viernes, 21 de diciembre de 2018

Historia del cuartel militar I


Víctor Cardona Galindo
 La historia del cuartel militar en Atoyac es la historia de la ocupación de pueblos, de casas particulares de escuelas y del curato de la iglesia. Pero también es la historia de la represión.
En la cima del Cerro El Calvario estuvo el cuartel de la federación, ahí  durante muchos años hubo un cañón que el pueblo conocía como El Niño. En sus Apuntes Patricio Pino y Solís en 1934 escribe que dicho cañón fue llevado, en cinco carretas, al Arenal del Paco, por el mayor Antonio Cárdenas López, jefe del tercer sector militar de Tecpan.
Casa del general Silvestre Mariscal en Atoyac, misma que en diferentes
momentos de la historia fue cuartel militar. Foto: Museo Casa de Carranza

El cronista de San Jerónimo don Luis Hernández Lluch también hablaba de ese cañón mismo que era disparado siempre que llegaba el general Silvestre Mariscal a la ciudad de Atoyac. Ahora esa pieza artillera se encuentra en la escuela Primaria Ignacio Manuel Altamirano, en el Arenal del Centro o de la Máquina, con una placa en donde está grabada la fecha: “Nov. 20 de 1947.”
Los militares siempre han estado presentes en la historia del municipio y han deambulado por toda la ciudad instalando en diferentes lugares el centro de su poder.
En 1911, cuando inició la revolución en la Costa Grande, el cuartel militar estaba en el Zócalo, en el  Ayuntamiento,  ahí fue atacado el ejército porfirista por el maderista Silvestre Mariscal y al derrotarlo lo expulsó del municipio.
Al llegar 1912, las fuerzas del mayor Perfecto Juárez y Reyes se instalaron en la Escuela oficial de Niños (Hoy Escuela Juan Álvarez) y en el Palacio Municipal. En enero de ese año el general Silvestre Mariscal acuarteló su tropa en su propia casa, en la calle Juan Álvarez Norte, en donde ahora está la tienda “Construrama”. Así estaban estacionadas las tropas maderistas cuando se enfrentaron entre sí, el 11 de enero de 1912, dejando un saldo sangriento en el centro de la ciudad.
Para 1923, los militares se establecieron en La Fábrica de Hilados y Tejidos “Progreso del Sur Ticuí”, pues estaban ligados directamente con la colonia española del puerto de Acapulco, dueños de esa factoría. En 1924 cuando estalló el movimiento agrarista se encontraban en el Palacio Municipal en el centro de la ciudad.
El 80 Batallón, al mando del general Adrián Castrejón, que en 1926 perseguía a los vidalistas, en combinación con las tropas de la coronela Amelia Robles se acantonaron en la casa del general Silvestre Mariscal.
Ese mismo año el 67° regimiento de caballería, al mando del coronel Jesús Merino Bejarano, instaló su cuartel en La Fábrica de Hilados y Tejidos de El Ticuí. Ese coronel murió en una balacera contra los vidalistas el 5 de febrero de 1927 en esta cabecera municipal. Su cadáver fue levantado y llevado a la fábrica donde fue sepultado en uno de sus salones.
En 1927 el cuartel fue instalado en El Calvario donde se dieron muchos combates con los vidalistas que defendían El Plan del Veladero, de esas hazañas se recuerdan a los revolucionarios Raymundo Barrientos, Felipe Reyes y Valentín Fierro que eran buenos para tirar y se tumbaban a los federales desde lejos.
El coronel Enrique Guzmán, quien luego fuera candidato a Presidente de la República,  tuvo su oficina en la casa del señor Eduardo Parra y la tropa se volvió a instalar en la Escuela Oficial de Niños. Este coronel que se portó arbitrario con la población amplió el cuartel, varios metros a la redonda, tomó el Zócalo, el Curato y la casa del coronel Alberto González, adonde ahora está la tienda de “El Buen Precio”.
En 1929 servía de campamento la casa del general Silvestre Mariscal, ahí, después, estuvo el hotel Herrera y ahora está la tienda de materiales que ya mencionamos; en ese lugar entregaron las armas Amadeo Vidales y Feliciano Radilla después de indultarse. Ese mismo año fue nombrado jefe del sector militar el coronel atoyaquense Alberto González, a quien le sirvió de cuartel su propia casa.
En la década de los cincuenta había partidas militares y pequeños campamentos en San Vicente de Benítez, en Cacalutla y Corral Falso.
En 1956 estando al frente de la administración municipal don Rosendo Radilla Pacheco, se construyeron  nuevas instalaciones castrenses en El Calvario, por eso durante ese año los soldados se ubicaron en donde se encuentra el salón de fiestas “El Paraíso Tropical”; ese destacamento militar estaba al mando del teniente José Calderón, a quien le rentaba la casa Pedro Galeana Peña. También durante  mucho tiempo estuvo un destacamento militar en la calle Aldama.
En 1972, cuando Lucio Cabañas les puso la primera emboscada, los soldados seguían en El Calvario y tenían destacamentos en el Instituto de Protección a la Infancia y en las instalaciones del Instituto Mexicano del Café. En 1973, ocuparon las instalaciones que están en la calle Prolongación Miguel Hidalgo, de la colonia Loma Bonita. La gente conoce ese lugar como “El Cuartel de la Mártires”, por estar ubicado a un lado de la colonia “Mártires del 30 de diciembre de 1960”.
Hasta 1994, a las seis de la mañana, se escuchaban los tambores a lo lejos, eran las dianas del 49 Batallón de Infantería, que despertaban a todos a la misma hora. Al Norte se escuchaban disparos a todas horas del día, era el campo de tiro donde la tropa hacía sus prácticas y en las instalaciones del cuartel había otro campo de tiro donde practicaban los oficiales. Ya todos estábamos acostumbrados a los sonidos de tambores y de disparos. Hasta que se fueron por un tiempo.   
Los tambores eran el despertador de la gente del pueblo, “levántate para que te vayas a la secundaria, ya están sonando los tambores”. “Ya iba llegando a la terminal cuando estaban los tambores”, eran comentarios que se escuchaban.
