sábado, 30 de septiembre de 2017

Historia del Ayuntamiento VI


Víctor Cardona Galindo
Hablando del contexto en que Patricio Pino y Solís escribió sus Apuntes para el año de 1919, ese año existía un Ejército mexicano confundido, que no sabía a qué lealtad obedecer, algunos oficiales entrados en copas coreaban vivas a Félix Díaz, otros a Villa o Zapata. Los pagadores huían con los sueldos de la tropa que prácticamente se moría de hambre en terrenos que muchas veces no conocía. Los soldados venían a morir lejos de sus familias por un gobierno que los abandonaba y que tampoco sentían suyo. Por eso muchas veces se rebelaban y se sumaban a los guerrilleros que merodeaban estos rumbos.
Ficha migratoria del químico  alemán Herman Wolf Ludwig
quien vivió en Atoyac desde finales del siglo XIX, donde
ejerció como médico y dejó una numerosa descendencia.
Foto: cortesía Herman Radilla Téllez.

El 7 de julio de 1919, se fugaron de la prisión militar de Chilpancingo, el mariscalista Arnulfo Radilla y el zapatista Panuncio Mendoza, ambos con un número considerable de compañeros se refugiaron en Mochitlán. Pero el 2 de agosto fueron atacados por una fuerza militar proveniente de la capital al mando del mayor Esteban Estrada. Después de resistir la envestida gobiernista los rebeldes fueron derrotados y obligados a escapar. A los pocos días Arnulfo llegó a Atoyac con las ropas desgarradas después de atravesar la sierra a pie.
En los últimos días de agosto, Pablo Cabañas Macedo dejó a Jesús H. Salgado en El Balsamar, y con sus hombres se dirigió a San Vicente de Benítez, para desde ahí coordinar la campaña rebelde en la Costa Grande. Dice José Manuel López Victoria en su Historia de la Revolución en Guerrero que el coronel Antonio Reyes conoció sus movimientos y marchó en su búsqueda. El militar consiguió arrasar con el campamento de Cabañas y lo obligó a refugiarse en la sierra alta.
El día primero de noviembre un grupo importante de presos del Fuerte de San Diego se fugó y se enfrentó a la guarnición militar para después salir armado rumbo a la Costa Grande. Los sublevados fueron detenidos en Pie de la Cuesta por una tropa que se dirigía al puerto proveniente de Petatlán. Los líderes del motín fueron fusilados.
A parte de las guerras, mi abuelo Mateo siempre habló de la hambruna que vivió el pueblo de Atoyac durante el carrancismo, cuando no llovía, se secaban las milpas y no había dinero circulante. Los comerciantes traían maíz de Acapulco, pero muy caro, y los pobres tuvieron que alimentarse con semillas de parota, camote de posquelite y raíces de plátano. Patricio Pino en sus apuntes nos acerca a esa realidad que vivieron nuestros ancestros.
Y ya entrando en el texto de Patricio Pino y Solís, para el 28 mayo de 1919, el teniente Reyes jefe del destacamento militar en esta ciudad estaba exigiendo un préstamo “por su cuenta a los comerciantes, ganaderos y agricultores, para cuando lleguen los encantados haberes de Chilpancingo que será para cuando Dios lo disponga”.
“Se rumora que rumbo a La Unión y Tierra Caliente los rebeldes han desarrollado una tenaz campaña contra las tropas del gobierno; con ese motivo han marchado los generales Maycotte y Figueroa a atacarlos, y por la Costa, procedentes de Acapulco etc., han pasado Maya y otros oficiales, a incorporarse con las tropas leales a batir al enemigo”.
El lunes 2 de junio el elemento militar “sigue abrogándose facultades que no le competen; y los mentados haberes para devolver el dinero del préstamo no aparecen”. El 3 en la noche dos soldados se introdujeron y robaron la oficina del Ayuntamiento llevándose 2 pesos con 75 centavos. Dejaron documentos tirados y desarreglados por toda la oficina.
El 5 regresó de Chilpancingo el pagador y apenas trajo para socorrer una semana a las guarniciones y nada para devolver el préstamo. El 12 el teniente Reyes pidió prestado 25 pesos y hacía poco se le dieron 15 pesos “es mucho lo que fastidia el jefe de la plaza porque nunca tiene sus haberes; con los $15.00 de hoy le he dado $835.00 de préstamo que han facilitado comerciantes, ganaderos, agricultores y la fábrica El Ticuí y no hay esperanza de que este dinero se reintegre”, escribía el presidente municipal Patricio Pino. Quien se quejaba que el militarismo seguía metiendo la pata en asuntos judiciales.
A finales de junio Atoyac se quedó sin resguardo militar porque la tropa se fue rumbo a Zihuatanejo en persecución de los rebeldes que amenazaban aquella zona. Por eso el 26 escribía: “Varios comerciantes están empacando sus mercancías en previsión de una posible invasión de los rebeldes, o de que algunos individuos arrimados que hay en la sierra se organicen en gavilla para asaltar y saquear el comercio toda vez que aquí no hay guarnición. Vino doña Pule y regresó en la tarde, y dijo que mucha tropa procedente del rumbo de Acapulco ha pasado por San Jerónimo para Petatlán y La Unión en persecución de los rebeldes”.
Por fin el 27 llegó el coronel Enrique Rodríguez y “Chano” Torreblanca de San Jerónimo, para informar que Timoteo Fierro cubriría temporalmente la plaza con parte de su gente que tiene en la sierra, “lo que me pareció prudente por ser gente conocida y de confianza. El coronel dijo que los rebeldes que atacaron La Unión y Petatlán se retiraron al saber que tropas del gobierno iban en su persecución; que no debemos temer una invasión; pero no debemos estar confiados”.
El viernes 11 de julio, llegaron haberes para la tropa. Y el lunes 14 registraba “En la persecución que se le hizo a los presos que se fugaron de la cárcel de Chilpancingo, fue muerto el rebelde general Cenobio Mendoza; entre los fugados se cuentan al general Rafael Mendoza, Arnulfo Radilla y otros en número como de sesenta por todos; se dice que también se desertaron los soldados de la guardia”.
El pagador Rodrigo Rodríguez, llegó el jueves 17 pero no trajo dinero para pagar el préstamo de 835 pesos que el regimiento 68 adeudaba al comercio. Dicho pagador anduvo borracho, bebiendo de gorra en las cantinas y pidiendo dinero prestado; a don Patricio le pidió 5 pesos pero no le prestó.
A estas alturas el alcalde tenía problemas con los regidores Pedro Gómez y Patricio Rodríguez “el par de revoltosos que no son conformes con mi estadía en el Ayuntamiento, porque no me dejo guiar de sus caprichos y pretensiones”.
La tropa salió para la sierra el jueves 31 en persecución de Pablo Cabañas y regresó el sábado 2 de agosto y no encontró al guerrillero. “Pero en cambio, tres soldados fueron desarmados en las huertas de los Tres Brazos por unos individuos armados de machetes, hoy tarde que regresaban de la Sierra. Este hecho encierra algún misterio”.
En este mes otro tema comienza reflejarse en los apuntes del presidente municipal, es el de la sequía. Algunas beatas sacaron de la iglesia, el domingo 3, dos imágenes en procesión para implorar a la clemencia Divina que mande la lluvia “para que las sementeras no perezcan y con ellas nosotros”. A falta de lluvias en la zona del bajo se estaban perdiendo los plantíos de maíz, para el martes 5 de agosto ya iban 21 días sin llover.
Mientras el joven español Emilio Lobato, murió ahogado en el río el sábado 9 a las 11:30 de la mañana cuando se bañaba en un remanso de aguas profundas.
El miércoles 13 llegan noticias de San Luis y Tecpan que dicen que en aquellos lugares las milpas de maíz están secándose por la prolongada sequía. “Aquí estamos lo mismo: la naturaleza, las tropas del gobierno y la falta de dinero en circulación, son tres plagas o potencias que nos están dominando”.
El Día de la Asunción, 15 de agosto, que es la fiesta religiosa más importante en la parroquia de este pueblo se cumplía un mes de la última lluvia y ya había muchas siembras perdidas. Llovió hasta la noche del 18 después de 33 días de sequía. Cayeron 24 milímetros de agua, de acuerdo al registro de don Patricio.
El miércoles 20 escribió: “El tiempo atmosférico ha cambiado y parece que las lluvias van a reanudarse. El local del Ayuntamiento, juzgados menores, escuelas de niños y del teléfono han tenido una reparación bastante vistosa y agradable; la cárcel y el pasillo lo mismo; pero todo este trabajo que he dispuesto hacer, recojo sinsabores por las chifletas y calumnias de los enemigos del progreso, porque dicen que yo y el tesorero estamos lucrando con el trabajo de todas estas mejoras ¡Qué desgraciados, qué bajos y qué cínicos!”
El sábado 23 de agosto don Patricio Pino pidió una nueva licencia y regresó hasta el primero de octubre, cubriéndolo en el cargo por segunda ocasión el regidor Francisco Hernández.
El miércoles 10 de septiembre asentó: “comienza a haber maíz nuevo y poco a poco irá cesando el hambre que ha estado dominando en estos meses pasados desde mayo a la fecha”.
El coronel López, el miércoles 17 de septiembre, impuso un préstamo forzoso de 500 pesos al comercio de esta plaza. Y citó el 19 por la mañana a Rosendo Galeana y Francisco García en San Jerónimo para exigirles un préstamo de 50 pesos a cada uno. Regresaron dos días después, porque al negarse a dar el préstamo, el citado militar los metió a la cárcel. “La conducta del coronel López no puede ser más sucia; el militarismo, o sea la tiranía, está prosperando en todo su organismo. Estamos perdidos, la patria no ha de levantar cabeza mientras no haya patriotismo y honradez de parte de los militares, pues estos son una lepra que va minando todo el cuerpo social hasta perecer”, escribió el alcalde de Atoyac.
Comenzaban a calentarse los ánimos políticos, Andrés Galeana salió a la Ciudad de México el jueves 25 para tratar asuntos relacionados con la candidatura a la presidencia de la república del general Álvaro Obregón.
Para el jueves 2 de octubre la situación económica era bastante precaria; las tropas no recibían haberes, el comercio languidecía día a día debido a la escasez de la plata amonedada, pues si circulaba oro acuñado, “las pequeñas transacciones y compras al menudo no tienen efecto por falta de cambio, porque no hay moneda fraccionaria para dar lo vuelto en pequeñas compras, pagos”. Esa semana la falta de moneda de plata estaba ocasionando una fuerte crisis en el mercado local, la circulación de oro acuñado no satisfacía las necesidades.
Llegó la noticia del asesinato de un pagador que salía con fondos de San Luis para Petatlán, que la misma escolta lo mató, que ésta regresó a San Luis disparando tiros y luego marchó para Nuxco.   
El jueves 16 a las 4 de la mañana se presentó un ligero temblor oscilatorio de 3 puntos. Además anotó: “Hoy a las 7 am reuní al cabildo para decirles que el coronel López desea se le dé un certificado en el que conste que el destacamento que ha estado guarneciendo esta plaza, que ha observado buena conducta. Puesto a discusión la tal solicitud el síndico se opuso exponiendo causas contrarias, los demás concejales opinaron lo mismo por lo que se resolvió no ha lugar a expedir el certificado que se solicita. Esta resolución la comuniqué a Néstor, gestor de este asunto, para conocimiento del coronel López… Hoy salió el destacamento para San Jerónimo, a pasar revista ante el nuevo jefe del regimiento y regresó en la tarde”.
Al día siguiente regresaron los jefes Pérez y Guzmán “parece que vienen con intenciones de ejercer venganza valido de la armas y del mando que tienen satisfechos de que cualquier atropello o crimen que cometan, quedan impunes porque Maycotte sabe encubrirlos y darles pábulo… Quizá no sea así y que dichos jefes vengan menos belicosos que cuando estuvieron aquí hasta el mes de marzo en que fueron relevados por López”.
Para el sábado primero de noviembre el jefe de la guarnición el teniente Jesús Ruiz sigue atendiendo asuntos judiciales y estorbando al Ayuntamiento sus facultades tratando de que la matanza se monopolice en favor de Jesús Vargas. El 4 el teniente Ruiz obliga al Ayuntamiento a que se sostenga el monopolio de la matanza de reses. Los matanceros, fueron a San Jerónimo a quejarse con el jefe de la zona y este les dijo que no convenía hubiera monopolio. Al día siguiente el teniente Ruiz pidió un préstamo de 100 pesos al comercio por conducto del Ayuntamiento.

