domingo, 18 de febrero de 2018

Victoria Hernández Brito


Víctor Cardona Galindo
En 1987 ingresé a la preparatoria número 22 de Atoyac, ese mismo año asistí a un encuentro de estudiantes en Chilpancingo, en el auditorio Juan R. Escudero de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), me llamó la atención un grupo de jovencitas a las que identificaban como Las Viquis, después supe que eran residentes de la casa de estudiantes femenil Victoria Hernández Brito.
Victoria Hernández Brito fue dirigente del comité de
defensa de la Escuela Superior de Agricultura y fue
desparecida por la judicial del estado el 11 de noviembre
 de 1972. Foto: informe de la Comisión de la Verdad

Era el periodo de Ramón Reyes Carreto, en las marchas que realizamos por exigir subsidio para la universidad, también se pidió la presentación de los desaparecidos políticos universitarios entre ellos Carlos Días Frías y Victoria Hernández Brito, los compañeros únicamente me informaron fueron desaparecidos por la Policía Judicial del Estado en el sexenio negro de Rubén Figueroa Figueroa.
Siendo colaborador de la Comisión de la Verdad del estado de Guerrero me volví a topar con el tema, algunos compañeros compartieron conmigo datos sobre Victoria Hernández Brito, hurgando en el Archivo General de la Nación se encontraron algunas fichas sobre el tema y particularmente me llamó mucho la atención que su desaparición esté relacionada a otras de campesinos originarios de la sierra del municipio de Atoyac.
Victoria fue desaparecida el 11 de noviembre de 1976. Era dirigente estudiantil de la Escuela Superior de Agricultura (ESA), localizada en Tuxpan, municipio de Iguala, en el periodo en que el gobernador Rubén Figueroa Figueroa despojó a la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) de las instalaciones de ese centro educativo y decretó su desaparición. Victoria junto con la mayoría de sus compañeros, no dejó de luchar por la vía jurídica y política para obligar al gobernador a restituir el inmueble.
Un día antes de su secuestro, asistió a un mitin afuera de la Secretaría de Gobernación y de las instalaciones de la Suprema Corte de Justicia en la Ciudad de México para exigir la devolución de su escuela. Al regresar a Iguala notó que personas no identificadas la seguían a distancia.
Al amanecer del día 11, un grupo de agentes policiacos comandados por Mario Arturo Acosta Chaparro irrumpió con lujo de violencia en su domicilio, ubicado en la calle Ignacio López Rayón número 24, en Iguala. Golpearon a sus padres y a sus hermanas y después de voltear las camas al revés con el pretexto de buscar armas, se la llevaron con rumbo desconocido. Se dice que fueron 15 individuos armados quienes la subieron a la fuerza a un vehículo Volkswagen tipo combi, con placas del Distrito Federal, todavía con ropa de dormir. Se la llevaron a las instalaciones de la ESA, donde la torturaron y ahí se le perdió el rastro. Lorenzo Roldán Montes, Simitrio, fue quien guió a los judiciales para que la detuvieran. Ese día también se llevaron a su sobrina María, pero luego la soltaron.
Resultó que en octubre de 1976 secuestraron a Enrique Pineda Cuevas, un rico comerciante de Iguala, hecho que fue aprovechado por el gobierno de Rubén Figueroa para reprimir a los activistas de la ESA. A Victoria la implicaron con este secuestro y con el Comando Armado Revolucionario 10 de Junio.
Victoria Hernández Brito cuyo verdadero nombre era Victoria Fernández Brito fue una de las fundadoras de la Central de Estudiantes Igualtecos. Desde que ingresó a la Escuela Superior de Agricultura (1970), participó activamente en la lucha por la democratización de la escuela y por conseguir un local propio. Ya como pasante ocurrió el despojo de las instalaciones de la ESA. Por eso fue una de las promotoras del Comité de Lucha de la escuela, el cual encabezó las luchas y movilizaciones, y formó parte de las comisiones que exigían al gobierno la devolución de las instalaciones.
Después de la muerte de Lucio Cabañas, hubo una etapa de recomposición de fuerzas de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) y del Partido de los Pobres. La directriz fue dedicar mayor atención al movimiento universitario y sus integrantes se propusieron promover lo político-legal. En ese contexto viejos cuadros de la ACNR entraron en comunicación con estudiantes como Victoria Hernández Brito.
El 31 de octubre de 1976 el Comando Armado Revolucionario 10 de Junio, resultado de una alianza transitoria entre el Partido de los Pobres y la ACNR, secuestró al empresario Enrique Pineda Cuevas. De acuerdo con los datos que manejaba el gobierno, el grupo estaba dirigido por Arturo, e integrado por Lorenzo Gervasio Morales, Fernando, Salvador, Raúl Gregorio Hernández Brito, Alberto Salgado Antúnez, Carlos Alberto Benavides Alcocer y Victoria Hernández Brito.
En el momento del pago del rescate, agentes de la Policía Judicial del Estado y de la Dirección Federal de Seguridad detuvieron a Lorenzo Roldán Montes, quien durante las torturas proporcionó datos para lograr la localización del plagiado Enrique Pineda Cuevas, quien fue rescatado a las 12 horas del mismo día. En ese mismo lugar detuvieron al joven estudiante Crispín Hernández, militante de la ACNR que se encontraba cuidando al secuestrado en Xalitla.
Lorenzo Roldán entregó a todos los miembros de su célula (los hermanos Juan y Margarito Castillo Iturio, Ramón Iturio Fierro, la esposa de Miguel Castillo Iturio y Jeremías Cabañas Serafín), así como la casa de seguridad donde se encontraban reunidos.
Como resultado de los operativos posteriores al secuestro, la Policía Judicial y la Dirección Federal de Seguridad, comandadas por Mario Arturo Acosta Chaparro, detuvieron-desaparecieron en noviembre de 1976 a Victoria Hernández Brito el día 11: a Crispín Hernández, el 13; a Rafael Castro Hernández, miembro de la Dirección Nacional del Partido de los Pobres, el 18; a Humberto Cabañas Alvarado y Margarito Castillo Iturio, militantes del Comando Armado Revolucionario 10 de Junio y del Partido de los Pobres en la capital del país, el día 19; a Carlos Alberto Benavides Alcocer, el día 20; a Juan Castillo Iturio, militante de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, el día 22, también en la Ciudad de México; y a Ramón Iturio Fierro, militante del Partido de los Pobres, el 28 de noviembre de 1976. Los Cabañas e Iturio había dejado la sierra de Atoyac después de la muerte de Lucio Cabañas porque el gobierno había centrado la persecución contra la familia del guerrillero atoyaquense.
