domingo, 4 de diciembre de 2016

Ciudad con aroma de café X

Víctor Cardona Galindo
La gente ha dado por llamar “Club de los pájaros caídos” al grupo de viejitos que se sientan todos los días a platicar en el Zócalo cerca de las escaleras del kiosco y alrededor de la fuente. Otros le dicen “las bancas de los chismosos”. Para mí es un lugar donde nuestros mayores cultivan su amistad y se acercan para saber de los amigos. Ahí llega mucha gente de las comunidades, por eso la plaza principal de la ciudad es un lugar de encuentro.
Desde 1996 al 2010 la plaza principal de la ciudad 
lució esta fuente con la figura de una amapola. 
El arquitecto Eduardo Arroyo Valadez, constructor 
del zócalo, quizá sugirió con ese diseño que no sólo 
de productos lícitos vive Atoyac. 
Foto: Víctor Cardona Galindo.

Nuestro Zócalo se llama Plaza Morelos, antes se conocía como Jardín Morelos, no se tiene el dato preciso de cuando las autoridades municipales lo bautizaron con ese nombre. En los mítines se refieren a la plaza cívica de Atoyac, como el lugar donde escribieron muchas páginas de la historia del movimiento social en Guerrero.
Doña Juventina Galeana Santiago escribió la Historia del Jardín de Atoyac y de ella retomamos estos datos. En el año de 1884, Atoyac era un pequeño poblado y siendo su presidente municipal Feliciano Castro, se acordó que frente al Ayuntamiento y frente a las casas que conformaban el centro, estaría un jardín sembrado de almendros. El alcalde vio la urgente necesidad también de tener un kiosco que fue construido con techo de lámina. Durante los años de 1908 y 1909, en la gestión del alcalde Gonzalo García se instalaron bancas de hierro y se construyó un nuevo kiosco con madera de la región.
Nuestro cronista por excelencia Wilfrido Fierro Armenta escribió: “Cuentan que para realizar esta obra exigían a los presos trabajar en ella como castigo. También plantó el primer jardín y edificó el primer kiosco, construida la primera parte de adobe y la segunda de madera con techo de lámina de cinc y en cuyo templete solían darse audiciones musicales los domingos y durante las fiestas patrias”.
Para 1923 el presidente Andrés Galeana Claudeville, instaló en el jardín Morelos y en el centro de la población el primer alumbrado con faroles, usando para el caso quinqués que funcionaban a base de petróleo. En 1927 Manuel Ríos en su carácter de presidente municipal ordenó la siembra de palmeras.
El 1930, con el permiso del Ayuntamiento que presidió José Radilla, la señora Mariana Herrera construyó en el Jardín Morelos la primera refresquería, hecha de madera y techo de teja y de igual manera autorizó al señor Apolinar Gil Herrera, construir en la parte sur, una pista para bailes con una caseta para depositar hielo. Rosita Santiago Galindo recuerda que la plaza estaba llena de bancas donadas por comerciantes, había una refresquería que vendía bebidas de jarabe mezclado.
Durante los años 1932 y 1933, Pedro Alcaraz, Feliciano Rivera y Leandro Órnelas instalaron las primeras vendimias de agua fresca con hielo raspado en las esquinas norte del citado jardín.
En 1933 un primer carro entró a la ciudad y le dio la vuelta al jardín. Era un carro de carga de redilas amarillo, propiedad de la familia H. Luz y a verlo pasar toda la gente corría atrás de él, recuerda Rosita Santiago Galindo. Después otro carro llegó frente a la escuela Juan Álvarez, era una camioneta de redilas grande de color azul con bancas incrustadas a su interior para trasportar pasajeros, se llamaba El Gaucho y llegó poco después otra camioneta roja que se denominaba El Rosita.
Dice doña Juventina que con Antonio Rosas Abarca como alcalde en 1934 se volvió a arreglar el Zócalo, con bancas de cemento donadas por personas influyentes del lugar: Félix Galeana Franco, Justino Mendoza, Onofre Quiñones, Jerónimo Luna, entre otros, así como de la fábrica de Hilados y Tejidos de El Ticuí. El jardín lucía las flores más bellas de la región, sembradas y cuidadas por hermosas doncellas de la cabecera municipal, a quienes se les asignaban espacios para que conservaran bellos y hermosos los rosales.
El presidente de la Junta de Mejoras Materiales y Embellecimiento del jardín era Justino Mendoza Pita y estaban en el comité Delfino Meza, Francisco F. García y el árabe Gabriel Zahar, cuando se plantaron los primeros arboles de mango y tamarindo. Posteriormente los jardineros Jaime Ríos, Fortino Galindo y el cronista Wilfrido Fierro sembraron nuevos tamarindos.
Carrera de encostalados en 1967, frente a la escuela primaria del 
estado Juan Álvarez, en la calle que era la entrada principal al zócalo
 de la ciudad. Foto tomada de internet

