viernes, 15 de diciembre de 2017

El Santito


Víctor Cardona Galindo
El rito comienza cuando el sacerdote Rafael Valencia reza en cada Estación representada por pequeños grabados que cuelgan en las paredes de la parroquia Santa María de la Asunción. La concurrencia sigue en coro la oración, mientras los miembros de la hermandad “Jesús de Nazaret”, que se identifican por sus playeras azules, lo siguen con una cruz de madera, representando así el recorrido de Cristo al monte Calvario.
Una mujer con sahumerio y sirio, delante
 la imagen de Jesús de Nazaret después del
 Viacrucis, con sus 14 Estaciones, cale de la
 parroquia para realizar el recorrido por
la ciudad de Atoyac que dura 41 días. 

Foto: Víctor Cardona Galindo.

Después del viacrucis con sus 14 Estaciones, sale de la parroquia la imagen de Jesús de Nazaret para realizar su recorrido por la ciudad de Atoyac que durará 41 días. Comienza el primer viernes de cuaresma y termina el Jueves Santo.  Fausto Hernández Meza filma y filma con su cámara de video desde hace 22 años está presente en esta actividad, no me imagino una procesión sin Fausto, es parte de la tradición misma.
El cortejo camina lento, la patrulla 001 del departamento de tránsito va al frente, su director Pedro Rebolledo Málaga, dicta las órdenes a su gente, mientras la escultura de madera, que mide aproximadamente dos metros y que representa a Cristo, es sacada lentamente de la parroquia. Dos miembros, de la familia que la va a recibir este día en su domicilio, caminan al frente con un sirio grande encendido y el sahumerio humeando oloroso a copal. Seis cargan la imagen, que va empotrada en una mesa de madera, son miembros de la hermandad y de la familia que le dará asilo por esta noche y el día siguiente.
Desde los años treinta del siglo pasado hasta el 2000 era el Santo Entierro el que recorría la ciudad durante la cuaresma. Dos músicos: uno con tambor y otro con una flauta de carrizo lo seguían en su peregrinar y estaban casi toda la noche tocando en el domicilio donde lo recibían. Esa tradición quedó atrás, ahora es la imagen de Jesús de Nazaret, quien recorre las calles y peregrina toda la cuaresma.
El “Santito” como le llama la gente es lo más importante que existe para la ciudad de Atoyac en este periodo y son “mares” de gente que lo sigue en su recorrido por 40 domicilios y una capilla. Durante los últimos años la limosna que recogen en el peregrinar de El Santito está destinada para construir los salones parroquiales “se juntan como cincuenta mil pesos, en 41 días” dice un allegado a la tradición. Ya la obra de los salones parroquiales va muy avanzada.

Perdón, Perdón
Dios mío, perdón

Así comienza el camino y peregrinar de la imagen de Jesús de Nazaret. Isaac Rendón Reyes, nuestro querido “Chaca” es portador de una bandera morada y va al frente de la procesión. El Santito lleva una túnica morada, envuelto en una capa color oro. Niñas vestidas de vírgenes, niños, de angelitos y de San José, hacen filas a su alrededor. Los miembros de la hermandad identificados por sus playeras azules y la cara de Cristo estampada en la espalda, dan orden al cortejo.
La Hermandad de “Jesús de Nazaret” la integran 23 miembros que se encargan de la liturgia, el orden y de cargar la imagen. Para integrarse a la hermandad “hay que cumplir con los sacramentos” dice su presidente Cutberto Santiago Nogueda, quien no deja pasar ningún detalle del rito y no permite fallas durante la procesión.

Un nuevo mandamiento
Nos da el señor
que nos amemos todos
como nos ama Dios.

El sahumerio despide humo y olor a copal. Bajan la imagen en la esquina de Miguel Hidalgo y Juan Álvarez, se cambian los que cargan. También Fredy Magaña se suma a la filmación y se abre paso entre la gente iluminándolo todo con sus potentes reflectores. La multitud camina tras Jesús de Nazaret, llevando flores hechas de papel maché, blancas, azules y moradas, todos van por la avenida cantando. Cada año las familias que reciben El Santito se las ingenian y le ponen talento a la elaboración de las flores, a veces son de tul, otras de papel crepé, algún material reciclado, lo importante es que se vea bonito.
Al llegar al puente del arroyo cohetero otra vez descansan los que cargan, una vecina sale y con un atomizador baña de perfume a la imagen por el frente y los costados. Luego la procesión sigue su camino, como todos los años 40 familias lo reciben en su casa. Son 40 hogares que se llenaran de regocijo y de fervor religioso.
Para recibir al Santito hay que anotarse con un año de anticipación, el Jueves Santo se hace el sorteo y de mil 200 familias que se anotan únicamente 40 tienen la gracia de recibirlo, porque un día El Santito visita un capilla, de una colonia que haya salido agraciada, en el sorteo este año estará en la colonia Pindecua.
La familia que lo recibe se obliga a ponerle una túnica nueva, hacer las flores y repartir los sirios a los peregrinos. Dar la comida al recibirlo y el atole al siguiente día.

¡Oh! padre Jesús
¡Oh! padre querido
Me pesa señor
Haberte ofendido.

Y todos corean…

Perdón, Perdón
Dios mío, perdón.

El Santito ya caminó por las calles: Palmas, Aquiles Serdán, pasó por El Arco de la entrada de Atoyac, luego Antonio Caso, Antiguo Campo Aéreo. La patrulla 001 de departamento de tránsito va por delante, Isaac Rendón Reyes, El Chaca, al frente marca las rutas. El Santito hora va vestido con túnica blanca y una capa roja.
El dulcero va hasta atrás del contingente llevando su carrito de dulces muy tranquilamente escuchando los rezos, él sonríe. También va la que vende chicharrones y palomitas. Este dulcero, es ya parte del paisaje del zócalo de Atoyac, siempre está cerca de la comandancia con su carrito de chicles, dulces y cigarros, solamente el sol hace que se mueva de lugar y en la cuaresma sigue al Santito.
Pero volviendo a la procesión, muy atrás del contingente va la patrulla de Protección Civil. Me voy dando cuenta que esta parte de la ciudad, por la calle del Antiguo Campo Aéreo, hay casas muy bonitas. “Comen con mantequita los de por aquí”, diría mi tía Carlota Galindo.
Va el contingente coreando los cantos, algunos llevan velas en las manos, siguen al Santito que levanta en parte una gran nube de polvo por Insurgentes.

Señor…
Me has mirado a los ojos
Sonriendo has dicho mí nombre
En la arena he dejado mi barca
Junto a ti buscaré otro mar.

