sábado, 4 de julio de 2020

El secuestro de Figueroa



Víctor Cardona Galindo
El 30 de mayo de 1974 la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres que encabezaba Lucio Cabañas Barrientos, secuestró al senador y precandidato del PRI a la gubernatura de Guerrero, Rubén Figueroa Figueroa. Lo mantuvo 103 días en su poder. En ese tiempo se desató la mayor represión que se haya sufrido en la región. El secuestro del principal cacique de Guerrero marcó el principio del fin de la guerrilla más conocida del país.
Martín Nario Organes, Samuel

El futuro gobernador Rubén Figueroa acudió el 30 de mayo de 1974 a un encuentro pactado con Lucio Cabañas a la sierra de Tecpan y después de una ríspida discusión política con Lucio y la dirección política de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento el primero de junio se rompieron las pláticas y el entonces senador Figueroa vocal ejecutivo de la Comisión del Balsas quedó detenido en manos del Partido de los Pobres hasta que se cumplieran las demandas que se conocerían después.
En 1972 la guerrilla ya ocupaba las primeras planas en los diarios del país y todos hablaban de ella. La Brigada Campesina de Ajusticiamiento tenía en su poder a Cuauhtémoc García Terán por cuya vida exigía un millón de pesos. En ese marco Figueroa retó: “Lucio Cabañas no es ningún guerrillero yo lo reto a que me secuestre; los camioneros podrían pagar un buen rescate por mi”, publicaba el periódico Excélsior, el 15 de abril de ese año. Con el tiempo Lucio le tomaría la palabra.
Pasaba el tiempo y la guerrilla guerrerense resistía todas las campañas militares que se le venían encima, obligando al gobierno a cambiar su discurso. Por ello en 1973 Rubén Figueroa se pronunciaba por el diálogo con los guerrilleros. El 25 de junio Antonio Alba Brito reportero de El Heraldo escribió: “El senador Rubén Figueroa Figueroa, vocal ejecutivo de la comisión del Balsas, indicó que Cabañas, como su amigo Genaro Vázquez, encabeza un grupo que fue empujado a la clandestinidad por regímenes anteriores, y particularmente por gobiernos locales”.
“Lucio Cabañas es un problema que existe en Guerrero porque no se ha establecido un idioma común. No quiero que el gobierno de mi tierra hable el idioma de los inconformes de la sierra, pero quizá con un diálogo adecuado… Hay que encontrar los causales de la disidencia de Lucio y luego intentar otro procedimiento para persuadir de su error a esa gente armada de la sierra de Atoyac”, declaraba Figueroa a Ultimas Noticias el 12 de enero de 1974.
“Los ideales de grupos como el que comanda Lucio Cabañas en la sierra de Guerrero, coinciden en parte con la política revolucionaria institucional’, afirmó ayer el senador Rubén Figueroa, quien agregó que si llega a ocupar la primera magistratura de su entidad, invitará al diálogo ‘a los rebeldes discípulos de mi amigo Genaro Vázquez Rojas… emplearé la persuasión en lugar de la persecución: no para vencer, sino para convencer a Lucio Cabañas”, se publicaba en El Heraldo, el 3 de mayo de 1974.
El encuentro entre Figueroa y Cabañas, tuvo como antecedente una intensa relación epistolar que se llevó a cabo por medio del profesor Inocencio Castro Arteaga y Luis Cabañas Ocampo tío de Lucio. Ellos fueron los enlaces entre la guerrilla y el senador por Guerrero.
De hecho Rubén Figueroa hizo numerosos esfuerzos para entrevistarse con Lucio Cabañas, el primero fue buscar a Inocencio Castro Arteaga a quien le pidió que sirviera de enlace con la guerrilla, porque quería hablar con Lucio para que dejara las armas y se incorporara a la lucha política legal en aras de la paz social en el estado. Castro Arteaga tal vez accedió a servir de intermediario pensando en la paz de la región y por eso subió a algunos pueblos de la sierra y escaló montañas buscando el campamento para establecer contacto con Lucio para informarle de las intenciones de Figueroa. Lucio e Inocencio eran amigos desde que formaron parte del comité cívico de la escuela Normal de Ayotzinapa.
También sacó de la cárcel a Luis Cabañas Ocampo quien estaba prisionero en Campo Militar Número Uno y lo comisionó para que buscara a Lucio y lo convenciera de la entrevista.