En 1942, durante la actuación del señor Gregorio Sarabia, como presidente municipal al ser demolido el primer puesto de refrescos, se construyeron con material de concreto otras refresquerías como: El Trópico y La Marina, propiedad de Wilfrido Fierro Armenta y José Esteves Galeana. Después Manuel Galeana Franco construyó La Flor de Atoyac.
Las refresquerías estaban a la orilla del Zócalo, recuerda la tía Rosita, el primero que comenzó a vender refrescos en una carretilla fue don Pedro Alcaraz, era hielo raspado y le decían pabellones. Luego en trastes de barro y en ollas como barril pasó a vender agua con hielo “agua fresca de tamarindo”. Después la gente comenzó a poner changarritos en el Zócalo, en la esquina de la calle que baja para los bancos estaba don Pedro Alcaraz, ahí había otras dos que la tía Rosita no se acordó de sus propietarios. La cuarta refresquería era de Aurelia Santiago esposa de Patricio Rosas, El Cuco Rosas; la que seguía era de Celerina Cabañas. Frente al Ayuntamiento estaba la de Wilfrido Fierro que se llamaba El Trópico y luego seguía José Estévez Galeana con su refresquería que se llamaba La Marina esos eran puestos grandes. En ese tiempo en el Zócalo se hacían enramadas para bailes y jugadas de gallo.
Durante la gestión de Florentino Gallardo en 1943, ordenó la construcción de un nuevo kiosco, que fue concluido e inaugurado en 1948 siendo ya presidente municipal Benjamín Luna Venegas y alrededor del jardín se colocó malla ciclónica para la protección de las plantas.
A solicitud del comercio y del Ayuntamiento que encabezaba Benjamín Luna Venegas a partir del 12 de septiembre de 1948, la fábrica de El Ticuí proporcionó el servicio eléctrico a la ciudad de Atoyac, la primera línea que se tendió fue de bajo voltaje y se concretó solamente al alumbrado del jardín Morelos, pues esa fecha se inauguró el kiosco, posteriormente y por cuenta de la misma empresa fue modificada para corriente alterna, dando un servicio de alumbrado a la mayor parte de la ciudad.
El año 1951 el presidente municipal Juan Panó Ríos, siguió autorizando posesiones para la venta de refrescos y cervezas cubriéndose totalmente la acera poniente y también autorizó la construcción de puestos de ropa alrededor del jardín como el de “Los Barateros” y otros más. En 1959, siendo presidente municipal Benito Fierro Fierro, se cambió el ornato del jardín, se sembraron pastos, rosales y palmeras. Durante la gestión de Luis Ríos Tavera, se invitó al doctor Raymundo Abarca Alarcón gobernador del estado, a la inauguración del embanquetado de granito del jardín.
La administración Félix Roque Solís de 1961 a 1962 siguió autorizando la instalación de refresquerías y cervecerías alrededor del Zócalo.
El 28 de diciembre 1966, siendo presidente municipal Manuel García Cabañas tiraron el kiosco y las bancas de granito fueron enviadas a la cancha deportiva Silvestre Mariscal, hoy unidad deportiva Francisco Ruíz Gómez. En el mes de marzo de 1967 en lugar de un kiosco se construyó una fuente, que solamente sirvió de basurero. En marzo de 1982, siendo presidente municipal Ladislao Sotelo Bello trajo al gobernador del estado Alejandro Cervantes Delgado para inaugurar el nuevo kiosco.
En 1991, el Zócalo y las casas de alrededor se pintaron de un solo color. Los policías que vinieron con sus perreras a desalojar a los perredistas que tenían tomado el Ayuntamiento, hicieron ese trabajo, el centro parecía cuartel y hombres vestidos de azul con armas largas estaban por todos lados. El Zócalo es fuente de muchas historias y los habitantes de las comunidades que vienen a la ciudad y no visitan la plaza es como si no hubieran venido.
La plaza Morelos también fue remodelada por la alcaldesa María de la Luz Núñez Ramos y Eduardo Arroyo Valadez fue el arquitecto que planeó los cambios, le construyó una fuente con una amapola en el centro, plantó ficus y truenos, derribó los tamarindos por los que se hizo un escándalo, “eran árboles históricos”, argumentaban algunos vecinos. Antes que los tamarindos estuvo un árbol de zopilote grande y frondoso, los mangos también eran ya muy viejos.
En 1996 durante el interinato de Wilibaldo Rojas Arellano se inauguró la remodelación con nuevos árboles y pasto. La plaza se veía hermosa, pero por las noches se tuvo que lidiar con algunos marranos sueltos y burros que llegaban a comerse el pasto.
El canadiense Peter Martín Pierre, El Señor Sol, de 63 años de edad fue detenido por la policía preventiva de Atoyac el 21 de enero del 2004, porque –se dijo- quiso raptar un menor. Pero al intervenir el consulado de Canadá fue liberado dos días después.
A ese Gringo le gustaba sentarse cerca de la fuente, junto al Club de los pájaros caídos, los paraíseños le llamaban El Señor Sol. Aquel día estaba sentado en una banca, cuando pasó un niño y lo llamó para darle una paleta, el menor se soltó a llorar. El Señor Sol quiso abrazarlo para consolarlo, entonces el niño corrió asustado como si alguien quisiera matarlo. La gente se alborotó, se formó un escándalo y llamaron a la policía. Fue en esos días que detuvieron en Acapulco una banda de gringos pederastas, la gente estaba azorada, por eso El Señor Sol fue detenido y llevado a la cárcel municipal, donde un grupo de padres de familia de la escuela Juan R. Escudero lo quería linchar, la policía lo impidió y lo mantuvo encerrado hasta que el consulado de su país vino por él.
Algunos habitantes de Hacienda de Cabañas y de El Paraíso lo defendieron porque no tenía antecedentes de pederastia, era un gringo ecologista que cuidaba una poza en El Paraíso, dicen que se la pasaba sumergido en el agua donde sacaba unas piedras a las que les sonaban algo por dentro. Sin embargo la gente que lo acusó no entendió razones. De esa manera se fue del país El Señor Sol y abandonó su poza de El Paraíso y a sus amigos de Hacienda de Cabañas.
El presidente Armando Bello Gómez también modificó el Zócalo, le quitó el adoquín que le había dejado María de la luz y lo sustituyó por concreto estampado, les alzó el pretil a las jardineras y les puso herrería para protegerlas de los transeúntes y de los chamacos traviesos que todo destruyen. Con esos cambios también desapareció la amapola de la fuente. La visión del arquitecto Lalo Arroyo era que el adoquín permitiera que el agua se incorporara a los mantos freáticos y tenía el sueño que a los costados del obelisco, erigido en honor al guerrillero Lucio Cabañas Barrientos, se inscribieran los nombres de todos los luchadores de Atoyac, desde la guerra de independencia hasta nuestros días.
Con la remodelación que le hizo Armando Bello la plaza se ve amplia y bonita, ganó espacio frente al kiosco. Por la tarde adolescentes con bicicletas hacen piruetas. También llegan los skatos con sus patinetas a practicar. La paletería Tocumbo que cambió su nombre a La Flor de Guerrero tiene dos sucursales en las esquinas norte de la plaza. Esta cadena de neverías y paleterías viene de la misma tradición de la mundialmente famosa Michoacaca. El hotel Catedral luce amarillo con su vista a la plaza y a la parroquia. El grupo “Brokensouls” de Breaking en ocasiones ensaya sus coreografías frente al edifico del DIF o en el kiosco.
Por la mañana hay mucho bullicio en la plaza, en cada esquina hay vendedores de mango, en el costado derecho yendo hacia la parroquia están los boleros de zapatos. En cada esquina hay un dulcero, todo el día hasta la noche alrededor del auditorio al aire libre que está al norte se colocan diversas vendimias desde taqueros, vendedores de plátano y papas fritas. Venden pozole tortas y hasta pan. Hay quien ofrece cocos frescos, churros y aguas frescas.
Al norte de la plaza casi frente a la iglesia ya dio por instalarse un “escuadrón de la muerte”, conformado por un numeroso grupo de teporochos y borrachos desahuciados que ayudan a cuidar los coches que se estacionan en la zona y a cambio piden una moneda para seguirse emborrachando. Los vecinos protestan porque en todos lados hacen sus necesidades, dan mal aspecto y  asustan a los niños que van a parque infantil que está en las esquina de la plaza, pero ellos siguen reproduciéndose. Nadie les pone atención, aunque si hurgáramos en el árbol genealógico de esos borrachitos perdidos, encontraríamos que pertenecen a las familias más tradicionales de ésta ciudad. En momentos nuestro Zócalo luce descuidado, se robaron algunas bancas, a veces los jardineros abandonan su labor y las plantas se van secando.




martes, 29 de noviembre de 2016

El guarumbo


 Su nombre científico es Cecropia obtusifolia Bert. Moraceae.

 
Guarumbo en la colonia Francisco Villa.

Se utiliza para la presión arterial alta. Se cortan las hojas de guarumbo verde y se dejan secar. Ya que están secas se pone a hervir un litro de agua, cuando el agua está hirviendo se le echa una hoja de guarumbo, se apaga y se deja reposar. Luego se toma como agua de uso diario.

Árbol de guarumbo. Rumbo a la sierra de Atoyac.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Ciudad con aroma de café IX


Víctor Cardona Galindo
Más de 50 personas fueron asesinadas en el municipio de Atoyac en lo que va del año, tres de ellas totalmente descuartizadas y se habla que más de once jóvenes están desaparecidos. A cada rato los periodistas recibimos llamadas de los amigos preguntando por una supuesta balacera en el centro de la ciudad. En las redes sociales, principalmente en whatsapp, circulan cadenas anunciando que un nuevo cártel se está posesionando de la plaza y llaman a no andar después de las 10 noche y si salimos que sea con una identificación, “no los queremos confundir”.
Réplica de la imagen de Padre Jesús de Petatlán
 que nos visitó el sábado 12 de noviembre, estuvo
 en El Ticuí ese día en la noche, subió a San Juan
 de las Flores el 13, el 14 estuvo en Agua Fría 
y el 15 en El Paraíso y el 16 en la colonia Buenos
 Aires. Foto: Víctor Cardona Galindo.