Por la bocina se escucha a una monjita que reza el rosario y todos repiten a una sola voz. Para tener éxito aquí y sentirse integrado hay que conocer los rezos y los cantos. Algunos van en silencio, no dicen nada, únicamente siguen la imagen, a donde los lleve este día.
Pasando por la parota de Insurgentes, que los vecinos no quieren que tiren porque es centenaria y pasando por donde alguna vez se apareció la virgen de Guadalupe en un ahuejote, va risueño Juan Manuel del Carmen Valencia, orgulloso dice que nació en El Paredón y que es bolero, “el mejor de los boleros”. Él nunca falla en El Santito, así ande crudo, siempre va, por la gracia de Dios tiene 29 años boleando en el zócalo y yendo al Santito. Muchos entran y se salen de la boleada él se mantiene.
La procesión quiebra por Emiliano Zapata y llega a la calle Silvestre Castro en la colonia Acapulquito. La familia que lo recibió adornó la casa con colores vivos y la calle con papel picado, Jesús de Nazaret se queda un rato en la calle luego los de la hermandad lo meten al domicilio donde pasará la noche.
Ya que se colocó El Santito en el altar entonces comienza la celebración a las ocho de la noche en punto. Los de la familia de la casa se reúnen para recibirlo. 
Como hormigas aparecen los vendedores de cubitos, de agua, de bolis, cremas, palomitas y chicharrones. En fin Jesús de Nazaret para todos da. Al llegar la familia otorga un nuevo vestido. Ahora la imagen tiene una túnica dorada.
Después de la celebración la gente se congrega para recibir un plato de pozole y un vaso de agua de Jamaica, hay hasta para llevar.
Entre los comentarios con los peregrinos, que se alejan después de cumplir con la misión del día, viene el recuerdo: “Al frente de la hermandad estuvieron antes Juan Barrientos que duró dos años y Antonio de la Cruz la encabezó trece años, lo quitó el padre Rafael Valencia. Antes el párroco no se metía con la hermandad y estaban en el cargo hasta que Dios los llamaba. Pero Rafael Valencia salió enérgico, en el 2001 quitó de un tajo la tradición del Santo Entierro”.
Los viejos miembros de la hermandad recuerdan aquel trágico día, un Jueves Santo, que el circo “Kimba” se quiso adueñar del atrio de la Iglesia, los de la hermandad se opusieron y llegaron hasta los golpes con el dueño del circo, salió golpeado el señor David Rebolledo Hipólito, al día siguiente el circo abandonó el lugar, fue el último año que estuvo el padre Isidoro Ramírez al frente de la Parroquia. En ese tiempo “Atracciones Rosales” apoyó con recursos económicos para la construcción de la iglesia, a la que hasta la fecha le falta una torre: “Es aún una parroquia incompleta”.
Y ya entrados en remembranzas vamos a recordar lo que dice uno de nuestros cronistas Eduardo Parra Castro, “Don Yito” en su texto “Semana Santa en Atoyac” sobre ésta tradición él escribió que al principio del siglo pasado “se velaban cuatro Santos, la feligresía era muy devota ya que en la Cuaresma la mayor parte de la población asistía a las ceremonias religiosas, empezando el Domingo de Ramos que sacaban a San Ramón en procesión; era un Santo montado en un burrito, la procesión se hacía llevando ramas o palmas en la mano y se recorrían las principales calles de la ciudad”
Para que queden más claras las cosas es necesario enfatizar aquí que, según lo dicho por nuestros abuelos, en el pasado el pueblo de Atoyac se dividía en cuatro barrios: La Tachuela, Los Toros, Bajial Grande y Bajial Chico. En ese tiempo cada barrio tenía su santo que veneraban en la Semana Santa.
De ahí lo escrito por Don Yito. “Todos se velaban en la Semana Mayor ya que con anticipación se hacía la rifa de los mayordomos, personas encargadas de velarlos en sus casas y correr con todos los gastos como se hace en la actualidad, siguiendo la costumbre de dar comida y el atole del Santo o sea atole de achiote, herencia que nos dejaron los cuitlatecos”.
Aquí aclaro que al “atole de Santo” como le dicen se le pone un polvito del fruto de un árbol que se llama achote o achiote. Por eso hay un pueblo en la sierra que se llama El Achotal, porque en sus alrededores abunda este árbol. La gente manda con tiempo a encargar el achote para tenerlo listo para el día que le toque El Santo.
 Don Yito nos dice que “Los Santos eran: el Cristo de la paloma por tener una con las alas extendidas en la cabeza; el de tres potencias que tenía tres resplandores, dos por cada lado y uno en medio de la cabeza, y el otro Santo permanecía en la Capilla del Cerrito que se encontraba al final de la calle del Bajial Grande; al último le llamaban Inocencia, que cuentan es el actual Santo Entierro que permanece en la iglesia y sacan a velar en Semana Santa. El Jueves Santo se recogían todos los santos, después de misa a las 10 de la mañana salía la procesión de los Cristos que era la procesión más esperada por que sacaban a todos los Cristos en hombros de los feligreses”.
De lo escrito por don Yito sobre la Semana Santa se desprende que la tradición de venerar estos cuatro santos se terminó en la primera década del siglo XX, durante la Revolución que todo cambió: “la federación del centro, combatiendo a los revolucionarios, tomó la plaza de Atoyac, la tropa cerró la iglesia y la usaban como caballeriza, el sacerdote encargado de la misma tuvo que repartir los Santos en casas particulares. En esas circunstancias el párroco tuvo que ausentarse del lugar y se olvidándose por el momento de los cultos religiosos, hasta que mandaron nuevo párroco que vino a poner orden a la iglesia cambiando el sistema de las celebraciones de Semana Santa; ya no velaron los cuatro Santos, solo uno el que permanece en la iglesia y es el que velan hasta nuestros días, de los demás Santos no se sabe dónde quedaron”.
Deduciendo de lo que nos dice en su crónica Eduardo Parra, concluimos que la tradición de hacer la procesión y de velar en Santo Entierro surgió después de la Revolución práctica que cambió con la llegada del padre Rafael Valencia el año 2000.

Perdón… ¡Oh Dios mío perdón
Perdón con indulgencia
Perdón y clemencia
Perdón y piedad.

Pero ya plantados en nuestros días El Santito con su túnica dorada ahora va por la calle Juan Álvarez al Norte de la ciudad, por la escuela primaria Herminia L. Gómez. Las mismas caras de ayer. Los mismos devotos. Los miembros de las familias tradicionales de mi ciudad, ir al Santito es ver el rostro de Atoyac, compartir con la alegría y la fe de su gente. A los lejos se ve el lucerío que camina tras la imagen que al andar mueve la mano izquierda envuelta en el humo del copal. En Atoyac todas las épocas del año tiene su olor, el día de muertos huele a cempasúchil, a tamales “nejos” y frito de “cuche”; diciembre a pólvora y a pollo. Y la cuaresma a copal y a pozole.

Pues padeciste
Por amor nuestro
Jesús bendito
Seas mi remedio…Reza el coro.

