viernes, 23 de junio de 2017

Cuentos verdaderos

Víctor Cardona Galindo
“La joven maestra Ana María caminaba inquietamente de un lado a otro en la sala de su casa, exasperada salió al patio y observó el cielo: la luna era una rayita curva, parecía una uña brillante acompañada por un prendedor; respiró profundamente, como queriendo darse valor, faltaba un día para que iniciaran las clases después de las vacaciones de diciembre y aún no había decidido qué hacer: había sido notificada”, así comienza el libro Cuentos verdaderos del maestro Gilberto Solano López que el viernes 9 de junio presentamos en Atoyac y el 10 en el campus de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) en San Jerónimo de Juárez.
El maestro Gilberto Solano López durante la presentación
 de su libro Cuentos verdaderos en Atoyac, acompañado
del dirigente de la CETEG en este lugar Faustino Rebolledo. 
Foto: Víctor Cardona Galindo.

En el evento de Atoyac estuvieron presentes maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) encabezados por su dirigente Faustino Rebolledo y líderes sociales como Wilibaldo Rojas Arellano y Fortunato Hernández Carbajal. En San Jerónimo nos recibió el profesor Luis Rosas Gutiérrez coordinador del sub centro UPN San Jerónimo, el maestro Miguel Emigdio Santos Silva docente de la UPN y director de la escuela preparatoria número 23.
Cuentos verdaderos es un libro dedicado a la lucha magisterial y en contra de la mal llamada reforma educativa. El maestro Gilberto Solano López se jubiló hace dos años, es egresado de la Escuela Normal Rural Lázaro Cárdenas del Río ubicada en la comunidad de Tenería Estado de México, ha militado en las filas del magisterio democrático aun antes del nacimiento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), por eso en este texto se encuentran historias reales aunque con un poquito de ficción.
El primer texto se llama “La maestra notificada”. Aquí el maestro Solano describe todas las situaciones que se viven en un primer día de clases, la emoción, la energía de los niños y el amor que tienen a sus maestros, incluso las carencias que se viven en las escuelas y los lazos de amistad entre los mismos maestros. Un contexto que el gobierno busca reducir a un simple examen de evaluación.
Por eso la maestra Ana María después de sentir el cariño de sus alumnos decide entrar en rebeldía, no presentarse al examen de evaluación y participar en la lucha magisterial. Dice el maestro Solano que aquí quiso “abordar la psicosis en que se encuentran los maestros jóvenes que nos saben que hacer, algunos deciden hacer la evaluación, aunque en Guerrero la mayoría se fue a la lucha. En lugares como Chihuahua y Sonora siguen notificando y quien no se presenta lo dan de baja. Únicamente en Guerrero, Oaxaca y Michoacán por la lucha que se dio el examen se dejó como voluntario, solamente se envía una ‘invitación’ a la evaluación”. Aunque consideró que después del 2018 se volverá a reactivar por eso la lucha debe continuar.
Cuentos verdaderos es un libro lleno de emociones y sorpresas. En el relato “Camaradas por siempre” el maestro Gilberto Solano trae al presente a Misael Núñez Acosta fundador de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) a quien reúne, en la misma época de lucha, con otros luchadores históricos Arturo Nava Torres, Nélida de Marcos Prudente y Antonio Vivar Díaz, todos ellos ya fallecidos pero que dejaron una huella imborrable en el movimiento magisterial y en la lucha popular.
Para la memoria del movimiento es necesario recordar que la tarde del 30 de enero de 1981, alrededor de la siete de la noche, cuatro disparos acabaron con la vida del profesor Misael Núñez Acosta. Fue herido por la espalda, cayó sobre la banqueta, a unos metros de la escuela primaria Héroes de Churubusco. “Quienes lo mataron no imaginaron que con su desaparición física se convertiría en uno de los símbolos más representativos del movimiento magisterial democrático de finales del siglo xx, que a 36 años de distancia aún sigue vigente”, comenta Laura Poy Solano en su texto “Misael Núñez Acosta un símbolo de la lucha magisterial”.
Al ser asesinado, Misael tenía 31 años de edad, era padre de tres hijos, maestro normalista y líder social, había acumulado en su corta existencia una larga lista de luchas por la defensa de obreros, colonos y maestros. Creció en la pobreza fue hijo de campesinos de la huasteca hidalguense y de religión protestante.
