martes, 27 de noviembre de 2018

Máximo Gómez Muñoz


Víctor Cardona Galindo

“Largo, zancudo, bigote amalditado y ranchero, cabellos ondulados y negros; voz suave, campirana, con diminutivos de aldea, líquida casi la voz, terminaciones en u, y jota en vez de efe acá y allá. Graves dolencias reumáticas y ceguera progresiva. Cuarentaiseis años”. (Ricardo Garibay en 1979)
Párroco Máximo Gómez Muñoz a los 80 años. Foto: Cortesía de Marisol´
 Ramírez Carpio.

“Es un hombre alto, de pelo tupido y canoso elegantemente peinado, de bigote bien recortado, y con anteojos de lentes gruesos, benévolo y de voz suave; pero con aires de autoridad y de confianza absoluta de sí mismo”. (Elijah Wald en 1998).
“Ha sido un apoyo fuerte y decidido de los luchadores sociales de la región y del estado. Incluso aquellos que en la lucha han caído abatidos, han encontrado en el padre Máximo su más fiel defensor para que se les dé un lugar en la historia y un pedacito de tierra donde reposar sus restos”. (Carlos Armando Bello Gómez en el 2010)
Los comentarios anteriores se refieren al padre Máximo Gómez Muñoz el “cura rebelde” quien lleva ya casi  la mitad de su vida con los atoyaquenses, antes había estado nueve años en Xochistlahuaca donde aprendió el idioma de los amuzgos y cuando lo cambiaron de ese lugar, en rebeldía, se pasó tres meses vendiendo tortas en un parque de la ciudad de México. Después fue rector del Seminario de Acapulco donde enseñó filosofía, ahí lo encontró Ricardo Garibay trabajando como albañil, pegando ladrillos, como lo narra en su libro Acapulco. Dice que a veces la hacía de plomero, carpintero o electricista. “recorre el Seminario sin parar, trabajando desde las cinco de la mañana; es el rector”.
Cuando Máximo llegó a Xochistlahuaca  un municipio mucho más antiguo que Ometepec y sin embargo no tenía ni agua ni luz, ni brecha y estaba prácticamente en manos de tres o cuatro caciques que eran los que explotaban todo. “Muchas veces amenazaron con matarme, pero ya murieron los tres y yo sigo en pie”.
“Ellos explotaban todo las tierras de los indígenas las tenían como parcela o como potreros, tenían muchísimo ganado caprino y vacuno. Cada año enviaban miles y miles de caprino a Tehuacan Puebla”. Era el dominio total de los caciques, los indígenas no podían tener ganado y sólo les permitían sembrar para su sobrevivencia.
Los caciques no querían que se abriera la brecha porque iba a dar vialidad a los indígenas y ellos tenían su recua de bestias para acarrear mercancía. Eran los dueños de las únicas tiendas de la cabecera municipal y no dejaban que nadie más llevara mercancía, pues si alguien lo intentaba lo asesinaban en el camino. Abrir la brecha era actuar en contra de ellos, por eso Máximo centró sus esfuerzos en gestionar la carretera de terracería.
Luego que hubo brecha el padre como buen gestor buscó la introducción del agua  y la energía eléctrica, logró esos beneficios, por eso fue administrador del sistema agua potable cinco años del 70 al 75 entregó el cargo cuando para dejó esa población.
Para lograr que los caciques sacaran su ganado de las parcelas de los amuzgos Máximo se plantó dos meses en la banqueta del Departamento Agrario en la ciudad de México, hasta que le firmaron la orden de que los caciques sacaran su ganado de las parcelas. De regreso en Xochistlahuaca, reunió a los caciques y a los líderes  indígenas, y  “les dije a los caciques tienen tres meses para sacar su ganado, y les dije a los indígenas a partir de esta fecha el ganado que encuentren mostrenco pueden cazarlo como vendado y comérselo”. Corría el año de 1971, cuando los hombres más pudientes de la localidad sacaron su ganado.
Después de eso lo amenazaron, “que dice fulano que lo va a matar, le dije dile que no me mata ni en sueños”. Aunque varias veces encontró a los fulanos esperándolo en el camino. Pero de lejos gritaba el nombre del matón “hola Odilón como está tu gente” para que oyeran los que iban delante de esa manera pudo salir bien librado.
Ya en Atoyac luego de fundar la iglesia del Dios Único en 1982, puso a funcionar un dispensario médico gratuito que daba consulta a los que menos tienen. En su parroquia todos los que han buscado cobijo lo han encontrado. Es gestor, sacerdote, defensor de los derechos humanos, se ha jugado la vida por salvar a otros. Máximo ha apoyado todas las luchas justas del pueblo. Fue de los primeros hombres que comenzaron a organizar la conmemoración del 18 de mayo. Siembre de guayabera, sombrero y huaraches Máximo es un hombre sencillo.
A Máximo el gobierno lo mantuvo vigilado mucho tiempo las 24 horas del día, por la sospecha de que pertenecía a los un grupos guerrilleros. Gente vestida de civil al menos hasta antes del 2000 vigilaba su iglesia. Eso era notorio, porque si alguien iba a visitar la iglesia, luego en el camino lo abordaban para preguntarle a que había ido.
Al padre Máximo han recurrido muchas personalidades que se han encontrado privadas de la libertad y han encontrado en él un intermediario decidido para traerlos con vida.
Se le ha encargado entregar las sumas exigidas para salvar la vida de varios plagiados. Su acción más famosa es cuando participó como intermediario para rescatar al presidente de Banamex, Alfredo Harp Helú, se habla que se entregó un superior a los 188 millones de pesos. Entregó el rescate para salvar a Adán Quiñones, a Jorge Espinosa Mireles, empresario de Printaform y participó como intermediario para traer vivo a Marco Antonio Galeana. Entre otros muchos.
Ha hecho composiciones, es poeta y corridista. Una de las primeras composiciones que le escuché va así: Ya nos vamos pasando de Pénjamos/Vamos rumbo a la chingada/ El gobierno sigue matando/Y no hay quien les diga nada. Por sus muchas composiciones Elijah Wald le dedica un importante espacio en su libro Narcocorrido. Un viaje al mundo de la música de las drogas, armas y guerrilleros. Muy conocido fue su corrido “No se fíen” dedicado a la masacre de Aguas Blancas, cuya letra dice:

No se fíen

Maximo Gómez Muñoz

Ya me cansé de llorar
Por esto que ha sucedido,
Mandaron a acribillar
A indefensos campesinos.

Bajaban de Atoyaquillo
Y otros de paso real
Los emboscó el gatillo
Del gobierno criminal.

Cerca del río de Coyuca
Donde llaman el vadito
Se monstró más cruel que nunca
Este gobierno maldito.

Ya me cansé de llorar
Por tan triste noticia
Y ahora voy a gritar
Que lo que exijo es justicia.

No se fíen de su palabra
Aunque tengan grandes nombres
Hay muchos que no usan faldas
Pero tampoco son hombres.

De lo que habían prometido
El diecinueve de mayo
Algo les habían cumplido
Y al mes los asesinaron.

Oye hermano campesino
Yo te quieron aconsejar
Vamos cambiando el destino
Asi nos van a acabar.

