martes, 9 de junio de 2015

El Paraíso, Onceava parte


Víctor Cardona Galindo

En 1984, un grupo de priistas que promovían la candidatura de Jaime Coria Gómez se rebeló en contra de las decisiones del centro, realizó marchas y tomó las instalaciones del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Atoyac. En ese movimiento participó Rubén Ríos Radilla de la colonia Miranda Fonseca, Margarito Pérez Ocampo de Corralfalso, Leónides Martínez Gómez de El Porvenir, Sabas Peralta Juárez de Los Valles y Evodio Arguello de León de El Paraíso, entre otros.
Siendo todavía gobernador Alejandro Cervantes Delgado, los priistas se opusieron a la designación José Luis Ríos Barrientos como candidato a la presidencia municipal. Esa vez se unieron los representantes de las comunidades, de la sierra y el bajo, para enfrentar el cacicazgo del PRI que en ese tiempo ejercía el presidente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) José Nogueda y el ex alcalde Ladislao Sotelo Bello. Ellos tenían el sartén por el mango en el tricolor.
El dirigente perredista de Cacalutla, Oscar Rivera Leyva;
 Wilibaldo Rojas Arellano, Mario Valdez Lucena, ese 
tiempo líder del PRD en El Paraíso; Rubén Ríos Radilla
 y el periodista Antonio Rivera Rosales durante un mitin 
contra la imposición de Evodio Arguello de León 
como presidente del Consejo Municipal. 
Foto tomada del periódico Opina de junio de 1991.

En 1986 todos apoyaron a José Francisco Ruíz Massieu para la gubernatura y el año siguiente se aglutinaron entorno a la candidatura a la alcaldía de Apolinar Castro Zamudio. Más tarde ese movimiento que encabezó Jaime Coria Gómez se dividió, una parte se quedó en el PRI y la otra se fue a conformar el Frente Democrático Nacional en Atoyac, que en 1988 lanzó para la presidencia de la república al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Este fenómeno electoral cambió la historia del país y afectó hasta las más pequeñas comunidades del país. El Paraíso no podía ser la excepción.
Un grupo de profesionistas, donde se encontraban miembros de la familia Valdez Lucena, había comenzado a trabajar en El Paraíso con obra social, haciendo por pura cooperación empedrados en tramos de calles, el grupo no tenía nombre ni partido. Por eso en la primera visita de Cárdenas creció el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) al que le decían el ferrocarril. Todos se fueron con él porque oportunistamente usaba el apellido de Cárdenas. Más tarde Octaviano Roque Ruíz llegó a El Paraíso, los Valdez Lucena que le dieron hospedaje, alimentación y lo acompañaron a todos los pueblitos cercanos a esa comunidad para promover la candidatura cardenista.
Después de la jornada electoral del 6 julio, que mediante el fraude electoral se impuso a Carlos Salinas de Gortari, muchos actores políticos decidieron conformar en mayo de 1989 el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Tres meses después el nuevo instituto político enfrentaría su primera elección municipal y el PRI por primera vez competiría en serio. En esa elección algunos sectores campesinos del PRI se organizaron para promover la candidatura de Pedro Magaña Ruíz de San Vicente de Jesús. Pero los comerciantes de la cabecera no vieron con buenos ojos al líder campesino, a quien consideraban un huarachudo, y le antepusieron a Octavio Maya Suárez. Es cuando el PRI, presionado por la existencia del PRD, realiza su primera elección interna en la historia del municipio de Atoyac.
De ese proceso interno salió electo Pedro Magaña quien nació el 9 de septiembre de 1937, había sido presidente del Comisariado ejidal de San Vicente de Jesús en 1977, líder de la Confederación Nacional Campesina (CNC), Presidente de la Unión de Ejidos Alfredo V. Bonfil y Secretario General de la Unión Estatal de Productores de Café. También había sido suplente del diputado local Luis Armijo. El naciente PRD decidió registrar a como candidato al profesor Octaviano Roque Ruiz miembro del magisterio disidente y líder indiscutible de la izquierda local.
La jornada electoral del 3 de diciembre de 1989, se llevó acabo de manera irregular, como no había credencial de elector con fotografía ni tinta indeleble muchos votaron varias veces, en diversas casillas los representantes del PRD fueron corridos bajo amenazas. Se denunciaron todas las anomalías habidas y por haber.
Después de la jornada electoral, el 10 de diciembre, los simpatizantes y militantes del PRD montaron guardia con palos y piedras afuera del Comité Electoral Municipal bloqueando la calle Aquiles Serdán, una de las dos vías principales de la cabecera. Se hablaba de 2 mil ciudadanos “engarrotados” que  no iban a permitir que se consumara un segundo fraude electoral.
Por la noche la calle Aquiles Serdán hervía de perredistas, ahí estaban todos. Carlos García filmaba y llegó la dinastía Lucena de El Paraíso. Fulgencio Hernández puso una vendimia de refrescos de la Coca Cola y Mariano Magaña ayudaba con los mandados en su combi. Wilibaldo Rojas y Otilio Laurel eran los representantes dentro de la Comité Electoral y a cada rato salían a dar información, adentro estaban las cosas que ardían.
En un momento sacaron una urna y la quemaron. Ya en la madrugada se vieron llegar cientos de policías antimotines, venían formados, con sus cascos, escudos, toletes, coderas y rodilleras. De lejos parecían guajolotes. En la primera envestida comenzaron a caer piedras de río sobre los perredistas que comenzaron a defenderse con todo lo que había. Las botellas con Coca Cola y embaces vacíos cayeron sobre los policías, incluso los tizones de la cocina improvisada fueron arrojados contra los atacantes que los regresaban en el acto. Los tizones, al volar por el aire, soltaban muchas chispas que parecían juegos pirotécnicos.
El enfrentamiento terminó cuando intervinieron los soldados y los antimotines se llevaron las urnas. Los soldados se pusieron a la mitad entre los perredistas y la policía. Dicen que para proteger a la gente, pero en realidad fue una estrategia para garantizar que se llevaran las urnas y escaparan los miembros del Comité Electoral.
Después del encontronazo Jesús Valdez Lucena se veía empapado de sangre, una piedra le rompió un diente y de paso el labio.  Lo llevaron al hospital para que le suturaran la herida. El paraiseño era suplente del síndico en la planilla que encabezó Roque Ruíz.
Después por la mañana los perredistas hicieron una marcha a las instalaciones de la Secretaria de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH) porque se creía que funcionarios de esa institución habían participado junto con los antimotines en el ataque, también se rumoraba que Joel Dueñas y Morelos Vargas habían sido los asesores del fraude electoral. Cuando los manifestantes se introdujeron en esas oficinas federales, muchos trabajadores corrieron hacia el río. Luego marcharon hacia el Zócalo donde se realizó un mitin.
Ese 11 de diciembre 1989 a las cuatro de la mañana, según la prensa, resultaron 17 heridos en el desalojo de perredistas frente al Comité Municipal Electoral, además de que hubo una persona desaparecida. Se informaba que llegaron 200 policías en tres autobuses. Los heridos fueron: Adolfo Pino Castrejón, Felipe Ponce, Gregorio Flores, Francisco Blanco, Faustino Onofre, Marcial Vargas, Eugenio Balderrama, Ranulfo Delgado Sotelo, Jesús Francisco Bolívar, Irineo Adame Barrera, José Hernández Benítez, Luis González Ramírez, Eusebio de Jesús, Carlos N y Gonzalo Jaimes Blanco, éste último padre del líder de la Coalición de Ejidos de la Costa Grande Zohelio Jaimes Chávez.
Como el 13 de diciembre los dirigentes perredistas se entrevistaron con José Francisco Ruíz Massieu quien les dijo que su policía había quedado muy deteriorada y que si seguían con las movilizaciones ahora les iba a mandar al Ejército.
Al día siguiente la prensa publicaba que Atoyac de Álvarez era un polvorín, militantes priistas y perredistas están dispuestos a pelear la alcaldía en una guerra sin cuartel. Ese comentario sería una realidad en el siguiente año y medio.
El párroco de la iglesia del Dios único, Máximo Gómez Muñoz exigió, el 15 de diciembre, que el gobierno respetara la voluntad popular y reprobó la violencia vivida en las localidades de la Costa Grande. Al día siguiente Eduardo Valderrama denunció que bajaron las ventas por cuestiones electorales, pidió al colegio electoral que decidiera cuidadosamente, para evitar mayores confrontaciones.
Más de mil perredistas marcharon el 16 de diciembre e iniciaron un plantón indefinido frente al palacio municipal y el 19, las 2 de la mañana, decidieron tomar definidamente la comuna, procedieron a cerrar con candado la única entrada que era utilizada por los funcionarios.
El 20 de diciembre el Congreso del Estado concedió los triunfos al PRI en Tierra Colorada y Atoyac de Álvarez. El cuerpo del dictamen dado a conocer por la diputada Mónica Leñero especificó que Atoyac de Álvarez no se realizó el cómputo final.  Lo hizo el congreso donde el PRI sacó 5 mil 386 votos y el PRD 3 mil 755.
Aquel jueves 21 de diciembre, se publicó en la prensa que el PRD entregaría la alcaldía si el Ejército se lo pedía. Los perredistas iniciaron pláticas con el coronel Francisco Meza Castro, comandante del 49 Batallón de Infantería para evitar un desalojo violento. Al medio día de ese jueves, los dirigentes perredistas Decidor Silva Valle, Guadalupe Galeana Marín, Octaviano Roque Ruíz y Ángeles Santiago Dionisio asistieron a una primera plática con el alcalde Alejandro Nogueda Ludwig, que se llevó a cabo todavía en las instalaciones del Ayuntamiento.
El PRD no se movió de su postura de que le reconocieran el triunfo, Alejandro Nogueda les dijo que le correspondían dos regidurías.
El día 22 se publicó el dictamen que daba el triunfo a Pedro Magaña. Los perredistas no reconocieron el triunfo del candidato del PRI. Luego se apoderaron totalmente del palacio municipal, ese el viernes 22, después de romper las pláticas con Alejandro Nogueda Ludwig. A las 15:30 horas los casi 300 perredistas establecidos alrededor del palacio municipal abrieron las cerraduras de las dos puertas del Ayuntamiento, se instalaron dentro del inmueble y cerraron todas las oficinas al interior colocando sellos con el escudo del PRD. Únicamente se permitió la entrada de 10 líderes que fueron Rubén Ríos Radilla, Otilio Laurel, Decidor Silva Valle, El Negris; Octaviano Roque Ruíz, Rommel Jaimes Chávez, Fulgencio Hernández, Agustín Campos, Elio Dionisio, Oscar Rivera Leyva y Tomas Gómez Ruíz.
El sábado 30 el PRD llamó a su militancia para que se concentrara el 31 de diciembre en el zócalo y evitar que tomara posesión el presidente electo del PRI, el último día de ese mes, mil perredistas con garrote en mano y piedras se instalaron en la plaza Morelos y el palacio municipal para para evitar la entrada del alcalde priista. Con esto Atoyac se sumó a otros 30 municipios de Guerrero tomados por el PRD después de las elecciones de 1989.
Al día siguiente Adrián Araujo de El Paraíso, como presidente del Consejo Consultivo de Comisarios le tomó la protesta a Octaviano Roque Ruíz como presidente municipal popular. Ese lunes primero de enero de 1990 y se integró la llamada Comuna Popular Revolucionaria.
Al mismo tiempo que Pedro Magaña rendía protesta en un domicilio particular con el síndico Carlos Santiago Solís y los regidores: Carlos Solís Martínez, Celia Fajardo del Valle y Victorino Castillo Iturio éste último ocupaba ese cargo a propuesta de una asamblea de ejidatarios promovida por la CNC.
Por su parte el PRD continúo con la tradición de darle a El Paraíso la sindicatura, porque al renunciar el titular Tomas Gómez entró al quite Jesús Valdez Lucena, por eso un paraiseño fue el síndico de la Comuna Popular Revolucionaria. Su primera actividad como síndico popular fue acudir al lugar del accidente, que sufrieron sus compañeros perredistas, donde murió Rocío Mesino Martínez, un hijo de Isaías Reyes Téllez y salió lastimada Lucía Chávez Hernández.

