miércoles, 15 de abril de 2020

Toribio Gómez Pino (Segunda y última parte)


Víctor Cardona Galindo
Al principio eran los mismos. Juan y Gabino Mesino anduvieron quince años con Toribio Gómez en las guardias rurales. Los viejos recuerdan las escandalosas balaceras que se dieron en Los Valles. Toribio andaba con su hijo Francisco Gómez y su sobrino Severiano Galindo Iturio trabajando cuando se desató el tiroteo que se escuchó en todo el pueblo. Atacaron hombres de otras comunidades y se lanzaron contra Toribio que se escondió en un charco que se formaba de un escurrimiento de agua, su gente fiel peleó y lo defendió salvándole la vida.
Enriqueta Galindo Cabañas

Años después Agustín Galindo Iturio, cuando estaba borracho, se acordaba de esos acontecimientos diciendo: “Nosotros somos bandidos, porque matamos, tangandam, tangandam” y hacía como si disparara con un fusil. Eso valió para que a sus hijas les apodaran Las Tangandanes  y Las Bandidas.
La primera vez que le cayeron, entre otros, murió Margarito Mesino de El Camarón, su cuerpo quedó enterrado “arribita” de la parcela de la escuela, en el lugar conocido como El Mango de Amelio. Lo sepultaron en un petate bajo la fronda. Con el tiempo ese árbol produjo unos mangos tan sabrosos que incluso tiernos eran dulces.
Se dice que Toribio mucho ayudaba a su familia, por eso en Los Valles todos tenían que cuidarle la espalda y armó a todos sus sobrinos porque le mandaban recaditos que le iban a caer. Por eso esa fue una balacera muy grande. Todos los niños corrían a esconderse debajo de las camas. El combate fue en la parcela que Toribio tenía cerca del Camposanto. El joven Francisco Gómez no se rajaba a la hora de los balazos y Aurelio García Galindo también era valiente. Después de la balacera llegó Juanita Galindo Gómez con un garrote a regañar a los sobrinos por el escándalo, como no veía bien se andaba tropezando con los cadáveres. Al tocar los cuerpos inertes se fue calladita para su casa.
La segunda vez que le cayeron murió Gabino Mesino también de El Camarón. “Se oía feo la balacera”. Toribio Gómez estaba pegando un alambre cuando le cayeron varios armados. José Lezma le descargó una escopeta automática y luego le tiró con la súper. Gabino Mesino le disparó con un cerrojo. Pero Toribio se dejó caer en una barranca y entre la polvareda no le dieron y al contestar mató a Gabino Mesino. Se comentaba que después el hombre fuerte de Los Valles le lloraba “porque ese muchachito era bueno”, cuando se acordaba de Gabino. Se dice que las cosas se calmaron cuando Benita Mesino se casó con Ángel Galindo Cabañas.
En los años cuarenta había muchos hombres armados de pistola, machete o puñal que con gabán al hombro, siempre andaban dispuestos para quien les diera el gusto. En este contexto emergió fuerte la figura de Toribio Gómez, era el encargado de perseguir a los enemigos del reparto agrario, pero también fue el encargado de limpiar la región de todos aquellos ex revolucionarios que nadie controlaba y se paseaban por los pueblos armados y haciendo desmanes. Además también se encargaba de la persecución de bandidos como El Garrobo de San Vicente de Benítez y la banda de Los Chiveros que asolaba el Filo Mayor.
Llegó el momento que los reservistas se dividieron, Crispín Ocampo que era jefe del bajo ya no se llevaba con Toribio Gómez el jefe de la sierra. Se dice que Nicolás Cabañas los quiso juntar pero no hizo mucho. Por eso el 15 de diciembre de 1943 estuvo en Atoyac el gobernador Rafael Catalán Calvo acompañado del Jefe de Operaciones militares general Matías Ramos Santos, para unificar los bandos que estaban divididos políticamente.