Los siguientes meses no dejaron de caer militantes y casas de seguridad del Partido de los Pobres. Lorenzo Roldán Montes fue presentado y consignado.
El 19 de diciembre de 1976, Lorenzo Roldán informó en su declaración que el grupo del que él formaba parte lo dirigía Francisco Fierro Loza y estaba constituido, por El Chile, (Manuel), Jorge, Luis o Russel, Norma María, Pedro (Arturo, que es profesor y se sabe que perteneció a la gente de Genaro Vásquez), Polanco (Raúl), Rafael (Hipólito), La Tecla y El Zarco (Gilberto).
En esa misma declaración, Roldán dice que el Comando Armado Revolucionario 10 de Junio está constituido por Alfonso (Raúl Gregorio Hernández Brito); Catalino, que piensa que está detenido; El Cejas Blancas (Salvador), encargado de asesinar a Élfego Coronel; Dante o José Manuel (Arturo) quien dirige este comando; Elizabeth (Victoria Hernández Brito); Martín, Mauro (Alberto Salgado Antúnez); Norma, Raúl o El Norteño; Rubén (Lorenzo Gervasio Morales), ex miembro de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento; y El Topo (Fernando). Además, declara que existe otra célula reclutada por Fierro Loza,  formada por los profesores Eloy Cisneros Guillén, director de la Preparatoria 5 de Acapulco; Juan Báez Sánchez y Juan Alfredo Martínez Hernández.
Victoria Hernández Brito, en realidad se apellida Fernández Brito, es hermana de Gregorio Fernández Brito. Le pusieron Hernández por un error del agente del registro civil. Gregorio también fue víctima reiterada de la tortura y la desaparición forzada. Estuvo recluido en el Campo Militar Número Uno, sujeto a una tortura cruel. Los Fernández Brito son originarios de Huixtac, municipio de Taxco de Alarcón.
Tanto Gregorio como Victoria dejaron su pueblo natal y emigraron a Iguala, donde hacían trabajos de costura. Desde principios de los sesenta entraron en comunicación con la Asociación Cívica Guerrerense que dirigía Genaro Vázquez Rojas. Los talleres de costura los tenían en la misma casa en la que vivían. Ese oficio era ejercido por el también desaparecido Elpidio Ocampo Mancilla. Los del equipo de trabajo de sastrería eran cívicos. Iguala fue una de las ciudades con más presencia de los cívicos; es ahí donde Victoria y su hermano entablan contacto político con Genaro Vázquez y Elpidio Ocampo. Desde muy jóvenes simpatizan con la lucha social.
El maestro Arturo Miranda conoció a Victoria cuando ella era una jovencita, pero tuvieron una relación más cercana cuando ingresó como estudiante a la ESA. A partir del golpe que el gobierno de Figueroa Figueroa le dio a la Universidad con la desaparición de la Escuela Superior de Agricultura, empezaron a destacar varios estudiantes jóvenes, entre ellos Victoria Hernández Brito, quien se convirtió en un blanco de ataque por su firmeza en la lucha. Por eso ahora la Escuela Superior de Agricultura lleva su nombre.
Victoria es hija de Roberto Fernández Hernández y Agueda Brito Arizmendi. Nació el 6 de marzo 1951 en Huixtac, Taxco. Estudió la primaria en la escuela Mártires del 27 de Octubre en su pueblo natal, y la secundaria en la escuela Ignacio Manuel Altamirano de Iguala; la preparatoria la hizo en la 24 de febrero incorporada a la Secretaría de Educación Pública.
Su familia la integraban nueve hermanos, seis mujeres y tres hombres. Hasta el año 2013 vivían dos de ellos: Teófila y Gregorio Fernández, el quinto de los hermanos. Juan, Daniel, Claudia, Paulina, Heriberta y Margarita Fernández ya murieron. Victoria es la menor de todos los hermanos. Su padre cultivó la tierra, trabajó de albañil en una compañía minera. De todos los hijos, la única que estudió fue Victoria.
De pequeña fue una niña tranquila. Con sus hermanos hacía las labores de la casa y todos iban a la escuela. Sus hermanos se quedaron en la primaria y ella continúo. “Después nos trasladamos a Iguala, en 1963 o 1964, y ella continúo sus estudios ahí. Estudió secundaria, la preparatoria, la profesional”, dice Gregorio Fernández, quien fue entrevistado por Hannia Bermúdez.
Sus primeros hermanos murieron muy pequeños. Los que quedaron se fueron a Iguala. “Mi hermana Teófila, Victoria, Margarita y yo. Pero Margarita se fue a un convento en México. Victoria era alegre, amigable, muy sociable; le gustaba mucho el estudio, tenía mucho interés en superarse, incluso nos pidió nuestra opinión para que nosotros dijéramos qué estudios podía continuar, en qué seguía estudiando y se acababa de fundar la Escuela Superior (de Agricultura); puedes de ahí, tú puedes seguir trabajando con los campesinos, de mejorar, de apoyar a los campesinos”, dice Gregorio.
Muy buena y muy inquieta en los problemas del campo y de los campesinos. Estaba a punto de terminar sus estudios de agricultura. “Ya después que la desaparecieron nos entregaron el anillo de graduación, ya estaba pues por terminar. Tuvo novios, pero nunca vivió con nadie”. Vivía con sus padres. Se dedicaba a sus estudios y los fines de semana, y en vacaciones, visitaba a los campesinos que asesoraba. Era católica como toda su familia.
Conoció a Genaro cuando estaba en la prepa y platicó con él. Ella se informaba sobre las cosas que sucedían en el estado y se organizó con los estudiantes de su escuela, pero no participó activamente en ningún partido, su hermano dice que tampoco en la guerrilla. En la escuela formaba parte de la Federación de Estudiantes.
Cuando la detuvieron, los policías se llevaron mucha información de la casa donde vivía con sus padres. Se llevaron todos sus documentos. A la familia no le quedó nada.



sábado, 10 de febrero de 2018

Elpidio Ocampo Mancilla II y última parte


Víctor Cardona Galindo
El Consejo de Autodefensa del Pueblo (CAP) a nivel estatal estaba encabezado por Genaro Vázquez Rojas, Antonio Sotelo Pérez, Ismael Bracho Campos, Pedro Contreras Javier y Florencio Chacón. En Iguala la presidencia de dicho consejo recayó en Elpidio Ocampo Mancilla; la secretaría general en Florencio Chacón; comisión de finanzas, María Franco, Felipa Pérez y Esteban Salgado; comisión de prensa, Adolfo Arroyo, Prudencio Casarrubias y Mateo Lagunas; comisión política, Isaías Ocampo y Erasmo Delgado; comisión de acción campesina, Otilio Mejía y Pedro García; comisión de acción obrera, Gregorio García y Filomeno García; comisión de vivienda popular, Bertoldo Vázquez y Macario Carreón; y el asesor jurídico fue Eugenio Zapata.
Elpidio Ocampo Mancilla fue detenido, el 30 de enero
 de 1972, por agentes de la Dirección General de
 Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia
 que llegaron hasta su casa en Atencingo Puebla, desde
 esa fecha se encuentra desaparecido. 
Foto: Cortesía de la familia.

