sábado, 15 de marzo de 2025

Dioses de la Costa Grande

Víctor Cardona Galindo

La Costa Grande de Guerrero es parte de una región natural denominada “Tropical Baja” que va por el océano Pacífico desde el norte de Sinaloa hasta el Istmo de Tehuantepec y la Costa Chiapaneca.

Según los vestigios arqueológicos, los seres humanos llegaron a la Costa Grande hace más o menos cinco mil años. Se habla de que los cuitlatecos o cuitlatecas habitaron la región desde el año 2 mil 500 antes de Cristo hasta el siglo XVI. El caso de Xihuacan, en Soledad de Maciel, cuya ocupación viene desde el preclásico, pero colapsó por el año mil 350 después de Cristo tras una inundación. Se dice que la ciudad fue arrasada por un tsunami.

     Mariposas en Las Granaditas

En tiempos prehispánicos la Costa Grande era conocida como Cuitlatecapan “Señorío de los cuitlatecas”. Cuando vinieron los mexicas a invadirnos formaron, en la misma demarcación, la provincia tributaria de Cihuatlán cuya cabecera estuvo en San Luis de la Loma, por eso el río que divide a los San Luises se llama Cihuatlán. Cuando llegaron los españoles formaron la provincia de Zacatula. Ya a finales del virreinato era conocida como tierra de los Galeana familia que hasta la fecha sigue siendo dueña de la región. En los tiempos de la insurgencia la Costa Grande se convirtió en la primera zona liberada por las tropas del generalísimo José María Morelos y Pavón.

Desde los tiempos de los misioneros españoles los principales santuarios espirituales se establecieron en Petatlán y Técpan. En Petatlán se adoraba a San Pedro y a finales del siglo XIII apareció la imagen conocida como Padre Jesús de Petatlán a que la gente llama Papa Chú, que es representación de una de las tres caídas que padeció el nazareno rumbo al Monte Calvario. En Tecpán se venera a San Bartolomé Apóstol que también es una fiesta muy grande.

La tradición dice que los cuitlatecos adoraban a un Dios patrono que se llamaba Nenepiltatapach Tecuhtli que según algunas fuentes el nombre significa: “Señor de la lengua áspera” y lo pintaban en piedras, había unos ancianos que servían de sacerdotes, de los cuales uno que era casto y respetado, durante cuatro años no salía, todo el tiempo estaba en el templo, al servicio del ídolo. Ofrecían a su Dios inciensos y mantas. No está claro si había sacrificios humanos.

La evidencia arqueológica demuestra que la Costa Grande nunca estuvo aislada de las grandes culturas Mesoamericanas y del Occidente, por eso no podemos dudar que uno de los dioses de los cuitlatecas fue Tláloc “el néctar de la tierra”, una de deidades más viejas nacidas en una cultura antiquísima como fue la olmeca y también Xipe Tótec “nuestro señor desollado” relacionado con la primavera y el maíz. Algunas voces dicen también que el lagarto era un animal sagrado para los pueblos de la Costa Grande.

En la Soledad de Maciel (Xihuacan) que es el principal centro ceremonial localizado en Guerrero, fue encontrada una piedra con la imagen de Tlaltecutli, la diosa de la tierra, que también representa la vida y la muerte. Una cancha grande y un tlachtemalacatl un arillo de piedra que se usaba en los juegos de pelota de los antiguos mexicanos. Este deporte era también un culto al sol representado en la pelota de hule que se usaba en la disputa.

Entre otros vestigios se encontró también un idolito que representa a Tepeyóllotl “corazón del cerro” una deidad ataviada de felino, del jaguar sagrado, que es una advocación de Tezcatlipoca, portando el collar de caracoles de Quetzalcóatl. Este dios, de forma paralela a Tláloc, se asocia a la fertilidad de la tierra por su relación directa con el agua.

Dice el arqueólogo Miguel Pérez Negrete que “los poderes y potestades de Tepeyóllotl quedan expresadas al sumarse con el señor de la noche, los animales, el trueno, el temblor, el retumbo del cerro y como devorador de humanos; sus fauces eran las cuevas por las que se accedía al inframundo”.

En los estudios arqueológicos realizados en la Costa Grande se han encontrado cerámica de tipo Olmeca, teotihuacana, tolteca y zapoteca, estelas importantes como el aro de juego de pelota de Técpan. También el hombre pájaro de Villa Rotaria de influencia teotihuanaca y zapoteca.

El Rey de la Chole es un sacerdote gordo, que se le relaciona con Tláloc y tal vez también con Xipe Tótec que según los arqueólogos fue el dios patrono de Xihuacan.

Se ha localizado cerámica sellada durante el clásico tardío, en el que representan rostros de ancianos, que quizá se refieran a una deidad vieja como Huehueteotl dios del fuego o el Cocijo oaxaqueño, dios zapoteca que representa la lluvia y la agricultura. También se han encontrado figurillas de pasta fina que representan deidades como Tláloc y Huehueteotl. Hay muchas caritas de niños y de las llamadas “mujer bonita” estilo San Jerónimo. En Santo Domingo se han encontrado hachas de cobre. Lo que demuestra que los habitantes de esta región ya trabajaban ese tipo de meterial. Por eso los llamaban “Los hombres del metal”.

En Atoyac por los vestigios arqueológicos encontrados un centro de poder importante estaría en las inmediaciones de Corral Falso otro el Tlacolulco muy cerca de Los Valles, también en la Gloria y en El Paraíso. Aunque se sabe que en la Costa Grande ninguna de las jefaturas de los caciques llegó a consolidarse como estado inicial o secundario. Por eso los aztecas encontraron a los pueblos sin ningún ejercito que los defendiera.

Dice el arqueólogo Rubén Manzanilla López que, durante el Clásico, al consolidarse los grupos de poder teocrático, irrumpieron los elementos de origen teotihuacano y zapoteco, en la Costa Grande, como formas de prestigio y de justificación ideológica del ejercicio del poder.

Durante el estudio que hicieron Miguel Pérez Negrete y Hans Mark de la Vega en La Gloria se encontró esculpida en una piedra una planta de maíz a manera de árbol cósmico y cuatro piedras más en las que nuestros antepasados representaron plantas de maíz. En elemento “La Quinceañera de don Cuco”, se halló un elemento que se identificó como una planta de maíz a manera de árbol cósmico. “Aquí se encontraron rastros de que algunos peones, que venían de La Montaña a la corta del café, le prendían veladoras a lo que, pensaban, era una representación del Dios de maíz”, me comentó un día José Aguilera.

La piedra de los tigres hace pensar en Tepeyóllotl, el jaguar dios del cerro y en Tezcatlipoca. En La Gloria moraron ancestros para quienes el jaguar era un animal de poder, un ser mítico que legitimaba a los gobernantes. Por los vestigios encontrados se puede inferir que La Gloria era considerado por sus habitantes como el centro del mundo.

El culto solar está bien marcado en la Sierra Madre del Sur, con la piedra de los soles en Santo Domingo, la representación del astro rey en Los Planes y El Naranjo sitios muy cercanos a El Paraíso, La piedra Pintada, Piedras Grandes y en la piedra del sol en El Río Chiquito.