El primero de enero de 1947 tomó posesión Toribio Gómez como presidente municipal de Atoyac, pero por las intrigas que existían no logró terminar su periodo y fue sustituido por Benjamín Luna Venegas.
Toribio Gómez vestía elegantemente, a veces portaba una chamarra, con un sombrero chiquito de tela gris o café. Con sus guayaberas blancas o cremitas, siempre de manga larga y combinaba su vestimenta con pantalones beiges o grises. Bien vestido el señor, siempre montado en una mula o caballo. Otros lo recuerdan con su traje de reservista, su pistola 45 fajada por fuera y su rifle colgado en la espalda. “Era muy respetuoso y respetado el señor”.
Fue diputado federal suplente, tenía buenas influencias y siempre respetaba las cosas del gobierno. Para demostrar el poder que tenía Toribio. Un buen día se apareció el Secretario de la Defensa Nacional el general Matías Ramos. Se estacionó frente al cuartel que estaba en la calle Aldama y pasó en pango para El Ticuí donde ya lo esperaba su hijo Antonio Ramos. Fue a visitar el rancho que hasta la fecha tienen los Ramos al norte de Boca de Arroyo y de regreso durmió en la casa de Toribio Gómez que estaba ubicada en la calle Juan Álvarez Norte.
Simón Hipólito escribió que “Toribio Gómez echó abajo el sueño del presidente Cárdenas de unificar geográficamente y políticamente la sierra de Atoyac; comenzó a intrigar en los ejidos buscando su desunión, y así fue como muchos ejidatarios de familias distintas se empezaron a eliminar entre si hasta casi exterminarse”. Los habitantes de Los Tres Pasos no querían a Toribio Gómez porque se opuso que se formara esa comunidad. Pero Elizabeth Flores Reynada los defendió y donó los terrenos para que asentara ese pueblo donde todavía está.
A mediados del siglo pasado otro conflicto acrecentaría el azoro de los atoyaquenses.  El miércoles 8 de agosto de 1951 ocho personas perdieron la vida en el camino del Arrayán entre Santo Domingo y Plan del Carrizo. El Trópico del 31 de agosto de 1951 publicaba: “Toribio Gómez, quien fue el que azuzó a sus pistoleros para que terminasen con la familia Juárez, con quien tenían rivalidades desde hace mucho tiempo, al disputarse el control de los cafetaleros de la región”.
“Ocho muertos y varios heridos, algunos de suma gravedad, fue el resultado de la emboscada que dirigida intelectualmente por Toribio Gómez, señor de horca y cuchillo en la región de Atoyac de Álvarez y llevada a cabo por su pistolero principal Ricardo Reyes, el pasado miércoles en la tarde en el camino del Plan del Molino a San Juan de las Flores del municipio de Atoyac”, informaba El Trópico 11 de agosto de 1951.
Los Juárez tenían días que se habían dirigido a Chilpancingo para pedirle apoyo al gobernador.  Si revisamos la prensa de ese tiempo se nota que  el corresponsal de El Trópico en Atoyac la traía casada con Toribio. Porque lo vapuleaba cada vez que podía esta vez dice: “Toribio, quien hace poco fue dado de baja como comandante de las fuerzas rurales de esos lugares, por disposiciones del propio comandante de la 27 zona militar, general Miguel Z. Martínez, debido a la mala conducta del mismo y que hacía uso de la fuerza a su mando para obligar a los campesinos del rumbo a firmar cartas de adhesión para determinado candidato a la Presidencia de la República, mal interpretó el viaje de los Juárez a Chilpancingo, creyendo que iban a influir en su contra, por lo que desde ese momento, firmó la sentencia de muerte para los mismos, pero como los Juárez, eran hombres decididos y valientes, optó por matarlos a traición, preparando para el caso una emboscada, en donde estaba seguro que morirían todos, pues que no podrían defenderse, tanto por la topografía del terreno en donde fueron asaltados, como por la desigualdad de las armas. La muerte fue encomendada a Ricardo Reyes, que murió defendiendo los intereses de su jefe… Se dirigían a su casa, después de haber trabajado… por el camino del Plan de los Molinos rumbo a San Juan de las Flores, como a las tres de la tarde, cuando de repente, de una curva del camino, le fue hecha una descarga de fusilería por un grupo de 10 o 12 hombres, conocidos todos como pistoleros a las órdenes de Toribio Gómez… asesinaban a los tres Juárez Godoy. Estos por su parte se defendieron heroicamente, con las escasas armas que portaban, habiendo dado muerte al jefe de la gavilla Ricardo Reyes y a otros bandidos”.
