Víctor Cardona Galindo
La Costa Grande de Guerrero es parte de una región natural denominada “Tropical Baja” que va por el océano Pacífico desde el norte de Sinaloa hasta el Istmo de Tehuantepec y la Costa Chiapaneca.
Según
los vestigios arqueológicos, los seres humanos llegaron a la Costa Grande hace
más o menos cinco mil años. Se habla de que los cuitlatecos o cuitlatecas
habitaron la región desde el año 2 mil 500 antes de Cristo hasta el siglo XVI. El
caso de Xihuacan, en Soledad de Maciel, cuya ocupación viene desde el
preclásico, pero colapsó por el año mil 350 después de Cristo tras una
inundación. Se dice que la ciudad fue arrasada por un tsunami.
En
tiempos prehispánicos la Costa Grande era conocida como Cuitlatecapan “Señorío
de los cuitlatecas”. Cuando vinieron los mexicas a invadirnos formaron, en la
misma demarcación, la provincia tributaria de Cihuatlán cuya cabecera estuvo en
San Luis de la Loma, por eso el río que divide a los San Luises se llama
Cihuatlán. Cuando llegaron los españoles formaron la provincia de Zacatula. Ya
a finales del virreinato era conocida como tierra de los Galeana familia que
hasta la fecha sigue siendo dueña de la región. En los tiempos de la
insurgencia la Costa Grande se convirtió en la primera zona liberada por las
tropas del generalísimo José María Morelos y Pavón.
Desde
los tiempos de los misioneros españoles los principales santuarios espirituales
se establecieron en Petatlán y Técpan. En Petatlán se adoraba a San Pedro y a
finales del siglo XIII apareció la imagen conocida como Padre Jesús de Petatlán
a que la gente llama Papa Chú, que es representación de una de las tres caídas que
padeció el nazareno rumbo al Monte Calvario. En Tecpán se venera a San
Bartolomé Apóstol que también es una fiesta muy grande.
La
tradición dice que los cuitlatecos adoraban a un Dios patrono que se llamaba
Nenepiltatapach Tecuhtli que según algunas fuentes el nombre significa: “Señor
de la lengua áspera” y lo pintaban en piedras, había unos ancianos que servían
de sacerdotes, de los cuales uno que era casto y respetado, durante cuatro años
no salía, todo el tiempo estaba en el templo, al servicio del ídolo. Ofrecían a
su Dios inciensos y mantas. No está claro si había sacrificios humanos.
La
evidencia arqueológica demuestra que la Costa Grande nunca estuvo aislada de
las grandes culturas Mesoamericanas y del Occidente, por eso no podemos dudar
que uno de los dioses de los cuitlatecas fue Tláloc “el néctar de la tierra”, una
de deidades más viejas nacidas en una cultura antiquísima como fue la olmeca y
también Xipe Tótec “nuestro señor desollado” relacionado con la primavera y el maíz.
Algunas voces dicen también que el lagarto era un animal sagrado para los
pueblos de la Costa Grande.
En
la Soledad de Maciel (Xihuacan) que es el principal centro ceremonial localizado
en Guerrero, fue encontrada una piedra con la imagen de Tlaltecutli, la diosa
de la tierra, que también representa la vida y la muerte. Una cancha grande y
un tlachtemalacatl un arillo de piedra que se usaba en los juegos de
pelota de los antiguos mexicanos. Este deporte era también un culto al sol
representado en la pelota de hule que se usaba en la disputa.
Entre
otros vestigios se encontró también un idolito que representa a Tepeyóllotl
“corazón del cerro” una deidad ataviada de felino, del jaguar sagrado, que es
una advocación de Tezcatlipoca, portando el collar de caracoles de
Quetzalcóatl. Este dios, de forma paralela a Tláloc, se asocia a la fertilidad
de la tierra por su relación directa con el agua.
Dice
el arqueólogo Miguel Pérez Negrete que “los poderes y potestades de Tepeyóllotl
quedan expresadas al sumarse con el señor de la noche, los animales, el trueno,
el temblor, el retumbo del cerro y como devorador de humanos; sus fauces eran
las cuevas por las que se accedía al inframundo”.
En
los estudios arqueológicos realizados en la Costa Grande se han encontrado
cerámica de tipo Olmeca, teotihuacana, tolteca y zapoteca, estelas importantes
como el aro de juego de pelota de Técpan. También el hombre pájaro de Villa
Rotaria de influencia teotihuanaca y zapoteca.
El
Rey de la Chole es un sacerdote gordo, que se le relaciona con Tláloc y tal vez
también con Xipe Tótec que según los arqueólogos fue el dios patrono de Xihuacan.
Se
ha localizado cerámica sellada durante el clásico tardío, en el que representan
rostros de ancianos, que quizá se refieran a una deidad vieja como Huehueteotl
dios del fuego o el Cocijo oaxaqueño, dios zapoteca que representa la lluvia y
la agricultura. También se han encontrado figurillas de pasta fina que
representan deidades como Tláloc y Huehueteotl. Hay muchas caritas de niños y
de las llamadas “mujer bonita” estilo San Jerónimo. En Santo Domingo se han
encontrado hachas de cobre. Lo que demuestra que los habitantes de esta región
ya trabajaban ese tipo de meterial. Por eso los llamaban “Los hombres del metal”.
En
Atoyac por los vestigios arqueológicos encontrados un centro de poder
importante estaría en las inmediaciones de Corral Falso otro el Tlacolulco muy
cerca de Los Valles, también en la Gloria y en El Paraíso. Aunque se sabe que
en la Costa Grande ninguna de las jefaturas de los caciques llegó a
consolidarse como estado inicial o secundario. Por eso los aztecas encontraron
a los pueblos sin ningún ejercito que los defendiera.