Juanito Gómez el ex panguero va adelante con los candelabros. El recorrido es largo, sin embargo nadie se amilana, todos siguen, haciendo escalas donde hace cruz el camino, como en la calle Cafetal esquina con Juan Álvarez.
Miguel Castillo va vestido de verde olivo con su guitarrita de juguete y un garrote más grande que él.
La cuesta es dura subiendo cerca de la escuela primaria Plan de Ayutla hasta el corazón de la colonia Juan Álvarez, los perros ladran sorprendidos al ver pasar la multitud. La señora que reparte el periódico El Objetivo a pie en toda la ciudad, no se cansa, por la tarde sigue al Santito hasta donde vaya, este día de la calle Silvestre Castro hasta el final de la ciudad. Muchos van con fe, los menos por el olor a pozole. Se hacen 15 estaciones en el camino, ya para estas fechas, en el recuerdo quedó el carrizo y el tambor que alguna vez acompañaron al Santo Entierro. Al fin llegamos hasta la última casa de la ciudad. Los de la hermandad contienen la multitud con una cuerda blanca. Los peregrinos se regresan en grupos antes de la celebración. Por la inseguridad no es para menos. El miedo no anda en burro, viene a caballo y nos arrolla a todos.

Perdona tu pueblo señor
Perdona tu pueblo
Perdónale señor…

Los niños vestidos de angelitos, con sus alas y su corona dorada, con una cruz al frente. La gente sostiene sus velas y para no quemarse usa hojas de almendro para detener la parafina, otros usan vasos de unicel para protegerse las manos.
El Santito va por la calle Independencia, la gente lleva flores de papel crepé, blancas, moradas y azules. Todos cantan, enfilan por la calle Galeana de la Colonia Sonora, luego por Obregón hasta llegar donde la familia lo recibe, la calle está adornada con plástico picado formando dibujos del Cristo Crucificado, el Santísimo y la paloma. En éste que será su hogar, por hoy, vistieron a Jesús como la imagen tiene el Señor de la Misericordia, es azul, rojo y blanco el altar, con una muy especial combinación de colores.
Después de la celebración la gente pasa a tocarle la mano, a tocarle la frente y pedirle en susurros “señor te encargo a mis hijos”, “Mi salud señor, que mejore”. Le gente pide que lo cuide este año, las cosas no andan muy bien y los hijos van al trabajo, viajan salen a divertirse, todos estamos azorados. Jesús de Nazaret escucha inmóvil, “aquí andamos señor detrás de ti, como todos los años mientras me prestes la vida”. Afuera la mayoría se preocupa por alcanzar el mejor lugar para la repartición del pozole y poco a poco el olor a orégano lo impregna todo.



jueves, 14 de diciembre de 2017

Historia del Ayuntamiento XVI


Víctor Cardona Galindo
El año 1951 ocurrieron dos acontecimientos cruciales que se grabaron para siempre en la memoria de éste municipio, primero sucedió aquella desgracia que dejó uno de los corridos más cantados, la muerte de Claudio Bahena, mismo que fue considerado por algunos académicos como un himno a nuestra tierra, porque en los años setentas y ochentas se escuchaba en todas las sinfonolas del rumbo, en voz del dueto Bertín y Lalo.
El profesor Rómulo Alvarado fue 
normalista egresado de Ayotzinapa 
en 1935 además de ejercer como 
maestro, fue contador y cajero de 
la Cooperativa de la fábrica 
de Hilados y Tejidos Progreso del 
Sur. Foto: tomada de una publicación
 de la época.