Llamó mucho la atención la piedra de las mariposas que se robaron en El Paraíso y las mariposas esculpidas en Las Granaditas, para los antiguos mexicanos las almas se convertían en mariposas, principalmente la de los guerreros muertos en batalla.

En toda la extensión de la Costa Grande y principalmente en Atoyac se encuentran pequeñas horadaciones hechas en piedras, “tehuacallis” se llaman, se les utilizaba para desangrarse o colocar la sangre de animales sacrificados, principalmente codornices y tórtolas. También para poner a evaporar el agua de mar y producir sal.

En Piedras Grandes también se encontró una representación del jaguar. El hombre del maíz es el petrograbado más grande del estado de Guerrero, mide 4.20 metros de largo. Aquí se le otorgan atributos humanos a la planta del maíz, una planta sagrada. Otro petrograbado que representa una planta de maíz en Piedras Grandes, la gente decía que era una extraterrestre.

En nuestra selva, en las inmediaciones de Los Valles y San Juan de las Flores abunda ese zacate conocido como Tripsacum que es un ancestro del maíz. Los científicos dicen que de esa planta evolucionó el maíz. Con su cultivo las sociedades nativas hicieron que creciera la mazorca.

Está implícito también el culto al agua con innumerables espirales que hay en la sierra, los más conocidos son El Caracol, una piedra en Puente del Rey y las líneas onduladas en La Pintada.

En un recorrido que hicieron los arqueólogos Hans Mark de la Vega y Miguel Pérez Negrete por las inmediaciones de Puente del Rey se encontraron figuras cinceladas en piedras, conocidas como caritas de cerro, que son representaciones de Tláloc. Además, se encontraron piedras redondas que son conocidas como San Marquitos o cuentas de Tláloc. Lo que nos dice que también Tláloc fue dios de los cuitlatecas, que al igual que los otros grupos mesoamericanos creían vivir en la era del Quinto Sol.

En piedras grandes hay múltiples representaciones en rocas del planeta venus, que se le relaciona con Quetzalcóatl y Xólotl.

En los vestigios arqueológicos se han encontrado en la sierra prevalecen malacates para hilar algodón, metates relacionados con la elaboración de masa para la producción de tortillas. Por ejemplo, la cerámica encontrada en Piedras Grandes tiene influencia tolteca, de Posclásico temprano, entre 950 y mil 350 después de Cristo. Estamos ante una influencia tolteca en esta parte de la sierra donde habitaba la gente de metal cuitlatecas y tepuztecas.

Lo tepuztecos se extinguieron a los pocos años de la conquista; los cuitlatecos sobrevivieron hasta la primera mitad del siglo pasado. Se han encontrado navajillas de obsidiana gris, herramienta de corte, debido a que no había cuchillos de metal, que pudo haber venido de Michoacán. Piedras Grandes fue un santuario del tiempo y de las deidades acuáticas. Y muchos conceptos de su cosmovisión fueron transmitidos por los toltecas.

Encontramos que los antiguos costeños adoraban al sol, la luna y a venus, entidades del agua y la fertilidad. Tláloc tenía su morada en lo alto de los montes, donde se formaban las nubes. Los antiguos creían que en todos los montes altos había un representante de Tláloc. Un Tlaloque.

Es a Centeótl dios del maíz a quien sacrificaban aves, principalmente codornices y tórtolas. Eso puede explicar la presencia de muchos tehuacallis a lo largo de nuestra tierra.

A raíz de la llegada de los españoles la gente cambió a Xipe Tótec por San Bartolomé y Padre Jesús de Petatlán. Mientras que Tláloc se convirtió en el Señor Santiago. Recordemos que cuando había sequía, en Río Santiago, bañaban la imagen apóstol para que lloviera.

 

 

sábado, 15 de febrero de 2025

Xipe Tótec

Víctor Cardona Galindo 
Entre 1954 y 1955 visitó San Jerónimo de Juárez una expedición de arqueólogos y antropólogos canadienses y norteamericanos. Realizaron una excavación en el cerro de Los Monos, al Norte del pueblo, donde hallaron restos de cultura olmeca y teotihuacana. Rescataron un idolito de piedra parecido a Tláloc. El arqueólogo Willian Arlintón Donhe explicó al cronista Luis Hernández Lluch, que se trataba de Xipe Tótec protector de los que trabajan los metales. 
 Lo que nos hace recordar que Guerrero es el primer lugar en Mesoamérica donde se desarrolló el metal. Los antiguos cuitlatecos y tepuztecos trabajaban la metalurgia, principalmente el cobre. Por lo que fueron llamados pueblos del metal. 

 La presencia de Xipe Tótec “nuestro señor desollado” se reprodujo a lo largo de la Costa del pacífico y el Centro del país. Fue uno de los cinco dioses principales del panteón mesoamericano. Aquí lo ubicamos en Las Granaditas, San Jerónimo y Tehuacalco. Lo que demuestra que los nativos de esta región: Cuitlatecos, Tepuztecos y Yopes lo adoraron en algún momento de su historia. 
 De acuerdo con los arqueólogos Hans Mark de la Vega y Miguel Pérez Negrete el cerro de Xipe Tótec en Tehuacalco está asociado con el cambio de estación y la agricultura, especialmente el cultivo del maíz y se logra identificar la presencia predominante del número siete, asociado con el Dios. 
 En el sitio arqueológico de Las Granaditas, cerca de la comunidad de Buenos Aires, entre cosmogramas y figuras de perros, mariposas, monos, flores y tehuacallis encontramos una representación de Xipe Tótec en una piedra. Las imágenes esculpidas ahí tienen relación con un mundo acuático, frío, subterráneo del inframundo. 
 “Cuando se trata de animales en Mesoamérica, tales como el perro, la mariposa y el mono, es común que se remita a temas como la muerte y, por ende, al cambio que las personas hacen de un lugar a otro, a los parajes a los que se llega después de la muerte o también después de la transformación”, dicen nuestros arqueólogos. 
 Xipe Tótec es una deidad solar. Lo conocen también como el Dios de la primavera. Se adoraba desde Oaxaca hasta Nayarit y del Pacífico hasta el Golfo. Su culto se difundió durante el preclásico tardío. Hay quien argumenta que su culto tuvo su origen en Jalisco, pero al igual que Tláloc, fue adorado por los olmecas, teotihuacanos, toltecas, yopes, cuitlatecas, totonacas, mayas, mexicas, tlaxcaltecas y muchos grupos más que creían vivir en el Quinto sol. 
 Dios de la regeneración vegetal y la fertilidad, su culto entre los mexicas estaba relacionado con las enfermedades de vista y de la piel, las provocaba y las curaba. Se le relaciona con el maíz, porque los granos son desollados durante la nixtamalización. Está asociado al amanecer, el trabajo del oro y la plata, con el color rojo y con el rumbo Este. En algunas versiones se dice que es el padre de Centéotl el dios del maíz. 
 En la segunda veintena del año, los aztecas realizaban una fiesta llamada Tlacaxipehualiztli dedicada a Xipe Tótec. En su culto desollaban a un esclavo y el sacerdote se cubría con la piel de la víctima. Recordando que durante la creación Xipe se arrancó la piel, la convirtió en maíz, y le dio de comer a la humanidad. 
 Por eso Xipe Tótec fue uno de los dioses que acompañaron a los mexicas, en su peregrinar, desde que salieron de Aztlán, incluso fue el Dios patrono de uno de los barrios de la gran Tenochtitlán. Se comenta que cuando los aztecas le pidieron a Achitómetl, señor de los culhuacanos, una princesa para rendirle honores, la querían para sacrificarla a Xipe, porque la desollaron y el sacerdote se vistió con su piel. 
 El calpulli Totecco en la gran Tenochtitlán, guardaba una imagen pétrea de Xipe Tótec y cumplía funciones religiosas, en la fiesta de tlacaxipehualiztli. Hay otra información que dice que, en 1425, año 11 Casa, fue consagrado el templo de Xipe Tótec, en el calpulli llamado Tlalcocomoco. Llama la atención que el calpulli Yopico, sobre el cual Xipe Tótec ejercía una tutela directa, ocupara un sector del área central de Moyotlán y no albergara al templo del dios en su jurisdicción. 
 Xipe Tótec no es, como se pensó durante muchos años, un dios extranjero cuyo culto haya sido adoptado por los mexicas como resultado de sus campañas de conquista. Lo encontramos desde los inicios de la ciudad, desempeñando un papel relevante, la evidencia es la importancia que alcanzaba su fiesta, la tlacaxipehualiztli. Toda una veintena del año dedicada al Dios. 
 Xipe Tótec “Nuestro señor desollado” el dios de la primavera y de los joyeros, los teotihuacanos lo conocían como “el dios de la máscara”. Como conclusión podemos asegurar que fue el patrono de los yopes de Acapulco y de los cuitlatecos de la Costa Grande. 
El tlaehquéchol también conocido como pájaro “cuchara” es el nahual de Xipe Tótec.