Dice
el arqueólogo Rubén Manzanilla López que, durante el Clásico, al consolidarse
los grupos de poder teocrático, irrumpieron los elementos de origen
teotihuacano y zapoteco, en la Costa Grande, como formas de prestigio y de
justificación ideológica del ejercicio del poder.
Durante
el estudio que hicieron Miguel Pérez Negrete y Hans Mark de la Vega en La
Gloria se encontró esculpida en una piedra una planta de maíz a manera de árbol
cósmico y cuatro piedras más en las que nuestros antepasados representaron
plantas de maíz. En elemento “La
Quinceañera de don Cuco”, se halló un elemento que se identificó como una
planta de maíz a manera de árbol cósmico. “Aquí se encontraron rastros de que algunos
peones, que venían de La Montaña a la corta del café, le prendían veladoras a
lo que, pensaban, era una representación del Dios de maíz”, me comentó un día
José Aguilera.
La
piedra de los tigres hace pensar en Tepeyóllotl, el jaguar dios del cerro y en
Tezcatlipoca. En La Gloria moraron ancestros para quienes el jaguar era un
animal de poder, un ser mítico que legitimaba a los gobernantes. Por los
vestigios encontrados se puede inferir que La Gloria era considerado por sus
habitantes como el centro del mundo.
El
culto solar está bien marcado en la Sierra Madre del Sur, con la piedra de los
soles en Santo Domingo, la representación del astro rey en Los Planes y El
Naranjo sitios muy cercanos a El Paraíso, La piedra Pintada, Piedras Grandes y
en la piedra del sol en El Río Chiquito.
Llamó
mucho la atención la piedra de las mariposas que se robaron en El Paraíso y las
mariposas esculpidas en Las Granaditas, para los antiguos mexicanos las almas
se convertían en mariposas, principalmente la de los guerreros muertos en
batalla.
En
toda la extensión de la Costa Grande y principalmente en Atoyac se encuentran
pequeñas horadaciones hechas en piedras, “tehuacallis” se llaman, se les
utilizaba para desangrarse o colocar la sangre de animales sacrificados,
principalmente codornices y tórtolas. También para poner a evaporar el agua de
mar y producir sal.
En
Piedras Grandes también se encontró una representación del jaguar. El hombre
del maíz es el petrograbado más grande del estado de Guerrero, mide 4.20 metros
de largo. Aquí se le otorgan atributos humanos a la planta del maíz, una planta
sagrada. Otro petrograbado que representa una planta de maíz en Piedras
Grandes, la gente decía que era una extraterrestre.
En
nuestra selva, en las inmediaciones de Los Valles y San Juan de las Flores
abunda ese zacate conocido como Tripsacum que es un ancestro del maíz. Los
científicos dicen que de esa planta evolucionó el maíz. Con su cultivo las
sociedades nativas hicieron que creciera la mazorca.
Está
implícito también el culto al agua con innumerables espirales que hay en la
sierra, los más conocidos son El Caracol, una piedra en Puente del Rey y las
líneas onduladas en La Pintada.
En
un recorrido que hicieron los arqueólogos Hans Mark de la Vega y Miguel Pérez
Negrete por las inmediaciones de Puente del Rey se encontraron figuras
cinceladas en piedras, conocidas como caritas de cerro, que son
representaciones de Tláloc. Además, se encontraron piedras redondas que son
conocidas como San Marquitos o cuentas de Tláloc. Lo que nos dice que también
Tláloc fue dios de los cuitlatecas, que al igual que los otros grupos
mesoamericanos creían vivir en la era del Quinto Sol.
En
piedras grandes hay múltiples representaciones en rocas del planeta venus, que
se le relaciona con Quetzalcóatl y Xólotl.
En
los vestigios arqueológicos se han encontrado en la sierra prevalecen malacates
para hilar algodón, metates relacionados con la elaboración de masa para la
producción de tortillas. Por ejemplo, la cerámica encontrada en Piedras Grandes
tiene influencia tolteca, de Posclásico temprano, entre 950 y mil 350 después
de Cristo. Estamos ante una influencia tolteca en esta parte de la sierra donde
habitaba la gente de metal cuitlatecas y tepuztecas.
Lo
tepuztecos se extinguieron a los pocos años de la conquista; los cuitlatecos
sobrevivieron hasta la primera mitad del siglo pasado. Se han encontrado
navajillas de obsidiana gris, herramienta de corte, debido a que no había
cuchillos de metal, que pudo haber venido de Michoacán. Piedras Grandes fue un
santuario del tiempo y de las deidades acuáticas. Y muchos conceptos de su
cosmovisión fueron transmitidos por los toltecas.
Encontramos
que los antiguos costeños adoraban al sol, la luna y a venus, entidades del
agua y la fertilidad. Tláloc tenía su morada en lo alto de los montes, donde se
formaban las nubes. Los antiguos creían que en todos los montes altos había un
representante de Tláloc. Un Tlaloque.
Es
a Centeótl dios del maíz a quien sacrificaban aves, principalmente codornices y
tórtolas. Eso puede explicar la presencia de muchos tehuacallis a lo
largo de nuestra tierra.
A raíz de la llegada de
los españoles la gente cambió a Xipe Tótec por San Bartolomé y Padre Jesús de
Petatlán. Mientras que Tláloc se convirtió en el Señor Santiago. Recordemos que
cuando había sequía, en Río Santiago, bañaban la imagen apóstol para que
lloviera.