lunes, 18 de enero de 2016

Los cuitlatecos

(Segunda parte)
Víctor Cardona Galindo
La primera cabecera de Atoyac fue Mexcaltepec. Según algunos autores, en los mejores tiempos de los cuitlatecas, llegó a tener 150 mil habitantes. Pero con la llegada de los españoles quedaron poquitos después de las sublevaciones indígenas que fueron continuas hasta 1540. Mexcaltepec también fue cabecera de la encomienda de Juan Rodríguez de Villafuerte y de una república de indios.
Antes de la llegada de los españoles, los conquistadores purépechas ponían, en las provincias conquistadas, señores llamados ocámbechas, había uno en cada barrio. A su vez los conquistadores aztecas nombraban sus tlacachtecuhtlis. Estos jefes locales se encargaban representar a: Caltzontzin  o en su caso al Tlatoani. Eran los encargados de contar a la gente, juntarla para la obra pública y recoger el tributo correspondiente. También se sabe que, los grandes señores de Michoacán y de México, nombraban señores a personajes cuitlatecas que se encargaban de impartir justicia entre los suyos.
Metate prehispánico encontrado en alguna 
parte de Atoyac. Foto Archivo Histórico de Atoyac. 

Alejandro Wladimir Paucic, en su mapa de “Zonas de dominio y provincias tributarias” señala una zona de operaciones azteca-tarasca que ocupaba parte de los municipios de Arcelia y San Miguel Totolapan. Era un territorio que sufría constantes cambios de dominio de acuerdo a los avances de uno u otro grupo beligerante. Esto confirma que los cuitlatecas, antes de sufrir el exterminio español, se enfrentaron entre sí sirviendo los señores indígenas que los tenían sometidos.
Como dije en la entrega anterior, Las relaciones geográficas del siglo XVI son los documentos que mayor información arrojan sobre los cuitlatecas. La relación de Tetela, fechada el 16 de noviembre de 1579, al hablar de los indios que habitaban en ese tiempo la provincia de Zacatula dice: “hablan lengua cuitlateca, no tenían rey, había principales a los que respetaban, mismos que en tiempos de guerra eran capitanes. Después de que Ahuezotín (Ahuízotl) los mandó amenazar había un capitán azteca al que obedecían”.
Que no tributaban cosa alguna a los reyes de México, más bien servían de guerreros en la guerras que tenían contra los purépechas. Adoraban a un Dios que se llamaba Nenepiltatapach Tecuhtli cuyo nombre quería decir “señor de la lengua áspera”, representado en piedra por un ídolo con figura de persona. Había viejos que eran sacerdotes y “entre ellos había uno que era más respetado porque era casto, y este no salía de estar junto al ídolo”. Siempre estaba ahí y hablaba con él. Estaba cuatro años al servicio del ídolo y no salía del templo. Al ídolo le ofrecían mantas e incienso, las ofrendas quedaban en el templo hasta que el tiempo las corrompiera.
Tenían su propio calendario, de 260 días, lo que quiere decir que tenían un conocimiento avanzado de astronomía y matemáticas. Todos los días del año tenía un nombre y a los niños le ponían en nombre del día en que nacían. A los siete días que le daban el nombre también le asignaban pareja. Ya cuando estaban grandes los llevaban frente al ídolo de su Dios y les ponían mantas y huipiles. Los parientes del varón le daban huipil a la desposada y los parientes de ella le daban al desposado una manta. Luego venia el sacerdote ataba el huipil con la manta y ya quedaban casados y se iban a sus casas.
Cuando morían, los llevaban a sus templos donde cavaban hoyos redondos, los enterraban sentados, les ponían comida y mantas, con toda la ropa que tenía. Si era principal enterraban con él a sus esclavos.
Sus leyes eran radicales. A los adúlteros les cortaban las narices, sus bienes y las hermanas pasaban a manos del ofendido. A los ladrones los hacían esclavos. Eso los diferenciaba en cuanto a castigo se refiere de los demás pueblos de Mesoamérica.
Andaban vestidos con unas mantas atadas al hombro y pañetes con los que cubrían sus partes íntimas. Algunos usaban camisas largas sin cuello, que les arrastraban. Las mujeres vestían huipiles y naguas. Cuando iban a la guerra al servicio de los aztecas, iban en escuadrón y ponían una línea cuando iban arremeter contra el enemigo. Llevaban arcos, macanas y rodelas.
En el tiempo que se redactó la relación de Tetela, había en la región árboles de guamúchiles, mameyes, plátanos, zapotes, aguacates, naranjas y piñas silvestres. Los granos y semillas que cultivaban eran: maíz, chía, frijoles, pepitas, chile y quelites. También sembraban cacao, melón y calabaza. Los animales que habitaban las selvas de los cuitlatecas eran: tigres, gatos cervales, leoncillos, venados y conejos. En sus casas tenían perros y gallinas. En cuanto al comercio, eran recolectores de algodón, hacían mantas, criaban gallinas e iban a los trueques de cacao a la costa.
Por otro lado la relación de Zacatula es un documento redactado por el alcalde Juan Ruíz de Mendoza y los regidores: Baltazar de Trujillo, Andrés Gómez y Melchor Vargas de La Villa de la Concepción en el año de 1580. Y el 25 de febrero de 1581 el alcalde mayor Hernándo de Vascones envió al Virrey Suárez de Mendoza la relación de la provincia de Zacatula en la que dice que “casi todos los pueblos muchas veces mudados de una partes a otras…” solo había en lo que es el municipio de Atoyac: Chiantepeque, Cacalutla, Mexcaltepeque, Cacahuatlán, Atoyaque, Santiago, Cacahuapisca y Cintapala.
En esa relación se dice que la provincia fue descubierta por el capitán Juan Rodríguez de Villafuerte en 1523. Y que Chiantepeque está a cuatro leguas: “son pueblos de la sierra”. El pueblo de Cacalutla está en llano a dos leguas del mar; tiene por sujeto a Quauxilutla que está a tres leguas, en sierra. El pueblo de Mexcaltepeque está en sierra: tiene por sujetos a Cacahuatlán, que está a dos leguas y Atoyaque, a otras dos; Santiago, a otras dos; Cacahuapisca, a una legua; Cacalotepeque, que está a tres leguas en sierra. Hay que recordar que una legua en los reinos españoles equivalía a 5 mil 572 metros.
Zapotitlán que sería el antepasado de Caña de Agua era sujeto de Tecpan y estaba a tres leguas de ese lugar. Cintapala también era sujeto de Tecpan y estaba a dos leguas de su cabecera.
Se hablaba lenguas: cuitlateca y tepuzteca. Los cuitlatecos se asentaban de Cayaco a Juluchuca, vivían de la siembra de maíz, frijol y calabaza. La relación describe los árboles frutales de aquella época: “son ciruelos, a que los naturales llaman xocotes, y otros que llaman quazapotes, que son a los que llamamos mameyes. Hay otros que se llaman ilamazapotes, que quiere decir ‘zapotes de viejas’, del tamaño de unos melones chicos; es buena fruta. Hay plátanos, y anonas y guayabas. No se dan en ésta provincia ni un árbol de España, si no son naranjos, que se dan bien a causa de ser la tierra muy cálida”.
La gente se sustentaba de maíz, frijol y chile; en algunas partes había melones y pepinos. Y “los naturales comen muchos géneros de yerbas, a que comúnmente llaman quilites (…) Hay árboles de copal, que es una goma como incienso; y hay otra goma a que llaman suchicopal, que es muy olorosa; sirve para sahumerios, como el incienso, y es medicinal para todo dolor de cabeza. Hay otra goma a que llaman tecomahaca, que es medicinal para toda frialdad, puesta como bilma”.
Cuenta de jade encontrada en una parcela en la 
comunidad de La Florida. Foto Víctor Cardona Galindo.

