domingo, 19 de julio de 2020

El secuestro de Figueroa IX


Víctor Cardona Galindo
En ausencia, porque estaba en poder de la guerrilla del Partido de los pobres, el 23 de junio de 1974, Rubén Figueroa Figuera fue postulado candidato del PRI la gubernatura del estado de Guerrero en una convención en Chilpancingo. El jefe del partido oficial, Jesús Reyes Heroles, aprovechó su discurso en el acto celebrado en el cine Guerrero para lanzar una cadena interminable de ataques a los guerrilleros y en especial a su líder Lucio Cabañas Barrientos.
Lino Rosas Pérez, René.

Jesús Reyes Heroles aseguró que vivíamos en una apertura democrática y calificó: “en todo terrorista hay una maniático con impotencia política e incapacidad organizadora”. Ya el 9 junio en Taxco el sector popular del PRI había realizado una asamblea para declarar a Rubén Figueroa como su candidato a la gubernatura. Por eso el propio Figueroa, trató de convencer a Lucio Cabañas para que lo dejara asistir a esa reunión, incluso le sugirió que alguno de los brigadistas lo acompañara.
“Déjame ir, es más que vaya uno de tus hombres como delegado a la convención, y no creas que lo voy a exhibir –dice– nada más para que vea y que me postulen candidato’, y ya Lucio le decía ‘no, no se desespere, usted de todos modos lo van a postular candidato, va a ganar las elecciones, o sea, no se preocupe”, recuerda Manuel en una entrevista hecha por Eneida Martínez.
Por eso dos meses que deberían ser de campaña Figueroa se los pasó en la montaña, medio comiendo, acompañado de un grupo de hombres con ropas desgarradas que luchaban por un fin superior, el socialismo, y que poco les importaba los discursos y los ofrecimientos de dinero y comodidades que ofrecía el candidato priísta a gobernador, que muchas veces quiso comprar a sus custodios. Es más discutieron algunas veces, pasarlo por las armas. Pero Lucio era de la idea que si se recibía algún rescate, así fuera precario, debería vivir.
También el Ejército mexicano tenía sus propios planes, la orden era rescatar al candidato del PRI al precio que fuera, parecía que no importaba matar de hambre o desaparecer a todos los pobladores de la sierra. En esta campaña militar miles de campesinos fueron remitidos a los cuarteles que fungían como cárceles y campos de concentración, de donde cientos ya no regresaron con los suyos. La Fuerza Aérea Mexicana también bombardeó las elevaciones montañosas más importantes de la sierra de Atoyac.
El informé histórico de la Fiscalía Especial dice: “A fines de junio de 1974 hubo un bombardeo al cerro de la Mojileca, donde Lucio Cabañas había instalado uno de sus campamentos que después abandonó. Según cuenta gente de Los Cajones, de Corrales de Río Chiquito y del ejido de Pitos, Pitales y Letrados, miraban cuando los bombarderos ‘dejaban caer las bombas. Escucharon muchas explosiones’. Todos padecieron crisis nerviosa, las mujeres llorando. Ese día los habitantes de Corrales de Río Chiquito decidieron abandonar el pueblo pero se detuvieron porque no sabían a dónde ir, hasta que finalmente todos huyeron…”
“Dicen algunas señoras de Los Corrales del Río Chiquito, que miraban cuando los aviones se venían bajando dando volteretas y ya casi al ras de ese cerro dejaban caer las bombas”, comenta Simón Hipólito.
Al tercer día, el 30 de junio de 1974, los aviones del ejército llevaron a cabo otro  bombardeo en el cerro de El Encanto, y tiraron dos o tres bombas pero para entonces ya habían llegado patrullas militares que andaban por el monte y fue a ellas a las que bombardearon confundiéndolas con guerrilleros. También bombardearon El Barandillo por donde antes había pasado Brigada. Felipe Fierro Santiago originario del Plan del Carrizo logró ver los residuos de las bombas en los terrenos de su familia “esquirlas por todos lados”.
De acuerdo al informe de la Fiscalía Especial “se registró otro bombardeo el 13 de julio de 1974 en las cercanías de Corrales de Río Chiquito. En ese bombardeo murió Justo Bernal, avecindado del lugar conocido como Juan Rojas (a) ‘El Gavilán’, o ‘Juan el Colorado’. Era esposo de Genara Argüello Vázquez y ahijado de Francisco Argüello Villegas, padre de Genara”. Los guerrilleros escucharon los tronidos al fondo de la sierra pero no le prestaron importancia, ellos ya se encontraban en otro lado.
De lo acontecido en aquellas fechas al interior de la Brigada podemos saber gracias a los testimonios de guerrilleros como Carlos que escribió primero el “Diario de un combatiente II” en Los papeles de la sedición o la verdadera historia político militar del Partido de los Pobres que compiló Francisco Fierro Loza, ese testimonio más tarde se publicaría también en el libro Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres. Una experiencia guerrillera en México y hace poco Eneida Martínez recogió el testimonio de Manuel y otros guerrilleros en su tesis Los alzados del monte. Historia de la guerrilla de Lucio Cabañas.
Comentamos anteriormente que el último asunto tratado en la reunión del 26 de julio de 1974 en la cima del cerro Plateado fue la solicitud de salida permanente de integrantes de la Brigada, que pretendían continuar con la lucha armada pero en la ciudad, ellos fueron: Élmer, Beatriz, Víctor, Ramiro, Nidia, Manuel, Estela, Francisco y Hortensia.
“Ya iba a ser un rompimiento [con la Brigada] (...) Entonces ahí con esa idea hablamos con Lucio, que en cuanto se recibiera un dinero, pues que sí se daba la posibilidad de obtener dinero por Figueroa pues que nos dieran cinco millones de pesos, y pues en plan todavía de una relación y que nos consiguieran algunas armas. Para ello, en esa vez nos dieron una, era una 9 mm Browning [expropiada a Rubén Figueroa], que por cierto la traía Víctor”, dice Manuel.
“Finalmente, despachados todos los asuntos en dicha asamblea, al día siguiente, es decir el 27 de julio de 1974, salió la ‘comisión’ –con dirección hacia el occidente– encargada de distraer y combatir al ejército; el entusiasmo de todos ellos era evidente pues sentían que ahora sí iban a confrontar a los guachos. ‘Era de elogiarse el buen estado de ánimo de los compañeros, arreglando sus mochilas con gran entusiasmo, sin sospechar que se acercaba el ocaso’, (comenta Manuel). No todos estaban seguros de que este grupo pudiera realizar semejante tarea, pues los brigadistas ya tenían noticias del enorme despliegue de las fuerzas castrenses por toda la sierra, otros más dudaron del regreso de Lucio”, escribió Eneida Martínez.