El sonido de tambores comenzaba temprano y duraba todo el día. La “diana”  a las 6 se escuchaba más fuerte por el silencio de la mañana;  a la 7 tocaban para llamar al desayuno. A las 8 otro toque para pase de lista. A las 9 de la mañana llamaban al personal que iba a Academia. A las 13 horas llamada a la tropa. A las 2 de la tarde toque de comida. A las 4 de la tarde daban orden del día y se daba otro toque para mandar a los arrestados. Y a las 21 horas se tocaba silencio y se apagaban las luces en el cuartel.
En 1994 los militares se fueron a Petatlán con sus dianas y toques y dejaron en manos del gobierno del estado “El cuartel de la Mártires”.
De ese viejo campo militar se cuentan muchas cosas: existe debajo de la explanada un sótano conectado por un túnel donde hay muchos cadáveres, que por las noches se escuchaban las máquinas trabajar donde enterraban a los muertos, de un pozo de agua adonde arrojaron muchos cadáveres, que enterraron cuerpos debajo de un puente, que a algunos presos les formaban el cuadro y los llevaban rumbo a La Pindecua donde eran fusilados. Esas y muchas más historias de muerte dicen que  ocurrieron en los tiempos de La Guerra Sucia.
Probado está que en los tiempos en que el poder militar estaba en su apogeo en Atoyac, fue un campo de concentración y que una o más de sus barracas sirvieron de salas de tortura. También hay certeza de que de esta explanada partieron helicópteros y camiones militares con cuerpos y prisioneros vivos rumbo a la desaparición.
De ese tiempo quedó la historia de don Isidoro Sánchez López “El Satélite” a quien los soldados por descuido arrojaron encostalado desde un helicóptero a la laguna. Cayó entre los lirios y no murió. Pidió auxilio y lo escuchó un campesino de Cacalutla que después de rescatarlo lo ocultó. Don Isidoro se quedó 7 años trabajando haciendo milpa cerca de la laguna escondiéndose de los militares. Hasta que Zohelio Jaimes lo rescató en 1981 y se lo llevó a trabajar a la Unión de Ejidos Alfredo V. Bonfil.
Don Isidoro fue activista de la Asociación Cívica de Guerrero. Era el encargado de citar a las reuniones por eso le pusieron El Satélite. Otros como guasa comentan que su sobrenombre de Satélite se debe a que cayó del cielo. Fue un distinguido luchador social, hombre muy serio y discreto por eso fue el enlace en la ciudad de la guerrilla de Lucio Cabañas y fue, también,  uno de los fundadores de la célula del Partido Comunista. “Los soldados lo detuvieron en 1974 y después de tenerlo preso en el cuartel, lo llevaban en un helicóptero a tirar al mar dentro de un costal, pero como los soldados estaban borrachos lo dejaron caer en la laguna de Mitla. Tuvo la gran suerte de que ese campesino llegara a desatar el costal”.
Con este testimonio se deduce que los helicópteros arrojaban bultos con cuerpos al mar. Mientras los camiones iban al cuartel de la Fuerza Aérea en Pie de la Cuesta donde había otro gran campo de concentración y también se practicaban los llamados “Vuelos de la Muerte”.
El “Cuartel de la Mártires” fue el lugar donde las madres, esposas y familiares de los detenidos por el Ejército en la década de los setentas llegaban hasta la pluma que está en la entrada y luego de preguntar por sus familiares un oficial les contestaba que ahí no era cárcel. Las viejas instalaciones traen los recuerdos de aquel tiempo cuando se movieron 7 batallones sobre la sierra apoyados con tanques de guerra, aviones y helicópteros como demostración de poder.
A los que cayeron prisioneros aquí a todos los acusaban de ser guerrilleros o “bastimenteros” de Lucio Cabañas y para sacarles información les daban toques eléctricos en los genitales y en los oídos. Les picaban con un cuchillo las partes nobles. Los mantenían boca abajo. Los bañaban con agua fría. Para dar testimonio de esto están todos los campesinos que cayeron presos en ese tiempo, el abogado Marcos Téllez y el líder de la Coalición de Ejidos Zohelio Jaimes Chávez.
El trato que daban a los prisioneros era incalificable, los golpeaban en el cuello, en el estómago y en las costillas. Les picaban las uñas con agujas. Todas las noches les aplicaban las mismas torturas. Cuando tenían sed les daban de tomar agua en un casco o les daban agua con jabón o de a tiro  del excusado. Algunos de los sobrevivientes a esta tortura lloran al recordarlo, otros quedaron con secuelas para siempre como es el caso de Alejandro Arroyo Cabañas y Enrique Chávez Fuentes.
Como responsables de esas torturas, la gente identifica a los capitanes Evencio Díaz Marroquín, otros de apellidos Barajas y Jacobo; así como a los tenientes Arturo Monroy Flores, Efrén y Abel Martínez todos del 32 Batallón de Infantería.
Les echaban cubetas de agua fría para que siempre tuvieran mojada la ropa, así los golpeaban y lo toques eléctricos eran más efectivos. A algunos vendados de los ojos, los colgaban de los testículos o de los dedos de los pies. Les llenaban el estómago de agua y se le subían encima o los metían de cabeza en un tambo de agua y los quemaban con cigarros. Esas torturas duraban 15 días.
Se dice que muchos no sobrevivieron cuando los aventaban de los helicópteros antes de aterrizar, los cuerpos rebotaban en el pavimento, ahí comenzaba la tortura cuando los traían por el aire. Esa fue la suerte de muchos que recogieron los helicópteros en las canchas de sus pueblos. Los sollozos en las barracas eran continuos, lloraban las mujeres, también los jóvenes y los hombres maduros, todos al sentirse abandonados, alejados del poder de Dios y en manos de estos hombres vestidos de verde.







martes, 18 de diciembre de 2018

La compañía minera Los Tres Brazos


Víctor Cardona Galindo
Las décadas de los cuarenta y cincuenta fue la época de oro del municipio de Atoyac. Los cafetaleros prendían su cigarro con un billete y viajaban en avionetas. Fue cuando se construyeron las grandes fortunas de algunas familias originarias de aquí. En ese tiempo muchos extranjeros vinieron en busca de riquezas, había españoles, árabes, alemanes, libaneses, chinos y sirios viviendo en esta tierra de oportunidades.
Don Luis Bello, un ex trabajador de la compañía minera
Los Tres Brazos. Foto: Víctor Cardona Galindo.