Y para acabarla de amolar el viernes 11 de noviembre una vaca bermeja se escapó de una camioneta ganadera que la transportaba por la calle Obregón y corrió por la avenida principal, se llevó algunas personas de corbata y dejó dos heridos. La presencia de la vaca causó expectación porque en la  principal arteria de Atoyac, tenía décadas que no se veía un ganado suelto. Al final la res fue atrapada por unos carniceros, apareció el dueño y pagó la curación de los heridos.
El domingo 13 cinco cuerpos apilados fueron dejados en la carretera a Pie de la Cuenta, entre San Juan de las Flores y La Cebada. Por si fuera poco la presencia encapuchados en la ciudad, causó mucho azoro, tanto que después de las 10 de la noche las calles han lucido vacías. Un par de taxis en las calles, las taquerías están cerrando a las 11 de la noche, en la zona de tolerancia no hay ni moscas. Los encapuchados resultaron ser de las Fuerzas Especiales de la Policía del Estado. Sin embargo la gente le aumenta a las versiones y hasta hablan de casas quemadas.
De la violencia que existe, en los corrillos se escucha decir: “se están matando entre ellos”, pero nadie se atreve a decir quiénes son Ellos. Es como si de otra dimensión nos estuvieran arrojando cadáveres, cuyos nombres se hacen visibles cuando ya no tienen que darle explicación a nadie, cuando ya están en la morgue y una madre apaga sus llantos porque no puede llorarlo a todo pulmón por el temor a verse señalada o porque se le secaron las lágrimas de tanto llorarlo cuando lo perdió en ese mundo alterno, al que se van buscándole sentido a la vida y terminan quedándose porque le encontraron sabor a la muerte.
En los últimos días por mismo whatsapp circula profusamente una cadena donde dan 14 consejos para sobrevivir en esta situación de violencia e inseguridad. Hay miedo colectivo y nadie cree que las autoridades resuelvan la situación. “El gobierno está más asustado que nosotros”, comenta un anciano, cuando reclama que nadie se hace responsable de la situación y ni se vislumbran algunos momentos de paz.
Algunos grupos de autoayuda cambiaron su horario de sesión más temprano, a las cinco de la tarde, cuando su horario habitual es de 8 a 10. No ha faltado quien haya caído en depresión y en crisis de nervios cuando los hijos no llegan de la calle. Toda la semana pasada los reporteros locales tuvieron que checar todos los “borregos” que llegaban: que se levantaron cinco del Oxxo, que ya mataron tres en la colonia Mariscal, que encontraron otros descuartizados en el Chachalaco, que hubo una balacera en el Centro, que ya están otros tres donde Sarabia. La sicosis que se vive ahora es similar a la que vivió el 2009 que fue uno de los años más violentos que hemos tenido. Aunque ahora la situación se complica más por la masificación de la redes sociales, que ya hicieron global el chisme de lavadero y catapultaron la rumorología.

Padre Jesús de Petatlán

Ante la situación que vivimos dice la gente de experiencia que no queda otra salida que la fe. Por eso el sábado 12 de noviembre, a las cinco de la tarde, llegó a visitarnos una réplica de la imagen de Padre Jesús de Petatlán, que recorrió cuatro comunidades del municipio, para llevar consuelo a los creyentes. El sábado en la noche pernoctó en la comunidad de El Ticuí, el domingo 13 a las tres de la tarde subió a San Juan de las Flores, estuvo en Agua Fría, luego en El Paraíso y finalmente en la colonia Buenos Aires para luego retornar al puerto de Acapulco. 
Desde tiempos muy remotos aquí la gente es muy devota de padre Jesús de Petatlán, lo veneran en los hogares el 5 y 6 agosto. Igual que la Virgen de Guadalupe a veces se aparece, un caso es la piedra de Cristo que está en San Vicente de Jesús camino a La Peineta. En la piedra se aprecia la imagen de Padre Jesús. La gente le lleva flores, se persignan al pasar y le prenden veladoras. Aunque algunos liberales dicen que es la cara del Che Guevara que reclama justicia para la sierra.
La llegada de la imagen original a Petatlán es un misterio, dicen que simplemente se apareció en ese lugar. O podría tratarse de una herencia del evangelizador agustino Fray Juan Bautista Moya y Valenzuela a quien la tradición atribuye la fundación de la población. Lo cierto es que Petatlán en un centro de la fe y es innegable que Papa Chú es muy milagroso, por eso gente de la región tiene gran devoción y veneración hacia esa imagen de Jesucristo en la advocación de “Padre Jesús de las Tres Caídas”.
Dice el presbítero Mario Palma García en el texto Santuario. Lugar privilegiado para el encuentro con Jesucristo que son diversas las leyendas y los mitos que los lugareños y los peregrinos cuentan sobre la imagen, además que el culto popular, las peregrinaciones y las manifestaciones folclóricas son dignas de admirar en las festividades que se desarrollan en el santuario los días cercanos al 6 de agosto y Semana Santa. Pero además a lo largo del año la imagen recibe la visita de miles de peregrinos que vienen pos su bendición. Para llegar hasta el Santo se sube por una escalerita que está atrás del altar principal, al fondo se encuentra una jovencita que toma parte del vestido de la imagen y los santigua pegando la tela en la cara. Allá se ve a la gente pagando mandas o llevando placas de carros a bendecir, simplemente pidiendo: “Padre Jesús protégenos y cúbrenos con tu manto sagrado”.
Salvador Castelló Carreras que estuvo en Petatlán en día 1 de octubre de 1910 escribió: “A fines del siglo XVIII, tal vez en los albores del XIX, unos indios hallaron, en un barranco contiguo al actual pueblo de Petatlán, la imagen de un Nazareno que, cargando en hombros la Santa Cruz, creyeron que se les había aparecido milagrosamente en aquel paraje”.
“Sin negar la posibilidad del milagro pues, afortunadamente, soy de los que tengo bien arraigadas mis creencias, confieso que la tal aparición, lo más probable es que fuera sólo un sencillo hallazgo, ya que la escultura y sus ropajes, pues va vestida como la generalidad de las imágenes de España, corresponde de un todo a la escuela de la escultura sacra de aquellos tiempos, de las que tantos ejemplares se conservan aún en la Madre Patria”.
Castelló agrega: “Sin duda, la imagen debía de ser conducida en un buque que naufragó, cuyos tripulantes, al encallar en aquellas costas, intentarían ponerla a salvo, llevándola a alguna población cercana y, al verse entre selvas y en tierras casi inhabitadas, la abandonaron en el barranco”. Castelló concluyó que cualquiera que fuera su origen, al Nazareno que se veneraba en ese Santuario debía la población de Petatlán su preponderancia en aquellos días.
Nadie supo cómo llegó esa pieza del arte sacro a ese paraje próximo a la playa, donde fue encontrada. Una versión es que un grupo de hombres la llevaba de Nueva Galicia rumbo al puerto de Acapulco y al pasar por el lugar se les puso pesada y ya no la pudieron mover.
Una versión popular de su aparición es que un campesino salió muy temprano a trabajar su parcela y que en el camino de pronto escuchó gritos de dolor; creyó que se trataba de una persona herida caminó hacia donde salían los lamentos. Encontró que era la escultura de Jesús hincado que se dolía ante el peso de la cruz. Presto avisó a las autoridades religiosas, quienes la rescataron entre los espinos y huizaches donde se encontraba. La imagen estaba tan pesada que no lejos de donde la encontraron se le construyó una pequeña capilla, más tarde la parroquia que tiene.
Otra versión que parece ser la más aceptada por los creyentes, dice que el sacerdote local convocó a los fieles para reunir dinero destinado a la compra de una escultura de Jesús en el viacrucis. Como el pueblo era pobre la cantidad que se reunió no fue suficiente. Sin embargo, el sacerdote se preparaba para salir a buscar la escultura para de suplir a la del viejo San Antonio que entonces veneraban. A punto estaba de salir cuando escuchó tres golpecitos en la puerta de su parroquia. Al abrir la puerta, se encontró con un humilde campesino, moreno claro, de ojos negros y tristes, quien sabía cuál era el propósito de su viaje. Este humilde hombre le prometió que él mismo haría la escultura  para que el sacerdote no se expusiera a los peligros del viaje, en ese tiempo había que vadear ríos y selvas inhóspitas hasta la capital del país o hasta Valladolid. Ante la promesa desistió del viaje. Y al domingo siguiente, mientras celebraba la misa en una pequeña enramada, un nativo leñador llegó a él y con alegría lo condujo hasta la sombra de un árbol donde encontraron la escultura nazarena. Por eso nunca se supo quién fue el autor de la obra. La escultura fue llevada al pueblo de Petatlán al medio día de un Domingo de Ramos. En una procesión con palmas y flores por primera vez recorrió las calles del pueblo sobre los hombros de sus devotos.
Mario Palma García dice: “La imagen o escultura de Padre Jesús, pudo haber sido hecha, en el siglo XVII, porque los ojos que les ponían a las esculturas en ese tiempo eran de cristal, mientras que los ojos de las esculturas religiosas del siglo XVI eran de madera y los ojos de la escultura de Padre Jesús son de cristal”.
“Realmente es impresionante la imagen misma por su acabado perfecto que muestra tanto en la expresión del rostro como su mirada firme, benevolente y de amor, como por la firmeza del cuerpo del todo detallado. Los fieles mismos ante las promesas o mandas hechas tienen a bien donar los vestidos que cubrirán la imagen misma, así como los cojines y la corona llamada de las tres potencias”.
Palma García nos explica que la imagen es toda de madera, no ha sido reemplazada, ni la base ni la cruz, por lo que es digno de admirar y que solamente fue retocada el 11 de julio de 1864 por el escultor Francisco Cervantes, porque así lo dice la placa que tiene en la plataforma. De las versiones de cómo llegó, dice nuestro autor que la que más se acerca a la verdad histórica, es aquella que narra que llegó en una fragata española que naufragó en la playa de San Valentín, en el siglo XVIII, de donde los aldeanos la rescataron trayéndola al pueblo.
Mi padre me contaba que a veces  cuando iban a limpiar la imagen encontraban que tenía en sus sandalias arena del mar y otras ocasiones su túnica estaba mojada. Era cuando algún barco se hundía, y lo imploraban, él acudía para ayudar a los náufragos. Hubo barcos que lo encontraron caminando sobre las aguas del mar. También me contó mi padre que un rico comerciante se acercó a la imagen y sintió que los ojos le lastimaron la vista por eso la mandó a retocar. Luego sufriría un accidente que lo llevó a postrarse a los pies del ídolo y pedirle perdón.
Actualmente el santuario de Papa Chucho, Papa Chuy, Papa Chú o Padre Jesús de Petatlán sigue siendo el más importante centro de veneración de la región. Los caminos de la Costa Grande han visto pasar muchos devotos hacia Petatlán. En aquellos tiempos para el 5 de agosto que se venera Papa Chú, había muchas crecientes de los ríos costeños. Don Jacinto Pérez caminaba con sus hermanos a cumplir una manda a Petatlán, pero como el río estaba muy crecido dejó a los dos menores encargados en Los Arenales y él se fue a cumplir su manda y ya no regresó. Los niños crecieron en Los Arenales ya mayores Antonio partió a la revolución y Herminio se fue a vivir a El Ticuí, donde al morir dejó una gran descendencia.
Cuenta la tradición que en la sierra, donde la gente es muy devota de Padre Jesús de Petatlán, todos los años se organizaban caravanas de los pueblos para ir a visitar al milagroso Santo. En aquellos tiempos no había vías de comunicación. Se caminaba tres días de Atoyac hasta Petatlán. Una mujer llamada Sofía iba caminando a cumplir una manda y llevaba sed, como renegaba y maldecía se convirtió en piedra. Durante mucho tiempo los peregrinos que pasaban por la piedra le ponían agua, porque esa mujer llevaba sed. Con los años la piedra que fue doña Sofía quedó perdida entre el monte porque al abrirse la carretera a Zihuatanejo el Camino Real quedó en el olvido.