“El 27 por la mañana hicimos todos los preparativos para abandonar el campamento y se nombraron todos los elementos que iban a continuar hacia la costa, a realizar las negociaciones, y el grupo que atacarían al ejército. Para este último solamente habían nombrado 13 compañeros, pero sucedió que a la hora de salir, Cesar se escondió al iniciar la marcha del grupo grande, de que ya formaba parte, apareciendo después tramposamente para así tener participación en los ataques al enemigo”, explica un guerrillero.
El grupo chico en que iba Lucio Cabañas lo componían inicialmente 13 guerrilleros: Lino Rosas Pérez, René, armado con un M-2; Carlos llevaba un M-1, Martín M-1, Eusebio M-2, Roberto M-1, Santiago Hernández Ríos quien era conocido como Leoncio o El Pingüino llevaba un FAL y Pedro Mesino Benítez, Rutilo también  llevaba FAL, Lucio M-2, Esteban Mesino Martínez, Arturo, M-2; Ricardo M-2, Miguel Ángel de la Cruz Martínez, Lázaro portaba un R-18, Gabriel 7.62, Edi Carlos M-2.  . 
 “Al otro día, 27 de julio, salió muy temprano el grupo que iba con el viejo y se componía de 43 compañeros; los 13 restantes quedamos en el campamento para salir más tarde. Como a la hora y media que se habían ido, apareció César entre el monte, que no se había querido ir con el grupo al que pertenecía; se le hizo un crítica muy fuerte”, nos explica Carlos y como no había más remedio se le aceptó el grupo quedando el grupo de Lucio con 14 guerrilleros. Cesar llevaba un M-2.
Manuel dice que primero salió el grupo de Lucio, él ro recuerda así: “Por parte del grupo de Lucio, yo cuando lo vi salir y se perdía en la maleza, incluso Lucio se perdía, yo ya di porque Lucio ya no iba a regresar, era una situación nutrida de soldados toda esa zona, ¡por toda la zona!, y metiéndose al monte, por veredas”.
Así Lucio se separó de la mayoría de sus compañeros para no verlos más. La columna de 14 guerrilleros pasó cerca de Los Tres Pasos, El Camarón y se instaló cerca de La Cebada, ahí se enteraron del bombardeo al cerro El Mojileca y en el cerro de la Bandera habían tirado unas bombas más, que en Pie de la Cuesta, fuera de la zona guerrillera, la Fuerza Aérea bombardeó un rebaño de chivos donde murieron dos niños que los pastoreaban.
También supieron que en Los Tres Pasos hubo un enfrentamiento, “que unos soldados vestidos de civil y que traían mujeres, se hacían pasar como gente de la Brigada, pero que se encontraron con soldados uniformados y se confundieron los dos bandos, produciéndose así el enfrentamiento… que el compañero Antonio Avilés venía de sus milpa, lo encontraron los guachos, lo golpearon y lo obligaron a cavar su propia tumba, pero no lo asesinaron, nada más lo obligaron a que matara a su perro y que lo enterrara en el pozo que había hecho” ante las carcajadas de los soldados.
“Esta realidad –poco a poco se volvió parte de la cotidianidad en la sierra– era sólo la punta del iceberg de las prácticas sanguinarias de contrainsurgencia que se venía para los pobladores de esos territorios. Territorios bajo el yugo de la bota militar, el vuelo rasante de los helicópteros ya era cada vez más nutrido, las autoridades locales quedaron supeditadas y no intervenían en lo absoluto ante los atropellos y arbitrariedades por parte de la fuerza castrense. Todos eran susceptibles a ser detenidos, torturados, desaparecidos”, escribió Eneida Martínez. Para Carlos Montemayor durante la guerra sucia se vivió un experimento de gobierno militar en una parte del país.
Mientras en la costa las negociaciones entre los enviados del Partido de los Pobres y el intermediario iban por buen camino. “El veintiocho de julio le entregué a Juan otras tres fotografías a colores de los nietos del ingeniero Figueroa Figueroa”, asentó el su libro  Carlos Bonilla Machorro enviado de los Figueroa. Las negociaciones se hacían en medio de rumores. Se decía que diversos grupos políticos querían eliminar a Rubén Figueroa para que no llegara a la gubernatura. Con el cerco a la sierra y los bombardeos parecía que tampoco el Ejército lo quería vivo.
El 29 de julio de 1974 fue detenido Alberto Radilla Reyes, su madre Amalia Reyes Castro denunció que el teniente coronel Arturo Monroy Flores se lo llevó de El Plan de los Molinos cuando acababa de llegar de la milpa. “El teniente le dijo a mi hijo que le ayudara a bajar unos paquetes del helicóptero que aterrizaba en el lugar para dejar comestibles a los militares a los cuales yo tenía dos meses asistiendo”. Cuando regresó el militar le expresó que su hijo llevaba de comer a los guerrilleros de lo que robaba a los militares. Le dijo que entregó a su hijo a la judicial de Acapulco. Alberto dejó dos hijos en la orfandad, después de eso los militares corrieron a la familia Radilla Reyes de su huerta del Plan de los Molinos.
El día 30 de julio Tomás Gudiño Dircio fue detenido en El Cacao, lo bajaron en un helicóptero al cuartel de Atoyac donde fue visto por otros campesinos que lograron su libertad. Ese mismo día también fue detenido y desaparecido por el Ejército Filemón Mesino Aguilar porque le vendió una vaca a la gente de Lucio Cabañas.
El grupo más grande de la Brigada avanzó hacia el oriente con los retenidos, iban para la sierra baja buscando el mejor lugar para liberar a los retenidos y facilitar la negociación. Febronio dijo a la revista Proceso que el jefe del que los cuidaba era Ramón.
“El resto de la Brigada que quedó al resguardo de Figueroa y compañía salió a dirección al oriente el 27 de julio, la cautela tuvo que ser una de las prioridades de cada uno de los brigadistas ya no podían caminar por veredas ni caminos, pues la presencia de soldados estaba por todos los lugares transitables, no sólo en busca del senador, sino principalmente para acabar en definitiva con los guerrilleros”, dice Eneida Martínez en Los alzados del monte. Historia de la guerrilla de Lucio Cabañas.  
Un guerrillero recuerda, “cuando nos separamos del resto de la Brigada caminamos todo el día y eran como las 9 de la noche cuando caminábamos sobre la brecha que conduce al poblado de El Cacao”. Acamparon en las huertas de café cerca de El Porvenir y luego caminaron rumbo a La Pedregosa. Mientras el grupo de Lucio instalado en las inmediaciones de La Cebada comenzó las exploraciones para ubicar el sitio ideal donde atacar al Ejército.