Los extranjeros en Atoyac se reunían en la farmacia “Germana”. En la casa de Manuel Radilla Mauleón y Sofía Ludwig Reynada improvisaban sus tertulias. La vivienda de los Radilla Ludwig era muy concurrida, era farmacia, restaurante y funeraria, ahí llegaron los primeros camiones de la Flecha Roja y la Estrella de Oro allá por 1953.
El árabe Gabriel Salum tenía una bonetería, de él descienden los dueños de la tienda café Wadi de Acapulco. Marcos Senado era sirio. Ferreira era un español que siempre andaba de pantalón negro y camisa caqui. Francisco Baumgartner y Luis Bremen, eran alemanes y se dedicaban a la agricultura.
También vivían en ese tiempo los árabes Gabriel y Regina Zahar, a quienes don Simón Hipólito considera como los primeros comerciantes en la rama del café, seguidos por los chinos Lorenzo Lugo y su esposa.  El matrimonio de árabes vendía chaquetas de mezclilla además de comprar café.  
El centro de la ciudad estaba lleno de negocios importantes destacaban: la farmacia “Centro” de don Chano Luna, la farmacia “Cruz Roja” de Carmelo García, la “Guadalupana” de Silvestre Hernández y la “Del Perpetuo Socorro” de Yolanda Ludwig.
Era importante el restaurante “Germano” donde estaba colgado un cuadro de Porfirio Díaz, frente a él comió Juan de la Cabada cuando vino a dar una conferencia. José Navarrete Nogueda construyó el primer edificio de dos pisos para su tienda comercial “La Competidora” en 1950 y ese año visitó la ciudad Miguel Alemán Valdés, segundo presidente de la república que venía por estos lares. En su tiempo vino Lázaro Cárdenas del Río.
En ese contexto de prosperidad se explotó al norte de la ciudad, cerca de donde está la presa derivadora “Juan Álvarez”, una mina llamada “Los Tres Brazos” cuyos vestigios van siendo borrados por el tiempo. De esa mina se extraía tungsteno un mineral que se usaba para hacer los filamentos de lámparas.
Se sabía que en la sierra había yacimientos importantes minerales que hacían muy rica la región. Se habla  de que a principios del siglo pasado el químico alemán originario de Hamburgo, Herman Wolff Ludwig explotó una mina de oro en Los Tres Pasos y muchos más lejos cerca del Filo Mayor están Las Fundiciones donde hay vestigios de que en ese lugar se explotó un mineral parecido al hierro, aunque no se tengan antecedentes de quien lo hizo.
Una vista de la calle principal de Atoyac a mediados del siglo pasado.
Foto: Cortesía de Omar Eugenio.