Tras el episodio de Aguas Blancas, Gómez Muñoz fue mediador entre el gobierno y la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), pero sospechando que el gobierno quería tenderles una trampa a los líderes campesinos abandonó la intermediación. Le gusta a ser parodia política, comparar a Herodes con los políticos actuales. Piensa que el pueblo está en medio de dos lobos, la iglesia y el gobierno, cuando “un lobo se quiere acercar el otro le gruñe. El problema está cuando los dos lobos se ponen de acuerdo”.
Cuando apareció el EPR en el vado de Aguas Blancas, el Padre Máximo que ofició una misa sui generis estaba ahí, al llegar los armados encapuchados mientras todos corrían asustados, sin saber de qué se trataba el padre Máximo se acercó y los felicitó por haberse levantado en armas. Después les compuso un himno cuyo párrafo que me acuerdo dice: Todos los mexicanos/Que aman de veras la patria/Es tiempo que digan basta/Con las armas en las manos. Para que a favor del pueblo/Por fin se cumpla la ley/Aquí está en EPR /A ver quién puede con él.
Cuando le preguntan si tiene miedo el padre mucho repite esta frase “Mi papá me enseñó que solamente las gallinas y los guajolotes se mueren en la víspera, porque son para comérselos en la fiesta. Los hombres se mueren cuando Dios se descuida y los cabrones se aprovechan”. Porque él no tiene miedo, ni a la represión ni a nada.
El padre Máximo Gómez Muñoz nació el 11 de mayo de 1932, el rancho El Gilmute municipio de Tepatitlán Jalisco, fue zapatero y logró estudiar en la Universidad Gregoriana de Roma, se ordenó sacerdote el 26 de enero de 1966 y fundó la iglesia del Dios Único en Atoyac el 11 de febrero de 1982.
Es el séptimo de los 10 hijos de un matrimonio de campesinos, el ahora párroco su infancia laborando en el campo, sin asistir a la escuela porque su papá decía “nomás los tarugos tienen que estudiar y mi hijo es bien inteligente”. Por eso cuando cumplió 10 años de edad, uno de sus hermanos mayores prácticamente se lo robó y lo llevó a Guadalajara y allá a escondidas lo metió a la escuela, donde cursó en un año los primeros 3 grados de la primaria. Por ese tiempo un cacique de Tepatitlán asesinó a su padre, en un descuido de Dios.
Por sus altas calificaciones, recibió una beca para ingresar al seminario de los dominicos en Guadalajara, donde completó sus estudios de secundaria, preparatoria y jugó futbol. Al salir de ahí fue becado para estudiar teología en la Universidad Gregoriana, de Roma.
Máximo llegó el día 1 de enero de 1990, acompañado de algunos de los ricos de Atoyac a solidarizarse con el plantón que los perredistas mantenían en el zócalo, protestando por el fraude electoral que se dio en las elecciones municipales de 1989. El padre siempre fue solidario, él fue quien le prestó un sombrero de charro a mi mamá con el que participé en un bailable de Jalisco cuando iba en quinto año de primaria.
El 21 de junio de 1994, Mario Arturo Acosta Chaparro con el agente de Ministerio Público de Acapulco Elías Riachi Sandoval y muchos judiciales le registraron la parroquia en busca de armas, pero no encontraron nada, a pesar de haber buscado hasta debajo de las piedras.
Fue en el sepelio de Isidro Molina Sánchez, el guerrillero caído en San Juan de las Flores en el Panteón de la Libertad, el 24 de febrero de 1999, cuando por primera vez cantó en público el himno al EPR.  Allí pronunció un discurso en el que dijo “Isidro no se va a enterrar, se va a sembrar, porque no se entierra a los seres humanos, se siembran y especialmente Isidro, quien debe ser un semillero para que salgan nuevos Isidros. Nueva gente que en su plena juventud estén dispuestos a dar la vida por sus hermanos, por todos los oprimidos y los que padecen injusticias”. “Isidro debe ser un ejemplo para la juventud de ahora, porque alguien que ya dio la vida por la patria no necesita nada, está con Dios, porque Dios estará siempre con aquellos que luchan por la verdad y la justicia”.
En su parroquia recibió los delegados zapatistas 21 de marzo de 1999, que estuvieron aquí para promover la consulta por la paz y oficio una misa para despedirlos, los coordinadores de la consulta por la paz convocada por el EZLN hicieron llevar la urna para que el padre votara en su templo.
Tuvo bajo su custodia, los restos de Lucio Cabañas durante un año. Para las exequias los restos mortales del guerrillero salieron de la parroquia del Dios Único. El sacerdote rebelde pronunció un discurso al despedir los restos, dijo que pocas personas como Lucio se merecen el homenaje que se le dio y que le honraba profundamente que haya sido en su iglesia donde se hayan resguardado los restos para ese gran día. Y dio a conocer un poema que le dedicó a Lucio.

“No puedo más,
las armas a las manos,
me agobia la opresión
a mis hermanos.

Y la infame tortura de sus almas.
No puedo más,
la metralla crispó mis manos
por acariciarla andará
conmigo como una hermana,
mientras cruzando por la ruta sierra.
No puedo más,
como quisiera que en Atoyac,
surgiera un vástago de aquel pionero,
que defendió con las armas esta tierra,
Juan Álvarez presente,
¿Te das cuenta padre Juan de lo que pasa?
El pobre en Atoyac mendiga casa,
y paga hasta dueño ausente,
y las escuelas por las que han luchado
con su batalla y su pulso firme,
saben que ahora el jornalero oprimen.
Y el habla es cosa para ser esclavos
y las iglesias de cualquier creencia,
y ante un árbol de tu vida diste,
te dedicamos a enlazar conciencias”.

El padre siempre está presto para la entrevista, en lo personal he llevado a muchos periodistas para que lo entrevisten en la estancia que tiene en su parroquia para recibir visitas. En atrio de la iglesia del Dios Único hay un expendio de agua donde los que van a comprar se despachan solos y solos se dan el cambio y nadie roba nada.
Por su larga trayectoria ayudando a los pobres y como defensor de los derechos humanos en el Ayuntamiento de Atoyac lo distinguió con la presea “Juan Álvarez al mérito civil” el 27 de enero del 2010. El padre Máximo cumplió 80 años el pasado 11 de mayo, sus fieles rezan para que dure muchos años más.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Crónicas del Palacio VII


Víctor Cardona Galindo
Francisco Arroyo Delgado
Conocí a Francisco Arroyo Delgado en 1988, cuando este escribano trabajaba como afanador y mesero en el centro social Lido. Ahí en una reunión del sindicato del Instituto Mexicano del Café (Inmecafé) hizo uso de la palabra. No sostuve en la memoria lo que dijo, pero si me acuerdo que me identifiqué con sus palabras. A esa edad, 17 años, conocí a la mayoría de las personas con las que conservo cierta afinidad política.
Cesáreo Reyes Guzmán como maestro ha sido formador 
de muchas generaciones, fue uno de los fundadores de la
 Coalición de Ejidos de la Costa Grande, participó en la
 toma de tierras que dio vida a la colonia 18 de Mayo de 
1967. Fue militante distinguido del PRD y fundador 
de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). 
Foto: tomada de Internet.