viernes, 14 de febrero de 2025

Mito de El Quinto sol

En un principio todo era oscuridad en el Universo, varios monstruos se movían por la inmensidad, hasta que surgió Ometéotl el padre, y al mismo tiempo madre, de los Dioses. De él nacieron cuatro deidades, los Tezcatlipocas, que representan los cuatro puntos cardinales: Quetzalcóatl, Xipe Tótec, Tezcatlipoca y Tláloc. Ellos tienen la responsabilidad de equilibrar el universo. Xipe Tótec “nuestro señor desollado”, el Tezcatlipoca rojo, señor del Este, su piel brillada como el oro; Quetzalcóatl “la serpiente emplumada” es el Tezcatlipoca blanco, el valiente, representante de la sabiduría, señor del Oeste; Tezcatlipoca “espejo que humea”, el negro, siempre joven, señor del Norte y el Tezcatlipoca azul fue Tláloc “el néctar de la tierra”, dios de la lluvia y el señor del Sur.
Ometéotl les dio a sus hijos la responsabilidad de crear el mundo, así que los dos hermanos Quetzalcóatl y Xipe Tótec se enfrentaron a la serpiente tzitzimitl. Mientras Quetzalcóatl distraía al monstruo, Xipe se metió en sus entrañas y con un rayo la desbarató por dentro. Con esta explosión y con los pedazos de la serpiente se formaron las estrellas de la Vía Láctea. Luego Ometeotl le pidió a Tezcatlipoca negro y a Quetzalcóatl que atraparan a Cipactli, el monstruo de la tierra, mitad lagarto y mitad pez sierra. Tezcatlipoca negro le dio a comer su pie izquierdo mientras Quetzalcóatl le daba muerte. Con las partes de la quimera, los dioses formaron la tierra, los océanos, los ríos, los cerros y sus cavernas. Ya que estaba formada la tierra los dioses usaron ceniza para crear a a los gigantes, como no había quien los alumbrara, Tezcatlipoca se convirtió en el primer sol que los iluminó seis cientos sesenta y seis años. Los gigantes no sembraban, se alimentaban de bellotas de pinos, raíces y frutas silvestres. Pero en un momento Quetzalcóatl golpeó al sol con un gran bastón y lo derribó cayendo al agua. Tezcatlipoca emergió del agua convertido en un gran jaguar que devoró a los gigantes. Esos primeros hombres eran grandes pero débiles. Cuando se caían los hacían para siempre. Después de haber derribado a su hermano Quetzalcóatl se convirtió en el segundo sol. Entonces los humanos fueron hechos de maíz, comían piñones de pino, pero se volvieron arrogantes y dejaron de adorar a los dioses. Tezcatlipoca aprovechó la situación y de un zarpazo derribó a su hermano del cielo. Se levantó entonces un gran viento y todos los árboles fueron derribados. La mayoría de los hombres perecieron y los que quedaron se convirtieron en monos. El tercer sol fue Tláloc el dios de la lluvia, que iluminó la tierra por 364 años. Los dioses volvieron a crear a los humanos nuevamente de maíz, pero con un gran corazón que se tornaron improductivos, se alimentaban de maíz de agua. También se apartaron de los dioses. Este sol se acabó cuando Tezcatlipoca secuestró a diosa Xochiquétzal que era esposa de Tláloc. Entonces Tláloc abandonó su lugar en el cielo y llovió fuego sobre la tierra. Los hombres se convirtieron en guajolotes. Después Tláloc se buscó como esposa a Chalchiuhtlicue quien fue el cuarto sol y el mundo floreció. Pero esta vez Tezcatlipoca hizo caer el cielo provocando un gran cataclismo, vino el diluvio, todo se inundó y los hombres se convirtieron en peces. Quetzalcóatl con su gran fuerza levantó con sus brazos el cielo y lo regresó a su lugar. En esa ocasión una pareja sobrevivió porque horadaron un árbol de mezquite, hicieron una canoa y se metieron en ella. Cuando todo acabó, tomaron algunos peces y los asaron, pero el humo llegó a Tezcatlipoca, que ubicó a la pareja. El Dios enojado porque habían sobrevivido, les cortó la cabeza y se las puso en la cola, luego los convirtió en perros. Para formar el quinto sol los dioses se reunieron el Teotihuacan. Un grupo de dioses buscaron a Tecuciztecatl “El señor de los caracoles” un dios rico y soberbio. Quetzalcóatl llamó a Nanahuatzin “El purulento o bubosillo” un dios pobre, humilde y enfermo. Los elegidos ayunaron durante cuatro días. Mientras los dioses hacían una gran hoguera el Teotihuacán. El ostentoso Tecuciztécatl como ofrenda ofreció plumas de quetzal, en vez de ramas de abeto, y bolas de oro con espinas hechas de piedras preciosas. En lugar de punzarse y ofrecer su propia sangre, se contentó con ofrecer espinas hechas de coral. Nanahuatzin, en cambio, se sangró con abundancia y ofreció auténticas ramas de abeto y agudas espinas de maguey. Cuando estuvieron listos los llamaron para que se arrojaran a la gran hoguera que habían formado en Teotihuacán. Tecuciztecatl intentó cuatro veces aventarse, pero tuvo miedo, entonces le tocó el turno a Nanahuatzin que sin pensarlo se arrojó al fuego. Avergonzado Tecuciztecatl también se lanzó y una vez que fueron consumidos por las llamas, todos esperaban, expectantes de que lado saldrían los soles. Quetzalcóatl y Xipe Tótec miraron hacia el Este, de allá parecieron las dos grandes bolas de fuego que brillaban con intensidad. Entonces Quetzalcóatl tomó un conejo y se lo arrojó en la cara a Tecuciztecatl y lo opacó, convirtiéndose así en la luna. Pero los grandes astros no se movían por eso los dioses se sacrificaron uno por uno para darles movimiento. Así el sol y la luna comenzaron su peregrinar por el cielo. Solamente el dios Xólotl hermanos gemelo de Quetzalcóatl no quiso sacrificarse y huyó. Para evitar ser encontrado, Xólotl se transformó en diversas especies, como maíz, maguey, guajolote y perro xoloitzcuintle. Finalmente, se convirtió en ajolote. El ajolote es la advocación acuática de Xólotl, y los aztecas lo consideraban un animal divino. Ahora está en peligro de extinción. Para formar de nuevo a los hombres Quetzalcóatl bajó al Mictlán en busca de los huesos de los primeros hombres que fueron los gigantes del primer sol. Pero Mictlantecuhtli lo hizo pasar por muchas pruebas, lo obligó a tocar un caracol que no tenía agujeros. Pero con la ayuda de los gusanos que hicieron el agujero al caracol y con la ayuda de las abejas pudo emitir el sonido. Mictlantecuhtli cayó en el engaño, pero sus ayudantes cavaron un hoyo en el que cayó Quetzalcóatl. Los huesos de los hombres se quebraron, pero al salir con la ayuda de la Coatlicue los molió y vertió en ellos su sangre. De esa manera formó a los hombres. Ya los hombres poblaban la tierra, pero como no había con que alimentarlos. Fue cuando Xipe Tótec se arrancó la piel, la hizo millones de pedacitos y la diseminó por toda la tierra, la piel se convirtió en semilla que germinaron y así nació el maíz que alimenta a los seres humanos. Por eso Xipe Tótec tiene el poder de la curación principalmente de las enfermedades de la piel. La primera pareja que vivió en el Quinto sol fue: Oxomoco y Cipactónal que sobrevivieron cultivando maíz y son nuestros primeros padres. Versión de Víctor Cardona Galindo.