El propagandista obregonista Andrés Galeana, llegó de la Ciudad de México el 6 de noviembre, por la noche el club político Hermenegildo Galeana organizó una reunión a la que concurrieron el presidente del club Andrés Galeana, el vicepresidente Julio Vélez, los vocales: Emilio Mesino, Cruz Girón, Delfino Ríos, Juan Santiago, el secretario Clicerio Castro y Espiridion Flores. “No se sabe lo que se trató en la junta; pero es de suponer que el presidente, al venir de México, ha de haber dado cuenta de la importante misión que llevó y lo que de allá trajo papeles con proclamas, ataques injuriosos al partido gonzalista”.

Más de 15 millones de pesos para la rehabilitación de caminos rurales destinó el Ayuntamiento de Atoyac



Víctor Cardona Galindo
El presidente municipal de Atoyac de Álvarez, Dámaso Pérez Organes, rindió su segundo informe de labores, el 29 de septiembre del 2017, ante un auditorio de 500 personas que se congregaron en el gimnasio de la Unidad Deportiva de la colonia Mariscal, donde destacó que su gobierno ha investido arriba de 15 millones de pesos en la rehabilitación de caminos rurales, además de 5 millones de pesos para la red de electrificación de la comunidad de Río Chiquito.
Aquí el alcalde Dámaso Pérez con su hija Rosita Pérez Vargas y
su madre Rodolfina Organes. Foto: Carlos Téllez Merlín.