“En el campo de masacre, quedaban muertos, a parte de Ricardo Reyes, Eduardo, Albertano y Prisco Juárez Godoy, hijos de don Eduardo Juárez, muriendo al siguiente día, el propio padre de los primeros y de Rogelio, Alfredo y José Juárez”. Los Juárez eran originarios de El Ticuí.
 “Toribio Gómez al grito de ¡Viva Henríquez! y al frente de algunos se sus secuaces, se ha dedicado a alterar el orden en toda la sierra de Atoyac”, agrega El Trópico el 11 de agosto de 1951.
Ya en la década de los setentas de los excombatientes vidalistas salieron muchos revolucionarios que apoyaron a Lucio Cabañas y al movimiento cívico. Muestra de ellos son Regino Rosales de la Rosa y Juan Mata Severiano, Patronilo Castro Hernández, Alfonso Cedeño Galicia, El güero Cedeño y Antonio Onofre Barrientos. Estos tres últimos fueron los primeros que se fueron con Lucio a la guerrilla. Pero también del movimiento vidalista salieron los caciques como Toribio Gómez, Crispín Ocampo y Pedro Cabañas.
Una vez que comenzó a operar la guerrilla del Partido de los Pobres y su Brigada Campesina de Ajusticiamiento, Toribio Gómez Pino fue sentenciado a muerte. Sin embargo la acción nunca se concretó, porque Lucio no dejó que ninguna comisión saliera a ajusticiarlo, “Yo voy a ir personalmente cuando le demos sus balazos a ese bribón”, decía.
El guerrillero acusaba en sus discursos a Toribio Gómez de trabajar para los militares, igual a Juan Ponce y Enrique Juárez, que si fueron ajusticiados.
“Entonces Toribio, fue a San Juan, habló con la gente a decirle que formaran grupo armado para perseguir a Lucio Cabañas y fue a Río Chiquito también a hacer asamblea para que persiguieran a Lucio Cabañas… Nosotros le estamos dando oportunidad a don Toribio que se arregle porque es pobre, aunque todo el tiempo tiene enemigos”.
El gobierno, “por toda la sierra sembró de traidores. Puso a Toribio Gómez en un punto, puso a otros individuos de espías en otros puntos, y puso a infinidad de gentes de traidores. Incluso a Juan Ponce lo puso de vigilante y traía guachos aquí a La Pedregosa. También a Enrique Juárez lo puso de espía allá en San Juan… Llevamos ocho ajusticiados, pero nos falta Toribio Gómez. Toribio Gómez seguido nos ha echado los soldados y nos falta. Y yo creo que es el único que nos queda”, dijo Lucio en una reunión en La Pedregosa.
En otras de las grabaciones que Lucio hizo en la sierra se escucha “supieron que en Los Valles teníamos la emboscada, y dicen que ya iban según llegó la información ahorita; que ese día que estábamos en la emboscada, está una vuelta así a la salida de Los Valles, entonces ahí en la vuelta estábamos nosotros, los guachos ya iban a asomar desde donde los íbamos a ver, cuando llegó corriendo Acacio, el hijo de Toribio Gómez, y les dijo: párense ahí está la emboscada; entonces los guachos se regresaron y se tendieron por el camino que va para El Porvenir, por acá se tendieron y pensaban que amaneciera para avanzar sobre la emboscada. Bueno, pero no fueron ni al otro día, al tercer día fueron y encontraron todo el rastrerío que habíamos dejado nosotros”.