martes, 22 de noviembre de 2016

Ciudad con aroma de café VIII


Víctor Cardona Galindo
En mi ciudad las motocicletas y las motonetas se convirtieron en un lastre y ya son un problema de salud pública. Durante el 2010 hubo 77 accidentes. Y este año, de enero a la fecha, de acuerdo a los datos de las Cruz Roja van 62 accidentes de motociclistas en esta cabecera municipal.
Las motos rebasan por todos lados, salen de donde quiera, a veces en sentido contrario. Los jóvenes que las conducen desconocen las más elementales normas de vialidad, no utilizan la protección necesaria y conducen a exceso de velocidad. Desde un principio las autoridades intentaron meterlos en cintura, pero toparon con mucha resistencia, las protestas no se hicieron esperar y estuvo a punto de convertirse en un problema político. Pero además la policía vial recibe múltiples mentadas de madre de parte de los padres de aquellos menores a quienes se les decomisa un vehículo. 
Vista panorámica de la ciudad de Atoyac 
tomada desde un helicóptero en el 2013 
después del huracán Ingrid y de la tormenta 
tropical Manuel
Foto: cortesía de Clévert Rea Salgado.

Hace poco de todas las esquinas salían corriendo motocicletas equipadas en la parte de atrás con hieleras. Eran vendedores de tortillas que andaban a la ganaditas. Incluso hubo enfrentamientos a puñetes entre ellos por disputarse los clientes. Pero al final los propietarios de las tortillerías se pusieron de acuerdo para acabar con ese mercado tortillero sobre ruedas. Por eso la dirección de tránsito y la de reglamentos implementaron un operativo para detener a todas las motos con hieleras. Ahora se vende tortillas únicamente donde se debe, en las tortillerías.
Pero las motos particulares siguen sin tener control. Los accidentes van en aumento. Actualmente hay mil 528 licencias otorgadas a motociclistas, pero se cree que hay más de dos mil motos circulando por la ciudad, o sea que más de un 30 por ciento transitan en la ilegalidad.
A pesar que las licencias son baratas, 120 pesos por tres años y 180 por cinco años, muchos prefieren aventurarse y estar al pendiente de los operativos. Las infracciones que aplica el Departamento de Tránsito van de 100 pesos por no usar casco, 100 por no traer licencia y otros 100 por circular sin placas. Pero después de razonar con el infractor y hacerle conciencia que tiene que cumplir con el reglamento de tránsito la multa viene quedando en 200 pesos o menos. El Ayuntamiento es muy flexible en esos casos, porque un exceso puede causar un problema de ingobernabilidad en un municipio como el de Atoyac donde todo tiende a politizarse. 
Las motos se compran a crédito y por eso para el común de los mortales es fácil conseguirlas, sin importar la deuda que adquieran a largo plazo. Las tiendas que las venden hacen un negocio redondo dándolas a más de 50 por ciento de su costo original. Pero además para muchos la motocicleta es una opción porque genera un bajo consumo de combustible, resulta mucho más económico moverse de un lugar a otro con mucha rapidez por eso podemos ver hasta de cuatro jovencitos montados en una sola unidad. A veces en una moto van familias completas, mujeres embarazadas llevan a niños en brazos y otro más grandecito adelante en medio de los brazos del conductor.
Es muy común ver que al hospital general Juventino Rodríguez García lleguen accidentados de motocicleta muy golpeados, con las ropas desgarradas y ensangrentados. No pocos automovilistas manejan con el temor de encontrarse con una motocicleta. Cuando se detecta por el retrovisor un motociclista siempre hay incertidumbre porque no se sabe porque lado va a rebasar, como relámpago, ganándole la delantera al vehículo más pesado.
Uno de los problemas de los motociclistas es que no tienen conciencia de que manejan un vehículo y que tienen que respetar todas las señales y reglas de tránsito. Aunque también los automovilistas tratan con cierta prepotencia al motociclista, muchas veces no los respetan cuando aquellos tienen la preferencia y aunque la culpa la tenga el del carro, en un choque, terminan culpando al de la moto porque como quien dice: “Cría fama y échate a dormir”.
El martes 3 de febrero de 2015, a las 10 de la mañana, hubo un  aparatoso accidente, donde Martha Hilda Hernández García de aproximadamente 25 años de edad murió, cuando en la calle Aquiles Serdán, a la altura de la Emiliano Zapata fue alcanzada por una combi de transporte público que le pegó en la parte trasera y la proyectó sobre las gradas de una clínica que se encuentra en ese lugar. El impacto en el cráneo le provocó la muerte. Comentan que falleció cuando era trasladada al puerto de Acapulco por el estado complicado de su salud.
El chofer de la combi E21 de trasporte lo colectivo, Everardo Cruz Quesada de 60 años de edad, fue detenido. Aquí el asunto no es a quien echarle la culpa, debemos ver si este fallecimiento se pudo evitar. La chica no traía casco, porque en ese momento nadie lo exigió. Su muerte causó conmoción en la ciudad porque era muy conocida, vendía comida en el interior del Ayuntamiento e iba todos los días en su motocicleta por su niña al Jardín de Niños, además jugaba futbol en el equipo Las Potras y vivía en la colonia Mártires del 30 de Diciembre. Ese accidente le robó su hermosa y productiva existencia.
Otras dos jóvenes vidas se apagaron en un accidente de carretera. Gabriel  Mesino Rosales de 28 y Edwin Javier  Hernández Hernández de 23 años viajaban, el sábado 7 de febrero de 2015 a las once de la noche, a bordo de una motocicleta en la carretera Acapulco-Zihuatanejo cuando fueron atropellados, a la altura de la comunidad de Quinto Patio, por un tráiler que se dio a la fuga, los dos murieron al instante, mientras su otro acompañante fue gravemente herido al hospital regional de Atoyac. 
Tanto los difuntos como el herido eran de la colonia 18 de mayo. Dicen los testigos que al ser arrollarlos por el tráiler, los jóvenes cayeron sobre la cinta asfáltica y una camioneta les pasó por encima, mientras Aldai Hernández Hernández de 21 años, que estaba grave, cayó fuera de la carretera. Siempre hay errores humanos, se dice que la motocicleta donde viajaban los tres jóvenes no llevaba las señales intermitentes y ellos tampoco tenían casco de protección. Venían de Hacienda de Cabañas rumbo a la ciudad de Atoyac. Siempre la maldita improvisación “hay se va de todas maneras no pasa nada”.     