domingo, 12 de julio de 2020

El secuestro de Figueroa VIII


Víctor Cardona Galindo
Corría el mes de julio de 1974. Los campesinos salían a sus milpas pero sin bastimento. Trabajaban hasta donde aguantaban el hambre y de regreso al pueblo tenían que reportarse con el oficial al mando de la partida militar. En los retenes no dejaban pasar pilas, radios, ni medicinas. Ya las familias no contaban con pastillas ni para la diarrea. Toda la persona que intentaba llevar un poco más de comida o quería pasar medicinas era acusada de colaborar con la guerrilla. Aislados los guerrilleros comían plátanos, cajeles, camote de platanillo y limón dulce que encontraban en las huertas abandonadas.
Alberto Mesino Acosta tenía 20 años cuando fue detenido por
el Ejército mexicano en la comunidad de Agua Fría el 18 de
julio de 1974.

Los sierreños todos los días comentaban con azoro, “ayer se llevaron a fulano y hoy agarraron a zutano”. Las detenciones eran constantes. El 18 de julio de 1974 en Corrales del Río Chiquito fueron apresados, por soldados al mando del mayor Francisco Escobedo,  Mariano Serrano Zamora, Zenón Zamora Hernández, Jorge Alberto Almogabar Ríos y Herminio Navarrete. Ya la mayoría de las casas de esa pequeña comunidad estaban ocupadas por la tropa que se comía las gallinas y todos los víveres de los campesinos. Por eso los habitantes de ese lugar tuvieron que emigrar a la ciudad de Atoyac y a El Ticuí o se concentraron en San Juan de las Flores. Los soldados también hacían fogatas en cualquier terreno, provocando incendios que en muchas ocasiones arrasaron con parcelas enteras de café.
El Plan Guerrero, mediante el cual el gobierno daba créditos para la rehabilitación los cafetales, se convirtió en una trampa para los campesinos. Los técnicos hacían una lista de productores sospechosos de pertenecer al movimiento armando y los mandaban traer. Después de las reuniones el ejército instalaba retenes, así cayeron muchos campesinos en manos de la fuerzas represivas. Uno fue Alberto Mesino Acosta detenido por el Ejército en la comunidad de Agua Fría, después de asistir a una reunión del Instituto Mexicano del Café (Inmecafé) el 18 de julio de 1974. Tenía 20 años, era originario de El Escorpión padecía de bronquitis y se dedicaba a la siembra de maíz y café. Le decían El tres motores porque nació con tres testículos.
Alberto fue citado a Agua Fría junto con todos sus hermanos. Después de la reunión jugó basquetbol. En esa ocasión un grupo de militares al mando del capitán Jacobo colocó un puesto de revisión a un kilómetro de la salida de Agua Fría y cuando Alberto iba en una camioneta rumbo a El Escorpión fue detenido como a las 2 de la tarde y en ese mismo momento subido un helicóptero que se lo llevó para jamás volver.
Miembro de una familia de 12 hermanos, Alberto era el chocoyote y no alcanzó a casarse. Su mamá Juana Acosta Martínez lo buscó en cuarteles y cárceles sin resultados. De regreso al Escorpión desde su casa observaba todo el tiempo el camino esperando la llegaba de su hijo. Un tiempo después mandó un recado donde decía que estaba prisionero en el Campo Militar Número Uno y que se encontraba bien.
Antes que se llevaran a Alberto, miembros del Ejército ya habían golpeado a Ramón Mesino Castro de 84 años a quien le quitaron un rifle calibre 22 que usaba para la cacería y también torturaron a Bernardo Mesino Acosta a quien ya golpeado maniataron y dejaron tirado entre el monte. Bernardo logró zafarse de las ataduras y regresó a su casa.
“Algunos de los capturados los obligaron a guiar a las fuerzas militares por la sierra, descalzos y sin alimentación, pura agua. A otros se lo llevaron a los retenes militares donde vestidos como tales, subían a los autobuses a identificar a jóvenes guerrilleros que trataban escapar; muchos de estos así fueron detenidos. Algunos que volvían ingenuamente a sus poblados de origen, fueron delatados y detenidos”, dice don Simón Hipólito.
Para esas fechas los miembros de la Brigada caminaban por lugares escarpados y veces únicamente comían mangos que encontraban en las huertas. Acosados por un helicóptero de fuselaje azul que se movía por esa zona. Muy cerca del cerro Plateado donde también era escaso el alimento y llegaron a comer maíz cocido junto con frijoles.
“Seguimos la marcha por todo el cañón del cerro, hasta llegar al río de El Rincón, un lugar muy hermoso, con mucho agua, con un playón grande donde hicimos campamento unos días mientras nos recuperábamos de la fatiga y del hambre. Fue hasta ahí donde pudimos conseguir algunos alimentos con algunos compañeros que todavía se encontraban en el lugar, donde compramos una vaca y la comimos. De ahí nos fuimos al cerro Plateado quedando cerca del lugar que le llaman El Fortín, toda ésta zona es cafetalera y pertenece al Cacao. Salió una comisión a conseguir alimentos, lo cual logró no obstante que la tienda Conasupo del lugar limitaba las ventas, sólo proporcionaba los alimentos que podía consumir una familia para un sólo día de acuerdo al número que la componía, de manera que conseguir alimentos con cada padre de familia era un problema, pero los compañeros sabían ingeniárselas para conseguirlo, incorporando a los niños que iban a comprar a pesar de la vigilancia que había de parte del ejército”, platica un brigadista.
Ya los guerrilleros andaban muy estresados, un día El Chango y Juan estuvieron a punto de agarrarse a tiros. Fue durante una expedición que salió del cerro Plateado en busca de alimentos a El Guayabillal. Era una comisión de aproximadamente 15 guerrilleros encabezada por Manuel, pero no lograron conseguir nada; durante su regreso, El Chango perdió los cargadores de su rifle sin darse cuenta y Juan lo recogió, pero no le dijo nada; al llegar a un río, El Chango se dio cuenta de la pérdida y se regresó desesperado a buscarlos, hasta que los compañeros que venían atrás le dijeron que Juan lo había recogido, El Chango se regresó muy enojado y al llegar donde estaba Juan le reclamó porque lo había hecho pendejo; El Chango se descuelga el FAL y le dice: “Te voy a matar a balazos para que se te quite lo cabrón”, pero Juan le había ganado ya el movimiento y le apuntaba con su M-2. El Chango se queda pálido y él dice: “jálale” y Juan le responde: “No, tu eres el de la bronca”.
Manuel lo recuerda de ésta manera. “Por ahí había un barriecillo perdido en la montaña que se llamaba El Guayabillal salimos como unos diez o doce gentes, en esa comisión, yo fui de responsable. Avanzamos por el monte hasta llegar a las cercanías, encontramos unos campesinos. Íbamos con la idea de comprarles maíz, pero lo curioso es que la gente siembra maíz y luego lo vende y ya después por los meses junio, julio y agosto, están en crisis, esperando el que van a cosechar y tienen que bajar, a comprar el maíz que vendieron, a más alto precio de cómo lo vendieron. Por eso la gente de ahí no tenía maíz y no podían subir suficiente porque estaban los retenes. Nos regresamos desconsolados sin nada. Había un arrollo muy grande y algunos árboles con frutas silvestres, le estuvimos jalando al árbol los frutos. Un compañero que le decíamos El Chango traía colgado su FAL, por andar jalando se le hizo fácil bajar su morral de parque con sus cargadores por que le estorbaba y que se le olvida. Entonces Juan, ve que deja el morral y se lo cuelga y nos pasamos el arroyo. Cuando ya estamos del otro lado, el Chango se regresa corriendo ‘es que dejé mi morral’. Al no encontrarlo se regresa preocupado, pero alguien le dice ‘no, tu morral lo trae Juan, entonces en una actitud agresiva, desesperado le reclama a Juan, le dice: ‘me viste la cara de pendejo, yo me pasó para allá y tú ya trayéndolo, ¿y por qué no me dices?’, entonces la reacción de Juan fue descolgarse el FAL y se lo mete y le dice ‘no me estés chingando, yo te voy a matar’, y entonces me puse entre los dos, el Chango  se queda pálido”.
La comisión regresó al campamento con la moral muy baja y destrozada. No traían alimentos y si un conflicto entre compañeros, al informar ante la Brigada lo que había pasado se les criticó a los dos y como sanción se les desarmó.
El 20 de julio de 1974, campesinos atacaron a la policía del estado en San Luis San Pedro, el Partido de los Pobres habla de ésta acción en su último comunicado y dice que murieron siete policías. Esa operación se le atribuyó a una pequeña célula del Partido de los Pobres que estaba trabajando en la zona. Ese mismo día acá en la sierra de Atoyac fue detenido Lucio Castillo Gervasio, quien estuvo recluido por más de un año en el Campo Militar Número Uno y fue liberado el 13 de agosto de 1975.
De acuerpo a los datos proporcionados por el informe histórico de la Fiscalía Especial, el día 23 de julio de 1974, la Zona Militar informaba en radiograma cifrado de la detención de Arnulfo Sotelo Abarca, Cuche Blanco; Delfino Castro Hernández, Pascual Castro Hernández, Pedro Ortiz Verónica e Isidro Castro Vergara.
En estos días también fueron detenidos y desaparecidos Roberto Castillo de Jesús, Abel Estrada Camarillo, Alberto Radilla Reyes, Tomás Gudiño Dircio y Filemón Mesino Aguilar, Roberto Castillo de Jesús quien fue apresado el 24 de julio. Hay testimonios que señalan que este último fue detenido por miembros del Ejército al mando del capitán primero Mario Arturo Acosta Chaparro. Sus papás lo encontraron golpeado en un retén de San Luis la Loma y se sabe que el 23 de septiembre de 1974 se lo llevaron de ahí al cuartel militar de Atoyac.
Para festejar el aniversario del asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1974 se llevó a cabo una reunión de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento (BCA) precisamente en la cima del Cerro Plateado.
Dice José Carmen Tapia Gómez que “la vida de los campesinos de La Costa Grande guerrerense está profundamente ligada al cerro Plateado, que fue ocupado por Morelos y Galeana en tiempos de la lucha por la independencia y en donde, más tarde, se llegó a decir que Zapata y Villa organizarían un congreso”.
Es ahí donde se reunió toda la Brigada para discutir su destino. Es aquí donde se empieza el desenlace de la historia de la guerrilla del Partido de los Pobres. Aquí ya cuando el Ejército se había apoderado de todas las entradas y salidas de la sierra, es también el clímax de la crisis que comenzó entre los brigadistas a finales de mayo de ese año, cuando Lucio no permitió que se fusilara a los tres que intentaron desertar del campamento de Caña de Agua llevándose armas y parque, entre ellos estaba Sabino Fraga y Simplicio Robles quien finalmente se escapó en una caminata la noche del 28 de mayo, dándose de alta en el Ejército más tarde.
Este 26 de julio en el picacho del emblemático cerro Plateado se cambió la dirección de la BCA. La nueva dirigencia quedó integrada por Lucio Cabañas Barrientos, Lino Rosa Pérez, René; Pedro Ángulo Barona, Gorgonio;  Antonio o Solín y Heriberto Valle Adame, Heraclio.
“Después de una larga discusión quedó integrada la nueva dirección por el compañero Lucio, Antonio, Heraclio, René y Gorgonio que se nombró en ausencia, ya que se encontraba de comisión. Este mismo día la nueva dirección propuso un plan: que nos dividiéramos en dos partes, que un grupo más numeroso marchara hacia el Oriente o sea rumbo a Acapulco. Este grupo llevaría al viejo y seguiría las negociaciones con la familia Figueroa. El otro grupo más pequeño, marcharía hacia el Poniente, con el fin de atacar al enemigo, distraer sus fuerzas para que la comisión que llevaba al viejo marchara libremente; este mismo grupo (el pequeño), después de atacar al enemigo, marcharía hacia la sierra de San Luis, con el fin de politizar y estructurar toda esa zona hasta llegar a los límites con Michoacán”, comenta Carlos.
“Esto como medida táctica para distraer al enemigo; decía Lucio que ya no era conveniente que todo el grupo siguiera recorriendo la sierra. Se carecía de alimentos, se decía que el Ejército ya nos había ubicado, que nos seguía de cerca, que era necesario contratacar, pero que esto lo debía hacer un grupo más reducido y en otro lugar donde el enemigo no nos buscara. Se tenía la idea de que el ejército de inmediato se trasladaría a la zona donde se empezaba a atacar y de esta forma dejaría libre la ruta por donde pasaría el otro grupo que llevaría consigo al senador Figueroa”, dice un combatiente en el libro Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres. Una experiencia guerrillera en México.
En esa fecha en la guerrilla se iba conformando también el grupo que saldría después a la ciudad encabezado por Manuel y otros importantes cuadros de la Brigada. También ahí se acordó negociar únicamente la cuestión económica, los demás objetivos del secuestro de Figueroa habían quedado rebasados por las circunstancias.