Se sabía que el gobierno le había prometido a Toribio meterle la carretera hasta la tranca de su huerta si entregaba a Lucio. Muchos dicen que Lucio no mató a Toribio porque ingresó a la guerrilla en El Porvenir su nieto Isaías Martínez Gómez.
De la guerrilla quedó una anécdota que recoge Arturo Gallegos en su libro La Guerrilla en Guerrero: “Por el cerro de La Patacua. Cuando la columna insurgente cruzaba la vereda en fila india, uno de los últimos en pasar fue Julián (Carlos Ceballos), quien se encontró a un campesino que por mera casualidad pasaba por el lugar. El camarada muy cortés le empezó a tirar el rollo al ‘campe’ y encontró mucha receptividad de su parte; pero otro de los guerrilleros lo identificó como el delator Toribio Gómez y corrió a dar aviso a la parte de adelante donde iban compañeros de la dirección de la Brigada. Al enterarse de quien era el personaje dieron órdenes de precisas de ejecutarlo ahí mismo, ya que éste sujeto, junto con José Benítez… era uno de los buscados por la Brigada (…) En cuestión de minutos todo el mundo se puso en movimiento y llegó al final de la fila donde Toribio y Julián estaban platicando. Poco después se encontraron con éste muy satisfecho de la charla que habían tenido con el campesino; cuando le preguntaron acerca del paradero de su interlocutor, Julián contestó: -el compañero ya se fue y tomó el camino hacia abajo… Los guerrilleros abrieron un abanico para copar a Toribio, pero todo fue inútil; este ya había librado el cerco y sólo encontraron pedazos de camisa en las alambradas por las que había pasado”.
Después de la muerte de Lucio Cabañas el Ejército tomó Los Valles, degradó y desarmó a Toribio Gómez y a su gente. Como peligraba su vida abandonó el pueblo y se refugió unos días en la Y griega con la familia Pino y después se fue para San Jerónimo de Juárez con Nico Cabañas.
Finalmente Toribio Gómez murió en Acapulco a los 96 años de edad el 28 de mayo de 1987, está sepultado en el panteón municipal de Las Cruces.



Toribio Gómez Pino (Primera parte)


Víctor Cardona Galindo
Toribio Gómez Pino, fue personaje central en la historia de Atoyac durante el siglo pasado. Fue querido, temido y odiado, su existencia va de la realidad a la leyenda. Su vida fue la intriga y las armas. Sus enemigos le temieron hasta el final por su extraordinaria puntería al disparar. Cuando la guerrilla de Lucio Cabañas lo condenó a muerte tenía 80 años, se dice que denunció a mucha gente, incluso a su propia familia. La sentencia no se cumplió él falleció de muerte natural. 
Toribio Gómez Pino

Toribio Gómez Pino nació el 16 de abril de 1892 en la ciudad de Atoyac. De sus orígenes se sabe que su abuelo Pioquinto Gómez era del Arenal de Gómez y estaba casado con Josefa Pino. Entre sus hijos nació Asunción Gómez Pino quien casó con Ambrosio Galindo, de esa unión nació Fortino Galindo Gómez. Pero al quedar viuda Asunción hizo vida con José Isabel Peralta el papá de Toribio, pero éste al crecer tomó los apellidos de su mamá y se firmaba como Toribio Gómez Pino, así se le conoció cuando fue presidente municipal de Atoyac en 1947.
Estaba emparentado con las dos familias más numerosas de Los Valles. Pues con Fortino Galindo Gómez eran hermanos de madre y con los Peralta era hermano de padre. Por eso los Galindo y los Peralta lo escoltaban armados hasta San Andrés de la Cruz donde tomaba una camioneta para viajar a Atoyac. En Los Valles se le conocieron tres mujeres: una que se apellidaba Dionicio, Josefa Villa y doña Gumersinda la última.