Estuvo presente el Cabildo en pleno, además del secretario general, Abel Enrique Gómez Ozuna, los ediles de los cinco partidos que lo conforman, la síndica procuradora, Esmeralda Fonseca Sotelo (PRI), los regidores María Yolanda Montes Ortiz (PRI), Dora Osmayra Nava Santos(Morena), Carlos Mesino Mesino (MC), Gabino Hernández Radilla (Morena), Jesús Enrique Quiñones Salinas (PRD), Antonio Covarrubias Rivera (PVEM) y Simón Pino Ríos (PRI).
Asistió como representante del gobernador, Héctor Astudillo, la secretaria de la mujer Rosa Inés de la O García, como representante del Ejército estuvo el teniente coronel Guillermo Pacheco Peralta y por el poder legislativo la diputada Ángeles Salomón Galeana.
Llegaron también, el delegado de Gobernación federal en Guerrero, Ramiro Ávila Morales; la alcaldesa de San Jerónimo de Juárez Deysi Coria Galeana y el presidente municipal de Técpan Leopoldo Soberanis Hernández. La presidenta del DIF municipal e hija del alcalde Rosita Pérez Vargas y se hicieron presente más de 150 trabajadores del Ayuntamiento de Atoyac.
El ex alcalde, Ediberto Tabarez Cisneros, el delegado de educación en Costa Grande, Fernando Leyva Sotelo y esto como representante del Partido Revolucionario, Pedro Aníbal Bailón.
Alrededor de 40 trabajadores, de los que en agosto tomaron en el Palacio Municipal y el pasado martes 26 de septiembre bloquearon la carretera, llegaron al acto con camisa o blusa blanca y un moño negro como distintivo, dijeron que en solidaridad con las víctimas del terremoto que sacudió el 19 de septiembre pasado algunos estados de la República.
Las mamparas reflejaron lo que ha sido la principal obra del alcalde, el apoyo personal y la entrega de recursos para gastos médicos a los grupos vulnerables del municipio de Atoyac. Un grupo de discapacitados por medio de mantas agradeció el apoyo recibido, lo mismo hicieron ciudadanos de la colonia 2 de diciembre.
Eric Fernández Ballesteros, Ediberto Tabares Cisneros y
Dámaso Pérez Organes. Foto: Carlos Téllez Merlín

Para desglosar el informe se proyectó un video a los presentes donde se destacó que más de 5 mil campesinos recibieron el fertilizante gratuito para sus milpas, 360 pescadores recibieron apoyo de empleo temporal y que ha realizado trabajos en la laguna de Mitla para combatir el lirio acuático que afecta la producción lagunar.
Se dijo aquí que Atoyac de Álvarez fue beneficiado con 324 familias que recibieron “un cuarto más” en diversas colonias y comunidades como parte del proyecto de reconstrucción del tejido social y del combate al hacinamiento. Se destacó la gestión de la pavimentación del tramo carretero Atoyac-La Cebada, la construcción de la red de drenaje en Cacalutla y el sistema de agua potable en El Salto.
En su discurso el presidente municipal, Dámaso Pérez Organes dijo que los resultados que dio a conocer demuestran que poco a poco se va avanzando. Explicó que la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) este año, construyó dos puentes, uno en Poza Honda y otro en El Tambor, que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) realizó el bordo en la comunidad de Corral Falso donde invirtieron muchos millones de pesos. Destacó el apoyo que recibió del gobernador Héctor Astudillo Flores quien ha invertido en el municipio de Atoyac más de 90 millones de pesos en diferentes obras de infraestructura.
El alcalde se dijo que todavía falta mucho por hacer en Atoyac. Señaló que ya no es como antes, ahora el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) evalúa las acciones que se realizan con el ramo 33 y recomienda donde se deben focalizar los recursos, por eso su gobierno trabaja de la mano con la Secretaría de Desarrollo Social, porque si llegara a realizar una obra fuera de la reglamentación tendría que regresar el dinero.
Agradeció a los miembros del Cabildo por su madurez porque a pesar de las diferencias ideológicas coinciden en lo fundamental que es trabajar unidos por Atoyac. Dijo que su padre y su madre lo educaron para que no agarrara lo ajeno, por eso la honestidad con la que se desenvuelve se la debe a ellos.
Finalizó diciendo que se equivocaron aquellos que dijeron que su administración no tenía rumbo que era una administración fallida, que ha aprendido de sus errores y que ahora el Coneval ubica al municipio de Atoyac en el lugar 18, entre las mejores administraciones del estado de Guerrero.  Pidió que le sigan dando la confianza como hasta ahora, que no le fallara al pueblo de Atoyac. Que se siente contento con los logros de su administración y que todos los problemas los seguirá resolviendo mediante el diálogo.
Por su parte la diputada local Ángeles Salomón Galeana dijo que a pesar de las adversidades el gobierno de Dámaso Pérez está de pie, felicitó al Cabildo plural por la madurez que han tenido y los invitó a que sigan trabajando en conjunto para resolver cada problema que se les presente.
Antes de concluir su mensaje, el edil pidió a todos los presentes guardar un minuto de silencio en solidaridad y respeto por los hermanos afectados por los acontecimientos que han ocurrido en los diferentes estados de la república.

Aunque el alcalde no lo mencionó, en Atoyac, se espera que una vez pasando su segundo informe de labores, se vengan muchos cambios en su administración, entre los que están la destitución de algunos funcionarios, la fusión de áreas que tienen casi las mismas funciones y el despido masivo de trabajadores, esto con el objetivo de reducir la nómina y poder pagar a tiempo el salario a los trabajadores que conserven su empleo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Historia de Ayuntamiento V


Víctor Cardona Galindo
René C. García Galeana publicó el libro Apuntes para el año de 1919, escrito en forma manuscrita por don Patricio Pino y Solís primer cronista de Atoyac y a quien le tocó ser presidente municipal ese año. Gracias a este texto podemos ver todo lo que ocurría a su alrededor, desde las intrigas, la falta de lluvia, el pago de impuestos y los vaivenes del mercado local que sufría entonces una severa crisis por falta de moneda fraccionaria.
Eligio Laurel Ruiz fue presidente municipal en 1927,
  estando en el cargo murió el 21 de septiembre de 1927,
 durante un combate contra el rebelde Gabino Navarrete Juárez, 
en el Barrio del alto de El Ticuí. 
Foto: Archivo Histórico Municipal.