En el caso de La mina “Los Tres Brazos” fue explotada por capital español aunque tenía socios mexicanos, como la familia Larequi Radilla de Acapulco. Cerró en 1958 porque los inversionistas no quisieron dar prestaciones de ley a los trabajadores y al primer indicio de inconformidad se llevaron la maquinaria a la ciudad de México, poco a poco. “Lo que les costó más trabajo fue el compresor porque era lo más pesado” dicen testigos.
La historia comenzó el 10 de febrero de 1943 cuando se instaló la maquinaria bajo la dirección del  ingeniero José Suárez Fernández. Se le denominó Compañía Minera “Los Tres Brazos” porque así se le llamaba al paraje donde se ubicó, recordemos los tres brazos del río y el Arroyo los Tres Brazos que está arriba de la colonia El Chico.
Su gerente fue el hispano José Garmendia y hubo trabajadores de distintas partes del país, pero principalmente de los pueblos cercanos como El Ticuí y Corral Falso. Fueron mineros Norberto Quintero Meza, Luis Bello, José Castro Navarrete y Alberto Bello Hernández, quienes compartieron sus testimonios con nosotros.
En el tiempo que el español Miguel José Garmendia explotaba la mina “Los Tres Brazos”, la Fábrica de Hilados y Tejidos “Progreso del Sur Ticuí” era trabajada por el también ibérico Antonio Esparza. Al decaer la mina el terreno donde se localizaba pasó a ser propiedad de Miguel de León Loranca, quien se lo vendió a Sergio Tabares; éste a Antonio Rosas y Toño Rosas al Ejército, por lo que el predio donde estaba la mina ahora es propiedad de la 27 zona militar.
Norberto Quintero Meza recuerda que la mina era un túnel recto, con tres ramales. Las tolvas estaban al pie del río y prendían con diesel los calderos.
Luis Bello trabajó en la mina en el año 1957, en el primer turno, secando los metales. Su jefe era el ingeniero Ricardo Cero Cero, nos platicó que la piedra de tungsteno salía del túnel por una vía de tren; la vaciaban al molino que la quebraba hasta hacerla polvo y luego se iba por una “canoíta” que funcionaba a base de aire, diesel y agua. Una vez quemado el hierro y el cobre, sólo quedaba el tungsteno. Sacaban 110 kilos por turno, era muy pesado, “una lata de 20 kilos no la podían levantar”.
“Convenía trabajar en la mina, porque cuando en la fábrica de hilados les pagaban a los obreros siete pesos al día, en la mina les daban a los mineros ocho pesos y además les proveían de una comida”.
Don Luis entraba a las cinco de la mañana y salía a la una de la tarde. Salía de su casa a las cuatro de la mañana y cuando iba llegando a la mina se veían las luces de las linternas de los trabajadores del tercer turno que salían del pozo.  A las 9 de la mañana pitaba el silbato para almorzar, doña Daría Pinzón los atendía muy bien en su fonda.
Había dos comedores uno de obreros y otro de los empleados del más alto rango. Feliciana Flores Navarrete era la encargada del comedor de los empleados y las encargadas del comedor de los obreros eran: Daría Pinzón, Isabel y Tayde Hernández.
José Castro Navarrete contaba con 21 años de edad cuando entró a trabajar, fue almacenista, tenía bajo su responsabilidad los fierros, las pistolas, la pólvora, los barrenos; los víveres como: papas, cebollas y huevos.
José llevaba la contabilidad de los obreros para pasar la lista a don Antonio Ramos que era el pagador. Cuando se iba Garmendia quedaba al frente de la industria el ingeniero minero Joaquín Bernal. Eran como 100 trabajadores en tres turnos, vinieron muchos de fuera había de Guadalajara y Puebla. Eran como 32 empleados por turno.
El tungsteno apestaba como pólvora. Después de quemarlo quedaba una cosa como el cemento, volátil, por eso Jesús Ramos de Corral Falso se infectó de los pulmones. El producto lo transportaban hasta el puerto de Acapulco, llevaban al Malecón 12 botes cada 3 meses, donde se embarcaba “el polvito” y se lo llevaban hasta Inglaterra.
A los trabajadores les pagaban según la producción. A los del pozo les pagaban el metro a un peso con 20 centavos, en un día se hacían hasta 25 metros; cada minero por turno cobraría alrededor de 30 pesos a la semana. En el pozo había 16 mineros, más lo sacadores. Casi todos trabajaban dos turnos, los perforistas se echaban un turno a las cuatro de la tarde y otro como a la una o dos de la mañana.
Cuando detonaban la dinamita dentro del túnel se cimbraba el cerro, el mineral lo sacaban con malacates. Los carros salían de la mina por rieles y descargaban en la tolva y de la tolva el mineral iba al molino. El molino hacía polvo la piedra que venía por manguera a las mesas donde salía el polvo blanco que pasaba a las secadoras y de ahí se envasaba.
La mina paró sus labores en 1958 porque Luis y Genaro Ávila Juárez querían formar un sindicato. Por eso el español José Garmendia se llevó la maquinaria y cerró. Aunque la versión de don José Castro es que la mina cerró por falta de mercado. Como 15 años después volvieron hacer limpieza pero no se concretó su reapertura.
Por su parte Alberto Bello Hernández tenía 25 años cuando entró a trabajar a la mina en 1956. Trabajó como peón dos semanas, después fue almacenista. Entró como peón perforista pero lo sacaron “aguado” del túnel, le hizo daño estar dentro. Un día faltó el almacenista porque bebía mucho y Antonio Ramos se fijó en él y le preguntó si sabía leer y escribir, contestó que sí, por eso lo pusieron a cargo de toda la herramienta. “Molían con agua y en cantidades mínimas extraían plata y oro. En ese tiempo estaba muy solicitado el tungsteno, por la Segunda Guerra Mundial”.
Don Alberto dice que el administrador Antonio Ramos traía una camioneta para transportar a los que salían lesionados en la mina, pero alguien aconsejaba a los trabajadores para pedir sus derechos. Por eso un señor de apellido Ávila logró convencer al personal que debían de exigir. Se hizo una huelga y no aguantó la empresa.
En ese tiempo todavía trabajaba la fábrica donde pagaban por metro de tela, pero convenía más trabajar en la mina. Había mecánicos de la fábrica laborando como mineros. El ingeniero Maning fue el último jefe que trabajó cuando quebró la mina. “Maning hizo una alberquita donde tenía un perro de agua”.
Hace poco Decidor Silva Valle “El Negris”  realizó indagaciones sobre la mina y encontró la leyenda, algunos lugareños afirmaron haber visto “a personajes semejantes a como describen los extraterrestres” que por las noches llegan en naves extrañas al pie de la mina. Especulan que los alienígenas “han estado sacando el mineral”. Otros sólo se aventuraron a decir que ya muy noche “se escuchan extraños ruidos al interior del túnel”.
La gente inventa sus historias sobre la mina. Lo cierto es que el túnel ha sido cubierto por la vegetación y por los deslaves de la ladera. Había pedazos de rieles que poco a poco han desaparecido por la depredación humana. Muchos añoran la apertura de ese centro de trabajo y los mineros que todavía viven recuerdan sus años mozos. Entonces había mucho dinero y cuando salían de trabajar de la mina se iban a echar una cervecita, la Superior estaba abriendo camino “en El Ticuí existían las cantinas de Emigdio Méndez, Justina Juárez, doña Santos Cisneros, Antonio Pano y Lico Saligán en cada cantina había tres o cuatro mujeres”. Buenos tiempos aquellos.

Crónicas del Palacio X

Víctor Cardona Galindo
En el año 2006 el presidente municipal, Pedro Brito García, consideró que para acabar con el congestionamiento vehicular en el centro de la ciudad había que cambiar las oficinas del Ayuntamiento, por eso se fueron a ocupar las instalaciones de lo que fue el cuartel del 49 Batallón de Infantería. El alcalde bautizó el lugar como “Ciudad de los Servicios” y así le llama todavía mucha gente.
El 10 de julio de 2008 matanceros del Rastro Municipal realizaron 
el sacrificio de un toro cebú frente a las instalaciones de la Presidencia
 Municipal en la Ciudad de los Servicios. Foto: Víctor Cardona Galindo.