martes, 11 de febrero de 2025

Los cuitlatecos

Víctor Cardona Galindo 

Hace más de mil 500 años ya había seres humanos en el territorio que ahora ocupa Atoyac. Se encontraron registros de una etnia desaparecida a quienes les llamaban “los cuitlatecas” o “Cuitlatecos”. Una cultura que tenía un calendario, una lengua diferente y un Dios patrono.

Cuitlateca significa “gente de excremento” o “gente de cieno”. Que tiene el sentido figurado de “gente bastarda” o puede interpretarse como “gente de atrás”. El nombre es probable que haya sido impuesto por los mexicas, quienes acostumbraban a denominar de manera despectiva a los grupos minoritarios que dominaban.

Representación de Xipe Tótec en el sitio Las Granaditas.


Siguiendo los estudios realizados por Raúl Vélez Calvo, los Cuitlatecos vinieron del Sureste de Michoacán y por el año 2 mil 500 a.C. se introdujeron a territorio guerrerense. Pero fue hasta el mil 500 antes de Cristo que los purépechas acabaron de expulsarlos de Michoacán y ocuparon el territorio que ahora es Costa Grande, después se extendieron hasta el Río Balsas y hay quien dice que llegaron hasta el Valle de Toluca.

Los cuitlatecas de Atoyac sobrevivieron hasta principios del siglo XX. El lugar que ocupaban los cuitlatecas, se llamaba Cuitlatecapan que significa “sobre los cuitlatecas o lugar de cuitlatecas”.

Según se desprende de las Relaciones Geográficas del Siglo XVI, la provincia cuitlateca abarcaba la totalidad de los actuales municipios de Atoyac, Benito Juárez, Tecpan, Petatlán y Zihuatanejo, así como la porción occidental del municipio de Coyuca de Benítez en la Costa Grande.

En la Tierra Caliente los cuitlatecas estaban establecidos en los municipios de Ajuchitlán del Progreso, San Miguel Totolapan y en Tetela del Río, al norte del municipio de Heliodoro Castillo.

Los cuitlatecas fueron sometidos por guerreros de la Triple Alianza, formando la provincia tributaria de Cihuatlán. Aunque de las mismas Relaciones Geográficas del Siglo XVI, se desprende que muchos pueblos cuitlatecas, entre los que estaban Mexcaltepec, no pagaban tributo al Tlatoani, más bien le servían de soldados en la guerra que traían con los purépechas de Michoacán y los Yopes de Acapulco.

Aunque los purépechas o tarascos lograron someter a los cuitlatecas de los municipios de Ajuchitlán y San Miguel Totolapan. Por lo que se denota que los cuitlatecas se enfrentaron entre sí, sirviendo tanto a los mexicas como a los purépechas.

El viajero Pedro R. Hendrichs hizo una descripción de cómo debieron ser los cuitlatecos: “cuerpo bajo y grueso, piernas cortas y hombros anchos, sobre los que se levantaba una cabeza grande con cara ancha y carnosa, ojos pequeños, nariz chata y una boca que algunas veces es ancha con labios un poco abultados. Su tez de color cobre mate. De jóvenes tenían constitución atlética”.

Los pueblos cuitlatecos llegaron a ser muy numerosos y tenían una capital que era Mexcaltepec. Pero las guerras, las epidemias y los maltratos de los españoles los diezmaron. Según los cálculos de los historiadores la población cuitlateca pudo ascender a 300 mil individuos en toda la región.

Sobrevivían cultivando productos como: el maíz, algodón, chile, frijoles, camotes, calabaza, chía, pepitas y quelites, que eran los mismos cultivos de toda Mesoamérica, aunque para los cuitlatecas eran más importante el maíz, la calabaza y el chile.

Debieron usar como alimento a los venados, conejos, guajolotes, faisanes, palomas, codornices y patos. Además de iguana, perdiz, chachalaca y armadillo.

Para cazar las aves utilizaban el cacaxtle que se sigue utilizando hasta nuestros días en la sierra. Para cazar el venado se valían de la gamitera para imitar el sonido del venado. Los cuitlatecos de la Costa Grande se surtían de sal de las lagunas que se formaban con agua de mar.

Los principales traían ropas largas hasta los pies tejidas de algodón, de muchos colores y unas capas que les llegaban hasta las rodillas, con su cabello largo trenzado. Entre la gente común los hombres, andaban desnudos y algunos con mantillas que les servían de capas. Las mujeres, todas, traían naguas y huipiles de colores, con cabello largo tendido sobre los hombros.