El libro forma parte de la colección “Guerrero para el mundo”. En el prólogo René C. García Galeana nos explica: “En sus páginas, don Patricio nos relata las incidencias ocurridas en Atoyac durante 1919, un pueblo sumido permanentemente en la zozobra por la guarnición militar flagelando el comercio y al Ayuntamiento municipal con préstamos para el pago de los haberes de la tropa, y por otro lado los revolucionarios de distintas facciones, exigiendo contribución de Guerra o prestamos forzosos”.
Este libro, pasó muchos años olvidado el archivo de José Castro Reynada, al fallecer éste, su familia se lo entregó a doña Juventina Galeana de García quien lo transcribió y otra vez fue dejado en el olvido hasta que René C. García Galeana, hijo de doña Juventina, lo desempolvó en el 2015 y lo publicó para que una gran parte del pueblo atoyaquense tenga acceso a él y se asome a 1919, un año escabroso de nuestra complicada historia.
Para entender lo que sucedía en 1919, basta recordar que el país era gobernado por Venustiano Carraza, que se popularizó el verbo “carrancear” en ese tiempo sinónimo de robar. Recordar que el general atoyaquense Silvestre Mariscal González llegó a ser gobernador de nuestro estado, pero el mismo Carranza lo mandó a llamar, por intrigas de la colonia española de Acapulco. Estando el gobernador en la Ciudad de México fue encarcelado el 26 de enero de 1918. Ante esto el gobernador interino de Guerrero Julio Adams se rebeló en contra de Venustiano Carranza y se vino la desaparición de poderes en nuestra entidad.
Mientras Mariscal estaba prisionero su gente, encabezada por Arnulfo Radilla Mariscal y Silvestre Castro García El Cirgüelo, se levantó en armas. A este movimiento se sumaron muchos revolucionarios como Amelia Robles y Pablo Cabañas Macedo. Al conocer del levantamiento Carranza mandó a combatirlos a los generales Rómulo Figueroa y Fortunato Maycotte con un ejército llamado “Los verdes”. Después de combatir con mucha fuerza la gente mariscalista se dispersó y se cometieron muchos actos de pillaje, por eso el 30 de julio de 1918, Silvestre Castro García, El Cirgüelo, se amnistió y se presentó en el puerto de Acapulco ante el general Fortunato Maycotte.
Después del indulto de El Cirgüelo,  Arnulfo Radilla fue aprehendido, el 27 de octubre, en San Andrés de la Cruz por las tropas de Rómulo Figueroa. Más tarde Silvestre Mariscal recuperó su libertad y se quedó en la Ciudad de México. Luego Arnulfo Radilla se fugó de la prisión de Chilpancingo y se mantuvo levantado en armas en la sierra de Atoyac.
Mientras el general Pablo Cabañas Macedo abandonó en noviembre de 1918 su campamento de El Paraíso, con Pablo Vargas se sumaron a las fuerzas de Jesús H. Salgado y a las de Jesús Sintora que operaba por el rumbo de Michoacán y a cada momento intentaba atacar a los pueblos de Guerrero manteniendo su asedio sobre La Unión, Zihuatanejo y Petatlán.
Para devolver la institucionalidad a Guerrero Venustiano Carranza envió una terna al Senado para que se eligiera el gobernador y el 12 de diciembre salió electo Francisco Figueroa como gobernador provisional.
En este contexto se desenvolvía políticamente don Patricio Pino y Solís quien tenía una larga trayectoria al servicio de su pueblo y fue presidente de Atoyac al menos en dos ocasiones. Dice René “una ocasión que los anales locales registran, como cuando Mariscal dispuso que se encargara de la presidencia provisionalmente, sustituyendo a partir del 2 de mayo de 1911 a don Julián Mesino, quien atemorizado por el levantamiento revolucionario abandonó la alcaldía, hasta el domingo 25 de junio, en que entregó el puesto a don Inés D. Mariscal”.
Como dije, estaba reciente el levantamiento Mariscalista, de 1918, en contra del gobierno de Venustiano Carranza, por eso el primero de enero de 1919 no se verificó el cambio de autoridades porque no hubo elecciones en diciembre en “virtud de que el general Rómulo Figueroa se negó a que funcionara el Ayuntamiento del año anterior, quedando el pueblo y todos sus barrios, excepto San Jerónimo sin autoridad civil y administrativa con perjuicio del comercio y demás gremios que toman participación en los negocios de la vida general”, comenta Pino y Solís.
Desde la aprehensión del gobernador Silvestre G. Mariscal no había autoridad formal en el estado de Guerrero, fue hasta principios de enero cuando Francisco Figueroa llegó a Chilpancingo procedente de la Ciudad de  México para hacerse cargo del gobierno. El nuevo gobernador convocó a elecciones, primero de presidentes municipales y luego de diputados locales. Al mismo tiempo que arreció el combate a los rebeldes que continuaban dispersos. Uno de los primeros en caer a manos del gobierno fue el general mariscalista Pablo Vargas.
A Patricio Pino y Solís no se le iba nada, todo lo anotaba, todo lo observaba, en sus Apuntes para el año de 1919,  consigna que el miércoles 29 de enero fue pasado por las armas y colgado en la salida de Atoyac Malaquías López originario de Coyuca, desertor del Ejército y de pésima conducta.
Dice que el 8 de febrero, el gobernador Francisco Figueroa, envió a al coronel Amado Olivar para pedirle a Juan Francisco Pino Cabadas, que ocupara la presidencia de forma provisional tan sólo para convocar a las elecciones y poner en posesión al Ayuntamiento electo.
Para el domingo 9 febrero, todos los días los soldados del destacamento militar salían a la sierra para traer ganado que robaban a particulares. El domingo 16 fue fusilado en San Jerónimo, Norberto de la Cruz. Antes habían fusilado a Víctor Noriega, ejecuciones ordenadas por el coronel Pérez.
El lunes 17 de Tecpan llegó la noticia que el 16 murió el rebelde Pablo Vargas. Al día siguiente Bruno Rosas es tomado prisionero en Acapulco, se le acusaba de ser desertor del Ejército. El teniente coronel Amado Guzmán despachaba asuntos judiciales y gubernativos “como si estuviéramos en plena tiranía; este militarismo que reina en la actualidad, el que sostiene las instituciones”, escribe don Patricio.
Los comicios municipales se realizaron el domingo 23 de febrero, don Patricio Pino y Solís participó en la contienda y resultó triunfador. El jueves 27 se instaló la junta electoral de 11 secciones que tenía el municipio de Atoyac en todas triunfó don Patricio Pino, ante la otra fórmula que encabezaba Rosendo Galeana.
“La comuna rindió protesta el sábado primero de marzo, acompañándolo como síndico procurador Pedro H. Gómez; como regidor Francisco Hernández, Patricio Rodríguez y Dionisio González, designando como secretario al joven Rufino Quiñonez; tesorero, Emiliano Gómez Ávila; primer juez menor propietario, Gabino G. Parra y suplente Cesareo Nogueda Gómez; segundo juez menor propietario, Epitacio Vargas y de suplente don Juan Fierro Armenta”, nos recuerda René García Galeana. Como agente municipal en San Jerónimo fue electo Antonio del Río.
El jueves 6 de marzo en el punto conocido como El Potrerito al norte de El Ticuí unos cinco soldados andaban arreando vacas ajenas, cuando desde el monte salió un disparo pegándole en la nuca a Margarito Radilla alías El Negro que cayó muerto al instante. Diario se presentaban percances como este.
“En la noche del jueves 6 de marzo, -escribe René García- su hermano Andrés, quien se encontraba viviendo temporalmente en la casa familiar de San Jerónimo, fue asaltado por soldados del destacamento militar exigiéndole dinero a cambio de su vida, temiendo que cumplieran la amenaza, les pidió un plazo razonable para conseguirlo entre sus amistades, pero no entendieron razones y como respuesta le dispararon con un mosquetón que milagrosamente no lo hirió, gracias a la oportuna intervención de su sobrina Julia, quien lo cubrió con su cuerpo tirándolo al piso para protegerlo de la furia de los desalmados, que se dedicaron a saquear la tienda contigua a la vivienda llevándose entre otros objetos trescientos pesos oro”.
Alarmado por los acontecimientos, que eran alentados muchas veces por los mismos jefes militares que se dedicaban a cometer tropelías, don Patricio solicitó una licencia temporal al Cabildo para separarse del cargo el 7 de marzo. En su lugar quedó el regidor Francisco Hernández, mientras él se refugiaba, del otro lado el río, con don Serapio Salceda administrador la fábrica de hilados y tejidos de El Ticuí. “Conste que el miércoles 5 del corriente, que llegó el coronel Pérez procedente de Chilpancingo por Acapulco, trajeron preso a dos Isidro Cortés, de Cacalutla, sin saberse la causa y lo metieron a la cárcel, pero este pidió amparo al juez de distrito de Acapulco, el cual fue concedido”, registró don Patricio.
Domingo 16. “El teniente coronel Guzmán y su tropa sigue cometiendo robos y atropellos y la gente parece que se está enfadando. Yo continúo en la fábrica desde aquí despacho los negocios más importantes del Ayuntamiento; mientras tanto está encargado ‘Chico’ Hernández y Pedro Gómez”.
El 23 de marzo hubo comicios para elegir diputados locales. El 27 registra el asesinato de don Isidro Cortés a manos del jefe del destacamento militar y perpetrado dentro de la cárcel. Señala como autor intelectual a Benito Gómez.
Hasta el 30 de marzo se regresó a Atoyac para asumir la presidencia, después que las autoridades pusieron a buen recaudo a los asaltantes, de su hermano, en el calabozo del fuerte de San Diego de Acapulco. “Se levanta mi cautiverio voluntario de 22 días que permanecí hospedado en la fábrica; el personal de la empresa fue muy atenta y obsequioso conmigo de lo que vivo muy agradecido. Me separé de la fábrica después de haberme despedido de cada uno de los empleados repitiéndoles mis agradecimientos por las finas atenciones que tuvieron para conmigo y salí con mi sobrino Juan y Rufino Quiñones que fueron por mí, a las 8:30 am”.
“En fin termina este mes dejándonos recuerdos muy ingratos a causa de la mala conducta que observaron las tropas leales que guarnecían las plazas de Tecpan; San Jerónimo y Atoyac, las que se constituyeron en una horda de bandidos desde el coronel Pérez, que los manda hasta el último soldado, todos son un hato de picaros, balandranes y asesinos”.
Después que se fue el coronel Pérez, llegó a la plaza el teniente coronel Antonio Reyes, quien llegó de San Jerónimo el 4 de abril a pasar la revista de la guarnición. El teniente estuvo en la oficina del Ayuntamiento conferenció con don Patricio para ofrecer sus servicios y el apoyo de la tropa. Por último le pidió le consiguiera un préstamo de cien pesos para socorrer el destacamento “quizá no resulte con buenas noches y al final de cuentas no paguen”, anotó el alcalde.
El sábado 3 de mayo, el coronel Francisco López le escribe de San Jerónimo solicitando que por conducto del Ayuntamiento se le consiga con el comercio de la plaza un préstamo de mil pesos, para pronto reintegro. El 5 a la una de la tarde los soldados del destacamento, capturaron, en la casa de Julia Castro, al soldado desertor Basilio Ventura, era de los del coronel Pérez, y al conducirlo al cuartel pretendió fugarse, le dispararon un tiro y quedó muerto.
El mayor Tadeo Arredondo, el miércoles 14, pide desde San Jerónimo que el Ayuntamiento les siga facilitando dinero para el destacamento. Para entonces Pino se queja que ya entregó a la tropa 790 pesos en préstamo y no hay para cuando paguen. Mientras tanto el teniente Antonio Reyes, jefe de la plaza de Atoyac, despacha asuntos judiciales que no son de su incumbencia, impone multas de hasta 55 pesos. El presidente municipal envía al síndico a San Jerónimo para acusarlo con el coronel López y aquel envía por Reyes.
Pero el sábado 24, el teniente Reyes regresa de San Jerónimo “dicho teniente vino con ínfulas porque hoy aprehendió a Luciano Reyes por cualquier cosa y lo remitió amarrado para San Jerónimo para que allá le juzgue sus cosas el coronel López convertido en autoridad judicial. Ahora ya enseñaron el cobre y ya sabemos a qué atenernos y la conducta que, como funcionarios públicos debemos observar”.