El 7 de marzo de 2016 el repartidor de pizzas Daniel Lozano Salgado quedó en estado de coma después de chocar con una combi del servicio público en la calle Hermenegildo Galeana esquina con Obregón. Realizaba su trabajo cuando a las cinco de la tarde de ese día le sucedió éste percance que por poco le cuesta la vida.
En esos mismos días, en una tarde que se dirigía a la ciudad de Atoyac, Oscar Villegas Macedo de 20 años de edad originario de Cacalutla quedó gravemente herido cuando se impactó en la parte de atrás de un camión materialista, en el boulevard a la altura de la unidad habitacional Bella Miel.
En otro caso una señora murió en el centro de la ciudad, en la esquina de Corregidora con Benito Juárez. Los hechos fueron la noche del viernes primero de julio del 2016, cuando Yolanda Valeriano Rodríguez de 48 años de edad, vecina de la colonia La Villita viajaba con dos menores en una motocicleta. La mujer llevaba en brazos a su nieto de cinco años y su hijo Javier también menor de edad conducía la moto cuando fueron impactados por otra motocicleta que venía a exceso de velocidad. Ella recibió un golpe en la cabeza y murió cuando era atendida en ese centro del dolor que se llama hospital Juventino Rodríguez García.
Después del asesinato del teniente retirado Julio Barrios Gómez y del militar en activo Avelino Fonseca de la Cruz ocurrido a las 9 de la noche del 13 de septiembre de 2016. Los militares del 109 Batallón de Infantería quisieron poner en orden a las motocicletas y efectuaron operativos relámpagos por distintas partes de la ciudad y luego dejaron de hacerlo. Se dijo que los asesinos de los militares se movían en motos, por eso el Ejército realizó esas operaciones.
El viernes 21 de octubre en el boulevard Juan Álvarez se mató en un accidente de moto el joven Hirving Ayala Ortiz, era de San Jerónimo de Juárez. No se sabe mucho del accidente, los hechos se manejaron con mucho hermetismo. Se supo de su deceso por las redes sociales.
El que lidia directamente con las motocicletas es el Departamento de Tránsito que encabeza Pedro Rebolledo Málaga, la Cruz Roja que coordina Ciro Pérez Rodríguez no se da abasto a prestar auxilio y la coordinación de Protección Civil a cargo de Hirving Hernández Zamora también apoya levantando lesionados.
El Departamento de Tránsito es municipal desde 1994 año que fue entregado, por el director general de tránsito en el estado LuIs Toribio Casarrubias, a la presidenta municipal María de la Luz Núñez Ramos quien dio posesión como director al ingeniero Felipe Zúñiga Benítez. Desde entonces la vialidad de la ciudad es asunto del municipio y transito estatal se encarga de los caminos vecinales y del boulevard para allá es federal.
La Cruz Roja llegó a nuestra ciudad en octubre del 2003. Comenzó operaciones con el apoyo del extinto alcalde Germán Adame Bautista, por gestión de la empresaria y su primera presidenta del patronato Verónica Flores González.
Para acabar con el problema se salud pública que representan las motocicletas, el Departamento de Tránsito a cargo de Pedro Rebolledo Málaga, implementó la campaña “Usa la cabeza, usa el casco”, dirigida a todos los motociclistas, con el objetivo de prevenir los accidentes viales: orientando a usar el casco, a no rebasar por la derecha, no ir a exceso de velocidad, no llevar más de dos personas en su moto, no manejar en estado de ebriedad, no usar el celular al manejar y respetar las señales de tránsito.
La campaña colocó lonas en las entradas a la ciudad y en los talleres de reparación de motos, se realizaron operativos preventivos, donde se aplicó el reglamento de tránsito; se difundió un video y dieron pláticas en las escuelas de nivel básico y medio superior, parece que la campaña no fue escuchada porque el problema persiste.
También se han fomentado eventos como una rodada de motociclistas, con participantes de Acapulco, Zihuatanejo, Atoyac y San Jerónimo, aglutinando a más de 300 motociclistas profesionales, donde realizaron conferencias, concursos y vehículos 4x4 todo terreno, con el objetivo de engalanar el cierre de la Feria de Atoyac, dando un espectáculo de primera calidad a la población, pero también con el objetivo de fomentar la cultura de la prevención, porque las pláticas que se dieron tuvieron el objetivo de mejorar la cultura vial entre los que manejan este tipo de vehículos.
En esta ciudad en las últimas fechas no es fácil ser agente de tránsito, porque parece que todos los conductores comieron gallo y andan enojados, no pocos traen pistola. Como sucedió hace unos días en la comunidad de El Ticuí, dos vehículos chocaron y cuando se presentaron los agentes de tránsito con la grúa para llevarse los coches, un militar que era el conductor de uno y que llevaba armas en la cajuela, les sacó una pistola y los amenazó. Sin embargo llegó la policía y lo sometió. La situación se controló y no pasó a mayores, pero el susto a los agentes nadie se los quita.
El paso de tráileres por la ciudad causa caos vial y muchos carros materialista circulan dejando piedras en el pavimento causando molestias en la población. Los carritos de tacos y los triciclos se empeñan en avanzar en sentido contrario por la calle principal causando desorden y caos en ciertas horas de la mañana.
En información que proporcionó Pedro Rebolledo Málaga dice que en lo que va del año ellos atendieron 36 accidentes de motocicletas, 51 de choques de vehículos, dieron vialidad a 71 sepelios y la corporación otorgó 373 apoyos diversos a la población.
En corte que realizó en septiembre Protección Civil informó que durante el presente año brindó apoyo a 15 accidentes vehiculares y 40 de motociclistas. En los cuales auxilió a la vialidad y traslado los heridos al hospital general Juventino Rodríguez García, para su valoración médica, todo esto en coordinación con Seguridad Pública y tránsito municipal.