Las viviendas eran de bajareque. “Son todas, casas bajas, armadas sobre unos horcones de madera, con una varas atravesadas y embarradas que hacen pared, y son cubiertas, todas, de paja. La tierra no sufre otras casas, a causa de los grandes temblores de tierra”. Los españoles que había en la provincia cultivaban cacao. También muchos naturales tenían huerta de cacao en Tecpan y Mexcaltepeque.
De la relación de Zacatula, rescatamos que el pueblo de Cayaco, “que es el corregimiento, está asentado en llano, a una legua del mar, dependen de él Tepetlapan que está a dos leguas y chiantepeque (Hoy Cerro Prieto del municipio de Atoyac) está a cuatro leguas; son pueblos de la sierra”. También dependía de este corregimiento Panutla que está a 15 leguas en llano.
El pueblo de Cacalutla, está en llano a dos leguas del mar; dependen de él Quauxilutla que está a tres leguas en la sierra. El pueblo de Mexcaltepeque está en la sierra, dependen de él Cacahutlán, que está a dos leguas de Atoyaque a otras dos Santiago, a otras dos leguas Cacahuapisca, a una legua Cacalotepeque, que está a tres leguas en la sierra.
Señala que en los pueblos de Cayaco a Soluchuca, territorio cuitlateca, “el hábito que traían eran unas mantillas de algodón; peleaban con arco, flecha y macana”. Además agrega “no llega el indio de esta provincia a edad de 50 años, porque aunque sea muy mozo y recio, dándole cualquier enfermedad, luego desmaya y muere”.
Dice que en esta provincia hay árboles de copal, que es una goma para incienso; y hay otra goma que se llama suchicopal, que es muy olorosa; sirve para sahumerios, como incienso y es medicinal para todo dolor de cabeza. Hay otra goma a que llaman Teco-mahuana, que es medicinal para toda frialdad, puesta como bilma y Nenepilcual que quiere decir “lengua de culebra” porque tiene la hoja arpada, es contra toda ponzoña. El iztacpatle, que quiere decir “medicina blanca”; es buena purga. “Hay en esta provincia muchos tigres, leones, coyotes, gatos cervales, puercos monteces que tienen el ombligos en el espinazo, de muy mal olor y bravos”. De esta relación se desprende el dato que en Mexcaltepec había muchas huertas de cacao.
La relación de Ajuchitlán fechada el 10 de octubre 1579 y firmada por el corregidor, Diego Garces, dice que en este lugar se hablaba legua tarasca y cuitlateca. Señala que los indios “andan como gitanos con sus hatillos, mujeres y con los hijos a cuestas. Son de malas inclinaciones, amigos de novedades, maliciosos y mentirosos, torpes, tardos para el bien, muy hábiles y solícitos para el mal”.
Para desherbar sus milpas o caminos y al barrer su casa, siempre están en cuclillas, lo mismo en la iglesia. “Este nombre, Ajuchitlán, es en la lengua mexicana, y en la materna, que es la cuitlateca, se llama Tlitichuc Umo”, que lo uno y lo otro quiere decir en lengua castellana “Agua Florida”. Se llama así porque antiguamente, dicen solían andar, hombres y mujeres, principales, muy galanos, con muchas flores y rosas de colores tejidos por las vestiduras, y con ramos y guirnaldas de flores en la cabeza y en las manos.
Los cuitlatecos de la Costa Grande se surtían de sal de las lagunas que se formaban con agua de mar. En el volumen 88 del archivo Paucic que está en custodia del gobierno del estado de Guerrero encontramos los siguientes datos: Los cuitlatecos explotaban las minas de cobre de Cacalotepec y Ahuacatitlán. Hablaban la lengua cuitlateca y mientras unos usaban mantas atadas al hombro y taparrabos, otros vestían camisas largas que le llegaban hasta el tobillo. Las mujeres vestían enaguas y huipiles.
Dice don Luis Hernández Lluch el gobierno lo representaba un Consejo integrado por personas distinguidas llamados principales. En la guerra utilizaban el arco, la flecha, macanas y escudos. Tuvieron varios enfrentamientos con algunas tribus vecinas. Los principales traían ropas largas hasta los pies tejidas de algodón, de muchos colores y unas capas que les llegaban hasta las rodillas, con su cabello largo trenzado. La gente común: los hombres, andaban desnudos y algunos con mantillas que les servían de capas. Las mujeres, todas, traían naguas y huipiles de colores, con cabello largo tendido sobre los hombros.
Otras fuentes dicen que andaban vestidos con mantas atadas al hombro y unos pañales para cubrir las partes nobles. Otros traían camisas largas, sin cuello que les arrastraban. Las mujeres con sus huipiles y enaguas. La ropa y mantas eran tejidas por las mujeres en el telar de cintura.
Sus viviendas eran de bajareque, con techos de paja. Los cuitlatecas sometidos por los purépechas eran regidos por un gobernador y los que estaban en el dominio azteca por un capitán, quienes se encargaban de cobrar tributo, había además principales que contaban con el visto bueno de los conquistadores.
Llevaban trenzas. De acuerdo al Archivo Paucic en 1860 por órdenes del general Luis Pinzón se mandó que se cortaran las trenzas y quitarse el camisón largo de colores oscuros que usaban los hombres.



