domingo, 2 de julio de 2017

La Guaca I


Víctor Cardona Galindo
Salomón García Jiménez en su libro Jerga y modismos de Guerrero México, define el termino Guaca como relajo, burla. Para nosotros los costeños la guaca es cotidiana, es una forma de llevarse la vida de manera divertida. Por eso la guaca es una broma, es una mentira, un cuento o cualquier anécdota divertida.
El hombre del costal. Se llama Bernabé
 Gervasio y camina por las calles de
 Atoyac ya está viejo, algunos le llaman 
Karma otros El Caminante. Cuando 
éramos niños nos decían que era un 
robachicos y nos asustaban con que 
nos iba a llevar en su costal, solamente 
el tiempo nos enseñó que era inofensivo. 
Foto Víctor Cardona Galindo

Canuto Nogueda Radilla además de ser El rey del amparo, era también El rey de la guaca, eso salió a la luz pública cuando dijo que Lucio Cabañas Barrientos le pidió 300 pesos como cooperación para sacar a Genaro Vázquez de la cárcel, “como pensé que iba a contratar un abogado se los di, nunca pensé que lo sacara a balazos”, comentó a la prensa aquella vez. Es obvio que Lucio nada tuvo que ver con el rescate de Genaro.
Enrique Galeana Laurel, El Indio camaronero, escribió el libro Atoyacadas, donde narra las guacas de Carmelo Ríos, de Carlos Morlet, de El Chulo y muchos otros atoyaquenses que tienen la fama de guaqueros.
Por otro lado Oscar Blanco inventó una tecnología para que los papayos parieran casi al nacer. Pero al crecer las papayas arrancaban las plantas y se le murió todo el papayal. Luego aprendió, y comenzó arrancándoles la primeras papayitas que iban brotando. Solamente así su tecnología fue exitosa.
Rómulo Ocampo Juárez está promoviendo la formación de otro país, México del Sur cuya capital sería San Juan de las Flores. Tendría su propio himno y una moneda con águila por los dos lados, para cuando nos echemos un volado ganemos todos.

Gumersindo Suástegui “Gume”

Era un adolescente cuando se fue a la revolución, en uno de los combates recibió un balazo en la clavícula que le salió por la espalda. Luego en una batalla de Coyuca de Benítez estuvo escondido en un horno con El Carnecuche tomando un tequila, salieron a festejar ya cuando sus compañeros habían ganado la batalla. Aunque en otras ocasiones salieron corriendo a toda velocidad hacia el monte cuando habían perdido. Muchas veces fue el encargado de llevar la comida, de donde estaban las mujeres echando tortillas hasta las trincheras, sentía la lluvia de balas.
Cuando terminó la revolución a Gume le tocaron unas tierras en el repartimiento que hizo el gobierno. Decidió hacerse ganadero, y compró unos picheles, le decía la gente: Bueno Gume para que quieres picheles. Él contestaba para mis vacas pero si tú no tienes vacas pero las voy a tener argumentaba.
Después que compró las reatas y se iba todas las tardes, a gritar al potrero, ¡acas!, ¡acas! ¡acas hijas de la chingada¡ Después de gritar un buen rato, regresaba a su casa atravesando el barrio con las reatas y los picheles en el hombro.
A Gume le dio también por sembrar palmas de coco, desde oscura la mañana acarreaba agua en palancas para regar una a una las palmeras, hasta que crecieron y dieron frutos. Para ese tiempo ya tenía sus vacas y ordeñaba. Fue en el tiempo de bonanza de la copra. Se convirtió en un hombre rico, fue el primero en tener un carro en el pueblo, con el que sacaba el coco e iba a ordeñar y movía sus vacas. Pero siendo rico comenzó a beber con frecuencia. Las mujeres que lo conocían estaban pendientes a donde iba al baño don Gume Suástegui, porque se limpiaba con puros billetes.