sábado, 16 de septiembre de 2017

Historia del Ayuntamiento IV


Víctor Cardona Galindo
Para Álvaro López Miramontes de quien mucho aprendí.
Dice Wilfrido Fierro Armenta que un propagandista llamado Genaro Montes de Oca fue el que invitó al presidente municipal de Atoyac Rosalío Radilla Salas para que encabezara el movimiento delahuertista en la Costa Grande, este mismo propagandista visitó en  Cacalutla al general Silvestre Castro García, El Cirgüelo quien estaba dedicado a las labores del campo desde 1918.
Una foto del historiador Álvaro López Miramontes
que le tomé llegando a la ciudad de Tixtla,
en el 2012, cuando asistimos al tercer Encuentro
Estatal de Cronistas. Foto: Víctor Cardona Galindo.  

De hecho los dos bandos en pugna pedían la participación de aquel experto militar, pero El Cirgüelo optó por la causa obregonista, para ajustarle cuentas a su viejo enemigo Rómulo Figueroa y a mediados del mes de enero de 1924, se levantó en armas al grito de ¡Viva el agrarismo! y ¡Viva Álvaro Obregón! En esta aventura lo acompañaron un grupo de hombres armados, entre los que figuraban los hermanos Cortés dueños de la hacienda de Cacalutla.
Después de formar y pasar revista a su gente, Silvestre Castro se dirigió rápidamente a Petatlán, para encontrarse con Valente de la Cruz Alamar, que habían llegado a Zihuatanejo, precedente de la Ciudad de México con armas y parque que enviaba el general Álvaro Obregón. Al enterarse de la salida de El Cirgüelo, Rosalío Radilla junto con el mayor Juan S. Flores le siguieron los pasos hasta alcanzarlo en Petatlán, donde se dio el más encarnizado combate de todos los tiempos. Ahí salieron derrotadas las fuerzas de Radilla y del mayor Flores. El campo quedó cubierto de muertos  y heridos de ambos bandos.
Al verse perdido Rosalío Radilla y su tropa huyeron a San Jerónimo el Grande, luego emprendieron la marcha a la sierra cafetalera, dice Fierro Armenta que pasaron por Atoyac, Los Llanos de Santiago, San Francisco del Tibor, El Infiernillo y salieron a Tierra Colorada.
El Cirgüelo, después de dar sepultura a los fallecidos en este sangriento combate, se retiró de Petatlán  y llegó a la ciudad de Atoyac el primero de febrero de 1924. Después emprendió camino rumbo a la Ciudad de México, mientras Amadeo y Baldomero Vidales, Feliciano Radilla, Alberto Téllez y los hermanos Adrián y Arnulfo Vargas se quedaron resguardando esta población.
Al pasar por Coyuca de Benítez las fuerzas de Silvestre Castro sostuvieron un combate con las tropas delahuertistas y con un cuerpo de “voluntarios” al mando de Ramón Gómez. Días más tarde al llegar a Zacualpan, en el Estado de México, los costeños fueron sitiados y atacados por los generales delahuertistas Tomás Toscano y Crisóforo Ocampo, donde a pesar de estar copados lograron romper el cerco y salir airosos en la batalla.
Mientras tanto, aprovechando la ausencia de El Cirgüelo, el coronel Ambrosio Figueroa atacó el 6 de febrero de 1924 a las fuerzas obregonistas  acantonadas en Atoyac. Los hermanos Vidales organizaron la defensa y cuando los delahuertistas venían entrando por el poblado de El Ticuí, pasando por el paraje conocido como Los Tres Brazos salieron a su encuentro. A las seis de la mañana de ese día comenzó el combate. Ante la fuerte defensa de los obregonistas las tropas de Figueroa ya en retirada buscaron la protección de las casas de la ciudad pero fueron desalojados a las seis de la tarde, huyeron y pasaron la noche en las lomas que están frente a fábrica de El Ticuí. Al día siguiente desde El Calvario los obregonistas le hicieron fuego, ya derrotados los delahuertistas subieron por La Angostura, bajaron por El Abrojal y por el camino de la playa se fueron rumbo al puerto de Acapulco para jamás volver.  
En la capital, Silvestre Castro, El Cirgüelo; recibió órdenes del ministro de Guerra general Francisco R. Serrano, de salir a Villa Madero para encontrar a los generales Tomas Toscano y Crisóforo Ocampo que habían solicitado el indulto. De ahí por todas partes de la Republica empezaron a indultarse las fuerzas subversivas y en el estado de Guerrero, el 17 de marzo de 1924, depusieron las armas los generales Rómulo Figueroa y Crispín Sámano, en seguida lo hicieron los coroneles Ambrosio y Francisco Figueroa. Al sentirse perdido el traidor Rosalío Radilla Salas huyó por mar rumbo a San Francisco California donde se refugió.
Pero poco duró la paz en la región. El 6 de mayo de 1926 Amadeo Sebastián Vidales Mederos se levantó en armas lanzando el manifiesto conocido como “Plan del Veladero”. Al siguiente día el 7 de mayo Vidales atacó el puerto de Acapulco. Después de combatir seis horas fue derrotado y al sentirse perseguido por las fuerzas federales se refugió en la sierra de Atoyac.
Luego el 26 de julio el general Amadeo Vidales atacó en la ciudad de Atoyac a las fuerzas federales destacamentadas en este lugar. El combate se inició a las nueve de la mañana, inmediatamente el Jefe de Voluntarios Alberto Téllez Castro con los soldados Regino Rosales y Taurino Fierro que se encontraban parapetados en la casa de La Zacatera, abandonaron sus puestos y se pasaron al bando vidalista. Un día antes, la mayoría de los soldados de Téllez junto con el comandante de la policía municipal Julio Benítez, habían abandonado la ciudad incorporándose a los rebeldes.
A raíz de la deserción de los comandantes Julio Benítez y Alberto Téllez con un grupo de 95 hombres -nos comenta Wilfrido Fierro en su Monografía de Atoyac-, a deshoras de la noche, el mayor Lázaro Candelario tomó prisionero el 6 agosto de ese año, al presidente municipal Adrián Vargas, por su pasado agrarista, lo acusó de estar en combinación con los rebeldes, y en el punto conocido, como Maguan fue fusilado, dejando su cadáver tirado en aquel lugar de donde fue trasladado por los vecinos hasta esta población de Atoyac. Fue velado en la casa de Faustino Bello y sepultado en el panteón civil de este lugar.