Algunas fuentes dicen que andaban vestidos con mantas atadas al hombro y unos pañales para cubrir las partes nobles. Otros traían camisas largas, sin cuello que les arrastraban. Las mujeres con sus huipiles y enaguas. La ropa y mantas eran tejidas por las mujeres en el telar de cintura. Sus viviendas eran de bajareque, con techos de paja.

Los cuitlatecas sometidos por los purépechas eran regidos por un gobernador y los que estaban en el dominio azteca por un capitán, quienes se encargaban de cobrar tributo, había además principales que contaban con el visto bueno de los conquistadores.

A los adúlteros les cortaban las narices. Eso los diferenciaba en cuanto a castigo se refiere de los demás pueblos de Mesoamérica. Los cuitlatecos adoraban a un Dios patrono que se llamaba Nenepiltatapach Tecuhtli que según algunas fuentes el nombre significaba “Señor de la lengua áspera” y lo pintaban en piedras, había unos ancianos que servían de sacerdotes, de los cuales uno que era casto y respetado, durante cuatro años no salía, todo el tiempo estaba en el templo, al servicio del ídolo. Ofrecían a su Dios inciensos y mantas. No está claro si había sacrificios.

Las evidencias arqueológicas nos dicen que también tenían predilección por dioses como Tláloc y Xipe Tópec. Lo que quiere decir que no escapaban a la cosmovisión de toda Mesoamérica.

Tenían su propio calendario, al parecer de 260 días, lo que quiere decir que tenían un conocimiento avanzado de astronomía y matemáticas. Cada día del año tenía un nombre y a los niños le daban el nombre del día en que nacían. Al nacer le asignaban pareja, cuando crecían los llevaban ante su Dios patrono. Los parientes llevaban regalos, el sacerdote ataba la manta del hombre con el huipil de la mujer y quedaban formalmente casados.

Cuando morían los enterraban en los templos, hacían hoyos redondos, los enterraban sentados con la ropa que tenían y comida. Si era de la clase gobernante, enterraban con él a los esclavos que tenía. Los petrograbados que están en Las Granaditas evidencian las creencias que los antiguos cuitlatecos tenían sobre la muerte, creían que el alma tenía que bajar los nueve niveles del inframundo hasta llegar ante Mictlantecuhtli, donde permanecían durante cuatro años para luego volver a la tierra convertidas en colibríes.

Según la monografía Tecpan, historia de un pueblo heroico, escrita por Ramón Sierra López, son derivadas del cuitlateco las palabras:

Ajá: afirmación

Bembo: inútil, tonto

¡Épale!: cuidado

Memela: tortilla

 

LA TRIPLE ALIANZA

 

Ahuízotl vino a conquistar a los cuitlatecas. Los nativos de ese tiempo no eran muy poderosos, así que los mexicas los conquistaron con mucha facilidad. Formaron una provincia tributaria a la que llamaron Cihuatlán, que quiere decir lugar de mujeres. La cabecera de esa provincia estaba entre los pueblos de San Luis la loma y San Luis San Pedro. Si nos fijamos, el río que divide a los sanluises se llama Cihuatlán. Los cuitlatecas de Atoyac no se sometieron con facilidad, pelearon hasta que los mexicas pactaron y estos se convirtieron en sus guerreros para pelear en contra de los yopes de Acapulco y los purépechas de Michoacán.

Los aztecas mataron dos pájaros de una pedrada. Al mismo tiempo que combatían a sus enemigos más fuertes, mermaban las fuerzas de los cuitlatecas que en su mayoría perecieron y quedaron muy poquitos. Los mexicas trajeron parientes suyos a repoblar la región por eso había gente que hablaba náhuatl cuando llegaron los españoles a conquistarnos.

 

AHUÍZOTL (1486-1502)

 

Ahuízotl, “El Monstruo de agua”, octavo rey de Tenochtitlan, hermano de Tizóc. Se atribuye al año 1498 la fundación de Atoyac porque ocurrió el hecho de la incursión de Ahuízotl, por estas tierras.

Durante el reinado de Ahuízotl (1486-1502) fue sometida la mayor parte del territorio guerrerense y fue quien consolidó el dominio azteca en La Costa Grande, formando la provincia tributaria de Cihuatlán.

Ahuízotl estableció de manera firme el dominio azteca en Guerrero. La fuerte presión purépecha por Tierra Caliente hizo que el Tlatoani convirtiera en un centro de operaciones la región del Balsas para poder flanquear a sus enemigos michoacanos por la Costa del Pacífico.

Dentro del actual territorio guerrerense estaban ubicadas seis provincias tributarias y pequeñas porciones de otras tres según consta en el códice Mendocino y la Matrícula de Tributos.

La Matrícula de Tributos es un códice que consiste en el registro del pago de tributos de los pueblos sujetos a Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan, conquistados por los miembros de la Triple Alianza. En cada hoja aparece el pueblo que encabeza la provincia tributaria, representado por glifos toponímicos, así como los demás pueblos que formaban la provincia.

Aparece la provincia de Cihuatlán en la lámina 18 de la Matrícula de Tributos. Estaba formada por los municipios de Coahuayutla, La Unión, José Azueta, Petatlán, Tecpan y parte de Atoyac.

Cihuatlán tributaba pieles, animales vivos y fauna marina para ofrendas ceremoniales o para la alimentación. Según la matrícula de tributos, el 4% de los productos agrícolas recibidos en México-Tenochtitlán procedían de Cihuatlán y Tepecoacuilco, al igual que el 60% de la miel, el 18% del algodón, casi el 7% de la ropa de mujer, el 99% del incienso llamado ecozahuitl y el 50% del copal.

 

lunes, 14 de octubre de 2024

Un viaje a Sudamérica

 

Víctor Cardona Galindo 

Cuando íbamos rumbo a Mendoza Argentina, volamos por Aeroméxico la verdad yo sentí que el avión se iba a despedazar al despegar. Esa línea nos llevó hasta Perú.  

En Lima nos hospedamos en el Hostal Víctor Airport Hostel, ubicado en Manuel Matos 325 en la demarcación de San Martín de Porres.

En Perú todo es bien barato, encontramos comida de un sol, lo de cinco pesos mexicanos. Es una delicia probar el mole amarillo y una inca kola. En el centro de Lima está el museo de la comida peruana, donde puedes ver todos los alimentos que Perú aportó al mundo. A un costado están los restaurantes que venden la comida típica. Muy delicioso todo.

En el centro la comida china es muy barata. Dimos una vuelta por Miraflores que es la zona turística de Lima Perú. Vimos una figura de broce del escritor Ricardo Palma sentado en una banca. Fue muy emocionante caminar por Miraflores. Lo malo es que nada más estuvimos un día, al siguiente volamos en LAN rumbo a Chile.

En Santiago de Chile comimos en Nuria. El hotel en que llegamos está en Agustinas 681. Un taxi cobraba 15 mil pesos. Con siete mil pesos chilenos comían dos.