Vivía en un extremo de Los Valles y en su huerta de café, en Monte Colorado, al norte del ejido, tenía una casa de dos pisos que le hizo la gente del pueblo. También tuvo una huerta chiquita de café en Las Patacuas, cerca de la de su hermano Fortino Galindo Gómez.
Conocí a Toribio Gómez mediante las historias que mi madre María del Refugio Galindo contaba. Por ejemplo decía que en la parcela de Toribio brotaba un venero, siempre estaba húmedo y se formaban unos charcos. La milpa se daba completa, los mapaches no entraban a comerse los elotes, los jabalíes no aparecían. No había ni tuzas. Las plagas no existían para el hombre fuerte de Los Valles.
No era nada mágico, lo que pasa es que domesticó desde chiquita una masacoa. La tenía debajo de un frondoso árbol donde brotaba el manantial, le hizo un pequeño toro con techo de cartón. “Ahí se pasaba la serpiente que creció mucho -dicen los que la vieron- que medía seis metros de largo y bramaba como becerro”. Hubo quienes la encontraron colgada de un guayabo o alrededor de una mata de plátano y al ver esa boa tan grande corrían despavoridos, porque decían que devoraba seres humanos.
Toribio todas las tardes le llevaba carne para que se alimentara. Jamás se supo que se comiera alguna persona. Pero si un mapache, tejón, conejo o jabalí se desbalagaba no salía de la parcela. Con el puro vaho se bajaba de los árboles las chachalacas y las ardillas. Dicen que una vez con el puro hálito llamó a un venado que llegó solo hasta donde estaba enrollada en una mata de plátano y se lo comió. Alguien dice haber visto cuando únicamente se le asomaban las patas al pobre animalito. Otros iban más allá en sus comentarios, decían que se comía los becerros que pasaban por el camino cerca de la milpa.
La vida de este personaje me interesó, por las tantas balaceras en las que participó y salió vivo. Cuando me puse a investigar encontré que Toribio Gómez vivió tantos años porque sus enemigos le tenían miedo a su certera puntería y su habilidad para manejar la pistola, todavía ya de viejo algunas mujeres decían a sus hijos que le querían ajustar cuentas, “Toribio como Juan Ponce, donde disparan le meten toda la carga de la pistola a una persona”. Por eso lo respetaban. Una vez en una competencia con militares, en la que se rifó una botella de mezcal, le pegó a una cajetilla de cerrillos desde lejos, después el capitán con el que apostó lo quería matar, no aceptaba haber perdido.
Otra vez llegó un capitán a Los Valles y le dijo: “don Toribio, dicen que usted es bueno para pegar con pistola”. Toribio contestó “nomás tantito”. En eso iba pasando un gallo de esos que tienen el pescuezo pelón. Así como iba corriendo tras las gallinas le disparó y le voló el pescuezo. Entonces el capitán comentó: “Usted siempre será don Toribio Gómez”.
El viejo revolucionario se sentaba todos los días en el corredor de su casa. Un día estando acostado en la hamaca, llegó un pistolero, llamado Toño El Loco, para matarlo, pero Toribio lo alcanzó a ver y le dijo –Que vas hacer muchachito-. El pistolero –contestó- nada don Toribio solamente venía a venderle esta pistola, y temblando se la mostraba. Pero Toribio -le dijo -¿que no estará mejor esta hijo?, y le mostró una vieja pistola calibre 45. El pistolero retrocedió con la arma de fuego en la mano y corrió, perdiéndose entre el monte que estaba alrededor del pueblo y se fue. Nunca se supo quién lo mandó.
