miércoles, 30 de diciembre de 2015

DAVID CABAÑAS, ex guerrillero y hermano de Lucio Cabañas, legendario com...

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Mitla


Víctor Cardona Galindo
Las cosas andan mal en el campo de la región Costa Grande. Los maiceros reportaron una pérdida del 80 por ciento de sus cosechas, debido a la sequía. No hubo floración suficiente y los mieleros no recolectaran esta temporada. Las lluvias atípicas tiraron la floración y no habrá mucho mango. La laguna de Mitla tardará en reponerse de la apertura de la barra a consecuencia del huracán Marty. Y para el colmo de todos los males, la roya afectó ya al 75 por ciento de los cafetales, no habrá cosecha del aromático los próximos años y los cocultores anuncian que tienen plantaciones viejas amenazadas por enfermedades.
Pero hoy en esta página de Atoyac, nos ocuparemos de la situación de los pescadores de la laguna de Mitla, que están agrupados en las cooperativas pesqueras de las comunidades de Cacalutla y Zacualpan, colonia Cuauhtémoc y Las Salinas que enfrentaron la problemática de la apertura de la  barra de Coyuca, hecho que además de afectar la pesca rivereña estaba ocasionando un desastre ecológico de grandes magnitudes por la resequedad en las inmediaciones de ese cuerpo de agua, que amenazaba, a los manglares, hatos ganaderos y las plantaciones de palmeras de coco.
Los pescadores de la laguna de Mitla sufren aún los 
efectos de la apertura de la barra de Coyuca. 
Foto: Archivo Histórico Municipal de Atoyac.

Mitla quiere decir “región de los muertos”. Otra versión dice que es: “lugar de flechas o dardos”. De la primera mictlan mundo de los muertos; de la segunda mitl flecha, dardo; y tla lugar. La laguna tiene superficie aproximada 77 kilómetros cuadrados, se ubica al noroeste de Acapulco, con una profundidad media, dos metros con 90 centímetros, corre paralela a la Costa. La laguna se abría en forma natural al mar, año con año, pero hoy, permanece cerrada artificialmente desde 1968, en una boca situada al este, donde la barra tiene unos 300 metros de ancho.  Cuando fue cerrada definitivamente, se convirtió a ese cuerpo de agua dulce porque su única entrada de mar se mantiene a través de la boca-barra de Coyuca.
El sistema lagunar de la Costa Grande está compuesto por lagunas y esteros, en este conjunto está la laguna de Mitla, la de Coyuca, El Plan, Nuxco, Valentín, El Tular, Potosi y Cuajo; los esteros de San Jerónimo, Tetitlán, Tenexpa y Valentín. La laguna de Mitla es explotada a través de la pesca rivereña, pescando principalmente tilapia, conocida como carpa; cuatete, camarón, robalo, y algunas otras especies en menor cantidad. También sus inmediaciones se utilizan como zonas de pastoreo de ganado bobino y caprino. Su existencia da nombre a la playa de Mitla y a la comunidad de Santa Cruz de Mitla, que tiene alrededor de 46 habitantes adultos y 14 niños, cuenta con una escuela primaria, una casa de salud, y un kiosco con una pequeña explanada. También un tiempo contó con un museo comunitario de vestigios arqueológicos encontrados en sus alrededores.
Algunos consideran a la playa de Mitla como “un paraíso alejado de la civilización que es perfecto para acampar, descansar, meditar, observar el mar o escuchar el ir y venir de las olas, así como para pasear por la laguna en las pequeñas canoas de los lugareños, disfrutar de un buen cóctel de camarones frescos, embelesarse con las noches estrelladas o simplemente deambular por la vasta extensión arenosa”, se lee en un texto del portal de la revista México Desconocido.
Lo más sorprendente de la laguna es su diversidad de flora y fauna y su cercanía con  el mar, pues en parte los divide una pequeña franja de tierra de 80 o 100 metros. Por eso sin duda un  atractivo de este territorio es la gran variedad de aves, que habitan el lugar, como pelícanos, garzas y gaviotas. El sacerdote Pedro Rumbo Alejandri quedó fascinado con La Isla de Pájaros que tiene “un kilómetro de largo por doscientos metros de ancho, aproximadamente, es un santuario para miles de aves que cada año se reúnen para procrear y alimentar sus crías durante su desarrollo, en los meses de mayo, junio y julio”.
Escribió Rumbo Alejandri en la revista La Costa de abril de 1995. “En época de anidación conviven varias clases de aves: garzas reales, patos picos de cuchara, pollas de agua, gaviotas, pelicanos blancos y grises, patos comunes, buceadores, patos de Canadá, pájaros bobos, flamencos e ibis”.
Especies de aves en la laguna de Mitla. 
Foto: Archivo Histórico Municipal de Atoyac.

Hay ideas y proyectos que buscan instalar esquí acuático y parques ecoturisticos, con renta de motos acuáticas y canotaje. La carretera 200 Acapulco-Zihuatanejo nos lleva a la laguna de Mitla, pero también puede rodearse entrando por Santa Rosa y desviándose por Hacienda de Cabañas, luego Llano Real, pasando por Playa Gaviotas, donde hay varias carreteras que van bordeando el mar hasta llegar a Santa Cruz de Mitla y de ahí al Zapote para retornar al puerto de Acapulco. Mitla tiene una gran reserva de manglares y cerca de su ribera también existen variedades de palma redonda. Cuenta con islas, las más conocidas son La Isla del Caballo, la Magueyes y la de Pájaros.
Actualmente  hay pocos peces, la corriente de agua se los llevó.  Al cerrarse la barra  los niveles de agua están retrocediendo y esperamos que los municipios de Atoyac y San Jerónimo, en los próximos meses, tengan los niveles adecuados para la sobrevivencia del ecosistema local.   
La laguna de Mitla no tiene aportes de agua durante la temporada de secas, por eso es la más limpia del país. Está conectada con la de Coyuca por un canal que mide 18 kilómetros de largo, en algunos tramos, por el azolve, el canal tiene profundidades menores a 30 centímetros y anchos de seis metros en partes con taponamientos de lirio acuático factores que producen bajas velocidades del agua al interior del canal. A principios del siglo pasado los españoles dueños y ejecutivos de la fábrica de hilados y tejidos, usaban ese canal, viajaban de Acapulco por medio de embarcaciones que cruzaban la laguna de Coyuca y la de Mitla hasta Los Arenales y de ahí en carreta hasta El Ticuí.
En el 2013 durante la contingencia de la tormenta Manuel y el huracán Ingrid los pescadores ribereños pidieron que se construyan compuertas en la comunidad de El Zapote para mantener los niveles de agua en esta laguna que comparten los municipios de Coyuca, Atoyac y San Jerónimo de Juárez, pero no han obtenido respuesta de las autoridades del ramo. Con la construcción de una compuerta en la comunidad  de El Zapote, se evitaría que el agua retenida en la laguna de Mitla se fugue por la de Coyuca o viceversa.
Esta vez la barra de Coyuca fue abierta a pico y pala a propuesta de los restauranteros del lugar. Y es que el 29 de octubre debido a la presencia del huracán Marty las casas y negocios ubicados a la orilla de la laguna de Coyuca se estaban inundando, por eso pobladores pidieron a las  autoridades de  los tres niveles de gobierno que abrieran la barra.
Fue que Ejército mexicano, la Marina y Protección  Civil (PC) actuaron y abrieron la barra,  ya que  había niños, que podían enfermarse por estar tanto tiempo en el agua, porque sus casas estaban totalmente inundadas, tanto que algunas familias optaron por refugiarse con algún pariente mientras las autoridades solucionaban el problema. A raíz de esta acción toda el agua fluía hacia el mar llevándose consigo las especies de las cuales subsisten más 500 familias del municipio de Atoyac y otras tanto de Coyuca de Benítez.
El nivel lagunar se redujo notablemente, el agua estaba dejando los manglares atrás y los peces estaban perdiendo las condiciones para reproducirse, ya no tenían la protección que les brindan las ramas y raíces de los árboles. Muchos pescadores sin escrúpulos practican el arrastre y el apaleo y matan hasta la cría pequeña. Los pescadores llegaron a arrastrar sus embarcaciones hasta 200 metros laguna adentro para poderla colocar en el agua y llevar a cabo la pesca. Por eso insistieron que la solución más viable es construir compuertas para que manualmente se regule el flujo de agua en la laguna, sobre todo en temporada de lluvias mediante un comité de vigilancia.
Los pescadores acudieron al Ayuntamiento de Atoyac con el presidente Dámaso Pérez, que los llevó a la Secretaría de Desarrollo Rural del Estado, los llevó con diputados federales y a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) A todos los funcionarios que vieron les pidieron que ayudaran a cerrar de inmediato la barra de Coyuca para que recuperar el ecosistema lagunar.
Pero como si fuera un milagro de la Virgen de Guadalupe, el sábado 12 diciembre finamente la barra se cerró de manera natural por lo que no fue necesaria la intervención de maquinaria. La naturaleza se salvó solita.
No es la primera vez que las cosas se ponen críticas en la laguna de Mitla. Durante la contingencia provocada por el huracán Ingrid y la tormenta tropical Manuel la comunidad de Zacualpan estuvo a punto de desaparecer por la inundación que causó la laguna, varias casas se cayeron, por fortuna se abrió la barra de 300 metros de ancho en el lugar conocido por Boca de Mitla llevándose la compuerta que servía de puente hacia Costa de Plata. Pero eso traería consecuencias después.
El 11 de octubre 2013 pescadores de la colonia Vicente Guerrero realizaron un retén informativo en la carretera para pedir apoyo, porque no les querían comprar su pescado. “Los muertos se fueron a la laguna” les decía la gente, y 60 familias de esa localidad que viven de la pesca no tenían para comer. Estalló esa otra contingencia, por la falta de venta de pescado de la laguna de Mitla los pescadores cayeron en crisis. Los compradores argumentaban que los peces se alimentaban de cadáveres que había arrastrado la corriente desde La Pintada. Fue una catástrofe porque en comunidades como la colonia Vicente Guerrero el 90 por ciento de los habitantes se dedican a la pesca de mojarra, tilapia y cuatete. Aunque en la laguna de Mitla no desembocan ni el río Atoyac ni el de Coyuca, los consumidores no lo querían creer.
Las autoridades municipales de Atoyac intervinieron y tomaron muestras del pescado de la laguna, el 14 de octubre y fueron enviadas al Centro de Investigación de Desarrollo Biotecnológico y Diagnóstico S.A de C.V en Monterrey Nuevo León y el 21 de noviembre se dio a conocer que de acuerdo a los resultados emitidos por el laboratorio el pescado de Mitla no estaba contaminado. Con eso el mercado pareció recomponerse.
Pero para la segunda quincena de enero de 2014. Alrededor de 500 pescadores de la colonia Vicente Guerrero, Zacualpan y Cacalutla, ya habían sido afectados por el bajo nivel del agua que estaba presentando la laguna de Mitla. Lo que mermó el 80 por ciento de la producción de peces y la pesca es la única fuente de empleo en la región.