Mientras tanto la Cruz Roja informó que durante lo que va del año 2016 auxiliaron en 62 accidentes de moto, mismos que fueron provocados por exceso de velocidad, por falta de pericia, manejar en estado de ebriedad y desconocimiento del reglamento de tránsito. De los 62 pacientes auxiliados ocho sufrieron traumatismo craneoencefálico, daño cerebral severo de nivel tres, se desconoce si hubo algún deceso. El resto en su mayoría sufrió fractura de algún miembro que requirió atención médica especializada. Sólo una minoría sufrió lesiones leves. 

lunes, 14 de noviembre de 2016

Graffiti, arte urbano en Atoyac

Víctor Cardona Galindo

De pronto la ciudad de Atoyac se vio invadida por coloridos dibujos raros llamados graffitis, unos comics bien elaborados con mensajes de izquierda, otros eran sólo iniciales y nombres con letras distorsionadas y se multiplicaron los murales. Se comenzó a construir un código difícil de entender para la mayoría de la gente.
Hubo quien se comenzó a espantar, ¿quiénes serán esos mensajeros del diablo que pintan por toda la ciudad? Pero no es así, el graffiti es un arte y los que pintan son jóvenes que estudian, son responsables y quieren una sociedad mejor.
Graffiti dedicado a los desparecidos políticos. Estaba en la casa de la cultura
pero fue borrado. Foto: Víctor Cardona Galindo

Es importante que se sepa que es una actividad que no se realiza por dinero. Para ser graffitero se necesita talento, dedicación y preparación. Los graffiteros son artistas urbanos y existen categorías: están los que sólo hacen tags, que es la firma del que los elabora; los que forman bombas, que son letras gruesas; los que crean piezas con una imagen o caricatura, los que hacen un mural, son los más avanzados por que dominan diferentes técnicas.
¿Ha visto usted el graffiti que está en la esquina de  la calle Corregidora con Benito Juárez?, es un  mural hecho utilizando la técnica de aerosol, que presenta la imagen de Emiliano Zapata, símbolo de la Revolución Mexicana, junto a la imagen del Ché Guevara, ícono de la revolución internacionalista, con las siguientes leyendas: “La unidad popular es la que puede hacer el verdadero cambio”, “Tierra y Libertad”, “Hasta la victoria siempre”. Por la calle Reforma, cerca del arroyo Cohetero, hay otro graffiti con estilo salvaje que dice “Entiendan ellos quieren expresarse”.
Cuauhtémoc Contreras, El Mors e Ismael Galeana Pino, Merik, son dos de los exponentes del graffiti en Atoyac y encabezan un grupo importante de jóvenes dedicados a este arte.
Para Cuauhtémoc Contreras el graffiti es una forma de escribir y de pensar, aquí en Atoyac el graffiti fue tomado como una forma de expresión política y de concientización. Este arte nace en Nueva York en los sesentas y los inmigrantes lo trajeron a la ciudad de México de donde pasó a nuestra ciudad cafetalera.
Para muchos es una forma de dejar su firma, como una manera de marcar su presencia, ese es el tag, pero también se pitan bombas unas letras estilizadas llenas de color. Otros estilos son la elaboración de piezas que es una imagen o caricatura y se practica el muralismo mixto combinando técnicas como el aerógrafo, aerosol y el pincel. Estos cubren toda la pared y son los más avanzados.
El Mors narra que al principio no les prestaban las bardas, había que rogarle a la gente, pintaban solo sus firmas; Mors, Ciper, JNK, RSK y otras piezas. Le dicen piezas a una extensión, “son las partes que les metes a los graffitis que no son letras”. Otros estilos son: el 3D, las Bombas, las Burbujas y Wild Style.
En el callejón Ignacio Manuel Altamirano estaba un graffiti en aerosol de la imagen de Ricardo Flores Magón con un tag que dice Boser, la leyenda: “La lucha continúa… Regeneración”. Este mural fue cambiado por una pieza tipo 3D y una leyenda que dice “Dejar de luchar es empezar a morir”, firma FR4.
Atrás de la casa de la cultura en la calle Aquiles Serdán, pintaron una anguila-submarino, la hicieron con Montana una pintura española especial para el graffiti, este mural lo firma el Mugre Crew, uno de los grupos de graffiteros que vinieron en el 2010 al encuentro de “Expresión urbana”, esa anguila refleja un estilo propio del grupo que la pintó.
Durante mucho tiempo atrás de la casa de la cultura antes de que pintaran la anguila, estuvo la imagen de Lucio Cabañas pintado por el “Peke” y la de un Guerrero Jaguar que hizo un graffitero mexiquense muy famoso que firma como “Humo”, las letras eran de otro graffitero llamado “Mibe”. Hay actualmente al interior del Centro Cultural Atoyac un mural hecho con técnica de aerosol que hizo “Humo” dedicado a los desaparecidos y a la tradición de lucha de Atoyac.
Los graffiteros desarrollan juicios estéticos de vida que crean una identidad como “El Ymen” que vino a pintar a esta ciudad en abril del 2011, donde dejó marcado su estilo atrás de la barda de la escuela secundaria número 14. En Acapulco es fácil identificar un graffiti de “El Ymen” por la visión que tiene de la naturaleza.
En la jerga graffitera es común el uso de términos en inglés, lo que pone patente el origen del movimiento. Por eso el tag, es una firma simple; la bomb, letras inmensas en dos dimensiones; wildstyle, letras con diseño intrincado; 3D, letras tridimensionales; hot line, línea luminosa que bordea las letras; In line, línea dentro de las figuras.
En Atoyac otras generaciones de graffiteros  fueron los llamados: “Célula”, “Solo Carnales” o “Solo Célula”, luego vinieron “Los Guerreros”, que se transformaron en “Juntos No Caemos”, más tarde FR2 y ahora son FR4- SK8 porque se unieron con los skates.
“Hubo otros grupos que surgieron pero no tuvieron trascendencia, porque vieron al graffiti como una moda y no como un arte. Ahora se busca hacer calidad y no cantidad. Se busca comunicar a la sociedad cosas positivas”. Aunque hay que destacar dice El Mors que hay niños que rayan casas sin sentido, eso afecta a los graffiteros profesionales porque ellos ya se han ganado un respeto.
Antes la policía los molestaba. A cada rato llegaban patrullas a preguntar si tenían permiso de pintar. Los querían subir a la patrulla, como sucede en Acapulco y en Chilpancingo donde los agarran, los llevan a barandillas y los multan. Aunque también hay que remarcar que el graffiti surgió como protesta en contra del sistema, se rayaba en edificios públicos y empresas influyentes del capital.
Para ir mejorando la técnica hay que ir pasando de Tagger hasta ser writer, y de escritor pasar a muralista. Es todo un engranaje en el oficio comenta El Mors y hay que entenderlo, porque antes decían que era delincuencia y que era del diablo. Eso es normal porque mucha gente siempre va estar en contra de lo que es innovador. El tagger o graffitero hace del graffiti su modo de vida.
En Atoyac los graffiteros participan en la política. Todos los graffitis que aquí hay son de protesta y propuesta, porque los chavos quieren ver que su entorno cambie. Por eso el FR4-BS-SK8 se ha organizado para hacer actividades, limpiaron la cascada que está rumbo al Nanchal y pusieron letreros de no tirar basura. En el río hicieron una faena para retirar el plástico. Todo para hacer conciencia en la gente que hay cosas que deben cambiar.
Concluimos que el graffiti es un movimiento cultural diverso, constructivo y transgresor a la vez. Está relacionado con otras expresiones del arte urbano el hip-hop, Break Dance, el skateboarding  de las patinetas y con una peculiar forma de vestir. Tiene elementos de protesta estética y de voluntad artística. Y en Atoyac una particular organización para que el futuro sea mejor.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Ciudad con aroma de café VII