Los cibercafés


Víctor Cardona Galindo
En materia de comunicaciones los atoyaquenses hemos avanzado lento, en 1991 se inauguró con la presencia del gobernador José Francisco Ruiz Massieu la estación de radio XHAYA Estéreo Sol en el 100.9 FM. En 1996 llegó cablevisión a este lugar. Para el 2001 inició la telefonía celular y la fibra óptica de internet. Antes si querías conectarte al ciberespacio tenías que hacer una llamada de larga distancia.
Cuando comencé a reportear allá por 1991, sólo había fax en la terminal de la Flecha Roja y en las oficinas de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) donde el doctor Miguel Ángel Ponce Jacinto era presidente y Rafael Arzeta Cervantes era el administrador quien, a veces de mal humor, nos hacía el favor de mandar las notas por fax a nuestros periódicos, siempre que llamáramos por cobrar.
En la terminal de autobuses Flecha Roja, Gildo nos enviaba a 10 pesos la hoja. Por eso había que ser escueto en nuestras notas. Luego Nereo Galindo corresponsal del Novedades y Leonel Aguilera de El Sol de Acapulco tenían una oficina que también les servía de habitación en la calle SARH donde contaban con un fax y a veces lo prestaban, a los demás corresponsales, siempre que llamáramos por cobrar.
Recuerdo que Leonel pernoctaba pegado a la ventana con una pistola 38 especial como almohada, mientras que Nereo dormía en la cama. Los dos escribían en la tarde. Leonel siempre estaba haciendo bromas. Era un gran amigo.
El fax fue el pretexto para que Graciela Radilla como corresponsal del Diario 17 llegara a la Canaco y de ahí naciera el romance que la llevó a casarse con Rafael Arzeta. Luego vivieron en la calle Agustín Ramírez donde en un momento estuvieron las oficinas de la primera delegación del Sindicato Nacional Redactores de la Prensa (SNRP) que encabezó Nereo Galindo.
Ya para 1994 había fax en las casetas telefónicas Fantasy y en la farmacia Central con mi madrina Charlotte. Nos cobraban tres pesos por hoja siempre que llamáramos por cobrar o lo que tardara la llamada al pasar la hoja por el aparato del fax. Todos escribíamos a máquina y luego íbamos corriendo a mandar nuestros textos por fax. Luego ya casados Graciela y Rafael nos siguieron prestado el fax que instalaron en su casa cuando ellos publicaban la revista La Costa.
Luego vino el Internet y el primer Cibercafé lo instalaron en la calle Álvaro Obregón en la casa de Leticia Arevalo, cobraban 30 pesos la hora, teníamos que redactar a mano primero para después ir a capturar y mandar nuestras las notas. A Marcos Villegas, El Campanita, lo envicie en eso del internet enseñándole unos videos pornográficos que llegaron a mi dirección de correo electrónico. Después, cuando tenía dudas en el manejo de la máquina le preguntaba a Marcos que llegó saber más que yo. Luego el maestro Abonce abrió el cibercafé Payolita que fue muy famoso a principios del 2000, aquí ya costaba 10 pesos la hora.
El problema que nos encontramos cuando comenzamos a mandar nuestras notas por internet fueron los famosos virus. A Rafael Arzeta le llegó vía internet la foto de un pene de medio metro que era un virus muy infeccioso. El travieso de Rafa domesticó el virus y lo guardó en un disquete y luego como no queriendo infectaba, con tamaño pizarrín, las máquinas donde trabajaba. Y siempre que abríamos un archivo infectado aparecía. Lo llamábamos en virus de Rafa. Un día, alguien me mandó un virus que era también un órgano reproductor masculino que caminaba con sus testículos tras el  puntero del mouse, queriéndoselo comer. Era una lata cada vez que aparecía porque se movía sin control por toda la pantalla, hasta que un día encontré la manera de eliminarlo y le dije adiós.
Todo eso para nosotros era novedad, íbamos aprendiendo en la marcha. Muchas dudas desparecieron hasta que Pablo Alonso Sánchez como líder del SNRP nos trajo una maestra cubana que daba clases en la escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Guerrero que nos enseñó a manejar los programas y hacer de la computadora una herramienta poderosa para nuestro trabajo.
En el cibercafé de la calle Álvaro Obregón, un día, policías de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) estuvieron dictando datos de su parte de novedades para mandarlos por correo electrónico y nosotros los corresponsales de los medios de comunicación estábamos escuchando todo. Creo que no se imaginaron que en Atoyac los periodistas escribían en un cibercafé. Luego en Payolita unos agentes federales estuvieron bajando la información de una página de internet del Ejército Popular Revolucionario (EPR). Los reporteros locales nos esteramos de todo, después tendríamos problemas con el comandante. Nos quiso involucrar con el narco y con la guerrilla, principalmente a Pablo Alonso y a mí. Nereo Galindo buscó la asesoría del abogado Luis Pablo Solís Verdín y nos defendió con mucha valentía.




domingo, 17 de enero de 2016

Los cuitlatecos

(Primera parte)
Víctor Cardona Galindo
Hace más de mil 500 años ya había gente en lo que ahora es Atoyac. Se encontraron registros de una etnia desaparecida llamada “cuitlateca” o “cuitlatecos”. Una cultura que, si bien no escapaba a las influencias del resto de Mesoamérica, tenía su propio calendario, una lengua diferente y su propio Dios.
Wilfrido Fierro Armenta escribió en la Monografía de Atoyac en 1972,  que aún no se sabía con exactitud el origen de los primeros pobladores de Atoyac, “se cree que los primeros fueron cuitlatecos, ya que esta tribu en sus luchas había dominado a los Matlazingas, a los Xope o Xopu y a los Coicas, instalando su centro político en Matzaltepetl (hoy Mexcaltepec), lugar donde hasta la fecha existen vestigios de construcciones que habitaron. Después… extendieron sus dominios a Atoyac y Tecpan”.
Vestigios arqueológicos que son utilizados como
 bebederos de agua para gallinas. 
Foto: Víctor Cardona Galindo. 

Algunas fuentes dicen que el pueblo cuitlateco, fue un grupo prehispánico que, se asentó en el territorio que comprende lo que ahora es Cayaco municipio de Coyuca de Benítez a Juluchuca, comunidad de Petatlán y desde el océano Pacífico hasta el río Balsas. Aunque está comprobado que habitaron toda la Costa Grande. Hablaban su propio idioma, el cuitlateco, mismo que, según el diario de Patricio Pino y Solís hasta 1911 todavía había en Atoyac familias que se comunicaban con esa lengua, mientras que en la Tierra Caliente se dejó de hablar hasta 1940, año en que murieron los últimos ancianos cuitlatecos.
Los cuitlatecos tuvieron como vecinos a los tepuztecos, pantecas, chumbias y tolimecas. Dice Moises Ochoa Campos que los tepuztecos poblaron el vecino municipio de Tlacotepec, que abarca una parte montañosa de la Sierra Madre de Sur. “Los tepuztecos ocuparon la provincia llamada Citlaltomahuacan y sus diversas tribus formaron los pueblos de Utatlán, Citlatomagua, Anecuico, Tepetistla y Xahualtepec”.
Otros datos dicen que el pueblo de “los pantecas, el de los chumbias y el de los tolimecas, convivían con los cuitlatecas de la región de Atoyac y con los tepuztecas de la parte norte de Coyuca de Benítez, en donde se asentaban Citlaltomagua y Anecuilco”.
Se habla también de la presencia de una tribu nahua que arribó a la Costa Grande por Michoacán y un grupo de ellos se estableció en Zacatula, Atoyac y Tlacotepec. A estos últimos nahuas se les llamó coixcas, que quiere decir llanura de culebras.
Cuitlateca significa “gente de excremento” o “gente de cieno”. Que aparentemente tiene el sentido figurado de “gente bastarda” o puede interpretarse como “gente de atrás”. El nombre probablemente haya sido impuesto por los mexicas, quienes acostumbraban a denominar de manera despectiva a grupos minoritarios que eran dominados por ellos. Hay quien dice que el nombre podría significar “los hombres del oro” porque en el pasado el oro era el excremento de Dios. 
Raúl Vélez Calvo, en la Historia General del Estado de Guerrero, habla de los Cuitlatecas y dice que el nombre de cuitlateca, literalmente significa “gente de excremento” o “gente de cieno” (de cuitlatl-excremento, cieno, nata de lagunas y técatl-gentilicio) y explica que Pedro Hendrichs asienta que cuitlatl “tiene un sentido figurado de “bastardo” en palabras compuestas como cuitlateconetl-hijo bastardo; cuitlamiztli-león bastardo, mientras que Víctor M. Castillo Ferreras afirma que también la palabra cuítlatl se refiere a la espalda de la persona, a la parte de atrás, por lo que puede significar gente de atrás.
La enciclopedia de México define a los cuitlatecos como un grupo prehispánico establecido en un vasto territorio que se extendía desde la Costa Grande hasta Cerca del Valle de Toluca. Un reducido número de ellos, asentado en San Miguel Totolapan Guerrero, conservó su lengua hasta tiempos muy recientes. En 1939 vivían todavía cinco personas que hablaban cuitlateco y gracias a las cuales Pedro R. Hendrich Pérez y Norman A. McQuown pudieron realizar estudios de esa lengua, hoy ya desaparecida.
Algunos historiadores dicen que los cuitlatecos provienen de Michoacán y llevaban como destino Oaxaca y como les gustó este lugar se quedaron. Sin embargo, muchos  estudiosos señalan a los cuitlatecos como una cultura local del preclásico, fundada 2 mil 500 años antes de Cristo, que logró su esplendor en el periodo clásico y su centro político fue Mexcaltepec, lugar que según Gutierre Tibón quiere decir “el cerro del templo de la luna”.
De acuerdo con los estudios realizados por Raúl Vélez Calvo, los cuitlatecos vinieron del sureste de Michoacán y, por el año 2 mil 500 antes de Cristo, se introdujeron a territorio guerrerense. Pero fue hasta el mil 500 antes de Cristo que los purépechas acabaron de expulsarlos de Michoacán y ocuparon el territorio que ahora es Costa Grande, después se extendieron hasta el Río Balsas y hay quien dice que llegaron hasta el Valle de Toluca.
Por su parte don Luis Hernández Lluch, en su Monografía de San Jerónimo de Juárez nos comenta que al norte de ese lugar se asentó una tribu poderosa y organizada; “fueron los cuitlatecos, que tuvieron su asiento político en Mexcaltepec y hablaban un ‘dialecto’ parecido al náhuatl”.
Cuentas de jade encontradas en un cerro 
de la comunidad de La Florida. 
Foto: Víctor Cardona Galindo.