El 4 de febrero de 2014 en la comunidad de Cacalutla, pescadores de Zacualpan, Cacalutla, Vicente Guerrero, Camalote y Papayo, bloquearon la carretera en la entrada y la salida de Cacalutla en demanda de empleo temporal y el cierre de la barra.
La apertura natural de la barra había dejado pérdidas a los pescadores de Atoyac, San Jerónimo y Coyuca de Benítez; también a los copreros y ganaderos que se habían visto afectados por el bajo nivel del agua. Se dañó la producción por la fuga de miles de litros de agua. Los pescadores de Cacalutla se quejaban: “Tenemos que caminar con la panga, cientos de metros sobre el lodo, lo que antes estaban lleno de agua ahora está seco, causando fuertes estragos en la flora y la fauna del lugar”.
El 3 de febrero otra vez los pescadores tomaron la carretera, para exigir la atención del gobierno ante el problema de la sequía. En breve iniciaron los trabajos para cerrar la barra de la laguna de Mitla, en cumplimiento a los acuerdos de una reunión celebrada en la colonia Vicente Guerrero el 27 de enero, donde participaron pescadores, autoridades municipales e instituciones responsables del cuidado y preservación del medio ambiente.
Pero debido a que no había condiciones para que la maquinaria por si sola pudiera cerrar la barra, se pidió la participación de los pescadores para colocar una barricada de bolsas de arena y así contener el flujo del agua que iba muy fuerte hacia el mar. Con el esfuerzo de todos la barra quedó cerrada esa vez. 

Se han hecho esfuerzos para regularizar la captura y venta ilegal de peces y para evitar la contaminación en los mantos acuíferos. Se ha detectado que comerciantes del estado de Michoacán compran toneladas de tilapia pequeña que utilizan para la fabricación de harina. Eso es ilegal. En agosto es la veda del langostino chacal, porque es la temporada que esa especie desova. La laguna de Mitla es también hábitat de especies cocodrilos, algunos hermosos ejemplares han sido capturados por pescadores y campesinos de la región. 

La Gloria, cuarta y última parte


Víctor Cardona Galindo
Miguel Pérez Negrete encontró en la comunidad de Piedras Grandes concentraciones de cerámica, basamentos defensivos, con muros de protección y fosos. Además de una gran cantidad de piedras con petrograbados de gran tamaño asociados a la observación astronómica, representaciones de astros como Venus y eclipses. Estos petrograbados tenían, para los antiguos habitantes de Piedras Grandes, el objetivo de medir el tiempo, normar sus ceremonias y el ciclo agrícola.
Pérez Negrete dice que por el interés de Bertín Ortiz Atanasio fue dos veces a Piedras Grandes, comunidad que toma su nombre de unas impresionantes rocas de granito de 40 metros de altura. En la primera con José Aguilera Almanza, Juan Carlos Aguilera Rodríguez, Hans Martz de la Vega y Giacanny. La segunda únicamente en compañía de la arqueóloga Lucía Felipe Valencia.
Piedra de Los Tigres en la zona arqueológica de 
La Gloria ubicada en la parte alta de la sierra de 
Atoyac que fue explorada por el equipo encabezado
 por el arqueólogo Miguel Pérez Negrete en el 2005. 
Foto: cortesía de José Aguilera Almanza.