Francisco Arroyo Delgado nació en Taxco el 11 de mayo de 1950, fue dirigente nacional del sindicato del Inmecafé. Era Técnico Agropecuario estudió en el Centro de Estudios Tecnológicos Agropecuarios (CETA) número 8, de Zacatepec Morelos, donde fue  contemporáneo del ingeniero Federico Lorenzana Arzeta.
Al llegar a Atoyac ingresó a la preparatoria número 22, de donde egresó también. Francisco Arroyo fue de los alumnos destacados de esa escuela, rango en el que también están: Anselmo Sotelo Albarrán, Wilibaldo Rojas Arellano, Leticia Galeana Luna, Maricela Quiñones, Joel Iturio Nava, Angélica Castro Rebolledo, Pedro Rebolledo Málaga, Eleuterio Benítez Nogueda, Acacio Castro Serrano, Martín Fierro Leyva, Julio César Cortés Jaimes, Armado Mariscal Pablo, Armando Bello Gómez, Pablo Solís Nava, Felipe de Jesús Téllez, Carmelo Días Robles, Heriberto Pino Flores, Alfredo del Valle González, Jesús Bartolo Bello López, Gabino y Eusebio Hernández Radilla entre muchos más.
Pancho fue uno de los fundadores del Frente Democrático Nacional en Atoyac, junto con su esposa Gloria Reyes, Ángel Navarrete Reséndiz, Decidor Silva Valle, Octaviano Roque Ruíz y Teódulo Serafín. Con su morral de cuero llegaba al número 7 de la calle Silvestre Castro, donde se instalaron las oficinas del Frente y se incorporó a las rutas para formar los comités de base de lo que más tarde sería el PRD. Lo recuerdo a él, a Guadalupe Galeana Marín y a Rubén Ríos Radilla caminando entre la multitud la primera vez que vino Cuauhtémoc Cárdenas al Zócalo de Atoyac.
Siguió la ruta del movimiento, luego cerca de 2 mil familias pertenecientes al “Movimiento Popular 18 de Mayo de 1967” se posesionaron en forma pacífica de 143 hectáreas, de tierra cultivables, a fin de asentar sus viviendas. Eran  terrenos ubicados en la entrada de esta cabecera municipal que desde hacía más de 30 años habían sido utilizados por diversas personas, pero luego se supo que eran de Raúl Brito Banzini y se los había vendido a Vicente Adame Reyna.
“La ocupación de 143 hectáreas en el municipio de Atoyac de Álvarez por parte de 2 mil familias el 26 de marzo de 1989 se debió a que hizo crisis la falta de espacios y viviendas en la ciudad”, eso informaron a la prensa, Rubén Ríos Radilla, Francisco Arroyo Delgado y Pedro Rebolledo Málaga, miembros del primer comité.
Dentro del movimiento estaban: Daniel Mesino, Andrés Rebolledo, Carmen Martínez, Fabio Tapia, Marco Antonio Loza, Francisco Arroyo, Lucio Mesino, Rommel Jaimes, Santiago Mercado y Juan Pérez. Después de repartirse las responsabilidades Francisco Arroyo se quedó al frente del campamento denominado Inmecafé, que se ubicó a la entrada de la colonia,  en las inmediaciones de las instalaciones del Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial (CBTIS).
Después Francisco Arroyo Delgado se incorporó al PRD, desde sus primeros pasos, donde lo conoció Esteban Hernández Ortiz, “él era responsable de las actividades del partido en San Francisco del Tibor y pueblos vecinos”, escribió el cronista paraiseño.
Siempre le admiré a Francisco Arroyo sus ganas de aprender, era autodidacta en muchos temas que manejaba, de hecho la prepa la estudió ya de grande, luego cursó la carrera de licenciado en educación primaria en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) campus San Jerónimo de Juárez. Más tarde estudiaría la licenciatura en ciencia política y administración.
Dice Esteban Hernández: “El ingeniero Arroyo Delgado fue de los primeros en obtener ficha cuando se abrió el campus de Atoyac, dependiente del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados Ignacio Manuel Altamirano”.
Como funcionario público fue Director de Desarrollo Social en gobierno de María de la Luz Núñez Ramos y Director de Desarrollo Económico durante la administración de Armando Bello Gómez. En las últimas lides, Francisco Arroyo Delgado hacia trabajo político para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y estaba convencido que llegaría a la presidencia de la república a Andrés Manuel López Obrador para el 2018, no alcanzó a ver su sueño realizado porque murió el 2 de mayo de 2015.
La Ciudad de los Servicios
Las instalaciones que ocupa actualmente el Ayuntamiento de Atoyac, fueron cuartel hasta 1994, cuando el 49 Batallón de Infantería se fue para para Petatlán. Entonces el edificio quedó en manos de la Procuraduría del Estado, que puso a funcionar aquí el Colegio de Policía el primero de enero de 1995, mismo que se cerró 10 años después, el 15 de agosto del 2005, “El colegio de ratas” le decía la gente. En el 2005 el gobierno del estado entregó las instalaciones al pueblo de Atoyac, gobernaba entonces el municipio Pedro Brito García y ya era gobernador del estado Zeferino Torreblanca Galindo.
El edificio tiene una leyenda negra, hasta él llegaron muchas madres para llorarle a los coroneles y generales que les entregaran a sus hijos, detenidos y desaparecidos durante el periodo de la Guerra Sucia. Fue un campo de concentración de 1972 a 1975, muchos detenidos murieron en las torturas que les infringía la policía militar. En una barraca de la esquina de la explanada le hicieron la necropsia a Lucio Cabañas Barrientos. De acuerdo a nuestras creencias muchas almas en pena podrían estar recorriendo las instalaciones.
Cuando estaban remodelando las oficinas de la presidencia y la sala de cabildos me tocó hacer guardia. Otras veces me quedé a dormir porque se hizo tarde trabajando y no pude regresar en la noche hasta mi casa. Para el 2009 la violencia se había recrudecido en nuestro municipio. No era posible circular por las calles sin miedo.
La primera vez que me quedé a dormir en este lugar. Se escuchaban sonidos raros y a veces quejidos. Pero al otro día le platiqué a mi padrino Chon Nario, es carpintero, y me explicó que la madera se expande con el sol y por la noche al cambiar la temperatura se contrae, por eso es que hace esos rechinidos que asemejan un quejido.
Hubiera sabido eso antes, porque esa noche dormí poco. Pensé que se trataba de las almas en pena de los más de quinientos desparecidos que hubo durante el periodo de la Guerra Sucia. Porque aunque sea duro de recordar, la verdad es que muchos hijos de Atoyac entraron a este cuartel y no salieron. Pensé que probablemente yo estaba dormido sobre un centenar de cadáveres. Me acordé que algunos testimonios señalan un túnel, algunos detenidos, que estuvieron siempre vendados, se acuerdan haber bajado escaleras. Entonces ese túnel debería estar debajo de la explanada donde se hacen los honores.
Esa noche vinieron a mí muchos pensamientos y recuerdos. ¿Y si tienen razón los que dicen haber escuchado gritos de los fantasmas que pueblan hacinados este lugar? A una amiga, que trabajaba en la Procuraduría, un día le dieron para que habitara una de las viviendas que estaban abandonadas, donde ahora están las regidurías.  Se cambió, y en las primeras noches de vivir aquí escuchó gritos en las otras habitaciones. Un hombre se lamentaba y pedía que ya no lo torturaran más. No tardó mucho y buscó otro lugar donde vivir.
Hubo sobrevivientes, que estuvieron encerrados en este cuartel que vieron como los soldados sacaban de ese lugar a campesinos muertos y después regresaban con tierra en las botas. Una mujer de nombre Adela murió en estas instalaciones a consecuencias de las torturas. Por la noche los soldados se la llevaron y regresaron con las botas llenas de lodo. No tardaban mucho en regresar, eso quiere decir que no iban lejos. Por las noches se escuchaban los sonidos de las máquinas excavadoras trabajando.
Aquí hubo ejecuciones extrajudiciales. Sostenes Cabañas Tabares fue detenido en El Salto Chiquito y traído por los soldados al cuartel militar. En ese mismo lugar se le aplicó la Ley Fuga y su cuerpo quedó tirado en las afueras del cuartel donde fue levantado por sus familiares para sepultarlo en El Ticuí.
Me contaron que una ocasión un soldado, al que le decían El Güero, hacía guardia en las inmediaciones del campo de tiro y se desmayó cuando vio una mujer vestida de blanco que avanzaba flotando hacia él. La ronda lo encontró desfallecido en su puesto. Este lugar fue cuartel desde 1972 del 50 Batallón de Infantería, pero el 49 batallón que fue el último en ocuparlo se estableció aquí el 2 de noviembre de 1977.
En 1992 se robaron un fusil del cuartel, “le robaron los huevos al águila” pues. Un recluta llegó donde estaba un centinela y le dijo que lo llamaba un oficial, que él haría la guardia en su lugar y le dejó el rifle. El recluta desertó se llevó el arma y la vendió a un cantinero de Tecpan al que le decían El Diablo y éste a su vez a campesinos de la sierra. Se organizaron varias unidades hasta dar con el fusil. Por ese caso muchas familias fueron detenidas hasta que se recuperó el rifle. Las investigaciones la siguieron soldados que vinieron de fuera, por eso el caso quedó como misterio. Muchos soldados de la época recuerdan ese episodio diciendo: “Cuando El Diablo se robó el rifle”.
Por eso esa primera noche aquí, en la oficina de la presidencia, me estaba causando pánico. Pensaba: “mejor hubiera pedido que una patrulla me llevara a la casa y estaría durmiendo en mi hamaca cerca de mis hijos”. Pero no, ahí estaba durmiendo por primera vez en mi lugar de trabajo. Ya de madrugada me venció el cansancio, cuando estaba a punto de dormirme vi un rostro que me espiaba. Al principio me puse frío y la piel de gallina, pero luego enfoqué la mirada y vi que era un policía que se asomaba por el cristal de la oficina. Le pareció raro estuviera prendido el aire acondicionado. No era común que alguien durmiera ahí.
Al fin me dormí. Soñé que unos niños jugaban futbol con calaveras. Las despegaban de los demás huesos y usaban como cancha toda la explanada de ese viejo cuartel. Yo los veía jugar fascinado. Los niños estaban flacos, no usaban zapatos y sus ropas eran un color oscuro indefinido, parecían huérfanos y con mucha fuerza pateaban las calaveras que rodaban hasta el área contraria. Muchas mujeres vestidas de harapos festejaban las envestidas. La explanada parecía un estadio y en los cerros los soldados se paseaban con sus armas en ristre. Eran fusiles mohosos y sus rostros reflejaban desesperación y tristeza, parecían querer salir corriendo.
Un soldado venía hacia a mí apuntándome con el arma. En eso desperté. Desde donde estaba se veían los galerones del fondo un poco sumidos en la penumbra. Me preguntaba en cuál de estos galerones se le practicó la necropsia a Lucio Cabañas, el 2 de diciembre de 1974, luego que esa mañana cayera peleando contra los soldados en El Otatal municipio de Tecpan de Galeana. Ahora ya tengo certeza donde fue.
Siete años trabajé en esa oficina de la presidencia. Durante esos siete años fui víctima de la chapa del escritorio de la recepción. Cada vez que me sentaba, al menos una vez por día, mi rodilla se estrellaba contra esa chapa salida. Por más que pedí que arreglaran ese escritorio nunca lo arreglaron y tampoco lo cambiaron. Así es la burocracia.
Muchas veces los miembros de las organizaciones sociales y grupos políticos nos encerraron para exigir que se cumplieran sus demandas. Una vez los campesinos de El Paraíso vinieron y compraron más de 10 kilos de reata y con ella amarraron las tres puertas de la presidencia. No nos dejaron salir hasta que se firmó un convenio: “El Ayuntamiento les entregaría todo el fertilizante que hacía falta”. Recuerdo que esa ocasión acusaban al director de desarrollo rural Diego Martínez Ramírez de haberse robado el fertilizante, que tenía tres tráiler escondidos en San Andrés de la Cruz y que otro tanto había desviado para Río Chiquito. Confieso que en un momento pensé que sí, efectivamente, Diego Martínez se había robado el fertilizante de los campesinos. Pero luego apliqué la lógica y concluí que no había local en San Andrés donde cupiera tanto fertilizante y recordé que Río Chiquito tenía como 25 casas. No era posible pues ese argumento.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Crónicas del Palacio VI