Jesús Valdez Lucena estuvo tres meses en el cargo, porque a raíz de la negociación realizada el 7 de marzo del 1990 con el gobernador José Francisco Ruíz Massieu en la que participaron dirigentes del PRD y de la Coalición de Ejidos de Costa Grande se acordó poner como presidente a Jaime Coria Gómez y como sindico a Amadeo Valdez Rayo también de El Paraíso.

lunes, 8 de junio de 2015

Padre Jesús de Petatlán

Víctor Cardona Galindo

Se dice que a fines del siglo dieciocho unos indios descubrieron en un barranco cercano al pueblo de Petatlán la imagen de un nazareno. Nadie supo cómo llegó, esa pieza del arte sacro, a ese paraje próximo a la playa. Una versión es que un grupo de hombres lo transportaba de Nueva Galicia rumbo al puerto de Acapulco pero al pasar por ese lugar se les puso pesada y ya no la pudieron mover.
Padre Jesús de Petatlán

Otra hipótesis es que la imagen era transportada por un buque que naufragó, cuyos marineros al sentir el desastre vieron la manera de ponerla a salvo llevándola a la población más cercana, pero al verse entre selvas y tierras deshabitadas la abandonaron en el barranco donde fue encontrada muchos años después por un campesino que salió muy temprano a trabajar su parcela. En el camino de pronto escuchó gritos de dolor; creyó que se trataba de una persona herida caminó hacia donde salían los lamentos. Encontró que era la escultura de Jesús hincado que se dolía ante el peso de la cruz. Presto avisó a las autoridades religiosas, quienes la rescataron entre los espinos y huizaches donde se encontraba. La imagen estaba tan pesada que donde la encontraron se le construyó una pequeña capilla, más tarde la parroquia que tiene.
Otra versión más aceptada por los creyentes, dice que el sacerdote local convocó a los fieles para reunir dinero destinado a la compra de una escultura de Jesús en el viacrucis. Como el pueblo era pobre la cantidad que se reunió no fue insuficiente. Sin embargo, el sacerdote se preparaba para salir a buscar la escultura para de suplir a la del viejo San Antonio que entonces veneraban. A punto estaba de salir cuando escuchó tres golpecitos en la puerta de la su habitación. Al abrir la puerta, se encontró con un humilde campesino, moreno claro, de ojos negros y tristes, quien sabía cuál era el propósito de su viaje. Este humilde hombre le prometió que él mismo haría la escultura  para que el sacerdote no se expusiera a los peligros del viaje, en ese tiempo que había que vadear ríos y selvas inhóspitas hasta la capital del país o hasta Valladolid, ante la promesa desistió del viaje. Y al domingo siguiente, mientras celebraba la misa en una pequeña ramada, un nativo leñador llegó a él y con alegría lo condujo hasta la sombra de un árbol donde encontraron la escultura nazarena. Por eso nunca se ha sabido quién fue el autor de la obra. La escultura fue llevada al pueblo de Petatlán al medio día de un Domingo de Ramos. En una procesión con palmas y flores primera vez recorrió las calles del pueblo sobre los hombros de sus devotos.
Y a veces  cuando van a limpiar la imagen encuentran que tiene en sus sandalias arena del mar y a otras ocasiones su túnica está mojada. Es cuando algún barco se hunde y lo imploran él acude para ayudar a los náufragos. Un rico comerciante se acercó a la imagen y sintió como los ojos le lastimaron la vista por eso la mandó a retocar. Luego sufriría un accidente que lo llevó a postrarse a los pies del ídolo y pedirle perdón.
Actualmente Papa Chucho, Papa Chuy, Papa Chú o Padre Jesús de Petatlán sigue siendo venerado. Los caminos de la Costa Grande han visto caminar muchos devotos hacia Petatlán. En aquellos tiempos para el 5 de agosto que se venera Papa Chú, había muchas crecientes de los ríos. Don Jacinto Pérez caminaba con sus hermanos a cumplir una manda a Petatlán, pero como el río estaba crecido dejó a los dos menores encargados en El Arenal y él se fue a cumplir la manda y ya no regresó. Los niños crecieron en El Arenal ya mayores Antonio se fue a la revolución y Herminio se fue a vivir a El Ticuí, donde al morir dejó una gran descendencia.
En Los Valles en pueblo donde nací, la gente es muy devota de Padre Jesús de Petatlán, todos los años desde su fundación se organizaban caravanas, de muchas familias de aquí y de los pueblos aledaños para ir a visitar al milagroso Santo. En ese tiempo no había vías de comunicación, se hacían tres días caminando de Atoyac hasta Petatlán.
Dice la leyenda que mujer llamada Sofía iba caminando a cumplir una manda y llevaba sed, como renegaba y maldecía se convirtió en piedra. Durante mucho tiempo los viajeros que pasaban por esa piedra le ponían agua, porque esa mujer llevaba sed. Con los años la piedra que fue doña Sofía quedó perdida entre el monte porque al abrirse la carretera a Zihuatanejo el camino real quedó en el olvido.