Años después el ya gobernador de Guerrero Figueroa relataría a Luis Suárez que “un par de años antes de lo ocurrido yo escribí una carta a Lucio Cabañas... y me valí de un profesor conocido, con quien yo tenía trato cordial, el profesor Inocencio Castro. Y por su conducto envié la carta a Lucio, donde le decía que igual que lo intenté con Genaro Vázquez Rojas, que si era mi amigo, me ponía a sus órdenes por si quería un diálogo relativo a su inquietud y a las de sus seguidores [...] Me contestó de palabra, por el mismo conducto de Inocencio, que no quería diálogo con un gobierno encabezado por Luis Echeverría, poniendo calificativos que no le corresponden. Fue en forma despectiva e hiriente así acabó con el primer contacto”.
Fue en la reunión de noviembre de 1972, cuando representantes de varios grupos armados subieron al campamento “El Venado” ubicado en el Cerro del Zanate donde llegó Inocencio Castro Arteaga, como representante del Movimiento Revolucionario del Magisterio, con una carta de Rubén Figueroa dirigida a Lucio Cabañas en la cual planteaba la posibilidad de una entrevista, la propuesta  fue rechazada contundentemente. Porque “en esos momentos no había interés alguno de un acercamiento con una persona non grata. A pesar de la negativa de los brigadistas, el senador no desistió en llevar a cabo su propósito, para esto se hizo valer de la relación que tenía con, nada menos, dos familiares de Lucio Cabañas. Luis y Pascual Cabañas, ambos tíos del guerrillero, quienes estaban dispuestos en servir como correos entre ambos personajes”, relata Eneida Martínez en su tesis, Los alzados del monte. Historia de la guerrilla de Lucio Cabañas.
 Incluso la misma Margarita Cabañas intervino para que la entrevista se llevara a cabo, dice Pedro Martínez Gómez.
Una de las misivas que Rubén Figueroa mandó a la Brigada –a través de Luis Cabañas– fue durante el periodo que Carmelo Cortés Castro estaba a la cabeza de la dirigencia, pues Lucio estaba en ciudad de México. La visita del mensajero a la sierra, provocó disgusto entre los miembros, principalmente de la dirección, porque veían el peligro de recibir a  una persona, nada menos, al servicio del mayor cacique de la entidad. Por otro parte, Luis Cabañas llegó con la misma familiaridad, con la que siempre llegaba cuando estuvo su sobrino, pero éste no fue bien recibido
De acuerdo al testimonio de Pedro Martínez, entrevistado por Eneida, ese día no tuvo  éxito Luis, porque cuando estaba Lucio platicaban ampliamente y esa vez tajantemente se le dijo que con Figueroa no se quería ningún vínculo y además se le dijo a Luis Cabañas que ya no volviera.  Se le dio a entender que si seguía yendo con esas propuestas podría tener problemas. Se dice que ese día Luis estuvo a punto de ser ajusticiado por la guerrilla que le tenía desconfianza por el peligro de que guiara a los agentes del gobierno hasta el campamento.
Aquí queda claro, que por parte de los brigadistas jamás hubo interés en tener un encuentro con Rubén Figueroa, pues el haber querido tratar con él para resolver los problemas que habían provocado el levantamiento armado significaba ir contra la lucha emprendida por el Partido de los Pobres. Además, la historia de los movimientos sociales les había enseñado a los guerrilleros que el tener trato con el poder político, casi siempre, significó la traición por parte de éste: “Lucio jamás iba a querer tratos de esa naturaleza (…) no había interés (…) precisamente porque teníamos conocimiento de la historia, ¿no?, Jaramillo, Zapata y todos los líderes, que cuando accedieron fueron traicionados (…) además que uno conocía ya históricamente el papel que habían jugado los Figueroa con Zapata (…) Y lo de Jaramillo con López Mateos quedó muy marcado y nadie iba a aceptar, yo siento que Lucio no iba a aceptar y no iba a entrar en ese tipo de negociaciones, porque además en la Brigada había mucho convencimiento de que eso no eran soluciones”, sigue Pedro Martínez.
Pero en marzo de 1974 Figueroa volvió a insistir por medio de recados verbales que enviaba por medio de Pascual y Luis Cabañas a quienes les había hecho regalos. Se habla de un Volkswagen a cada uno y la promesa de puestos cuando fuera gobernador, si lograban la entrevista. Por eso Pascual y Luis volvieron a solicitar en abril la entrevista.