Toño Peralta

Mi compadre Antonio Peralta es un campesino y cazador nato. Le han pasado muchas cosas y las cuenta cada que tiene oportunidad. Vamos a escucharlo.
Compadre un día me llegó una invitación para la boda de mi sobrino en la tierra caliente de Michoacán. Pensé en irme en camión de Chilpancingo a la Tierra Caliente, o de Zihuatanejo al pueblo de mis mayores, sin embargo para ahorrarme el dinero y porque no me gusta dar vuelta, decidí que me iría en mi cuaco, atravesando la sierra. Le dije a mi vieja que me diera las espuelas de plata que tengo para la ocasión y monté el caballo. Me hice tres días atravesando el Filo Mayor, llegue hasta el río Balsas.
Pero como tenía que atravesar el río y estaba crecido, solté el caballo, para que pastara, me quedé con el freno en el hombro. Para descansar y luego buscar donde vadear el río, me senté en un tronco. Pero el tronco se movió y me di cuenta que era un enorme cocodrilo que caminaba hacia el río. Como no me había quitado las espuelas, apreté al cocodrilo con las espuelas de plata y al abrir el hocico le metí los frenos del caballo, el cocodrilo se quiso resistir pero con todas mis fuerzas lo sometí. ¡No hombre compadre!, montado en él me pasé el río. Llegué a la boda de mi sobrino montado en el cocodrilo y la gente me admiraba. Lo dejé amarrado debajo de un cirían, le dije -ahí te quedas hijuelachingada para que me pases de regreso, es que el río estaba muy crecido compadre. La gente que me vio llegar montado en el cocodrilo se tomaba fotos conmigo, ya ni pelaron a los novios. Era tan grande la novedad que salí retratado en National Geographic.

***

Compadre, un día de estos te voy a invitar a San Francisco del tibor, para que comas camarones. ¡No hombre compadre! esos si son camarones. Una vez el toro suizo que me llevé pa’ semental, esa vez que vino el gobernador a entregarlos, se arrimó al arroyo a beber agua, un camarón lo agarró con las tenazas de las narices lo jaló y lo estaba ahogando, nomás bufaba el toro y no se podía soltar, ¿verdad vieja? Sí viejo, sí, contesta su mujer.
¡No hombre compadre! para quitárselo tuve que agarrar el mango del hacha, le di un garrotazo en la cabeza al camarón y se apendejó, lo saqué afuera del agua y ahí anduvo brincando, lo maté a garrotazos compadre. Mi mujer lo cocinó. Un solo camarón compadre, no cabía en el tambo del Nixcome y de la pura tenaza comimos tres días, y eso que somos siete de familia compadre. De la cola y la cabeza todavía tenemos carne. ¡No hombre compadre, eso sí son camarones!, no pendejadas.

***

Allá en la sierra, cerca de mi pueblo encuentras muchas cosas. Un día me bajé a cazar rumbo de La Remonta, había caminado un poquito, cuando veo un oso polar, compadre, ¡Un oso polar¡ Que le digo no chingue compadre y que andaba haciendo un oso polar por la Remonta. Eso mismo le preguntaba yo compadre, ¿qué andas haciendo papacito, que andas haciendo?, cuando le clavaba mi daga en el pecho. ¡No hombre compadre! lo pelé y ahora tengo el cuero de alfombra en mi cuarto. Cada vez que me levanto lo primero que piso es la piel del oso polar.

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El otro día andaba de cacería y acababa de tirar un balazo, ya sabe compadre que mi escopeta es cuaxtlera. Ya no tenía pólvora y cuando veo un venado de esos que parece que tienen ramas en la cabeza, ¡compadre!, no tenía con que tirarle que le tiro con la varilla y que le atravieso el pescuezo, cayó el venado, y lo arrastre al camino y ahí lo dejé, como la varilla le había atravesado el pescuezo no estaba, me regresé a buscar la varilla, la busqué ahí entre la maleza, debajo de un tronco secó, en eso sin querer que agarro un conejo de la orejas que me araño los brazos, así brincando, vivo lo metí a mi morral. No estaba ahí la varilla y vi la trayectoria que llevaba, ¡No hombre compadre!, había atravesado un palo seco que estaba chorreando de miel. Que agarro el bule y lo pongo a capear la miel, me saqué cuatro tambos de miel de ese único palo. Seguí buscando la varilla, había caído en un arroyo, la encontré, la jale, compadre traía una docena de camarones ensartados, dos truchas y una guevina. Tuve que echar varios viajes a la casa para llevar todo lo que agarre ese día de un solo varillazo.