El Mote con huesillo es una bebida tradicional chilena sin alcohol. Se puede probar al subir el cerro de Santa Lucía. Entre pimientos y eucaliptos está la plaza del conquistador Pedro de Valdivia.

El 18 de marzo de 2013 estuvimos, la doctora Judith y yo, en el cerro de San Cristóbal escuchando canciones de Piero, en el santuario de la Inmaculada Concepción. En las escaleras de Vicuña con Santiago atrás.

“Juan boliche, Juan Boliche va”, se escucha en el pequeño sonido de una palomero italiano feliz. De padres italianos.

Pio Nono es una calle de plátanos. En ella está la facultad de derecho y otras universidades. Venden, como en todo Santiago, jugos de chirimoyas y frambuesa. Venden unas cervezotas de un litro. Son como nuestras caguamas pero largas. Santiago se da un parecido a Roma, con menos ruinas, claro.

En el restaurante de Nuria que está en Agustinas almorcé un “pollo a lo pobre”. Es un platillo de pollos con papas y cebolla. Me llené demasiado eran las siete de la tarde y todavía no me daba hambre. Los chilenos usan términos como “enenantes”, que nosotros ya dejamos de usar desde hace tiempo. Todavía resiste aquí el español viejo.

Fuimos al museo de la solidaridad “Salvador Allende” pero estaba cerrado. Peumo es un árbol chileno.

Fuimos a tomar café a la casa que fue de Pablo Neruda, ahí probé por primera vez la stevia como sustituto de azúcar. Chascona quiere decir despeinada. Así le decía Neruda a Matilda su última mujer, por eso la casa se llama La Chascona.

En el camino a Mendoza, el Caracol es una inmensidad de curvas para subir al Aconcagua. Habíamos querido atravesar Los Andes de día, pero estaban reparando El Caracol y había un solo carril. Por la mañana entraban los automóviles a Santiago y por la noche salían. Por eso, camino a Mendoza me la pasé viendo siluetas de cerros y una inmensidad de estrellas. Los tres reyes brillaban majestuosos al costado izquierdo y parecían escapar de las puntas de los cerros.

El camino de Santiago de Chile a Mendoza Argentina es largo. En la frontera hace mucho frío y con ese frío hay que checar el visado; luego emprender el camino hasta llegar a la planicie argentina donde está Mendoza.

Los de la casa de cambio chilena en la Estación Central son honestos. Me cambiaron mis pesos mexicanos por argentinos. Llegando a Mendoza chequé en internet y no me hicieron transa, a pesar de que fue obvio mi ignorancia en este tipo de transacciones.

En Chile uno come sin placer la comida es insípida, sin chile. A mí me gusta el palmito, pero ya en una ensalada chilena no me supo bien. En el restaurante Nuria pedí café y me llevaron agua caliente y un sobrecito para Nescafé.

El pollo a lo pobre y el salmón a lo pobre, llenan pero no son sabrosos. Con un “pollo a lo pobre” que es un pollo rostizado, con papas, cebolla y dos huevos estrellados, no me dio hambre en todo el día. Creo que aquí lo mejor son las pastas, la comida italiana. En Mendoza Argentina una carne a la cazuela ya es otra cosa. Ahí se come rico.

Frente a la facultad de filosofía de la Universidad del Cuyo cantaba un “pitojuan” así se conoce a allá a nuestros luises.  Cantaba debajo de los plátanos o carolinos, pimientos, álamos blancos, moras, eucaliptos y paraísos. También existen unas avecillas que cantan igual a los luisillos que le llaman zorzal gato.

La Heras, donde comimos asado en Mendoza, le pareció a Judith la calle de Reichemberger strasse de Berlín.

El 22 de marzo 2013 en Mendoza los luisillos cantaban alegres todo el tiempo en el parque de San Martín: Cerca del lago, del viento que suena las hojas de los árboles. Cerca de las palomas que pasan volando rápido en busca de comida. Cerca de los corredores y remeros. Los luises son los dueños de aquí.

Volamos de Mendoza a Buenos Aires, en un avión azul con blanco de Aerolíneas Argentinas. Buenos Aires me pareció una ciudad vieja y sucia. Llegamos el 24 de marzo, a 37 años del golpe de estado que instauró la última dictadura. Presenciamos una grandísima marcha. Los grupos democráticos toman todos los años la avenida de mayo.

En Buenos Aires visitamos las instalaciones de lo que fue la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) donde nos explicaron que en los años de represión la doctrina era fundamental. Ésta estaba basada en la guerra moderna surgida en Francia, en la doctrina de Seguridad Nacional y en doctrina hemisférica emprendida por Estados Unidos. La doctrina de seguridad nacional se formó en la escuela de la Américas en Panamá. Los militares argentinos se amparan en el pacto de silencio. Igual que los militares mexicanos que participaron en la represión en la década de los setentas que desparecieron a muchos de nuestros compatriotas.

La ESMA funcionó con un Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio. Había un grupo de tarea que tenía un área de inteligencia encargada de torturar y de procesar la información, un área operativa que secuestraba y un área de logística que proveía todo, armas, dinero y vehículos. El Tigre Acosta era gente de Macera. Tenían los presos en la capucha del edificio donde la radio estaba prendida las 24 horas del día. Eran muy duras las torturas.

La Florida y La Valle son dos calles peatonales en Buenos Aires.

Después de acudir a varios lugares para conocer más sobre el terrorismo de Estado no subimos a un avión de American Airlines que nos trajo a Perú, era un avión grande que iba hasta Nueva York, había sobrecargos hombres, fuertes y fornidos que parecían militares. Tal vez el avión estaba custodiado por que iba a Estados Unidos. Nosotros nos bajamos en Lima Perú, para abordar Aeroméxico de regreso a casa. No quisimos pasar las horas de espera dentro del Aeropuerto, así que salimos a caminar por la ciudad. De regreso la policía de Aduana por poco nos hace el Papanicolaou. Nos pasaron por todas las revisiones, incluyendo una maquina donde se veía el esqueleto. Después de casi una hora de revisiones nos dejaron venir.

 

jueves, 10 de octubre de 2024

 El Triángulo de las Bermudas

 Víctor Cardona Galindo

En el fondo del corralón quedó el Triángulo de las Bermudas. Un neón modelo 95 verde claro con franjas moradas. Era un carro en el que se movía personal de Inteligencia Militar. El agente de gobernación Jesús Ríos, “El Fantomas”, lo bautizó como El Triángulo de Las Bermudas, “al que suben a ese carro ya no baja”, decía. En los círculos policiacos se decía que “los guachos” utilizaban ese carro para desaparecer gente.

Esa vez, al ser conducido con exceso de velocidad el Triángulo de las Bermudas se impactó contra un taxi del sitio Juárez y causó la muerte de la estudiante Nélida Hernández Hernández, de 15 años, originaria de la comunidad de Corral Falso  y dejó heridas a dos personas más. En el vehículo viajaban dos agentes de Inteligencia adscritos a la 27 Zona Militar.