El secuestro de Figueroa VII



Víctor Cardona Galindo
Rubén Figueroa Alcocer estableció su centro de operaciones en la calzada Pie de la Cuesta de Acapulco, donde funcionaban las oficinas de Autotransportes Figueroa y ahí se concentró también Carlos Bonilla Machorro, en espera de las comunicaciones de la guerrilla. Estaban resguardados todo el tiempo por agentes de la Dirección Federal de Seguridad. Al transcurrir los días y al no establecerse el diálogo directo con los secuestradores, Rubencito consiguió un permiso en la Secretaría de Gobernación para utilizar los medios de comunicación.
Eusebio Fierro Nava fue detenido por elementos del
Ejército mexicano en la sierra de Atoyac el 16 de julio
de 1974. Foto: Archivo Histórico Municipal de Atoyac.

Por eso en la radio se comenzó a difundir un anuncio el 28 de junio. Se transmitía cada media hora y ahí  el sacerdote Bonilla Machorro se dirigía a Lucio, decía entre otras cosas: “Desde hace veinte días ando con mi amigo el profesor Inocencio Castro, tratando de comunicarme con usted. Me ofrezco como enlace para un diálogo conciliatorio entre la familia del senador Figueroa y usted… Le suplico que el conducto para establecer contacto conmigo, sea esta misma radiodifusora RCN del puerto de Acapulco”.
Mientras en la sierra, Figueroa pronunció ante los guerrilleros el discurso que iba a decir en una de las convenciones que lo nombraron candidato y por medio de recados mostraba su desesperación ante la dirección de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento. Ante la precaria situación que se vivía los secuestrados tenían mejor alimentación que los propios guerrilleros. “Cuando ya estábamos en una situación difícil, lo que se hacía era conseguir alimentos precisamente para ellos, aunque nosotros no comiéramos pero ellos que comieran”, recuerda Pedro Martínez.
El objetivo de liberar la zona con el secuestro político de Figueroa había fracasado. Al contrario el ejército se disponía a quitarle “el agua al pez”, por eso todos los pueblos estaban sitiados y racionados los alimentos. Había que tener un salvoconducto militar para poder salir de la comunidad a las siembras o a la ciudad. “Las familias que vivían dispersas en la sierra fueron obligadas a concentrarse en poblaciones más grandes. Ningún campesino podía llevar bastimento o agua al campo; antes de salir a trabajar eran minuciosamente revisados, les señalaban horas para regresar a comer y horas para llegar por las tardes, tenían que reportarse diariamente… se le prohibió a comercio vender más de diez kilos de maíz (a la semana) por cada familia serrana, también se les prohibió vender más de un kilo de azúcar, de frijol, arroz y otras cosas”, escribió don Simón Hipólito Castro, en su libro Guerrero, amnistía y represión.
El Ejército hizo un censo en cada poblado, casa por casa, para saber cuantos vivían en cada habitación y racionarles el alimento. Las familias de la sierra para equilibrar la ración, mezclaban la masa con plátanos verdes hervidos y camotes de platanillo. Si para los campesinos era difícil la vida, para los guerrilleros era peor, “andábamos comiendo cogollos de las plantas que sabíamos que no eran venenosas”, platica un guerrillero.
El gobierno aumentaba su presencia en la zona, el primero de julio el secretario de la Defensa Nacional general Hermenegildo Cuenca Díaz, llegó a la ciudad de Atoyac, en un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana, para coordinar personalmente las operaciones militares que se realizaban en la sierra en persecución del grupo de Lucio Cabañas Barrientos. Tuvo pláticas con el comandante del 27 Batallón de Infantería coronel Alfredo Cassani Mariña y con el presidente municipal Silvestre Hernández Fierro. Cuenca Díaz reprendió fuertemente al alcalde a quien exigió mayor colaboración con el Ejército.
Ese mismo día allá en la sierra, el senador Rubén Figueroa Figueroa escribió una carta a Lucio, que ya no le había dado la cara, donde le solicitaba una nueva entrevista, que tendría dos aspectos, “uno exclusivamente personal, directo y confidencial entre usted y yo; y otro como comparecencia mía ante su grupo para discutir y dialogar con él”. Pedía su libertad y proponía liberar de inmediato 15 ó 20 presos políticos y que llegando a gobernador el día primero de abril liberaría a todos los presos políticos de Guerrero.
Decía que la salud de los retenidos declinaba rápidamente y que estaban en un estado de nervios depresivo. “La última marcha nos mojamos, se mojaron las cobijas y las hamacas y con el terriblemente húmedo frío de la sierra no pudimos dormir. Al profesor Febronio le vino un dolor de espalda que anunciaba pulmonía. Tenemos avitaminosis. Su tío Luis tiene abierta y supurada una herida por operación y sólo Pascual ha estado más tranquilo y sano”, decía.
En esa carta pedía que subiera un médico general, provisto de medicinas, cuyos emolumentos serían cubiertos en Acapulco mediante una orden que giraría. Que también serían cubiertas las medicinas que le llevaran. Solicitaba la libertad de la señora Gloria Brito. “Dejó a su hijo de 4 años, encargado con unos vecinos y no sabe qué trato habrá recibido… la señora va en su segundo mes de embarazo”.
También Luis Cabañas envió en esos días un recado a Lucio: “Jamás he pedido clemencia a nadie, pero lo hago porque tengo temor que me  caiga gangrena”, decía en referencia a la herida de operación que se le había abierto.
Figueroa sufría cuando su secretaria Gloria Brito le lavaba la ropa, porque se quedaba encuerado cubierto con un zarape tiritando de frío. Por eso varias veces intentó escapar, una de esas fue en la madrugada del 3 de julio, en el campamento El Faisán, aprovechando que se durmieron los guardias. Agarró un bordón, un zarape y su fue. Pero el senador se desorientó y caminó a los profundo de la sierra y no hacia la costa como debería hacerlo. La brigada salió a buscarlo y lo alcanzaron en unos riscos “primero encontramos un bordón, después los resbalones que se daba en las barrancas, hasta que más arriba en un pretil rocoso lo encontramos”, le contó un guerrillero a Simón Hipólito.
Ahí fue donde los demás retenidos entregaron la pistola calibre nueve milímetros, dos cargadores y una navaja de muelle que tenía escondida Gloria Brito en su bolso. Se la habían dejado para en dado momento matar a Lucio, si alguno de ellos era pasado por las armas.