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Fuimos con mi hijo a chaponar para hacer milpa. Cuando vemos una iguanota, que se metió en una cueva, le dije a mi hijo tráete el diésel, ahorita vamos a sacar esta hija de la chingada. Le rociamos de diésel la cueva, luego le aventé un cerillo y no prendió, y que le aviento el otro y nada. Le aviento el otro y nada. Le aviento el cuarto y me asomo. Bueno compadre la pinche iguana antes que cayera el cerillo le soplaba, fussss, fusss y lo apagaba. Por eso no prendía el diésel. Agarro el quinto y como no hay quinto malo, se lo aventé muy cerquita que no tuvo tiempo de apagarlo. ¡No hombre compadre! salió esa iguana prendida y corrió con las llamas por todo el corral, dio tantas vueltas que me quemó toditito el potrero. La seguimos y quería subirse a una palma, varias veces lo intentó pero no pudo, porque se resbalaba, a la pinche iguana ya se le habían quemado las uñas. La agarramos y la trajimos para la casa, del puro pescuezo le salieron cinco docenas de albóndigas. No te imaginas compadre la cantidad de carne que le salió del mazo de la cola. Todavía estoy comiendo carne iguana, compadre, la tengo congelada en el refri.

***

El otro día me bajé de San Francisco rumbo a La Remonta me colgué la cuaxtlera iba a ver si mataba un venado, cuando veo que por la carretera venía un león corriendo a toda velocidad. Compadre, le volaba la melena y digo ahorita me voy a chingar ese animal, que me bajo al camino y que me pongo en una curva a esperarlo, apuntando, venía tan recio ese animal que al salir de la curva me vio que lo tenía apuntado, iba a dispararle cuando vi que frenó, enterró las uñas en la tierra y se detuvo, pero venía tan recio ese animal que todo el cuero se le arremango para adelante, ya no hubo necesidad de dispararle porque él solito se ahorcó con el culo que le apretó el pescuezo. Ahora el cuero enterito sin ningún rasguño está de tapete, en el suelo, del lado de donde se baja mi mujer cuando se levanta de la cama.

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El Firulais es un perro que siempre me acompaña, cuando voy de cacería, ya ves compadre que mí me gusta cazar, íbamos caminando por el monte cuando el Firulais, encontró un armadillo, que lo sigue y el pinche armadillo que se encueva y el Firulais que lo sigue en la cueva nada más se oía el ladrido donde lo iba siguiendo. Yo escarbé con una barretilla pero no encontré ni a Firulais ni al armadillo. Nomás se oía el ladrido debajo de la tierra. Me cansé de escarbar y lo dejé. Me vine triste para la casa pues Firulais ya no volvió, se lo tragó la tierra junto con el armadillo.
Eso ya tenía tres meses compadre, pero el domingo mis hijos me dijeron —papá vamos a la playa, Les dije vamos que chingaos pues todavía andaba triste por lo del Firulais. Llegué a la Hacienda de Cabañas. Tendí una toalla en la playa y me acosté a tomar el sol. ¡No hombre compadre! cuando siento que se mueve la tierra, dije ¡hay madres un tsunami! Pero en eso veo que sale un armadillo de la arena y atrás iba el Firulais, y se fueron corriendo por toda la playa, yo creo que todavía va siguiendo al armadillo compadre.  Es bueno ese Firulais.

***

Me quedé sin rifle compadre y a su comadre, se le antojaron las palomas, fui de cacería pero sin rifle, me fui cerca de un ajonjolinal y me senté debajo de un palo donde se sentaban las palomas, y vi que en una laja había un charquito donde bajaban a tomar agua muchas palomas. Entonces se me ocurrió una idea. Le saqué el agua al charquito y en su lugar le puse el medio litro de mezcal que llevaba para curarme la cruda, ahí bajaban las palomas a tomar agua, pero como era mezcal se quedaban dormidas. Se emborrachaban las palomas compadre, y bien pedas yo las agarraba y las  amarraba de la silla de mi burro que había dejado suelto comiendo en la orilla del camino. Eran tantas las que llegaban que me envicié agarrando palomas y no me di cuenta que las que agarré primero ya se les había pasado la borrachera y que vuelan. Eran tantas compadre que al volar se elevaron con todo y burro, ahí se fue mi burro volando colgado de las palomas, quien sabe a dónde me lo irían a jondear.


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