El percance ocurrió el jueves 25 de marzo de 1999, a las 7 de la mañana, cuando Nélida Hernández Hernández, estudiante del Centro de Bachillerato Tecnológico, Industrial y de Servicios (CBTIS), se bajó del taxi número 24 del sitio Juárez de San Jerónimo frente a su escuela. En el momento pagaba su pasaje, el coche Neón 95 color verde con franjas moradas, placas 23HCV del Distrito Federal conducido por Bernardo Reyes Salas, se estrelló contra el taxi.

Al impacto, el taxi salió de la carretera y arrastró a la jovencita que murió en ese momento. Los dos militares, vestidos de civil, se dieron a la fuga rumbo a la colonia Lomas del Sur, hasta donde los alcanzó la Policía Preventiva al mando del comandante Neftalí Ponce Vélez.

Además de la estudiante muerta, en el taxi destrozado, quedaron dos mujeres heridas: Araceli Rendón Guzmán, lesionada de gravedad, tuvo que ser internada de urgencia en el hospital general, mientras que Rosa Rodríguez de Zamora resultó solamente golpeada.

A las 10 de la mañana más de 300 personas, entre estudiantes, maestros y padres de familia, encabezados por el director del CBTIS, Efraín Garibo Pino, se manifestaron frente al Ayuntamiento para exigir al presidente municipal Javier Galeana Cadena tomara medidas para evitar que se siguieran dando este tipo de accidentes frente a las instalaciones del CBTIS. Antes ya se habían producido percances menores. Ese jueves y el viernes se suspendieron las clases para acompañar a la familia, de la fallecida, en el velorio y en el sepelio.

El agente de Inteligencia Militar Bernardo Reyes Salas fue enviado al Centro de Readaptación Social de Tecpan de Galeana, mientras frente al CBTIS comenzaron las labores para la construcción de un paradero del transporte colectivo.

El titular de la Agencia del Ministerio Público de Atoyac, Ernesto Jacobo García, puso a disposición del juez de primera instancia del ramo penal Leoncio Molina Mercado al militar Bernardo Reyes Salas el sábado 27 de marzo.  Mientras que el otro agente de información de la 27 Zona Militar, Oscar Martínez Herrera quedó en libertad bajo las reservas de ley, toda vez que se comprobó que el que manejaba el vehículo Neón 95 con placas 234HCV del Distrito Federal era Bernardo Reyes, quien al momento de ser detenido por la Policía Preventiva dio un nombre falso, dijo llamarse Fernando Solís Osuna.

Ese vehículo conocido como el Triángulo de las Bermudas se les veía por todas partes manejado por militares encubiertos. Se le veía entrar y salir de las instalaciones de la zona militar. El día que ocurrió la masacre en El Charco anduvo circulando por las calles de la ciudad a toda velocidad. Algo buscaba.

Después del accidente las autoridades civiles mandaron al Neón al corralón de San Jerónimo de Juárez. Nadie lo reclamó y quedó en el olvido. Mientras la jovencita muerta se convirtió en leyenda.

Se cuenta que en ocasiones, frente al CBTIS, una jovencita con uniforme de estudiante pide viajes a los taxistas de San Jerónimo. La llevan a su casa a Corral Falso y se baja sin pagarles. Cuando llaman a la casa para cobrar el servicio, es cuando se enteran que se trata de aquella jovencita que falleció, aquella mañana, con el uniforme puesto.

 

viernes, 22 de marzo de 2024

CARMELO CORTÉS CASTRO

 

Víctor Cardona Galindo

Fue originario de la comunidad denominada El Rincón de las Parotas municipio de Atoyac de Álvarez, nació el 16 de julio de 1948. Hijo Juan Cortés Morales Cuyuco, Aurelia Castro Millán. De niño caminaba todos los días, alrededor de ocho kilómetros, desde el Rincón de las Parotas, para asistir a la primaria “Modesto Alarcón” ubicada en la cabecera municipal. Sus compañeros de aula lo recuerdan por su capacidad tan analítica de preguntar. Hacía preguntas que muchas veces metía en aprietos a sus maestros.



Al terminar la primaria, continuó sus estudios en el internado de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, ubicado en las afueras de la ciudad de Tixtla Guerrero, donde ingresó en 1962 para cursar la secundaria. En ciclo escolar 1964-1965 fue miembro del comité nacional de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM).

Concluida la secundaria, salió del internado para continuar sus estudios en la Universidad Autónoma de Guerrero, en la preparatoria número Uno, de Chilpancingo, quería ser abogado. Ahí hizo contacto con miembros del Partido Comunista Mexicano y su filial, la Juventud Comunista a la que ingresó en 1966, en esta militaban los jóvenes: Pablo Sandoval Ramírez, Pedro Helguera Jiménez, Virgilio de la Cruz Hernández y los hermanos César y Serafín Núñez Ramos. La relación con gente de izquierda le abrió el camino al estudio del marxismo, y se convirtió en un estudioso de esta ciencia.

En octubre de 1966, Carmelo participó en la toma del edifico docente de la Universidad. Como estudiante de la preparatoria Uno enfrentó al rector de la UAG Virgilio Gómez Moharro en su pretensión de reelegirse en el cargo, lo que originó un gran movimiento estudiantil y popular que desembocó en una huelga general, primera que registra esa casa de estudios después de obtener su autonomía en 1963. El cardiólogo Gómez Moharro tuvo que renunciar al cargo en 1966. Por esos acontecimientos, el Consejo Universitario, enjuició a 47 universitarios, académicos, administrativos y estudiantes; entre estos últimos a Carmelo.

El 23 de marzo de 1967, concluyó el juicio y se dictaminó la expulsión definitiva de todos ellos, con una diferencia, en el caso de Carmelo había una nota especial con la leyenda: “sin ningún derecho a revisión”. Así quedaron truncados los sueños de quien aspiró a estudiar la carrera de abogado.

Después de ser expulsado, participó de manera activa en distintos movimientos sociales; en La Marcha por la libertad, programada para caminar de Dolores Hidalgo a Morelia en pro de la libertad de Rafael Aguilar Talamantes y fue delegado por Guerrero para apoyar al movimiento estudiantil de la ciudad de México en 1968.

En 1969, el Partido Comunista Mexicano lo envió a la escuela de cuadros en la URSS de donde regresó en 1970. Allá conoció a luchadores sociales de Centro y Sudamérica, que con los años se convertirían en dirigentes importantes de la insurgencia guerrillera de Latinoamérica.

A principios de 1970, se incorporó al Partido de los Pobres, estuvo en la sierra hasta que fue detenido en Atoyac de Álvarez el 19 de noviembre de 1971, junto con Carlos Ceballos Loya y Gabriel Barrientos Reyes. Fue llevado, junto a sus compañeros al Campo Militar número Uno y luego regresado a Guerrero para ser recluido en la penitenciaría de Chilpancingo de donde se fugó el 20 de agosto de 1972, junto a Carlos Ceballos Loya, con quien regresó al Partido de los pobres.