Víctor Cardona Galindo
Doña Mary
María Manríquez Cuevas, nació el 15 de Agosto de 1928, en Sahuayo Michoacán, es hija de Francisco Manríquez Higareda y María Dolores Cuevas Cano. Está casada con Agustín Campos Cabezas también originario de Michoacán, con quien fincaron un patrimonio en éste municipio y una familia muy numerosa.
Doña “Mary” y don Agustín, procrearon 16 hijos, de los cuales sobreviven 15, entre ellos: nueve mujeres: Carmen, Virginia, María, Lidia, Lourdes, Esperanza, Guadalupe, Martha y Lety. Además de seis hombres: Salvador, Luis, Jesús, Javier, Agustín y Arturo. Tiene  47 nietos y 33 bisnietos.
Llegó a la ciudad de Atoyac en el año de 1955, acompañada de su esposo y cinco de sus primeros hijos, tres varones y dos mujeres.
Además de atender a sus hijos y nietos doña Mary se dio tiempo para incursionar en la lucha social. Es parte de la congregación del Padre Máximo y se inició en el movimiento por la democracia a lado del profesor Octaviano Roque Ruiz primero en el Frente Democrático Cardenista del Municipio de Atoyac que después pasó a ser el Partido de la Revolución Democrática (PRD), luego apoyando a diversos movimientos sociales y últimamente animando en apoyo a López Obrador.
Orgullosamente expresa haber participado en la  campaña de la ex alcaldesa María de la Luz Núñez Ramos, donde anduvo como dirigente y activista. Una vez ganadas las elecciones ocupó el cargo de la Secretaria de la Mujer, donde apoyó a muchas amas de casa y mujeres de escasos recursos de la parte alta y baja de la sierra.
Participó también en el movimiento para exigir justicia por la masacre de Aguas Blancas. Estuvo en cuanta marcha convocó Cuauhtémoc Cárdenas y Félix Salgado Macedonio. Asistió a los plantones en la Ciudad de México, ayunos y huelgas de hambre. Ahora ya no puede moverse pues por su edad, se encuentra en sillas de ruedas.
En casa de doña Mary se curó a los heridos de la represión del 11 de diciembre de 1989. En su domicilio se realizaban las reuniones del partido y en ella nos refugiamos todos, en junio de 1991, cuando nos perseguía la policía. Doña Mary siempre solidaria, ofreciendo su casa y dando alimentos para todos aquellos que buscaron su ayuda.
Frente a la casa de doña María Manríquez de Campos la policía del estado encabezada, personalmente por Agustín Montiel López, detuvo a Mario Valdez Lucena a quien confundieron con Wilibaldo Rojas Arellano. A Lucio Castillo Gervasio, que estaba también fuera del domicilio platicando con Mario, le quitaron su machete envainado y con él mismo le dieron sus fajos. Lo soltaron bien calientito. A Mario lo liberarían horas después.
Eufrasia Altamirano
Otras de las mujeres perredistas que es digno mencionar, es doña Eufrasia Altamirano Hernández quien murió el 10 de febrero 2007. Era de Cacalutla. Doña Eufrasia fue de las mujeres fundadoras del Partido de la Revolución Democrática en Atoyac “fue mujer de temple, valiente, decidida y leal a carta cabal al partido y a los sentimientos del pueblo”, diría Decidor Silva Valle. Se le recuerda su arrojo y coraje en todos los movimientos en los que participó. Nunca se perdió una manifestación, una toma de Ayuntamiento, un retén informativo y una toma de carretera, siempre estuvo al pie del cañón, identificada siempre con la línea, ese tiempo, más consecuente del partido, que en ese entonces encabezaban Mario Valdez Lucena y Wilibaldo Rojas Arellano.
Dice Decidor Silva Valle que “la señora Altamirano era pueblo puro, son de las mujeres que brotan cuando el pueblo así lo exige y que dan todo a cambio de nada. Ella llega al movimiento que encabeza el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas,  no por interés personal o de grupo, sino porque en realidad anhelaba un cambio en rumbo del país; tal vez no tenía la preparación teórica que muchos tienen, pero tenía lo que a la mayoría nos hace falta: entrega desinteresada, honradez, humildad para servir y entendía a su manera tal vez mejor que todos lo que significa lealtad a los principios del partido, escribió Decidor Silva en el periódico ATL del 6 de marzo del 2007.
Yo la recuerdo vendiendo semillitas por las calles de Atoyac, acompañada de su nieta Blanquita. Siempre solidaria con la lucha de doña Tita Radilla Martínez.
Decidor Silva Valle, El Negris
Perteneció al Club de Jóvenes Democráticos, donde también estaba Juan García Fierro y Octaviano Santiago Dionicio. Junto con otros compañeros editaba el periódico El Machete Costeño y fue director fundador del periódico ATL. Es cuentista, cronista de las costumbres de Atoyac, fue presidente del Partido de la Revolución Democrática en el municipio, periodista y luchador social.
Decidor Silva Valle, nació el 4 de abril de 1949 en la ciudad de Atoyac. Cursó la primaria en la escuela primaria Modesto Alarcón y la secundaria en la escuela Mariano Matamoros incorporada a la SEP. Estudió dos años en la normal de Champusco Puebla y terminó su carrera de maestro en la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa Guerrero, ejerció como maestro en la comunidad de Poza Verde en el municipio de San Luis Acatlán y Santa Rosa de Lina del municipio de Coyuca de Benítez donde perdió su plaza por sus nexos con la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos, actualmente colabora con la página de los atoyaquenses del El Sol de Acapulco y el ATL.
Fundador de la Juventud Comunista en 1964, de la cual fue su primer presidente. Fue miembro del Movimiento Revolucionario del Magisterio. Ha escrito además de El Sol de Acapulco, en el Diario 17, El Sur y la revista Autogestión. En el 2004, obtuvo el primer lugar del concurso municipal de cuento organizado por la página de los atoyaquenses que publica El Sol de Acapulco y publicó en Agua Desbocada. Antología de Escritos Atoyaquenses en el 2007.
Decidor Silva siempre ha estado presente en cuanto lucha ha desarrollado el pueblo de Atoyac, desde el movimiento socialista, la lucha por la democracia, solidario con los solicitantes de viviendas, en la búsqueda de los desaparecidos y la defensa de los derechos humanos.
Rubén Ríos Radilla
Nació en la comunidad de El Ticuí el 22 de agosto de 1955. Sus estudios básicos los hizo en la primaria Valentín Gómez Farías y en la Escuela Secundaria Federal 14. Egresó como profesor después de estudiar en la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga de Tiripetio, Michoacán, la normal Luis Villarreal de Mexe Hidalgo y en la Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa Guerrero. Tiene una especialidad en historia por la Universidad Autónoma de Guerrero. Fue corresponsal de El Sol de Acapulco donde también coordinó la página de los atoyaquenses.
Ríos Radilla retrata en sus artículos y crónicas publicadas en diversos periódicos y revistas, la vida cotidiana de Atoyac. Ha puesto además en alto los valores del municipio. Es importante su obra por rescatar las recetas de la comida tradicional, ha sido promotor cultural y locutor. Su programa radiofónico “Radiografía” es de grata memoria. Condujo el programa radiofónico “Guerrero es una cajita” en la estación Soy Guerrero.
Rubén Ríos Radilla escribió el libro Aljaba. Vivencias y crónicas. Donde destaca algunas particularidades del campo costeño. En este texto describe a muchos personajes populares, principalmente de su comunidad la Colonia Miranda Fonseca, de El Ticuí y Atoyac.
Lo recuerdo participando en las primeras reuniones y marchas del cardenismo, en las tomas de tierras para formar la colonia 18 de mayo, en la fundación del PRD y en plantón de 1989.
El Mene
Conocí a Hermenegildo Ramírez Martínez, El Mene, el día que montamos un ayuno en el Zócalo de la Ciudad de México, para exigir la salida de Rubén Figueroa Alcocer después de la masacre de Aguas Blancas. Ese día llegó finamente vestido, llevaba corbata, acompañando a Jonás Fierro Serrano. Cuando llegó Cuauhtémoc Cárdenas a saludarnos se aprestó a tomarse la foto con el líder moral de El PRD. El Mene conservaría esa foto durante mucho tiempo.
Hermenegildo Ramírez Martínez, El Mene; fue
 militante del Partido de la Revolución 
Democrática (PRD) siendo un niño declamó 
una poesía ante Cuauhtémoc Cárdenas en su 
primera visita, desde entonces se identificó con 
la izquierda y sus caricaturas siempre estuvieron
 dedicadas a la política local. 
Foto: Archivo Histórico Municipal.