Víctor Cardona Galindo
Si buscamos un árbol representativo de esta época del año sería el bocote, que florea cuando está cerca el día de Todos los Santos o de los Fieles Difuntos. Pero es además un árbol representativo de la región. Por todos los cerros de la Costa Grande cercanos a la carretera federal serpentean bocotales. Se ven al fondo de las montañas los manchones blancos. En Atoyac ningún camino,  ninguna vereda está exenta de bocotes, hacia donde voltees los ojos los encontrarás. Los patios se tapizan de sus flores blancas, que si se mojan son difícil de barrer, se aferran al suelo como no queriendo abandonar la tierra de donde vienen. Como todos los humanos, siempre volvemos a la tierra de la que somos parte.
Sepelio de Gabina Galindo Pino quien murió de dos años
 porque le robaron la sombra los duendes cuando jugaba
 cerca del arroyo Grande, en Los Valles. 
Foto: Álbum de la familia Galindo.

Los bocotes de la orilla de la ciudad, este año se adornaron con parvadas de pericos que desde hacía años no habíamos visto. También los palos de arco encendieron sus olorosas flores blancas, el pericón con sus diminutas flores amarillas llenó los campos y los quiebraplatos brotaron por todos lados, morados, rojos, azules, rosas y blancos. Los montes se convirtieron en un gran altar, en una fiesta de abejas, de tordos y aves canoras.
Al iniciar noviembre en los hogares costeños huele a copal, a conserva de calabaza, lloran los sartenes y las cazuelas al guisar la carne de cuche con chile rojo. Los vendedores de tamales nejos se multiplicaron por todos lados. Así es la fiesta cuando nos preparamos para recibir el alma de nuestros difuntos, que vienen una vez al año, para deleitarse con el aroma de las comidas y los antojos que más les gustaban.
Desde el 31 de octubre todo el centro de la ciudad de Atoyac se llenó de vendedores de flores de cempasúchil, garras de león (amaranto), africanas, mardonias, coronas y calabazas. Más de 150 campesinos bajaron a vender sus flores, de los pueblos de la sierra y de las colonias de la cabecera municipal. No hubo camino a los panteones que no vendieran flores, comida, conservas y veladoras. Al salir de la casa, solamente hay que llevar dinero, allá encuentras de todo.
Había vendedores por toda la calle Juan Álvarez, frente al puente, por la casa de la cultura, frente a la escuela secundaria federal, en la esquina de Aquiles Serdán con Altamirano, el callejón Niños Héroes estaba a reventar, en 5 de mayo alrededor de Bancomer no se podía caminar y uno de los pasajes del Zócalo estaba abarrotado de flores. Había también quien vendía pan de muerto y calaveritas de azúcar.
Por todo el centro había también vendedores de velas y veladoras. Hay de todos los precios. De acuerdo a lo que prendas así se alumbrará tu difunto al venir en el camino hacia la ofrenda. Si no le prendes nada vendrá en la oscuridad, por eso más vale no ser tan tacaño y comprar una vela que valga la pena. “Las luces de las veladoras hacen las veces de faros que guían a cada alma hacia su altar. Se dice que los alimentos pierden su sabor y olor porque el difunto se llevó su esencia”, eso escribió Elena Poniatowska.
“La muerte en México es fiesta, risa, azúcar, cempasúchil -esa flor amarilla que cubre el campo en noviembre-, veladoras y ofrendas. Y no sólo en México. La calavera, símbolo de la muerte, cubre toda la arqueología de Mesoamérica; la muerte es parte de la vida cotidiana, aparece en el uso diario, en platos, ollas, vasijas, braseros, metates, copales; la muerte no espanta, al contrario, nos recuerda que todo pasa, que todo lo terrestre se acaba, y que llevamos dentro un esqueleto”, dice otra vez Elenita.
El cielo azul y un bocote floreando en el panteón central
de Atoyac. Foto Víctor Cardona Galindo. 