En los primeros meses de 1973, quedó como responsable de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Pdlp, al salir Lucio a la ciudad de México, para atenderse de una enfermedad, por ese tiempo se redactó un nuevo ideario del Pdlp, el segundo que se conoció, mismo que fue publicado por la revista ¿Por qué? Esta iniciativa le costó perder la confianza de Lucio y otros, lo que le valió la sanción, dictada en mayo de 1973, por ocho meses fuera de la brigada, aunque oficialmente se argumentó cuestiones de “moralidad”.

El 8 diciembre de 1973, fundó junto con otros jóvenes el grupo urbano denominado Fuerzas Armadas Revolucionarias, que pretendía estrechar lazos de colaboración con el Pdlp, pero el rechazo de Lucio terminó con esa posibilidad en enero de 1974.

Después de muchas acciones revolucionarias, el 25 de julio de 1975 dirigió y participó en persona la expropiación del Banco Nacional de México, sucursal la Selva, de Cuernavaca Morelos. En esta acción resultaron dos policías muertos. La persecución continuó hasta las afueras de la ciudad, donde los perseguidos se vieron forzados a pararse y enfrentar a sus perseguidores; el saldo fue de un subjefe policiaco muerto y un agente herido. El monto de lo expropiado fue de más de dos millones de pesos, de los cuales la policía recuperó ochocientos mil la madrugada del siguiente día, cuando cayeron prisioneros algunos participantes en el asalto.

La policía sitió a Carmelo en el cerro de las Tetillas, pero logró escapar y llegó a la ciudad de México sin ninguna herida.

De su caída hay varias versiones. El parte oficial sostiene que el 31 de agosto de 1975 en la madrugada fue detectado un Volkswagen donde viajaban tres sujetos, uno de ellos era Carmelo, quienes al verse descubiertos huyeron y fueron perseguidos hasta que se enfrentaron en las calles de Presa San Martín y Presa Cointzio donde fueron abatidos por el enemigo. El 2 de septiembre de 1975, el periódico La Prensa publicó que el guerrillero muerto junto a Carmelo Cortés fue identificado y se llamaba Daniel Flores.

 

Al Atoyac

 

Ignacio Manuel Altamirano

 

     Abrase el sol de julio las playas arenosas

que azota con sus tumbos  embravecido el mar,

y opongan en su lucha, las aguas orgullosas,

al encendido rayo, su ronco rebramar.

 


     Tú corres blandamente bajo la fresca sombra

que el mangle con sus ramas espesas te formó:

y duermes tus remansos en la mullida alfombra

que dulce primavera de flores matizó.

 

     Tú juegas en las grutas que forman tus riberas

de ceibas y parotas el bosque colosal:

y plácido murmuras al pie de las palmeras

que esbeltas se retratan en tu onda de cristal.

 

   En este edén divino, que esconde aquí la costa,

el sol ya no penetra con rayo abrasador;

su luz, cayendo tibia, los árboles no agosta,

y en tu enramada espesa, se tiñe de verdor.

 

  Aquí solo se escuchan murmullos mil suaves,

el blando son que forman tus linfas al correr,

la planta cuando crece, y el canto de las aves,

y el aura que suspira, las ramas al mecer.

 

  Osténtanse las flores que cuelgan  de tu techo

en mil y mil guirnaldas para adornar tu sien:

y el gigantesco loto, que brota de tu lecho,

con frescos ramilletes inclínase también.

 

     Se dobla en tus orillas, cimbrándose, el papayo,

el mango con sus pomas de oro y de carmín;

y en los ilamos saltan, gozoso el papagayo,

el ronco carpintero y el dulce colorín.

 

    A veces tus cristales se apartan bulliciosos

de que morenas ninfas, jugando en derredor:

y amante las prodigas abrazos misteriosos

y lánguido recibes sus ósculos de amor.

 

    Y cuando el sol se oculta detrás de los palmares,

y en su salvaje templo comienza a oscurecer,

del ave te saludan los últimos cantares

que lleva de los vientos el vuelo postrimer.

 

     La noche viene tibia; se cuelga ya brillando

la blanca luna, en medio de un cielo de zafir,

y todo allá en los bosques se encoge y va callado,

y todo en tus riberas empieza ya ha dormir.

 

     Entonces en tu lecho de arena, aletargado

cubriéndote las palmas con lúgubre capuz,

también te vas durmiendo, apenas alumbrado

del astro de la noche por la argentada luz.

 

     Y así resbalas muelle; ni turban tu reposo

del remo de las barcas el tímido rumor,

ni el repentino brinco del pez que huye medroso

en busca de las peñas que esquiva el pescador.

 

     Ni el silbo de los grillos que se alza en los esteros,

ni el ronco que a los aires los caracoles dan,

ni el huaco vigilante que en gritos lastimeros

inquieta entre los juncos el sueño del caimán.

 

     En tanto los cocuyos en polvo refulgente

salpican los umbrosos yerbajes del huamil,

y las oscuras malvas del algodón naciente

que crece de las cañas de maíz, entre el carril.

 

     Y en tanto en la cabaña, la joven que se mece

 en la ligera hamaca y en lánguido vaivén,

arrúllase cantado la zamba que entristece,

mezclando con las torvas el suspirar también.

 

     Más de repente, al aire suenan los bordones

del arpa de la costa con incitante son,

y agítanse y preludian la flor de las canciones,

la dulce malagueña que alegra el corazón.

 

     Entonces, de los barrios la turba placentera

en pos del arpa el bosque comienza a recorrer,

 y todo en breve es fiestas y danza en tu ribera,

y toda amor y cantos y risas y placer.

 

     Así transcurren breves y sin sentir las horas:

y de tus blandos sueños en medio del sopor

escuchas a tus hijas, morenas seductoras,

que entonan a la luna, sus cántigas de amor.

 

     Las aves en sus nidos, de dicha se estremecen,

los floripondios se abren su esencia a derramar;

los céfiros despiertan y suspirar parecen;

Tus aguas en el álveo se sienten palpitar.

 

     ¡Ay! ¿Quién, en estas horas, en que el insomnio ardiente

aviva los recuerdos del eclipsado bien,

no busca el blando seno de la querida ausente

para posar los labios y reclinar la sien?

 

     Las palmas se entrelazan, la luz en sus caricias

destierra de tu lecho la triste oscuridad:

las flores a las auras inundan de delicias...

y solo el alma siente su triste soledad.

 

    Adiós, callado río: tus verdes y risueñas

orillas no entristezcan las quejas del pesar;

que oírlas solo deben las solitarias peñas

que azota, con sus tumbos, embravecido el mar.

 

    Tú queda reflejando la luna en tus cristales,

que pasan en tus bordes tupidos a mecer

los verdes ahuejotes y azules carrizales,

que al sueño ya rendidos volviéronse a caer.

 

     Tú corre blandamente bajo la fresa sombra

que el mangle con sus ramas espesas te formó;

y que duerman tus remanso en la mullida alfombra

que alegre primavera de flores matizó.

 

Rimas, julio de 1864