Ese día, con otros compañeros, acompañamos a María de la Luz Núñez Ramos a Bucareli donde encaró al gobernador de Guerrero diciéndole: “yo también tengo un banco, un banco de Sangre y Violencia”, y le arrojó una la lista de los muertos por la inseguridad y la violencia política en Atoyac. En ese tiempo todavía nos asustábamos de tanta muerte. De regreso, de Lecumberri, encontré a El Mene en un rincón del plantón, que habíamos instalado en Zócalo de la Ciudad de México. Estaba muy encabronado con Jonás, que lo había invitado con los gastos pagados, pero como nos instalamos en ayuno, Jonás se ahorró sus alimentos por eso El Mene también ayunó los dos días de manera forzada.
Durante muchos años le hice burla por eso y él siempre contestó “Pitorín, Pitorín”, así me decía. El Mene se mantuvo en el PRD por muchos años, fue líder juvenil de ese partido carente de jóvenes. Aunque desde muy chamaco agarró ese alcoholismo que al final le causó la muerte. Fue amigo de Félix Salgado y de Lázaro Mazón. Hizo gran amistad con Carlos Quevedo Quevedo con quien se pusieron tremendas borracheras. Siempre los encontré disfrutando de la vida, Quevedo fue uno de los mentores de Hermenegildo y al morir Quevedo mucho lo procuró y ayudó mi compadre Melchor Brito.
Yo no juzgo a El Mene, por encima de lo que digan muchos, considero que es bonito permanecer borracho aunque en eso se nos vaya la vida. Por eso creo que en el fondo siempre lo envidié, porque si yo no tuviera hijos que mantener, sería borracho de tiempo completo, bebería hasta que el cuerpo aguantara. El Mene se fue y ya no podré discutir con él de las cosas que nos apasionaban. No me resta más que escribir la historia del Monero Balín, de lo bueno que dejó a su paso por esta vida. Por ahí siguen circulando sus cartones y los dibujos que nos hizo a muchos, para reírse de nosotros.
El Mene era izquierdoso, se nos fue el domingo 3 de mayo de 2015, le gustaba el vino y era un monero irreverente. Le gustó dibujar desde niño, “desde que tengo uso de rezón”, le dijo una vez a Fredy Magaña. Fue huérfano de padre desde los siete años. La vida lo puso como alumno de Octaviano Roque Ruíz aquél sabio maestro de primaria y primer candidato del PRD a la alcaldía de Atoyac, fue él quien le inculcó la pasión por la política.
Sensible como era, desde muy chico se inclinó por las causas de los desposeídos. El hecho de que haya declamado un poema a Cuauhtémoc Cárdenas en su primera visita a Atoyac, lo marcó para siempre en ese tortuoso y difícil camino de la izquierda.
Fue a mediados de 1995, después de la masacre de Aguas Blancas cuando este momero irreverente emergió como cartonista. Sus primeras caricaturas estuvieron dedicadas a denunciar a Rubén Figueroa, fue su tema mientras duró el movimiento, ahí se vinculó a la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) con quien simpatizó y siempre fue solidario con sus luchas.
El Mene colaboró con diversos diarios de circulación estatal, y otros de Morelos y Michoacán. Sus cartones le dieron sabor a TV-Sur con Esteban Barrientos al frente.
Fue solidario con los desplazados de Agua Fría y de El Cucuyachi, simpatizante del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, los delegados que vinieron a promover la consulta nacional  por la Paz y la Democracia le llevaron sus cartones al mismísimo Subcomandate Marcos. El Mene estuvo en todas las luchas de izquierda del pueblo de Atoyac en los últimos 20 años. Al morir era lopezobradorista, aunque no estaba en Morena.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Crónicas del Palacio V


Víctor Cardona Galindo
El sábado 30 de diciembre de 1989 el PRD llamó a su militancia a concentrarse el 31 para evitar que tomara posesión el presidente electo del PRI. El día primero de enero de 1990 el presidente del Consejo Consultivo de Comisarios Adrián Araujo, tomó protesta como presidente municipal a Octaviano Roque Ruíz y a su Comuna Popular Revolucionaria. Tomás Gómez Ruíz, de Zacualpan, dimitió y en su lugar asumió como sindico Jesús Valdez Lucena, de El Paraíso.
La llamada “Madre del PRD” doña María 
Manríquez Cuevas saludando a Andrés 
López Obrador en una de sus visitas a 
Atoyac, observa Amadeo Valdez Rayo. 
Foto: tomada del muro de Amadeo 
Valdez Rayo.