jueves, 4 de junio de 2015

El Salto Grande

Víctor Cardona Galindo

El Salto es una comunidad que se fundó allá por 1915, el primero que llegó a vivir ahí fue don Eusebio Téllez, luego las familias Castro y Benítez, vivían allí don Isabel Benítez, Ignacio Benítez, Miguel Castro. Le llamaron el Salto Grande, porque había otro pueblito que se llamaba el Salto Chiquito en los terrenos de don Marcelino Mariscal.
El Salto Grande tenía 14 casitas en 1956. En ese tiempo se fueron sumando otras familias como los Cruz, los Aguilar, los Caballeros, los Martínez Bautista, los Guzmán y Zaragoza, una vez que fue creciendo tuvo su primer comisario en 1959 que fue don Celestino Benítez.
Las tierras de El Salto pertenecen al ejido de Mezcaltepec. Menciono estos datos porque el río cercano a esta comunidad se ha convertido en lugar de recreo de muchos atoyaquenses y visitantes. Para llegar ahí son cinco kilómetros, de la cabecera municipal de Atoyac, hasta el entronque de la comunidad y de ahí 600 metros de terracería hasta el río, encontrará una poza de cristalinas aguas rodeadas de enramadas, donde se venden camarones de río, sopes y todo tipo de carnes, acompañadas de su cerveza bien fría.
A la orilla del río hay unos árboles muy frondosos, donde usted puede llevar su asador de carne y cocinar para la familia mientras se bañan en las frescas aguas. O si prefiere acompañado de un visor usted puede atrapar personalmente los camarones que consumirá, respetando las hembras embarazadas claro está, usted va a notarlas por las hueveras que tienen en su pancita.
Cuando uno mismo se mete al río para atrapar los camarones que comerá, el relajamiento es total, aunque si es muy malo, como yo, para pescar camarones, mejor le recomiendo que lleve su provisión de carne, o pida el platillo de su preferencia en una de las enramadazas, porque a pesar de no haber atrapado los camarones suficientes saldrá del agua con mucha hambre, porque al andar buceando verá como los camarones salen de una piedra y se meten a otra. Es muy emocionante créame y aunque no haya agarrado ninguno, el susto a los camarones nadie se los quita.
Al primero que se ocurrió que el Salto podría ser un lugar turístico, a fue Ladislao Sotelo Bello cuando fue Presidente Municipal por segunda vez. Luego José Cruz, Tirso Silva, Ofelio Benítez, Gonzalo Caballero y Francisco Téllez se asociaron para poner las primeras cuatro enramadas.
Antes de 1975, se llegaba al Salto por medio de un Camino Real, que entraba en el lugar conocido como Las Compuertas y salía en La Cumbre, entre el 75 y 76 quedó terminado en camino de terracería y el 2008 en la gestión del alcalde Pedro Brito García quedó pavimentada la carretera, por eso si decide visitarlo en menos de medio hora estará bañándose en las frescas aguas del río.
Los habitantes del salto, siembran maíz y frijol de temporal y de riego. El pueblo toma su nombre de la cascada que se forma en el río de Atoyac abajo de la población, el río baja por una laja muy grande y cae en el fondo del acantilado, formando un espectáculo natural muy impresionante. Más abajo como a medio kilómetro está el Salto Chiquito una cascada preciosa que puede verse sentado bajo la sombra de los cuajinicuiles o puede nadar si quiere. Pero como está muy solitario, los visitantes se conforman con mirar.
Frente al salto está el cerro Cabeza de Perro una de las montañas más grandes del municipio de Atoyac, donde la leyenda dice que está escondido el tesoro de Juan Álvarez y el cuyas faldas Lucio Cabañas establecía su campamento guerrillero. Se puede subir sólo por la comunidad de Agua Fría.
El cerro tiene su encanto, Francisco Galeana Nogueda en su libro “Conflicto Sentimental, Memorias de un Bachiller en Humanidades” escribió… el cerro está al norte de Atoyac, “Cabeza de Perro”, que tiene un aspecto estéril y desértico; no nos muestra el tono azul como los otros, sino que es de faz blanca como montaña nevada.
Me viene a la memoria de inmediato el cuento o leyenda de ese cerro: “Se ha dicho y se sigue diciendo hasta la fecha, que en cerro o en la cárcel que encierra su verde selva, existe una hermosa laguna, cuyo encanto consiste en vestirse de multicolor  ropaje cuando el sol diluye sus rayos blanquecinos sobra la faz azul de su rostro cristalino”.
Y a la vez, en dicho perímetro abunda lujuriosa floresta, y en cuanto a su fauna hasta el ave del paraíso surca con sus alas medrosas el cielo limitado e impasible. La laguna hechizada tiene de todo y la habitan hermosas ninfas.
El arroyo grande nace en esta laguna, cuyos bordes según cuentan quienes tuvieron la dicha de experimentar este sortilegio, forman el más bello ramillete de flores exóticas y raras; viñedos cuyas frutas almibaradas satisfacen al paladar más exigente.
Todo este sopor lo sentían quienes en alguna ocasión se aventuraban por esos contornos, pues se cree que es el lugar donde los habitantes de Tecpan, temerosos de las incursiones de los tarascos guiados por su rey Caltzontzin, depositaron sus riquezas en oro y piedras preciosas, tesoro que se cree que existe hasta la fecha.
Un nativo del pueblo de Atoyac, según versiones, entregó al General Juan Álvarez un pergamino, el cual contenía el mapa que señalaba exactamente el sitio donde estaba este encantamiento, con el objeto de que el patricio usara este tesoro para la causa de la Independencia; no sabemos si lo encontró, aunque se cree que no fue hallado y sigue reflejando en determinado tiempo la dorada llama de su existencia.