En “el cuartel de la Mártires” aparte de las oficinas de la administración municipal, funcionan ahora las oficinas regionales de Oportunidades, se construyó un Centro de Desarrollo Comunitario, está una casa de Día del Adulto Mayor y la Unidad de Violencia Intrafamiliar. También están: la comandancia de la Policía Ministerial del Estado, el Cuartel Sectorial de la Policía del Estado, una Plaza Comunitaria del INEA y en la entrada se instaló la oficina de la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos Políticos y Víctimas de las Violaciones a los Derechos Humanos en México (Afadem). Desde el día primero de octubre de éste año la presidenta municipal Yanelly Hernández Martínez se llevó sus oficinas para el Centro, al viejo Palacio Municipal y ahí despacha.
Acá se quedaron la sindicatura, la secretaría general, las regidurías, la comandancia de la Policía Municipal, Obras Públicas, Desarrollo Rural, la Tesorería y Oficialía Mayor. También están la Dirección de Desarrollo Social, la dirección de la mujer, Salud y la Casa de la Cultura. También están los departamentos de: Servicios Públicos, Grupos vulnerables Ecología, Catastro y Desarrollo Urbano. En uno de los barracones del fondo se refugian los desplazados por la violencia de diferentes comunidades del Filo Mayor.
El gobierno del alcalde Pedro Brito García homenajeó a Tom Chaffer, ciudadano de origen norteamericano y benefactor de ésta ciudad, y a su esposa, bautizando el auditorio de la Ciudad de los Servicios con sus nombres, se llama: “Tom y Diana Chaffer”. Cuando llegó el alcalde Armando Bello Gómez le quiso cambiar el nombre, pero cuando conoció a Tom se lo reafirmó y hasta la fecha así se sigue llamando.
Tom es el líder de la iglesia evangélica Bethel fundada allá en el mes de noviembre de 1986, ya lleva 32 años haciendo historia en Atoyac. El alcalde Armando Bello se sumó a los homenajes a Tomas Chaffer y para conmemorar el 221 aniversario del natalicio del general Juan Álvarez Hurtado, el Honorable Cabildo Municipal de Atoyac, realizó una sesión solemne para entregar la presea al mérito civil al fundador del Bethel. Tom sigue trayendo beneficios para el municipio de Atoyac, una gran contribución suya es abrir pozos de agua en diversas colonias que carecen de agua potable. Son ya muchísimas las personas que fueron intervenidas quirúrgicamente en la clínica Bethel por médicos norteamericanos y canadienses que vienen a prestar sus servicios invitados por Tom.
Si algo bueno hicieron los militares, en el tiempo que estuvieron aquí, fue que sembraron mangos de las variedades Heidy, Tommy, Manila, Ataulfo, manililla, panameño y criollo al que nosotros llamamos “mango corriente”. Bajo la sombra de esos árboles los “grillos” encontraron cobijo para comentar las buenas nuevas de la administración. Una señora de la sierra que estaba esperando su turno para recibir el apoyo de Oportunidades se derrumbó de rodillas, cuando un mango Heidy le cayó en la nuca. Lo bueno es que el mango no se magulló con el golpe y otra mujer lo recogió del empedrado para saborearlo.
Debajo de los mangos se ha platicado de todo, ahí se han puesto a prueba las endebles lealtades, pero también se habla de armas y de mujeres. Ahí se hace la política de piso y se dan apasionadas discusiones de los tres bandos políticos que aquí cohabitan.
Los guardaespaldas de los funcionarios son huéspedes distinguidos de los mangos. Bajo la fronda de esos árboles llegan los corresponsales de los medios estatales: Francisco Magaña, Marcos Villegas, Dimas Arzeta, Pablo Alonso, Adrián Jacinto, Jorge Reynada y Cuauhtémoc Rea todos los días en busca de las noticias.
Aquí se hospedó la Organización Campesina de la Sierra del Sur durante dos meses. Sus militantes campesinos humildes llegaron de distintas comunidades, tuvieron un plantón que se levantó el lunes 10 de septiembre del 2007 después de firmar un convenio con el alcalde Pedro Brito de invertir más de un millón de pesos para seis obras y un millón más para mezclarlo con la congregación Mariana Trinitaria.
A veces toda la sombra de los árboles de mango, que están frente a lo que era la presidencia se llenaba de campesinos en espera que les dieran su fertilizante. Enojados exigiendo sus derechos, ese veneno que ingerimos todos en forma de maíz. Quieren el sulfato y otros insumos que empobrecen la tierra.
Una vez nos encerraron los delegados que querían el dinero para los festejos del Día del Niño y Día de las Madres y es que se anunció que el Cabildo había presupuestado 500 mil pesos para esos festejos y los delegados lo querían administrar. Le sugerí al tesorero, Esteban Reynoso, que resistiera y nos le diera nada. Pero el no resistió mucho y negoció porque donde estaba encerrado no tenía baño y ya le andaba a muchos de los trabajadores de tesorería.
Cuando se encontraban en curso las excavaciones el 10 de julio del 2008 matanceros del Rastro Municipal realizaron el sacrificio de un toro cebú frente a las instalaciones de la Presidencia Municipal. Eran alrededor de la 10:30 de la mañana, ante la mirada asustada muchos concurrentes por este acto inusual. La sangre corrió bajo los mangos que fueron testigos de esa protesta.
Los inconformes fueron atendidos por el presidente municipal Pedro Brito García y el regidor Gustavo Carrillo. Con antelación había platicado con ellos el coordinador de la Comisión Estatal de Defensa de los Derechos Humanos de la Costa Grande, Ramón Navarrete Magdaleno. Ya con la autoridad municipal se acordó que a la brevedad comenzarían los trabajos en el nuevo rastro de Las Lomas de Sur y se les entregó una camioneta que se compró para el transporte de carne.
El matadero que está en la colonia Lomas del Sur, fue construido en el periodo de Javier Galeana Cadena, de allá traen la carne que consumimos. Nada más el año pasado se sacrificaron mil 767 bovinos y 2 mil 547 porcinos, para que vean la dimensión de cuanta carne consume el municipio de Atoyac.
Abejas aficanizadas
En algunas partes el follaje de los mangos es tan tupido que conviven iguanas y murciélagos. Un día se peleó una iguana con un murciélago. Se escuchó un grito inusual entre las ramas, la iguana mordió de un ala al murciélago y se la destrozó, el animalito cayó al suelo, ante la sorpresa de algunos trabajadores de limpia y agentes de la PGR que en ese momento realizaban excavaciones cerca del canal. El director de ecología en ese momento Práxedes Piza Ríos levantó el murciélago, lo llevó a su oficina y lo curó. Con el tiempo el pequeño quiróptero pudo volar y regresó al follaje de los mangos.
Una tarde se formó una gritería, era mucho el escándalo. Es que a un indigente que vivía en la Casa Hogar le estaban  picando las abejas africanizadas. Un enjambre se había formado en el follaje de un mango. Al verse atacado por los insectos, presa de pánico gritaba como enloquecido. Tuve que tirarle agua encima, nada más para que me picaran las abejas a mí también. Me dieron una tunda en la espalda. El señor no podría escapar de los insectos le siguieron picando hasta que Gustavo Galeana con Cristóbal Martínez lo rescataron en un Volkswagen blanco. El indigente murió poco después, pero de otra cosa.
Las intrigas políticas
Las amenazas e intrigas se suceden, una tras otras, durante lo largo de este tiempo. Siendo secretario particular de la presidencia un día me llamaron por teléfono los gises. Me soltaron la pregunta a boca de jarro ¿Es verdad que mataron a A5? El encargado de la presidencia era Gustavo Carrillo. Les contesté: “Que la boca se te haga chicharrón Mano”. Acababa de colgar cuando llegó corriendo un policía a preguntarme: “¿El cierto que mataron al regidor Carrillo?” Ya un poco asustado le contesté No sé. Y le dije que se fueran a investigar y el uniformado corrió a buscar una patrulla. Estaba viendo como el policía corría por el callejón de los mangos. Cuando a mi celular entró otra llamada. Era del CISEN preguntándome lo mismo. Quien me hablaba me informó que les llamaron para avisarles que un comando armado acribilló al regidor en su mueblería. Ya casi con un nudo en la garganta le dije No sé nada, márcame al ratito. Iba caminando preocupado hacia dentro de la oficina cuando me alcanzó corriendo un agente de inteligencia de la Policía Estatal, el famoso C-4, ¿Es cierto que mataron a Gustavo? Me soltó la pregunta. Le dije no sé, pero investiga y si es cierto me avisas. Me dijo que sabía que lo habían asesinado en el Boulevard.
Se fue el agente y yo marqué al celular de A5 y nada. Seguí insistiendo al teléfono de su mueblería y nada. Mientras la patrulla pasó delante de la oficina a toda velocidad. Como no entraba la llamada, entonces me quedé sentado frente al escritorio de la secretaría particular. En eso entró una llamada al teléfono de la oficina, era A5 que preguntaba por las novedades. Le contesté todo en orden. Sólo un rumor de que te habían matado. Dijo si está cabrona la cosa, acabo de colgarle a mi mamá que me habló preocupada. Luego colgó.
Yo me pregunté siempre: ¿Quién llamaría a los centros de inteligencia sembrando ese rumor? Así es la intriga en la política.
Casa de día del adulto mayor
La casa de Día del Adulto mayor fue construida, con recursos del programa federal Hábitat en el año 2004, por el presidente municipal Germán Adame Bautista. Está ubicada en la calle Prolongación Miguel Hidalgo, sin número, colonia Loma Bonita en la “Ciudad de los Servicios”.
Desde su construcción hasta la fecha ha sido hogar del Club de la Tercera Edad “Amor y Paz” que sesiona todos los miércoles con una membresía de 137 adultos, quienes se juntan para compartir juegos, anécdotas y bailes, bajo el auspicio de los trabajadores sociales del DIF municipal.
Cada 28 de agosto que se celebra el Día del Adulto Mayor se cambia el comité y se nombra la Reina y la Princesa, quienes se erigen como directivos del grupo y se encargan de organizar su funcionamiento.
El club de la tercera edad ya tiene más de 20 años. Antes funcionaba en las instalaciones del DIF que están ubicadas en la colonia Las Palmeras. Pero al construirse las nuevas instalaciones el alcalde Adame Bautista se las entregó todas equipadas y les dijo que ese sería en adelante su hogar. Les pidió cuidarlas y mantenerlas siempre limpias.
La construcción consta de dos viviendas: una para el club de la tercera edad y la otra para el cuidado de los enfermos, ambas fueron entregadas por Germán Adame provistas con camas, aire acondicionado, sonido estéreo, refrigerador, estufa, 32 asientos forrados de terciopelo, 74 forrados de piel, tres bancas de plástico, televisión y video.
El alcalde Germán Adame que a menudo convivía con los adultos mayores les entregaba mil pesos en despensa cada mes para que comieran los miércoles. Por eso los ancianos que participaron en la recepción de las instalaciones lo recuerdan con cariño.
En el interinato que ocupó Elizabeth Maya Paco nombró a su hermana Gloria como directora del DIF quien tuvo desavenencias con el Club de la tercera edad, por ello los ancianos se fueron a sesionar a la casa de María Manríquez al sur de la ciudad.
Al tomar posesión como alcalde Pedro Brito García volvieron a ocupar el lugar y durante ese periodo funcionó ahí la oficina de la Dirección del Adulto Mayor que encabezó don Juan Vargas Pérez. El cabildo 2005-2009 creó por primera vez esa dirección.
La casa de día del adulto mayor ha dado servicio para albergar ahí a personas mayores que no tienen a donde ir y nadie que los atienda. Estuvo ahí Diego Reyes hasta que falleció, Rosalío Justo a quien recogieron unos familiares lejanos y el caso más conocido es el de la maestra Hilda Flores Solís quien pasó sus últimos días en ese lugar, murió el 12 de marzo de 2014 alrededor de las 10 de la mañana.