Ese día el PRD estatal anunció la instalación de 22 gobiernos municipales populares en igual número de Ayuntamientos, entre ellos Atoyac. Pero también ese día se vino la tragedia, horas antes del cambio de autoridades municipales, el plantón perredista de Coyuca de Benítez fue agredido a balazos. En el ataque murieron los campesinos: José Manuel Palacios Cárdenas, Bernabé Flores Torreblanca y Clemente Ayala Torres, este último fue atropellado cuando una camioneta pick up atravesó una barricada montada en las calles aledañas al Palacio Municipal.
“Cuando les quitaron las piedra, autos chatarra y otros obstáculos del Palacio Municipal de Coyuca los Vargas ametrallaron a nuestros compañeros… Se refugiaron en la casa de Andrés Berdeja y ahí se defendieron a tiros de metralla, antes en la fallida fuga mataron a José Manuel Palacios Cárdenas”, informó El Reportero el miércoles 3 de enero de 1990.
El cronista de Coyuca de Benítez Octavio Navarrete Gorjón en su libro Monografía de Coyuca de Benítez escribió “la noche vieja de 1989, se produjo un zafarrancho entre las calles Venustiano Carranza y Niños Héroes, que dejó como saldo varios muertos, militantes del PRD. Los hermanos Roberto y Pedro Vargas Acosta, que fueron los que dispararon contra el retén perredista, se refugiaron en la casa de Andrés Berdeja Hernández, ciudadano que nada tenía que ver con problemas políticos, a pesar de que su hermano Francisco Berdeja Hernández fue el que presidió el Comité Electoral Municipal y se ausentó del municipio inmediatamente después de las elecciones, entregando la constancia a Natividad Salas en Chilpancingo”. 
En las indagaciones ministeriales se habla que “el día 31 de diciembre de 1989 llegó a Coyuca de Benítez un vehículo Ford Galaxie, LTD, modelo 1981, con placas de circulación MGT325, en el que viajaban los señores Joel Lázaro, Gerardo Chávez Vega, Roberto Vargas Madero, Pedro Vargas Madero e Ismael Ávila Ríos, quienes llegaron a la casa de Andrés Berdeja, y que entre las tres y cuatro de la madrugada del día 1 de enero de 1990, los ocupantes de dicho vehículo, al pasar por un costado del negocio denominado ‘El Negro José’, donde se encontraban los señores Bernabé Flores Torreblanca, José Manuel Palacios Cárdenas y Clemente Ayala Torres, ‘y sin haber discusión alguna, los ocupantes del vehículo dispararon sus armas quedando muertos los dos primeros nombrados, y a Clemente Ayala Torres lo trasladaron, para su atención médica, al Hospital General de esta ciudad de Acapulco, Guerrero, lugar en donde falleció”. La gente enardecida rescató el cadáver del nosocomio y lo regresó a la ciudad de Coyuca.
Al día siguiente, para reforzar a los de Coyuca, llegaron perredistas de Atoyac, San Jerónimo y Tecpan de Galeana, de éste último municipio murió Roberto Castañeda Díaz quien era originario de la comunidad de Villa Rotaria. 
En el caso de Atoyac se formó una comisión para apoyar a los compañeros de Coyuca de Benítez, el grupo fue encabezado por Oscar Rivera Leyva, Elio Dionicio Ponce y Ricardo Lucena Basave, hombres valientes que con los años caerían abatidos por las balas, en distintos momentos y por muy diversas circunstancias. Otro grupo, de hombres menos valientes, nos fuimos a la toma de protesta de Salvador Flores Bello a Tecpan de Galeana. El nuevo alcalde puso a unos de sus seguidores a gritar “Viva el Tigre de la democracia” y en los pretiles del Ayuntamiento había hombres armados con M-1 y M-2, quienes mantuvieron los fusiles en alto mientras duró el evento, recuerdo que los de Atoyac nos reímos de ese acto de presunción y desfachatez.
Cuando estábamos en el evento de Tecpan, al medio día de ese primero de enero, el doctor Reynaldo Soria denunció el ataque que habían sufrido los militantes de Coyuca de Benítez. Terminando el acto se formó una comisión para ir en apoyo de los compañeros agredidos. En Atoyac Oscar Rivera escogió a los hombres que irían al refuerzo, la mayoría llevaba con “queso las tortillas”. Los de Tecpan iban desarmados. Por la tarde, al regresar la comisión que fue a Coyuca, Ricardo Lucena venía herido de una pierna y un compañero de Tecpan había muerto.
Según diversos testimonios aproximadamente setenta personas de Tecpan se trasladaron a Coyuca de Benítez, para apoyar el sitio que se tenía al domicilio de los Berdeja Hernández, en el interior de dicho inmueble se encontraban Andrés Berdeja Hernández, Roberto Vargas Madero, Pedro Vargas Madero y Ramiro Vázquez Ibarra que hacían disparos y aproximadamente a las cinco de la tarde, Roberto Castañeda Díaz fue alcanzado por las balas y otras cinco personas salieron heridas y a las  11 de la noche los sitiados fueron sacados del domicilio por agentes de la Policía Judicial.
Después de las indagatorias el Ministerio Público concluyó que quienes causaron la muerte de Clemente Ayala Torres, Bernabé Flores Torreblanca y José Manuel Palacios Cárdenas, respondieron a los nombres de Pedro y Roberto Vargas Madero, quienes el día y hora de los hechos, en compañía de otras personas, y a bordo de un vehículo Ford, Galaxie, modelo 1981, con placas de circulación MGT235, del Estado de México, dispararon sobre los perredistas, motivo por el cual se iniciaron los hechos violentos. Por ésta acción el gobierno también giró orden de aprehensión  contra los líderes: David Molina Francisco, Orlando Romero Romero, Fernando Valdovinos Flores, Praxedis Rodríguez Luna, Carlos Gallardo Salgado, María Flores y Crescencia Benítez Celis. Andrés Berdeja Hernández los acusó de incendiar su casa.
Los Berdeja eran hijos del líder coprero Julio Berdeja, por eso muchos lamentaron ésta confrontación. Los asesinos se refugiaron en Estados Unidos, el gobierno mexicano nunca realizó correctamente las diligencias por eso no pudo concretarse su extradición, para que pagaran por su crimen.
El martes 2 de enero de 1990 por la tarde, los cadáveres de Clemente Ayala Flores, Bernardo Flores Torreblanca fueron sepultados, Roberto Castañeda Díaz fue trasladado a Tenexpa. El cuerpo de José Manuel Palacios fue llevado a El Zapote. Clemente Ayala vivía en Atoyaquillo pero era de la sierra de Tecpan de Galeana.
Algunos testimonios dicen que a Roberto Castañeda Díaz lo mató su curiosidad. Llegó en una comisión encabezada por Elizabeth Román López y como a las cinco de la tarde se acercó a ver dónde habían matado a los compañeros y de pronto salió un disparo de adentro de la casa de los Berdeja. Parece que aquellos pensaron que ya los habían descubierto y empezaron a disparar a los curiosos, que en su mayoría eran de Tenexpa. Un solo disparo mató a Roberto. Ahí comenzó la balacera de nuevo. Jorge Salas y Reynaldo Soria rescataron el cuerpo en medio de la balacera.
El crimen de Coyuca enardeció a los perredistas y se reforzaron los plantones, el movimiento se radicalizó, muchos comenzaron a decir que el cambio pacífico no era posible que el gobierno solamente entendía por la vía de las armas.
El sábado 6 de enero de 1990 hubo una manifestación en Coyuca de Benítez que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas, todos fuimos. De ese plantón recuerdo a Bartolo Guzmán Martínez quien era comandante de la policía popular, siempre traía en la mano una resortera y un morral lleno de piedras de río. Práxedes Rodríguez Luna era un hombre muy valiente, un día que bloqueamos la carretera nacional, él solo se atravesó y paró el tráfico a pesar de que un camión estuvo a punto de atropellarlo.
Los priistas también comenzaron a defenderse, el 12 de enero de 1990, miles de militantes acapulqueños se manifestaron en contra de la violencia, la marcha la encabezó el líder estatal, Israel Soberanis Nogueda.
Aunque hay que reconocer que en el PRD hubo muchos provocadores, había gente que proponía ir a disolver por la fuerza el Ayuntamiento priista de Atoyac. Por eso otras de las fechas que recuerdo muy bien es aquel domingo 25 de febrero de 1990, cuando toda la mañana estuvimos esperando que se reuniera la gente para llevar a cabo una marcha mitin. Como a la una de la tarde partió el contingente, la idea era hacer una parada de protesta en el Ayuntamiento priista. Caminamos por la calle, Juan Álvarez y luego Aldama, hasta llegar a la Comuna del PRI donde don Pedro Magaña Ruíz nos recibió con una pistola en la mano. Junto con su policía apostada en la azotea de la casa cortaron cartucho y apuntaron a la muchedumbre. Al ver al señor decidido, con su revolver en la mano, muchos corrieron. Fueron pocos los que permanecieron en su lugar, Wilibaldo Rojas le decía: “Don Pedro, Don Pedro no disparé contra su pueblo”. Y al ver la tensión que existía, Wilibaldo se sacó una carta de la manga diciendo que queríamos dialogar aunque ese no era el objetivo. La marcha se había propuesto cerrar ese Ayuntamiento. Hay que reconocer que el señor “los tenía en su lugar”, pero también era un político formado en la práctica. Aceptó el dialogo con una comisión de cuatro: Guadalupe Galeana Marín, Jesús Sosa Nava, Wilibaldo Rojas y Rubén Ríos Radilla. Don Pedro dijo que ahí no había condiciones para discutir, porque en esos momentos estaba sólo, se citó para las cinco de la tarde a una comisión de seis. Después que salieron los compañeros de dialogar con Pedro Magaña partimos rumbo a la plaza, donde se realizó una asamblea informativa. A las cinco de la tarde la comisión asistió a la cita que se tenía con el PRI en las oficinas de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), donde se dialogó sin sacar nada constructivo. Nadie renunciaba a sus posiciones.
La lucha amenazaba cada día con radicalizarse más, el jueves primero de marzo de 1990, en la madrugada la policía antimotines desalojó el Ayuntamiento de Igualapa que se encontraba tomado por los perredistas. Para esas alturas la revista Por Esto! publicaba fotos de hombres armados, se hablaba de un grupo guerrillero que ya incursionaba por el rumbo de la Unión de Montes de Oca. Un fotógrafo encapuchó a los miembros de la policía popular de Atoyac y luego la foto salió publicaba en la Por esto! Esa revista era la que más se vendía en el puesto de periódicos. Octaviano Roque llegó a declarar que si no había solución favorable “de aquí nos vamos a la guerrilla”.
El 2 de marzo de 1990 se hablaba que el error de los perredistas, en su máxima extensión de la palabra, era haber declarado ante la opinión pública estar dispuesto al uso de las armas en acciones radicales. No se debió dar a conocer que se estaba armado, porque ahora la opinión pública estaba preparada para un una represión más violenta y sangrienta. Los perredistas, con sus declaraciones y fotos con gente armada, contribuían a que la sociedad tuviera un mal concepto de la lucha. Ya para entonces el movimiento comenzaba a desgastarse, los líderes poco se presentaban al plantón. Para entonces ya se prefiguraban los grupos que tenían pasados distintos y prácticas distintas. Muchos de los que estaban en el plantón no creían en las elecciones y empujaban hacia acciones violentas, pensaban que del PRD surgiría la Revolución. Otros planteaban pactar con el gobierno cuanto antes, pero también había líderes que hasta la fecha no se explican que “chingaos” hicieron ahí.
El martes 6 de marzo de 1990 ocho palacios municipales fueron tomados por la fuerzas policiacas, ocho personas fueron asesinadas, ocho desaparecidas, 30 lesionados y una docena detenidas.
El movimiento se mantuvo hasta el 12 de marzo de 1990, cuando para calmar los ánimos, mediante un acuerdo político, se formó un consejo municipal presidido por Jaime Coria Gómez y Amadeo Valdez Rayo como síndico procurador. Mientras don Pedro Magaña fue postulado como candidato a diputado federal suplente y después llegó a ser diputado local. También en Coyuca se formó un consejo municipal que presidió Antonio Olivar Campos.