lunes, 1 de junio de 2015

Los cocodrilos siempre han estado aquí

Víctor Cardona Galindo

De pronto corrió la noticia de que había cocodrilos en el río. Hubo quien culpó a las autoridades de antemano, por si algo le pasaba a un cristiano. El área de ecología del Ayuntamiento, se puso en marcha donde habían visto los anfibios. En La poza del muerto, dijeron. Se hizo el operativo y atraparon un espécimen de un tamaño regular.
Los lagartos, siempre han estado en el río. Desde hace tiempo El Cachi está diciendo que los ha visto asoleándose. En otros momentos han atrapado cocodrilos en el río. Nunca a nadie le ha pasado nada. Más bien,  son los cocodrilos los que corren peligro, por eso hay que rescatarlos de ahí y llevarlos a un lugar seguro.
Los saurios en el río son realidad y leyenda:
Cuando niños mi papá nos contaba de los encantos en el río, en la sierra. Los encantos podían ser pozas profundas en donde habitaban peces de colores. Por más que quisieran atraparlos, se escabullían y cuando alguien se lanzaba con un visor entonces se iban a lo más profundo de la poza, que parecía no tener fin. Ningún cristiano podría alcanzar el fondo sólo a pulmón.
Se decía que los peces de colores eran señuelos de los lagartos que habitaban en lo más profundo de la poza. “Los peces de colores eran la trampa, para que los siguieran hasta el hocico del lagarto”. Hubo quien osó decir que medían más de cinco metros y que  un ejemplar estuvo asoleándose frente a sus ojos. Por las noches se oían sus coletazos, el sonido, enchinaba el cuero, asustaba a los cazadores que huían despavoridos del lugar.
No hay antecedentes cercanos de que en la región alguna persona haya sido atacada por un cocodrilo. La maestra Guadalupe Galeana Marín, nuestra sindica, me contó que en San Nicolás, municipio de Coyuca de Benítez, allá por los años treinta, un niño bajó al estero a lavar una papaya, la ensartó en un machetito y desde un puente de madera se agachó para alcanzar el agua, de pronto un cocodrilo le saltó y se lo llevó a lo profundo de la laguna.
El niño tenía poco más de ocho años. El papá lo buscó, sólo encontró el sombrerito y la papaya flotando en el estero, el agua estaba revuelta, buscó a su hijo sin encontrarlo, pensó, por las señas que vio, que un cocodrilo se lo había llevado. Fue a San Nicolás a buscar ayuda donde los hombres del pueblo, se dieron a la tarea de buscar por toda la orilla de la laguna.
Cuando se hizo de noche, con hachones montaron guardia por toda la orilla del agua, hasta que en la madrugada escucharon coletazos. El cocodrilo había salido del agua a desbaratar a coletazos su presa para podérsela comer. Los vecinos cayeron sobre el cocodrilo al que atraparon y lo amarraron bajo un gran árbol de mango. El papá, después de recuperar el cuerpo de su hijo, pidió que quemaran vivo al saurio. Así lo hicieron, le echaron petróleo y le prendieron fuego, el cocodrilo bramaba de una manera espantosa que se escuchaba en todo el pueblo.
Otra noticia que encontré sobre cocodrilos es una que se publicó hace 120 años en el Diario Oficial del Gobierno, el martes 19 de marzo de 1889, la nota dice que en el margen de uno de los esteros de Tetitlán, formado por la barra del río Tecpan, Distrito de Galeana, fueron atacadas por un enorme caimán una pobre mujer y su hija que se encontraban por aquellos lugares recogiendo algodón. Víctimas de las heridas causadas por la fiera sucumbió primero la hija y después de algunas horas la infeliz madre. Señala la nota: “Este acontecimiento que ha  consternado a los habitantes de los lugares inmediatos, acaeció en principios de la semana próxima pasada”.
Aquí hablan de un caimán, quizá por el desconocimiento que tenían las autoridades de diferenciar un caimán de un cocodrilo. Recientemente no se habla de caimanes, más bien se han visto cocodrilos.
De los cocodrilos se dicen muchas cosas, incluso don Francisco Galeana Nogueda en su libro Conflicto sentimental. Memorias de un bachiller en humanidades narra que en el río Atoyac, en “la piedra del Zacate” llamada así porque estaba rodeada de plantas silvestres y lama verde azulosa cuyas profundas aguas reflejaban a la superficie un oscuro tenebroso, donde en ocasiones aparecía una pareja de cocodrilos que se aventuraban a subir la corriente del río desde su desembocadura”.
Se han contado algunos cuentos, sobre cocodrilos, dicen que don José Olea, el dueño de una funeraria que hubo aquí en el centro de Atoyac, tenía ocultos unos cocodrilos, a los  que alimentaba con las vísceras de los muertos y que cuando se cansó de ellos los fue a tirar al río, precisamente por el rumbo de La poza del Muerto. Sin embargo, sólo son rumores porque nadie me pudo confirmar a ciencia cierta de la existencia de esos saurios en la funeraria y todo ha quedado como una especie de leyenda urbana.
Sin embargo, aunque parezca tenebroso los cocodrilos siempre han estado aquí, en el río y en casas de la cabecera municipal, allá entre 1965 y 1970, en las instalaciones de la compañía Silvicultora Industrial que estaba ubicada entre la carretera a la sierra y la calle Florida, tenían dos ejemplares de cocodrilos, pero una vez que creció el arroyo que pasa por ahí se los llevó.
En 1998, mi compadre Sosimo agarró un pequeño cocodrilo en el arroyo Cohetero, abajito de la colonia Francisco Villa, el anfibio había hecho su hábitat en las pequeñas pozas de agua que hay por ahí, bajo unos frondosos árboles. Mi compadre lo espió,  le puso una trampa y lo atrapó, lo tuvo como tres semana encadenado como si fuera un perrito, pero Chinto fue a verlo, le hizo ojo y se murió, porque “estaba muy chistosito el animalito”.
Luego en el año 2000 cuando Gabriel Castillo Radilla era director de protección civil del Ayuntamiento se atrapó un cocodrilo en el canal de riego frente a la unidad habitacional “Nuevo Horizonte” medía más de dos metros y medio de largo. Vino gente especializada de la ciudad de México que lo trasladó a un zoológico.
También en la colonia Sonora en los terrenos que son propiedad de la familia Mariscal tenían encerrado un cocodrilo que medía casi dos metros de largo, estaba en un estanque y a los propietarios ya se les hacía difícil darle de comer. Los vecinos y la directora de la escuela Juan R. Escudero denunciaron, esto a las autoridades municipales, porque los niños del mencionado plantel a la hora del recreo se divertían viendo el cocodrilo.
En junio del 2006, fue capturado un cocodrilo en la comunidad de Zacualpan. El saurio media más de dos metros y medio. Este ejemplar murió a finales de ese mes en un estanque del Ayuntamiento debido a que tenía fracturada la quijada, porque el campesino que lo atrapó lo lazó y lo jaló con un caballo. Este ejemplar era hembra y estaba embarazada. A lo mejor cuando salió a poner sus huevos fue atrapada por el campesino.
Otro caso ocurrió en abril del 2007, el campesino Armando Serrano Solís capturó un cocodrilo que medía un metro con 30 centímetros de largo, en una laguna localizada en las inmediaciones de Corral Falso, de éste se ignora que fin tuvo porque las autoridades ya no informaron a la opinión publica del seguimiento, debido a que el campesino quería tres mil pesos para entregarlo, de lo contrario lo devolvería a donde lo atrapó.
 Hace unos días pobladores de la parte sur de la ciudad, denunciaron que habían visto cocodrilos en La Poza del Muerto. A raíz de esta denuncia el Departamento de Ecología en coordinación con el Jefe de Policía Ecológica, Roberto Hernández López acudió al lugar con 14 elementos a su cargo para verificar, y efectivamente se avistaron 3 ejemplares de los 8 reportados por los vecinos.
Por lo que se puso en marcha a un operativo intenso de búsqueda, que duró 15 días, implementado por la Secretaría de Seguridad Pública a cargo de Josué Iván Gervasio Nava, en coordinación con el Departamento de Policía Ecológica y el Jefe Operativo del Medio Ambiente,  Yasir Hernández López.
 El día 3 de marzo a las 17:15 horas, ante la presencia del Alcalde Municipal Carlos Armando Bello Gómez, se capturó un ejemplar denominado cocodrilo americano (cocodrylus accutus) de un metro con treinta centímetros de largo, asegurándosele en un estanque del Ayuntamiento Municipal, mismo que luego fue puesto a disposición de la  Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.
 Esa dependencia lo trasladó a la Unidad de Conservación de la vida silvestre con clave de registro SEMARNAT-UMA-IN-003-GRO, ubicado en la carretera Nacional Acapulco-Zihuatanejo del Municipio de Coyuca de Benítez, donde se depositó para salvaguardar su vida, ya que esa Unidad de Manejo cuenta con las instalaciones necesarias, vigilancia veterinaria, cuidado y alimentación propia de su especie.
Asimismo, el personal de ecología ha estado resguardando el lugar llamado La Poza del Muerto, desde hace algunas semanas con el propósito de cuidar que estos anfibios no sean atacados por cazadores furtivos.
De la semana del 23 al 27 de marzo, a petición del Gobierno Municipal,  estuvo en este municipio el cazador de cocodrilos, Erroberto Piza Ríos, mejor conocido como Tamakún, para capturar a estos animales y reubicarlos en su hábitat natural, los cuales serían capturados con trampas especiales para lo cual Tamakún colaboró con el área operativa del departamento de ecología y el jefe de la policía ecológica con sus elementos.
Sin embargo, a pesar de que acamparon de día y de noche en la orilla del río, no apareció ningún cocodrilo, al parecer olieron a Tamakún y se fueron. En una exploración que se hizo por el río se encontró en descomposición el cuerpo de un cocodrilo muerto por arma de fuego. Lo que quiere decir que ya hay cazadores furtivos amenazándolos permanentemente. Por eso urge que los ejemplares que tienen su hábitat en la parte sur del río Atoyac, sean trasladados a un lugar seguro, para seguir preservando su especie.


