Víctor Cardona Galindo
De
pronto corrió la noticia de que había cocodrilos en el río. Hubo quien culpó a
las autoridades de antemano, por si algo le pasaba a un cristiano. El área de
ecología del Ayuntamiento, se puso en marcha donde habían visto los anfibios.
En La poza del muerto, dijeron. Se
hizo el operativo y atraparon un espécimen de un tamaño regular.
Los
lagartos, siempre han estado en el río. Desde hace tiempo El Cachi está diciendo
que los ha visto asoleándose. En otros momentos han atrapado cocodrilos en el
río. Nunca a nadie le ha pasado nada. Más bien,
son los cocodrilos los que corren peligro, por eso hay que rescatarlos
de ahí y llevarlos a un lugar seguro.
Los
saurios en el río son realidad y leyenda:
Cuando
niños mi papá nos contaba de los encantos en el río, en la sierra. Los encantos
podían ser pozas profundas en donde habitaban peces de colores. Por más que
quisieran atraparlos, se escabullían y cuando alguien se lanzaba con un visor
entonces se iban a lo más profundo de la poza, que parecía no tener fin. Ningún
cristiano podría alcanzar el fondo sólo a pulmón.
Se
decía que los peces de colores eran señuelos de los lagartos que habitaban en
lo más profundo de la poza. “Los peces de colores eran la trampa, para que los
siguieran hasta el hocico del lagarto”. Hubo quien osó decir que medían más de
cinco metros y que un ejemplar estuvo
asoleándose frente a sus ojos. Por las noches se oían sus coletazos, el sonido,
enchinaba el cuero, asustaba a los cazadores que huían despavoridos del lugar.
No hay
antecedentes cercanos de que en la región alguna persona haya sido atacada por
un cocodrilo. La maestra Guadalupe Galeana Marín, nuestra sindica, me contó que
en San Nicolás, municipio de Coyuca de Benítez, allá por los años treinta, un
niño bajó al estero a lavar una papaya, la ensartó en un machetito y desde un
puente de madera se agachó para alcanzar el agua, de pronto un cocodrilo le
saltó y se lo llevó a lo profundo de la laguna.
El
niño tenía poco más de ocho años. El papá lo buscó, sólo encontró el sombrerito
y la papaya flotando en el estero, el agua estaba revuelta, buscó a su hijo sin
encontrarlo, pensó, por las señas que vio, que un cocodrilo se lo había
llevado. Fue a San Nicolás a buscar ayuda donde los hombres del pueblo, se
dieron a la tarea de buscar por toda la orilla de la laguna.
Cuando
se hizo de noche, con hachones montaron guardia por toda la orilla del agua,
hasta que en la madrugada escucharon coletazos. El cocodrilo había salido del
agua a desbaratar a coletazos su presa para podérsela comer. Los vecinos
cayeron sobre el cocodrilo al que atraparon y lo amarraron bajo un gran árbol
de mango. El papá, después de recuperar el cuerpo de su hijo, pidió que
quemaran vivo al saurio. Así lo hicieron, le echaron petróleo y le prendieron
fuego, el cocodrilo bramaba de una manera espantosa que se escuchaba en todo el
pueblo.
Otra
noticia que encontré sobre cocodrilos es una que se publicó hace 120 años en el
Diario Oficial del Gobierno, el martes 19 de marzo de 1889, la nota dice que en
el margen de uno de los esteros de Tetitlán, formado por la barra del río
Tecpan, Distrito de Galeana, fueron atacadas por un enorme caimán una pobre
mujer y su hija que se encontraban por aquellos lugares recogiendo algodón.
Víctimas de las heridas causadas por la fiera sucumbió primero la hija y
después de algunas horas la infeliz madre. Señala la nota: “Este acontecimiento
que ha consternado a los habitantes de
los lugares inmediatos, acaeció en principios de la semana próxima pasada”.
Aquí
hablan de un caimán, quizá por el desconocimiento que tenían las autoridades de
diferenciar un caimán de un cocodrilo. Recientemente no se habla de caimanes,
más bien se han visto cocodrilos.
De los
cocodrilos se dicen muchas cosas, incluso don Francisco Galeana Nogueda en su
libro Conflicto sentimental. Memorias de
un bachiller en humanidades narra que en el río Atoyac, en “la piedra del
Zacate” llamada así porque estaba
rodeada de plantas silvestres y lama verde azulosa cuyas profundas aguas
reflejaban a la superficie un oscuro tenebroso, donde en ocasiones aparecía una
pareja de cocodrilos que se aventuraban a subir la corriente del río desde su
desembocadura”.
Se han
contado algunos cuentos, sobre cocodrilos, dicen que don José Olea, el dueño de
una funeraria que hubo aquí en el centro de Atoyac, tenía ocultos unos
cocodrilos, a los que alimentaba con las
vísceras de los muertos y que cuando se cansó de ellos los fue a tirar al río,
precisamente por el rumbo de La poza del
Muerto. Sin embargo, sólo son rumores porque nadie me pudo confirmar a
ciencia cierta de la existencia de esos saurios en la funeraria y todo ha
quedado como una especie de leyenda urbana.