Igual que en La Gloria, en Piedras Grandes la comunidad está asentada sobre los vestigios prehispánicos, destacando los enormes bloques de granito donde fueron plasmados los petrograbados. “La Piedra de las Ranas, donde se observa una consecución de puntos y el motivo asociado al planeta Venus en la época Prehispánica, dando Juan Carlos un chispazo de ingenio al proponer que era el ciclo de las ranas el que estaba representado en esa piedra y si, tenía lógica: las cuentas de los días se asocia al crecimiento de las ranas y en la parte superior Venus en forma de jilote o maíz tierno, con una constelación en forma de jaguar. Y cerca se hallaba el ‘Hombre de Maíz’, un petrograbado de más de 4.20 metros de largo con la representación de una planta de maíz con rasgos humanos”.
Miguel Pérez, en la revista Revolución número 87, nos cuenta su experiencia en Piedras Grandes: “Esa primera noche estuve a la expectativa sugestionado por la leyendas de que un perro blanco espanta justo al que duerme en la cama donde me quedé. En esos lugares las casas son galerones de cuatro paredes y las habitaciones se separan con sabanas colgadas de las trabes zopiloteras a manera de cortinas, o sea, técnicamente todos duermen en la misma habitación”.
“Fue cuando noté un señor dormido en un petate de forma muy incómoda, a lo que le hice plática sentándome en el borde y después de un rato le comenté que si deseaba recostarse en el lado de la cama que no ocupaba, para que no se enfriara. El accedió y posteriormente dormí profundamente, hasta que en un sueño el perro blanco me despertó con una fuerte mordida en la mano derecha”.
“Supongo que mi sugestión había sido tal, que ya despierto todavía traía la mano adolorida, con la sorpresa que mi cama era individual, no había petates ni nadie se pudo haber recostado a mi lado. Claro, el diagnóstico oficial de la comunidad fue que me habían espantado”.
En Piedras Grandes resalta la Piedra del Eclipse donde los habitantes prehispánicos registraron ese fenómeno astronómico. Aquí también Miguel Pérez Negrete halló cerámica en su mayoría de características toltecas, así como una rueda de calendario muy difuminada en piedra y más representaciones de ranas.
La historia de la expedición por lo alto de la sierra, comenzó a finales del año 2004, cuando Juan Carlos Aguilera llegó a la oficina de Miguel Pérez Negrete en la calle Cuauhtémoc número 3 de la ciudad de Chilpancingo donde estaba el centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia, (INAH)-Guerrero. Llevaba unas fotografías para mostrárselas, eso llevó a Miguel y su equipo por primera vez a La Gloria, del 27 al 30 enero de 2005, cobijado en el Proyecto Protección Técnica y Legal del Patrimonio Arqueológico.
Al ascender a la sierra con lo primero que toparon fue con el cerro Cabeza de Perro. “Se nos mencionó que en la cima de ese cerro fueron hallados desde hace años tepalcates y fragmentos del algunos silbatos, remitiéndonos a pensar que se trató de un centro de culto a las deidades de las lluvias, divinidades que vivían en las cúspides de los cerros prominentes según la cosmogonía Prehispánica y se les veneraba para lograr lluvia y buenas cosechas. Los nahuas llamaban a esas divinidades Tlaloques”.
Al llegar a La Gloria, después de cinco horas de camino, se encontraron que las casas actuales de adobe, lámina y madera están asentadas junto a los vestigios prehispánicos. “Justo donde termina el patio de la casa de don Desiderio inicia la pendiente de un gran promontorio de 15 metros de alto que fue la plataforma principal de este asentamiento prehispánico. A partir de la plataforma, inician hacia el sur una serie de terraceados formados con corazas de nódulos de granito, algunas escalinatas aún detectables y tepalcates o restos de vasijas de barro, en densidad moderada”.
La Piedra de los Tigres, la de los jaguares divinos, se halla a un kilómetro del caserío de La Gloria, donde sobresalen los felinos, “dos grandes jaguares colocados en direcciones opuestas; el de arriba mira hacia el oeste, el que se halla abajo al este. Sus cuerpos eran decorados con líneas onduladas, tal vez representación de agua, o posiblemente fuego, acompañados de puntos a manera de chalchihuites o piedras verdes, metáfora de lo divino; tal vez esos puntos eran símbolo de sangre. De sus fauces escurre algún tipo de líquido que se vierte sobre personajes recostados en torno a sus fauces y al centro de la escena, un claro numeral ‘uno’ representado por un círculo”.
Otro vestigio que les mereció especial atención a los arqueólogos fue la piedra llamada La Quinceañera de don Cuco, nombrada así por que don Cuco un antiguo poblador del lugar sintió la necesidad de conseguirse una quinceañera que le rascara la espalda, por lo que decidido, agarró su pala y se fue voltear la piedra, estaba seguro que encontraría oro debajo para bajar a la ciudad de Atoyac y comprarse una muchachona.
Ante esto los arqueólogos anotaron: “Algunos bloques habían sufrido saqueo, donde además de excavar bajo ellos buscando tesoros, fueron ladeados o totalmente volteados. Estas actividades de excavación y destrucción son motivadas por la ambición y el imaginario popular que lleva a pensar a mucha gente que las zonas arqueológicas son minas de tesoros, joyas, campanas de oro o señales que indican que bajo de ellas está la riqueza. La esperanza por hallar algo o el obtener piezas para venderlas en la red de mercado negro ha llevado a la destrucción casi total de los sitios o en algunos casos, a la voladura con dinamita de bloques de piedras labrados en los cuales piensa la gente que está contenido el oro”.  
En La Quinceañera de don Cuco, se encontró un elemento que se identificó como una planta de maíz a manera de árbol cósmico. “Aquí se encontraron vestigios de que peones que venían de la montaña a la corta del café le prendían veladoras, a lo que pensaban era una representación del Dios de maíz”, me comentó un día José Aguilera.
Los arqueólogos propiciaron la formación de la Unión Campesina para la Conservación de la Zona Arqueológica de La Gloria, que entre sus actividades tendrían la salvaguarda de la mencionada zona arqueológica, el fomento a la visita por parte del público, la difusión y el apoyo en las campañas para crear conciencia social en torno a la necesidad de conservar el patrimonio cultural y reducir el saqueo.
En una entrevista que Miguel Pérez Negrete concedió a los medios de comunicación dijo que a diferencia de la planicie costera y partes bajas, donde se han hallado vestigios de la cultura Olmeca, con más de 2 mil 800 años de antigüedad, por las investigaciones recientes “sabemos que en la parte alta de la sierra de Atoyac, la ocupación Prehispánica data principalmente en los últimos siglos antes de la conquista española, entre los siglos X y XVI después de Cristo”.
El arqueólogo detalló que esta cultura tuvo su mayor auge entre los siglos X y XIII de nuestra era, “cultura que tenía rasgos toltecas, registrando en las piedras parte de su cosmovisión y sus conocimientos. Además, trabajaban el metal, principalmente el cobre, y construían grandes plataformas, algunas de 50 metros por lado”.
Encontraron en los petrograbados de La Gloria tigres divinos y árboles cósmicos o de los cinco rumbos, “dichas representaciones de árboles señalaban los lugares de importancia también han sido hallados en Santo Domingo y Piedras Grandes”.
Monolito encontrado por campesinos cerca
de San Francisco del Tibor, donde se está una zona
 arqueológica no explorada. Foto: Víctor Cardona
 Galindo
.