jueves, 28 de mayo de 2015

Para comer en Atoyac

Me preguntaban unos visitantes ¿dónde ir a comer en Atoyac?

Les dije que el menú era variado. En Atoyac hay casi de todo, para desayunar en calle Nicolás Bravo y Agustín Ramírez encontrará de los más distintos platillos, desde una taza de café con pan o arroz, platillos tradicionales, hasta los huevos con jamón, las albóndigas, el pollo a la jardinera, también un platillo raro que se llama bajareque.
En esa zona están doña Bertha, Doña Emna y doña Mine que guisan muy rico. Pero si se levantó temprano de su hotel o donde esté hospedado, salga a dar una vuelta al zócalo, 7 u 8 de la mañana, que a esa hora los tinguiliches, zanates y alondras que pernoctan en esa plaza ya están remontando el vuelo y vaya donde doña Viky a tomar un café negro acompañado de un rico arroz frito.
Las picadas de Ruma

En la calle principal hay variedad, para comer puede ir usted a los tacos con Lute que está a un costado de la plaza principal o con Leno que esta frente a la terminal. Las carnitas Michoacanas también son una opción. Pero si usted desea algo más fuerte puede irse a donde Chavelona a comer un caldo de cuatete, aunque para esto hay que llevar compañía porque recuerde que al cuatete le dicen “quiebra catre”, por las propiedades afrodisíacas que muchos dicen que tiene. A la morena de la cosina Jaret le salen muy bien el salpicón y la carne de puerco entomatada, con tortillas de comal echadas a mano, la morena está en la calle Aquiles Serdan detrás del hotel México.
Y si busca algo más cercano a la naturaleza y sin salir de la ciudad vaya al Cuyotomate, donde encontrará una variedad de comida mexicana, cerca de la frescura del río y donde también puede bañarse en la poza que existe ahí. Se le antojó un marisco, pues vaya con Paty en la calle principal o con Blas que tiene su negocio cerca del centro.
Pero si a usted se le hizo noche, se va aquedar en Atoyac, cerca de la zona de hoteles en el callejón Montes de Oca está Doña Ruma, quien todas las noches saca su comal y vende una variedad de antojitos mexicanos, aunque las que ya se han vuelto internacionales, son sus sabrosas picadas o sopes como les quiera usted llamar, hay de champiñones, de tinga, de rajas, de pollo y queso Oaxaca.
Con Ruma han ido a comer norteamericanos, españoles, franceses e italianos, antropólogos, arqueólogos y defensores de los derechos humanos y todos se han llevado un buen sabor de boca. En la calle principal puede ir la comida china hay dos negocios de ese tipo, Lucio Galeana en la Mansión del Ángel luego tiene una gran variedad de comidas de cocina internacional y mexicana, le recomiendo las costillitas a la barbiquiu.
Si gusta de taquitos de cecina, de ubre, tripa o carne enchilada, le recomiendo que vaya a la calle Galeana, ahí a hay un pequeño negocio que se llama la Cebollita Roja, donde las salsas le va encantar y los ricos tacos. Susana Oviedo y Álvaro López Miramontes se fueron encantados y queriendo regresar después de cenar ahí. En esa calle también puede encontrar tamales y atole de plátano o de piña, depende de lo que guste.

Saliendo la ciudad rumbo a San Jerónimo, en Quinto Patio, está la huerta donde encontrará una variedad de carnes asadas y enfrente están las carnitas Taximaroa.

domingo, 24 de mayo de 2015

El silencio del viento

Víctor Cardona Galindo

El silencio del viento, es el tercer libro de Felipe Fierro Santiago. En 1998 publicó Tierra Mojada, y el haber vivido de cerca la represión de los campesinos de la sierra en la década de los setentas lo llevó a escribir en el 2006 sobre la guerrilla del Partido de los Pobres (PDLP) y de su fundador Lucio Cabañas, cristalizándose el proyecto en el libro: El último disparo. Versiones de la guerrilla de los 70´s.
Felipe Fierro es maestro en educación y tiene también una maestría en matemáticas. Es profesor de escuelas secundarias, periodista, catedrático de la Universidad Autónoma de Guerrero. Ha dirigido durante varios años el periódico Atl y participó en el encuentro Poetas y Narradores en la Selva Cafetalera del cual se editó una memoria. Los trabajos de Felipe Fierro reflejan el amor por su tierra, pues los personajes de sus crónicas, cuentos y leyendas son extraídos de la vida cotidiana, de la sierra y de los pueblos de Atoyac.
Nació en 1962 en la parte alta de la sierra cafetalera, en la comunidad de Plan del Carrizo su padre es Tomás Fierro Zarco y su madre Severina Santiago Serrano. Estudió en la Escuela Primaria Rural Federal “Benito Juárez García” de la comunidad de Agua Fría y los estudios de la secundaria los realizó en la Escuela Técnica Agropecuaria 174, de Río Santiago, de donde egresó en 1978 cuando estaba por terminar ese periodo doloroso al que se llamó “Guerra Sucia”.
Felipe es un hombre como pocos, maestro de secundaria, de preparatoria, periodista, escritor y músico. Es un hombre que se educó bajo la disciplina del campo, donde no se vale  amanecer dormido. Los campesinos amanecen afilando el machete, Felipe amanece pegado a su escritorio escribiendo, haciendo los cuadros de su escuela o preparando clases.
Esta disciplina le ha permitido publicar sus artículos en diversas revistas, editar desde ya hace 15 años el periódico ATL periodismo en transición, asistir a foros donde ha presentado ponencias y darnos tres libros en donde se plasman los temas recurrentes de nuestra tierra Atoyac, como el café, la guerrilla y la guerra sucia. Así como sus leyendas y la vida campirana.
Felipe Fierro, forma parte de una generación de escritores atoyaquenses, a quienes la Guerra Sucia, los marcó profundamente. Como es el caso de Jesús Bartolo Bello que escribió el poemario No es el viento el que disfrazado viene y de Enrique Galeana Laurel que en Tempestades recoge varias crónicas sobre la guerrilla de Lucio Cabañas y la violencia que el gobierno ejerció sobre el pueblo de Atoyac. También Judith Solís Téllez mediante sus ensayos ha ido rescatando los “ecos de la guerra sucia en la literatura guerrerense”.
Felipe Fierro, Jesús Bartolo y Judith Solís son lo mejor que en letras ha dado Atoyac, porque muchos de sus escritos han trascendido el ámbito local y su trabajo tiende a ser más universal, han dejado de ser los escritores improvisados y le han dedicado tiempo a su formación, para darnos piezas de calidad.
En el libro El silencio del viento el personaje principal es la exuberancia de la sierra. Esa orografía que sube y que baja pero más sube que baja. Esa tierra que ha sido fertilizada por la sangre de sus hijos, muertos en combate o llevados por la fuerza de sus casas para nunca más volver.
El libro de Felipe refleja las estampas de nuestra tierra, de la sierra de Atoyac, desde el maestro que llegó a la sierra desafiando las inclemencias del tiempo, que luchó no solo contra la ignorancia del pueblo, sino también en contra de las enfermedades, que durmió en el suelo y comió pobremente como comen todos los campesinos. En este libro se hace presente el cacique pueblerino que le entró a todo, no sólo a las filas del partido oficial, sino además a la siembra de amapola y que expulsaba a los maestros de los pueblos, porque nos les convenía que los niños se educaran.
Las leyendas que se cuentan en los pueblos, que muchas veces tienen a sus moradores, encerrados en sus domicilios a temprana hora. El Silencio del viento es un libro que retrata al pueblo de Atoyac, pero que puede ser cualquier pueblo que tenga, calles que se llamen, Miguel Hidalgo y Guadalupe Victoria, en donde se siembre café y se sienta su aroma. Donde haya hombres indómitos dispuestos a escribir su propia historia.
Los que somos de Atoyac nos sentiremos identificados con este libro, porque los cuentos y crónicas que aquí encontramos, son parte de nuestra cultura. Este libro de Felipe Fierro es para disfrutarlo sentado en el quicio de la puerta, tomando una taza de café, o bien para leerlo en la hamaca, antes de ir a dormir.

