viernes, 15 de diciembre de 2017

El Santito


Víctor Cardona Galindo
El rito comienza cuando el sacerdote Rafael Valencia reza en cada Estación representada por pequeños grabados que cuelgan en las paredes de la parroquia Santa María de la Asunción. La concurrencia sigue en coro la oración, mientras los miembros de la hermandad “Jesús de Nazaret”, que se identifican por sus playeras azules, lo siguen con una cruz de madera, representando así el recorrido de Cristo al monte Calvario.
Una mujer con sahumerio y sirio, delante
 la imagen de Jesús de Nazaret después del
 Viacrucis, con sus 14 Estaciones, cale de la
 parroquia para realizar el recorrido por
la ciudad de Atoyac que dura 41 días. 

Foto: Víctor Cardona Galindo.

Después del viacrucis con sus 14 Estaciones, sale de la parroquia la imagen de Jesús de Nazaret para realizar su recorrido por la ciudad de Atoyac que durará 41 días. Comienza el primer viernes de cuaresma y termina el Jueves Santo.  Fausto Hernández Meza filma y filma con su cámara de video desde hace 22 años está presente en esta actividad, no me imagino una procesión sin Fausto, es parte de la tradición misma.
El cortejo camina lento, la patrulla 001 del departamento de tránsito va al frente, su director Pedro Rebolledo Málaga, dicta las órdenes a su gente, mientras la escultura de madera, que mide aproximadamente dos metros y que representa a Cristo, es sacada lentamente de la parroquia. Dos miembros, de la familia que la va a recibir este día en su domicilio, caminan al frente con un sirio grande encendido y el sahumerio humeando oloroso a copal. Seis cargan la imagen, que va empotrada en una mesa de madera, son miembros de la hermandad y de la familia que le dará asilo por esta noche y el día siguiente.
Desde los años treinta del siglo pasado hasta el 2000 era el Santo Entierro el que recorría la ciudad durante la cuaresma. Dos músicos: uno con tambor y otro con una flauta de carrizo lo seguían en su peregrinar y estaban casi toda la noche tocando en el domicilio donde lo recibían. Esa tradición quedó atrás, ahora es la imagen de Jesús de Nazaret, quien recorre las calles y peregrina toda la cuaresma.
El “Santito” como le llama la gente es lo más importante que existe para la ciudad de Atoyac en este periodo y son “mares” de gente que lo sigue en su recorrido por 40 domicilios y una capilla. Durante los últimos años la limosna que recogen en el peregrinar de El Santito está destinada para construir los salones parroquiales “se juntan como cincuenta mil pesos, en 41 días” dice un allegado a la tradición. Ya la obra de los salones parroquiales va muy avanzada.

Perdón, Perdón
Dios mío, perdón

Así comienza el camino y peregrinar de la imagen de Jesús de Nazaret. Isaac Rendón Reyes, nuestro querido “Chaca” es portador de una bandera morada y va al frente de la procesión. El Santito lleva una túnica morada, envuelto en una capa color oro. Niñas vestidas de vírgenes, niños, de angelitos y de San José, hacen filas a su alrededor. Los miembros de la hermandad identificados por sus playeras azules y la cara de Cristo estampada en la espalda, dan orden al cortejo.
La Hermandad de “Jesús de Nazaret” la integran 23 miembros que se encargan de la liturgia, el orden y de cargar la imagen. Para integrarse a la hermandad “hay que cumplir con los sacramentos” dice su presidente Cutberto Santiago Nogueda, quien no deja pasar ningún detalle del rito y no permite fallas durante la procesión.

Un nuevo mandamiento
Nos da el señor
que nos amemos todos
como nos ama Dios.