De esa aventura Luis Suárez escribió: “Sus compañeros le dijeron: ‘Lo van a matar’. Respondió: ‘Yo prefiero irme y que me maten’. Caía una intensa lluvia tropical esa noche. Figueroa llevaba una caña de monte, como apoyo o bastón. Empapado por la lluvia se lanzó a la aventura. La recuerda: ‘Rodaba entre las rocas, pasaba junto a los abismos. Pensé: hacia el oriente debe estar Acapulco… Llegué al pie de una montaña, que estaba cortada a pico en unos 150 metros. Habían iniciado mi persecución. Me encontraron porque hallaron mi bastón de caña y eso los orientó. Me alcanzaron tres hombres de Lucio, entre ellos los nombrados Zacazonapan y el Gorrión… Llegué con esos hombres de regreso al campamento, como a las 10 de la mañana, aterido de frío, profundamente deprimido. Mis compañeros de cautiverio habían sido amenazados de muerte si no aparecía”.
Lucio contestó la carta de Figueroa el 5 de julio fechándola en el campamento La Fuga, por lo ocurrido le habían cambiado de nombre, antes se llamaba El Faisán. Lucio decía “no es posible la venida de ningún doctor en vista de la amplia persecución que se nos están haciendo; tendremos que esperar algunos ocho días para lograr traerlo. Ya sabemos que el caso de mi tío Luis es grave y lo de otro enfermo también, pero tenemos que esperar porque las comunicaciones están cerradas; hay medicinas compradas pero no pueden subirlas”.
En cuanto a la libertad de Gloria Brito Lucio decía: “Gloria ya estuvo desperdiciando sus lágrimas, pues en nuestra compañía no debe llorar, ella no es la rica burguesa secuestrada, es la trabajadora que por medidas de precaución ha sido retenida, se le ha respetado debidamente y debía sentirse satisfecha el compartir el sufrimiento con nosotros que somos de la clase trabajadora como ella y que luchamos por la felicidad de una clase social que está siendo explotada en el régimen de ahora”.
El Partido de los Pobres envió un ultimátum a la familia de Figueroa el 7 de julio en el que exigió el pago de 50 millones de pesos y la difusión de un manifiesto en los medios de comunicación para liberar al senador. Amenazó con fusilarlo de no cumplirse sus demandas. El texto iba dirigido a Rubén Figueroa Alcocer: “Damos de plazo hasta el día 2 de agosto del año en curso para que usted cumpla peticiones, de lo contrario, el día 3 del mismo mes será fusilado por las fuerzas armadas de nuestro partido”.
“Entréguenos cincuenta millones de pesos mexicanos, con la siguientes denominaciones: cien mil pesos en billetes de cincuenta, doscientos mil en billetes de a cien pesos, setecientos mil en billetes de a quinientos pesos y, cuarenta y nueve millones en billetes de a mil pesos… Cuando tenga el dinero listo, hable al programa de 24 Horas de la noche y diga: ‘Acepto como contactos al Sr. Cura Carlos Bonilla Machorro y al profesor Inocencio Castro Arteaga, por lo que espero instrucciones del Partido de los Pobres”.
Ranmel se reunió el 10 de julio con Bonilla Machorro en Zihuatanejo donde le entregó el comunicado para la familia y en una segunda entrevista la familia envió tres fotografías de los nietos del senador para que las trajeran autografiadas, como prueba de vida, pero el contacto que las llevaba cayó en manos del Ejército.
Como dije antes en la sierra ante la precaria situación de la guerrilla llegó a la dolorosa necesidad de que salieran 35 brigadistas que pidieron permiso y el 12 de julio partieron por diferentes rumbos de la sierra. Luego que ellos salieron la guerrilla cargando a cuestas a los secuestrados avanzó por las faldas de El Barandillo, desde donde se divisaba El Plan del Carrizo. En ese pueblo había una pista de aterrizaje de la familia Vargas, de ahí despegaban los helicópteros para vigilar la zona.
Fue el 13 de julio cuando el grupo que tenía el secuestrado partió por la mañana, el otro donde iba Lucio y toda la dirección de la Brigada partió por la tarde. “Nosotros partimos por la tarde del mismo día. Avanzamos hasta muy tarde llegando hasta un lugar denominado Monte Alegre, ya en esta zona la situación alimenticia se comenzó a resolver porque ya mitigamos el hambre con plátanos verdes hervidos. Aquí encontramos muchas huellas frescas de emboscadas del ejército”, comenta un miembro del Partido de los Pobres.
 Cerca de ahí, unos guerrilleros que salieron el 12 cayeron en una emboscada que les tendieron los miembros del Ejército que para ese tiempo ya estaban en el monte. Habían abandonado los operativos que realizaban únicamente por veredas y carreteras. Ya se metían a la maleza que había sido reino exclusivo de los guerrilleros. Según la versión oficial de la guerrilla en esa emboscada agarraron a Arsenio y Anselmo éste último que era de San Martín después se dedicó a delatar y entregó a mucha gente.
Esta escaramuza parece tratarse del encuentro armado que se registró el 13 de julio de 1974  en las cercanías de La Gloria entre el ejército y miembros del grupo de Lucio Cabañas, que la división de investigaciones históricas de la Fiscalía Especial registró, donde hubo contingencias para ambos lados, porque los jefes militares pidieron “atención para los soldados heridos,” pero no especifican cuantos ni la gravedad. En cuanto a la gente de Lucio, el ejército detectó a cinco personas que huyeron. Tres de ellos fueron aprehendidos el 14 julio por una patrulla de la 35 Zona Militar establecida en La Gloria. Uno de los guerrilleros que iba herido se metió a una vivienda y se reguardó atrás de la chimenea pero ya los soldados le seguían de cerca el rastro de sangre.
Según lo recabado por la Fiscalía el Secretario de la Defensa Hermenegildo Cuenca Díaz fue informado de esto y un helicóptero fue enviado para trasladar a los detenidos, y también, de que se entregaron los “paquetes sin novedad”. El 15 de julio de 1974, el Subjefe del Estado Mayor informó nuevamente de todo esto al Secretario y le reportaba que ya se había solicitado al comandante de la 35 Zona Militar la entrega de los detenidos “a fin de interrogarlos detenidamente, por haber manifestado que forman parte del grupo principal de Lucio Cabañas”.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) recogió testimonios donde da luz que uno los detenidos ese día sería Ernesto Mesino Lezma que está desaparecido; el segundo sería Raymundo Morales Gervacio, que después fue visto en el Campo Militar Número Uno y el tercero Margarito Vásquez Baltasar, que también está desaparecido.


viernes, 10 de julio de 2020

El secuestro de Figueroa VI


Víctor Cardona Galindo

En el segundo comunicado fechado el 10 de junio de 1974 el Partido de los Pobres confirma que tiene en su poder al “senador burgués, millonario y explotador Rubén Figueroa Figueroa y que los dejaremos en libertad cuando la burguesía y el gobierno federal cumpla las peticiones revolucionarias que les haremos, después del retiro de tropas y policías, tal como lo indicamos en el primer comunicado. Hasta el momento, las tropas y policías no se han retirado, por el contrario nos están persiguiendo arriesgando así la vida del que dicen querer salga vivo; de tal situación y de lo que venga, responsabilizamos a Hermenegildo (Pinochet) Cuenca Díaz”.
Mural dedicado a la lucha social