La Monografía de Zihuatanejo, que publica la Enciclopedia de los Municipios de México señala que los cuitlatecos como la mayoría de las etnias que poblaron la costa occidental de Guerrero, no se interesaron en las obras que perduraran y se contrajeron a cultivar los campos y a producir artesanías singulares, como las mantas de algodón leonado que les dio fama en el altiplano y las veneras (conchas de mar talladas) que fue un adorno apreciado por los mexicas.
Para el historiador Moisés Ochoa Campos en su Historia del Estado de Guerrero la Costa Grande sirvió, como sitio de cruce de las migraciones primitivas, aun no se iniciaba la era cristiana, cuando ya se registraban en el sur el paso de las primeras tribus, que venían de la costa de Michoacán.
El mismo autor señala que los cuitlatecas habitaban lo que es hoy Atoyac, Tecpan,  San Miguel Totolapan y Ajuchitlán y que sobrevivieron hasta principios del siglo XX. El lugar que ocupaban se llamaba Cuitlatecapan que significa “sobre los cuitlatecas o lugar de cuitlatecas”.
Las investigaciones de los etnólogos sobre los cuitlatecas se basan principalmente en las Relaciones Geográficas del Siglo XVI redactadas en 1578 a 1579. Estas “relaciones” eran una especie de informes que autoridades de la Nueva España, enviaban a su majestad y también sirve como base el estudio que Pedro R. Hendrichs realizó en tierra caliente en 1939.
Se desprende de estas Relaciones Geográficas del Siglo XVI, que la provincia cuitlateca abarcaba la totalidad de los actuales municipios de Atoyac, Benito Juárez, Tecpan y Petatlán, así como la porción occidental del municipio de Coyuca de Benítez en la Costa Grande. En la Tierra Caliente los cuitlatecas estaban establecidos en los municipios de Ajuchitlán del Progreso, San Miguel Totolapan y en Tetela del Río, al norte del municipio de Heliodoro Castillo.
El ingeniero austriaco Alejandro Wladimir Paucic recopiló información, señala que en su migración los cuitlatecos siguieron un río inmenso hasta su desembocadura, sitio que no fue de su agrado por la abundancia de alimañas y por no haber encontrado metales. Por eso algunas de sus hordas siguieron su camino hasta donde encontraron las condiciones para establecerse.
Los que se quedaron un tiempo, para subsistir tuvieron que dedicarse a la agricultura y aprender el cultivo del algodón, pero los viejos tuvieron buen cuidado de no dejar perder las habilidades manufactureras en cuanto a los metales y las salineras. Paucic habla también que los cuitlatecos rendían culto a los caimanes.
Para el año de mil 500 antes de Cristo los purépechas o tarascos ya habían expulsado a las cuitlatecas del actual estado de Michoacán, por eso se vieron en la necesidad de ocupar toda la Costa Grande, hasta el municipio de Coyuca de Benítez, llegando por el norte hasta el municipio de Zirándaro.
Para el año 400 después de cristo, la lengua y, consecuentemente el grupo cuitlateca, alcanzó su máxima expansión que traspasó los límites de Guerrero. Hendrichs afirma, que llegaron a los límites del Valle de Toluca. Además de los municipios arriba citados, es posible que en aquellos tiempos los cuitlatecas hayan tenido pequeños asentamientos en los actuales municipios de Pungarabato y Cutzamala.
Hendrichs también opina que los cuitlatecas “no formaban una sola unidad política sino que vivían en pequeñas repúblicas independientes, diseminadas entre otros pueblos de diferentes lenguas y costumbres”.
A la llegada de los españoles, los cuitlatecas ya habían sido sometidos por guerreros de la Triple Alianza. Después de la incursión del tlatoani Ahuízotl en 1498, por esta parte de Guerrero, quedó integrada la provincia tributaria de Cihuatlán, que correspondía lo que ahora es Costa Grande, con cabecera en San Luis de la Loma y aparece en la lámina 18 de la Matrícula de Tributos. Estaba formada por los municipios de Coahuayutla, La Unión, José Azueta, Petatlán, Tecpan y parte de Atoyac.
Cihuatlán tributaba pieles, animales vivos y fauna marina para ofrendas ceremoniales o para la alimentación. Según dicha Matrícula de Tributos, el cuatro por ciento de los productos agrícolas recibidos en México-Tenochtítlan procedían de Cihuatlán y Tepecoacuilco, al igual que el 60 por ciento de la miel, el 18 por ciento del algodón, casi el siete por ciento de la ropa de mujer, el 99 por ciento del incienso llamado ecozahuitl y el 50 por ciento del copal.
Aunque de las Relaciones Geográficas del Siglo XVI, se desprende que muchos pueblos cuitlatecas no pagaban tributo al Tlatoani, más le servían de soldados en la guerra que traían con los purépechas. Es decir que nuestros pueblos originarios fueron guerreros bravos y el tributo era su valor como materia prima principal.
Por su parte los purépechas o tarascos lograron someter a los cuitlatecas de los municipios de Ajuchitlán y San Miguel Totolapan. Por lo que se denota que los cuitlatecas se enfrentaron entre sí, sirviendo tanto a los mexicas como a los purépechas. Luego entonces que gran parte de los cuitlatecos de la costa fueron triturados paulatinamente por el forcejeo de dominio entre los mexicas y los tarascos. En la guerra empleaban arcos, flechas, macanas y escudos.
El viajero Pedro R. Hendrichs hizo una descripción de cómo debieron ser los cuitlatecos: “cuerpo bajo y grueso, piernas cortas y hombros anchos, sobre los que se levantaba una cabeza grande con cara ancha y carnosa, ojos pequeños, nariz chata y una boca que algunas veces es ancha con labios un poco abultados. Su tez de color cobre mate. De jóvenes tenían constitución atlética”.
“Los cuitlatecos constituían una raza fuerte e inteligente, opulenta y de porte altanero. Su extinción se ha debido probablemente a su mala suerte de tener sus asientos en un territorio disputado durante largos años por dos grandes naciones enemigas: los aztecas y los Tarascos. Vivían exactamente en la zona que constituían el escenario para las sangrientas luchas entre dos poderosos ejércitos, y así fueron obligados a hacerse soldados mercenarios de uno u otro bando”, dice Hendrichs.
Los pueblos cuitlatecos llegaron a ser muy numerosos y tenían una capital que era Mexcaltepec. Pero las guerras, las epidemias y los maltratos de los españoles los diezmaron. Según los cálculos que hacen los historiadores la población cuitlateca pudo haber ascendido a 300 mil individuos en toda la región. 