Se corroboró que la gran mayoría de petrograbados “fueron dispuestos en lugares específicos donde se conjugaba el paisaje con la salida de los astros”, y agregó que se encontraron alineaciones hacia el equinoccio y los solsticios, también se orientan hacia las puntas de los cerros como parte de los rituales a las deidades de las lluvias que según sus creencias vivían en las cumbres de las elevaciones prominentes, “en algunas piedras, como en El Camarón o la Piedra de la ranas en Piedras Grandes, que denotan un registro del tiempo, posiblemente para normar el calendario agrícola y el ritual. También encontramos representaciones de eclipses, de Venus y del Sol, sin contar con otros motivos que dibujaron la figura humana y a diversos animales”.
Comentó que estos grupos eran seguramente los llamados tepuztecos y cuitlatecos, los cuales fueron conquistados por los mexicas en el siglo XV de nuestra era, a los que se impuso principalmente un tributo de algodón y productos marinos. Las Relaciones Geográficas del Siglo XVI mencionan que este lugar era ocupado por las provincias Citlaltomahua y Zacatula.
Pérez Negrete dijo que al momento de su conquista por los mexicas, “las poblaciones de la sierra de Atoyac ya tenían desarrollada una alta cultura que incluía la medición del tiempo mediante la observación anual de los astros, la metalurgia y una concepción del universo similar a los toltecas”.
Concluimos que en La Gloria se encontró la zona arqueológica más importante del municipio de Atoyac, entre los materiales arqueológicos que hay se encuentran: “fragmentos de vasijas del preclásico, así como miniaturas, sellos, figurillas de la tradición de la costa y también una figurilla tipo azteca… Una gran cantidad de obsidiana verde y gris usada en navajillas y puntas de proyectil (llamadas comúnmente Piedras de Rayo) cuentas de piedra verde, metates y morteros, manos de metate y hachas de piedra. Junto con ello se presenta una abundancia de malacates, usados para hilar algodón”.
Pero lo que le da mayor importancia a La Gloria son sus petrograbados, tres piedras tienen plasmadas la figura del árbol cósmico que refleja la estructuración del universo y la piedra de los tigres contiene una escena con jaguares preciosos o divinos.
“La mayoría de los petrograbados de La Gloria se derivan de cultos agrícolas y de la medición del movimiento solar, pero algunos grabados como la Piedra de los Tigres y las representaciones de los árboles cósmicos son desplegados de poder, donde el grupo que ahí habitó, trató de hacer manifiesta su legitimidad e importancia”.
La Piedra de los Tigres es un enorme bloque de cuatro metros de alto con la escena vomitando sobre personajes, “en una concepción tolteca donde los grandes felinos vacían sus entrañas para legitimar a los gobernantes y hacerlos dignos de dirigir, marcando el inicio de un linaje, de ahí el numeral uno, representa los primeros gobernantes de La Gloria, ungidos por los jaguares celestes”, dice Miguel Pérez Negrete, quien destaca que estos grupos hacían observaciones del firmamento y sabían de matemáticas, ya que el conocer el ciclo del planeta Venus requiere de cuentas de hasta 104 años de duración.
Miguel Pérez Negrete, Hans Martz de la Vega, Guadalupe Paoky Rueda Robledo y José Aguilera Almanza escribieron el libro: De árboles Cósmicos. Los petrograbados de La Gloria. Arqueología de Atoyac de Álvarez Guerrero, publicado en el 2013 por la Secretaría de Cultura del estado de Guerrero, donde plasman todo lo encontrado en esa comunidad de Atoyac perdida en la exuberancia de la sierra.
“En La Gloria existen 27 bloques de granito con petrograbados, que pueden haberse vinculado a rituales, desplegados de poder, registro del tiempo y de linajes, de escenas míticas o acontecimientos especiales (…) sobresale por su temática y simbolismo rupestre, ofreciendo nuevos datos acerca de la población Prehispánica de la sierra, su temporalidad y organización, en una parte del estado de Guerrero que se desconoce casi por completo: las altas estribaciones y el parteaguas de la Sierra Madre del Sur”, dicen en la presentación.


sábado, 12 de diciembre de 2015

La Gloria, tercera parte


Víctor Cardona Galindo
En Las Palmas más arriba de El Paraíso y ya cerca de El Edén, hay piedras grabadas con símbolos del sol, el agua y algunas plantas que parecen de maíz. Existe también un pequeño cerro de forma piramidal, lo que hace pensar en que en su cúspide se elevaron plegarias a los dioses y se ofrecieron rituales, dada la amalgama de creencias que tenían los pueblos fundadores.
“Luego que uno ve las figuras de tan lejana datación la imaginación va hacia aquellos siglos y viene la reflexión respecto a su brillante inteligencia y su ejemplar disciplina, así como su capacidad de expresión mediante estos rastros bien asentados en las rocas.
En Plan de Las Delicias existe otra piedra con marcaciones que datan de varios siglos y en Los Arrayanes hay una más”, nos comenta el cronista de El Paraíso, Esteban Hernández Ortiz.
En toda la zona cercana a El Paraíso, es abundante la presencia de vestigios prehispánicos, por eso para nadie fue sorpresa que en unos terrenos entre la comunidad de Los Planes y La Finquita, se encontrara en el 2011 el basamento piramidal, de un centro ceremonial prehispánico posiblemente del posclásico, en cuya fachada norte se observa una alfarda. Tiene cuatro escalones bien conservados, mide 30 por 30 aproximadamente.
Para los habitantes de los pequeños poblados circunvecinos ha sido normal que los “gringos” vengan en sus carros, tomen fotos y si alguna piedra les gusta se la lleven. Aquí les llaman “gringos” a cualquier extranjero que esté güero.
Monolito encontrado por unos campesinos
en un cerro cercano a San Francisco del Tibor
en la sierra de Atoyac. Foto: Víctor Cardona Galindo.

Luego de que los peones de Hermenegildo Torres Lorenzana encontraron las escalinatas, en los terrenos de su suegro Antonio Camacho, hubo quien pensó que había en esas ruinas un tesoro y le hicieron varios hoyos al montículo, en uno de ellos le colocaron la imagen de San Isidro Labrador.
Hace algunos años, los vecinos de Los Planes se preocuparon por recolectar los vestigios arqueológicos, los juntaron en una casa e hicieron un pequeño museo, pero ahora en el local donde funcionaba duermen los maestros. Al desaparecer el museo comunitario, las piedras que estaban en la escuela, fueron regaladas o se las robaron. Así las cosas en la sierra.
Los expertos coinciden que existen muy pocos estudios arqueológicos sobre la región, los primeros datan de la década de los cuarenta. Estos primeros textos sobre la arqueología en la Costa Grande los recogió Moisés Ochoa Campos en su libro Historia del Estado de Guerrero quien menciona: “En Coyuca de Benítez, se han localizado cerámica roja, correspondiente al arcaico superior del valle, tipo Ticomán (…) Los restos arcaicos más conocidos corresponden, por lo tanto, al balsas medio, a Coyuca de Benítez, a la pirámide de San Jerónimo, Mexcaltepec, Atoyac, Corral Falso y El Humo”.
Fue el arqueólogo Roberto J. Weitlaner, de los primeros en explorar la Costa Grande y de eso Ochoa Campos dice que en Coyuca de Benítez, Atoyac, San Jerónimo, Corral Falso, El Humo y Mexcaltepec, “se encontraron pirámides de adobe o revestidas con lajas. Su cerámica es tipo arcaico medio, pero también se encontraron objetos tipo teotihuacano y mayoide”.
Roberto Weitlaner exploró en tres ocasiones la Sierra Madre del Sur pero al bajar a la costa en El Humo y San Jerónimo encontró grandes plataformas que rodean amplias plazas, y montículos de tierra consolidados y revestidos con piedras careadas. Jaime Litvak King exploró en San Jerónimo montículos que tienen tumbas en su interior y Josefina Gasca investigó La Pintada y otros sitios. También Rubén Manzanilla López ha realizado importantes estudios arqueológicos en la Costa Grande
Manzanilla López dice en su libro La región arqueológica de la Costa Grande de Guerrero. Su definición a través de la organización social y territorial prehispánicas que Weitlaner reportó para Atoyac “material colectado en superficie que fue exclusivamente cerámica roja arcaica de formas similares a las del sitio Ticomán en la Cuenca de México, mientras que cinco kilómetros al sur, en la población de Corral Falso, encontró un extenso complejo de montículos bajos, ya muy destruidos donde excavó dos pozos estratigráficos. Las cerámicas obtenidas, según su informe, fueron de dos clases: una de color rojo y otra crema naranja, que se registraron en todos los estratos. Las figurillas asociadas eran las llamadas ‘arcaicas’. Aquí adquirió también una vasija de forma bulbosa y base anular, con líneas grabadas, que al parecer es del tipo fine orange de Veracruz y acabado plumbate, relacionada con la cultura y época tolteca, llamada en el texto ‘Mazapa’ ”.
“La excavaciones practicadas por Weitlaner en un montículo que no describe, y al que se refirió como ‘la pirámide de San Jerónimo’, revelaron una construcción de adobe, al parecer del Clásico, pero hecha con tierra de capas de niveles preclásicos. A una tercera parte bajo la cima aparecieron paredes de adobe con figuras grabadas de color rojo sobre fondo blanco”, anotó Manzanilla.
Durante 1959 y 1960 Charles Brush y su esposa Ellen Sparry, de la University of Columbia exploraron la Costa Chica y Costa Grande. Sus trabajos se concentraron en Puerto Marqués, San Jerónimo y Barrio Nuevo municipio de Zihuatanejo. A finales de la década de los setenta Lauro González Quintero y Jesús Mora Echeverría estudiaron también la laguna de Tetitlán.
“Brush también realizó colecciones de superficie en San Jerónimo y escavó parcialmente un montículo cercano a la terracería que conduce a Corral Falso. La cerámica obtenida le confirmó la afinidad de este sitio con Puerto Marqués, Tambuco y La Zanja”.
Dice Francisco Gómezjara en Bonapartismo y lucha campesina de la Costa Grande que los primeros pobladores de la región presentan una cultura de transición olmeca-teotihuacana, “que procede, según Lister, al establecimiento de una cultura teotihuacana local. Corresponde a una etapa que va del año 400 al 900 d.n.e. Para el mismo autor, el siguiente periodo es tolteca posclásico temprano de gran florecimiento en el occidente. Lo sitúa entre 900 y 1200 años d.n.e. y está presente en Coyuca de Benítez”.
En su análisis Gómezjara dice que culturas avanzadas olmecas-teotihuacanas y toltecas consideraron “la región como un simple centro de abastecimiento alimenticio o como refugio tropical, sin crear ningún centro económico, comercial o urbano de importancia”. Ahora se sabe que Cihuacán, como se llamó en el pasado La Soledad de Maciel, tuvo influencia teotihuacana y si fue importante.  Otros autores señalan que Guerrero era más bien “un territorio de tránsito de influencias culturales, donde se recibían modas y se modificaban de tal manera que tomaban cursos evolutivos diferentes”.
Román Piña Chan también ilustró dos placas de jadeíta en San Jerónimo y Josefina Gazca realizó en 1995 un rescate en el poblado de Las Tunas, que en época prehispánica debió ser parte del sitio de San Jerónimo o dependiente directo de este, ya que se encuentra a sólo dos kilómetros de distancia.
“Cerca del panteón de Las Tunas se localiza una plataforma de tierra y piedras y, junto a esta, la citada arqueóloga excavó seis entierros que corresponden a individuos adultos en posición de decúbito dorsal extendido, así como uno más, secundario, compuesto por un cráneo, costillas y fragmentos de extremidades superiores”, recoge Manzanilla.
Luego una generación de jóvenes arqueólogos exploró La Gloria, Piedras Grandes y zonas aledañas, encabezados por Miguel Pérez Negrete quien también emprendió la tarea de armar un atlas arqueológico de Guerrero.
Miguel Pérez Negrete subió cuatro veces a la sierra, mismas aprovechó para explorar, además de La Gloria, Piedras Grandes, El Camarón y San Andrés de la Cruz. Otros sitios conocidos como: la cueva de El Conejo, El Gobernante, El Cacao, El Carrizo y La Piedra del Sol en Río Chiquito. “A esta última pudimos llegar gracias a que Bolívar Castro Serrano puso a disposición su Jeep para el recorrido por la sierra y sirve para ejemplificar el proceso de destrucción al que son sometidas algunas piedras con grabados, cuando la gente piensa que son señales de algún tesoro o que dentro se contiene oro, y por los mismo son destruidos irremediablemente por una ambición irracional. Y justo la Piedra del Sol estaba el proceso de barrenación, es decir, tenía dos perforaciones desde las parte superior que usan para introducir dinamita y ‘volarla’ ”, escribió Pérez Negrete en la revista Revolución número 87.
Sellos y figurillas encontradas en Atoyac y 
que fueran parte de una colección privada 
registrada ante el INAH. Foto: Archivo 
histórico de Atoyac.