A los pocos meses como a las 2 de la tarde del día 5 de febrero de 1927, fue aprendido en su domicilio el ex presidente municipal Patricio Rodríguez, por órdenes del mayor Lázaro Candelario, se le acusó al viejo agrarista de sostener relaciones con los rebeldes. Fue conducido al Palacio Municipal  donde fue identificado por el alcalde Francisco Hernández. Luego lo llevaron al cuartel de 67º regimiento que se encontraba en El Calvario, y a las 10 de la noche de ese mismo día, fue fusilado en el paso del río camino a El Ticuí. Su cadáver quedó toda la noche tirado en el agua, por eso los peces le comieron los ojos y parte del rostro.
Durante el periodo del vidalismo la población sufrió lo indecible. El mayor lázaro Candelario con las fuerzas federales asaltó y asesinó a la comerciante Margarita Santiago Gómez, y a unos de sus trabajadores, en la ceiba de Barrio Nuevo luego hizo correr la versión de que los rebeldes la habían asesinado para robarle.
Cuando estuvo como jefe de la plaza el mayor de caballería J. Jesús Villa prohibió a hombres y mujeres bañarse y lavar en el río, en la zona comprendida del Barreno al El Calvario, porque a su esposa le hacía daño tomar agua contaminada. “El varón que solía bañarse, era conducido por la federación a los separos de la cárcel municipal, en donde era amonestado seriamente y multado. Si era mujer, y sobre todo lavandera, ésta también era recluida y trasquilada de las trenzas para que sirviera de ejemplo a las demás”, comenta Wilfrido Fierro.
Entre las víctimas de este torvo militar están: el comerciante José Morales, El Acateco; a quien asesino para adueñarse de una numerosa partida de café que tenía almacenada en su negocio. Jesús Villa urdió calumniosamente que llevaba armas y parque a los rebeldes. Este militar también le robó la cosecha de café al comerciante Francisco Valencia.
Por medio de la tropa solía mandar a los pacíficos campesinos a cortar pastura para la caballería, estos con su dinero compraban el zacate a los dueños de los potreros para cumplir con la orden, porque de no hacerlo corrían el riego de ser pasados por las armas. Los soldados con frecuencia saqueaban e incendiaban casas y violaban mujeres. La presencia de la tropa imponía terror entre los pacíficos moradores.
Los campesinos que querían salir a sus parcelas para atender sus siembras, para protegerse de la federación y no ser confundidos con los rebeldes, tenían que tramitar ante las autoridades municipales salvoconductos personales, mismos que eran visados por el comandante del 67º. Regimiento de Caballería mayor J. Jesús Villa. Para el trámite tenían que cubrir la cantidad de cinco pesos. Estos salvoconductos fueron expedidos durante la administración de los presidentes municipales de Francisco Hernández, Eligio Laurel y Manuel Ríos. Los permisos tenían validez por ocho días y tenían que renovarse de acuerdo con las necesidades del interesado cubriendo la cuota respectiva.
No solamente lo agraristas padecieron los crímenes de la tropa, también los antiagraristas, el 21 de septiembre de 1927, en un encuentro a tiros con el rebelde Gabino Navarrete Juárez en el barrio del alto de El Ticuí, murió el presidente municipal Eligio Laurel. Se culpó al subteniente Rojas de haberlo asesinado por la espalda en el transcurso del combate, porque el gobierno giró instrucciones de acabar con todos ex revolucionarios que militaron al lado del general Silvestre Mariscal.
Más tarde el mayor Jesús Villa atendiendo las peticiones de los comerciantes Luis Urioste y Obdulio Ludwig Reynada organizó un cuerpo de voluntarios, al mando quedaron estos señores, quien al hacerse cargo de las armas entraron en acción, participando en varios combates entre los que se encuentran los enfrentamiento de El Salto, Mexcaltepec, Los Molinos del Rincón y La Florida.
El 8 de diciembre de 1927, los vidalistas pusieron sitio a esta población, combatiendo desde esta fecha hasta el día 12 del mismo mes con las fuerzas federales al mando del mayor J. Jesús Villa. Debido a las estratégicas posiciones que los rebeldes disponían, la federación no se atrevió a levantar los cadáveres de sus caídos, y estos fueron devorados por los perros, puercos y zopilotes. Durante el último día del sitio los rebeldes se dedicaron a saquear los comercios e incendiaron el mercado municipal.
Después de este combate las fuerzas vidalistas se diseminaron en la sierra cafetalera donde permanecieron.  En 1928 llegó el coronel Miguel Henríquez Guzmán instalando la oficina del sector militar en la casa de Eduardo Parra y acuartelando su tropa en la escuela primaria Juan Álvarez, la plaza principal, el Curato y en la casa de Alberto González. Tan luego como arribó, el 17 de abril, tomó prisioneros a los comerciantes Luis Urioste, Lorenzo Cabrera, Rosendo Galeana Lluch y al cafetalero Francisco Valencia, los incomunicó y los acusó de proteger a los rebeldes. Solamente los dejó libres hasta obtener de ellos una cuantiosa cantidad.
Durante la batida que hizo el coronel Miguel Henríquez Guzmán a los vidalistas en la sierra de este municipio, la mayoría de las casas de las poblaciones fueron incendiadas. Los hombres que encontraban la tropa a su paso eran fusilados y las mujeres trasquiladas de sus trenzas y conducidas en calidad de detenidas a la ciudad de Atoyac.
Ante el empuje de los federales Amadeo Vidales depuso las armas el 24 enero de 1929, ante el nuevo Jefe de Operaciones Militares en el estado de Guerrero general Rafael Sánchez Tapia. El gobierno federal entregó a Vidales, para formar una colonia agrícola, unas tierras que expropió a la familia Cortés, estos se inconformaron con el gobierno. Eso dio origen a muchos hechos de sangre, como las muertes de Emilio Radilla en Palo Verde, Celerino Cortés y otros, así como la del general  Amadeo Vidales quien fue asesinado en la ciudad de México, el 27 de mayo de 1932, por J. Asunción Radilla Hernández.
Después del indulto de Amadeo S. Vidales volvió en parte la tranquilidad a esta región, pero aún quedaba en la zona cafetalera un grupo de rebeldes encabezados profesor Pascual Nogueda Radilla. Al retirarse Henríquez Guzmán llegó, a principio del mes de mayo de 1929, el coronel atoyaquense Alberto González para hacerse cargo del Sector Militar de esta ciudad, y restableció de inmediato el Cuerpo de “Voluntarios” que comandaban Luis Urioste y Obdulio R. Ludwig, nombrando también comandante al viejo revolucionario Timoteo Fierro que para ese entonces ya peleaba del lado del gobierno.