Otro acontecimiento fue la muerte, en un accidente aéreo, de Enedino Ríos Radilla gerente de la fábrica de hilados y Tejidos “Progreso del Sur Ticuí y de su cuñado el contador Rómulo Alvarado Pacheco, acaecida a finales del año en la sierra del Distrito Federal. Este suceso cerró una etapa en la historia del Atoyac que comenzó en los años veinte. Murió uno de los líderes obreros más comprometidos y más claros, heredero de la tradición de Juan R. Escudero, Amadeo Vidales y Feliciano Radilla.
Que el corrido de “Claudio Bahena” se haya vuelto tan famoso y escuchado se debe a la pasión y los acordes pegajosos que el dueto Bertín y Lalo le puso al cantarlo, porque Claudio Bahena acá era un desconocido, no se le saben acciones de valor, no tenía familia era “frastero” como dicen los viejitos, y en un pueblo donde se componen muchos corridos de asesinatos a cada momento, fue el de la muerte de un desconocido el que más pegó, porque sigue siendo de los corridos más famosos, junto a los de Lucio Cabañas Barrientos.
“Quiero presten su atención mis camaradas /por un momento voy a darles a saber /la triste historia que pasó en el mes de agosto /yo con tristeza y con dolor les cantaré.
Era un día jueves, un 30 como a las tres /cuando la muerte se acercaba de un amigo /pues ahí se hallaba tomando Claudio Bahena /en Atoyac, con un hombre desconocido”.
Custodia Fierro Chávez era una niña que vivía por El Paredón, cuando muchos chamacos curiosos pasaron corriendo a ver dónde estaba el muerto. Era el 9 de agosto de 1951, ella también quiso ir pero su mamá no la dejó. A sus ya más de 70 años recordaba con mucha nitidez el momento en que encontraron muerto a Claudio Bahena y su amigo Raymundo Barrientos lo fue a reconocer.
Ese crimen fue muy comentado y afectó mucho a la población porque Claudio “era amigo del amigo”. Llegó a vivir al Rincón de las Parotas e hizo una casita a la entrada del pueblo, todavía está una palma que sembró y quedó de recuerdo. Era un buen músico, le gustaba la bohemia, tocaba la guitarra, y Onésimo Barrientos lo acompañaba con el violín. Los dos tacaban en los velorios y en las fiestas, era muy amigo de todos. Por eso lo sintieron mucho cuando aquel desconocido lo asesinó.
Claudio Bahena vivía solo y tenía milpa en el Plan del Guayabal, ahí quedó quemada la tierra que había preparado para sembrar su maíz. “Tomó el camino de la sierra pa´ su casa /porque él vivía en ese barrio del Rincón /el pobrecito ya no llegó a su dichosa /lo asesinó ese hombre infame sin razón”. Don Onésimo Barrientos recordaría al final de su vida que el asesino lo ahogó en uno de los brazos del río que están cerca de lo que ahora es la colonia El Chico. Ya tenía tres días perdido cuando lo encontraron y su cuerpo estaba blanco y todo comido por los peces.
Las autoridades lo jalaron a la orilla del río y dispusieron que ahí mismo fuera sepultado, donde estaba el árbol de chico que le da el nombre a la colonia que se fundó después en ese lugar. Hasta antes de la apertura de la carretera por ahí subía el camino que iba a la sierra y la tumba quedó visible. Durante mucho tiempo dio miedo pasar por esos solitarios lugares porque se decía que el muertito espantaba.
“Se fue Raymundo donde dijeron que estaba /a conocerlo porque estaba muy deforme /dice Raymundo a conocerle que él era /Dios te perdone ahijado Claudio Bahena.
Recibió parte el municipio de Atoyac /fue el comandante y otros cuantos federales /ellos dijeron que ahí fuera sepultado /que era imposible que al camposanto llegare.
Vuela calandria de las alitas azules /vete a Morelos pero regresa prontito /vas y les dices a los padres de Bahena /que su hijo se haya sepultado al pie de un chico”.
En El Rincón de la Parotas no supieron cuál fue su otro apellido. Sólo que se llamaba Claudio Bahena y que era de Morelos, tenía dos años que había llegado a la comunidad. Era flaco, por eso la “palomilla” le decía que se lo iba a llevar el viento.
Don Onésimo Barrientos, a sus 96 años, recordó que en ese tiempo no había carretera sólo caminos de herradura. Para venir a la sierra caminaban por toda la orilla del río y encumbraban por donde estaba el chico. Aunque en ese tiempo ya estaban trabajando en la apertura de la carretera porque Raymundo Barrientos quien fue a reconocer el cadáver andaba trabajando en esa obra.
Otros datos que recuerda la gente es que antes de salir de la ciudad, por donde ahora está la colonia Herminia L. Gómez, vivía precisamente la familia Gómez quienes invitaron a Claudio a quedarse a dormir porque ya andaba borracho y estaba lloviendo. Al comandante Leocadio Pino Ríos le tocó recoger el cadáver de Claudio Bahena. Pino Ríos fue comandante de la policía urbana en 1951-1952, 1953-1954 y una parte de 1955 porque ese año hubo cuatro comandantes. El Coco Pino, como le decían, ya de avanzada edad, caería asesinado en la década de los noventas cuando fungía como comandante de la policía comunal en la población de El Quemado.
Como dije Bertín y Lalo le suman mucho sentimiento al corrido. Todavía se sigue oyendo en algunos hogares de Atoyac y lo cantan los músicos ambulantes porque mucho lo pide la gente en los bares y cantinas.
Los directivos de la fábrica del El Ticuí, el gerente Enedino Ríos Radilla y el contador Rómulo Alvarado, junto al industrial Elías Hanan murieron el 15 de diciembre de 1951, en un accidente aéreo en la Cañada del Zopilote del cerro del Ajusco, se dice que venían de una entrevista en busca de la coordinación en la producción entre las fábricas de El Ticuí y la de Aguas Blancas. Con la muerte de los líderes se acabaron los mejores tiempos de la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí y de la cooperativa David Flores Reynada.
Enedino Ríos Radilla fue regidor de educación del Ayuntamiento de Atoyac en 1945 y candidato a diputado local en 1936 cargo que ganó, pero las componendas al interior del partido oficial le dieron el triunfo a Emilio López Torres. Ríos Radilla durante dos décadas fue benefactor de la ciudad de Atoyac, está sepultado junto a otros próceres en el panteón viejo y la escuela secundaria federal de El Ticuí lleva su nombre.
De acuerdo a la biografía escrita por Armando Fierro Gallardo especialista en la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí, Enedino Ríos Radilla nació el 14 de mayo de 1905, en el pueblo de Boca de Arroyo, muy cercano a El Ticuí. Sus padres fueron Esteban Ríos Lacunza y Juana Radilla Alejandri. Ingresó a trabajar como obrero a la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí, propiedad de las casas españolas de Acapulco. El 27 de diciembre de 1933 se suspendieron las labores fabriles por el conflicto obrero patronal, pues los propietarios no estaban de acuerdo con la creación de un sindicato al interior de la factoría, sin embargo los trabajadores continuaron la lucha hasta que se abrió de nuevo la fuente de empleo.
Entre los principales líderes del movimiento sindical figuraban Enedino Ríos Radilla, David Flores Reynada y Laureano Fierro González, quienes lucharon incansablemente solicitando al gobierno federal no sólo el reconocimiento de su sindicato, sino que se les concedieran créditos para la industria y que ésta fuera administrada en cooperativa.
A la muerte de David Flores Reynada en manos de los militares, Enedino Ríos Radilla quedó totalmente al frente de la lucha por eso invitó al general Lázaro Cárdenas del Río quien visitó El Ticuí como candidato y después como presidente de la República. La historia marca que el general se presentó en el pueblo en las instalaciones de la fábrica y entregó a los obreros la factoría el 20 noviembre de 1938, ocho meses después de haber expropiado el petróleo a países extranjeros.
Al instalarse la cooperativa que llevó el nombre de David Flores Reynada, Enedino Ríos fue nombrado gerente y Lorenzo Fierro González presidente.
“Ya como gerente de la factoría se movilizó para mantener relaciones comerciales con otras industrias y logró aumentar su producción al máximo haciendo crecer a la industria textil aumentando fuentes de empleo. Por un lado optimizaban las actividades en la empresa a su cargo y por el otro se preocupó por mejorar el pueblo. Construyó el jardín del Zócalo, con banquetas y una fuente que le daba belleza original, que combinaba con las hermosas flores de aquellos rosales que inspiraban a los enamorados al caminar por sus pasillos, este jardín fue inaugurado el 20 de noviembre de 1940”, comenta Armando Fierro Gallardo.
Enedino Ríos fundó la escuela primaria federal Valentín Gómez Farías, que estuvo ubicada en lo que hoy es la comisaría ejidal, municipal de El Ticuí y el kínder Benito Juárez, siendo la primera directora la profesora Rosa Solís, también creó una escuela de capacitación agrícola que estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Ernesto Martínez; trajo a El Ticuí una Misión Cultural que se encargó de enseñar música, agricultura, cultura física, enfermería y economía doméstica.
Tomó de la industria textil la energía eléctrica para los hogares y proporcionó también luz eléctrica pública a todas las calles de la comunidad, convirtiendo a El Ticuí en el primer pueblo de la Costa Grande en contar con ese servicio y posteriormente se introdujo la energía eléctrica a la ciudad de Atoyac en el año de 1948. Acondicionó el llano de El Ticuí para que sirviera de campo aéreo y desde entonces fue utilizado por avionetas que prestaban servicios a la fábrica de hilados y tejidos, estableciéndose una comunicación más entre diversos lugares de la región.
Logró gestionar servicios médicos para los obreros y familiares, fundó una escuela nocturna para las personas que no sabían leer ni escribir, construyó canchas de basquetbol y acondicionó la de futbol, proporcionó becas para los hijos de los obreros para que realizaran estudios superiores y así mismo al terminar su profesión les proporcionó empleo en la misma fábrica, aportó préstamos a los trabajadores, organizó festivales cívicos y sociales donde participaban la escuela en grandes desfiles acompañados de los obreros en fechas conmemorativas de todo el año, de la misma manera organizó eventos importantes en la casa de alto de la empresa. En el tiempo que fue gerente de la industria textil se alcanzó el mayor esplendor y el pueblo disfrutó su organización, los días sábados todo era alegría, los obreros cobraban su salario de la semana y el corredor de la fábrica se llenaba de comerciantes que venían a vender de todo, era verdaderamente una fiesta, lo que generaba esa grandiosa fuente de trabajo.
Armando Fierro dice que lamentablemente en uno de sus viajes a la ciudad de Puebla, donde tenía relaciones comerciales con el industrial Elías Hanan, es precisamente a bordo de la avioneta, propiedad de este empresario, donde lo sorprendió la muerte el 15 de diciembre de 1951, al accidentarse la aeronave en el cerro del Ajusco del Distrito Federal. La búsqueda y rescate de los cuerpos resultó difícil, fue hasta el día 24 de diciembre cuando finalmente pudieron levantar los cuerpos y traerlos a El Ticuí.
Eloísa Alvarado Pano, hija de Rómulo Álvarado, comentó hace tiempo en las redes sociales: “Ellos tenían su boleto de avión comercial para volar del DF a Acapulco y de allí por carretera a El Ticuí. En el aeropuerto se encontraron al señor Elias Hanan que tenía la fábrica de Hilados y Tejidos en Aguas Blancas y se ofreció a llevarlos en su avioneta privada hasta El Ticuí”. El accidente ocurrió en Cerro del Zopilote y tardaron muchos días en encontrarlos, porque resultó que los lugareños robaron todo lo que encontraron de valor en la nave y luego la taparon con ramas para borrar evidencias, los difuntos traían mucho dinero.
Dice Eloísa: “Mi tío y mi papá habían venido al DF a cobrar dinero que le debían a la fábrica”, pero en la zona andaba un ingeniero agrónomo y una mujer le mencionó la avioneta. A raíz de eso se presentaron las autoridades de Xochimilco que martirizaron a los lugareños para que entregaran las pertenencias, “tengo entendido que como era cerca de la navidad llevaban regalos y al señor Elias Hanan…  le cortaron dedos o manos para robarle sus joyas. Al final la autoridad de Xochimilco se quedó con todo”.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Historia del Ayuntamiento XV