Toribio Gómez Pino, quien en realidad se llamaba Toribio Peralta Gómez, desde muy joven construyó su leyenda, a sus 19 años participó en la toma de Atoyac el 26 de abril de 1911, bajo las órdenes de Timoteo Fierro apoyando a Francisco I. Madero. Luego junto con Felipe Reyes concurrieron a numerosas acciones de armas durante la revolución. Y años más tarde con el grado de teniente concurrió a la toma de Acapulco en 1918 cuando unidas las tropas mariscalistas con las zapatistas atacaron el puerto.
Participó en el famoso combate de la cumbre que se dio el 13  de julio de 1918 mismo que comenzó a las 10 de la mañana y duró todo el día, donde los mariscalistas y zapatistas derrotaron a las fuerzas federales encabezadas por Rómulo Figueroa. Peleando al lado de Silvestre Castro García, El Cirgüelo, Toribio Gómez acrecentó su fama porque en un enfrentamiento a cuchilladas, mató a un soldado yaqui en el combate de San Jerónimo el Grande y le quitó un cinturón de cuero de víbora que conservó por mucho tiempo.
Toribio era alto, moreno y fornido. Una vez se vio envuelto entre la tropa yaqui que vinieron a combatir a El Cirgüelo y se confundió entre ellos. Como recuerdo sus amigos le hacían una chanza que le seguiría toda su vida, le decían que se parecía con los yaquis. Al indultarse El Cirgüelo Toribio siguió combatiendo al lado de Timoteo Fierro hasta que se rindieron o murieron los principales líderes de la revuelta.
Toribio Gómez también se levantó en armas junto a Feliciano Radilla y Alberto Téllez, incluso iba entre los escogidos para sacar a Juan R. Escudero de Acapulco. Después durante muchos años perduró su amistad con doña María de la O. También participó con los agraristas en el combate de Petatlán el 23 de enero de 1924 y después durante la revuelta de El Plan de El Veladero formó parte del estado mayor del general Amadeo Vidales Mederos, por eso tuvo una participación destacada en el combate del Morenal que fue el 28 de octubre de 1926 donde los vidalistas prácticamente acabaron con un batallón de federales.
Después de la revolución se quedó a vivir en Los Valles donde cultivaba las parcelas que le tocaron después del reparto agrario. Pero en la década de los treinta fue nombrado el jefe de los guardias rurales de toda la región. “Tenía comandancias por todos lados. Salía a recorrer los pueblos donde era el jefe de armas”, recordó la tía Enriqueta Galindo. Los rurales vestían de beige y Toribio siempre andaba con un pelotón de gente armada. En el recuerdo quedó que una vez salió con su gente y por el rumbo de San Vicente de Benítez le mataron a tres de sus soldados entre ellos a Crispín Martínez.
Fue a principios de 1937 cuando se organizó el noveno batallón del cuerpo de defensas rurales, por el mayor del Ejército Alberto Orbe Domínguez quien nombró comandante de la primera compañía a Toribio Gómez Pino y el de la segunda compañía Crispín Ocampo fue nombrado por el general Joaquín de la Peña días más tarde.
Un hecho muy sonado fue el pleito que sostuvieron los líderes reservistas contra la familia Cortés de Cacalutla. Se dice Raymundo, Agripino, Francisco e Isidro Cortés querían deshacer la colonia agrícola Juan R. Escudero y formar un defensa armada que actuara a su favor.
Al salir electo como presidente municipal de Atoyac Isidro Cortés García quien tomó posesión el primero de enero de 1937, Crispín Ocampo y Toribio Gómez se unieron con el comercio local y llevaron a cabo un mitin frente a la casa del profesor Modesto Alarcón, acto que estuvo dirigido por Canuto Nogueda Radilla. “Los manifestantes intentaban poner a Rosendo Galeana Lluck como presidente municipal”, dice Wilfrido Fierro Armenta. No lograron su objetivo Isidro Cortés siguió en la alcaldía.
El 3 de abril de 1937 la policía de Cortés asesinó a Arnulfo Vargas comandante de la reservas rurales. Debido a éste hecho los jefes reservistas Toribio Gómez y Crispín Ocampo se movilizaron para poner sitio al palacio municipal, pero el Ejército intervino salvando a Isidro Cortés García, después el gobernador lo destituyó nombrando en su lugar a Feliciano Fierro.