El sahumerio despide humo y olor a copal. Bajan la imagen en la esquina de Miguel Hidalgo y Juan Álvarez, se cambian los que cargan. También Fredy Magaña se suma a la filmación y se abre paso entre la gente iluminándolo todo con sus potentes reflectores. La multitud camina tras Jesús de Nazaret, llevando flores hechas de papel maché, blancas, azules y moradas, todos van por la avenida cantando. Cada año las familias que reciben El Santito se las ingenian y le ponen talento a la elaboración de las flores, a veces son de tul, otras de papel crepé, algún material reciclado, lo importante es que se vea bonito.
Al llegar al puente del arroyo cohetero otra vez descansan los que cargan, una vecina sale y con un atomizador baña de perfume a la imagen por el frente y los costados. Luego la procesión sigue su camino, como todos los años 40 familias lo reciben en su casa. Son 40 hogares que se llenaran de regocijo y de fervor religioso.
Para recibir al Santito hay que anotarse con un año de anticipación, el Jueves Santo se hace el sorteo y de mil 200 familias que se anotan únicamente 40 tienen la gracia de recibirlo, porque un día El Santito visita un capilla, de una colonia que haya salido agraciada, en el sorteo este año estará en la colonia Pindecua.
La familia que lo recibe se obliga a ponerle una túnica nueva, hacer las flores y repartir los sirios a los peregrinos. Dar la comida al recibirlo y el atole al siguiente día.

¡Oh! padre Jesús
¡Oh! padre querido
Me pesa señor
Haberte ofendido.

Y todos corean…

Perdón, Perdón
Dios mío, perdón.

El Santito ya caminó por las calles: Palmas, Aquiles Serdán, pasó por El Arco de la entrada de Atoyac, luego Antonio Caso, Antiguo Campo Aéreo. La patrulla 001 de departamento de tránsito va por delante, Isaac Rendón Reyes, El Chaca, al frente marca las rutas. El Santito hora va vestido con túnica blanca y una capa roja.
El dulcero va hasta atrás del contingente llevando su carrito de dulces muy tranquilamente escuchando los rezos, él sonríe. También va la que vende chicharrones y palomitas. Este dulcero, es ya parte del paisaje del zócalo de Atoyac, siempre está cerca de la comandancia con su carrito de chicles, dulces y cigarros, solamente el sol hace que se mueva de lugar y en la cuaresma sigue al Santito.
Pero volviendo a la procesión, muy atrás del contingente va la patrulla de Protección Civil. Me voy dando cuenta que esta parte de la ciudad, por la calle del Antiguo Campo Aéreo, hay casas muy bonitas. “Comen con mantequita los de por aquí”, diría mi tía Carlota Galindo.
Va el contingente coreando los cantos, algunos llevan velas en las manos, siguen al Santito que levanta en parte una gran nube de polvo por Insurgentes.

Señor…
Me has mirado a los ojos
Sonriendo has dicho mí nombre
En la arena he dejado mi barca
Junto a ti buscaré otro mar.

