sábado, 4 de febrero de 2017

Ciudad con aroma de café XIX


Víctor Cardona Galindo
Juan Álvarez Hurtado es el héroe nacional más importante que tenemos, por eso la escuela primaria del centro de la ciudad lleva su nombre. La segunda colonia que se formó en la cabecera municipal, la calle principal y el boulevard se llaman Juan Álvarez. Tata Juan es un orgullo para los atoyaquenses, es de quien más se habla y más obras se han escrito.
Por eso un monumento al general Juan Álvarez Hurtado engalana la plaza principal de Atoyac. Es aquí donde cada año las autoridades acuden a rendir homenaje al primer gobernador del estado de Guerrero y principal dirigente de la Revolución de Ayutla que llevó a los liberales al poder.
Pintura al óleo que retrata al general Juan Álvarez 
Hurtado en la batalla de Texca del 30 de septiembre 
de 1830, la obra fue realizada por los hermanos 
Dámaso y Efrén Ubaldo Parra, originarios de Tixtla. 
Foto: Víctor Cardona Galindo.

Aunque los festejos en grande se han hecho en San Jerónimo de Juárez. Todos los años los poderes del estado se trasladan a Arenal de Álvarez, donde se monta una guardia de honor y se realiza un desfile cívico-militar ante el monumento de don Juan Álvarez Hurtado que ahí se encuentra. En Atoyac los gobiernos pasados instituyeron la medalla al mérito cívico Juan Álvarez misma que han recibido el padre Máximo Gómez Muñoz y Tom Shaffer fundador de la clínica Bethel.
Y ahora del 23 al 27 de enero se desarrolló la primer semana Alvarista promovida desde la Secretaría de Cultura cuyo titular Mauricio Leyva Castrejón es un admirador del atoyaquense y en su honor escribió la novela Juan Álvarez entre el zorro y la pantera.
Juan Álvarez es muy difundido, pero a pesar del tiempo algunos políticos e instituciones educativas siguen recurriendo en el error de llamarlo Juan N Álvarez, incluso la tienda Coppel le puso el nombre Juan N Álvarez a la sucursal de Atoyac el cual luce con letras gigantes en la fachada principal ignorando que la “N” no tiene razón de ser.
Eso pasa cuando se toma como base escritos y fuentes de internet que no son fidedignas. Se sigue cometiendo el error de escribir Juan N Álvarez, cuando la “N” nunca existió en la firma de nuestro héroe, lo demuestran documentos certificados y su testamento. Se decía que se llamaba Juan Nepomuceno pero una investigación que realizó la señora Juventina Galeana, con el grupo Convivencia Cultural Atoyac, demostró que lo de Nepomuceno es un mito.
Aun así algunas instituciones parecen ignorar que hubo un decreto del Congreso del Estado fechado el 7 de enero de 2000, con el que se determina rectificar la “N” del nombre de Juan Álvarez Hurtado, impuesto y colocado en lugares públicos en el estado de Guerrero. Ese decreto ordenaba que se le quitara la “N” al aeropuerto de Acapulco y a todas las escuelas primarias e instituciones del estado que llevaran la “N”, en algunos casos ese decreto no se ha cumplido.
Tomando como fuente a don Hermilo Castorena Noriega, el error de escribir la “N” intermedia en el nombre de don Juan Álvarez se inició con la publicación, en 1971, de un folleto hecho por el gobierno del estado titulado Los Ejecutivos del Estado.
El cronista de Chilpancingo argumenta que si Juan Álvarez nació el 27 de enero de 1790, ese día corresponde a San Juan Crisóstomo Obispo, doctor de la iglesia griega, según el calendario del más antiguo Galván, editado en 1886. Así, si a don Juan Álvarez le hubieran puesto un segundo nombre de acuerdo al día de su nacimiento, hubiera sido “Crisóstomo” y en vez de “N” se intercalaría la “C”.
Al héroe de las tres guerras, por la provincia en que nació su padre, lo apodaban Juan Gallego. Y en las batallas contra Santa Ana, después de la promulgación del Plan de Ayutla, le llamaron La Pantera del Sur.
La historia de los homenajes a Juan Álvarez comienzan por el decreto número 60 firmado por el gobernador del estado Francisco O. Arce y emitido por el Segundo Congreso Constituyente el 24 de junio de 1872, en su artículo 1 dice: “En memoria del nacimiento del C. General de División y Benemérito de la Patria, Juan Álvarez, se declara Ciudad al pueblo de Atoyac, en el Distrito de Tecpan de Galeana y llevará el nombre de Atoyac de Álvarez”.