viernes, 2 de noviembre de 2018

Crónicas del Palacio IV

Víctor Cardona Galindo
En el plantón de 1989-1990 conocí gente maravillosa como doña Nachita. “No te abandones a la vejez”, decía, siempre que encontraba a alguien quejándose de sus dolores. Doña Nachita como la conocíamos todos, caminaba de punta a punta de nuestra ciudad lavando ropa ajena, en algunas casas, por sus más de setenta años era para que no hiciera ese tipo de trabajos, pero siempre andaba muy activa. Vivía donde el padre Máximo.
Francisco Arroyo Delgado originario de Taxco 
de Alarcón, fue dirigente del sindicato de 
trabajadores del Inmecafé, luego participó en el 
movimiento cardenista y en la fundación del PRD, 
fue director de Desarrollo Social en el gobierno de
 María de la Luz Núñez Ramos y secretario de 
Desarrollo Económico la comuna que encabezó 
Armando Bello. Foto: Víctor Cardona Galindo.

De la comunidad del padre Máximo Gómez Muñoz muchos se incorporaron al movimiento cardenista primero, y después al PRD, la principal fue María Manríquez Cuervas y su esposo Agustín Campos Cabezas. Luego estaban todos los hermanos Hernández, José, Fulgencio y Austreberto con  sus respectivas esposas. También Ernesto Ramírez Chepillo con su esposa Regina Laurel Ruíz. El Padre prestaba el sonido para bocear, y para los mítines, y a veces prestaba sus instalaciones para una que otra reunión. La parroquia del Dios Único nos cobijó en julio de 1991 cuando la policía nos buscaba en nuestras casas.
El 7 de enero de 1990 era el día en que se cambiaban los comisarios municipales, en el plantón se formaron comisiones para asistir a todas las comunidades. Se trataba de estar presentes para evitar manipulaciones de parte de los priistas en el cambio de autoridades. A mí me tocó subir a la comunidad de Agua Fría, me fui caminando y regresé caminando sin novedad. Cuando estuve de regreso me enteré del accidente en que había muerto Rocío Mesino Martínez y Juventino Reyes Arreola de apenas 18 años de edad, hijo de Isaías Reyes Téllez, el chofer a quien sólo conocíamos por el apodo de El Charro se dio a la fuga.
A Ernesto Ramírez Chepillo, Lucía Chávez Hernández y Rocío Mesino Martínez les tocó ir a presenciar el cambio de comisarios a la sierra y echaron andar, sin llave, el carro de volteo blanco que se tenía para el servicio de la basura. Primero pasaron a ver como se estaban desarrollando las elecciones en Río Santiago y luego tomaron el camino de terracería rumbo a El Cucuyachi y El Achotal.
Además de los comisionados iban: Regina, esposa de Chepillo, y Margarita hermana de Rocío. Como guía y conocedor de la zona iba Juventino quien era originario de El Achotal. Hasta Río Santiago Chepillo y Juventino iban solos en la caja del camión. Pero al entrar a la carretera de terracería, como estaba llena de zanjones, y tanta gente en la cabina impedía la maniobra del chofer, Lucía y Rocío se pasaron también a la caja. En la cabina únicamente se quedaron Regina y Margarita.
Apenas habían abandonado Río Santiago cuando el carro se fue al barranco dando dos vueltas, a Juventino se lo llevó la caja, lo sacaron vivo pero murió en la carretera. Rocío y Lucía cayeron abrazadas, pero Rocío Mesino Martínez murió en el acto, Chepillo cayó arriba de un árbol. A Margarita se le fracturó un brazo a y Regina se le cortó un pedazo del dedo anular derecho. Esas fueron las dos primeras vidas que cobró la lucha democrática en el municipio de Atoyac.
El golpe se escuchó hasta Río Santiago la gente acudió en auxilio. Isabel Navarrete López, a pesar de ser priista, ayudó a Regina trasladándola a una clínica privada de Atoyac donde le acabaron de cortar el dedo. En el plantón todo era consternación y dolor, todos queríamos mucho a Rocío, ella y Lucía eran las secretarias del partido. El camión del voleo fue rescatado de donde quedó y muchos años más prestó servicio al Ayuntamiento.