En 1966, durante la persecución estatal permanente contra los cívicos, el 27 de abril fue asesinado el campesino Pedro Cortés Bustos, originario de San Luis Acatlán. El 22 de noviembre, Jesús Orduña e Isaías Ocampo fueron detenidos en la Ciudad de México y traídos hasta la cárcel de Iguala, donde se le recluyó con procesos inventados.
El 24 de julio de ese año, en Iguala, Genaro Vázquez se reunió con los cívicos en la casa de Elpidio Ocampo Mancilla y de ahí partió a la Ciudad de México porque la policía le pisaba los talones. Tres días después a las seis de la tarde el 27 de julio de 1966, la casa de Elpidio fue rodeada por cientos de policías para detener a todos los dirigentes, entre ellos el propio Elpidio y Genaro. El comandante Mario González de los Santos gritaba que iba “por órdenes de Abarca Alarcón para detener vivo o muerto a Genaro Vázquez”.
Entraron por la puerta mientras disparaban hacia todos lados y otros empezaron a brincar por la barda al interior de la sastrería. La mayoría de los presentes salieron ilesos, menos Delfino Ocampo, de 14 años, hijo de Elpidio. “Los policías irrumpieron en la casa, disparando al interior y es ahí donde cayó muerto mi hermano y otras dos personas salieron heridas”, narró Moisés Ocampo. Otros testimonios dicen que ese día los judiciales también hirieron mortalmente a la niña Elvia Solorio, quien falleció después. Elpidio fue detenido, aunque le concedieron permiso para asistir al sepelio de su hijo.
Los judiciales que actuaron en esa ocasión jamás mostraron orden de cateo o detención. Se vejó, golpeó y encarceló en la prisión municipal a los cívicos y miembros del CAP de Iguala Elpidio Ocampo Mancilla, Jesús Orduña Mejía, Raúl Hernández e Isaías Ocampo. Además, la policía robó bienes propiedad de la familia Ocampo por valor de 24 mil pesos. Ante estos hechos, tras salir de la cárcel, Elpidio consideró que ya no había condiciones para seguir viviendo en Iguala y se trasladó con sus hijos y esposa a Atencingo Puebla.
El Consejo de Autodefensa del Pueblo realizó grandes movilizaciones de protesta por la represión ejercida en contra de sus militantes y llamó a preparar la huelga cívica popular acordada el 23 de junio por la asamblea de los 16 pueblos del norte del estado. En el mismo tenor, hizo un mitin el 7 de agosto frente al monumento a la Bandera Nacional en Iguala.
Este hecho marcó otra etapa en la lucha, cuenta Antonio Sotelo: “Después de la vil agresión a la familia Ocampo en Iguala, Genaro empezó el acopio de armas de todos los calibres y el reclutamiento de elementos de otras partes de Guerrero, y estableció el cuartel general en casa de su tío Constancio Rojas en Acapulco”.
El 2 de agosto de 1966, junto con las firmas de José Bracho Campos, Roque Salgado y Pedro Contreras, habían difundido un desplegado en contra del gobernador Raymundo Abarca Alarcón, lo que para aquellos tiempos significaba un grito de guerra que podía desembocar en la muerte o el encarcelamiento de los disidentes.  
El 11 de noviembre de 1966, Genaro Vázquez Rojas fue detenido por la policía del estado de Guerrero a las puertas del local de la Central Campesina Independiente en la Ciudad de México. El líder cívico fue conducido directamente a la cárcel de Iguala.
Después de la masacre coprera del 20 de agosto de 1967 en Acapulco, el Consejo de Autodefensa del Pueblo de Guerrero presentó su análisis el 24 de agosto y tomó posición. Exigió la libertad de los presos políticos Genaro Vázquez, Antonio Sotelo, Pedro Contreras y Fausto Ávila. Firmaban el comunicado Roque Salgado por la LARSEZ; Donato Contreras por la Unión Libre de Asociaciones Copreras; Ismael Bracho por la Unión de Cafeticultores; Elpidio Ocampo Mancilla por el Consejo de Autodefensa de Iguala; Magdaleno Pino por el Consejo de Autodefensa de Atoyac; Pablo Orbe por el Consejo de Autodefensa de Tecpan, y varios más.
Un mes después de que Lucio Cabañas se remontara a la sierra, Genaro Vázquez -que estaba preso en Iguala- decide también integrar su primer comando armado con “Roque Salgado Ochoa, José Bracho Campos, Donato Contreras Javier y su hermano Pedro Contreras Javier, Filiberto Solís Morales -cuñado de Genaro-, Abelardo Velázquez Cabañas y Prudencio Casarrubias. Escogieron para campamento de entrenamiento la huerta de café de la familia Contreras de San Vicente de Benítez, en la sierra de Atoyac. Se hacían pasar como peones para la limpia de dicha huerta, siendo comisionado Roque como primer responsable y Bracho como segundo” comenta Arturo Miranda Ramírez en su libro La violación de los derechos humanos en el estado de Guerrero durante la “Guerra Sucia”; una herida no restañada. Genaro sugirió que integraran también al comando a Ceferino Contreras Ventura, padre de Donato y Pedro, por su experiencia y resistencia como trabajador del campo.
El 22 de abril de 1968, a las 11 de la mañana, el primer comando armado de la Asociación Cívica Guerrerense liberó a Genaro Vázquez Rojas cuando, fingiendo un dolor de muelas, era trasladado de la cárcel municipal de Iguala al centro de salud, custodiado por tres policías. El comando estaba integrado por el jefe Roque Salgado Ochoa, José Bracho, Filiberto Solís Morales, Abelardo Velázquez Cabañas, Ceferino Contreras Ventura y sus hijos Donato y Pedro.