Su asesinato se debió a su activismo como líder del Consejo Central de Lucha (CCL) del Valle de México, corriente alterna y democrática del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) de la sección 36. Siempre se señaló como autora intelectual a Elba Esther Gordillo en ese tiempo líder charra de la sección.
Misael Núñez Acosta nació el 1° de agosto de 1949 en Tenango, municipio de Chapulhuacán, Hidalgo. Estudió la carrera de profesor de Educación Primaria en la Escuela Normal Rural Luis Villarreal del Mexe, Hidalgo. En noviembre de 1972 llegó al Valle de México, para trabajar en Xalostoc, Ecatepec, Estado de México, y tiempo después fue director de la escuela primaria Héroes de Churubusco, situada en Santa María Tulpetlac. También creó una escuela para alfabetizar adultos. En ese municipio fundó escuelas en las colonias de Texalpa y Tecuexcómac. Asesoró a los obreros que trabajaban en las fábricas de General Electric, Kelvinator y Hornos de México.
Un año después los asesinos materiales fueron detenidos. Rufino Vences Peña, Joel Vences Hernández y Jorge Mejía Pizaña, declararon ante el Ministerio Público que cobraron 300 mil pesos, y que fueron contratados por Clemente Villegas Villegas, entonces secretario auxiliar del secretario general del SNTE, Ramón Martínez Martín. Por su participación en el homicidio un juez les dictó 30 años de prisión, pero a los seis meses se fugaron del penal de Barrientos en Tlanepantla Estado de México.
En noviembre de 2002, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) citó a Elba Esther Gordillo a declarar por el asesinato del profesor Misael Núñez Acosta, no hubo avances el caso quedó desechado. Al maestro Gilberto Solano le tocó convivir con Misael Núñez Acosta quien era muy joven y estaba estudiando sociología rural en la Universidad Autónoma Metropolitana.
Y el caso más reciente ocurrió en Tlapa. Antonio Vivar Díaz, un joven de 28 años cayó asesinado al pie de la imagen de la Virgen de Guadalupe, por una bala que le dio en el pecho, en la colonia Tepeyac. Ese día los pobladores de es­a ciudad mantenían retenidos a 30 elementos de la Policía Federal en pleno día de elecciones. Los hechos de ese 7 de junio de 2015 se dieron en un contexto de agitación. Había en Tlapa un movimiento muy importante en contra del proceso electoral, por eso el gobierno envió un fuerte dispositivo de policías federales a esa ciudad. Después de la detención de maestros disidentes, la gente retuvo 30 policías y los encerró en la capilla de la colonia Tepeyac. Al amparo de la noche llegaron más agentes federales para rescatar a sus compañeros a sangre y fuego. En el operativo murió Antonio Vivar Díaz, quien era un joven estudiante de origen tu’un savi activista del Movimiento Popular Guerrerense (MPG). Un tiro certero en el pecho, disparado por la policía federal, le perforó el pulmón, dejando viuda a Itzel, su esposa, y  huérfano a Galeano, su hijo de 8 meses.
Antonio Vivar Díaz participaba en las manifestaciones de la CETEG se hacía llamar Comandante 0, tocaba muy bien la guitarra y cantaba canciones de protesta. Por eso Gilberto Solano lo trae a “Camaradas por siempre” junto a Nélida de Marcos Prudente aquella dirigente magisterial que enfrentó a caciquismo magisterial en la primera década de éste siglo, quien fue regidora de educación del Ayuntamiento de Tlapa y luego murió de cáncer. También confluye Arturo Nava Torres que murió hace poco y a quien la CETEG le debe una reivindicación. Este es un texto donde trata el tema de la infiltración del Estado al movimiento magisterial, quien con argucias los apapacha, “nos hacen sentir que somos iguales, que somos parte del poder. Algunos se la creen. Los apapachan y les gusta ese confort, pero cuando salimos no somos nada”, comenta Solano.