Fue del 20 al 24 de octubre del 2005 cuando el equipo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) encabezado por Pérez Negrete realizó trabajos de inspección en La Sierra de Atoyac, donde se encontró evidencia suficiente para establecer que en dicho lugar existieron grupos prehispánicos con una avanzada cultura, que realizaban la medición del tiempo y trabajaban la metalurgia.
Miguel Pérez Negrete, investigador del centro INAH-Guerrero y director del Proyecto Atlas de Manifestaciones Gráfico Rupestres del Estado de Guerrero, acompañado de un equipo de trabajo formado por el jefe de campo Hans Marz de la Vega y Laura Lazcano verificaron 108 sitios arqueológicos, de los cuales 52 son lugares con petrograbados.
El equipo del INAH encontró sitios arqueológicos con basamentos piramidales en Santo Domingo y San Juan de las Flores, al igual que los petrograbados en Santo Domingo y el Camarón. En Santo Domingo se hallaron petrograbados de gran formato, un hacha de cobre y figurillas de “mujer bonita” fechadas entre los 200 antes de Cristo y 200 después de Cristo.
Los arqueólogos acompañados por José Aguilera Almanza y habitantes de Piedras Grandes caminaron por lo más intrincado de la sierra hasta llegar a la Cueva del Conejo que está a dos horas a caballo de Piedras Grandes en las estribaciones del cerro La Mujileca, subiendo las laderas del encañonamiento del Río Chiquito. “Pocos visitaban el lugar, ya que la gente cree que en ese lugar espantan y que uno se trae al muerto cuando va allá. Reitero estos datos del imaginario popular, ya que es riquísimo en cuanto a historias de espantos, muertos, ánimas, aparecidos, el diablo y muchas más como pocas se ha visto en una región del estado de Guerrero”, anotó Miguel Pérez Negrete.
“En la cueva se halla un personaje denominado El Conejo, el cual es un sacerdote con penacho que aparenta orejas de conejo y es justo ese el que dicen que espanta. La pared del abrigo se halla plagada de decenas de motivos grabados que recibe también el nombre de La Pintura del Pueblo”.
Narra el arqueólogo que hay, con diferentes cronologías, figuras humanas de forma cuadrada como las de Palma Sola, estimados hacia el 200 después de Cristo, cuentas numerales de puntos y líneas, glifos y hasta tlaloques o dioses de la lluvia de finales de la época prehispánica, o sea, el lugar fue sede de rituales vinculados al agua por más de 13 siglos. Ya cuando regresaban de visitar la cueva, José Aguilera que venía en la retaguardia sintió como una persona se le subió al anca del caballo y el animal se puso loco. A Aguilera le tocó el espanto.
En esa ocasión Miguel Pérez y la arqueóloga Lucía Felipe Valencia registraron sitios como Plan del Venado, El Aguacate y se completó información de dos sitios fortificados, que pertenecen al periodo de las pugnas étnicas, al final de época prehispánicas cuando también ocurre la guerra mexica-tarasca.
Miguel Pérez Negrete concluye que en la primera ocupación de la zona, detectada por figurillas en Santo Domingo y la Cueva del Conejo nos remite al periodo llamado Preclásico Terminal, entre los 200 antes de Cristo y 200 después de Cristo, y la ocupación más significativa es la que se asocia a los grandes petrograbados, lo que llamamos monumentalidad rupestre, con sitios de fuerte influencia tolteca que ocupan las estribaciones bajas y altas de la sierra desde Coyuca de Benítez hasta Coahuayutla, los cuales seguramente eran los llamados pueblos del metal, los cuitlatecos y los tepuztecos, etnias actualmente desaparecidas que se distinguían por su trabajo en metalurgia.


domingo, 6 de diciembre de 2015

La Gloria, segunda parte


Víctor Cardona Galindo
Los hallazgos de vestigios arqueológicos se reproducen por toda la ribera del río Atoyac y los alrededores de la laguna de Mitla. Un descubrimiento importante fue en el municipio de San Jerónimo de Juárez, donde se recogieron algunas figurillas que se encuentran exhibidas en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Estas piezas son conocidas como “estilo San Jerónimo” y fueron encontradas en una excavación que se realizó en 1996 en la comunidad de Las Tunas.
En la placa colocada en la vitrina donde se encuentran las figuras dice: “El sitio de San Jerónimo se localiza en área de la Costa y pertenece a una tradición propia guerrerense. Se encontraron montículos de tierra muy destruidos y saqueados, entierros con ofrendas consistentes en cerámica color café rojizo, orejeras de barro sólida, placas de piedra verde con relieves estilo olmecoide y figuras sólidas de barro, que se caracterizan por sus cuerpos aplanados, cabezas deformadas con altos tocados y rasgos faciales hechos a bases de múltiples punzonaduras. Este tipo de figurillas muestra una notable desproporción entre el tamaño de la cabeza y el cuerpo, muchas veces éste último es pequeño. Están profusamente ornamentadas con collares, orejeras y grandes tocados, mediante técnicas de incisión, punzonado y pastillaje; presentan gran realismo y están desnudas como la mayoría de las figurillas del preclásico (800-600 a. C)
Figurillas tipo San Jerónimo que se encuentran 
en la exposición del Museo Nacional de Antropología 
en la Ciudad de México, fueron encontradas en la 
comunidad de Las Tunas municipio de Benito Juárez. 
Foto: Víctor Cardona Galindo.