martes, 11 de diciembre de 2018

La ruinas de la fábrica de El Ticuí


Víctor Cardona Galindo
Las ruinas de la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí, se encuentran en el ejido de El Ticuí que tiene actualmente 5 mil habitantes y está a dos minutos de la cabecera municipal de Atoyac donde viven 20 mil.

Las ruinas de la factoría que en la primera mitad del siglo pasado fue un emporio textil, están completamente deterioradas, sobrevive en un 90 por ciento del atalaya que los ciudadanos de El Ticuí llaman Chacuaco. Actualmente un  grupo de ciudadanos cada mes desarrolla en ese lugar actividades culturales, tertulias y lecturas de obras. Pero además es común, que la gente de la región, las visiten para tomarse fotos o para escuchar de su historia. Es el lugar favorito de los enamorados y documentalistas.
De vez en cuanto se hacen presentes grupos de viajeros que llegan en autobuses o motocicletas para conocerla. Además, la filarmónica de Acapulco se ha presentado en cuatro ocasiones en la explanada usando como escenario la fachada de la fábrica.

Desde hace tiempo se ha venido gestionando ante las autoridades municipales y estatales el rescate de dichas ruinas para convertirlas en un centro cultural, donde exista un auditorio, cafetería y biblioteca, para que los ciudadanos de El Ticuí y la cabecera municipal asistan a talleres de las diferentes artes y oficios.
En los mejores tiempos de la fábrica que van de 1938 a 1960 en sus instalaciones funcionó una Misión Cultural, además el jardín de niños y una escuela nocturna. En sus instalaciones se enseñó enfermería, apicultura y agricultura a muchos jóvenes de la región. Fue importante la escuela de música que detonó un gran movimiento musical en toda la Costa Grande. Aquí estudiaron música los iniciadores de Coyuca 2000 y Los Brillantes de Costa Grande, grupos que le dieron identidad a la región en la década de los setentas.
Por eso ahora los ticuiseños ven con añoranza como estas instalaciones que fueron símbolo de progreso y prosperidad se están viniendo abajo, por eso piden a las autoridades, se rehabiliten y este lugar se convierta en un polo de atracción turística o en un Centro Cultural que dé servicio a la población de la región.