“A la burguesía y a sus funcionarios que afirman que hemos tendido una trampa a Rubén Figueroa, les decimos: es cierto. Y recuerden señores burgueses carrancistas que ustedes tendieron otra peor contra Emiliano Zapata; ustedes señores de la trampa y del crimen, llamaron a Zapata a Chinameca para unírsele en su causa redentora y lo recibieron a balazos; allí murió la esperanza del pueblo y por eso hoy haremos la revolución socialista”.
“Ustedes señores criminales del pueblo, con López Mateos prometieron a los campesinos que seguían a Rubén Jaramillo, para que éste se pacificara dejando las armas; él se creyó; se pacificó y al poco tiempo lo asesinaron soldados bestias cobardes con ráfaga de ametralladora. Ustedes señores delincuentes del gobierno, el año pasado fueron a los poblados de El Quemado y de El Camarón, dijeron que Echeverría los mandaba a entregar dinero del banco a los campesinos y éstos se reunieron en la escuela de cada lugar; pero era una verdadera trampa del gobierno contra el pueblo, porque enseguida el ejército criminal bestializado rodeó las escuelas, comenzó las golpizas y torturas contra los hombres y mujeres, conduciéndolos presos hasta Acapulco donde personalmente los golpeó el comandante de la zona militar: en estas torturas murió don Ignacio Sánchez con otro campesino, mientras el anciano Maximiliano de la Cruz está convaleciente. Estos hechos son traiciones del PRI y del gobierno contra el pueblo mexicano. ¿Por qué se espantan ahora con la trampa que les hicimos a ustedes los tramposos? Nosotros somos los justos; ustedes son los verdugos asesinos; nosotros no torturamos ni traicionamos al pueblo”, decía el comunicado.
Desde los primeros días de junio la presencia y el número de militares se intensificó, patrullaba todos los pueblos y recorría los cerros más altos. Por todos los caminos había emboscadas esperando a los guerrilleros y las detenciones arbitrarias de campesinos inocentes se multiplicaron. Por ejemplo Domitilo Barrientos Peralta salió de su casa en El Rincón de las Parotas el 10 de junio de 1974. Su hijo de cinco años, cuando oía un ruido de carro subía rápidamente a un árbol de guayabas para ver las camionetas que pasaban hacia la sierra. Esperaba que en una de ellas viniera su padre. Nunca llegó, sigue desaparecido, por eso el niño después de llorar varios días murió de tristeza.
El 15 junio se reunió la brigada en una asamblea general y esa fecha también bajó una comisión encabezada por Gorgonio, para llevar las negociaciones con la familia del senador secuestrado, ya para ésta fecha sobrevolaban la sierra dos luminosos aviones de guerra. La gente recuerda que eran muy veloces, pasaban rumbo al Río Chiquito y regresaban hacia el puerto de Acapulco.
El gobierno intentaba cortarles el paso a los rebeldes, porque el 16 la guerrilla se movió hacia el Río Chiquito. Rubén Figueroa le contó a Luis Suárez que “Estaban a unos cuatrocientos metros de un poblado, del que se oían ladrar los perros y el canto de los gallos. Le dijeron a Figueroa que se trataba del barrio Río Chiquito. Toda la fuerza guerrillera eran unos cien hombres, divididos en dos columnas. Setenta y tres formaban la Brigada de Apoyo, de la que sólo veían diariamente a algunos de sus miembros, para intercambiar alimentos e instrucciones. Allí estuvieron unos cuatro o cinco días”.
Como he venido diciendo, al cerrarse el cerco militar se les termina la alimentación y ante el hostigamiento aéreo del que estaban siendo objeto, se consideró que el grupo era muy grande. Por eso del primer campamento en el Río Chiquito salieron 35 guerrilleros de los 103 que para ese entonces integraban la Brigada Campesina de Ajusticiamiento.
El 18 de junio en una asamblea de toda la Brigada, se les informó que se les concedía permiso “a todo aquel que quisiera asumir sus propios riesgos, ya que todas las salidas de los municipios de Tecpan, San Jerónimo, y Atoyac estaban sitiadas, pues se decía que en estos municipios habían sido concentrados más de 20, 000 efectivos del ejército y la policía política, así como las demás corporaciones policiacas, así que con toda esa información pidieron permiso 35 compañeros de los cuales la mayoría salió bien de la sierra”, rememora un guerrillero en el libro Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres. Una experiencia guerrillera en México. 
Las corporaciones policiacas actuaban sobre los pueblos, ese 18 de junio de 1974 la Policía Judicial del Estado detuvo en la comunidad de Los Valles al campesino Maurilio Castro Castillo. La judicial lo entregó al Ejército que lo llevó al Campo Militar Número Uno, donde fue visto por Lucio Castillo Gervasio quien también fue apresado dos días después. Lucio Castillo fue liberado mientras Mauricio Castro está desaparecido.
Desde la sierra por medio de cartas Rubén Figueroa intentó influir sobre la convención del PRI. En una misiva dirigida al profesor Victórico López y otra al rector de la Universidad Autónoma de Guerrero Rosalío Wences Reza, el 19 de junio, les pide que medien ante el priísmo para que se pronuncie por la libertad de los presos políticos. En una parte de ese texto se lee lo siguiente: “Considero que las negociaciones emprendidas por el Partido de los Pobres para obtener la liberación de presos políticos, puede encontrar rápida solución si en la Convención del PRI próxima a celebrarse en la ciudad de Chilpancingo, el domingo 23 de mes en curso… aprueba aceptar o acelerar esa negociación”.
Ese mismo día 19 de junio envía otra misiva al presidente de la República Luis Echeverría Álvarez en la que dice: “consideró imperativamente necesario solicitar a Ud. Muy respetuosamente, ordenar a donde corresponda, en su carácter de Jefe Nato del Ejército Nacional, suspender toda persecución en contra del grupo armado del citado Partido de los Pobres, a fin de poder salir de las recónditas selvas donde nos encontramos, a zonas cercanas a los centros de comunicación que nos permitiría dos objetivos fundamentales: preservar nuestra precaria salud, a punto de zozobrar y agilizar las gestiones del arreglo ya que los correos podrían tener una movilidad que al propio tiempo es deseable”.
La Brigada Campesina de Ajusticiamiento ese mismo día 19 envió el tercer comunicado donde da a conocer sus demandas económicas para la liberar al Senador Figueroa. Por su lado, el ejército estrecha más el cerco y detuvo a los guerrilleros que en el medio urbano estaban encargados de negociar con la familia.
Ese tercer comunicado se discutió en el primer campamento cerca de El Río chiquito. Al debatir el contenido la dirección de la Brigada no logró el consenso, entonces se llevó al pleno de todos los brigadistas, donde ganaron las propuestas de Lucio Cabañas, como pedir la libertad de todos los presos comunes en el estado. Porque Lucio argumentaba que en la cárcel únicamente estaban los pobres. “Ese comunicado se discutió como cinco veces y lo aprobó la Brigada porque la dirección no se puso de acuerdo. Ese es el comunicado donde se pide la libertad de todos los presos comunes”, dice Pedro Martínez.
Otro guerrillero recuerda que fue en ese primer campamento cerca de El Río Chiquito donde se hizo el tercer comunicado. Aquí comenzaron a “lloverle críticas a Lucio por parte de los disidentes encabezados por los miembros de la dirección. La discusión era principalmente sobre dos puntos: donde se exigía la libertad de todos los presos comunes y la exigencia de la solución a los problemas de las obreras de Medalla de Oro… Lucio argumentaba que los asesinos no se encontraban en las cárceles, que estos generalmente eran mandados a las Islas Marías y que, en la cárceles, la mayoría de la gente estaba ahí era por haber robado algo, que esa gente cuando era detenida no se la preguntaba cuantos días llevaba sin comer, que cuanta familia tiene que mantener”. Lucio sabía sensibilizar a la militancia tanto que al final quedaron integras sus propuestas y el comunicado se escribió. Una vez que estuvo listo salió una comisión para darlo a conocer y  después de  eso la guerrilla se cambió su campamento, al norte de El Río Chiquito.
Ese tercer comunicado está fechado el 19 de junio de 1974, pero salió a la luz pública el 25 a través de la prensa, radio y la televisión. A cambio de la libertad de Figueroa Figueroa el Partido de los Pobres pide al gobierno federal: cincuenta millones de Pesos, 100 fusiles M-1, con dos cargadores de 30 tiros cada uno; 50 pistolas calibre 9 milímetros; la liberación de los presos políticos; que los beneficios del Instituto Mexicano del Café pasen a manos de los campesinos; el cese del comandante de la policía de Acapulco Wilfrido Castro y que ese jefe policiaco liberara a los presos que tenía en su poder, pues para ese tiempo muchos campesinos inocentes habían caído en manos de la policía judicial y se sabía que estaban en cárceles clandestinas.
De éste comunicado llamó mucho la atención que el grupo guerrillero pidiera al gobierno del estado, “Que se abran todas las cárceles del Estado de Guerrero después que el gobierno federal libere a los presos políticos; así quedarán en libertad todos los presos comunes”, por eso muchos llegaron dudar de su autenticidad.
Recordaba Figueroa que una madrugada, la comisión de custodia y los detenidos partieron, siguiendo la margen del río Tecpan y que encontraron gente que al parecer era de Sinaloa y que unos amapoleros les prestaron unas bestias a los guerrilleros para trasladarse. “Desde el 30 de mayo hasta el 25 de julio estuvimos en cuatro campamentos, recorrimos la selva guiados por los hombres de la amapola y la mariguana, que dominaban esas grandes áreas”.
El 28 de junio El Heraldo informaba: “Más de 18 mil soldados cercaron la zona de las sierra en que se supone se encuentra Lucio Cabañas, y a través de todos los medios avanzan hasta lo más recóndito en su intento por rescatar al Senador Rubén Figueroa y sus acompañantes (…) Todas las vías de acceso hacia la zona cercada se encuentran bajo el control militar. Nadie puede salir ni entrar sin ser registrado y plenamente identificado. Las barreras impuestas han arrojado un sinnúmero de detenidos, así como el decomiso de miles de armas. Muchas de alto poder como metralletas y rifles M-1”.
“Las tropas iniciaron su avance hacia la sierra desde las ciudades de Chilpancingo, Iguala, Arcelia, así como de los poblados de Tierra Caliente, Tecpan, Atoyac, Petatlán, La Unión y el puerto de Acapulco. Las acciones se encuentran reforzadas por personal de la Policía Judicial del Estado y del Servicio de Inteligencia Militar, quienes se han apostado en las laderas de la sierra”, escribía ese 28 de junio Arturo González enviado especial de El Heraldo.
La voz de un guerrillero participante en esa acción dice: “En los últimos días de junio salimos de ese campamento y nos fuimos mucho más arriba, hicimos campamento, permanecimos varios días ahí (…) comenzamos a sentir la dureza da la represión, poco a poco los campesinos llevaban menos alimentos, la ración se fue aminorando: té en la mañana, una o dos tortillas a medio día y té en la noche. Llegan al poblado del Río Chiquito 3 mil soldados, abastecidos por tres helicópteros, dos grandes y uno chico, que diariamente aterrizaban hasta 3 ó 4 veces. Empiezan a registrar los montes aledaños al pueblo, agarran de guías a los compañeros campesinos, quienes los conducían a montes contrapuestos a donde nos encontrábamos”.
“La zona era muy espesa de monte, se nombró una comisión que diariamente se encargaba de vigilar con los lentes los movimientos de los guachos desde un punto donde se dominaba todo el barrio; cualquier movimiento era sabido inmediatamente en el campamento. Ahí nos vimos obligados a recurrir a las raíces de los árboles como alimento, descubrimos que una palma peluda era comestible, así cruda, pero unos compañeros la hirvieron y sabía mejor”. La palma de la vida como le llamaron los guerrilleros los estuvo sustentando por un buen tiempo, hasta Rubén Figueroa se vio obligado a comérsela. No había de otra.