Víctor Cardona Galindo
Andrea Radilla Martínez en su libro Poderes, saberes y sabores. Una historia de resistencia de los cafeticultores Atoyac, 1940-1974, estudia la vida cotidiana en los mejores tiempos del café y nos comenta que entre 1940 y 1955, en los meses de abril y mayo los medianos y pequeños productores sobrevivían con el dinero que les quedaba de sus cosechas, se dedicaban sobre todo a dos actividades: a pilar café y a recoger el grano que se había caído al cortarlo, eran las mujeres y los niños quienes se ocupaban de ello, mientras los hombres deshierban las matas de café.
Andrea Radilla Martínez publicó los libros: Poderes, 
Saberes y Sabores. Una historia de resistencia de los 
cafetaleros de Atoyac, Gro. 1940-1974 en 1998. 
La Organización y las nuevas estrategias campesinas. El caso
 de la Coalición de Ejidos de la Costa Grande de Guerrero,
1980-2003, en el 2004 y Voces Acalladas. Vidas Truncadas.
 Perfil biográfico de Rosendo Radilla Pacheco en el 2002.
 Con su trabajo podemos reconstruir la vida cotidiana
 de Atoyac en la década de los cincuentas. 
Foto: cortesía de la familia.

Muchos se dedicaban en ese tiempo a otras cosas: a la siembra maíz, frijol, jitomate, chile, arroz y maimillo. Los que radicaban en Atoyac y lugares cercanos sembraban ajonjolí, algodón, eran ganaderos en pequeño y vendedores ambulantes. Luego se dedicaban a limpiar sus huertas, los chaponadores eran los mismos productores o contrataban peones de las comunidades cercanas. Se contrataba “aquellos que sabían manejar el machete costeño, porque había resistencia a contratar peones del centro del estado o de la montaña, por no saber manejarlo, pues ellos usan el machete en forma de oz”.
Las primeras auroras de la década de los cincuenta encontraron a los atoyaquenses en la prosperidad, el café subía como espuma y se comenzaba a explotar la madera de la sierra y las empresas madereras prometían construir escuelas, carreteras y centros de salud.
Se explotaba al norte de la ciudad, cerca de donde está la presa derivadora “Juan Álvarez”, una mina llamada “Los Tres Brazos” cuyos vestigios fueron borrados por el tiempo. De un gran túnel, que barrenaba el cerro, se extraía tungsteno, un mineral que se usaba para hacer los filamentos de las lámparas.
En unos de los costados del Zócalo estaba el restaurante “Germano”, propiedad de Manuel Radilla Mauleón, el favorito de la época, en una de sus paredes colgaba, todavía, un cuadro de Porfirio Díaz. Frente a ese cuadro comió Juan de la Cabada un día que estuvo aquí para dar una conferencia, con los años el escritor campechano contaría que estar frente a ese cuadro lo sacaba de quicio.
Andrea Radilla nos dice que los cortadores de café de la montaña, principalmente de Chilapa, y de la región centro del estado comenzaron a llegar en 1950, se movilizaban familias completas para participar en la recolección del grano, venían hombres, mujeres y niños. Antes de este fenómeno eran las propias familias cafetaleras las que se encargaban del corte “había intercambio de tiempo de trabajo entre familias, dos o más familias acordaban en qué orden cortarían las huertas de cada una de ellas, cada quien garantizaba su propia alimentación y cada día regresaban a sus domicilios”.
El mejor cortador se cortaba nueve latas. En ayuda de las familias cafetaleras también subían cortadores de las comunidades del bajo como: El Ticuí, Boca de Arroyo, El Humo, Los Arenales y Bajos del Ejido pero al crecer la producción de copra en sus ejidos ya no subieron a la sierra porque se convirtieron en tumbadores y sacadores de coco una actividad muy rentable.
Concepción Eugenio, Chon Nario, recuerda que para 1950 era común ver a los hombres mayores con gorras vascas, era una moda, usar ese tipo de prenda era sinónimo de respeto. En esas fecha se organizaban suntuosos bailes de disfraces, la gente acudía a pasear en las refresquerías del Zócalo, la quema del mal humor en los carnavales causaba mucha se sensación y los cómputos de las reinas era de mucha excitación para el pueblo de Atoyac, todos se involucraban.
Pero para esos años las compañías madereras ya penetraban con mucha crudeza en nuestra selva virgen. En 1950 la revista Voz enumeraba algunas de las empresas existentes que explotaban los bosques de Guerrero entre las que estaban: Compañía Maderera de Guerrero, Industria Forestal Cacho de Oro, Aserradero La Providencia y Anexas, Compañía del ingeniero José López Huesca, Compañía Reginaldo Sánchez, Compañía Industrializadora y explotadora de Madera, Fiscal Sommer y Arturo Argüello. A nuestra ciudad llegaba Agustín Miller con sus proyectos de extracción de madera y la construcción de una fábrica de papel.
El presidente de la república Miguel Alemán Valdez, arribó a esta ciudad el 15 de marzo de 1950 estuvo un breve momento en el Palacio Municipal donde fue recibido por el alcalde Benito Fierro Fierro, era el segundo presidente de la república que venía por estos lares, realizó un recorrido por toda la Costa Grande, en el camino fue abordado por algunos oradores, entre ellos los líderes del Partido Comunistas Florencio Encarnación Ursua y Miguel Arroche Parra quienes disertaron elocuentes discursos en Coyuca de Benítez y Tecpan de Galeana donde denunciaron el cacicazgo, el control de la bota militar y a los agiotistas acaparadores de copra y café.
El investigador José Carmen Tapia Gómez en su libro Economía y Movimiento Cafetalero. Del Inmecafé a la Autogestión en la Sierra de Atoyac de Álvarez (1970-1984) habla del desplazamiento definitivo de una vieja burguesía terrateniente costeña y serrana que vino a ser sustituida por una burguesía agrocomercial, precisamente ese proceso se concretó a principios de los cincuentas.
Tapia Gómez caracteriza a esa burguesía comercial de Atoyac: “los comerciantes de insumos y maquinaria que vendían implementos para la producción agrícola como fertilizantes, insecticidas, herbicidas; alimentos balanceados, carretillas, palas machetes, y todo tipo de enseres o medios de trabajo. A su lado, están los comerciantes no agrícolas, donde se ubican prestamistas y usureros. El grupo lo han constituido comerciantes cuyo negocio es la venta de artículos manufacturados o industriales de consumo doméstico (abarroteros, comerciantes de ropa, muebles, etc.)” Estos comerciantes tenían una red en las comunidades que les permitía colocar sus productos y a sus vez participar en la cadena que controlaba la producción y acaparaba la cosecha de café. 