“Este grupo, que llamábamos Comando Armado Vicente Guerrero, fue preparado para rescatar a sangre y fuego a Genaro de las garras del estado. Genaro planeó la estratagema siguiente: fingir un dolor de muela para que lo trasladaran a una clínica dental que se encontraba a unos 200 metros de la cárcel. El primer intento no dio resultado porque muchos niños que salían de la escuela Herlinda García estuvieron en peligro de perder sus vidas” escribió Antonio Sotelo.
La segunda vez, “cuando la policía conducía al compañero Genaro, el comandante Roque Salgado le marcó el alto y le ordenó que dejaran en libertad al reo, pero la policía en forma imprudente empezó a disparar contra los cívicos; el comando armado contestó el fuego y se trabó un tiroteo”, dice Sotelo.
Las cosas estuvieron así: “a las 10 y media de la mañana Vázquez Rojas salió de la prisión custodiado por el sargento de la policía urbana Librado Mendoza Espino y el policía José Rodríguez Flores, así como el agente de la judicial Maclovio Salgado Ocampo quienes fueron encargados de llevarlo al centro de salud. El enfrentamiento con la policía duró unos siete minutos”, dice la crónica de Orlando Ortiz, Genaro Vázquez, en Antologías temáticas II, editorial Diógenes.
El grupo, ya con Genaro, huyó en un automóvil a toda velocidad. Dos secciones del 49 Batallón de Infantería al mando del mayor Ángel Román León Pérez los persiguieron. Pero en el puente que se encuentra en la prolongación de las calles de Álvarez sólo hallaron un auto modelo 1963, marca Ford Galaxie, placas 70-70-B, azul oscuro, abandonado por los flamantes guerrilleros que huyeron a caballo por la orilla del río hasta llegar a la colonia Guadalupe y de ahí tomaron el camino a Huamaxtla.
En su huida, los cívicos cayeron en una emboscada que les tendieron los militares del 49 Batallón Infantería y se dio un sangriento enfrentamiento, el primero de la nueva guerrilla guerrerense.
En el tiroteo con militares, que tuvo lugar en Icatepec, Ceferino Contreras fue herido por un balazo que rebotó de una piedra y prácticamente le hizo pedazos la rodilla. Donato se quedó cuidándolo y lo cubrió con piedras para que no lo encontraran. Más tarde los soldados dieron con el herido y después de ser detenido en la cárcel le sacaron las esquirlas de bala que tenía en la rodilla. El enfrentamiento comenzó a las tres de la tarde y duró horas; ya estaba oscuro cuando todavía se escuchaban los disparos de los soldados.
El resultado final del rescate de Genaro fueron dos cívicos muertos, Filiberto Solís y Roque Salgado; dos heridos, Ceferino y José Bracho. Por parte del gobierno, dos policías murieron y no se supo el número de bajas por parte del ejército. Con los cívicos iban dos arrieros a quienes les habían rentado unos caballos; uno de ellos, Erasmo Delgado Salgado, también perdió la vida en el enfrentamiento, y al otro se lo llevaron detenido los soldados.
Genaro Vázquez, José Bracho -que iba herido-, Pedro Contreras, Abelardo Velázquez y Donato Contreras lograron escapar al cerco militar por caminos diferentes. A los pocos días se reencontraron en la sierra de Atoyac, en el punto conocido como El Triángulo. Es allí donde se realizó la reunión de fundación de lo que se denominaría en adelante Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR).
El 19 de noviembre de 1971 un comando de la ACNR secuestró a Jaime Castrejón Díez, rector de la Universidad Autónoma de Guerrero y gerente de la Coca Cola. Como rescate, la organización exigió la excarcelación de presos políticos y dinero en efectivo. Para esas fechas era gobernador Israel Nogueda Otero. Como logro del secuestro, el 27 de diciembre de 1971 fueron excarcelados y enviados a Cuba Mario Renato Menéndez Rodríguez, Demóstenes Onofre Valdovinos, Florentino Jaimes Hernández, María Concepción Solís Morales, Santos Méndez Bailón, Rafael Olea Castaneira, Ismael Bracho Campos, Antonio Sotelo Pérez y Ceferino Contreras Ventura. En diciembre de 1971, la ACNR liberó al rector y cobró el dinero del rescate.
El 30 de enero de 1972, agentes de la Dirección General de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia llegaron hasta el hogar de Elpidio Ocampo Mancilla, en Atencingo, Puebla, lo detuvieron y lo desaparecieron. Nunca más regresó a su casa. Desde entonces su hijo, Moisés Ocampo Delgado, dirigente del Movimiento Urbano Popular de Iguala (MUPI) y profesor de la escuela preparatoria 32, lo busca.
De acuerdo a los testimonios de los familiares ese día llegaron cerca de 15 vehículos con alrededor de 30 agentes judiciales vestidos de civil y fuertemente armados; llevaban detenidos a Jorge Mota González y Fausto Ávila Juárez quienes iban brutalmente golpeados, ellos fueron testigos de cómo torturaron a Elpidio Ocampo en las instalaciones de la Dirección General de Policía, en Tlaxcoaque, Distrito Federal.
El mismo día que detuvieron a Elpidio también cayó en manos de la policía Consuelo Solís Morales, esposa de Genaro Vázquez, junto con otros miembros de la ACNR, quienes fueron llevados primero a los separos de Tlaxcoaque y posteriormente al Campo Militar Número Uno. En los dos lugares, los detenidos fueron torturados. Luego todos fueron puestos en libertad salvo Ocampo, quien hasta la fecha está desaparecido. Su esposa, Reyna Delgado Moreno, recorrió varias corporaciones policiacas en el Distrito Federal, Puebla, Chilpancingo y Atoyac. También visitó el Campo Militar Número Uno y nada.
A los pocos días Genaro Vázquez Rojas murió en un accidente automovilístico, a las 2:55 horas del 2 de febrero de 1972, en el kilómetro 226 de la carretera México-Morelia. Tenía 35 años de edad.