“Figuras como esta revelan la importancia de la mujer en tiempos preclásicos; su significado alude sin duda, a las formas que pueden engendrar la vida, la renovación y, en suma, la fertilidad de la tierra como recipiente inacabable de la energía procreadora”, se lee en el libro México en el mundo de las colecciones de arte, Tomo I.
El universitario atoyaquense Francisco Pérez Fierro en su libro Agua que se derrama Atl Toyahui, escribió que “del testimonio del paso de los primeros pobladores quedó en pirámides, centro ceremoniales y petrograbados en sitios que desafortunadamente están desapareciendo por la acción del tiempo y la depredación humana.
Pérez Fierro era un apasionado de la arqueología regional y exploró sitios que están San Andrés de la Cruz, Los Valles, La Pintada, Santiago de la Unión, Cacalutla, Zacualpan, El Ticuí, Santo Domingo, Mexcaltepec, Alcholoa, Corral Falso y El Abrojal, donde hay petrograbados. “Además de figuras antropomorfas y zoomorfas, cerámica, vestigios de asentamientos humanos, centros ceremoniales y pirámides que han sido destruidas por saqueadores”.
Cuando se descubrió esa zona arqueológica en Las Tunas, José Francisco Pérez Fierro escribió: “Las figuras femeninas con faldas y pecho descubierto, pectorales y con tocado en el pelo, otras desnudas y con el vientre abultado, semejando el embarazo, así como silbatos con manifestaciones de animales que fueron endémicos en la región y humanas, la representación del señor Dual Ometeotl y el Dios viejo (del fuego) Huehueteotl en los sostenedores de vasijas, cajetes y enseres ceremoniales, hacen suponer influencia olmeca y teotihuacana”.
También en su trabajo “De Popotla a San Jerónimo” Pérez Fierro dice que San Jerónimo en épocas prehispánicas se llamó Popotla y que las estelas que están en el jardín central de la cabecera municipal son de origen olmeca.
Hasta su muerte a Francisco Pérez Fierro le preocupó que el terreno de 30 hectáreas, propiedad del señor Pascual Hernández Pino, donde se ubica la zona arqueológica de Las Tunas se haya convertido en una huerta de mangos. La zona arqueológica fue descubierta en 1995 por un operador de una máquina que emparejaba el terreno para sembrar una huerta de mango. Muchas piezas fueron vendidas a coleccionistas privados. Los hornos con ceniza fosilizada y los diques piramidales de varios metros que ahí estaban fueron arrasados por la maquinaria. Del sitio ahora nadie se acuerda.
Antes ya se habían realizado excavaciones en diversos sitios de San Jerónimo. Entre 1954 y 1955 estuvo en San Jerónimo una expedición canadiense-americana de arqueólogos y antropólogos, uno de ellos Willian Arlintón Donhe explicó al cronista de ese lugar, Luis Hernández Lluch, mostrándole un idolito parecido al Dios Tláloc “que ese ídolo representaba al Dios Xipetotec protector de los que trabajan los metales”. Dice don Luis que hicieron la excavación en el cerro de Los Monos y encontraron restos de cultura olmeca y teotihuacana.
Juventina Galeana Santiago recogió otros acontecimientos: “En unas excavaciones que hizo dentro de su casa don Telesforo Albarrán, en San Jerónimo de Juárez, encontraron granos de cacao en el año de 1963” y en Corral Falso “unos cañones de aves, transparentes, llenos de polvo de oro que encontraron en excavaciones que efectuaron junto al río, en 1960”, lo anterior en su artículo “La moneda en México” publicado el 27 de octubre de 1995 en El Sol de Acapulco, donde explica que durante el imperio azteca utilizaban el cacao para sus convenios normales, también plumas, miel y piedras preciosas.
El promotor cultural y estudioso de la región, Rubén Ríos Radilla, exploró también  petrograbados en Las Peñas, El Cacao, San Andrés, Santiago de la Unión, Mexcaltepec, Corral Falso y Zacualpan, cuyo testimonio ha dejado plasmados en diversos artículos y pláticas que ha impartido. Se sabe también que todas las islas de la laguna de Mitla se pueden encontrar testimonios de civilizaciones pasadas.
Gustavo Ávila Serrano en Ahuindo. El pueblo que irás y no volverás, una novela en la que describe hechos reales de Corral Falso, narró que después del huracán Tara niños completamente desnudos volaban sus papalotes. “Otros con clavo en mano se daban a la tarea de encontrar reliquias antiguas de barro y piedra que abundan enterradas en el suelo. Los niños voluntariamente realizaban esta faena pensando que un día a otro el gringo Richarssón se las compraría. Él era parte de nuestro pueblo. Cada año el gringo se aparecía por estos rumbos. Lo hacía al finalizar la temporada de lluvias. Cada vez que se repatriaba se llevaba costales de nuestra historia (…) Los días que estaba entre nosotros se la pasaba comprando reliquias arqueológicas”.
En Alcholoa, en el 2008, se encontró un panteón prehispánico, con tumbas que tienen más de 500 años de antigüedad. Tres esqueletos fueron rescatados por arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Guerrero y fueron llevados a Chilpancingo para su estudio. En este lugar se han encontrado un sinnúmero de monitos de barro, piedras y sellos, desafortunadamente la gente los vende sin darles el valor real.
Después de cuatro días de excavaciones, los arqueólogos Edgar Pineda Santacruz y Gloria Clemente Barrera de delimitación y registro arqueológico del estado de Guerrero realizaron el rescate, terminaron el 19 de octubre. Se encontraron tres tumbas, dos donde se puede sacar mayor información. Pertenecen al posclásico del 900 al año 1521 después de Cristo. Y debido al promontorio o zona elevada donde se ubican las actuales viviendas, podría tratarse de una especie de basamento piramidal o plataforma donde existió un asentamiento prehispánico con viviendas y templos. 
Puede ser también que toda esa franja, cercana a la laguna de Mitla, desde Zacualpan hasta El Tomatal, donde se han encontrado grandes vasijas con restos humanos a su interior, sea una gran zona de panteones prehispánicos. Hay que recordar que Mitla, significa “región de los muertos”, porque viene del náhuatl Mictlan que quiere decir “mundo de los muertos”.
Sara Carrillo Romero era la comisaria de Alcholoa e informó que debido a las lluvias hubo deslaves en la tierra y se descubrió un esqueleto humano y los vecinos optaron por recogerlo en una bolsa de plástico. Este no ha sido el primer descubrimiento, desde hace varios años la gente que vive en esta localidad ha estado descubriendo vestigios arqueológicos, como son muñequitos de barro, ollas grandes y metates. Algunos se han llevado bolsas de caritas para venderlas en Zihuatanejo, a precio irrisorio como si fueran galletas.
Cara esculpida en piedra encontrada cuando se escavó
para remodelar una casa en la ciudad de
San Jerónimo de Juárez. Foto: Víctor Cardona Galindo.