Cabe destacar que en el Ticuí se encuentra el 109 Batallón de Infantería que alberga una gran población de militares con sus respectivas familias y antes de llegar a la cabecera municipal está la colonia Villas del Carmen. Están a 5 minutos, la colonia Lázaro Cárdenas, a 10 minutos los pueblos de alrededor como: Boca de Arroyo, la colonia Miranda Fonseca, Corral Falso, El Humo, La Y Griega, Quinto Patio y El Ciruelar que también saldrían beneficiados con la construcción de éste centro cultural.
Esperemos que en un tiempo no muy lejano se haga realidad.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Testimonios de la ocupación militar en El Rincón de las Parotas


Víctor Cardona Galindo
El Rincón de las Parotas es el primer caserío de la sierra que se encuentra en la carretera que conduce a Puerto Gallo. Una gran ceiba adorna el centro de la población que no rebasa los 500 habitantes, sus viviendas son principalmente de adobe y bajareque. Es conocido por el corrido a Claudio Bahena, por la danza del Cortés y porque ahí nació en 1948 el guerrillero Carmelo Cortés Castro.
Pedro de Jesús Onofre desaparecido de El Rincón de las
Parotas.

Onésimo Barrientos ha vivido de cerca la historia del pueblo. Nació el 7 de mayo de 1916, es hijo de Teodoro Barrientos Gonzáles fundador de la comunidad. Su padre llegó de El Camarón en 1901 para habitar el lugar al que denominó El Rincón de las Parotas porque en el cerro había muchos de estos frondosos árboles. Posteriormente llegó su cuñado Lucio Martínez García y así se fue conformando el pueblo.
Con el tiempo hubo muchos árboles de ilamas, por eso unos funcionarios quisieron cambiarle el nombre y ponerle El Rincón de las Ilamas pero “Nicanor Barrientos Martínez que era bueno para la letra no dejó, porque las ilamas se rajan y hubieran podido decir que los del Rincón eran rajados”.
El Rincón de las Parotas ha sido un pueblo revolucionario. Durante el levantamiento armado del general Silvestre Castro García El Cirgüelo, su enemigo el general Rómulo Figueroa, atacó la comunidad con artillería pesada para desalojar al rebelde Pablo Vargas que se había atrincherado en el lugar, un 20 de septiembre de 1918. Esa vez tuvieron que abandonar sus casas porque la tropa federal no tenía compasión de los civiles que se llegaba a encontrar en el camino.
El hombre más longevo de la comunidad recordó que cuando el levantamiento de los Vidales, los pobladores también dejaron el lugar porque los federales les quemaron sus casas. Su familia se refugió en El Cerro de la Bandera, después en el Camarón y luego cerca del río. Don Onésimo Barrientos recuerda que tenía ocho días de haber aprendido a leer y escribir en una escuela que abrió Amadeo Vidales en la sierra, cuando el general se indultó y entregaron las armas viejas. “Las nuevas se las quedaron. Fueron vivos”.
Nos explicó que los hijos de Lucio Martínez: Marcos, Margarito y Emilio Martínez eran hombres valientes, originarios de El Rincón de las Parotas, que se fueron a pelear a favor de los Vidales.
Cuando la guerrilla de Lucio Cabañas este lugar también puso su cuota, aportando varios hombres al levantamiento armado. Fue de los pueblos más golpeados en ese periodo negro de la Guerra Sucia. Los helicópteros aterrizaban en la entrada de la comunidad que durante casi una década vivió sitiada por un destacamento militar que no se movía del panteón. Desde ahí tenían a la vista ese pequeño caserío y los delatores se dieron el lujo de denunciar a mucha gente.
Don Onésimo tiene 40 nietos. En los setentas los guachos le desaparecieron a sus dos hijos mayores: Ezequiel y Justino Barrientos Dionicio. Recuerda que él mismo estuvo cuatro meses preso en el Campo Militar Número Uno. Ahí también estaban sus hijos, pero él no los vio. Después cuando él ya estaba en libertad don Luis Cabañas le trajo una carta de sus hijos donde le pedían que abogara por ellos: “Yo hice lo que pude pero nunca me hicieron caso. Me dijeron, los del gobierno, que habían muerto en un enfrentamiento arriba de San Andrés”.
“La gente se pregunta/ los presos donde están. A los presos los torturan/ en el campo militar”. Era la consigna en las manifestaciones, de ese tiempo.
Pero no únicamente los hijos de don Onésimo están desaparecidos. Trece campesinos de la población nunca más volvieron a sus hogares. Muchos más sufrieron las crueles torturas y Aureliano Martínez Cabañas fue asesinado por los militares. Esta es la historia:
En el marco de los movimientos de militares en la sierra en busca de Lucio Cabañas, el 4 de mayo de 1971 se informaba de la detención por el 27 Batallón de Infantería de Raymundo y Domingo Barrientos Reyes de El Rincón de las Parotas y Leopoldo Guerrero Adame de El Paraíso.
Al campesino Alberto Arroyo Dionicio se lo llevaron los soldados del 50 Batallón de Infantería a las cuatro de la mañana en una camioneta blanca de redilas, el 4 de mayo de 1972. Una partida militar llegó y le habló por su nombre, luego que salió se lo llevaron a la cancha de Basquetbol. Lo subieron a una camioneta blanca que lo condujo por el camino a la ciudad de Atoyac y nunca más se le volvió a ver.
El día primero de octubre de 1973 catearon la comunidad. Soldados del 49 y 50 Batallón de Infantería rodearon el caserío la noche del 30 de septiembre y durante la madrugada del siguiente día cerraron los caminos y concentraron a toda la gente en la cancha. Uno de los jefes de ese operativo era Mario Arturo Acosta Chaparro. Llevaban un camión de la Pepsi manejado por un militar. Registraron todas las casas y no encontraron armas, al final se llevaron a seis campesinos acusados de ser guerrilleros.
Los habitantes de El Rincón de las Parotas recuerdan al Ejército con su uniforme tigreado que los aterrorizaba. La tropa rodeó la comunidad “desde las 2 de la mañana pero a las 5 comenzaron a sacar a todos los habitantes para concentrarlos en la cancha con todo y familia”.