domingo, 4 de febrero de 2018

Elpidio Ocampo Mancilla


Víctor Cardona Galindo
El 10 de septiembre de 1959, en la Ciudad de México, quedó constituida la Asociación Cívica Guerrerense (ACG) y se nombraron comisiones para recorrer el estado de Guerrero y formar los comités cívicos municipales. Se buscaba recoger las quejas del pueblo contra el gobernador Raúl Caballero Aburto para denunciarlas ante el gobierno federal. En el primer recorrido que realizó Genaro Vázquez Rojas por la entidad, se sumó en Iguala Elpidio Ocampo Mancilla, quien se convirtió en uno de los integrantes más destacados del movimiento cívico en esa localidad. El mitin realizado el 20 de abril de 1960 en la “ciudad de los tamarindos” le valió su primera orden de aprehensión.
Elpidio Ocampo Mancilla. Foto: Cortesía de la familia.

Elpidio Ocampo Mancilla nació el 4 de marzo de 1929 en la comunidad de Ojo de Agua municipio de Taxco de Alarcón Guerrero. En su juventud emigró a Iguala para dedicarse a la sastrería. Una vez integrado al movimiento contra Caballero Aburto, su domicilio de la calle Abasolo número Uno se convirtió en el cuartel general de “los cívicos”, que se reunían ahí para organizar manifestaciones pacíficas frente al palacio municipal.
La ciudad de Iguala fue uno de los bastiones más fuertes de los cívicos y estaba en pie de lucha permanente: todos los días se realizaban manifestaciones. Los caciques acusaron a Israel Salmerón, Elpidio Ocampo Mancilla y Enrique Bucio de intentar quemar el automóvil del presidente municipal Darío Arrieta Leyva, razón por la cual fue detenido Enrique Bucio.
El pueblo guerrerense se levantó en contra del gobernador Raúl Caballero Aburto por sus numerosos crímenes; los estudiantes mantenían tomadas las instalaciones de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) en Chilpancingo, donde una parada cívica con apoyo popular se mantenía a la expectativa, pues el ejército había sitiado las instalaciones universitarias.
El 30 de diciembre 1960, en la mañana, al electricista Enrique Ramírez le tocó la misión de colocar una manta entre dos postes de la red de electrificación en la avenida Guerrero, uno de los cuales estaba cerca del cordón militar que sitiaba a la universidad. Se dispuso a subir al poste para colocar la manta, pero un soldado le ordenó que no lo hiciera; Ramírez no le hizo caso y empezó a ascender. Apenas había subido dos metros, cuando el militar le disparó con su rifle por la espalda, a quemarropa. Una hora después, el electricista estaba muerto.
La noticia de este crimen se extendió por toda la ciudad, se echaron a vuelo las campanas de las capillas y de la parroquia principal para llamar a la gente e informarle de lo que estaba pasando. Una muchedumbre se congregó cerca del cordón militar y a los pocos minutos aparecieron sobre la calle principal tres pelotones con las bayonetas de sus rifles por delante. Saúl López López en su texto “20 años de lucha universitaria, el caso de la UAG” publicado Revista de la Universidad Autónoma de Guerrero, en abril de 1983 dice: “La idea del pueblo fue siempre la de defender el último reducto de libertad y democracia que representaba la universidad, por eso, cuando la multitud vio venir a los pelotones rumbo al edificio docente, surgieron voces que proponían no dejarlos pasar, y armándose con leños y piedras que encontraron a la mano, hombres y mujeres formaron una valla para detener al ejército; ya frente a frente, cuando se iba a iniciar el parlamento, desde atrás surgió un proyectil que desató el zafarrancho. Hubo muestras de verdadero valor y heroísmo, como el de la joven Virginia Juárez D., quien se enfrentó a un soldado en desigual lucha, ella con un leño y él con un máuser”.
Trabajadores en el inicio de la construcción de la escuela
 primaria de El Achotal, en febrero de 1969. 
Foto: Archivo Histórico Municipal.