Por la bocina se escucha a una monjita que reza el rosario y todos repiten a una sola voz. Para tener éxito aquí y sentirse integrado hay que conocer los rezos y los cantos. Algunos van en silencio, no dicen nada, únicamente siguen la imagen, a donde los lleve este día.
Pasando por la parota de Insurgentes, que los vecinos no quieren que tiren porque es centenaria y pasando por donde alguna vez se apareció la virgen de Guadalupe en un ahuejote, va risueño Juan Manuel del Carmen Valencia, orgulloso dice que nació en El Paredón y que es bolero, “el mejor de los boleros”. Él nunca falla en El Santito, así ande crudo, siempre va, por la gracia de Dios tiene 29 años boleando en el zócalo y yendo al Santito. Muchos entran y se salen de la boleada él se mantiene.
La procesión quiebra por Emiliano Zapata y llega a la calle Silvestre Castro en la colonia Acapulquito. La familia que lo recibió adornó la casa con colores vivos y la calle con papel picado, Jesús de Nazaret se queda un rato en la calle luego los de la hermandad lo meten al domicilio donde pasará la noche.
Ya que se colocó El Santito en el altar entonces comienza la celebración a las ocho de la noche en punto. Los de la familia de la casa se reúnen para recibirlo. 
Como hormigas aparecen los vendedores de cubitos, de agua, de bolis, cremas, palomitas y chicharrones. En fin Jesús de Nazaret para todos da. Al llegar la familia otorga un nuevo vestido. Ahora la imagen tiene una túnica dorada.
Después de la celebración la gente se congrega para recibir un plato de pozole y un vaso de agua de Jamaica, hay hasta para llevar.
Entre los comentarios con los peregrinos, que se alejan después de cumplir con la misión del día, viene el recuerdo: “Al frente de la hermandad estuvieron antes Juan Barrientos que duró dos años y Antonio de la Cruz la encabezó trece años, lo quitó el padre Rafael Valencia. Antes el párroco no se metía con la hermandad y estaban en el cargo hasta que Dios los llamaba. Pero Rafael Valencia salió enérgico, en el 2001 quitó de un tajo la tradición del Santo Entierro”.
Los viejos miembros de la hermandad recuerdan aquel trágico día, un Jueves Santo, que el circo “Kimba” se quiso adueñar del atrio de la Iglesia, los de la hermandad se opusieron y llegaron hasta los golpes con el dueño del circo, salió golpeado el señor David Rebolledo Hipólito, al día siguiente el circo abandonó el lugar, fue el último año que estuvo el padre Isidoro Ramírez al frente de la Parroquia. En ese tiempo “Atracciones Rosales” apoyó con recursos económicos para la construcción de la iglesia, a la que hasta la fecha le falta una torre: “Es aún una parroquia incompleta”.
Y ya entrados en remembranzas vamos a recordar lo que dice uno de nuestros cronistas Eduardo Parra Castro, “Don Yito” en su texto “Semana Santa en Atoyac” sobre ésta tradición él escribió que al principio del siglo pasado “se velaban cuatro Santos, la feligresía era muy devota ya que en la Cuaresma la mayor parte de la población asistía a las ceremonias religiosas, empezando el Domingo de Ramos que sacaban a San Ramón en procesión; era un Santo montado en un burrito, la procesión se hacía llevando ramas o palmas en la mano y se recorrían las principales calles de la ciudad”
Para que queden más claras las cosas es necesario enfatizar aquí que, según lo dicho por nuestros abuelos, en el pasado el pueblo de Atoyac se dividía en cuatro barrios: La Tachuela, Los Toros, Bajial Grande y Bajial Chico. En ese tiempo cada barrio tenía su santo que veneraban en la Semana Santa.
De ahí lo escrito por Don Yito. “Todos se velaban en la Semana Mayor ya que con anticipación se hacía la rifa de los mayordomos, personas encargadas de velarlos en sus casas y correr con todos los gastos como se hace en la actualidad, siguiendo la costumbre de dar comida y el atole del Santo o sea atole de achiote, herencia que nos dejaron los cuitlatecos”.
Aquí aclaro que al “atole de Santo” como le dicen se le pone un polvito del fruto de un árbol que se llama achote o achiote. Por eso hay un pueblo en la sierra que se llama El Achotal, porque en sus alrededores abunda este árbol. La gente manda con tiempo a encargar el achote para tenerlo listo para el día que le toque El Santo.
 Don Yito nos dice que “Los Santos eran: el Cristo de la paloma por tener una con las alas extendidas en la cabeza; el de tres potencias que tenía tres resplandores, dos por cada lado y uno en medio de la cabeza, y el otro Santo permanecía en la Capilla del Cerrito que se encontraba al final de la calle del Bajial Grande; al último le llamaban Inocencia, que cuentan es el actual Santo Entierro que permanece en la iglesia y sacan a velar en Semana Santa. El Jueves Santo se recogían todos los santos, después de misa a las 10 de la mañana salía la procesión de los Cristos que era la procesión más esperada por que sacaban a todos los Cristos en hombros de los feligreses”.
De lo escrito por don Yito sobre la Semana Santa se desprende que la tradición de venerar estos cuatro santos se terminó en la primera década del siglo XX, durante la Revolución que todo cambió: “la federación del centro, combatiendo a los revolucionarios, tomó la plaza de Atoyac, la tropa cerró la iglesia y la usaban como caballeriza, el sacerdote encargado de la misma tuvo que repartir los Santos en casas particulares. En esas circunstancias el párroco tuvo que ausentarse del lugar y se olvidándose por el momento de los cultos religiosos, hasta que mandaron nuevo párroco que vino a poner orden a la iglesia cambiando el sistema de las celebraciones de Semana Santa; ya no velaron los cuatro Santos, solo uno el que permanece en la iglesia y es el que velan hasta nuestros días, de los demás Santos no se sabe dónde quedaron”.
Deduciendo de lo que nos dice en su crónica Eduardo Parra, concluimos que la tradición de hacer la procesión y de velar en Santo Entierro surgió después de la Revolución práctica que cambió con la llegada del padre Rafael Valencia el año 2000.