La toma del aeropuerto de Zihuatanejo

El 27 de febrero de 1990, policías antimotines de Guerrero reprimieron dos marchas que pretendían tomar los aeropuertos, una en Acapulco y otro en Zihuatanejo. Como resultado de esa acción, en Zihuatanejo, murieron el perredista Florentino Salmerón García y el policía Eudosio García Andraca. En Acapulco está registrada la muerte del perredista Donaciano Rojas y varios detenidos entre ellos Adolfo Plancarte Jiménez.
Ese día salimos alrededor de 40 compañeros rumbo a Zihuatanejo, encabezados por Octaviano Roque Ruíz y Ricardo Lucena Basave. Por la noche Octaviano me había dicho que hablara con la gente y que les dejara claro el riesgo que implicaba tomar el Aeropuerto. Así lo hice, “a lo mejor muchos ya no regresamos”, les dije, aún así se anotaron como cien compañeros, en esos días el plantón era todavía numeroso.
La salida era a la cinco de la mañana, pero a la hora de partir nadie de los que se habían anotado aparecía. Por eso, entre la gente que estaba en el plantón a esa hora, juntamos alrededor de cuarenta y salinos rumbo a Zihuatanejo.
Llegamos a Petatlán y comimos en la fonda de María Peñaloza Izazaga. La Güera, una perredista muy “brava” y valiente, nos atendió. Luego de organizar el contingente, del Zócalo de Petatlán salimos a tomar el aeropuerto. No habíamos avanzado mucho cuando nos encontramos un retén de la Policía Motorizada, no eran muchos, los acorralamos con facilidad y los hicimos retroceder.
Los policías nos dejaron pasar pero más adelante estaba otro grupo de motorizados y antimotines que nos retuvieron y comenzaron a disparar al aire. Muchos nos metimos al monte para rodearlos, pero al llegar a un claro donde estaba quemado el pasto, un policía que disparaba desde una patrulla le dio un balazo a un compañero en la pantorrilla. El compañero rodó herido, mientras nosotros, Jeremías y yo, nos regresábamos y salíamos a la carretera donde ya Roque les dirigía un discurso a los policías. Con otros compañeros llegamos a reforzar a Roque. Un policía motorizado, mientras avanzaba hacia atrás, le sostenía la boquilla del fusil en el estómago. Nos súmanos con Roque, avanzamos mientras los policías retrocedían sosteniendo la boquilla de sus fusiles en nuestros estómagos. Recuerdo que en un punto de la espalda se me concentraba una sensación de frio y de cosquillita, era donde sentía que saldría la bala si el policía que me encañonaba se le ocurría disparar.
A mí me tocó enfrentar a un policía chaparrito que me cerró el paso, poniéndome el cañón de su R-15 arribita del ombligo. Sentía la panza fría y mis testículos se engarruñaron provocando escalofrío por todo mi cuerpo. Pensé que moriría faltando apenas unos días para cumplir los 19.
Sin embargo después de unos cuantos tiros a los que querían rodearlos, nos dejaron pasar. No recuerdo cuando heridos hubo en ese choque, a mí que consta de uno que rodó cerca de mí con un balazo en la pantorrilla.
Subimos todos a la camioneta azul de redilas de Ricardo Lucena Basave y salimos a toda velocidad rumbo al aeropuerto, pero entre Los Achotes y Los Almendros, en un cerrito, ya nos esperaba un grupo como de cien antimotines. No estaban agresivos, recuerdo que se bajaron de un camión de lujo. Dicen que los habían mandado traer de otros estados. Nos cerraron el paso formando un bloque con sus escudos. Nos indicaron que nos retendrían ahí hasta que llegara un funcionario a platicar con nosotros.
El contingente de Petatlán lo encabezaba René Sanchezza un valiente compañero que años más tardes aparecería muerto, asesinado en la playa, cuando ya militaba en el Partido Popular Socialista.
Octaviano Roque Ruíz volvió a la carga ahora echó un discurso a estos antimotines, les habló de la Constitución, del derecho de libre tránsito, del derecho a manifestación, les dijo que esta manifestación era pacífica. Mientras Roque echaba el discurso yo le pedí un cigarro Marlboro a un comandante, era un hombre alto moreno, un afrodescendiente, diríamos ahora. El jefe policiaco traía colgada al hombro una máscara antigases, los demás agentes las traían puesta, era impresionante verlos parecían personajes de la película “Guerra de las Galaxias”, platicamos un rato, el policía estaba tranquilo y se veía que simpatizaba con nosotros. Alguien llegó y les dijo que nos dejaran pasar porque más adelante había un funcionario que platicaría con nosotros.
Con esa disposición los antimotines comenzaron a caminar entre nosotros, rumbo a Zihuatanejo, cuando habíamos avanzados unos 200 metros, ya íbamos intercalados, antimotines y perredistas. Avanzábamos pero no estaba el supuesto funcionario esperándonos, llegó un comandante que desde una patrulla les gritó: “Pendejos para que los dejaron pasar”, al tronar esa voz, comenzó a oírse “Tu conmigo, tu conmigo” y se dio el enfrentamiento más parejo y valiente que pudiera haberse vivido, parecía un combate homérico de la Iliada, de frente en un terreno parejo. Los policías golpeaban con toletes, los perredistas con garrotes. Los policías tenían escudos y los perredistas la convicción que estaban participando en una lucha revolucionaria. Los de Atoyac llevábamos puro garrote escogido, pie de cabra, guapinol y doblador, y con una velocidad no antes vista, los acostumbrados a lo rudo del campo, arrancaban con fuerza los escudos, incluso vi a dos compañeros arrastrando a un policía jalándolo del escudo. Yo no supe a qué hora me terciaron un par de toletazos por la espalda, mientras estaba fascinado, a la orilla de la carretera, viendo el combate. Gracias a Fidencio Barrera y los compañeros de San Andrés no salí más lastimado, ellos me quitaron a dos policías de encima. De esa golpiza me llevé de trofeo un mascara antigases que luego abandoné en un rancho.
Cuando vencimos a los antimotines, quisimos avanzar subiendo a las camionetas, pero unos motorizados que estaban emboscados en una lomita ametrallaron un carro e hirieron a un compañero en las dos piernas, recuerdo que ese compa le decían El Burro. No alcancé a subirme al vehículo porque oí los disparos, salté un alambre de púas que en situaciones normales jamás brincaría, caí dentro de un rancho. Vi a Octaviano Roque como se echó un clavado en un arbusto de zuzuca; yo corrí con mi trofeo y me interné en el monte. Sentía silbar las balas cerca de mí, a lo mejor era el miedo que llevaba, gire la cabeza y vi como el pasto de la carretera se incendiaba, había mucho humo por las bombas de gas lacrimógeno que tiraron los antimotines. Muchos policías estaban tirados y muchos perredistas también tapizaban la carretera con sus cuerpos, por los disparos de metralla pensé que todos estaban muertos, corrí, corrí y corrí. Ese día juré que jamás volvería a fumar, pero nunca cumplo mis juramentos. Llegué a un ranchito donde me dieron agua y abandoné la máscara antigases.
Después de un rato salí a la carretera, frente a una gasolinera que estaba para entrar al aeropuerto, tomé una combi, fui al Coacoyul y hablé por teléfono a doña Mary Manríquez y le dije a ella y después a su hija que todos mis compañeros estaban muertos. Me regresé frente a la gasolinera, ahí estaba un compañero que sangraba de una pierna porque había recibido un balazo, pero luego pasaron por él los compañeros de su comunidad. A mí me rescató Silvestre Pacheco León, quién junto con Octaviano Roque Ruíz, ya buscaban a los compañeros que estaban desaparecidos. Regresamos al lugar del enfrentamiento, estaba tirado fuera de la carretera el compañero Florentino Salmerón García que fue asesinado por la policía motorizada que roció con balas las camionetas. Dicen los que vieron que el valiente compañero se abalanzó contra un policía, con el machetito que portaba, y éste en respuesta le dio un tiro en el corazón. Rodeando al cadáver estaba la gente valiente de Atoyac, doña Eufrasia, Doña Bertita, doña Cleofas y doña Carlota, gente que nunca se rajó y que eran muy consecuentes, nunca fallaban ninguna marcha, ninguna protesta.
Mis compañeros ya le habían dado los datos a un Policía Federal de Caminos para que me buscara. Luego con Roque comenzamos a buscar a Inés y otros compañeros de Boca de Arroyo que estaban desaparecidos. Después supimos que se habían regresado para Atoyac después de la trifulca. Se subieron en el primer camión que pasó.
Nosotros los buscamos toda la tarde y parte de la noche, ya tarde nos venimos a Petatlán. Los soldados tenían instalado un retén en el camino, ahí nos quitaron los machetes, los garrotes y hasta las piedras que traíamos en la camioneta. Muchos compañeros se quejaban, yo no sentía el dolor de los golpes, hasta por la noche, cuando dormíamos en la planta baja del Ayuntamiento de Petatlán ya no me pude mover. Al otro día me tuvieron que levantar entre dos para subirme a la camioneta en que volvimos a nuestro querido Atoyac