En La Florida, una comunidad de la parte media de la sierra que está a 811 metros sobre el nivel del mar, se han encontrado huesos, caritas, silbatos de barro, hachas, ollas de barro, puntas de flechas, piedras labradas, que pueden ser de un altar. Cerca de la escuela primaria han encontrado piedras de jade en una olla, caritas cuatas y monolitos. El lunes 20 de octubre de 2008, los arqueólogos Edgar Pineda Santacruz y Gloria Clemente Barrera, después de su trabajo en Alcholoa se presentaron a la comunidad de La Florida y realizaron una medición satelital para ubicar en las coordenadas el sitio exacto de la zona arqueológica de ese lugar, donde a flor de tierra se encuentran figuras de barro y cuentas de jade. Muchos elementos arquitectónicos son utilizados por los moradores de la comunidad como bebederos para las gallinas o se encuentran en los pretiles que delimitan los terrenos.
En el viejo camino a La Florida está esculpido un pie. La gente dice   que el pie la virgen de Guadalupe quedó plasmado desde tiempos remotos en esa roca que se encuentra en el arroyo de La Cruz. Hace poco unos buscadores de oro voltearon la piedra para explorar debajo. No encontraron nada pero si destruyeron lo que fue un centro de la devoción guadalupana. Cuando escribí por primera vez sobre este sitio, hubo quien me sugirió que en realidad ese único pie esculpido en la roca representa el mito del Dios Tezcatlipoca quien ofreció su pie con el objetivo de que Cipactli, el monstruo de la tierra, lo atacara y Quetzalcóatl lo atrapara y así pudieran crear el mundo habitable.
Luego en febrero del 2010, fueron encontrados varios vestigios arqueológicos por los moradores de una vivienda de la calle Allende, en la colonia Juan Álvarez en la parte norte la cabecera municipal de Atoyac. Mientras escarbaban la tierra para elaborar adobes surgieron figuras y más figuras prehispánicas. Encontraron diferentes figuras con forma de caras y cuerpos de un tamaño aproximado a los 15 y 20 centímetros. Como dije antes en esa zona de la ciudad se han encontrado anteriormente un sin número de figuras y artículos prehispánicos.
Después, una construcción piramidal con un hueco en la parte superior central fue encontrada por accidente en la comunidad de Los Planes, en el ejido de El Paraíso. Dieron con ella unos campesinos que escavaban para rellenar un invernadero. A un costado de donde está la pirámide existe una zanja donde se encontraron vasijas que contenían restos óseos. Hay también petrograbados en toda la zona donde se construyó un balneario. Algunas piedras tienen esculpidas figuras humanas, el sol y símbolos del agua. Una roca que tenía esculpida la figura de una mariposa ya fue robada.
El arqueólogo Edgar Pineda Santa Cruz del Instituto Nacional de Antropología e Historia se apersonó en el lugar del hallazgo y corroboró que es un basamento piramidal de un centro ceremonial de la cultura mexica del periodo posclásico de hace 500 años, la cual mide 30 por 30.
Mucho antes Luis Ríos Tavera había explorado las inmediaciones de El Paraíso: “En este ejido existen vestigios de algunas de las razas indígenas antiguas: aztecas, cuitlatecas o tepuztecas, pues por todos los rumbos se han encontrado los campesinos, al arar sus tierras o sembrar árboles frutales haciendo pozos, figuras de barro, piedra y jade; hachitas de cobre fino, cuentas de barro y piedra y de metal no definido; así como idolitos y otras curiosidades antiguas más”.
“Por el rumbo de los terrenos de riego que tienen en este ejido los agricultores, punto que se llama Los Planes, existen varios momuxtles (momuxtlis) de donde han sacado los agricultores figuras de piedra, barro, jade y uno que otro pequeño objeto de cobre (…) Entre este ejido y el poblado de El Edén, en el sitio o poblado de La Pintada, existe una enorme piedra de granito y en una de sus caras se encuentra un jeroglífico que está esculpido con figuras de soles, reptiles, aves”.


sábado, 28 de noviembre de 2015

La Gloria, primera parte



Víctor Cardona Galindo
A lo largo de las comunidades que componen el municipio de Atoyac y sus alrededores, se reproducen leyendas y cada paraje da vida a una historia, cada tramo de río tiene un encanto, cada hondonada de la Sierra Madre esconde un ser mítico y un sin número de vestigios prehispánicos, como La Gloria donde se encuentra una zona arqueológica muy importante. En los montes que rodean ese lugar se respira una tranquilidad que motiva la meditación, se percibe mucha paz, seguramente es un gran sitio de poder donde fluye la energía de nuestros antepasados.
Cuentan que ciertas noches se pasea un guerrero, ataviado a la usanza antigua. Con su gran penacho entra en silencio a las chozas y se sienta en la orilla de las camas, mientras los moradores observándolo contienen la respiración para no hacer ruido, hasta que se levanta, atraviesa la pared y se va. La Gloria es verdad y leyenda. Los arqueólogos que llegaron para estudiarla quedaron fascinados con sus encantos.
Carita de barro encontrada al sur de la ciudad de Atoyac, 
en las inmediaciones de El Rancho de los Coyotes.
Foto Víctor Cardona Galindo.

De la sierra de Atoyac el doctor Álvaro López Miramontes cuenta una historia. Dice que en el primer periodo de Rosalío Wences Reza en la Rectoría de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), se le acercó un huarachero de Atoyac y le pidió apoyo para realizar una expedición a la sierra, porque sabía dónde estaban enterrados los verdaderos restos Cuauhtémoc, el último emperador azteca. El huarachero buscaba el respaldo de la Universidad para una investigación, porque en el campamento de su huerta de café se le estuvo presentando un hombre en sus sueños que decía ser el Tata Cuauhtémoc que le pedía que desenterrara sus restos y los llevara a la Ciudad de México.
Al escucharlo el rector Wences llamó a doctor Álvaro López Miramontes para que lo atendiera. Pensaron poner pronto manos a la obra y buscar dicha tumba. Porque el hombre sabía exactamente donde estaba enterrado, nuestro héroe de la resistencia ante los españoles. Se pusieron de acuerdo y quedaron de verse en Atoyac. Álvaro llegó desde el vienes en la noche y se hospedó el único hotel decente que había en el pueblo. Eran los esos días de 1974 cuando el Ejército mexicano tenía tomadas las comunidades del municipio.
A las cinco de la mañana vio al huarachero en la plaza. Antes de que amaneciera totalmente y después de recoger el bastimento en casa del huarachero, enfilaron en el Jeep que Álvaro manejaba rumbo a la sierra. Pronto estuvieron en una comunidad donde dejaron el Jeep y luego continuaron el camino montados a caballo. Habían avanzado poco cuando encontraron una familia que venía caminando a concentrarse a una población más grande, ya los militares los habían desalojado de su comunidad.
Luego más adelante encontraron a los militares que no los dejaron continuar. Álvaro tuvo que explicarle al capitán que hacía ahí, con comida para una semana, con libros, libretas, lapiceros y cámara fotográfica. Además de todo lo necesario para montar un campamento provisional. Álvaro tuvo que insistir que era un universitario y mostraba el oficio de comisión que le había dado el rector. Por eso para evitar tener problemas con los militares dejaron la búsqueda de la tumba de Cuauhtémoc para una mejor ocasión, que ya no volvió a presentarse.
Han pasado muchos años y Álvaro no se acuerda muy bien del nombre de las poblaciones por donde anduvo con el huarachero, pero pudo ser para cualquier pueblo de la sierra. Porque todo el municipio y sus alrededores son una zona arqueológica. Hace muchísimos años había tribus diseminadas en toda la región, muestra de ello son los vestigios arqueológicos, que hay por todos los rumbos. Los hay en El Abrojal, en El Guapinol, La Angostura, La Meca, Almolonga, La Gloria, Piedras Grandes, El Cacao, La Pintada, Alcholoa, en las islas de la laguna de Mitla, El Camarón, San Juan de las Flores, Santo Domingo, la Florida, San Martín, la Y Griega y la cabecera municipal.
Los vestigios arqueológicos que existen constan de dibujos hechos en piedras, monitos de barro y de piedra, vasijas y cuentas de jade. Los monolitos que son esculturas hechas de una sola piedra se han encontrado por muchos rumbos. En la región hay piezas de diferentes influencias, principalmente olmeca, teotihuacana y tolteca. Algunos muchachos venden piedras para adorno. Un día me tocó ir en un camión rumbo al puerto de Acapulco donde un policía federal le quitó un monolito a un joven que lo había encontrado en un cerro de la colonia Buenos Aires. 
Los arqueólogos Edgar Pineda Santacruz y Gloria 
Clemente Barrera realizan un rescate arqueológico 
en la comunidad de Alcholoa en octubre del 2008. 
Foto: Víctor Cardona Galindo.