La refriega duró escasos minutos, tiempo suficiente para que el ejército dejara un saldo de 16 muertos y 54 heridos, muchos ellos de gravedad. “La verdad es que el ejército disparó en contra de una muralla de más de 2 mil ciudadanos, que al tañido de las campanas de la iglesia Santa María de la Asunción, se habían congregado en la alameda Granados Maldonado a fin de protestar por el asesinato de un electricista que murió a manos de un soldado cuando subía a un poste para colocar un letrero de protesta contra el mal gobierno de Caballero Aburto”, comenta Mario García Cerros en su libro Historia de la Universidad Autónoma de Guerrero.
El 4 de enero se conoció la noticia de la desaparición de poderes y fue designado gobernador Arturo Martínez Adame. La Coalición de Organizaciones Populares se mantuvo unida y se convirtió en un cuerpo consultivo para el nuevo gobierno. Genaro Vázquez fue excluido por su radicalismo y en ese tiempo ayudó a instalar consejos populares en los municipios donde había alcaldes caballeristas, como en el caso de Atoyac.
Elpidio, sin duda uno de los dirigentes más reconocidos de la Asociación Cívica Guerrerense, fue comandante de la policía municipal en el consejo cívico que encabezó Israel Salmerón en 1961. Antonio Sotelo Pérez en su libro Breve historia de la Asociación Cívica Guerrerense, jefaturada por Genaro Vázquez Rojas nos recuerda: “El municipio de Iguala, por primera vez en la historia política de Guerrero, vivió un momento de verdadera democracia; las decisiones eran sometidas a discusiones con el pueblo, la policía municipal era designada a sugerencia de la ciudadanía. El comandante de esa corporación, Elpidio Ocampo Mancilla, fue nombrado democráticamente por una asamblea popular de igualtecos”.
Durante el periodo de Salmerón hubo paz y tranquilidad, se eliminó la inseguridad y se le dio protección a la ciudadanía. A eso se debió que terminaran su periodo administrativo.
En los primeros días del gobierno de Martínez Adame, “los cívicos, encabezados por Elpidio Ocampo Mancilla, Isaías Duarte, Enrique Bustos e Israel Salmerón… formaban brigadas de autodefensa; una de ellas la tenían comisionada en Chilpancingo, la cual estaba reforzada por cívicos de todas las regiones de Guerrero. Estas brigadas se encargaban de no dejar entrar al palacio de gobierno a los caballeristas destronados que buscaban la tablita de salvación”, dice Sotelo.
Un día, los principales caciques de Coyuca de Benítez y de San Jerónimo quisieron entrar al palacio de gobierno en Chilpancingo pero los brigadistas, seguidos de vendedoras del mercado que portaban canastas de tomates y zapotes prietos, lo impidieron. “Rosendo Ríos Rodríguez, principal cacique de Coyuca, sacó de inmediato una pavorosa 38 súper y avanzó hacia la puerta del edificio. Elpidio y el grupo de igualtecos le cayeron encima, desarmándolo al instante; las mujeres del mercado les pasaban las canastas de zapote y tomates a los muchachos para que los utilizaran en contra del rijoso”.
En la segunda mitad de 1962 ya estaba la campaña electoral por la gubernatura del estado. El candidato cívico José María Suárez Téllez inició su campaña el 19 de agosto de 1962 en Ixcateopan, ante la tumba que guarda los restos de Cuauhtémoc, acompañado por sus dos hijas, Genaro Vázquez Rojas, Blas Vergara, Lucio Cabañas Barrientos y 80 igualtecos. Después de depositar una ofrenda floral ante la tumba del último emperador azteca, los cívicos se dirigieron al zócalo del lugar, donde desplegaron mantas con leyendas en las que pedían “Sufragio efectivo. No imposición” y realizaron un mitin.
Las elecciones estatales fueron el 2 de diciembre de 1962, Fausto Ávila Juárez en su texto inédito “ACNR: trayectoria de una organización revolucionaria” señala: “la organización no tenía registro, situación que aprovecharon los colegios electorales controlados por el gobierno y, siempre favoreciendo al partido oficial, el resultado fue que los candidatos cívicos no fueron registrados, eran ilegales. La única rendija que les dejaron para entrar al juego electoral fueron las candidaturas independientes, cosa que aprovecharon postulando a candidatos independientes y llamando a votar al pueblo por ellos marcando y poniendo el nombre del candidato en el cuadro en blanco que aparecía en las boletas electorales. Esto significó una dificultad más, pues Guerrero es un estado con un alto índice de analfabetismo, por lo que los dirigentes tuvieron que enseñar a los electores a escribir el nombre del candidato. El resultado fue sorprendente, porque los candidatos cívicos ganaron las elecciones, pero el aparato gubernamental les negó el triunfo y nuevamente impusieron gobernador: un médico chilpancingueño que trabajaba en Iguala, desconocido políticamente, pero que estaba manejado por el secretario de la Presidencia de la República, el licenciado Donato Miranda Fonseca”.
La Asociación Cívica Guerrerense propuso entonces un movimiento para denunciar el fraude electoral cometido en contra del pueblo de Guerrero. Pero el 31 de diciembre de 1962 llegó el golpe contra los cívicos. En la madrugada de ese día se produjo una balacera frente al palacio municipal de Iguala, donde había una concentración. Cerca de 3 mil personas fueron rodeadas por la policía y el ejército a las 23:30 horas del 30 de diciembre. Tendido el cerco, buscó a los manifestantes Victorio López Figueroa, El Cabello, ex alcalde de Iguala, dos veces diputado local, regidor de policía y secretario de finanzas de la Liga de Comunidades Agrarias de Guerrero durante el gobierno del general Caballero Aburto. Pistola en la mano, retó a un duelo a muerte a Genaro Vázquez Rojas. Al no encontrar respuesta, hizo disparos al aire, que fueron la señal para que comenzara la balacera. El resultado: seis muertos, cuatro heridos y 156 detenidos.
El golpe asestado a la ACG fue bastante duro. Sus principales dirigentes cayeron presos o huyeron de Guerrero. Genaro Vázquez fue obligado a salir del estado, porque a él y a otros líderes los hicieron responsables de la matanza de Iguala. Suárez Téllez y 25 cívicos más fueron procesados por los delitos de homicidio, lesiones, disparo de arma de fuego y sedición. Poco a poco fueron dejándolos en libertad. Suárez Téllez fue el último en abandonar la cárcel.
Después de la masacre de Iguala, cuando los principales líderes cívicos entraron a la clandestinidad, “se incorporó un grupo de estudiantes y profesores normalistas guerrerenses que habían constituido un grupo político cultural en la Escuela Nacional de Maestros denominado Melchor Ocampo, entre los que estaban los hermanos Contreras Javier, de Atoyac; Demóstenes Lozano Valdovinos, de Tecpan pero radicado en Atoyac; los hermanos Bracho Campos, de Coyuca de Benítez; los hermanos Solís Morales, de Hidalgo y cuñados de Genaro Vázquez; Roque Salgado Ochoa, de Acatempan, municipio de Teloloapan; los hermanos Francisco y Raymundo Valenzo, de Chilpancingo, y otros”, dice Fausto Ávila.
El siguiente año, la ACG decidió estructurar su militancia por sectores. En la comunidad de El Ticuí, municipio de Atoyac, se fundó la Liga Agraria Revolucionaria del Sur Emiliano Zapata (LARSEZ) en un congreso que se efectuó los días 20 y 21 de marzo de 1963. Antonio Sotelo fue nombrado secretario general. Se organizaron los copreros, cafetaleros, arroceros y ajonjolineros.
Como la represión y persecución en contra de los cívicos se recrudecía, en 1965 Roque Salgado Ochoa y Filiberto Solís Morales comenzaron a formar los Comités Clandestinos de Autodefensa Armados en los municipios de Iguala, Tepecoacuilco, Chilpancingo, Atoyac de Álvarez y Coyuca de Benítez, bajo los lineamientos marcados por Genaro Vázquez.
Aún en la clandestinidad, Genaro se movía en todo el estado. El 20 de febrero de 1966 presidió el primer Congreso de Copreros Independientes en Coyuca de Benítez. Los maestros normalistas Ismael y José Bracho Campos, Filiberto Solís Morales, Roque Salgado Ochoa, Demóstenes Onofre Valdovinos, entre otros, eran el eslabón organizativo. El 6 de marzo de ese año Genaro realizó un mitin de la LARSEZ, organización que iba más allá de los límites que el régimen le imponía, pues planteaba el reparto agrario en Guerrero.
El 25 de mayo de 1966 la LARSEZ realizó su primer congreso en El Paraíso, donde Genaro Vázquez emergió como secretario del Consejo de Planeación Económica del Comité Ejecutivo de dicha organización.
En abril de 1966 se constituyó el Consejo de Autodefensa del Pueblo (CAP) que asumió el programa de los siete puntos: 1) Por un régimen popular de obreros, campesinos, intelectuales  patriotas y estudiantes. 2) Por la planificación científica de la economía. 3) Por el rescate de la riqueza minera. 4) Por el respeto de la vida política sindical y la ampliación de los derechos obreros. 5) Por el reparto de los latifundios. 6) Por la ampliación de la reforma agraria. 7) Por el desarrollo cultural del pueblo.

sábado, 27 de enero de 2018

Historia del Ayuntamiento XX y última parte


Víctor Cardona Galindo
En la calle Juan Álvarez, en lo que fue posteriormente la fábrica de hielo, elaboraban jabones de coco. Eran tiempos de prosperidad. El río daba peces de tamaños y peso que ahora no podríamos ni imaginar, muchos pescaban con dinamita. Con una moneda de plata de a peso se llenaba la canasta en el mercado y una coca cola costaba 50 centavos. Era una época hermosa, las parejitas de enamorados iban de la mano caminando hasta el arroyo Ancho y regresaban embelesados. Aunque para salir a dar serenata había que pagar 12 pesos al Ayuntamiento. Porque quien anduviera, por la noche en la calle, con una guitarra sin permiso era cliente de los gendarmes.
Aspecto de una danza prehispánica, que representa 
un sacrificio, montada en los años cincuenta por 
alumnos de la escuela primaria Juan Álvarez. 
Foto: Josefina Mesino Vélez