Nuestros antepasados enterraban a sus muertos con ofrendas, así se demuestra en los panteones prehispánicos que se han descubierto al sur del municipio de Atoyac en las riberas de la laguna de Mitla, desde Zacualpan hasta El Tomatal, se han encontrado grandes vasijas con restos humanos en su interior, es una gran zona de panteones prehispánicos. Hay que recordar que Mitla, significa “región de los muertos”, porque viene del náhuatl Mictlan que quiere decir “mundo de los muertos”. Esa es una zona de muertos.
Esta vez con música de viento, al son de guitarra y violín se festejó el tradicional Día de Muertos y se registró una gran afluencia de visitantes que abarrotaron los diferentes panteones del municipio de Atoyac. Los atoyaquenses que habitan en otras latitudes vinieron reunirse con su familia y recordar como cada año, a sus seres queridos que están en la vida eterna.
Familias enteras llegaron desde temprana hora a los cementerios para convivir y compartir los alimentos junto a las tumbas de los ya fallecidos. Colocaron flores, veladoras, coronas, incluso fotografías para sentir la cercanía de sus seres queridos, comentaron anécdotas y los gratos recuerdos que dejó el fallecido en este “valle de lágrimas”.
Antes en los camposantos había un árbol conocido como saladillo que se extinguió, se llenaban de pajaritos que comían sus frutos. Los panteones de este municipio están enmarcados por los bocotes en pleno floreo que sumándole el cielo azul de estos días, el panorama es un mosaico de colores donde predomina el amarillo de las tradicionales flores de cempasúchil y el rojo encendido de las garras de león, y los que pueden colocan pompones, gladiolas, rosas y claveles. Porque aun después de la muerte siguen patente las clases sociales, hay tumbas apenas de tierra y mausoleos muy elegantes adornados con losetas y mármol. De todo encuentras en el panteón. Lo que sí es seguro es que estos días pobres y ricos confluyen en la última morada de sus ancestros.
En estos tiempos del dengue, Chikungunya y el Zika el sector salud han emitido recomendaciones a la ciudadanía para que los arreglos naturales se sustituyan por artificiales, debido a que los recipientes con agua que se utilizan en los panteones, sirven de criaderos de larvas del zancudo transmisor de esas enfermedades. Pero la gente sigue con la tradición y aunque el panteón de vida a muchos mosquitos, los soportarán los que viven cerca, los demás volverán a sus casas lejos de ese gran criadero de insectos.
El Ayuntamiento se encarga de pintar las bardas de los panteones y de tirar la basura. Trabajadores de servicios públicos, saneamiento básico y personal de Protección Civil mantienen guardias permanentes en los principales accesos al panteón central y demás cementerios del municipio.
El guerrillero Lucio Cabañas Barrientos está sepultado en el Zócalo de la ciudad, las organizaciones sociales, familiares y los devotos cabañistas no se acordaron ahora del obelisco donde están sus restos. “La tumba no tenía flores ni veladoras en la rejilla exclusiva para ello, que estaba llena de basura”, escribió Francisco Magaña.
“Aunque muchas culturas del mundo celebran a sus muertos con diferentes ritos, en ningún país sucede lo que en México: somos los únicos que transformamos nuestros huesos en azúcar, los únicos que hacemos de nuestro cráneo una cabecita de dulce a la que le ponemos nuestro nombre, los únicos que abrimos grande la boca para comernos a nosotros mismos y chuparnos los dedos con las clavículas, las tibias y los peronés convertidos en pan de muerto”, comenta Elena Poniatowska.
Aunque somos muy devotos a nuestros difuntos la verdad es que durante el año, las tumbas permanecen cubiertas de hierbas, a veces ni se ven, pero en Día de Muertos, muchas personas hacen una “feriecita” limpiando, pintando tumbas, vendiendo agua y hasta botes para poner las flores. Hay que reconocer que también hay tumbas abandonadas, que las únicas flores que tienen son las que nacen de forma natural sobre ellas. Personalmente he sorprendido algunos que se roban las flores más bonitas de otras tumbas para ponérselas a sus muertos.
El primero y 2 de noviembre son días de reencuentro familiar y de saludar a los amigos que no vemos en años. Todos vuelven donde tienen a sus difuntos. “Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”, diría Gabriel García Márquez en Cien años de soledad.
Hay una creencia muy arraigada en el pueblo, que cuando alguien hizo un pacto indebido en la vida con “El Malo”, cuando muere sus riquezas se van con él. Por eso en el momento que expiró coronel Francisco Vázquez, La perra parida; del cerro bajó bufando un prominente toro negro, de un pelaje brillantísimo, que a su paso se llevaba todos los alambres en el pecho, atrás de él se fueron todas las vacas del difunto y sus familiares nunca más las volvieron a encontrar. Se perdieron en la espesura de la Sierra Madre del Sur. Al paso de los años destaparon la tumba de don Pancho para enterrar a una de sus descendientes y donde debieron estar los restos no encontraron nada. La tumba estaba vacía.
Nadie puede vencer a la muerte, “siempre está a nuestro lado izquierdo acechándonos”, le dijo don Juan Matus a Carlos Castaneda. Y Sísifo por querer matar a la muerte fue condenado a llevar una piedra hasta la cima de una montaña y verla rodar hacia abajo en cuanto está a punto de llegar. Así por toda la eternidad. Se dice que los malos y pecadores están colgados sobre un mar de fuego que les quema los pies por toda la eternidad.
Pero nuestros muertos mediante los sueños se comunican con nosotros. Nos dicen como están. Para ir donde está mi abuela Irene por ejemplo, se camina por una vereda rodeada de plantas y flores de anís, al llegar a la cima de una montaña se baja cientos de metros por una escalera de cristal, hasta llegar a una pequeña y hermosa cabaña de tejas, donde todas las mañanas la abuela Irene eternamente pelea con un burro que viene a comerse las flores de su jardín. Y la abuela Victoria todas las mañanas limpia el camino a su casa, aleja las espinas, quita las piedras y arranca las malas yerbas. Ella viene en los sueños para darme una tunda cada vez que hago algo indebido.
Dicen los que saben que los velorios de ahora no tienen chiste. No dan mucha comida, en algunos ni piquete ofrecen y también se llora menos. Los vecinos se han vuelto poco solidarios no asisten a los acompañamientos y los que van a las 11 de la noche ya dejaron sola a la familia doliente. Triste situación.
En los pueblos todavía salen caros los funerales porque dan mucha comida. La gente todavía acompaña y no falta el picadillo que es el platillo más recurrente en los velorios. El picadillo se cocina ablandando la carne de res o de marrano en un caldo con ajo y cebolla. Ya que está cocida la carne se pica, se agrega cebolla picada, hierbabuena y ajo. Se calienta el aceite y se fríe lo que se ha picado, se agrega salsa a base de chile guajillo, ajo, cebolla, cilantro de bolita, comino y el jugo que la carne dejó al sancocharse y se deja hervir; una vez que está todo cocido se sirve con arroz, este platillo suele ser caldoso.
La tía Rosita Santiago Galindo recuerda que, en el pasado atoyaquense, cuando alguien moría al comenzar a velarlo primero lo acostaban en el suelo sobre una cruz de tierra. Luego montaban el altar y enfrente colocaban al difunto sobre una mesa o una cama. Lo tapaban con una tela de punto, transparente y blanca. Hasta el otro día, cuando ya lo iban a llevar a enterrar, entonces lo metían en la caja. Si era joven, invitaban a jóvenes para que acompañaran el cortejo vestidos de blanco y llevaran los lazos que colgaban de la caja. Si era mujer joven pedían prestadas a sus padres seis muchachas que iban vestidas de blanco con coronas de flores blancas y un velo que las tapaba de los pies a la cabeza.
Iban dos jovencitas por cada lado agarrando el listón y las otras dos acompañaban. Toda la gente se incorporaba al cortejo con velas encendidas, rezando, cantando oraciones y alabanzas. Se repartía a toda la gente que acompañaba, flores, velas y un limón agrio con tres clavos de guisar incrustados. Cuando llegaban al panteón apagaban las velas, las entregaban a los familiares y el ramo de flores lo dejaban en la tumba.
El limón con los clavos, que era donado por los vecinos, se acostumbraba para contrarrestar el humor, que es una especie de mala vibra que se queda impregnada en la gente que asiste al panteón o simplemente se lleva el humor de la gente. Hay personas muy sensibles a quienes les da calentura. A veces el humor también provoca que se pasme una herida y los niños se enfermen de coraje.
El cortejo iba por toda la calle y pasaban a la cruz de la iglesia a despedir al difunto y de ahí al Camposanto. Ahora hacen misa de cuerpo presente para despedirse de la iglesia y la gente ya no lleva velas. En aquel pasado que recuerda la tía Rosita, si el difunto era soltero, repicaban y doblaban las campanas. El doble es para los adultos y el repique para los angelitos. Pero al soltero mayor se tocaban de las dos formas. 

Algunos difuntos mayores eran llevados al panteón con música, generalmente era la orquesta la que tocaba en los entierros; también a los angelitos los llevaban al panteón con música, pero para estos el acompañamiento era con una guitarra, violín y un triángulo. Para el novenario repartían pan e invitaban a rezar, diciendo la frase “si el gustoso de acompañar a rezar”. Las mujeres acompañaban al rosario y ahora ya no quieren rezar.