domingo, 3 de julio de 2016

Guerrilleros XIII


Víctor Cardona Galindo
El miércoles 23 de abril de 1972 Guadalupe Castro Molina bajaba por la calle 13, acompañada por Julieta su hermana menor, con dirección al trabajo, cuando tres hombres salieron de la casa de un matancero de marranos de apellido Corrales, quien les dijo: “Esa es, la gordita que va de aquel lado”. Los agentes se le fueron encima y la detuvieron.
Misa de cuerpo presente al cadáver de Genaro
 Vázquez Rojas en la Iglesia de San Luis Rey de
San Luis Acatlán, el 4 de enero de 1972.
Foto encontrada en el Archivo General de la Nación.
Dos días más tarde, esos mismos agentes fueron por don Petronilo Castro Hernández quien entonces tenía 73 años. El 25 de abril de 1972 elementos del Policía Judicial de Guerrero al mando del comandante Wilfrido Castro Contreras lo sacaron de su domicilio ubicado en calle 13 esquina con avenida Silvestre Castro, colonia Juan R. Escudero de la ciudad de Acapulco, Guerrero. Llegaron preguntando por el señor Petronilo Castro, quien en ese momento salió y de inmediato los agentes lo tomaron del cinturón, ante las protestas enérgicas de él.
Arturo Gallegos fue testigo de su detención. Se lo llevaron en un Volkswagen blanco con rumbo al centro de la ciudad de Acapulco. Su hija menor Miriam, lo vio por última vez ese 25 de abril en la calle 10 de la colonia Cuauhtémoc cuando era conducido en el mismo vehículo por los agentes judiciales que lo detuvieron. Nunca más se supo de él. El ex policía Pedro Valdovinos uno de los participantes en su secuestro, dos años después aseguró que entregó a don Petronilo y a su hija Guadalupe en una cárcel clandestina ubicada en el fraccionamiento Las Américas por el rumbo de Caleta.
Después de los operativos por la investigación de secuestro de Cuauhtémoc García Terán la mayoría de los detenidos fueron puestos en libertad, únicamente quedaron detenidos Guadalupe Castro Molina, Petronilo Castro Hernández, Romana Ríos García, David Rojas Vargas y a Margarito Roque Texta o Bahena lo habían puesto en libertad pero al ver que no venía su esposa prefirió quedarse con ella.
“Cinco días después, -dice Arturo Galllegos- el señor Margarito Roque Bahena fue avisado de que quedaba en libertad junto con su madre y tres de sus cinco hijos y la bebé. No estaban en las listas de los liberados Arsenio, Margarito y su señora esposa. Al notar la ausencia de doña Romana, preguntó a la policía por ella; el policía contestó que ella se quedaba, sin dar mayor explicación. La respuesta de Margarito fue categórica: ‘Entonces no me voy, me quedo con mi esposa’. Tal vez nunca imaginó que con ello estaba sellando su destino, quedando a partir de entonces en calidad de desaparecido y sus hijos en el peor de los desamparos. Junto con Heriberto, Margarito, Arsenio, María de la Luz y Aurelio, dejaron en libertad a la señora madre de Margarito Roque Bahena, señora Marina Texta Solís”. 
Guadalupe Castro Molina durante las torturas confesó ser militante del Partido de los Pobres y haber participado una temporada con la Brigada Campesina de Ajusticiamiento en la Sierra Cafetalera de Atoyac de Álvarez Guerrero. De acuerdo a los documentos que están en Archivo General de la Nación (AGN) durante el interrogatorio Guadalupe dijo que 30 mil pesos, una parte era producto del asalto al Banco de Comercio de Acapulco, fueron entregados a David Rojas Vargas para que los llevara a la sierra y confirmó que ella permaneció diez días en el campamento de Los Mangos.
Posteriormente fue trasladada de nuevo al Campo Militar Número 1, de la Ciudad de México, eso consta en un oficio firmado por el capitán Luis de la Barreda Moreno, entonces director Federal de Seguridad, titulado “Estado de Guerrero”, que se encuentra en el AGN.
El 24 de abril Matías Perdón Iturio llevó una columna del 50 Batallón de Infantería a el lugar donde supuestamente tenían al secuestrado. La columna militar iba encabezada por miembros de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Ese día en Atoyac fue detenido también Ignacio Serafín Gómez.