Ese día a todos los hombres los apartaron. Traían prisionero a Zacarías Barrientos Peralta y a Isaías Martínez originario de Los Valles, a quien le apodaban El Cuche. Los dos venían vestidos de militar y traían en la camisola un letrero que decía “Puto Rajao”.  Ellos eran los que señalaban a los que se llevaban, porque un oficial se les acercaba, les preguntaba nombres y luego llamaban a los campesinos y los subían a los carros como si fueran basura.
Se vio como un oficial, que al parecer era el capitán Elías Alcaraz, se le acercó a Zacarías Barrientos y le dijo “Hey tú puto rajao a quien nos vamos a llevar” y comenzaron a jalar a los hombres. Luego que hicieron las detenciones a Zacarías y al Cuche los volvieron a subir a un helicóptero y se los llevaron. A las 12 de la mañana dejaron a los habitantes de El Rincón de las Parotas regresar a sus casas. A esa hora terminó el cateo.
“Al primero que subieron fue a Anastasio Barrientos Flores como de 78 años de edad”, recordó el señor Emiliano Barrientos, quien dijo que en ese tiempo estaba al frente del Batallón de Atoyac el coronel Alfredo Cassani Mariña.
Don Vicente Vargas Vázquez recordó que el Ejército llegó pie por el rumbo de Mezcaltepec y rodeó la comunidad. Como él era el comisario, el oficial que venía al frente lo mandó llamar. Así conoció a Mario Arturo Acosta Chaparro quien le advirtió que si no entregaba a la gente le iría muy mal. Ese día los tuvieron en la cancha y no los dejaban regresar a sus casas ni por la leche de los niños que lloraban del hambre.
El señor Margarito Barrientos recuerda que cuando estaba haciendo su servicio militar en las instalaciones del batallón en Atoyac se escuchaban los lamentos de los campesinos torturados. La tortura comenzaba desde el momento en que los subían a los vehículos.
Ese día, primero de octubre, se llevaron a los campesinos: Emiliano Barrientos Martínez, Raymundo y Fermín Barrientos Reyes, Anastasio Barrientos Flores, Jesús y Esteban Fierro Valadez.
El gobierno ha dado respuestas absurdas a los familiares de los desaparecidos. Como en el caso de Anastasio Barrientos Flores quien fue detenido el primero de octubre de 1974, se lo llevaron los soldados de la cancha de Basquetbol, delante de toda la comunidad, y cuando su esposa Lazara Vargas Izquierdo se dedicó a buscarlo le dijeron que había muerto en el enfrentamiento que la gente de Lucio Cabañas tuvo con el Ejército en el paraje conocido como El Otatillo, cerca de Río Chiquito, e incluso le enseñaron el expediente 25 de la PGR donde especificaba eso.
Domitilo Barrientos Peralta salió de su casa del Rincón de las Parotas el 10 de junio de 1974. Su hijo de cinco años murió de tristeza, después de varios días de tanto llorar y de subirse a un árbol de guayabas para ver las camionetas que subían a la sierra, esperando que su papá fuera en una de ellas.
También en el caso de Domitilo, a su mamá Natividad Peralta Mesino, le dijeron que su hijo había muerto en el enfrentamiento del Arroyo de Las Piñas que se dio el 25 de julio de 1972, cuando en realidad a él lo detuvieron en el retén que el Ejército tenía en El Conchero, dos años después de la mencionada confrontación armada. La señora les contestó que su hijo no pudo haber muerto ese día porque la gente de Lucio Cabañas no tuvo bajas.
Por otro lado la patrulla militar “Vallecitos Dos” el 13 de noviembre de 1974 dio muerte a Aureliano Martínez Cabañas, quien alcanzó a herir a machetazos al soldado Sergio Mungula Mendoza. Al registrar el cadáver le encontraron una pistola 380 con el cargador abastecido, el difunto traía una tarjeta del PRI. (AGN. SDN. Caja 100. Exp. 298)
Ese día también detuvieron a los hermanos Sabás, Miguel y Margarito Martínez Cabañas. Según testimonio de los pobladores, Aurelio Martínez Cabañas era gente del Partido de los Pobres; el Ejército ya lo traía en una lista. Llegó la noche anterior, y en la mañana cuando quiso salir ya estaba rodeado. Los militares lo siguieron y frente a su casa le marcaron el alto, él no les hizo caso y siguió caminando mientras iba desenvolviendo una pistola que traía enrollada en un pañuelo. Como no pudo sacar la pistola, con el machete que traía le cortó la mano a un soldado y le quitó el fusil. Aureliano no supo manejar el mecanismo del arma para disparar y los demás soldados lo acribillaron a tiros. A pesar de que recibió varios disparos no murió en el momento, lo dejaron tirado, desangrándose y hablando. Los guachos prendieron un radio de baterías y lo pusieron un lado del herido a todo volumen, para que el pueblo en lugar de lamentos escuchara la música. Lo apagaron hasta que se murió.
Aureliano ya había sido detenido por el Ejército y lo torturaron brutalmente. Juró que primero moriría antes de que lo volvieran a agarrar. Por eso cumplió ese día, muriendo al tratar de evitar su aprensión.
Pedro de Jesús Onofre fue detenido el 20 de septiembre de 1974 en El Ticuí y desparecido por militares del 27 Batallón. Trabajaba en los canales, era jefe de una cuadrilla de trabajadores. Lo detuvieron a las 6:30 de la mañana y lo subieron a un carro azul de la Pepsi. Era de El Rincón de la Parotas, trabajó en la construcción de las carreteras donde comenzó como peón. Le tocó trabajar en la edificación de la presa derivadora y luego se pasó a los canales. Laboró para las constructoras Escorpión, La Olmeca y la SAHOP.
También trabajó en las obras de hoteles en Acapulco.
Vivía en la calle Galeana número 13. Tuvo cinco hijos con Guillermina del Carmen Castro. De Pedro de Jesús Onofre sus familiares no han podido acreditar su existencia porque en el registro civil no existe el libro del año 1938.
En otros momentos no conocidos los cuerpos policíacos detuvieron a Felícitas Arroyo Dionicio y a Guillermo Fierro Valadez. En total la comunidad del Rincón tiene registrados 13 desaparecidos políticos.