En lo personal los primeros contactos que tuve con los vestigios arqueológicos fueron allá en lo alto de la sierra. Esas navajillas llamadas piedras de rayo abundaban en los barbechos de El Caracol, se le llama piedras de rayo porque la gente tiene la creencia que caen con el rayo. Luego un día mi padre encontró en el monte un silbato esculpido en barro que emitía un sonido muy elegante que se escuchaba muy lejos. El paraje donde vivíamos tomada su nombre de una imagen de caracol esculpida en una roca.
Cerca de El Caracol, como a 20 minutos caminando desde Los Llanos de Santiago, está un lugar mítico conocido como El Cerro de la Iglesia donde hay unos escalones labrados en piedra. Cerca está también el cerro de La Campana donde durante la Navidad se escuchan sonar campanas y dice Laurentino Santiago que allí unos maestros escarbaron y encontraron un ídolo esculpido en piedra verde. Luego está el Cerro de la Silla, donde dicen los lugareños que hay una cueva que llega hasta Alcholoa. La letrada, otro lugar con vestigios, está a dos horas a pie de los Llanos de Santiago rumbo a Las trincheras.
Al poniente de El Caracol, estuvo Tlacolulco una comunidad desaparecida que fue cabecera de un centro prehispánico, algunos dicen que ahí estuvo el verdadero Mexcaltepec. Todavía existen unas piedras en forma de ollas, con dibujos esculpidos, en las tierras los Castro que llegaron a tener grandes cultivos de caña en ese lugar. Al norte de Tlacolulco está La Mona.
Simón Hipólito Castro en las leyendas que cuenta a sus nietos recuerda ese paraje serrano llamado La Mona, denominado así, por la gente del lugar, porque existe una piedra grande de color oscuro que tiene grabada una mujer acostada, con las piernas entreabiertas y el rostro mirando al oriente. “Nadie sabe en qué siglo la cincelaron, sus senos también fueron esculpidos a la perfección”, anotó para su libro Cuentos para niños preguntones.
Por eso digo que en toda la sierra hay huellas de la presencia de nuestros antepasados. Por ejemplo en el camino a Los Valles, está La Piedra del Mono, así le llama la gente, pero parece la imagen de un guerrero esculpido en esa roca, en la cabeza se ve un penacho o parece que carga un costal. Seguramente tiene un significado que los antiguos pobladores quisieron transmitirnos, o tal vez represente una antigua ruta de los viajeros. La piedra está adelante de San Andrés, en la primera lomita donde ya se divisan Los Valles.
Cuando se abrió la carretera a ese pueblo, los trabajadores encontraron muchos monolitos y figuras de barro, que los ingenieros se llevaron, otros los vendieron a las familias pudientes de Atoyac que completaban su colección de vestigios arqueológicos.
Acosados por problemas familiares y la presión a la guerrilla, nos bajamos de la sierra a vivir al norte de la ciudad de Atoyac allá por 1977, personalmente me llamó la atención que los niños de aquí tenían un extraño entretenimiento, era salir después de la lluvia a buscar monos de barro que nuestros antepasados dejaron enterrados en la tierra. La lluvia erosionaba las barrancas y los destapaba. Los niños los recogían y los vendía a algunos comerciantes del centro. En la ciudad es muy común oír decir “tienes cara de mono jayao”, es la chanza pesada para aquellos que tienen algún desbalance en el rostro.
En la calle Allende se han encontrado muchos vestigios de la cultura olmeca, “olmecoides” le llaman los expertos. De hecho toda la parte norte de la ciudad es una zona arqueológica enterrada. Una ocasión se les repartió un volante para informar que si escarbaban en sus terrenos deberían avisar al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) nadie lo hace por miedo a que el gobierno les expropie sus terrenos. Claro está que el gobierno nunca le expropiará sus predios aunque encontraran una pirámide enterrada.
Con el tiempo me volví también explorador de sitios arqueológicos hasta que un campesino de San Andrés de la Cruz me expulsó de su terreno, “amablemente” con su machete en la mano. Le había dicho que tomaría unas fotos a unos petrograbados que estaban debajo de unos árboles de mango, pero él me dijo que me fuera de ahí porque seguramente le quería robar el tesoro que estaba debajo de la piedra. Muchas personas escarban debajo de esas rocas en busca de tesoros. Como siempre no encuentran nada, dicen que el “Amigo” se los escondió porque algunos de los que estaban excavando “llevaban mal corazón”. Otros han encontrado ollas con ceniza o con restos humanos, también ollas con diversas figuras de barro y cuentas de jade o piedras de obsidiana.
La abundancia de sitios arqueológico ha dado pie a diversas leyendas. Se dice que en el cerro Cabeza de Perro hay un encanto… Hay unos monos que irradian luz. Un hombre subió motivado por que otros que le dijeron que había un tesoro. Encontró los monos de luz, cargó uno, pero al avanzar todo se oscurecía. Ponía el mono en su lugar y el sol salía. Estuvo a punto de desbarrancarse al querer salir con rapidez con un mono de luz. La oscuridad no le permitió ver por donde avanzaba. Por eso nadie los ha podido mover esos monolitos de su lugar y siguen alumbrando. De noche se ven de lejos.
Nuestro cronista por excelencia Wilfrido Fierro Armenta dice en su Monografía de Atoyac, “entre las cordilleras de los cerros de Cabeza de Perro, La Meca y San Juan de las Flores, en el punto conocido por Arroyo de los Corales, existe una ciudad arqueológica; posiblemente haya sido habitada por las tribus Matlazingas, Xopes, Coiscas, Cuitlatecos o Mexicanas, o quizá sería solamente un templo donde estas razas solían celebrar sus ritos”.
“El orden simétrico en que está trazada y dado a los vestigios existentes, solamente cabe formarse en nuestras mentes variadas hipótesis. La ciudad de referencia mide 200 metros por cada lado y está situada en plena altura de la montaña citada, habiendo señales de haber existido comunicación con el centro del país por un ancho camino que aún se ve en aquella agreste serranía; es en sí una verdadera joya arquitectónica digna de admiración de nativos y extraños”.
Wilfrido también habla de una loma artificial a 700 metros al Noroeste de Corral Falso y que en este lugar se han encontrado grandes depósitos de figuras de barro y piedras.
Otra de nuestras cronistas, doña Juventina Galeana Santiago, era una apasionada del pasado de este pueblo y la arqueología, conservó a lo largo de su vida vestigios arqueológicos para que los depredadores no se los llevaran al extranjero. Conservó piezas encontradas al crecer la ciudad y cuando se abrieron las carreteras. Logró tener la más grande colección regional registrada ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de piezas de los periodos preclásico y clásico, con rasgos olmecoides; líticas y cerámica.
Dentro de las actividades culturales que realizó doña Juventina está la de haber pugnado por la instalación del museo municipal, lo que no se ha concretado con seriedad, tomando en cuenta la gran riqueza arqueológica de la zona. En el periodo del alcalde Javier Galeana Cadena se instaló un pequeño museo en la parte baja del kiosco de la plaza principal. Pero terminando ese mandato las piezas fueron a parar a diversos domicilios y unas quedan de adorno en las oficinas de la secretaría general en la Ciudad de los Servicios. Rubén Ríos Radilla por un tiempo movió un museo itinerante y el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) instaló un pequeño museo en Los Planes que ya desapareció y nadie sabe dónde quedaron las piezas. También hubo una pequeña muestra de piezas en la Casa de la Cultura auspiciada por Enrique Hernández Meza.