José Hernández Meza dice que “las corridas de gallo” en los años cincuenta, era llevar serenata a la novia, a la amiga o a quien se pretendía, “las calles por la noche alumbrada por la luz de la luna, o de perdida por la luz mortecina de un trasnochado foco con energía proveniente de la fábrica de El Ticuí”, se cantaban melodías como Despierta, Novia mía y Granito de sal.
En esos años también llegaba a la ciudad de Atoyac la industria de las palomitas, Medardo Reyes Gudiño venía de regreso de Estados Unidos y al pasar por Irapuato conoció la técnica para elaborar palomitas de maíz. “Cuando pasé por México sólo me traje una costalillita de 10 kilógramos, y fue el domingo 15 de mayo de 1954 cuando hice las primeras, quise sólo hacer para la familia pero no faltó alguien que se dio cuenta y por ser estas una ‘maña’ (antojo) que por aquí no había me acabé un kilo de maíz en ese momento, y dije… ¡Pos! Aquí está el asunto y en forma ya, me ubiqué en el corredor de la casa de mi padre al lado oriente del mercado actual… Al principio 10 kilos a la semana volaban… tenía que enviar giro telegráfico a la Ciudad de México para que me mandaran maíz en paquetería, hasta que le pedí a Adán Quiñones que me trajera esta materia prima, ya que Adán iba constantemente a México… ¡antes no se iba a México como ahora, era raro que alguien fuera, y ya trayéndome Adán el maíz todo era más fácil”, le contó don Medardo a Rubén Ríos Radilla.
Las plantaciones de café se extendían a 8 mil 604 hectáreas, el desarrollo de la infraestructura se dejó sentir casi de manera inmediata, pero también la ambición y conflicto por todo los que huela a café. El 17 de diciembre de 1954 se organizó una asamblea de comisarios ejidales en Río Santiago, para solucionar el problema del reparto de las cosechas de las huertas madres, 340 hectáreas sembradas de café que fueron propiedad de Germán Gómez, Salvador Gálvez, Andrés y Gabino Pino González ubicada en La Soledad y El Porvenir, que venían cosechando las autoridades agrarias de San Vicente de Benítez. Se dijo que el presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines, ordenó el reparto de la cosecha, de las huertas mencionadas, entre las 21 comunidades agrarias.
Ya para entonces los Sanvicentes se convirtieron en el corazón de la sierra. San Vicente de Benítez era el centro del poder, ahí vivían los Cabañas herederos del agrarismo, había tiendas y cantinas. En San Vicente de Jesús don Juan Javier de Jesús, quien trabajaba como comisionista de Miguel Ayerdi, instaló un primer beneficio de café.  Se construyó una infraestructura con despulpadora, tanques para lavar el grano, sifón y patio para secar.
Se despulpaba por las noches, recuerda Lucio Javier Aguilar, a otro día se lavaba en los tanques, lo pisoteaban sacaban toda la cáscara y lo iban poniendo a secar. Ya seco lo traían para Atoyac, en un camión maderero al que llamaban El Cerro Alto. El primer chofer fue Sergio Delgado y trabajó para Juan Javier quien también fue el primero en meter un carro a San Vicente de Jesús. Fue en 1955 cuando se inauguró también la brecha a San Vicente de Benítez y la camioneta de Enrique Villalba fue la primera que entró, luego haría el trabajo de transporte las Líneas Unidas del Sur. Antes de eso la comunicación la hacían los arrieros que llevaban cerveza corona y superior, refrescos de naranja y coca cola a la sierra. En Los Valles una mujer por poco se arranca el labio al querer abrir un jarrito con los dientes.
El primero de enero de 1955 tomó posesión la Comuna municipal encabezada por Jesús María Serna Vargas, que estaría el bienio 1955-1956. La integraban también Trinidad Vega Astudillo como síndico y como regidores: Samuel Santiago Díaz; Demetrio Castro Girón, Rosendo Radilla Pacheco, Antonio Paco Leyva y la profesora Genara Reséndiz de Serafín primera mujer que ocupaba un cargo de ese nivel porque apenas se había instaurado el voto femenino, después de ella 30 mujeres han ocupado una regiduría, hemos tenido dos presidentas municipales y dos sindicas procuradoras. También tres mujeres han llegado a la diputación local: María de la Luz Núñez Ramos, Guadalupe Galeana Marín y María de los Ángeles Salomón Galeana.
El gobernador del estado ingeniero Darío Arrieta Mateos, arribó a esta población a las 10 de la noche del 14 de febrero. Fue recibido por las autoridades municipales encabezadas por Jesús Serna Vargas y los alumnos de las escuelas primarias, también se le ofreció un suntuoso baile en la terraza de la casa Onofre Quiñones. Al día siguiente el primer mandatario visitó la fábrica de hilados de El Ticuí, que para ese tiempo ya enfrentaba la falta de materia prima. Desde los años cuarenta los campesinos dejaron de sembrar algodón para sembrar palmas de coco.
También el 15 de mayo a las 12 del día, en un evento amenizado por la orquesta Hermanos Chinos de Espinalillo, se inauguró la escuela primaria federal Herminia L. Gómez en la calle Juan Álvarez Norte. Al acto asistió el director de educación federal en el estado Aurelio C. Merino, el diputado local Jesús Galeana Solís, el compositor José Agustín Ramírez y el presidente municipal Jesús María Serna Vargas.
Herminia Gómez Loranca fue directora de la escuela de niñas, antes de que se fusionara con la de niños para crear la escuela primaria Juan Álvarez. La maestra Herminia formó muchas generaciones de atoyaquenses, en agradecimiento a su labor las autoridades impusieron su nombre a esa escuela primaria.  Nació el 23 de junio de 1871, fue hija de Cayetano Gómez y de María de Jesús Loranca. Según Wilfrido Fierro hizo sus estudios en la ciudad de Chilapa, en un colegio católico, graduándose como maestra. Fue educadora en escuelas primarias de Atoyac, San Jerónimo y Tecpan. Falleció en 1926.
A pesar de que había muchas obras de beneficio social, el 20 de mayo fue desaforado el presidente municipal constitucional Jesús María Serna Vargas, por acuerdo del cabildo, quedando en su lugar el líder campesino Rosendo Radilla Pacheco quien se mantuvo en el puesto por 15 meses y al ser destituido por el gobernador, asumió el cargo el dentista Segundo de la Concha y éste también fue relevado por José Ortega Granados para terminar el periodo. Cuatro presidentes en dos años.