Es Fray Juan de Torquemada quien menciona como gran centro cuitlateca a Mexcaltepec, hoy pueblo ya muy reducido, ubicado en el actual municipio de Atoyac y nos dice que a la llegada de los españoles tenía más de 150 mil vecinos, cantidad que algunos historiadores consideran exagerada. Pero para 1579 a 1581 los indígenas se encontraban muy diezmados. La población cuitlateca en la segunda mitad del siglo XVI era de unos 15 mil.

sábado, 9 de enero de 2016

Apicultura


Víctor Cardona Galindo
Debido al cambio climático que ha traído, huracanes, lluvias atípicas y sequía; la apicultura está pasando por una crisis que afectará al 80 por ciento de los apicultores de la Costa Grande. Las flores que se dieron esta temporada están deshidratadas y las abejas no llevan miel a las colmenas, a este problema se le suma el uso de pesticidas en el cultivo de mango que está matando poblaciones completas de estos insectos que nos endulzan la vida.
Las abejas siempre han estado presentes en nuestra cultura. Para el poeta Jesús Bartolo existen sonrisas de miel. Héctor Cárdenas en su canción Lindo Atoyac trovó: “Dame a probar un jarrito de café /que no he perdido la fe, de volverme a enamorar /y saborear, limón dulce, rica miel /de tus labios, de tu piel quiero la esencia libar”.
Ignacio Manuel Altamirano en ese poema hecho a nuestra tierra que se llama Los naranjos dice: “Del mamey el duro tronco/picotea el carpintero, / y en el frondoso manguero/canta su amor el turpial; /y buscan miel las abejas/en las piñas olorosas, /y pueblan mariposas/el florido cafetal”.
Apicultores revisan las colmenas para constatar
 la falta de miel en los bastidores, nadie cosechará esta
temporada y están buscando mecanismos para alimentar
 los apiarios suministrándoles azúcar.
Foto: cortesía de Dimas Arzeta García.

Cuentan nuestros abuelos que El Nacaxqueme, un gigante legendario, cubierto totalmente de pelos, con las orejas grandes, que vive en las hondonadas de la Sierra Madre del Sur, se alimenta de miel. La gente de la sierra lo conoce como El Nacaiqueme, es escurridizo y al verse descubierto se esconde en la espesura de la selva. Si la leyenda es cierta ¿Que será de El Nacaxqueme ahora que escaseó la miel?
Estas tierras, antes que a nosotros, les pertenecieron a los cuitlatecas, un pueblo prehispánico que habitó la zona. Después de varios siglos de su llegada a la Costa Grande, los cuitlatecas fueron sometidos por los aztecas quienes se llevaban de aquí plumas, pieles de animales feroces como el jaguar y miel, mucha miel.
La miel es ancestral, todas las poblaciones indígenas de Guerrero usaban miel como ungüento en heridas, labios agrietados e infecciones de la piel. También la usaban para endulzar el atole blanco hecho de masa de maíz. En el México prehispánico no se conocía la caña de azúcar y usaban la miel también para elaborar bebidas alcohólicas. Ahora esta miel se usa contra las molestias de la gripe y la garganta, padecimientos de los ojos, moretones, dolores durante el embarazo y debilidad general después del parto.
Las culturas mesoamericanas lograron cultivar diversas variedades de abejas de las conocidas como Trigona y Melipona, que son pequeñas y no tienen ponzoña. Tuvo particular importancia la especie Melipona beecheii. Para su cultivo los indígenas buscaban un árbol hueco, en el cual cortaban un tramo recto de unos 60 centímetros de largo. A la mitad del pedazo de tronco le hacían un orificio para la entrada y salida de la colonia. El tronco se cerraba en ambos extremos, con lodo o con pequeñas puertas circulares que se incrustaban en la madera, de modo que pudieran quitarse fácilmente. Este método se utiliza todavía y la colmena se cuelga horizontalmente de un árbol.
Actualmente en la sierra nuestros campesinos han logrado domesticar la abeja melipona, que produce la curativa, miel de palo. Antes para poder acceder a un litro de miel había que derribar un árbol que muchas veces era centenario, ahora se cultiva en los corredores de las casas de pueblos de la sierra, donde la abeja que no tiene aguijón encargada de polinizar las plantas de café convive en armonía con los campesinos.  
En la cultura mexica los productos apícolas eran tan apreciados que los tributos se cobraban con miel de abeja. Se apreciaba la abeja por su miel y la cera. En Teotihuacán la cera se ocupó en las ceremonias religiosas. Los mayas hicieron figuras de animales, de hombres y de dioses, fabricaron velas para alumbrar los recintos religiosos. Además de sus propiedades curativas, la miel fue utilizada como moneda y como objeto de un intenso comercio.
Mortandad de abejas en los apiarios
 debido a la fumigación excesiva de pesticidas 
en los cultivos de la región. 
Foto: cortesía de Dimas Arzeta García.