El libro de Felipe Fierro desmiente aquellos que dicen que la cultura de Atoyac languidece. Obras como estas fortalecen nuestra cultura, la hacen más sólida y podemos decir que en Atoyac hay escritores sólidos, con oficio y que amenazan con ser los mejores escritores de Guerrero, y quizá, algún día, de México.

martes, 19 de mayo de 2015

El Nanche

Víctor Cardona Galindo

A veces pienso que la vida en la ciudad de Atoyac inicia en  Reforma. Esta calle, para los que no saben, comienza donde estaba antes la terminal de autobuses Estrella de Oro. Ahora está la farmacia del “Ahorro”, frente a la veterinaria de Arsenio Juárez por donde viven Juan y Ramón Galeana. Para mejores señas en esa calle durante mucho tiempo estuvo el grupo de Alcohólicos Anónimos “Nuevo Amanecer” antes de irse para la colonia Las Palmeras, donde sigue salvando vidas.
La Reforma por la mañana muy temprano se llena de carretilleros. Frente a la panadería de don Natalio llegan las vendedoras de la parte baja del municipio. Traen girasoles, ramas de albahaca, mangos y toda clase de productos. Las combis se paran en el puente. A diferencia de la calle Aquiles Serdán, en Reforma el tránsito va haciéndose más denso.
En esta calle confluyen las combis que vienen de El Ticuí, la colonia Miranda Fonseca, las que vienen de Alcholoa, Zacualpan, San Jerónimo y la Colonia 18 de Mayo. Eso nada más para mencionar las rutas de transporte. Porque si mencionara una a una las comunidades cuya puerta de entrada a la ciudad es Reforma entonces no acabaría pronto.
Yo camino por Reforma todos los días para ir al trabajo, me bajo en el puente cuando vengo del Ticuí. Al bajarme a veces veo un campesino que afila su machete en uno de los muros del puente. Ese puente que se construyó después del 2004, año en que azotó a esta ciudad una tromba. Por esas fechas yo tenía mi estudio, en una de las orillas del arroyo Cohetero. Todo mi archivo se perdió en la inundación, un trabajo de 14 años de investigación y acumulación de información se los llevó el agua. De mi biblioteca sólo se salvó el libro Como Agua para Chocolate de Laura Esquivel.  Creo que hasta entonces supe que la calle se llamaba Reforma y que no era una prolongación de la avenida Aquiles Serdán como yo creía.
A los vecinos que perdieron sus cosas, el Ayuntamiento, les repuso sus refrigeradores, camas, estufas y hasta lavadoras. A mi nadie me repuso mis libros, de los datos que tenía en el archivo, después descubrí el placer de volverlos a encontrar, y también aprendí a tener mi estudio en las partes muy altas.
Si ahora me bajo en el puente, es porque en la esquina de Reforma con Nicolás Bravo, se instala El Nanche a vender los periódicos. Ya los taxistas conocen el lugar como la esquina de El Nanche. En el futuro cuando se le siga llamando así pensarán que en el lugar había un árbol de ese fruto, como en la parada de El Tamarindo donde ya no hay tamarindo.
Nuestro amigo el “periodiquero” no se llama Nanche, así le decimos por ser de El Nanchal un pueblito que está en las faldas de la azul montaña a unos cuatro kilómetros al noreste de la ciudad. El Nanche es todo un personaje su nombre verdadero es Cervelio García Sánchez, es nieto de Isidoro Sánchez el famoso “Satélite”, pero en desmadre los amigos le dicen Cervecelio, porque era bien borracho, y tenía la costumbre de irse a su casa a la una de la mañana, hasta que se le apareció un encapuchado rumbo a El Nanchal dejó de beber y ya no volvió a su pueblo, se quedó a vivir en la ciudad.
Cuando escribí la primera parte de éste relato en el Atl y lo subí a Facebook apareció el encapuchado, dio la cara y en confianza contó que todas las noches Cervelio pasaba borracho y apedreaba las casas y a los perros que le ladraban hasta el cansancio. Por eso decidió espantarlo. Se puso un sombrero negro, se cubrió parte de la cara, se vistió con un capote y con un garrote largo se puso en el camino fumándose un puro. Cuando El Nanche iba a comenzar a corretear los perros, el encapuchado le dio una fumada al puro y únicamente se vio la brasa en el aire. Al Nanche hasta la borrachera se le quitó y se regresó corriendo a la ciudad. Desde entonces no se va de noche a su pueblo, ya vive aquí.
Pero antes que se le apareciera el encapuchado tuvo un raro encuentro, hechos que fueron marcando la ruta para que dejara la bebida. Resulta que una tarde llegó al Fortín (así se llama una cantina) y anduvo de mesa en mesa buscando quien le invitara una cerveza, todos se la negaron, pero en una esquina estaba un hombre elegante muy bien parecido que le dijo “yo te la voy a invitar, ven siéntate conmigo”. Se bebió una caguama con él y luego se marchó. Caminó por Hidalgo y al llegar al Atrancón  ya lo estaba esperando el amigo bien vestido que había dejado en El Fortín.
Le dijo “te estoy esperando, porque no tengo amigos en Atoyac y quiero que me acompañes a cenar y a beber. Ten chíngate una”, y de atrás de un pretil donde estaba sentado aquel desconocido sacó una cerveza modelo bien fría y se la dio, él se abrió otra. Cuando se la acabaron de atrás de pretil sacó otra y otra.
Luego le dijo “vamos a cenar” y al decir eso llegó un taxi por ellos que los llevó al centro donde cenaron tacos y de ahí al Tahúr el bar que estaba de moda. El Nanche sólo recuerda que en El Tahúr aquél hombre le invitó las cervezas y una muchacha. Al otro día cuando despertó estaba en su casa, donde sus familiares le dijeron que lo llevó un hombre bien parecido y bien vestido en un taxi.
Se vino a la ciudad de Atoyac y anduvo investigando. Todos decían haberlo visto pasar con ese joven apuesto y bien vestido que pagaba todas las cuentas con billetes de a 500 pesos. Pero Cervelio desde entonces vivió asustado. Porque todos concluyeron que era El Diablo que anduvo con él.
El Nanche fue el primero que les enseñó a unos periodistas, entre ellos a los enviados de la revista Milenio y a los de El Sur,  donde estaba la tumba del guerrillero Lucio Cabañas Barrientos. Salió fotografiado en la primera plana de El Sur con su sombrero viejo, sentado sobre la tumba. Desde entonces ese ejemplar del periódico lo guarda como su máximo tesoro.
Cuando vinieron los delegados zapatistas en marzo de 1999 a promover “La consulta por la paz y la democracia”, una noche sólo Cervecelio y su servilleta, nos quedamos de guardia. Yo era corresponsal de El Sur y Cervelio estaba bien borracho como era su costumbre. Ya se iba, pero para que se quedara le invité una caguama, ahí nos quedamos toda la noche. El Nanche no dejó de hablar de todos los políticos locales y de los amigos. Porque siempre ha tenido esa capacidad de enterarse de todo. Ya por la mañana llegó Carlos Quevedo, se puso al frente de la guardia, y me fui al mercado a desayunar un arroz frito con café y El Nanche se fue a curársela.
Cervelio es uno de los distribuidores que El Sur ha tenido en Atoyac a lo largo de sus 20 años y es muy cumplido. Desde hace tiempo me viene exigiendo ver su historia en el periódico que con tanta dedicación distribuye entre los lectores de Atoyac. Porque aquí El Sur es el periódico que más se lee. Entre los otros distribuidores que ha tenido El Sur sólo recuerdo a Ana Santiago.