jueves, 9 de julio de 2020

El secuestro de Figueroa IV


Víctor Cardona Galindo
“Dicen que Lucio Cabañas /secuestró a un rico priísta /que cargó con él entero /por burgués y carrancista… Un error se ha cometido /en nombre de la pobreza /yo le hubiera secuestrado /solamente la cabeza”, se escucha en una melodía de Judith Reyes.
El profesor Inocencio Castro Arteaga militante
del Movimiento Revolucionario del Magisterio
fue enlace entre Lucio Cabañas y Figueroa.

Una vez que se conoció el contenido del primer comunicado, en los medios de comunicación se generó una fuerte propaganda en apoyo a la familia del senador secuestrado. Las repercusiones llegaron hasta Los Pinos. “El secretario de Gobernación, licenciado Mario Moya Palencia, calificó el secuestro del senador Rubén Figueroa Figueroa –después de tener una reunión de seis horas con el presidente (Luis) Echeverría- como un acto ‘felón, criminal y cobarde’ y puso relieve que mientras el legislador accedió a una entrevista con Lucio Cabañas, tratando de resolver un problema, éste respondió tendiéndole una celada y secuestrándolos a él y a sus acompañantes”, se leía en El Universal aquel 4 de junio de 1974.
Agregaba el secretario: “Hago notar a ustedes que no sólo ha sido víctima de esta actitud cobarde el senador Figueroa, sino una mujer, su secretaria en la Comisión de Balsas (Gloria Brito) y un distinguido profesional pariente suyo (Febronio Díaz Figueroa)”, de los Cabañas nada comentó, y aclaró: “El senador Figueroa obró así por convencimiento propio y autónomo, a pesar de que, según tengo entendido, varios amigos suyos intentaron disuadirlo de ello”.
Moya aseguró que las fuerzas militares no estaban actuando y se atrevió a decir que se encontraban replegadas en sus cuarteles. “El gobierno no tomará ninguna decisión, hasta conocer en su profundidad y en su amplitud las condiciones a que me he referido antes”. Mientras el ministro decía esto, se intensificaba la ocupación militar de la sierra y los soldados llegaban hasta los lugares más recónditos de la selva cafetalera, deteniendo y secuestrando campesinos.
Lo primero que hizo el gobierno fue detener a Inocencio Castro Arteaga quien la noche del 4 de junio habló al noticiario 24 Horas que conducía Jacobo Zabludovsky y vía telefónica informó su intervención en el encuentro entre el senador y Cabañas, explicó que nada tenía que ver con el secuestro que únicamente sirvió de contacto con Lucio a petición del propio Figueroa.
La Brigada Campesina de Ajusticiamiento de Ajusticiamiento escuchó en la sierra la llamada de Inocencio Castro lamentando el desenlace de la entrevista. El profesor buscaba con ésta comunicación evitar ser involucrado por el gobierno en el secuestro. Pero esa misma noche fue aprehendido por la policía federal. Los guerrilleros consideran que fue un error el que Inocencio hablara al noticiero, “debió escapar”, dicen. Era claro que el gobierno no se la iba a perdonar porque tenía una militancia reconocida y probada en el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM).
Entre las reacciones que se dieron después de secuestro una fue la del comandante de la 27 zona militar, el general Salvador Rangel Medina, quien sorpresivamente declaró a Excelsior el 5 de junio que si la Secretaría de la Defensa Nacional se lo ordenaba capturaba a Lucio Cabañas, señaló en una entrevista que “Cabañas no representa problema” en la Costa Grande y en la Costa Chica, como si él supiera con precisión donde estaba el guerrillero. Al día siguiente fue reprendido públicamente por el secretario Hermenegildo Cuenca Díaz, quien dijo que “no necesitaba órdenes para capturar a un delincuente como Lucio Cabañas, que debe más de sesenta muertes. Si lo ve, que lo aprehenda”.
La clase política se movilizó, y el 5 de junio miembros de la Liga de Estudiantes Guerrerense, realizaron una manifestación en Chilpancingo para pedir la liberación de Figueroa y el PRI lo declaró candidato a gobernador en su ausencia, más tarde vendrían otras concentraciones masivas pidiendo su libertad inmediata.
Mientras, allá en la sierra Lucio permitió que Figueroa hablara con los guerrilleros y le presentó a todo el grupo. Pedro Martínez, Manuel se opuso “diciendo que era incorrecto, que era un enemigo y no un compañero del pueblo”, pero Lucio argumentaba que al enemigo hay que conocerlo y se decidió que todos lo fueran a ver. Se presentaron en la tarde en el lugar donde estaba el senador.
Dice Carlos: “En el tiempo que Sotero y yo anduvimos fuera los compañeros vinieron a saludar a los detenidos, algunos compas se pintaron para no ser reconocidos posteriormente. Esto aterrorizó más al viejo al ver aquellos desnutridos pero eso sí ricos en parásitos, que sin camisa algunos, otros con los pantalones arremangados, hacían fila para saludarlo y el aspecto que presentaban se asemejaba a los integrantes de una tribu africana, pintados de la cara y del cuerpo, pero en lugar de lanzas llevaban M-1, FAL y hasta R-15”.
Hubo guerrilleros que lo saludaron de mano, otros sólo lo miraron de lejos por temor a que los conociera. “Eso no se pudo evitar en el futuro porque hubo ocasiones en que por  error de la comisión que se encargaba de cuidarlo permitió que en algunas caminatas los reos se juntaran con todo el equipo”, comenta un guerrillero.
Febronio Díaz recordaría después: “Sólo los tres primeros días estuvo a nuestro lado Lucio Cabañas, después quedamos bajo la custodia de unos 25 guerrilleros. A quien más molestaban era a Rubén. Uno de ellos le echaba, cuando dormía, la luz de la linterna sorda y todos los días le anunciaba que sería fusilado al alba. Una muchacha que aún no cumplía los veinte años de edad, se la pasaba amagándolo con una pistola amartillada cuando le tocaba vigilarlo”.
Cuando estaban cerca de El Aguacatoso los campesinos le llevaron a Figueroa buena comida, que llegó por medio de un abogado que recibió dinero de Rubén Figueroa Alcocer, el hijo del senador que también sería gobernador. Había campesinos que conocían al senador por que habían acudido a él para enfrentar al talamonte Alcibíades Sánchez a quien Figueroa le clausuró un aserradero. Por eso el hijo del senador sabía inicialmente donde se encontraba su padre.