Perdón… ¡Oh Dios mío perdón
Perdón con indulgencia
Perdón y clemencia
Perdón y piedad.

Pero ya plantados en nuestros días El Santito con su túnica dorada ahora va por la calle Juan Álvarez al Norte de la ciudad, por la escuela primaria Herminia L. Gómez. Las mismas caras de ayer. Los mismos devotos. Los miembros de las familias tradicionales de mi ciudad, ir al Santito es ver el rostro de Atoyac, compartir con la alegría y la fe de su gente. A los lejos se ve el lucerío que camina tras la imagen que al andar mueve la mano izquierda envuelta en el humo del copal. En Atoyac todas las épocas del año tiene su olor, el día de muertos huele a cempasúchil, a tamales “nejos” y frito de “cuche”; diciembre a pólvora y a pollo. Y la cuaresma a copal y a pozole.

Pues padeciste
Por amor nuestro
Jesús bendito
Seas mi remedio…Reza el coro.

Juanito Gómez el ex panguero va adelante con los candelabros. El recorrido es largo, sin embargo nadie se amilana, todos siguen, haciendo escalas donde hace cruz el camino, como en la calle Cafetal esquina con Juan Álvarez.
Miguel Castillo va vestido de verde olivo con su guitarrita de juguete y un garrote más grande que él.
La cuesta es dura subiendo cerca de la escuela primaria Plan de Ayutla hasta el corazón de la colonia Juan Álvarez, los perros ladran sorprendidos al ver pasar la multitud. La señora que reparte el periódico El Objetivo a pie en toda la ciudad, no se cansa, por la tarde sigue al Santito hasta donde vaya, este día de la calle Silvestre Castro hasta el final de la ciudad. Muchos van con fe, los menos por el olor a pozole. Se hacen 15 estaciones en el camino, ya para estas fechas, en el recuerdo quedó el carrizo y el tambor que alguna vez acompañaron al Santo Entierro. Al fin llegamos hasta la última casa de la ciudad. Los de la hermandad contienen la multitud con una cuerda blanca. Los peregrinos se regresan en grupos antes de la celebración. Por la inseguridad no es para menos. El miedo no anda en burro, viene a caballo y nos arrolla a todos.

Perdona tu pueblo señor
Perdona tu pueblo
Perdónale señor…

Los niños vestidos de angelitos, con sus alas y su corona dorada, con una cruz al frente. La gente sostiene sus velas y para no quemarse usa hojas de almendro para detener la parafina, otros usan vasos de unicel para protegerse las manos.
El Santito va por la calle Independencia, la gente lleva flores de papel crepé, blancas, moradas y azules. Todos cantan, enfilan por la calle Galeana de la Colonia Sonora, luego por Obregón hasta llegar donde la familia lo recibe, la calle está adornada con plástico picado formando dibujos del Cristo Crucificado, el Santísimo y la paloma. En éste que será su hogar, por hoy, vistieron a Jesús como la imagen tiene el Señor de la Misericordia, es azul, rojo y blanco el altar, con una muy especial combinación de colores.
Después de la celebración la gente pasa a tocarle la mano, a tocarle la frente y pedirle en susurros “señor te encargo a mis hijos”, “Mi salud señor, que mejore”. Le gente pide que lo cuide este año, las cosas no andan muy bien y los hijos van al trabajo, viajan salen a divertirse, todos estamos azorados. Jesús de Nazaret escucha inmóvil, “aquí andamos señor detrás de ti, como todos los años mientras me prestes la vida”. Afuera la mayoría se preocupa por alcanzar el mejor lugar para la repartición del pozole y poco a poco el olor a orégano lo impregna todo.



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