El Nanche se hizo voceador –periodiquero, más bien- vendiendo el semanario Atl. Su director Felipe Fierro le daba los periódicos para que los vendiera. Era bien borracho y muchas veces se quedó dormido en algún corredor con el paquete de periódicos como almohada. Otras veces la gente le iba a decir a Felipe que El Nanche ya había empeñado el paquete de periódicos en una cantina. Felipe iba, los desempeñaba y se los volvía dar al Nanche. Cervelio fue una de las causas que Felipe se descapitalizara y el Atl dejara de salir regularmente, y ya cuando el Atl no salía, le decía a todos que Felipe no sacaba el periódico porque el alcalde Pedro Brito le había untado la mano con un billete. Comentaba risueño: “Ese Felipe ya se vendió”.
Por la mañana para estar con El Nanche se juntan muchos amigos, por ahí llega Sambry, mi compadre Paco Magaña, El Pollito, Dimis y uno que otro chico de negligé, que van a enterarse de los chismes de la mañana porque El Nanche los tiene frescos, aun aquellos que no se han publicado todavía. También se ven por ahí temprano Ladislao Sotelo Bello, Pedro Rebolledo Málaga, José Salinas, Silvano Piza y Lázaro Mascot.
El doctor Orlando Santiago pasa por El Sur cuando va rumbo a su consultorio y Layo Mesino el líder fundador del OCSS va por su periódico y regresa a la colonia 18 de Mayo en donde vive. Muchos pasan en sus carros a comprar el periódico y le dicen: “y ahora cuántos muertos hubo”. El Nanche se limita a decir: “deja de estar chingando y llévate el periódico”. Los automovilistas bajan la ventanilla y él les alcanza El Sur. 
Cuando alguien le dice una chanza contesta: “déjate de pendejadas”. Mientras ríe mostrando la ventana de los dientes que le faltan.
Cervelio mucho se queja de los que le deben. Les dice “ya págame cabrón, mi vieja come tres veces al día” es su forma de cobrar a  muchos de los que tiene en una lista grande en su libretita de deudores. A los clientes del Ayuntamiento nos dice “cabrones parece que trabajan con viuda” porque a veces saldamos nuestra cuenta pasadito el mes.
El Nanche para todos tiene, de mí dice que yo era el que le lavaba las manos con alcohol a Pedro Brito, que tengo guardado el recipiente y que lo voy a poner en un museo. Luego agrega que llegué a ser la mugre del dedo chiquito de Armando Bello y que por eso era muy influyente, pero que ahora Ediberto Tabares no me quiere y me tiene arronzado.
Del doctor Sergio Eugenio rumora que no pudo curar a Casanga y que se curó con un té de Paulillo. De Layo Mesino comenta que ya no puede ni con su alma. Y de Adolfo Godoy cuando era regidor, que ya no se bajaba del carro ni para recibir el periódico y que no arreglaba ni donde se dormía.
En la administración pasada El Nanche pagó su parte de unas láminas que se suministraron por medio de la congregación Mariana Trinitaria. Como no llegaban Cervelio aprovechaba la presencia constante de los corresponsales de los periódicos estatales como: Marcos Villegas, Dimas Arzeta, Pablo Alonso, Cuauhtémoc Rea y Paco Magaña para denunciar al Ayuntamiento por esa deficiencia. Muchas veces también salió en Cable Costa denunciando que le debían sus láminas. Y cuando se las entregaron sus amigos de la dirección de comunicación social subieron al Facebook la foto donde está con su morrala llena de periódicos y su sombrero viejo recibiendo su dotación de láminas. El acontecimiento provocó muchos comentarios. Todos le decían “Nanche estás en internet” y él contestaba agarrando su sombrero viejo. “Yo no se de esas pendejadas, no me estén chingando”.
El Nanche está enterado de la política y de los chismes del día. Ahora ya no bebe y se dedica todo el día a vender el periódico, vende otros diarios pero la venta de El sur es su principal ingreso, yo le digo que gana más que Juan Angulo y que se está haciendo rico a costa del trabajo de muchos reporteros y ni las gracias les da. Porque gracias a que El Sur se vende bien ya terminó su casa. Toda la mañana está en la esquina de Reforma y Nicolás Bravo y ya cuando le da el sol deja la esquina y recorre la ciudad, gritándole a todo mundo “¡El Sur!” o grita alguna chanza, depende de cómo se lleve con la gente con la que se topa en el camino.
Cuando escribí la primera parte de este relato y la subí al Facebook, Valentín Catarino Salas opinó que El Nanche genera una buena vibra “al llegar a mi casa, la casa de ustedes, con un rostro rojizo, sudoroso, agotado, como dijera él ‘por el pinche sol’, cabe destacar que el buen Cervecelio llega chiflando o gritando ¡El Sur! como ya mencionaste, mostrando por delante el gran profesionalismo que le aplica sin duda día con día. El Nanche toca la puerta, si le invitas un vaso de agua no dice que no, se sienta y se hecha un poco de aire con ese sombrero viejo que aun usa y te empieza a platicar, platicar y sin más rollo ya te dice toda las noticias que traen los diarios, te cuenta anécdotas del transcurso del día y de un momento a otro sin más palabras checa el tiempo, se despide y da las gracias...eso si, antes de hacer su partida te regresa a ver con esa cara triste y cansada recordándote ‘me debes tantos días que no se te olviden para el domingo”.
A veces me da risa de verlo con una playera del Movimiento Ciudadano, otras con una del PT y más seguido con las del PRD. Yo le digo que parece representante de IFE y contesta con una de esas muchas chanzas que sabe hacer.

Cuando balacearon las oficinas de El Sur, en noviembre del 2010, lo encontré por la mañana preocupado me dijo –imagínate si cierran el periódico, va estar de la chingada, que voy a comer--. Unos días fue un vendedor clandestino, pues al recorrer la ciudad no gritaba “¡El Sur”!, como siempre, solamente exclamaba “¡El periódico!”. Me lo encontré y le dije --grítale bien cabrón--. Me contestó: “que estoy pendejo para que den una bola de balazos”. Yo agregué – ¡Vale que el miedo anda en burro!

viernes, 8 de mayo de 2015

El Mene

Víctor Cardona Galindo
Conocí a Hermenegildo Ramírez Martínez, El Mene, el día que montamos un ayuno en el Zócalo de la ciudad de México, para exigir la salida de Rubén Figueroa Alcocer después de la masacre de Aguas Blancas. Ese día llegó finamente vestido, llevaba corbata, acompañando a Jonás Fierro Serrano. Cuando llegó Cuauhtémoc Cárdenas a saludarnos se aprestó a tomarse la foto con el líder moral de El PRD. Esa foto El Mene la conservaría durante mucho tiempo.
Ese día, con otros compañeros acompañamos a María de la Luz Núñez Ramos a Lecumberri donde encaró al gobernador de Guerrero diciéndole: “yo también tengo un banco, un banco de Sangre y Violencia”, arrojándole la lista de los muertos por la inseguridad y la violencia política en Atoyac. En ese tiempo todavía nos asustábamos de tanta muerte. De regreso, de Lecumberri, encontré a El Mene en un rincón del plantón que habíamos instalado en Zócalo del DF, muy encabronado con Jonás, que lo había invitado con los gastos pagados, pero como nos instalamos en ayuno, Jonás pues se ahorró sus alimentos por eso El Mene también ayunó los dos días de manera forzosa y forzada.
Hermenegildo Ramírez Martínez, El Mene.