Sin
embargo, aunque parezca tenebroso los cocodrilos siempre han estado aquí, en el
río y en casas de la cabecera municipal, allá entre 1965 y 1970, en las
instalaciones de la compañía Silvicultora Industrial que estaba ubicada entre
la carretera a la sierra y la calle Florida, tenían dos ejemplares de
cocodrilos, pero una vez que creció el arroyo que pasa por ahí se los llevó.
En 1998, mi compadre Sosimo
agarró un pequeño cocodrilo en el arroyo Cohetero,
abajito de la colonia Francisco Villa, el anfibio había hecho su hábitat en las
pequeñas pozas de agua que hay por ahí, bajo unos frondosos árboles. Mi
compadre lo espió, le puso una trampa y
lo atrapó, lo tuvo como tres semana encadenado como si fuera un perrito, pero Chinto fue a verlo, le hizo ojo y se
murió, porque “estaba muy chistosito el animalito”.
Luego
en el año 2000 cuando Gabriel Castillo Radilla era director de protección civil
del Ayuntamiento se atrapó un cocodrilo en el canal de riego frente a la unidad
habitacional “Nuevo Horizonte” medía más de dos metros y medio de largo. Vino
gente especializada de la ciudad de México que lo trasladó a un zoológico.
También
en la colonia Sonora en los terrenos que son propiedad de la familia Mariscal
tenían encerrado un cocodrilo que medía casi dos metros de largo, estaba en un
estanque y a los propietarios ya se les hacía difícil darle de comer. Los
vecinos y la directora de la escuela Juan R. Escudero denunciaron, esto a las
autoridades municipales, porque los niños del mencionado plantel a la hora del
recreo se divertían viendo el cocodrilo.
En
junio del 2006, fue capturado un cocodrilo en la comunidad de Zacualpan. El
saurio media más de dos metros y medio. Este ejemplar murió a finales de ese
mes en un estanque del Ayuntamiento debido a que tenía fracturada la quijada,
porque el campesino que lo atrapó lo lazó y lo jaló con un caballo. Este
ejemplar era hembra y estaba embarazada. A lo mejor cuando salió a poner sus
huevos fue atrapada por el campesino.
Otro
caso ocurrió en abril del 2007, el campesino Armando Serrano Solís capturó un
cocodrilo que medía un metro con 30 centímetros de largo, en una laguna
localizada en las inmediaciones de Corral Falso, de éste se ignora que fin tuvo
porque las autoridades ya no informaron a la opinión publica del seguimiento,
debido a que el campesino quería tres mil pesos para entregarlo, de lo
contrario lo devolvería a donde lo atrapó.
Hace unos días pobladores de la parte sur de
la ciudad, denunciaron que habían visto cocodrilos en La Poza del Muerto. A raíz de esta denuncia el Departamento de
Ecología en coordinación con el Jefe de Policía Ecológica, Roberto Hernández
López acudió al lugar con 14 elementos a su cargo para verificar, y
efectivamente se avistaron 3 ejemplares de los 8 reportados por los vecinos.
Por lo
que se puso en marcha a un operativo intenso de búsqueda, que duró 15 días,
implementado por la Secretaría de Seguridad Pública a cargo de Josué Iván
Gervasio Nava, en coordinación con el Departamento de Policía Ecológica y el
Jefe Operativo del Medio Ambiente, Yasir
Hernández López.
El día 3 de marzo a las 17:15 horas, ante la
presencia del Alcalde Municipal Carlos Armando Bello Gómez, se capturó un
ejemplar denominado cocodrilo americano (cocodrylus accutus) de un metro con
treinta centímetros de largo, asegurándosele en un estanque del Ayuntamiento
Municipal, mismo que luego fue puesto a disposición de la Procuraduría Federal de Protección al
Ambiente.
Esa dependencia lo trasladó a la Unidad de
Conservación de la vida silvestre con clave de registro
SEMARNAT-UMA-IN-003-GRO, ubicado en la carretera Nacional Acapulco-Zihuatanejo
del Municipio de Coyuca de Benítez, donde se depositó para salvaguardar su
vida, ya que esa Unidad de Manejo cuenta con las instalaciones necesarias,
vigilancia veterinaria, cuidado y alimentación propia de su especie.
Asimismo,
el personal de ecología ha estado resguardando el lugar llamado La Poza del Muerto, desde hace algunas
semanas con el propósito de cuidar que estos anfibios no sean atacados por
cazadores furtivos.
De la
semana del 23 al 27 de marzo, a petición del Gobierno Municipal, estuvo en este municipio el cazador de
cocodrilos, Erroberto Piza Ríos, mejor conocido como Tamakún, para capturar a estos animales y reubicarlos en su hábitat
natural, los cuales serían capturados con trampas especiales para lo cual Tamakún colaboró con el área operativa
del departamento de ecología y el jefe de la policía ecológica con sus
elementos.
Sin
embargo, a pesar de que acamparon de día y de noche en la orilla del río, no
apareció ningún cocodrilo, al parecer olieron a Tamakún y se fueron. En una exploración que se hizo por el río se
encontró en descomposición el cuerpo de un cocodrilo muerto por arma de fuego.
Lo que quiere decir que ya hay cazadores furtivos amenazándolos permanentemente.
Por eso urge que los ejemplares que tienen su hábitat en la parte sur del río
Atoyac, sean trasladados a un lugar seguro, para seguir preservando su especie.
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