Durante este periodo, llegó Luis Cabañas Ocampo, tío de Lucio hasta El Salto Chiquito, donde acampaba la guerrilla reiterando la propuesta. También fue rechazada. Luis regresó luego con otras cartas y finalmente la dirección del Partido de los Pobres, en la primera semana de abril, aceptó la entrevista. El 12 de abril los dirigentes guerrilleros enteraron al resto de los combatientes la existencia de un Plan Grande. “Sólo estábamos enterados: La Dirección, ‘Ricardo’ (a) ‘La Chichalaca’ y yo que éramos los que salíamos a dejar las cartas para Figueroa, y a veces hasta esperábamos la contestación”, escribe un guerrillero en “Diario de un combatiente II” en el libro Papeles de la sedición o la verdadera historia político militar del Partido de los Pobres, compilado por Francisco Fierro Loza.
Les informó que el “Plan grande” estaba en puerta sin decirles de que se trataba. Era una actividad que tal vez duraría de tres a seis meses, “incluso un año y exigía que los compañeros transitorios que por regla general permanecían en la guerrilla como mínimo 3 meses, dijeran que si iban a aguantar como los compañeros fijos”, dice la versión oficial de la guerrilla en el libro Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres. Una experiencia guerrillera.
Sobre el tema don Simón Hipólito entrevistó a un guerrillero cercano a Lucio que dice: “A principios de mayo de 1974 volvió a insistir Figueroa en la entrevista, Pascual, Luis y un profesor enviados por el candidato del PRI llevaron la comisión al campamento. Entonces, por medio de un contacto quedamos de notificarle la resolución de la brigada… Nosotros vimos que a fines de mayo era el tiempo ideal, ya que llega el tiempo de las aguas, reverdece la vegetación, los ríos crecen y las nubes permanecen casi todos los días en los cerros, con lo que es más fácil encender la lumbre para preparar alimentos, ya que el humo se confunde con ellas… Con la vegetación reverdecida podíamos desplazarnos hasta en las narices de los guachos”.
Figueroa diría a Luis Suárez que después de una entrevista al periódico Excélsior donde expresaba su disposición al diálogo con la guerrilla, recibió una carta de Lucio manuscrita donde le decía que él era el candidato más viable para Guerrero y que lo invitaba a platicar.
Lucio le envió el 20 de abril de 1974, una carta a Luis Cabañas Ocampo en la que le dice “Como te habrás dado cuenta, no queríamos entrevista con nadie del gobierno, pero ahora te aviso que decidimos entrevistarnos con Figueroa para ver si durante su gubernatura en Guerrero, podemos lograr algunas ventajas para la población civil”.
En otra carta del 9 de mayo, Lucio Cabañas Barrientos le dice al senador Rubén Figueroa Figueroa: “Recibimos la copia de la contestación que nos dirigió usted, indicándonos la posibilidad de entrevistarnos con su persona y que el señor Inocencio Castro es de confianza para el gobierno como contacto”. En ese mismo texto da las cinco condiciones.
La entrevista se realizaría el 25 de mayo. “Las fuerzas armadas del gobierno deben retirarse ocho días antes de la entrevista y regresar ocho días después cuando menos. Deben retirar al ejército, la policía judicial y el servicio secreto. La policía municipal deberá acuartelarse el su respectiva cabecera durante el retiro en los cuatro municipios que son San Jerónimo, Tecpan, Atoyac y Coyuca de Benítez”.
“Debe usted venir en camioneta o coche, de contraseña traerá dos moños rojos de trapo; uno colocado sobre la caseta y el otro sobre la parte delantera o cofre; en caso de ser rojo el vehículo, los moños deben ser color blanco”. La cita era a las ocho de la mañana en la Y Griega de Atoyac, podía llevar hasta cuatro personas con él, entre ellos alguien que pudiera tomar nota en taquigrafía de las discusiones y acuerdos. Firman por la Brigada, Lucio Cabañas Barrientos, Agustín Álvarez Ríos, Isidro Castro Fuentes, Enrique Velásquez Fierro y José Luis Orbe Diego.
“Le dije al señor general Cuenca, Secretario de la Defensa, sobre la condición de retirar las fuerzas. El general me dijo: ‘¿Cómo le va hacer caso a un bandido? El Ejército Nacional no puede estar sujeto a los requerimientos de un hombre que está fuera de la ley, de un forajido?’ El general Cuenca fue inflexible en no acceder. Me dijo que yo iba a tratar con bandidos y que por eso tendría un saldo negativo. No me quedaba, pues más remedio que renunciar, pues no se cumplirían la exigencias de Lucio”, dice Figueroa en la entrevista con Luis Suárez publicada en el libro Lucio Cabañas. El guerrillero sin esperanza.
Figueroa contestó por medio de Inocencio y de Luis Cabañas que había fracasado en su gestión para el retiro de las tropas. Pero la respuesta de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento fue posponer la entrevista para el 30 de mayo.

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