Durante muchos años le hice burla por eso y él siempre contestó “Pitorín, Pitorín”, así me decía. El Mene durante muchos años se mantuvo en el PRD, fue líder juvenil de ese partido carente de jóvenes. Aunque desde muy chamacho agarró ese pinche alcoholismo que al final le causó la muerte. Hizo gran amistad con Carlos Quevedo Quevedo con quien se pusieron tremendas borracheras. Siempre los encontré disfrutando de la vida, Quevedo fue uno de los mentores de Hermenegildo y últimamente mucho lo procuró y ayudó mi compadre Melchor Brito.
Yo no juzgo a El Mene por encima de lo que digan muchos considero que es bonito permanecer borracho aunque en eso se nos vaya la vida. Por eso creo que en el fondo siempre lo envidié, porque si yo no hubiera tenido hijos hasta la fecha fuera borracho o lo hubiera sido hasta que el cuerpo aguantara. Ahora El Mene se fue ya no podré discutir con él de lo bueno o malo que es beber. No me resta más que escribir su historia y lo bueno que dejó a su paso por esta vida.
El Mene era izquierdoso, se nos fue el domingo 3 de mayo, le gustaba el vino y era un monero irreverente. A él desde niño le gustó dibujar “desde que tengo uso de rezón”, le dijo una vez a Fredy Magaña. Fue huérfano de padre desde los siete años. La vida los puso como alumno de Octaviano Roque Ruíz aquél sabio maestro de primaria y primer candidato del PRD a la alcaldía de Atoyac, fue él quien le inculcó la pasión por la política.
Sensible como era, desde muy chico se inclinó por las causas de los desposeídos. El hecho que él haya sino quien declamara un poema a Cárdenas en su primera visita a Atoyac, lo marcó para siempre en el tortuoso y difícil camino de la izquierda.
Pero fue a mediados de 1995, después de la masacre de Aguas Blancas cuando este momero irreverente emergió como cartonista. Sus primeras caricaturas estuvieron dedicadas a denunciar a Rubén Figueroa, fue su tema mientras duró el movimiento, ahí se vinculó a la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) con quien simpatizó y siempre fue solidario con sus luchas.
El Mene colaboró con diversos diarios de circulación estatal, y otros de Morelos y Michoacán. Sus cartones le dieron sabor a TV-Sur con Esteban Barrientos al frente.
Fue solidario con los desplazados de Agua Fría y de El Cucuyachi, simpatizante del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, los delegados que vinieron a promover la consulta nacional  por la Paz y la Democracia le llevaron sus cartones al mismísimo Subcomandate Marcos. El Mene estuvo en todas las luchas de izquierda del pueblo de Atoyac en los últimos 20 años. Ahora era lopezobradorista a morir, aunque ya no estaba en Morena.

Descanse en paz El Mene.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Francisco Arroyo Delgado


Víctor Cardona Galindo
La izquierda de Atoyac está de luto… Sí esa izquierda dividida y multicolor que va del amarillo al morado, perdió dos de sus guerreros. Francisco Arroyo Delgado y Hermenegildo Ramírez, El Mene, El Monero Balín, El Monero Irreverente. Su iguanita no saldrá más, no se asoleará para amorenarse en campaña.
Francisco Arroyo Delgado, Pancholín era ateo y si sus creencias son ciertas no lo veré más. El Mene era un hombre de fe y tal vez lo encuentre algún día allá donde se van las almas.
A Francisco Arroyo Delgado lo conocí en 1988, cuando este escribano trabajaba como mesero en el centro social Lido. Ahí en una reunión del sindicato del Inmecafé hizo uso de la palabra Pancholín. No recuerdo que dijo, pero si me acuerdo que me identifiqué con él. A esa edad, 17 años, conocí a la mayoría de mis amigos, con quienes me hermana una afinidad política.
Francisco Arroyo Delgado, era taxqueño de nacimiento, fue dirigente nacional del sindicato del Inmecafé. Era egresado de la escuela preparatoria número 22, de cuyas generaciones destacan: Anselmo Sotelo Albarrán, Wilibaldo Rojas Arellano, Leticia Galeana Luna, Maricela Quiñones, Joel Iturio Nava, Angélica Castro Rebolledo, Pedro Rebolledo Málaga, Eleuterio Benítez Nogueda, Acacio Castro Serrano, Martín Fierro Leyva, Julio César Cortés Jaimes, Armado Mariscal Pablo, Armando Bello Gómez, Pablo Solís Nava, Felipe de Jesús Téllez, Carmelo Días Robles, Heriberto Pino Flores, Alfredo del Valle González, Jesús Bartolo Bello López, Gabino y Eusebio Hernández Radilla.
Pancho fue uno de los fundadores del Frente Democrático Nacional, con Ángel Navarrete Reséndiz, Decidor Silva Valle, Gloria Reyes, Octaviano Roque Ruíz y Teódulo Serafín, con su morral de cuero llegaba al número 7 de la calle Silvestre Castro, donde se instalaron las oficinas del frente y Francisco Arroyo se incorporó a las rutas para formar los comités de base. Lo recuerdo a él, a Guadalupe Galeana Marín y a Rubén Ríos Radilla caminando entre la multitud la primera vez que vino Cuauhtémoc Cárdenas al Zócalo de Atoyac.
Luego, cerca de 2 mil familias pertenecientes al Movimiento Popular 18 de Mayo de 1967 se posesionaron en forma pacífica de 143 hectáreas de tierra cultivables a fin de asentar sus viviendas. Eran  terrenos ubicados en la entrada de esta cabecera municipal desde hace 30 años habían sido utilizados por diversas personas, pero luego se supo que eran propiedad de Vicente Adame Reyna.
“La ocupación de 143 hectáreas en el municipio de Atoyac de Álvarez por parte de 2 mil familias el 26 de marzo de 1989 se debió a que hizo crisis la falta de espacios y viviendas en la ciudad”, eso informaron a la prensa, Rubén Ríos Radilla, Francisco Arroyo y Pedro Rebolledo.
Dentro del movimiento estaban: Daniel Mesino, Andrés Rebolledo, Carmen Martínez, Fabio Tapia, Marco Antonio Loza, Francisco Arroyo, Lucio Mesino, Rommel Jaimes, Santiago Mercado y Juan Pérez. Francisco Arroyo se quedó al frente del campamento denominado Inmecafé, que estaba a la entrada de la colonia, por las instalaciones del Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial (CBTIS).
Luego Francisco Arroyo se incorporó al PRD desde sus primeros pasos, donde lo conoció Esteban Hernández Ortiz, “él era responsable de las actividades del partido en San Francisco del Tibor y pueblos vecinos”.
Francisco Arroyo era autodidacta, de hecho la prepa la estudió ya  de grande, luego cursó la carrera de licenciado en educación primaria en la UPN campus San Jerónimo de Juárez. Más tarde estudiaría la licenciatura en ciencia política y administración.
Dice Esteban Hernández: “El ingeniero Arroyo Delgado fue de los primeros en obtener ficha cuando se abrió el campus de Atoyac, dependiente del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados Ignacio Manuel Altamirano”.
En las últimas lides, Francisco Arroyo Delgado hacia trabajo político para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y estaba convencido de llevar a la presidencia de la república a Andrés Manuel López Obrador para el 2018.
Mañana hablaré de El Mene.