Atoyac cambia, los grandes corredores comienzan a verse amenazados, hay que abrirle paso a los vehículos, hay que asegurar las cosechas, hacen falta bodegas, prácticamente este año los ricos comenzaron a destruir la ciudad, a cambiar la arquitectura vernácula por verdaderas cajas de zapatos, el 27 abril de 1950, el comerciante José Navarrete Nogueda inauguró su edificio comercial La Competidora que fue el primer edificio construido con dos pisos en esta ciudad.
La Segunda Guerra Mundial benefició mucho a la Costa Grande, pero al terminarse, se agudizó la crisis, el conflicto entre los copreros frente a los acaparadores hizo crisis cuando al bajo precio que pagaban, el Estado gravó un impuesto al kilo de copra y a la palmera en producción. La lucha campesina tomó un giro importante y se organizó una rebeldía para no pagar el impuesto y, al darse cuenta de la fuerza que tenían diseñaron un proyecto para deshacerse de los intermediarios y tener control sobre el proceso de producción. En ese contexto surgió la Unión Regional de Productores de Copra en 1951.
Juan Pano Ríos tomó posesión como presidente municipal el primero de enero de 1951 y como Síndico quedó José Navarrete pero este último, por sus ocupaciones, dejó su representación al regidor Benjamín Piza Armenta.
Wilfrido Fierro dice que a principios de este año llegaron a esta ciudad Roberto Guadarrama y Amadeo Castro Serafín quienes fueron los primeros industriales fabricantes de paletas de hielo y helados. El primero se instaló, en enero, en la casa de las hermanas Jiménez, en la avenida Emiliano Carranza sur número 12, promoviendo la marca “Nieto”,  el segundo, llegó en febrero y se instaló en la misma avenida en la casa número 9.
Cada vez más padres se convencían que tenían que mandar a sus hijos a la escuela, pero además había el modo, muchos eran los que alcanzaban a ser arropados con la cosecha de café y del coco en los nueve ejidos copreros que tiene Atoyac, para abastecer esa demanda de educación en 1949 comenzó a funcionar la Escuela Rural Federal, primero lo hizo en casas particulares entre ellas la de Micaela Ríos, fungiendo como directora la profesora Zoila Díaz, quien fue sustituida por la profesora  Genara Reséndiz de Serafín a partir del año 1950, ella trasladó el plantel a su casa, en la calle Álvaro Obregón número 46, y como aumentó el número de alumnos fue insuficiente el local, entonces se vio obligada a impartir las clases en el patio de aquel improvisado plantel, bajo la sombra de los árboles frutales entre ellos un viejo caimito. Es muy digno mencionar, que la profesora Reséndiz puso mucho interés para ver totalmente terminada la escuela, según los datos que aporta Wilfrido Fierro.
Hasta ese centro educativo llegó el septiembre de 1950 el campesino Rosendo Radilla Pacheco a inscribir a Romana su hija mayor, eso sería fundamental para el futuro de la escuela porque desde ese momento, quien ahora es el atoyaquense más conocido en el mundo, se dedicaría por entero a mejorar las condiciones del plantel donde estudiarían sus hijos.
La escuela Modesto Alarcón se construyó en los terrenos que donó, en 1951, la señora Matilde Casís viuda de Elías al gobierno municipal que presidía Juan Pano Ríos quien a su vez lo entregó a la Sociedad de Padres de Familia presidida por el señor  Andrés Gutiérrez, el día 10 de febrero del mismo año. En una ceremonia recibieron el terreno la directora Genara Reséndiz y el vicepresidente de la Sociedad de padres de familia Jesús Hernández Pino, por ausencia del presidente. En ese momento y por medio de votación se integró el Comité Pro-Construcción de la Escuela Rural Federal a la que se agregó el nombre del insigne maestro Modesto Alarcón. En la directiva quedaron como presidente, Rosendo Radilla Pacheco; vicepresidente, Ángel Jacinto; secretario, Manuel Barrientos Gudiño; tesorero, Jesús María Serna Vargas; vocales: Felicitas Silva, Gregorio Alcantar y Emeteria Barrientos Vda. de Reyes, quienes avocaron a su cometido a partir de esta fecha.
¿Pero quién fue Modesto Alarcón? Modesto Alarcón fue uno de los directores más ilustres que haya tenido la escuela primaria Juan Álvarez. De acuerdo a los datos proporcionados por José Hernández Meza, Modesto Alarcón llegó a esta ciudad en 1913, era originario de Xochipala, Guerrero. Además de profesor ejercía como pastor evangélico presbiteriano. Fue director de la Escuela Real de niños de 1918 a 1925. Por eso en su honor la escuela que fundó la profesora Genara Reséndiz de Serafín lleva su nombre: Escuela Primaria Modesto Alarcón, donde después fueron profesores Lucio Cabañas Barrientos y Serafín Núñez Ramos.
Según el testimonio de Cipriano Catillo Noriega, Modesto Alarcón era un señor chaparro, gordito, tenía dientes postizos y usaba lentes, daba clases en la Escuela Real, vivía en la casa que ahora es de los hijos de Leobardo Martínez. Era muy pulcro para vestir, siempre andaba con zapatos negros. El maestro Modesto Alarcón también fue fundador de una escuela secundaria en 1930.
Don Simón Hipólito recuerda que solamente dos escuelas particulares de mucho prestigio había en Atoyac. En una impartía clases el maestro Modesto Alarcón. Su escuela se ubicaba por la calle Juan Álvarez, frente a la casa de Felipe Valencia. La otra, estaba en la calle Nicolás Bravo; ya casi para desembocar a la calle Juan Álvarez. Allí impartía clases el maestro Rafael Flores.
Modesto Alarcón fue parte del comité de Defensa Rural Proletaria en 1937, año en que falleció el 13 de septiembre. Sus restos mortales están sepultados en el panteón de este lugar.
Rosa Santiago Galindo, Rosita conoció al profesor Modesto Alarcón ya de edad avanzada, así lo recuerda: “bigotudito, gordo y grande como calentano. Era güero nada más que aquí, la gente se pone morena. Vivía en la casa que ahora es propiedad de los Martínez Ramírez, eran de él las dos casas que tiene esa familia en una vivía y la otra la utilizaba como escuela”. Los hermanos mayores de Rosita estudiaron con Modesto Alarcón, tenía una escuela particular que por la mañana era primaria y en la tarde impartía clases de oratoria y escritura. Formaba a sus alumnos como políticos y escritores.
El primero de abril de 1951 tomó posesión como gobernador Alejandro Gómez Maganda, el patronato pro construcción de la nueva escuela fue a buscarlo hasta Chilpancingo para exponerle el problema y como resultado obtuvieron la promesa de apoyo económico y de personal técnico y todo lo necesario para construir el edificio, que por cierto hace apenas unos días fue demolido.