Ese mismo decretó bautizó a Coyuca como Coyuca de Benítez por haber nacido ahí doña María Faustina Benítez esposa de Juan Álvarez y facultó al gobierno del estado para que construyera dos monumentos uno en el barrio de la Tachuela municipio de Atoyac y otro en el barrio de San Nicolás municipio de Coyuca de Benítez.
Sin embargo fue hasta 1945 que Cirilo Heredia Álvarez nieto de Juan Álvarez donó el busto que se colocó en Arenal de Álvarez, para ese entonces ya municipio de San Jerónimo de Juárez. El busto fue sustituido en 1974 por una estatua que el presidente Fidel Galeana Agatón gestionó ante el gobernador Israel Nogueda Otero y el busto fue llevado a la escuela primaria Juan Álvarez de esa localidad.
Hay una hermosa pintura de don Juan Álvarez, que actualmente se encuentra en la Casa de la cultura de Atoyac titulada “La batalla de Texca”. El cronista Wilfrido Fierro asentó que con fecha 27 de enero de 1962, la escuela primaria federal José María Morelos y Pavón de Tixtla obsequio al municipio de Atoyac esa obra de arte siendo presidente del Consejo Municipal Félix Roque Solís.
Se trata de un cuadro al óleo que retrata al general Juan Álvarez en la batalla de Texca del 30 de septiembre de 1830, la obra fue realizada por los hermanos Dámaso y Efrén Ubaldo Parra originarios de Tixtla. El cuadro de referencia mide un metro con 70 centímetros por 2 metros con 20 centímetros. 
La entrega se llevó a cabo en sesión solem­ne del Cabildo a las 10 de la mañana, con la presencia del presidente del Concejo Municipal Félix Roque Solís y el secretario Rogelio Juárez Godoy. La comisión entrega estaba encabezada por el profesor Ramón Catalán Verbera, promotor del trabajo; Manuel Sandoval, regidor del Ayuntamiento de Tixtla y Leopoldo Astudillo Vargas, representante de la Junta de Acción Cívica de Tixtla.
Años más tarde la ciudad de Atoyac quiso tener una estatua del Benemérito de la patria y comenzaron a realizar actividades para su construcción. En 1966 lo que se recaudó en la elección de la reina del Carnaval se destinó para la erección de la estatua del general Juan Álvarez y esa vez salió electa Florentina Radilla del Río. Pero fue hasta el el 6 de junio de 1972 que se iniciaron los trabajos para construir el pedestal donde se instalaría el monumento al general Juan Álvarez Hurtado que llegó el 16 de ese mes, dice Wilfrido Fierro “a las 11 horas de la mañana, llegó el carro No. 13 de Líneas Unidas del Sur, S. A, trayendo ya la estatua de bronce” obra del escultor Miguel del Águila Pineda. 
Y el 24 de junio, a las 11 de la mañana, el gobernador del estado Israel Nogueda Otero develó la estatua del ilustre atoyaquense. Al acto asistieron los tres poderes del estado y se llevó a cabo una sesión pública de la Cámara de Diputados y un desfile cívico y militar recorrió las principales calles de la ciudad.
Muchos años más tarde se instalaría otro monumento de Juan Álvarez en el triángulo de la Y Griega, pero pocas gentes identifican, en la imagen, al primer gobernador del estado de Guerrero.
Juan Álvarez Hurtado, nació el 27 de enero de 1790 en el barrio de la Tachuela, hoy Arenal de Álvarez y a sus 20 años se sumó con José María Morelos a la lucha por la independencia, el 17 de noviembre de 1810, en el pueblo de San Miguel ahora Coyuca de Benítez.
De niño Juan Álvarez asistió a la que en ese tiempo fue la mejor escuela de México al lado del profesor Ignacio Avilés, y al morir su padre siendo muy joven tuvo que abandonar sus estudios para venir a La Tachuela a trabajar como vaquero de su propia hacienda.
Juan Álvarez desenfundó su machete para usarlo en contra del ejército español que oprimía estas tierras, participando en múltiples combates. Durante el ataque al Fuerte de San Diego fue herido de ambas piernas. También, defendió con heroísmo la ciudad de Tixtla cuando los realistas querían rescatarla de los insurgentes.
Después de la muerte de Morelos y bajo el mando de Vicente Guerrero se convirtió en guerrillero y como un rayo caía sobre el ejército realista, cuyos soldados sólo veían, antes de morir, relumbrar el filo de su machete y el nombre de Juan Gallego, como llamaban a Juan Álvarez, se volvió el terror para los realistas en las tierras del sur.