Ante la persecución del coronel González y el asedio de Timoteo Fierro quien conocía la sierra como la palma de su mano, Pascual Nogueda Radilla solicitó la intervención de su tío el general Santiago Nogueda, para que le tramitara el indulto ante el gobierno de Emilio Portes Gil, y en la primera  quincena de julio de 1929, depuso su actitud rebelde entregando las armas al general Nogueda, en el poblado de Corralfalso. Así terminó la lucha que encabezara el general Amadeo Sebastián Vidales Mederos dejando atrás la muerte de tres presidentes municipales de Atoyac.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Historia del Ayuntamiento III


Víctor Cardona Galindo
Para entender lo que sucedió en Atoyac en la década de los treinta, es necesario retroceder a los acontecimientos ocurridos a la década anterior, retroceder a lo que el historiador Renato Ravelo Lecuona llamó “Los agitados veinte”. Fue en ese periodo en que se recrudeció la lucha entre los partidarios del reparto agrario y la burguesía costeña terrateniente. Los agraristas creyeron que ganando los Ayuntamientos abonaban puntos para su causa, pero la reacción respondió con el asesinato y el destierro de los líderes.
El señor Julián Mesino fue presidente municipal de Atoyac
 en 1909 cuando el periodo era de un año.
Foto: Archivo Histórico de Atoyac.