Isidro Cortés García al ser depuesto fue detenido en el palacio municipal por fuerzas federales después de ser balaceado por fuerzas reservistas en la sierra en abril de 1937. El gobierno del estado argumentó que lo depuso por haber cometido delitos del orden común.
Con la deposición del presidente las cosas no terminaron. Las intrigas continuaron por eso el 7 de junio de 1938 los reservistas al mando de Toribio Gómez y Crispín Ocampo atacaron en Cacalutla a la familia Cortés donde murieron Raymundo, Francisco y Antonio Cortés García.
Doña Ceferina Pino recuerda que los reservistas de Toribio Gómez se unieron con los de Tenexpa, Nuxco y El Quemado para atacar a Isidro Cortés en Cacalutla. “Las casas de ese pueblo eran de palapa y murieron en ese ataque Mundo, Celerino y Francisco. Isidro Cortés se salió vestido de mujer. Por eso después de ese ataque Feliciano Radilla a quien culparon de los hechos se fue a la ciudad de México”.
Luego se vendría otro acontecimiento, el 15 de noviembre de 1940 el teniente coronel Raymundo Cacho Peña comandante del 59 batallón de reserva depuso a todo el ayuntamiento constitucional del municipio de Atoyac de Álvarez Guerrero “valiéndose de la fuerza federal que se encuentra destacamentada en dicho lugar y acatando órdenes del gobernador del estado, quien desea tener elementos incondicionales en los Ayuntamientos para poder imponer como candidato al gobierno del estado a Francisco S. Carreto”.
El presidente depuesto el 15 de noviembre de 1940 fue Rosendo Nogueda a quien los militares quitaron para poner  a Antonio Ayerdi. “Viejos reservistas como Toribio Gómez participaron en esa deposición. Secuaces del gobernador Berber son Toribio Gómez y Mónico Aquino, quienes se han encargado de hacer la labor criminal de dividir al campesinado de la región habiéndose ganado ya a los campesinos de la zona cafetalera”, informaba el 3 de diciembre del 1940 el profesor Graciano Sánchez presidente del Confederación Nacional Campesina al secretario de gobernación. Se decía también que los campesinos de Atoyac opositores a Toribio Gómez apoyarían a Rafael Catalán Calvo.
Meses más tarde un enfrentamiento entre dos familias cimbraría el municipio. Ese pleito comenzó cuando Sixto Reyes mató el perro de la familia Mesino quienes llegaron a reclamar y se dieron de balazos. Los hechos fueron en el lugar conocido como Los Tamarindos en la parte norte de la Ciudad de Atoyac donde murieron Juan, Cristóbal y Catarino Mesino y de los Reyes murieron Ambrosio y Enrique.
De esos hechos Miguel Hipólito compuso un corrido cuyo primer verso dice: “Al pueblo en general /yo les vengo a noticiar /las desgracias que pasaron /en el pueblo de Atoyac… Por la calle derecha /sucedieron las matanzas /por esa entrada de la sierra /calle de Emilio Carranza”.
El cronista por excelencia de Atoyac Wilfrido Fierro Armenta escribió el 29 de abril de 1941. “Se registra un sangriento encuentro a tiros entre las familias Mesino y Reyes a consecuencia de la muerte de un perro. Los hechos tuvieron lugar en la Av. Juan Álvarez Norte de esta ciudad, en la que resultaron muertos don Catarino Mesino y su sobrino Juan del mismo apellido, así como los hermanos Ambrosio y Enrique Reyes y herido gravemente Sixto Reyes”.
Se dice que en este pleito Toribio Gómez tomó partido por los Reyes. Por eso los Mesino que eran originarios de El Camaron y también fueron revolucionarios vidalistas la agarraron en su contra y lo atacaron dos veces en Los Valles.