Existe en el Códice Mendocino una larga lista de las cantidades de miel que aportaban los pueblos sometidos a Moctezuma. Se dice que los aztecas acostumbraban tomar bebidas alcohólicas preparadas con miel de abeja en las fiestas de defunción.
Después de la incursión del tlatoani Ahuízotl en 1498, por esta parte de Guerrero, quedó integrada la provincia tributaria de Cihuatlán, que correspondía lo que ahora es Costa Grande, y aparece en la lámina 18 de la Matrícula de Tributos. Estaba formada por los municipios de Coahuayutla, La Unión, José Azueta, Petatlán, Tecpan y parte de Atoyac.
Cihuatlán tributaba pieles, animales vivos y fauna marina para ofrendas ceremoniales o para la alimentación. Según dicha Matrícula de Tributos, el cuatro por ciento de los productos agrícolas recibidos en México-Tenochtítlan procedían de Cihuatlán y Tepecoacuilco, al igual que el 60 por ciento de la miel, el 18 por ciento del algodón, casi el siete por ciento de la ropa de mujer, el 99 por ciento del incienso llamado ecozahuitl y el 50 por ciento del copal.
Se sabe que la llegada de Apis mellifera a la Nueva España no fue directa. Esas abejas fueron introducidas primero por los colonos europeos de América del Norte. En 1622 ya había abejas en la colonia Inglesa de Virginia y fue hasta 1711 que fueron llevadas La Florida, en esos tiempos colonia de España. Luego entró la abeja melífera en La Isla de Cuba. En 1834 fueron llevadas a Uruguay, en 1848 a Chile, en 1855 a Argentina, 1858 a Bolivia y luego llegó a Yucatán de donde se extendió por la región central del país. Durante el mandato de Porfirio Díaz la apicultura recibió un gran impulso y apoyo económico.
Desde entonces la producción de miel en México mantuvo una tendencia de crecimiento hasta 1986, cuando se alcanzó la producción récord de 75 mil toneladas. Pero comenzó a decrecer  debido al arribo de la abeja africana, que se trajo al continente buscando una mejora genética para resistir enfermedades, y de la presencia de la varroa, un ácaro que ataca a las abejas desde su estado larvario.
El impacto de huracanes y las sequías prolongadas en diversas partes del país, han provocado que un importante número de apicultores abandonen la actividad, con un decremento en los niveles de producción nacional.
A finales de 1950, las abejas africanas escaparon accidentalmente de Brasil, en poco tiempo avanzaron hacia el norte del continente y llegaron al sur de Estados Unidos. Los enjambres mostraban una conducta fuertemente agresiva y su picadura podía tener consecuencias mortales. Ahora hay abejas que son resultado de una cruza de razas europeas y las melíferas africanas. Los apicultores aprendieron a tratarlas, cuando son agresivas se les mata la reina y se les pone una reina mansa europea.
En el caso de Atoyac la producción de miel, en colmenas con abeja europea, fue iniciada por Salvador Maya Suárez, oriundo del estado de Michoacán, pero casado con la atoyaquense Guadalupe Obé Quiñones. Wilfrido Fierro en la Monografía de Atoyac anotó que  Salvador Maya instaló los primeros apiarios en su parcela de la Y Griega, el lado poniente de la carretera nacional Acapulco- Zihuatanejo, el 13 de julio de 1961.
En la revista La Costa, número 3 de marzo de 1995, se lee: “Don Aurelio Maya trajo las primeras cajas de abejas a la Costa Grande las puso en la barda de su casa, después don Chava hizo lo mismo y las puso en la Y Griega y en el racho de Los Coyotes de don Benjamin Luna Venegas”.
Debido al interés que despertó el experimento del señor Maya, la compañía Acapulco Miel S.A. instaló en la carretera desde el Pie de la Cuesta hasta Tecpan de Galeana, nuevos y numerosos apiarios. Señala Wilfrido Fierro que al fomentarse la industria, y cuando estaba obteniendo magníficos resultados, apareció en los palmares de la región costera, una plaga conocida como Fungosis, un hongo que era transmitido por insectos, ocasionando la caída prematura del coco dejando una pérdida del 50 por ciento de la cosecha. Ante tan alarmante noticia los campesinos productores de copra, se quejaron ante las autoridades y “antes de que esta resolviera lo conducente del caso, obraron por su propia cuenta y fuera de ley, quemando los apiarios con gasolina, tanto de la referida compañía como los del señor Maya”.
Salvador también tenía apiarios en la carretera y la sierra, el huracán Tara le afectó mucho, pero no tanto como él un hongo conocido como Fungosis, porque algunos líderes lo utilizaron como arma política al decir que la abeja provocaba las muertes de las palmas y eran nocivas. Un individuo, que en el texto de La Costa, identifican como el Vivillo 8 “engañó, alborotó y utilizó a los copreros y medios de comunicación para desatar una guerra de quema de cajas por todos lados empezando por la Y Griega”.
Luego “vinieron especialistas de la SARH y Alemania a dar conferencias para desengañar a la gente, pero el rumor ya estaba más esparcido que el mismo hongo, por lo que sólo se salvaron las cajas que estaban en el rancho de Los Coyotes”. En 1985 también quemaron apiarios en la sierra porque pensaban que la abeja tumbaba la flor del café.
La apicultura es también un cultivo trágico, muchos han muerto por el ataque de abejas, como es el caso de Juan Zambrano Santiago, que fue atacado por un enjambre en la comunidad de La Florida. El 24 de marzo de 1995, Zambrano se iba a bañar cuando pasó un carro con colmenas, lo atacaron y le picaron muchas. Otros han muerto cuando intentaron cosechar apiarios que no eran de su propiedad. También animales domésticos han sido víctimas de sus picaduras. El apicultor Evodio Argüello comenta que donde pica una abeja suelta una feromona que avisa a las demás y todas se van hacia lo que consideran intruso.
Aquí la principal producción apícola ha sido la miel de abeja, seguida en menor escala por la cera, propóleo, polen y jalea real. Actualmente los mieleros de Atoyac se han multiplicado hay alrededor de 150 y han diversificado la actividad, elaborando productos vitamínicos y de belleza a base de miel. Se elaboran jabón, champú, cremas, paletas, palanquetas, jarabes y spray de propóleo. El polen se utiliza para mascarillas, el veneno de abeja para los dolores musculares y Bernabé Ávila pone piquetitos de abejas en las rodillas para contrarrestar los dolores articulares.
Evodio Argüello dice que el color de la miel depende del floreo. En la parte baja del municipio se produce una miel oscura que es de flor de campanilla, palmeras y mango; en la parte media es ámbar y más aromática extraída de la flor de cacahuananche y en la parte alta es clara, es una miel que los apicultores le llaman multiflora.
La problemática que vive el sector va desde los incendios forestales que se han registrado en la sierra y en la parte baja del municipio. La sequía y en otros momentos las lluvias destruyen las cajas colmeneras. Con la llegada de la telefonía celular se dijo que las abejas se desorientaban causando mortandad en las colmenas. Luego los apicultores hicieron un llamado a las autoridades municipales y estatales para que regulen la aplicación de insecticidas en épocas de floración de mango. La enorme cantidad de abejas muertas causó estupor y alarma en el sector, quienes no entienden porque los productores de mango prefieren matarlas, cuando las abejas son un instrumento imprescindible para la polinización de sus cultivos.
Luego el cambio climático ha provocado la baja producción de miel y temen la migración masiva de abejas de las colmenas por la falta de floreo para alimentarse, ya que la escasez de lluvias causó deshidratación en las plantas. Por eso el 9 de diciembre de 2015, el presidente del Consejo Estatal de Apicultores de Guerrero, Santos Goicoechea Antúnez informó que se cayó totalmente la producción de miel en la entidad, debido a que los cambios climatológicos alejaron a las abejas de las colmenas. Los productores efectuaron las técnicas de costumbre en los apiarios como en cada temporada, sin embargo, cuando acudieron a levantar la cosecha de miel se encontraron con la sorpresa de que las abejas se habían ido o no había producto.

La situación es crítica porque 80 por ciento de los productores dependen completamente de la producción de miel para mantener a sus familias. Aquí el Ayuntamiento de Atoyac dotó de ocho toneladas de azúcar, a los apicultores, para alimentar en esta temporada los apiarios y evitar que las abejas se mueran o emigren a otros lugares.

miércoles, 6 de enero de 2016

La danza del macho

Víctor Cardona Galindo

Como la del Cortés, la de los marqueses y los gachupines, la del Macho es otra de las danzas de la conquista, porque el hombre que se viste de mujer simula a la Malinche. Son danzas que se han heredado de generación en generación, Flavio Mesino la organiza desde 1981 en la colonia Juan Álvarez de Atoyac y la aprendió de don Félix García y de Eugenio Rosas.
La ha llevado a muchos lugares, incluso se presentaron una vez en el Centro de Convenciones de Acapulco, pero recorre la ciudad de Atoyac en Navidad, Año Nuevo y el Día de Reyes.
La música que se toca es de violín y guitarra. En el tono de La Mayor, se interpreta el verso siguiente:

Malinchito, malinchón
cuánto quieres por tu macho
no lo presto
no lo vendo
porque ni dinero me costó.