“A las  20:15 hrs. del día 24 actual [abril de 1972] un elemento de la D. F. S., salió con Matías Perdón Iturio hacia Atoyac de Álvarez, donde una columna del 50 Batallón de Infantería tomará parte en la captura del grupo de plagiarios de Cuauhtémoc García Terán maniobra que inició a las 23:00 hrs. del día 24 actual”, informaba la DFS.  
Otra vez la DFS informa el 25 de abril de 1972 que tiene en su poder a Matías Perdón Iturio “Elfego” y a Ignacio Serafín Gómez “Ramón” quienes fueron llevados por el rumbo de La Remonta en busca del secuestrado Cuauhtémoc García Terán y que luego la operación se suspendió para interrogar más ampliamente a Serafín Gómez.
En esos días los operativos y las detenciones fueron permanentes, el 4 de mayo de 1972, a las cuatro de la mañana, agarraron al campesino Alberto Arroyo Dionicio del Rincón de las Parotas, los soldados lo apresaron y lo subieron en una camioneta de redilas blanca y se lo llevaron rumbo a la ciudad de Atoyac y hasta la fecha no se sabe de él.
Por otro lado, el grupo armado y la familia de Cuauhtémoc García, estaban en el estira y afloja. Carmelo no tuvo más remedio que entrar en negociaciones con el Partido de los Pobres. El contacto e intermediario que empleó la guerrilla para tratar el asunto del dinero, fue el presbítero Isidoro Ramírez Suárez, El padre Chilolo; párroco de la iglesia Santa María de la Asunción de Atoyac, a él se le entregaría la cantidad del rescate para que a su vez la llevara a la Brigada.
En el libro Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres. Una experiencia guerrillera en México de Eleazar Campos Gómez se recoge la versión de la guerrilla. “En cuanto al rescate, la familia dijo que no tenía para pagar los 3 millones. Por nuestra parte, no quisimos pasarlo por las armas debido a que era estudiante, tenía 23 años, nunca había participado en acciones contra el pueblo y había la urgencia de conseguir dinero como fuera, y quizás hubo también un poco de sentimentalismo”.
La guerrilla no ajustició al secuestrado a pesar de que a la primera cita para la entrega del rescate, por el rumbo de Loma Larga, únicamente asistieron “dos camiones del Ejército que estaban parados en la brecha cerca del lugar. Los compañeros apenas tuvieron tiempo de medio cubrirse entre las matas ralas de café cuando vieron a los soldados”, dice un guerrillero que agrega: “Después del primer fracaso para la obtención del rescate, fui comisionado para ir a dejarle al doctor Juventino (compadre de Carmelo) una carta para que él se la hiciera llegar; en ella se ponía la cita para la entrega del dinero, pues tampoco funcionó por este medio. Después fue comisionado el compañero Samuel y fue a dejar un sobre en el quicio del curato de Chilolo… Fue por este medio que entramos en negociaciones con la familia”. La cita fue puesta entre San Juan y la Cebada.
El 17 de mayo de 1972 le llegó un escrito a Isidoro Ramírez donde comunicaban las condiciones para liberar a Cuauhtémoc García Terán. El texto estaba firmado el día 15 y decía: “Señor Carmelo Galeana… En vista que su hijo está mal de salud hemos decidido rebajar el monto del rescate, entregue usted dos millones de pesos al Sr. Cura Isidoro Ramírez más los documentos en que constan las deudas de los campesinos. Su hijo sólo será rescatable hasta el 17 de mayo actual, a las 12.00 horas. Concretándose a entregar lo exigido al cura Isidoro, no siga siendo indiscreto”,
La entrega del rescate se concretó el 25 de mayo de 1972 a las 3: 45 de la tarde en un lugar cercano a La Cebada, ahí el padre Isidoro Ramírez entregó el dinero. “A las 15:45 del 25 del actual [mayo de 1972], en un punto cercado al lugar denominado ‘La Cebada’ en el camino de Atoyac-Plan de Carrizo de Gro., el presbítero Isidoro Ramírez, entregó el dinero del rescate del joven Cuauhtémoc García Terán, a este grupo, cuyos miembros le indicaron que en un término de 8 días a partir de esta fecha, darán instrucciones para que recogieran a García Terán”, dice una tarjeta del gobierno.