Ese año llovió mucho, una fuerte turbonada ciclónica, un tapaquigüe decían los viejitos, azotó la el 7 de julio que ocasionó el desbordamiento del río y arroyos. La carretera Acapulco-Zihuatanejo quedó destrozada en El Zapote, Los Cimientos, Zacualpan, Santa Rosa, Alcholoa y en el arroyo El Japón. Las aguas del arroyo Cohetero, que atraviesa la ciudad, se salieron de cauce, inundando las calles de Reforma, Victoria, Francisco I. Madero y Juan Álvarez. El arroyo alcanzó dos metros de altura en el consultorio del doctor Antonio Palós Palma y en el cine Álvarez hasta tres metros afectando el mobiliario y la pantalla.
José Ortega Granados, empresario del cine, y el doctor Palos perdieron muchos objetos de valor que fueron arrastrados por la corriente, de igual forma le pasó a María Vargas que vivía frente al cine. Los pueblos del bajo como San Jerónimo, Las Tunas, Los Arenales, Hacienda de Cabañas y La Sidra sufrieron serias inundaciones, casas, siembras y ganado fueron arrastrados por las aguas del enfurecido río Atoyac.
En la sierra no paró de llover y los ríos se mantuvieron bien crecidos. La maestra de la escuela Antonio Nava de Catalán, de Plan de la Delicias, María Dolores Catalán se ahogó el 13 de septiembre de 1955. Vino a traer una bandera a San Vicente de Benítez el 12 y de regresó el 13 a las 9 de la noche cruzaba el río por un puente hamaca de bejuco. Era una noche de luna e iba con Pedro Guzmán Sandoval, pero se rompió el puente hamaca y se los llevó el río. Gente de Los Piloncillos, Plan Grande y las Delicias fueron a buscarla. La encontraron Adán Sandoval y Pedro Bernal Cruz, ya sin vida a un kilómetro de distancia, en el lugar llamando El Paso del Guarumbo. La trajeron a Puente del Rey y ahí la sepultaron. Con el tiempo sus familiares se llevaron los restos a Palo Blanco de donde era originaria.
El 17 de septiembre los fuertes aguaceros causaron inundaciones en los poblados del bajo entre ellos El Tomatal, donde las familias emigraron a partes más altas para protegerse. Dos meses después arribó a esta población el gobernador del estado Darío Arrieta Mateos, fue el 22 de noviembre, vino a supervisar los trabajos de reparación en la carretera nacional Acapulco-Zihuatanejo destrozada por las lluvias que azotaron la región.
Se instaló en esta ciudad, el 3 de diciembre, la sucursal del Banco del Sur, S.A. con matriz en la ciudad de Cuernavaca Morelos fungió como gerente Donaciano Luna Radilla y como cajero Hermilio Carrillo Ruvalcaba. “Gran significación representa esta institución en Costa Grande por ser la primera, a que vendrá a beneficiar los servicios financieros del comercio y la industria”, comentó el cronista de la ciudad.
José Guadalupe Ríos Arzeta instaló el primer expendio de gasolina en Atoyac en 1955, su primo Guillermo Arzeta le financió para comenzar una pipa que le cabían 15 mil litros. Ese primer puesto de combustible estuvo sobre la avenida Juan Álvarez en el lugar que se conoce como El Tamarindo y el litro de gasolina costaba 45 centavos.
La familia Ríos vivía en las últimas casas, de ahí  eran puras palmeras, luego estaba un guamil y se formaba una lagunilla. Eran muy pobres “Comían frijolitos en conchas de sirian”, recuerda Antonio Ríos, luego se pondrían de moda las ejecuciones en La Trozadura, le llamaban así a las inmediaciones del Rancho de los Coyotes donde se trozaba la carretera cada temporada de lluvias.
En ese tiempo había pocos carros entre los que destacaban una “chevrolita” blanca. Los vehículos se prendían con cran y tenía uno Melitón Fierro. Circulaban puras camionetas Chevrolets y Willis. Luego el expendio de gasolina se fue más cerca de la salida. Donde había un llanete, ahora está ahí el hospital y la escuela secundaria. Comenta Antonio Ríos que Ramón Sarabia manejaba un Ford viejo en el que acarreaba concha de coco. También tenían vehículos Antonio y Benjamín Solís. Hicieron su aparición los primeros taxistas: Concho Fierro y el Cuate Santiago en Atoyac y en San Jerónimo estaban El Indio y El Palmolive, costaba un peso el viaje de Atoyac a San Jerónimo. Los taxis eran puros coches Chevrolets grandes.
Por cierto en 1955, el presidente municipal Rosendo Radilla Pacheco, compró ya usado el primer camión de volteo para el servicio de limpia. Entre las obras construidas durante la corta gestión de Rosendo Radilla están los primeros cuatro puestos del mercado municipal, construyó el cuartel militar que estaba ubicado en El Calvario. Rosendo tampoco terminó el periodo constitucional ya que fue depuesto el 31 de agosto de 1956 por órdenes del gobernador con quien no tenía buenas relaciones.
Contaba don Inés Galeana Dionicio que un día llegaron varios costales de maíz enviados por el gobernador Darío L. Arrieta Mateos para repartirse entre la gente más pobre. Pero cuando Rosendo Radilla lo estaba repartiendo en el corredor del Ayuntamiento, llegó el primer mandatario de la entidad diciendo que se habían equivocado y que el maíz no era para Atoyac. Rosendo ya había abierto cuatro sacos por ello el gobernador le dijo que repartiera los que ya estaban abiertos. A lo que el alcalde contestó “hágalo usted señor gobernador, la gente se va a sentir mejor si lo recibe de sus manos”. En eso llamó a sus subalternos y se retiraron del lugar dejando al gobernador solo con la gente que exigía se le entrara el maíz.
Otra ocasión llegó un comandante enviado por el gobernador, pero don Rosendo se fajó el pantalón y la pistola, ese tiempo los presidentes la portaban fajada al cinturón. No lo aceptó porque él ya tenía un comandante. Le dijo al enviado que podía quedarse pero que le pagara el que lo mandó. “Rosendo no se sometía ante el gobernador, tenía lo suyo”.
Emilio Barrientos Gudiño recordó que cuando fue presidente municipal don Rosendo Radilla vendía una vaca o una mula para pagar los sueldos de los empleados, pero no dejaba que se fueran sin nada a sus casas. La maestra Lupita Nogueda dice que la administración Radilla fue de puertas abiertas, “con él no andaba uno pidiendo audiencia, pasaba uno directo”.