Los danzantes son tres, la Malinche, el comprador y el macho. Actualmente Ciro Mesino representa al comprador, Demetrio Vargas Martínez es el macho y Camerino Salgado, mejor conocido como El Chivo, se viste de mujer para personificar a la Malinche. Flavio Mesino toca el violín y Albertano Gómez Onofre, la guitarra. Por mucho tiempo la Malinche fue interpretada por don Anselmo Martínez El Chulo, un señor muy picaresco que se hizo famoso porque cantaba el verso:

Estos guaraches que traigo yo
Lucio Cabañas me los compró
y con el dinero que le sobró
un chicle motita me regaló.

Ahora ese verso se ve muy simple, pero El Chulo lo cantaba cuando estaba en pleno apogeo la Guerra sucia y de esa manera se burlaba de los soldados que en ese tiempo estaban hasta en la sopa.

DANZA DE LOS MACHOS

Esta representa a un grupo de trabajadores campesinos, dedicados al cuidado y domación de las bestias mulares, propiedad de los ricos españoles; por esta actividad, los trabajadores recibían el nombre de machos.
La característica principal por la que se identifica esta danza es porque los danzantes llevan consigo una pequeña cabeza y pescuezo de madera que representa la bestia mular.
En esta danza sólo una persona se viste de mujer, con ropa de la época de principios del siglo XX, tal como vestía la mujer de pueblo: enaguas largas, blusa de tela corriente y floreada, rebozo enrollado a la cintura, las puntas echadas hacia atrás sobre los hombros terciado al pecho; sombrero de palma común, la máscara da el aspecto alegre y jovial de la mujer mestiza.

Cuauhtémoc Anda Gutiérrez. Guerrero, raíces, democracia, futuro y paz, p. 83.

domingo, 3 de enero de 2016

La roya del café


Para Leonides Martínez Gómez. Quien siempre tuvo
una taza de café para mí cada vez que visité El Porvenir.
Víctor Cardona Galindo
El jueves 3 de diciembre visité El Porvenir Limón. Con el equipo del periodista Daniel Varela subimos a la cuna del guerrillero Lucio Cabañas Barrientos, allí encontramos a Leonides padre  y a Leonides hijo cosechando los pocos granos de café que se sostenían en las plantas, pero con ganas de seguir en la actividad. A un costado de su parcela, ya crecía un vivero con pequeñas plantas de café, variedad Colombia, tolerantes a la roya anaranjada.
En el patio de su casa, en un recipiente con agua, seleccionaban el café cereza recién cortado. Nos invitaron a tomar una taza de café con galletas norteñas. Luego nos fuimos a ver los cafetales. Cuando ellos cortaban para que los filmara el equipo de Varela, llegó un guaco y se sentó en un ocote. Entonces Leonides hijo me comentó que el guaco se come a los murciélagos que salen al atardecer y hablamos de otras aves del campo, era un enamorado de todo lo que tenía sembrado en su pequeña finca. La semana pasada, el 21 de diciembre para ser exactos, Leonides hijo murió en un accidente automovilístico. Cuando venía de El Porvenir el vehículo en que viajaba, por La Loma Larga, se quedó sin frenos y se salió de la carretera.
Así quedan las plantas de café después que la roya naranja
 le tumba las hojas, de Río Santiago a El Paraíso puras 
varas se observan bajo los árboles que dan sombra 
a los cafetales. Foto: Francisco Magaña de Jesús.