lunes, 11 de diciembre de 2017

Historia del Ayuntamiento XIV


Víctor Cardona Galindo
La segunda mitad de la década de los cuarenta fue de prosperidad para el pueblo de Atoyac. Se construyeron las primeras obras de irrigación, llegaron las líneas de transporte, conocieron la energía eléctrica, aunque sea de manera privada se construyó el primer sistema de agua entubada, la torre de la iglesia lució un hermoso reloj y se fundó el primer jardín de niños en la cabecera municipal.
Enedino Ríos Radilla fue gerente de la Sociedad
Cooperativa David Flores Reynada que trabajó
la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí.
 La Segunda Guerra Mundial benefició tanto a
esa factoría que lograron exportar telas a Inglaterra.
Las ganancias, además de beneficiar a los cooperativistas,
 alcanzaron para construir la escuela primaria Valentín
Gómez Farías, el Zócalo de El Ticuí y dar energía
eléctrica a la ciudad de Atoyac.
Foto: Archivo Histórico de Atoyac

Tomando como fuente a Wilfrido Fierro Armenta autor de la Monografía de Atoyac y siguiendo el curso de la historia que hemos venido contando en las últimas entregas, a las 8 de la noche de 23 de septiembre de 1945 fue asesinado, en la ciudad de Atoyac, el joven Félix Gómez Ávila y la señorita María Luisa Radilla. Félix murió por prestar auxilio a María Luisa cuando era raptada por Juan Serafín y dos de sus hermanos del poblado de San Martín de las Flores. La sociedad indignada pidió a las autoridades municipales un castigo ejemplar para los asesinos. El día siguiente, cuando lo llevaban a sepultar, el féretro del Félix Gómez fue instalado por unos momentos frente al Palacio Municipal como manera de protesta.
Este hecho traería implicaciones posteriores. Juan Serafín fue asesinado años más tarde, junto a uno de sus hermanos, por el jefe de la Policía Montada Natividad Paco, ya en los tiempos del gobernador Raúl Caballero Aburto cuando el lugar conocido como La Trozadura, ubicado en la carretera Atoyac- La Y Griega, se convirtió en un tiradero de cadáveres.
En esos tiempos era común el rapto de jovencitas con fines matrimoniales. Los hombres se las llevaban de donde fuera dejando bañados en llanto a los hermanos menores que las acompañaban. Una mujer a punto de ser raptada, por un hombre que no quería, se aventó al río y se ahogó en un remolino siniestro, donde también perdieron la vida muchas personas en otros momentos.
La tía Rosa Santiago Galindo, a quien también se robaron cuando era jovencita, recuerda que en 1946 las refresquerías del Zócalo de Atoyac traían las barras de hielo, en burro, desde San Jerónimo.  A sus ya casi 100 años de edad Rosa Santiago comenta que junto al negocio de don Luis Cadena (Calle Juan Álvarez Norte) estaba una embotelladora de refrescos que se llamaba “El Pato Pascual”. Dice que José Navarrete vivía atrás de la parroquia y tenía su tienda “La Vencedora” en la esquina donde después estuvo el consultorio del doctor Orlando Santiago Garibo y donde ahora venden artículos para cacería. Ella puntualiza que el Jardín de niños Cuauhtémoc se fundó en 1946 en la esquina de Emilio Carranza y Aldama, donde ahora está la tienda Milano.
En ese año encontramos que la Unidad Agraria de la Sierra Cafetalera de Atoyac de Álvarez (UASCAA) seguía contando con su guardia armada. Rosendo Radilla Pacheco fue nombrado jefe de la guardia armada de San Vicente de Benítez junto con los hermanos José y David Téllez Sánchez.
Los censos registraban, en 1941, mil 295 hectáreas de café, superficie que en 1946 apenas se elevó a mil 490 hectáreas y en 1950 llegó mil 581 hectáreas. Los datos de la época señalan que se tenía que viajar durante cinco horas, a caballo, para trasladarse de Atoyac a las fincas más cercanas.
El ejido cafetalero de El Paraíso se formó en 1946 con 14 ejidatarios a los que les dieron los primeros certificados de derechos agrarios, posteriormente se les entregó a los demás. El primer comisario ejidal fue Domingo Negrete y el último es Amadeo Valdez Rayo.
Margarito Flores Quintana, el maestro de música más destacado de Atoyac, fundó en El Ticui, a iniciativa del profesor Benjamín Rivera un conjunto llamado Ritmo Tropical, para ello obtuvo subsidio, para comprar los instrumentos, de la cooperativa David Flores Reynada. Este grupo se mantuvo activo hasta 1946 y al desorganizarse Flores Quintana formó en la cabecera municipal lo que se llamó Orquesta Atoyac misma que se mantuvo tocando hasta 1961.
Para apoyar a los productores, la primera quincena del mes de junio de 1933 se instaló en Atoyac el Banco de Crédito Ejidal, las oficinas estuvieron en la casa de la señora Agapita Chávez, en la avenida Juan Álvarez norte número 29, su matriz estaba en Iguala. Este banco organizó sociedades de crédito en los ejidos del bajo y la sierra y al mismo tiempo los refaccionó con dinero e implementos de labranza hasta el año 1946. Fungieron como Jefes de Zona, Antonio Albarrán Giles, José Carmen García Galeana, Roberto Verdeja, Homero Gómez Pérez y Guillermo Escalera Pimentel.
Feliciano Castro Gudiño fue comandante de la policía urbana en 1946, ya grande Chano Castro moriría en la masacre del 18 de mayo de 1967, cuando la policía del estado acalló con balas un mitin de padres de familia que se desarrollaba en la plaza principal de esta ciudad. En 1946 el director de la escuela Real era el profesor Santos E. Lampart quien seguía luchando para que los padres enviaran a sus hijos a la escuela.
Ese año el 27 de julio, a las 8 de la noche, fueron asesinados en la huerta de Cliserio Ayerdi, el joven José González y su esposa Isabel Gálvez, su muerte fue un misterio nunca se sabría de los asesinos.
Simón Martínez Abarca como presidente municipal expidió, el 11 de octubre, un permiso a la señora María Paco para que ensayara en la calle la danza De los Moros. Todavía el gobierno no aceptaba con agrado que los cultos religiosos salieran a la vía pública.
Y otro crimen cimbró la sociedad local, el primero de noviembre a las 7 de la mañana, fueron asesinados Manuel González y su esposa Perfecta García, cuando ordeñaban sus vacas en el patio de su casa.
El primero de  enero de 1947 tomó protesta como alcalde el líder agrario y jefe de las Reservas Rurales Toribio Gómez Pino, para  el periodo 1947-1948, Toribio Gómez no logró concluir su periodo y fue sustituido en 1948 por  Benjamín Luna Venegas.