El periódico Regeneración dirigido por Juan R. Escudero se había convertido en la luz de los campesinos pobres, donde incluso se llegaron a publicar los machotes que deberían de llenar para solicitar las tierras labranza que estaban en manos de unos cuantos.
Dice José Carmen Tapia Gómez en su libro Feliciano Radilla Ruíz. Un líder natural costeño: “Escudero había iniciado una fuerte campaña contra Emilio Miaja, entonces administrador de la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí… contra el mal trato que se daba a los obreros. El citado jefe de la ‘B. Fernández y Cía.’ no dejaba a la gente del pueblo tomar agua del canal puesto que dicho líquido alimentaba a la fábrica”, se dice que llegó a verter ácido en agua para que no la consumiera la gente.
Juan R. Escudero era estimado en la Costa pues en más de una ocasión había recorrido a caballo sus poblaciones. “Escudero está presente en Atoyac y Tecpan en junio de 1920”, apunta Tapia. Fue ese año cuando se fundó el primer Comité Agrario encabezado por Justino Parra, Felipe Manzanares y Lorenzo Cabrera aunque dicho comité no llegó a operar.
Coincidentemente esos años también llegó a radicar a Atoyac Francisco Escudero, quien instaló una tienda de abarrotes en el centro de la ciudad y contrajo matrimonio con Trinidad Hernández Rosas, familiar de Pilar Hernández de Corral Falso. Don Pilarcito sería más tarde uno de los más connotados dirigentes del agrarismo regional. 
La tienda de abarrotes permitía a Francisco Escudero –según José Carmen-- permanecer en la localidad para seguir dirigiendo el trabajo político organizativo. Traía de Acapulco y distribuía entre los campesinos el periódico Regeneración. Esto se sumaba al activismo político que mantenía en Tecpan el maestro Valente de la Cruz Alamar quien cada vez les abría los ojos a más campesinos que pedían el reparto de tierras.
Los Escuderos establecieron muchas relaciones además de don Pilar Hernández de Corral Falso, también con el ex zapatista Manuel R. Radilla y con su sobrino Feliciano Radilla Ruiz de Boca de Arroyo. En la cabecera municipal de Atoyac se mantenían en contacto con Manuel Téllez Castro y David Flores Reynada. Algunos arrieros llevaban cartas y el periódico Regeneración a la sierra donde muchos campesinos se escondían de la mala justicia.
Por el otro lado el jefe de operaciones militares era el general Rómulo Figueroa heredero de la bandera terrateniente y antiagrarista desde 1911 y era quien planeaba el aplastamiento del movimiento campesino guerrerense y en particular en la Costa Grande donde alentaba la formación de guardias blancas que estaban bajo las órdenes de los hacendados.
En 1923 la administración municipal de Atoyac estaba presidida por Andrés Galeana Claudeville, en Tecpan de Galeana gobernaba Amadeo Vidales Mederos y en Coyuca de Benítez Rosendo Cárdenas, los tres simpatizaban con los postulados de Partido Obrero de Acapulco que encabezaba el también alcalde Juan R. Escudero que por segunda ocasión ocupaba la presidencia en ese puerto. Dice Ignacio R. Martínez y Gabino Olea Campos en su tesis La lucha agraria en la Costa Grande de Guerrero de la Revolución a la muerte de Juan R. Escudero 1911-1923 que “estas elecciones habían significado un triunfo de la masas contra la reacción costeña”. Pero los alcaldes agraristas fueron depuestos con la fuerza de las armas.
Aquí con el apoyo del Ejército, los terratenientes destituyeron, de la alcaldía, el 31 de marzo de 1923 a Andrés Galeana Claudeville y en su lugar impusieron a Rosalío Radilla Salas. Desde hacía tiempo el brazo ejecutor de Figueroa en la Costa Grande era el mayor Juan S. Flores quien organizaba las guardias blancas de los hacendados dándoles carácter oficial bajo el título de “defensa social” y a sus participantes se les llamaba “voluntarios”, uno de estos poderosos grupos se instaló en Atoyac y su comandante fue Francisco Lezma.
Aun con las condiciones adversas y a pesar del acoso de las guardias blancas, el 17 de agosto de 1923, se instaló un histórico Comité Agrario en la casa de Patricio Rodríguez del cual quedó como presidente, Manuel Téllez Castro; secretario, David Flores Reynada; tesorero, Patricio Rodríguez, vocales: Ignacio Valente y Silvestre Benítez. Ese día con la presencia de los líderes agraristas de la sierra cafetalera se fundó la Liga de Campesinos de Atoyac.
Tan pronto como se enteró el presidente Rosalío Radilla Salas, de la formación de ese comité, ordenó al comandante de su policía Jesús Santiago, Churía, asesinara al líder agrarista Manuel Téllez Castro. Por eso Téllez fue perseguido por las calles Nicolás Bravo y Vicente Guerrero y luego asesinado a balazos antes de llegar a su casa a las 6 de la mañana de aquel fatídico 29 de octubre del 1923. Comenta José Tapia Gómez que Manuel Téllez era: “Incorruptible, conocía ampliamente el programa del POA y estaba pendiente del avance del Partido Obrero de Tecpan fundado por Valente de la Cruz”.
A raíz de eso su hermano Alberto Téllez se remontó a la sierra y se dedicó a organizar a todos los solicitantes de tierra y acaudilló un levantamiento agrarista local que comenzó el 24 de noviembre de 1923.
De acuerdo con los datos que proporciona Crescencio Otero Galeana en su libro El movimiento Agrario Costeño y el líder agrarista profesor Valente de la Cruz, Zacarías Martínez, Vicente Dionicio y Adrián Vargas dirigentes agraristas de Los Valles, junto con otros hombres vinieron al punto denominado “Los Pozos” donde se encontraba oculto Alberto Téllez. Ahí llegaron también los líderes Juan Mata Severiano, Juan, Aurelio y Sabino Martínez. Al reunirse con Alberto acordaron subir nuevamente a los pueblos de la Sierra Cafetalera para reclutar al mayor número de simpatizantes agraristas. Fueron a San Vicente de Benítez donde se sumó Pedro Cabañas y de ahí se dirigieron de nuevo a Los Valles donde ya los esperaban Toribio Gómez Pino y Timoteo Fierro con sus compañeros. Fue en Los Valles donde comenzó la incursión a los pueblos de la Costa Grande, trayendo ya como cien hombres mal armados. El contingente llegó a Las Clavellinas, una pequeña cuadrilla de cinco casas donde vivía la familia Radilla, ese fue el punto de reunión donde se habían citado con los demás líderes agraristas.
En un principio los dirigentes agraristas de la sierra de Atoyac eran: Adrián y Arnulfo Vargas, Lucio y Zacarías Martínez, Vicente Dionicio y Toribio Gómez todos vivían en Los Valles y muchos campesinos de esa población vinieron a combatir contra el reaccionario Rosalío Radilla que representaba los intereses de los españoles y usurpaba la presidencia municipal.
Dice Otero Galeana que en este movimiento armado participaron muchos jefes y líderes agrarios como: Pilar Hernández, Vicente Dionicio, Prisciliano García, Francisco Pino, El Tejón de la Cinta Baya; Ignacio Valente, Arnulfo Vargas y Feliciano Radilla, quienes se internaron en los montes del municipio buscando elementos para sumarlos a su causa.
Mientras lo anterior ocurría en la Costa Grande; el primero de diciembre de 1923 se sublevó en Iguala, el general Rómulo Figueroa en contra del gobernador Rodolfo Neri; con él se levantó toda la guarnición militar del puerto de Acapulco y de las Costas que servían a la colonia española.
Por otra parte la situación política del país estaba enrarecida y caliente con motivo de la sucesión presidencial. Competían por la presidencia del país Adolfo Delahuerta y Plutarco Elías Calles. Pero los partidarios del callismo, apoyados por el presidente Álvaro Obregón, cada día controlaban la situación, tenían mayoría dentro del gobierno y del congreso. Al sentirse acorralado Adolfo Delahuerta decidió levantarse armas en contra del gobierno el 4 de diciembre de 1923. En el estado de Veracruz lanzó un manifiesto dando a conocer los motivos de su levantamiento.
Ya en la montaña los agraristas, encabezados por Alberto Téllez, fueron informados del estallamiento de la rebelión encabezada por don Adolfo de la Huerta contra el gobierno de Obregón y ellos se sumaron a la causa obregonista. Un grupo de hombres bien armados encabezados por Feliciano Radilla se dirigieron  al puerto de Acapulco para poner a salvo al líder del Partido Obrero Acapulqueño, Juan R. Escudero y a sus hermanos Francisco y Felipe quienes corrían el riesgo de ser asesinados por el coronel Crispín Sámano y el mayor  Juan S. Flores que comandaban las fuerzas federales en el puerto ya declarados delahuertistas.
El 10 de diciembre estaba Feliciano Radilla en Acapulco con sus 25 compañeros bien escogidos buscando poner a salvo a los hermanos Escudero. Mientras los hermanos Amadeo y Baldomero Vidales esperaban en Pie de la Cuesta para cubrir la retirada. No lograron sacarlos porque la madre doña Irene Reguera se opuso y amenazó que si sus hijos daban un paso fuera de Acapulco ella se arrojaría a un pozo de agua. Por eso nada se pudo hacer y resultó el saldo lamentable del asesinato cobarde de los líderes del movimiento.
Fue en Las Clavellinas, después de que regresó la comisión de Acapulco, donde los agrarista planearon el primer golpe al Ayuntamiento de Atoyac. El sábado 19 de diciembre de 1923 se hizo un asalto rápido a la policía urbana de Rosalío Radilla que no tuvo tiempo de defenderse y entregó sus armas sin que hubiera un solo disparo.  Pero los hermanos Juan, Francisco y Felipe Escudero, después de estar prisioneros en el fuerte de San Diego, el 21 de diciembre fueron asesinados por el flamante presidente municipal de Atoyac, Rosalío Radilla, Chalío y sus pistoleros. Así la bandera de los Escudero quedó en manos de los Vidales y de los campesinos de Atoyac.
Después de desarmar a los policías de Rosalío Radilla y se fueron rumbo a Mexcaltepec, pero al sumársele en ese población Lucio Martínez con un grupo de campesinos armados, ese mismo día atacaron a las guardias blancas que los españoles de Acapulco tenían en la fábrica de hilados y tejidos de El Ticuí. Al llegar al canal, a las 10 de la mañana, los agraristas fueron recibidos a tiros desde las azoteas de la fábrica. Contestaron el fuego e impusieron un sitio, incendiaron las puertas para poder entrar y así tomaron el edificio de esa industria. Fue un combate que duró hasta las primeras horas de la tarde porque los hombres que la estaban custodiando encabezados por Juan Juárez y sus hijos estaban bien armados y no daban tregua.
Los revolucionarios tomaron prisionero al español Emilio Miaja que andaba fuera de la fábrica y dentro del edificio murieron Mariano Mesino y Benito Gómez; al primero lo asesinaron sus propios compañeros, cuando pretendía abrirles la puerta a los agraristas atacantes y al segundo lo asesinó la gente armada, cansada de los desmanes sufridos, al encontrarlo refugiado en los telares; el resto de los defensores de la fábrica se salió por las turbinas. En la orilla del río por el lado de El Ticuí murió el español Federico Hormachea. El Tejón de la Cinta Baya le disparó desde lejos con su 30-30 y ahí quedó muerto el explotador español.
Después de este combate los agraristas se fueron rumbo a la sierra y los jefes se reunieron en Mexcaltepec, donde se enteraron del asesinato de sus líderes los hermanos Escudero y para vengarse decidieron atacar nuevamente la ciudad de Atoyac, donde se refugiaba el verdugo Rosalío Radilla, Chalío. Salieron el 22 de la sierra por la noche y llegaron a Atoyac a las cinco de la mañana del 23 de diciembre de 1923, un grupo aproximado de cien hombres; de los cuales veinte venían con machetes.
Otero Galeana escribió en El Movimiento agrario costeño y el líder Profr. Valente de la Cruz, que el ataque se desarrolló con toda rudeza, con valor y coraje. En la avanzada que tenían los delahuertistas en el corredor exterior de la casa de doña Antonia Ayerdi, frente al atrio de la Iglesia, murió Julián Vega peleando a favor de Chalío Radilla y por el Arroyo Ancho donde atacó Feliciano Radilla en compañía de Prisciliano García, Apolonio Pino y de otros jefes agraristas, fallecieron dos soldados federales.