Juan Álvarez fue consecuente con sus convicciones, siempre fue liberal, nunca cambio de bando, fue un hombre de una sola pieza, no claudicaba ante nada. Era un hombre de gran corazón que amaba a su esposa, a su familia y cultivaba la tierra. Estaba listo siempre para defender una causa justa y tomar su machete a favor de la patria.
Al frente de sus fieles seguidores iba y venía del combate para construir la patria que hoy tenemos. Tuvo el honor de estar al lado de tres hombres grandes de nuestra historia, José María Morelos, Vicente Guerrero y Benito Juárez. Con el primero para iniciar la lucha por la libertad nacional; con Guerrero luchó para lograr la independencia, desterrar la tiranía y consolidar la nación, con Benito Juárez consolidó la estructura político-jurídica del país, y el afianzamiento de la soberanía nacional con el triunfo de nuestro pueblo en contra de la intervención.
El fin de su vida coincidió con la caída del segundo imperio encabezado por Maximiliano de Habsburgo. Juan Álvarez, estuvo en muchos momentos de nuestra historia, desde la independencia, la intervención norteamericana, el Plan de Ayutla, la intervención francesa y la formación del Estado de Guerrero del cual fue su primer gobernador. Fue un patriota de tiempo completo, de sus 77 años de vida, sirvió a la nación cincuenta y seis años, nueve meses, cuatro días. Desde su incorporación a la lucha de independencia el 17 de noviembre de 1810 hasta su muerte en la hacienda la Providencia el 21 de agosto de 1867.
Diversos historiadores definen a Juan Álvarez como un hombre tenaz, que trabajó como vaquero de su propia hacienda, a quien le gustaba pasar tiempo con los buscadores de perlas en Petatlán y desde muy temprana edad se rodeó de gente muy humilde.
Juan Álvarez como todos los hombres polémicos tiene muchos detractores, actores que muchas veces han buscado mermar su grandeza, pero los logros de su actuar lo defienden por sí solos. Debemos recordar que de la revolución de Ayutla salieron los hombres de la Reforma y sobre los hombros de Juan Álvarez iban gigantes como Benito Juárez, el Benemérito de las Américas.
La Providencia, una hacienda de adobe y piso de tierra, de la cual sobrevive su capilla, fue el refugio de los que luchaban en México por la libertad. En los terrenos de esa hacienda se cultivaba frijol y maíz, se fabricaban cartuchos y albergaba soldados dispuestos a dar la vida y volver a la carga en defensa de la patria.
La hacienda la Providencia era el hogar de la heroica División del Sur, que participó en defensa de la patria, cuando el norteamericano invasor ofendía el suelo mexicano. Aunque algunos cuestionan su actuar en la batalla de Molino del Rey, pero lo cierto es que no recibió las órdenes adecuadas del tirano Santa Anna, a quien se le acusó de estar en complicidad con el invasor.
Su lucha por las libertades democráticas lo llevó a combatir contra Santa Anna hasta derrocarlo. Encabezar la revolución de Ayutla le permitió llegar a la presidencia de la República pero sólo duró en el cargo del 4 de octubre de 1855 al 8 de diciembre del mismo año, fecha en que renunció a esa investidura, porque un hombre de campo como él, forjado en el trabajo y la batalla, no podía permanecer en la política soportando las intrigas de muchos políticos que agazapados aspiraban al poder.
Renunció pronunciando aquellas palabras que resumen su grandeza, “Pobre entré a la presidencia y pobre salgo de ella, pero con la satisfacción de que no pesa sobre mí la censura pública, porque dedicado desde mi tierna edad al trabajo personal sé manejar el arado para mantener a mi familia sin necesidad de los puestos públicos, donde otros se enriquecen con ultraje de la orfandad y de la miseria”.
Después de renunciar a la presidencia se retiró a vivir en su hacienda. Le tocó hostigar a los franceses cuando intentaban tomar Acapulco y en la Providencia estuvo Porfirio Díaz, buscando apoyo del veterano patriota que le proporcionó algunas armas para que fuera a combatir a los franceses en la platera ciudad de Taxco.
Fue federalista en contra de los centralistas, defendió la república en contra de la tiranía de Iturbide y de Santa Anna. Defendió la soberanía nacional y durante el poco tiempo que estuvo en la presidencia se redactó lo que después sería conocida como Ley Juárez, misma que sentó las bases de una república democrática para nuestro México.


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