domingo, 9 de diciembre de 2018

La danza del Cortés II


Víctor Cardona Galindo
Don Arcadio Martínez Javier, uno de los padres de familia fallecidos en la masacre del 18 de mayo de 1967, es recordado como un excelente toreador y hombre hábil en el manejo del machete en la danza de El Cortés.
Mariano Arroyo Vázquez lleva más de 50 años
representando la Danza del Cortés.

Otro de los caídos esa fecha que era bueno para torear al Cortés fue Prisciliano Téllez Castro, más conocido por Piche, hombre de gran valor, honrado y trabajador: “Cuando un Año Nuevo u otro festejo el Cortés hacía acto de presencia, Piche pedía prestada una cuchilla y un zarape a los toreadores y enfrentaba por gusto al enmascarado, éste trataba una y otra vez de aporrearlo con una y otra mano pero no lograba tocarlo siquiera en medio del griterío de la gente. Al final Piche solía darle uno o dos golpecitos en las pantorrillas del Cortés como diciendo ¡Te gano! Y regresaba cuchilla y zarape que le habían prestado”--Dice su hermano Cristino Téllez.
Como dije antes, son pocos los virtuosos a los que no llega a tocar el Cortés. El secreto consiste en torear con la cuchilla siempre en alto, viendo fijamente la espada del Cortés y sus movimientos.
El cronista atoyaquense Eduardo Parra cuenta que en el siglo XIX fue famoso un maestro llamado Tadeo Gómez quien en su juventud representaba al Cortés, quien “apaleaba a cuantos se le acercaban, excepto a dos señores, Bonifacio Fiel y Leonardo Barrientos, cuyos cuerpos eran intocables para las cuchilladas de don Tadeo Gómez, porque sus cuchillas se deshacían de tantos golpes”.
En la comunidad del Ticuí Santos Martínez Guillén es el heredero de la tradición de la danza del Cortés. Tiene más de 60 años bailando y asegura que en el siglo antepasado “la danza fue traída al municipio de Atoyac de Álvarez por los señores Gervasio, Fortino, Agustín, Abrahán, Pedro y Juan  Martínez, Fernando Zamora, Nicolás Fierro y Tiburcio Rebolledo”. Ellos a su vez heredaron el amor por la danza a sus hijos. Por eso Santos Martínez aprendió a bailar a los 13 años de edad, enseñado por su padre Bulfrano Martínez.
Santos Martínez dice que “el total de los integrantes de esta danza son doce, incluyendo al Cortés que es el único que baila, los demás nada más dan vueltas en el centro de la pista, hasta que el Cortés termina de bailar, para que después entren los demás integrantes a torearlo”.
Rafael Arzeta Cervantes escribió que “cuando torean, el Cortés tiene que darles tres golpes con la cuchilla al toreador en turno, uno en la pierna izquierda, otro en la derecha y el último en la cadera”.
En 1953, los señores J. Merced Benítez y Bonifacio Acosta sacaban sendas danzas en las calles de Atoyac. Ahora en San Juan de las Flores personifica el Cortés, José Serafín Vázquez. En el Rincón de las Parotas, Mariano Arroyo Vázquez; en el Ticuí como dije antes, Santos Martínez Guillén y en la Colonia Juan Álvarez, Demetrio Vargas Martínez; todos tienen más de 60 años. Por lo que se corre el peligro de que la danza desaparezca.
La elaboración de la indumentaria para la danza también tiene su ritual. Las cuchillas se elaboran de árboles que son especiales para eso, como el algodoncillo y el teteperro. La yegua puede ser de tamarindo, de cacahuananche o de cucharo, con el aro de bejuco de Cortés, una planta trepadora también conocida como peineta.
Don Florentino Castillo Martínez es quien ha elaborado desde hace muchos años las máscaras de la danza del Cortés y del Macho, hace también el tambor de Parota. Llegó a montar un tiempo la danza del tigre de la cual también elaboraba las máscaras. Dice que las máscaras del Cortés se hacen de madera de bandejo o de cucharo. Para él la danza del Cortés es la más chingona para el disfrute del público, recuerda que él aprendió todo lo relacionado con la danza en la comunidad de Los Tres Pasos, donde la sacaban don Amado Morales y Emilio Hernández.
Mariano Arroyo Vázquez nos comentó que en los años sesenta del siglo pasado era don Lucio Castillo Hernández quien personificaba el Cortés en el Rincón de la Parotas, pero como ya estaba grande le pidió que él se quedara con el papel el 12 de diciembre de 1960 y desde entonces la baila.
En el Rincón de las Parotas, Galdino Reynada Barrientos hace toda la indumentaria desde la yegua, el tambor y las máscaras.
Mariano explicó que la máscara que porta en la danza la hizo Jesús Fierro Valadéz hace 50 años de un árbol conocido como Jiote, terminándola de hacer se la entregó y él la hirvió en el Nijayote del Nixcome, para que no se rompiera con el uso, luego le dibujó las facciones y le ha durado los cincuenta años que lleva personificando al Cortés.
Ellos hacen el tambor de Parota con cuero de venado o de jabalí. Cuando el cuero es de Jabalí el sonido es más fino.
Demetrio Vargas Martínez tiene 60 años, dice que después de marcar la raya los toreadores deben de entrar a la izquierda, sólo se tiran tres golpes que tienen que estar dirigidos a los costados y a las piernas. Está prohibido tirarles a la cabeza, el golpe debe de “ser de fajo está prohibido tirar de filo o de punta”.
Don Feliciano Martínez, era cajero, y antes de morir tenía la preocupación de saber a quién heredarle el tambor. Le preocupaba que quien lo heredara no supiera dar los tonos del Cortés, al final tomó una buena decisión y la danza siguió.
Hay muchos improvisados que se aventuran a tocar el tambor, pero no saben dar el tono.
Por eso a los viejos que personifican el Cortés, y que lo han hecho por más de medio siglo, les inquieta saber  a quien le van a dejar la yegua, tiene que ser alguien que sepa bailar. “Los cajeros” tienen que buscar un heredero que siga la tradición y quién hará las máscaras al morir Galdino y don Florentino, porque la que usaba Demetrio después de 40 años se rompió y habrá que hacer otra, con las facciones del Cortés y con las barbas de cuero de venado.
El toreador y cajero Eusebio Martínez Ochoa comenta: “el que sabe bailar la danza del Cortés da un buen espectáculo” y dice que la danza es ancestral, arraigada por lo bravío de la zona ya que a principios del siglo pasado eran comunes los duelos a machete, los hombres vestían con gabán al hombro y abajo el machete, dispuestos a batirse con quien les diera el gusto.
Para confirmar lo anterior basta con dar un vistazo a los periódicos oficiales que se publicaron entre 1901 y 1910, en donde informan que en diferentes caminos del municipio de Atoyac, los hombres se batían a duelo a machete limpio con trágicas consecuencias.
Muchas veces la esquina que conforman las calles Guadalupe Victoria y Agustín Ramírez, de la ciudad de Atoyac fueron testigos de la confrontación a machete limpio de dos contrarios que de esa manera arreglaron sus diferencias.
En este contexto torear el Cortés ha sido como practicar defensa personal o darse el gusto de pelear a machetazos, sin riesgo de ser herido por las cuchillas de palo.

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