Por eso en honor a Leonides Martínez Gómez en esta página de Atoyac hablaremos del café y la mortal pandemia que sufre ahora. La roya naranja.
La vegetación nativa que se mantiene en las regiones cafetaleras del estado es aporte importante al medio ambiente, en la cosecha de agua, porque son ambientes no alterados, donde aún convive la flora y la fauna. No existe otro cultivo que armonice con el entorno natural de las regiones productoras, toda vez que su cosecha se da bajo la sombra de árboles, los cuales contribuyen a brindar el oxígeno necesario para la subsistencia humana.
También en las zonas cafetaleras existe una mayor presencia de la fauna nativa, lo que se propicia con la conservación de los bosques y los cultivos alternos. Por todo lo anterior  el cafetal es un espacio de vida, que provee sabor y placer. Pero ahora ese espacio de vida se ve amenazado por la presencia agresiva de la roya naranja.
Su presencia se le atribuye a los efectos del calentamiento global que se están acentuando paulatinamente y empiezan a tener repercusiones en el campo, por eso la roya naranja está devastando los cafetales en la sierra de Atoyac, únicamente están quedando un 20 por ciento de ellos en pie. La plaga comenzó después de la contingencia que provocó el huracán Ingrid y la tormenta tropical Manuel, cuando salieron afectadas el 25 por ciento de las plantaciones, por los grandes deslaves que se dieron en las huertas y dejó también mucha humedad en el ambiente, por eso los primeros brotes agresivos de la roya se detectaron a finales de 2013.
En las paginas web especializadas encontramos que “La Roya del cafeto es la enfermedad más importante en nuestros cafetales. Esta es causada por el hongo Hemileia vastatrix el cual infecta las hojas del cafeto. La infección por este hongo ocasiona la caída prematura de las hojas y, si además, hay ataques por insectos, mala fertilización y condiciones de crecimiento deficientes, los cafetos estarán en un continuo estrés y desbalance lo que afectará negativamente la producción”.
“La roya de los cafetales, es un hongo que sólo se desarrolla en las hojas maduras de los cafetos, las cuales al ser atacadas pierden su función de nutrir a la planta, ocasionando la defoliación completa y por consiguiente la muerte cuando los cafetos son viejos”, comenta el ingeniero Federico Lorenzana Arzeta un hombre de los que más saben del tema.
“Un 90 por ciento afectado, madamas para la taza de café quedó. Las lluvias atípicas acabaron con lo poco que se salvó”, dice mi compadre Francisco Magaña quien el sábado 26 de diciembre subió a San Vicente de Jesús para ver sus plantaciones. La razón principal es que las lluvias han sido bastante irregulares, ahora llueve en meses en que antes no llovía. Este invierno está lloviendo en la sierra atoyaquense. “Nunca en mis 41 años de vida que llevo al sol hoy pensé que a finales de agosto y principios de septiembre de este 2015 hubiese café maduro en las plantaciones”, escribió Esteban Hernández Ortiz.
El año pasado llovió prematuramente ocasionando floración de café a destiempo, luego cuando los frutos empezaban a desarrollarse siguió lloviendo, muchos granos cayeron al suelo y otros continuaron su crecimiento hasta madurar, por eso hubo café maduro a finales de agosto y a principios de septiembre, pero no el suficiente para que el productor aplicara un corte. Entonces ese café cayó al suelo y al llegar finales de noviembre fue poco el café maduro listo para cosecharse. En San Vicente de Jesús hubo quien cosechó cinco latas en una hectárea (una lata es una medida de 13 kilos aproximadamente) y el kilo de café cereza está a seis pesos. Se habla que para cosechar una hectárea se necesita una inversión de 15 mil pesos, puras perdidas. Otros subirán a cortar su café después de Año Nuevo porque únicamente saldrá para el consumo familiar.
“En la sierra de Atoyac sólo se aplica un corte de café, pues los precios del grano aromático no rinden para aplicar dos cortes, de manera tal que los caficultores esperan a que maduren la mayoría de los granos de café para poder aplicar un sólo corte y así pagar un periodo de entre 30 y 45 días que ahora lleva levantar la cosecha”, dice Hernández Ortiz.
La roya presentó un problema similar en los cultivos, de otras latitudes, durante la década de 1980, se sabe que en Atoyac está presente desde 1982. Dice Federico Lorenzana que en 1997, surgió un pequeño brote de roya en Atoyac pero no causo mayores daños, y “por ello convenimos con Inifap y el Consejo mexicano del Café, la introducción de la variedad Oro Azteca y establecimos lotes experimentales de cuatro nuevas variedades de café como: Oro azteca, Costa Rica 95, Catimor 5175 y Pacamara”. La plaga ocasionó en 2012 y 2013 daños importantes de hasta 40 por ciento de la producción en Chiapas y Veracruz.
Hace dos años los cafeticultores comenzaron a reportar la presencia del hongo en los campos de los ejidos de El Paraíso y San Vicente de Benítez, los dos más importantes en la producción del grano dentro de este municipio.
Algunos estiman que la enfermedad de la roya afectó ya el 80 por ciento de los cafetales en producción. Por eso desde antes campesinos previsores ya tenían otros cultivos alternos como aguacate, plátano y otros vegetales para abastecer su consumo interno o para la venta y así llenar el vacío económico que dejará la falta de café. Porque aún y con las acciones que emprendan las autoridades federales y estatales para combatir el problema, será mínima  la producción de café durante el 2016 en Guerrero.
Algunos productores como Evodio Argüello de León están plantando viveros de variedades Costa Rica 95, Colombia y Oro Azteca tolerantes a la roya naranja, pero susceptibles a otras enfermedades como: el Ojo de gallo, si tienen mucha sombra, y si casi no tiene sombra se le desarrolla otra enfermedad llamada Antraxnosis; por lo tanto estas variedades necesitan más trabajo de cultivo. Evodio proyecta sembrar, en junio de 2016, tres mil 300 plantas de semilla acriollada en una hectárea. Arguello de León es presidente del Consejo Regional del Café y estima que en la Costa Grande están afectados el 75 por ciento de los cafetales y en Atoyac está al 80 por ciento de las 23 mil 162 hectáreas que cultivan seis mil 870 productores. Desde Río Santiago hacia arriba se ven puras varas bajo los árboles, quizá los ejidos más afectados sean El Paraíso y San Vicente de Benítez.
Parece que fueron inútiles las acciones que emprendió este año el gobierno federal, a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), que invirtió 15 millones de pesos para la compra de químicos que se fumigaron en los cultivos para combatir la roya. Arturo García Jiménez coordinador del  Consejo Ciudadano para la Reactivación del Desarrollo Sustentable de la Costa Grande (Credescog) considera que se necesita implementar una campaña intensa de renovación de cafetales, lo que llevará, si se realiza, a una espera de aproximadamente de tres a cuatro años para que la producción se vuelva a dar en las zonas cafetaleras del estado.
Así quedaron las plantas de café atacadas por la roya.

Al hablar de la problemática Federico Lorenzana Arzeta dice que hay culpas compartidas, “por un lado están los productores que se siente amenazados por los daños que causa esta enfermedad y no alzan la voz; del otro están los profesionistas y técnicos que defienden a sus superiores que nunca van al campo ni conocen los problemas, y por ultimo estamos los otros profesionista que alzamos la voz ante la negligencia e ineptitud de los que están al frente de alguna dependencia u organismo auxiliar de estas, y no hacen caso”.
Federico Lorenzana en coordinación con Arturo García Jiménez, visitaron algunas plantaciones y capacitaron a cafetaleros de El Edén y El Paraíso con cursos-talleres sobre el control de la roya usando el Sulfato de cobre pentahidratado y la cal hidratada, para hacer con ellos un producto de contacto como es el caldo bordelés, fungicida-bactericida-fertilizante, económico y amigable con el medio ambiente. Y por su propia cuenta Lorenzana también impartió esos cursos–talleres en San Vicente de Jesús, El Quemado, San Juan de las Flores y El Porvenir Limón. Gracias a eso cerca de 300 productores saben la forma en que ataca la enfermedad a sus cafetos, y como elaborar la mezcla. También diseñó un tríptico, que detalla los pasos que se tienen que seguir para lograr un buen producto y una buena aplicación.
Federico Lorenzana dice que México es pionero en el control y prevención de la roya naranja del café Hemileia vastatrix mediante el fungicida DR43 y el biofertilizante AITIA.  Es necesario hacer aspersiones a los cafetos con el caldo bordelés y rociar pocos días antes de que los cafetales empiecen a florear. Si el daño es severo se deben hacer dos aplicaciones, la primera antes de que haya flor y la segunda por el mes de septiembre.
Para otros especialistas el problema  es el abandono de las plantaciones cafetaleras. Se dejó de podar cafetales, hay plantas viejas, no se fertilizó ni se manejó sombra. Y consideran que para combatir la roya hay que cambiar y reestructurar para tener cafetales nuevos y variedades tolerantes, que existen en México como catimores y Oro Azteca, y además darle buen manejo a los cafetales.
Desde el punto de vista de Federico Lorenzana el problema de la roya “es un fenómeno que en forma natural hará una selección entre los productores que son cafetaleros y los productores recolectores; es decir, los primeros harán todo por mantener a al famosísimo hongo en un estado que no cause daños a los cafetos, y los segundos dejaran de ser cafetaleros; esto suena muy drástico pero es la realidad. La roya nos está diciendo que debemos mejorar las prácticas de cultivo, que le demos atención a los cafetos, que les hagamos cariño”.
Está claro que la roya se manifestó por primera vez en Guerrero en 1982 y que los cafeticultores convivieron con ella durante 33 años, pero en la última temporada la sepa se volvió más agresiva. La enfermedad encontró plantaciones viejas, sólo un nueve por ciento desarrollándose y el ocho por ciento con nuevas matas en condiciones de producir. Por eso se estima que dentro de tres a cinco años ya no habrá café en Guerrero, si no se controla la roya o no se siembran nuevas plantaciones. Este 2015 sólo se rescatará el 30 por ciento de la producción del aromático, representando una pérdida aproximada de 100 millones de pesos que no llegarán al bolsillo de los productores.
Para atacar el hongo que destruye a los cafetos es necesario realizar de forma sistemática y efectiva las acciones de manejo, impulsar el mejoramiento genético del café con resistencia a la roya e impulsar acciones para atender a la población afectada por este fenómeno. Hay que recordar que el cultivo del café coincide con las comunidades de extrema pobreza.
Algunos productores afectados por la roya dicen que tiraran el bosque para sembrar zacate y hacer potreros. Pero también hay una plaga de gusanos que afecta los pastizales y donde caen las vacas ya no quieren comer.