“A ese lugar (entre San Juan de las Flores y la Cebada) llegó don Chilolo en una camioneta llevando varias botellas de vino, una muda de ropa para Cuauhtémoc, una pañera, un par de bermudas y medio millón de pesos como pago del rescate. Chilolo dijo que la familia García Terán no podía reunir más dinero y los único que podía dar era medio millón en efectivo y medio millón en recibos firmados por los deudores que también traía este cura”, nos aclara la versión de la guerrilla.
“A este señor se le dijo que Cuauhtémoc no podía ser liberado mientras no fuera pagado lo que se había exigido desde el principio y que tenía que venir a dejar el resto del rescate a la brecha de San Manuel al Purgatorio (San Vicente al Paraíso) donde encontrara una señal se parara y espera instrucciones”.
En esa ocasión los guerrilleros también le dijeron a Isidoro Ramírez que interviniera ante el gobierno para que liberaran a los campesinos detenidos durante las investigaciones del secuestro. Le señalaron muy claramente que no se trataba de una condición para liberar al secuestrado. A las 17: 20 horas, el presbítero Isidoro retornó a la ciudad de Atoyac acompañado por Leobardo Martínez quien lo transportó en su camioneta Chevrolet verde.
Finalmente la Brigada 18 de mayo del Partido de los Pobres encabezada por Isidro Castro Fuentes, recibió la cantidad de 500 mil pesos en efectivo y otros 520 mil pesos en letras de deudas que tenían algunos campesinos, el grupo lo confirmó por medio de un comunicado el 6 de junio de 1972, encontrado en el atrio de la iglesia dirigido a Isidoro Ramírez donde le dicen que ya recibieron “el medio millón de adelanto por el secuestro y 520 en letras que amparan deudas de los campesinos hacia el señor J. Carmen García Galeana las cuales la mayor parte son muy viejas y no amparan la deuda real”.
Anexo al comunicado del Partido de los Pobres venía una carta de Cuauhtémoc que decía: “Querido papá, desde lo más escabroso de la sierra donde me tienen recluido le envío un cariñoso saludo con el inmenso deseo que junto con mi mamá y hermanos se encuentren bien, yo a Dios gracias y principalmente a la benevolencia de la Brigada 18 de mayo aun me encuentro con vida”.
“Tengo la impresión que para mí ha pasado el peligro de muerte, pues me enteré que los señores que me mantienen cautivo recibieron ya medio millón de pesos en efectivo y medio millón en letras que amparan deudas de los campesinos hacia ti. Por cierto que ni siquiera es la cantidad que prometiste en letras”.
Después de casi tres meses de estar retenido por la Brigada, el hijo de Carmelo García regresó a su hogar sano y salvo. Y a diferencia de aquellas personas que fueron detenidas e interrogadas por las autoridades policiacas, a Cuauhtémoc se le trató de la mejor manera mientras estuvo cautivo en la sierra.
Nos comenta un guerrillero: “El día convenido se presentó a la cita acompañado de un muchacho y otra persona. El curita llegó casi llorando porque se liberara a Cuauhtémoc, ya que Carmelo le había dicho que el dinero se lo había guardado él y por eso no habíamos liberado al secuestrado. Decía, además, que Carmelo no podía dar más dinero porque ya no tenía. Estuvo a punto de hincársele a los compañeros con tal de que liberaran a Cuauhtémoc. Finalmente los compañeros dejaron libre a Cuauhtémoc y éste lleno de gusto se despidió de Lucio al tiempo que le daba las gracias y también a los demás compañeros. Al tiempo de arrancar la camioneta en que regresó a Atoyac el muchacho que había ido con el cura levantó la mano en señal de despedida y medio a escondidas con los dedos hizo la señal de la victoria”.
“En cuanto a las cosas que le habían mandado a Cuauhtémoc, ni una le entregamos. El compañero Tecuapa se probó el pantalón y las bermudas, le quedaron y las guardó en su mochila para cuando saliera, pero cuando salió ya no le quedaron. Este compañero se incorporó muy chico a la Brigada, de 13 o 14 años, estaba creciendo y por eso no le quedó lo que había guardado”.


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