El texto número tres “La última batalla de un maestro jubilado” es un homenaje al maestro Claudio Castillo Peña quien murió el 24 de febrero de 2015 a manos de la policía federal y describe todo lo que se vio. El maestro Claudio durante muchos años estuvo al frente de la camioneta blanca, no podía caminar y usaba muletas. Los federales lo agarraron por sorpresa y eso impidió que pudiera salir de esa trampa.
 “Desde el mediodía, en el Boulevard de las Naciones una marcha magisterial avanzó rumbo al Aeropuerto Internacional Acapulco. La encabezaba una camioneta blanca en la que, con su legendario bastón y el micrófono en la mano, el maestro Claudio, con una gran convicción, arengaba e invitaba al pueblo a unirse a la acción de la protesta. A pesar de estar jubilado nunca faltaba a las manifestaciones, pues sentía en su corazón la necesidad de apoyar, de estar junto a los jóvenes docentes que resistían heroicamente las agresiones del gobierno.
La demanda principal: derogar la ‘Reforma educativa’ y salvaguardar el derecho al trabajo y de los maestros. Muchos, miles de profesores y profesoras, jóvenes y viejos, padres de familia y alumnos, marchaban protestando y gritando consignas, como queriendo convencer de los justo de su demanda a los oídos sordos de los funcionarios del gobierno.
Cuando el sol empezó a desaparecer entre los cerros, los docentes aún permanecían cercanos al aeropuerto. Miles de policías federales armados con escudos, cascos, rodilleras, pecheras, coderas, toletes y armas de fuego formaron una valla para contener el paso de los manifestantes. Hasta ahí llegó su marcha”.
“Frente a los antimotines, para tratar de contenerlos y evitar provocaciones, el movimiento acordó que se formaran tres filas; todas ellas eran de mujeres, la mayoría, maestras.
Los maestros se ubicaron en otros lugares y ‘el grupo de avanzada’, que era el encargado de proteger al movimiento, se sentó confiado en las banquetas, esperando información de sus representantes. Todo parecía normal, algunas maestras como para distraerse piropeaban a los federales, otras, con largas explicaciones trataban de convencerlos de los justo y correcto de la lucha, mientras que la mayoría gritaba consignas con pasión.
Inesperadamente irrumpió un autobús frente a las maestras. Una voz se escuchó gritar: -son compañeros. –Pero aquel no se detuvo y siguió avanzando hacia la valla. Ante el peligro de ser arrolladas, las mujeres corrieron aterrorizadas hacia los lados; el camión de pasajeros se precipitó contra los antimotines, se paró en seco, sólo tocando levemente sus escudos y de inmediato dio reversa. Las maestras quedaron atrás, ante el riesgo de ser atropelladas, por instinto de conservación, se aventaron fuera del alcance.
Al unísono, como parte de un perverso plan, las lámparas del alumbrado público se apagaron y reinó la oscuridad amenazante. Como a una señal, los antimotines se lanzaron tirando implacable y cobardemente macanazos, escudazos, patadas y todo tipo de golpes, contra la multitud despavorida y desorientada que no sabía hacia dónde dirigirse”.
Cerca del fatídico autobús se encontraba la camioneta blanca, y dentro de ella el maestro Claudio Castillo Peña, con su bastón aun lado, valiéndose del micrófono exhortaba a los antimotines para que no se mancharan las manos de sangre. Y les explicaba: -Ustedes también son pueblo, ustedes llevan a sus hijos a nuestras escuelas, por ellos, respeten, respeten… -Fue en vano; el automóvil blanco como el color de las paloma o las banderas que anuncian la paz, fue atacado por los federales, hombres y mujeres dirigidos por su comandante.
Agredieron al maestro, lo sacaron con violencia y ya fuera del carro lo golpearon con saña hasta que su cuerpo no resistió y le sobrevino la muerte”.
El último texto se llama “La fuerza de la juventud”, es una crítica al neoliberalismo, se hace hincapié en la incapacidad que tiene el capitalismo de darle trabajo a todos los profesionistas que salen de la universidad a pesar de ser excelentes. Durante el discurrir del libro se repite mucho el número 43. Dice el maestro Gilberto Solano que es porque los muchachos no aparecen. “Seguimos como los padres con la esperanza que aparezcan los 43 estudiantes desaparecidos de la normal de Ayotzinapa”.
 






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