Fue encontrado, el 21 de enero, dentro de su casa, en estado de putrefacción, el cadáver de la señora Guadalupe Sequeiro. Dice Wilfrido Fierro que los zopilotes dieron la alarma pues volaban incansable rosando las tejas.
La señorita Gloria García Galeana fue electa, en 1947, reina del Carnaval y el recurso obtenido por las actividades, así como con la ayuda de la sociedad local y del gerente de la Sociedad Cooperativa David Flores Reynada de la fábrica de El Ticuí, Enedino Ríos Radilla, se compró en la joyería y relojería La Princesa, de la ciudad de México, un gran reloj con un costo de 6 mil 500 pesos que se colocó en una de las torres de la iglesia. A mediados del mes de junio se emprendieron los trabajos de la torre, donde quedaría instalado. El señor Isaías Romero, fue el experto mecánico quien lo colocó.
El domingo 20 de julio de 1947, a las 4 de la tarde, se inauguró el reloj. El acto que estuvo a cargo de Modesto García, párroco de San Jerónimo de Juárez; con la presencia de las autoridades municipales y pueblo en general. Esta obra costó 14 mil 600 pesos y fue una labor colectiva.
José Hernández Meza recuerda que “en la tienda de don Constancio Sánchez se vendía petróleo que era de color morado y la gente acudía por las tardes para comprarlo para el alumbrado de sus casas. El molino de nixtamal propiedad del señor Roberto Mastache que empezó a funcionar el año de 1947 era tendido por el señor Juan José Reyes Reyes”.
A principios de 1948 el comerciante Luis Urioste, instaló para su servicio particular una red de agua entubada. Para tal efecto abrió un pozo en el playón del río, de donde por medio de una bomba y tubería hizo llegar el líquido hasta su casa ubicada frente a la parroquia, en donde construyó un tanque de almacenamiento. Aprovechó al mismo tiempo la venta de agua purificada por garrafón, para tal efecto instaló una pequeña planta purificadora, pero como las aguas contenían demasiadas sales, que le deban un mal sabor, optó por suspender el negocio.
En el año 1948, y siendo presidente municipal Benjamín Luna Venegas se instaló una nueva red telefónica, que vino a comunicar esta ciudad con los pueblos circunvecinos como: El Ticuí, El Humo, Corral Falso, Cacalutla, Zacualpan, Tomatal y Los Arenales. El servicio fue suspendido después de funcionar tres años por falta de mantenimiento. Los pueblos no quisieron cooperar con esa labor.
Fue el domingo 29 de febrero de 1948, a las cinco de la tarde, cuando llegó a esta ciudad, el primer autobús de la línea Estrella de Oro, abriendo con esta fecha un nuevo servicio de pasaje entre México-Acapulco-Zihuatanejo. Luego el lunes 18 de marzo arribó a esta ciudad el primer autobús de línea Flecha Roja, haciendo competencia a la Estrella de Oro en la ruta México-Acapulco-Zihuatanejo.
Leopoldo Díaz Escudero obispo de Chilapa bendijo, el 22 de marzo de 1948, las obras de la torre y el reloj. Y para que se viera más bello el centro, Benjamín Luna Venegas inauguró el 12 de septiembre el kiosco del jardín Morelos y el corral del parque, ya siendo gobernador del estado el general Baltasar Leyva Mancilla.
A gestión del alcalde Luna Venegas a partir del 12 de septiembre de 1948, la turbina de la fábrica de hilados y tejidos Progreso del Sur Ticuí suministró energía eléctrica a nuestra ciudad. El servicio se dio a solicitud del comercio a través de las autoridades municipales quienes hablaron con Enedino Ríos Radilla gerente de la Sociedad Cooperativa David Flores Reynada. La primera línea que se tendió fue de bajo voltaje y se concretó únicamente para alumbrar el jardín Morelos, posteriormente la empresa modificó la red para corriente alterna, dando el servicio de 23 horas diarias y alumbrado la mayor parte de la ciudad. Años más tarde Hilda Flores Solís se quejaría, que mientras las casas de la ciudad se iluminaban con la energía proporcionada por la cooperativa que llevaba el nombre de su padre, ella se seguía alumbrando con candil.
El primero de enero de 1949 tomó posesión como presidente municipal constitucional Benito Fierro Fierro y ya siendo presidente de la república Miguel Alemán Valdés, se inician los primeros estudios para la planeación y la construcción de un canal de irrigación. Los estudios estuvieron encabezado por el ingeniero Moisés Sandoval. Y los trabajos de canalización –dice Wilfrido Fierro- estuvieron a cargo de los ingenieros Vázquez y José Varela, escogiendo como toma del rio, el lugar conocido como Huanacaxtle. El primer canal tuvo una extensión de cinco kilómetros al sur, bañado gran parte de las tierras laborables de las comunidades de Boca de Arroyo, Corral Falso y la Zuzuca. Para la ejecución de tal obra la Secretaria de Recursos Hidráulicos contrató a la compañía constructora del general Adrián Castrejón ex gobernador que en ese tiempo fungía como jefe de una zona militar en Guerrero. Cabe mencionar también que dicha obra benefició principalmente el rancho del general Matías Ramos conocido como la Huerta Grande y después como el Rancho del General.
Una novedad para la época fue que el 10 de agosto el doctor Juan José Becerra Luna instaló en su consultorio los primeros aparatos de Diatermia: Rayos Ultra Violeta, Infra Rojo y un gabinete de Rayos X.
La cooperativa David Flores Reynada estaba bajo la lupa del gobierno. El ingeniero Nicolás Icaza, del departamento de Protección general de Seguridad Industrial de la Dirección General de Previsión Social, realizó por segunda ocasión una inspección, el primero de diciembre de 1949, a la fábrica de Hilados y Tejidos de Algodón y Fioco. Encontró que laboraban 288 obreros: 165 hombres y 123  mujeres. Ya no existía el sindicato los socios de la cooperativa lo controlaban todo.
En 1949 el presidente municipal Benito Fierro Fierro inauguró un nuevo Mercado, era un galerón construido con barrotes y techo de láminas de cartón que los locatarios de la Plaza Morelos hicieron por su cuenta, ahí se vendían frutas y legumbres. Debido a la insuficiencia del local el año siguiente fue cambiado, por el mismo alcalde, a la plazuela la Perseverancia abriendo con ello un nuevo centro de abasto. Para el caso los mismos locatarios, con la ayuda de la administración municipal, construyeron otro galerón y posteriormente procedieron a levantar casetas para fondas, panaderías, carnicerías y para otros artículos de primera necesidad.