del 16 de mayo arribaron a la ciudad de Atoyac 27 comandos militares, transportando 500 médicos de la Escuela Médico Militar y técnicos de diferentes profesiones a hacer una labor de ser­vicio social en este municipio y de Coyuca de Benítez, San Jerónimo y Tecpan, “consistente en impartir curaciones, regalar medicinas y prevenir a los habitantes de las enfermedades parasitarias, tétano, viruela, polio­mielitis… El citado contingente fue instalado en la Cueva del Club de Leones y Jardines de Niños, Escuela Modesto Alarcón, Bene­ficio del doctor Juan José Becerra y la bodega de Importadora e Industrializadora de Café. S. A. (Monterrey)” y el Instituto de Protección a la Infancia (IPI).
Con la información obtenida durante los interrogatorios y las torturas infligidas a Florentino Jaimes, el 19 de mayo del mismo año, fueron detenidos en Las Cruces municipio Coyuca de Catalán, Epifanio Avilés Rojas y Jorge Manuel Torres Cedillo por elementos del Ejército mexicano al mando del mayor Antonio López Rivera. Avilés fue conducido esposado y con guardia permanente a Ciudad Altamirano Guerrero, para entregarlo, a las 07:00 horas del día siguiente al general Miguel Bracamontes, jefe de la Zona Militar en Chilpancingo, quien a bordo de una avioneta lo trasladó a la Ciudad de México. De Epifanio se desconoce hasta el momento su paradero.
Desde su cautiverio en Lecumberri Florentino informó del asesinato de Juan Galarza y manifestó que el asalto al banco tenía un propósito revolucionario, aseveración que en el lenguaje guerrillero significaba, que el dinero obtenido estaba destinado para gastos del movimiento. Este comunicado clandestino fue difundido por los ferrocarrileros con las siglas del Frente Revolucionario de Acción Socialista y venía acompañado de un manifiesto firmado por Genaro Vázquez  en el que justificaba dicho asalto.
“Hasta donde se logró investigar –dice Aturo Miranda- esta acción fallida fue la primera que Genaro realizaba a través de una célula urbana, estrenando su táctica de realizar ‘expropiaciones’ mediante asaltos y secuestros. En lo sucesivo, Genaro decidió estar siempre al frente de cada acción guerrillera que se realizara, ‘porque el dirigente no puede estar escondido, mientras sus compañeros corren peligro’ –aseguraba-. Efectivamente, en lo  sucesivo no se conocieron acciones de propaganda armada en que él personalmente no estuviera involucrado, a pesar de los llamados de sus compañeros a que no se expusiera demasiado para garantizar su integridad física y su libertad por ser el máximo dirigente”.
La Fiscalía Especial para Movimiento Sociales del Pasado llegó esta conclusión: “Mientras Genaro andaba en el monte, su cuñada Concepción Solís Morales, había organizado el primer comando urbano denominado ‘grupo abastecedor’, para realizar ‘expropiaciones’ con las cuales avituallar la guerrilla”.
Arturo Miranda narra en su libro, La violación de los derechos humanos en el estado de Guerrero durante la “Guerra Sucia”; una herida no restañada: “Todos los guerrilleros tenían la consigna de aguantar la tortura y no delatar a sus compañeros, pero en la práctica eso no fue posible. A partir de aquí Genaro reconoció que ‘hasta el toro más toro brama cuando le cortan los testículos’. Por lo que, cuando alguien cayera –recomendaba-, todo mundo debía romper sus nexos con los demás hasta saber su situación y buscar su propio escondite”.
Los 500 elementos militares de la Operación Amistad en la Costa Grande estuvieron únicamente ocho días en Atoyac pues se retiraron el 23 de mayo. Al día siguiente el periódico La Verdad de Acapulco, publicó una carta firmada por la Coalición Juvenil Constitucio­nalista “protestando por la presencia de los 500 elementos Médico Militares que vinieron a esta ciudad de Atoyac y sus contornos a hacer una labor de Servicio Social, diciendo que estos vinieron a investigar los movimientos de los auténticos defensores del pueblo: Lucio Cabañas Barrientos y demás que le siguen, que por qué no buscaron otro lugar ya que su visita tiene mucho que ver con el aniversario de la masacre del 18 de mayo de 1967. Que el pueblo no debe creer en estos señores, que se hicieron pasar por médicos”, remarcó el cronista de Atoyac, Wilfrido Fierro.
En mayo de 1969, Genaro Vázquez se movía en la zona de San Vicente de Benítez con grupo integrado por José Bracho Campos, Fausto Ávila Juárez, Antonio Sotelo Pérez, Gregorio Fernández Brito y Samuel Adame Flores. Para entonces ya no le pareció confiable la región debido a la intensidad de la persecución militar y decidió trasladarse a Iliatenco y Tierra Colorada, al norte de San Luis Acatlán, de la Costa Chica del estado de Guerrero con su pequeño núcleo armado.
El 29 de mayo de 1969, apareció en las oficinas de gobierno de Chilpancingo un volante firmado por Genaro Vázquez y José Bracho en que comunicaban que los asaltos a las instituciones bancarias, no tenían más propósito que recuperar dinero que le han sustraído al pueblo. Dice Arturo Miranda: “Ese atrevimiento de hacer llegar su propaganda hasta los mismos escritorios del gobierno estatal, generaba más simpatía de parte de los empleados e indignación de los aparatos represivos, que la tomaban como una burla, en virtud de que perseguían a Genaro ‘como perro rabioso’ en la sierra y se atrevía a hacer llegar su propaganda hasta el interior de las propias oficinas del palacio de gobierno”.

Como se ve, la ACNR reconoció su participación en “uno de los asaltos bancarios llevados a cabo en la ciudad de México por un grupo que opera forma coordinada con el comando central de la sierra”. Poco después, el 3 de junio de 1969 fue aprehendido por el Ejército, Santos Galarza Millán, el último de los implicados en el asalto y también fue remitido al Campo Militar número Uno.

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