La versión oficial del Partido de los Pobres es que un colaborador fue a comprar víveres a Tecpan y comentó al tendedero que el alimento era para la Brigada y éste telefoneó al hijo de Figueroa, quien de inmediato mandó una camioneta de variados alimentos, “esto hizo que rápido nos movilizáramos, saliendo la comisión que traía a Figueroa hacia Río Chiquito. Nosotros preparábamos las mochilas mientras otros despistaban al enemigo y a la gente del pueblo cercano para que no se supiera información hacia donde nos dirigíamos; siempre protegiendo al grupo que llevaba al viejo”.
Todavía de ese campamento salieron de nuevo Carlos y Sotero para Acapulco a dejar el segundo comunicado que al parecer cayó en manos del gobierno. Dice Carlos, “se nos dijo que no fuéramos nosotros personalmente a dejarlos a algún periódico o a alguna radiodifusora, si no que mandáramos a otra persona. Mandamos a un colaborador y le dijimos que fuera a algún periódico, que le dijera a un niño que le daba cierta cantidad de dinero con tal de llevar los sobres al periódico y que regresara para darle otra cantidad; el compañero al ver que el niño entra se retiraría inmediatamente del lugar. Regresó el compañero y nos dijo que le había hecho exactamente como le habíamos ordenado. Llegó la noche y no se sabía nada en los noticieros, amaneció y no salió nada en los periódicos. Estuvimos todo el día sin saber absolutamente nada; ya en la noche nos fuimos a Atoyac, esperamos que el comunicado saliera publicado para llevarlo a los compañeros. Al día siguiente decidimos regresar al campamento sin llevar noticia alguna, llegamos y los compañeros, al tanto también de las noticias y ver que no salía nada, se suponían que habíamos sido detenidos y se disponían a abandonar el campamento”.
De ahí los guerrilleros se movieron hacia lo más profundo de la sierra y se instalaron en un campamento cerca de El Río Chiquito, donde al principio la gente de los barrios iba a ver a los secuestrados como si fueran animales raros. Es aquí donde después de un tiempo comenzaron a escasear los alimentos. No se logró liberar la zona con el secuestro político de Figueroa, al contario el Ejército estrechó el cerco.
 “A los detenidos se les daba comida especial dentro de lo que se podía conseguir con los campesinos, como eran huevos de gallina y las mismas gallinas. Esto era en el tiempo que todavía se podía obtener. Los campesinos nos conseguían los alimentos sin muchas dificultades, ellos con sus bestias nos trasladaban los alimentos hasta donde les era posible, nos conseguían maíz, frijol, arroz, azúcar y otras cosas. Del campamento salíamos a recogerlas a los lugares indicados, los campesinos ya no llegaban hasta donde se encontraba el campamento por medidas de seguridad”, dice un miliciano.
El 6 de junio el gobernador Israel Nogueda Otero y secretario de la Defensa Nacional general Hermenegildo Cuenca Díaz estuvieron en Atoyac. De esa visita, se filtró a periódicos que fue para recoger el segundo comunicado.
La familia de Figueroa contactó el 6 de junio de 1974 al sacerdote Carlos Bonilla Machorro para que interviniera en la liberación del Senador. “A eso de las siete de la noche, en la Subsecretaría de Gobernación, el licenciado (Fernando) Gutiérrez Barrios me pidió en plan de amigo que prestada ayuda a la familia Figueroa, que estaba al borde de la desesperación”, escribiría  más tarde el sacerdote en su libro Ejercicio guerrillero.
El intermediario fue recogido esa noche por Figueroa Alcocer, en el aeropuerto de Acapulco, quien le dijo que su padre estaba secuestrado en el cafetal de los Mata. “Cuando le dije al licenciado Rubén Figueroa Alcocer que mi problema estribaba en encontrar con rapidez un contacto con la guerrilla, me contestó:
‘Nosotros tenemos a Inocencio Castro. ¿Lo conoce usted?’”
Y en una mansión de Las Brisas en Acapulco dice Bonilla que le llevaron a Inocencio Castro para que se entrevistaran y ese mismo seis de junio entrada la noche salieron Bonilla y Castro en busca de Lucio a la Costa Grande. Al primero que vieron al amanecer del 7, dice el sacerdote, fue a Jacob Nájera en San Jerónimo quien les dijo que no tenía ni idea por donde andaría jalando el Senador y al atardecer se fueron a Nuxco en busca de otros contactos.
Por su parte la brigada comisionó el 8 de junio de 1974 a Pedro Angulo Barona, Gorgonio y a Manuel Serafín Gervasio, Javier quienes tuvieron el encargo de negociar con la familia de Rubén Figueroa su liberación y cobrar el rescate. Gorgonio y Javier contactaron en el medio urbano a Abelardo Morales Gervasio, Ramel quien a su vez sirvió de contacto entre los guerrilleros y Bonilla. Ramel era muy valiente, siendo un guerrillero conocido bajaba a lustrar sus botas al zócalo de la ciudad de Atoyac y cuando un soldado lo miraba le decía “que me vez, cabrón”. Siempre andaba armado, cuando lo detuvieron en un camión rumbo al puerto de Acapulco, llevaba la pistola 380 que le habían decomisado al senador Figueroa el día que cayó en manos de la guerrilla.
Estando la guerrilla cerca de El Río Chiquito salió otra comisión integrada por Arsenio e Ismael a dejar de nuevo el segundo comunicado al que le agregaron un escrito donde aclaraban que el original de éste comunicado fue enviado desde el día 6, pero que el texto y el mensaje fueron interceptados por la policía. Esto denota que efectivamente el gobierno del estado y el Ejército ya tenían el segundo comunicado desde antes que se publicara y no lo dieron a conocer a la familia.
“A las 10:30 horas, una persona llamó por teléfono a la redacción del periódico El Gráfico y pidió hablar con el director, señor José María Severiano Gómez. Inmediatamente le notificó que entre los números 214 y 218 de la avenida Cuauhtémoc, bajo unas piedras había un sobre de plástico, dentro de éste otro sobre de discos de 45 RPM y en el interior de éste último estaba el comunicado”, daba a conocer el día 14 El Universal.
El señor José María Severiano fue al lugar indicado acompañado del director del periódico La Verdad, Carlos Bello, y encontraron la bolsa y el comunicado, con otro escrito de original a máquina, en el que explicaban cuando había sido enviado el primer comunicado.
En total, en el interior de la bolsa había tres comunicados, y se expresaba que las copias eran para los periódicos que habían recibido el primer comunicado: La Verdad, El Gráfico y Novedades.
Encontrado el texto del comunicado, el mismo director de El Gráfico se encargó de avisar al licenciado Rubén Figueroa Alcocer, quien de inmediato llegó a la redacción del periódico acompañado de agentes de la Dirección Federal de Seguridad.